domingo, 27 de diciembre de 2020

Algunos apuntes sobre la historiografía diplomática de los Estados Unidos

Algunos apuntes sobre la historiografía diplomática de los Estados Unidos
Pablo L. Crespo Vargas

La posición de los Estados Unidos como potencia mundial en el siglo XX, desde un punto de vista académico, promovió el estudio de las relaciones internacionales de este país y provocó el surgimiento de una historia diplomática que buscaba explicar las causas y el rumbo de las políticas establecida desde Washington. Al igual que en otras áreas del estudio histórico, en la historia de las relaciones internacionales se han desarrollado distintas vertientes que presentan explicaciones y análisis divergentes.

Dentro de la historia diplomática o de las relaciones internacionales podemos ver diversos rumbos según la perspectiva estudiada. Las primeras dos escuelas surgidas fueron las que presentaron una configuración nacionalista y progresista del asunto. Ambos acercamientos surgen luego de la Primera Guerra Mundial y la entrada formal de los Estados Unidos dentro del círculo de las potencias mundiales. En la década de 1950 surge un tercer grupo de analistas que promovieron el estudio estratégico o realista (política realista o realpolitik) dentro de la historia diplomática. En la década del 1960 la escuela revisionista presentó un nuevo enfoque que en gran medida contrastó con los realistas. La quinta visión historiográfica es conocida como la del post-revisionismo, la cual combina elementos revisionistas con realistas para presentar un nuevo enfoque. La última tendencia desarrollada fue la que presentó un acercamiento cultural para poder explicar causas y efectos de la política exterior estadounidense. Veamos cada una de ellas.

Perspectiva Nacionalista

En la introducción del libro Explaining the History of American Foreign Relations de Michael Hogan y Thomas G. Patterson (eds.) se describe el punto de vista nacionalista de historiadores como Samuel Flagg Bemis y Dexter Perking, quienes tienden a destacar la continuidad de la diplomacia estadounidense, el crecimiento del poder y la creación de un mercado de tradición diplomática enmarcados en la Doctrina Monroe. Su foco principal es la relación entre estados desde un punto de vista europeo. Uno de los aspectos positivos de esta corriente fue la promoción de investigaciones utilizando archivos extranjeros.[1]

En el caso de Samuel Flagg Bemis, analicemos uno de sus artículos: “American Foreign Policy and the Blessings of Liberty”. Si nos fijamos en la segunda parte del título se ve reflejado un sentimiento de apoyo a las causas estadounidenses en el extranjero. En el escrito se refleja la importancia que el autor da a los valores de libertad individual desarrollados en los Estados Unidos y cómo estos ayudaron a que esta nación llegara a convertirse en una potencia mundial. También añade y enfatiza en la importancia histórica de la población anglosajona como creadores de la vida política estadounidense desde el desarrollo de la Carta de Derechos de 1688 en Inglaterra.[2] 

Para Bemis, la expansión de Estados Unidos se da gracias al impulso nacionalista. La primera parte de este proceso ocurrió dentro de la zona continental y representó un periodo de aislamiento que autores como Walter LaFeber han negado.[3] El segundo periodo de expansión descrito por Bemis ocurrió en la arena internacional y comenzó durante la década de 1890. Bemis establece que el surgimiento de otras potencias imperiales como Alemania y Japón llevó a los Estados Unidos a expandirse hacia áreas extra oceánicas.[4]

De manera general, la corriente historiográfica nacionalista utiliza los sentimientos ideológicos y la presentación de balances de poder, con sus respectivas implicaciones políticas, como base teórica para explicar la historia internacional estadounidense.[5] Al igual que la escuela nacionalista, la corriente realista utiliza estos mecanismos como argumentos explicativos en el estudio de la historia diplomática de los Estados Unidos.[6]

Los aspectos económicos que los revisionistas traen a la discusión no son vistos como factores dominantes en el desarrollo de la hegemonía de los Estados Unidos. Cuando Bemis habla de la guerra de submarinos alemana, el bloqueo a Inglaterra, la neutralidad estadounidense y la eventual entrada de Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial su único comentario sobre los factores económicos es que estos se combinaron con causas de tipo psicológicas y políticas para provocar que el gobierno en Washington entrara a la guerra a favor de Inglaterra.

Entre las limitaciones que podemos encontrar en la escuela nacionalista está la falta de un reconocimiento a las aportaciones de grupos minoritarios en el desarrollo diplomático estadounidense. Un ejemplo podría ser el caso de la población amerindia norteamericana, la cual es olvidada completamente por Bemis al este indicar que la expansión continental se dio a través de un espacio vacío que debía ser civilizado.[7]

Perspectiva Progresista

Un ejemplo de la perspectiva progresista es la obra de Charles A. & Mary R. Beard, America in Midpassage, publicada en 1939.[8] Entre las características principales de esta obra está el que se presentan cambios y conflictos en vez de establecer continuidades y consensos en el desarrollo de la política internacional estadounidense. Los progresistas estudian y visualizan los conflictos internos para analizar su efecto en el desarrollo de la política exterior. Este tipo de conflicto puede ser político, económico y hasta regionalista. A todo esto, su enfoque en las relaciones entre estados es mínimo, a la vez que tienen poca inclinación a la investigación de archivos.[9]

Los progresistas pueden ser vistos como la primera base del desarrollo de los revisionistas. La característica de mayor peso para esta premisa es el valor dado a los asuntos económicos dentro del desarrollo de la política exterior estadounidense.

Perspectiva Realista

En la década de 1950 y con el desarrollo de la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas surge la escuela realista. Al igual que la perspectiva nacionalista, los realistas estaban enfocados principalmente en el estado, la política internacional promovida por la élite gubernamental y el uso del poder para lograr los objetivos nacionales. Para Walter LaFeber, el punto de vista realista busca remodelar la opinión estadounidense sobre su desarrollo como país ante el mundo mediante la revisión de la opinión existente sobre el pasado.[10]

Los aspectos importantes de los argumentos realistas se basan en entender los poderes políticos y militares que han movido las relaciones internacionales de los Estados Unidos, dejando en un segundo plano los factores internos. Uno de sus mayores exponentes fue George F. Kennan, quien más que historiador fue un analista de la política estadounidense referente a la Unión Soviética y diplomático en el departamento de estado siendo embajador en la Unión Soviética y Yugoslavia.[11] Gran parte de los que desarrollaron la perspectiva realista no eran historiadores, sino que guardaban cierta relación con el sistema gubernamental a cargo del desarrollo de la política exterior estadounidense.[12]

Kennan buscaba en la historia diplomática de la primera mitad del siglo XX una explicación para la situación mundial que afrontaba Estados Unidos durante la Guerra Fría. Desde su punto de vista, la seguridad de los Estados Unidos en la esfera internacional se encontraba en declive desde aquella época.[13] Primeramente, se presenta el desinterés del presidente Woodrow Wilson en parcializarse con alguno de los beligerantes del conflicto y desarrollar una política de neutralidad con unas implicaciones que presentaban la posibilidad de terminar en guerra contra cualquiera de los bandos.[14] Sin embargo, la política estadounidense se movió eventualmente hacia el lado británico dado a las implicaciones para los Estados Unidos de una derrota de Inglaterra en el conflicto.[15]

La creación de posibles escenarios es otro de los elementos que establecen los realistas. ¿Qué hubiera pasado si Alemania derrotaba a Inglaterra? ¿Cómo se afectaría las áreas de influencias estadounidenses? Estas y otras preguntas preocupan a los historiadores realistas y eran utilizadas por la maquinaria gubernamental y la élite a cargo de la política exterior para preparar posibles escenarios. La contestación a estas preguntas se producía y promovía el uso de estrategias hipotéticas que ayudaban a establecer políticas a largo plazo.

Las limitaciones que presenta la escuela realista pueden ser variadas. Por un lado, se perciben las relaciones internacionales como parte de un juego de ajedrez donde cada bando mueve sus piezas y las acomoda en la posición que representa el mayor grado de beneficio. En todo caso, los realistas ven la historia diplomática como una lucha de poder político a nivel mundial. Por otro lado, las causas económicas son relegadas a un segundo plano. Sin embargo, podríamos presentar una serie de interrogantes relacionadas a los aspectos económicos. Por ejemplo: ¿Qué efectos financieros tendría un triunfo alemán? ¿La posición de Inglaterra como potencia naval sería ocupada por los alemanes? ¿Cómo esto afectaría los círculos de influencia estadounidenses en el extranjero? Otra de las limitaciones de la escuela realista es el aspecto cultural visto por otros estudiosos. Al presentarse únicamente el punto de vista y los movimientos de la élite gobernante, los realistas olvidan completamente aspectos culturales que afectaron el desarrollo diplomático estadounidenses, tanto en sus implicaciones internas como externas.

Perspectiva Revisionista

Para Walter LaFeber, el revisionismo surge cuando los historiadores relacionan políticas internas y las proyectan como explicación a la diplomacia estadounidense.[16] La característica de mayor peso en el revisionismo es el uso de los factores económicos para la explicación de la política exterior estadounidense. Para ejemplo de esta situación se presenta otra de las obras de Wartel LaFeber, The New Empire: An Interpretation of American Expansion, 1860-1898. En este estudio, el autor nos explica que el impulso económico interno que los Estados Unidos vivió, debido al desarrollo agrícola e industrial, creó un exceso de producción que necesitaba de mercados externos para su distribución. Los inversionistas estadounidenses apoyados por el gobierno comenzaron un periodo de expansión que motivo la creación de una política expansionista hacia las regiones de Latinoamérica y el Pacífico.

Otro revisionista, William Appleman Williams, aparte de presentar factores económicos nos va describiendo otras situaciones de carácter interno que afectaron el desarrollo de la política exterior estadounidense.[17] Las tres características generales que guían la política exterior estadounidense según este pensamiento son: 1) el impulso humanitario de ayudar a otros pueblos; 2) el principio de autodeterminación que tienen los pueblos para establecer sus metas y objetivos; 3) la creencia de que otros pueblos tienen que seguir los métodos de desarrollo estadounidenses para poder obtener sus objetivos.[18]

Prestando atención al tercer punto podremos ver una de las limitaciones universales en los estudiosos de la historia diplomática: el aspecto cultural. La insistencia de querer que se copie el estilo de vida estadounidense en otras sociedades no siempre resulta. En la obra de Williams se presenta el ejemplo de Cuba, aunque se pueden añadir otros ejemplos como son Guatemala e Irán. En todos estos casos, el desconocimiento de los pormenores culturales y sociales de la comunidad autónoma intervenida ayudaron a provocar la perdida de la influencia estadounidenses. El aspecto trágico que Williams presenta puede ser visto en las derrotas que Estados Unidos tuvo en el marco diplomático internacional al utilizar una política que en algunos aspectos se contradecía y que provocó malestar en las regiones afectadas.

Perspectiva Post-revisionista

El post-revisionismo surgen de la necesidad de ampliar el análisis revisionista al grado de sobreponer aspectos del realismo. Hogan & Patterson nos explican que los post-revisionistas ven el estado y a las élites como actores principales en la toma de decisiones en los aspectos geopolíticos y en el equilibrio de poderes.[19]

En el caso de LaFeber, estos elementos pueden ser apreciados. Sin embargo, su desarrollo está controlado por los intereses económicos de los inversionistas estadounidenses. En “The Strategic Formulation”, LaFeber nos describe el desarrollo de una política exterior que se basa en pretensiones geopolíticas. Allí se presenta la formación de una armada con suficiente poder para defender los intereses estadounidenses en el extranjero, a la vez, que pueda poner en práctica la Doctrina de Monroe.[20]

En la obra de Williams las diferencias entre el post-revisionismo y el revisionismo son más tenues. Un ejemplo del aspecto geopolítico puede ser el argumento presentado sobre el apoyo de los Estados Unidos a Francia en el conflicto colonial de Indochina, el cual se daba para asegurar la alianza europea en contra de la Unión Soviética.[21]

Bruce Cummings, un post-revisionista, nos presenta en su obra una de las características de este grupo de estudiosos al decir que los aspectos geoestratégicos e ideológicos refuerzan el interés económico de los Estados Unidos.[22] En otras palabras, los post-revisionistas pretenden ampliar el marco de referencia revisionista describiendo una política exterior estadounidense con una serie de factores ya vistos tanto en la escuela realista como la revisionista.

Los post-revisionistas repiten la falta de presentación de factores culturales que vayan a la par con los económicos y de poder geopolítico. Sin embargo, otro post-revisionista, John Lewis Gaddis, analiza la obra de Emily Rosenberg –presentada más adelante- y menciona que parte de las innovaciones de esta autora es la exposición de los aspectos culturales dentro de una gama de causas múltiples que provocaron la expansión estadounidense.[23] Aunque exhibe críticas a la misma, no podemos dejar de ver que los post-revisionistas tienden a, por lo menos, discutir la diversidad de causas y factores para explicar la política exterior estadounidense.

Perspectiva Cultural

La perspectiva cultural es la última de las variantes del estudio diplomático que aquí analizaremos. En sí, la visión cultural es de carácter innovador. Aparentemente no es un punto de vista muy aceptado por otros estudiosos del tema. Por ejemplo, Walter LaFeber en Liberty and Power: U.S. Diplomatic History, 1750-1945 no la menciona entre las interpretaciones de la disciplina –debemos dejar claro que sólo se refiere al revisionismo y al realismo. En Hogan & Patterson solo se menciona que los historiadores diplomáticos contemporáneos han dado una mayor atención a puntos como el corporalismo, la cultura, el género y otros puntos relacionados a la historia social.[24]

Emily Rosenberg, una de las mejores exponentes de esta vertiente, nos presenta una visión de expansionismo cultural iniciada en los Estados Unidos. Rosenberg menciona que el sueño americano (American Dream) está basado en el desarrollo de alta tecnología y el consumo en masa. Estas dos características están acompañadas de un tipo de pensamiento que ella llama la ideología del desarrollo (o desarrollismo) liberal y que se enmarca en cinco características principales: 1) la creencia de que otras naciones deben copiar la experiencia de desarrollo estadounidense; 2) fe en la libre empresa privada; 3) apoyo al libre comercio e inversión; 4) promover el libre flujo de información y de la cultura; y 5) que la actividad gubernamental debe ir dirigida a proteger a la empresa privada y estimular y regular la participación estadounidense en el intercambio económico y cultural internacional.[25]

Rosenberg establece que uno de los puntos de la expansión estadounidense era la creación de mercados económicos e intelectuales que promovieran la democracia, la sabiduría y la integración social que existía en los Estados Unidos.[26] En otras palabras, la política exterior se dirigía a promover el estilo de vida estadounidense en otras regiones; para así poder adquirir ciertas ventajas económicas, intelectuales y políticas. La expansión cultural dentro de la política exterior es vista en el marco de la creación del Comité de Información Pública, agencia creada para desarrollar propaganda a favor de los Estados Unidos.

La expansión cultura de los Estados Unidos que presenta Rosenberg tiene altos matices económicos, por lo cual podemos relacionarla con las propuestas revisionistas. Claro está, el enfoque tiende a ser distinto, pero aún quedaría por responder preguntas cómo: ¿Qué tanto beneficiaba a los inversionistas estadounidenses la promoción de su estilo de vida en el extranjero? Gilbert Joseph, otro historiador diplomático con enfoque cultural nos contesta que la imposición del estilo de vida estadounidense se convirtió en el instrumento para promover la exportación de los productos e industrias culturales que se identificaban con los Estados Unidos: las bebidas carbonatadas, el entretenimiento en masa, los centros comerciales, entre otros.[27]

Otro de los exponentes de este enfoque es Amy Kaplan, quien cuestiona la falta de un acercamiento cultural en la historia diplomática.[28] Para Kaplan el desarrollo de la historia social y todas sus ramificaciones pueden ser utilizadas para presentar nuevos enfoques que describan el imperialismo estadounidense. El análisis de obras literarias o filmes son parte de sus recursos para la identificación de la visión paradigmática de la sociedad. A todo esto, reconoce la pluralidad de la sociedad estadounidense y está claro que cada sector podría tener una visión particular según las circunstancias vividas en su integración dentro de los Estados Unidos como sociedad multiétnica.

Conclusión

Según lo presentado, existe diversidad en el estudio de la historia diplomática estadounidense. Los distintos historiadores presentan puntos de vista divergentes que se relacionan con el enfoque que cada perspectiva procura: los nacionalistas enfatizan en la grandeza del estado; los progresistas ven puntos internos que promueven una política exterior; los revisionistas crean un marco alrededor de la expansión económica iniciada en el desarrollo industrial; los realistas ven la lucha y el balance de poderes en la esfera internacional; los post-revisionistas tienden a implicar puntos realistas y revisionistas para un análisis de mayor complejidad; y los historiadores con enfoque cultural presentan argumentos donde se enfatizan las virtudes del estilo de vida americano para la creación de una propaganda que no solo motiva la expansión estadounidense, sino que convence a otras sociedades a acercarse más, lo cual traería implicaciones en ambos lados.

Entre los problemas, según el punto de vista de consenso y síntesis, que confronta la historia diplomática es el gradual impulso de la fragmentación en la disciplina, especialmente, luego del surgimiento de las propuestas culturales. La historia diplomática había sido una de las disciplinas más conservadoras, sin embargo, el desarrollo del acercamiento cultural abre paso a la presentación de un mayor número de interpretaciones según las circunstancias y las vivencias de los grupos afectados. Ya no se puede pretender que las relaciones internacionales son asunto exclusivo de una élite mayoritariamente anglosajona, sino que afectan a otros grupos que en principio no eran incluidos dentro de las propuestas.

El nacimiento de la historia social y todas sus ramificaciones crearon dentro del conservadurismo académico un caos que ha sido resistido, especialmente en la historia diplomática. Según Stephen Pelz, la separación surgida entre la nueva izquierda y los demás grupos de características más ortodoxas ayudó a decaer la disciplina en las últimas décadas. Se propone una taxonomía generalizada que incluya aspectos de los diversos grupos implicados. Su fin es fortalecer la disciplina y ponerla en su antiguo sitial.[29]

Otro de los problemas que se presentan en el desarrollo de una historia diplomática es la falta de investigación desde el punto de vista extranjero. En la mayoría de los casos, la historia diplomática estadounidense es presentada utilizando fuentes exclusivamente internas que sólo visualizan la perspectiva de los sectores implicados en los Estados Unidos.

Aunque el desarrollo de la política exterior estadounidense presenta una diversidad de causas se tiende a ver que todas tienen una relación con los factores económicos que presentan los revisionistas en primera instancia. La búsqueda de mercados internacionales para la promoción de los productos estadounidenses y para la adquisición de materia prima debió tener un gran impacto en el desarrollo de una política de expansión. Las luchas de poder en la arena internacional también se acomodaban a las inquietudes económicas de los países involucrados. En el caso de los Estados Unidos, el juego estratégico geopolítico busca mantener al país en la hegemonía política y económica del mundo. Las propuestas culturales tienden a presentar la promoción del American way of life como base a este expansionismo; sin dejar a un lado los motivos de la élite para desarrollar ciertos tipos de política. Todas estas perspectivas historiográficas tienden a presentar en algún momento las causas económicas, por lo tanto, estas pueden ser vistas como las de mayor peso en el desarrollo de la política exterior. Claro está, no son advertidas con la misma fuerza y cada vertiente le da un peso distinto.

En conclusión, el desarrollo de la historia diplomática de los Estados Unidos no es el producto de una única y exclusiva causa, sino, es la combinación de factores que son estudiados por investigadores que presentan inquietudes particulares que serán plasmadas en sus trabajos. Aunque me inclino hacia las causas económicas como base primordial al desarrollo de la política exterior no puedo olvidar que los factores culturales, geopolíticos, ideológicos y regionales deben ser atendidos de igual manera para la presentación de un análisis de mayor precisión que detalle una serie de explicaciones lógicas y razonables; y que no pequen de falta de precisión.



[1] Michael J. Hogan & Thomas G. Patterson (eds.), Explaining the History of American Foreign Relations, New York, Cambridge University Press, 1991, p. 1.

[2] Samuel Flagg Bemis, “American Foreign Policy and the Blessing of Liberty”, American Historical Review, 67, 1962, p. 292.

[3] Walter LaFeber, The New Empire: An Interpretation of American Expansion 1868-1898, Ithaca, Cornell University Press, 1967, pp. 1-2.

[4] Bemis, “American Foreign Policy…”, p. 297.

[5] Ibid., p. 298.

[6] Debo mencionar que la obra realista, escrita por George Kennan, que se discutirá más adelante, fue escrita con anterioridad al artículo de Bemis. Aunque esta no es citada por Bemis no tenemos la certeza de que Kennan no haya influenciado en los escritos de Bemis.

[7] Bemis, “American Foreign Policy…”, p. 295.

[8] Charles A. & Mary R. Beard, American in Midpassage, New York, MacMillan, 1939.

[9] Hogan & Patterson, Explaining…, pp. 1-2.

[10] Walter LaFeber, “Liberty and Power: U.S. Diplomatic History, 1750-1945” en Eric Foner (ed.), The New American History, Philadelphia, Temple University Press, 1997, p. 377.

[11] George Kennan, American Diplomacy 1900-1950, Chicago, Chicago University Press, 1953, Foreword & Chapter 6.

[12] Ibid., p. v.

[13] Ibid., p. vii.

[14] Ibid., p. 64.

[15] Ibid., pp. 64-65.

[16] LaFeber, “Liberty and Power…”, p. 376.

[17] William Appleman Williams, The Tragedy of American Diplomacy, Cleveland, World Publication, 1959, Introducción y capítulo 2.

[18] Ibid., p. 13.

[19] Hogan & Patterson, Explaining…, p. 5.

[20] LaFeber, The New Empire…, pp. 102-149.

[21] Williams, The Tragedy…, p. 8.

[22] Bruce Cumings, Revising Postrevisionism or the Poverty of Theory in Diplomatic History, Diplomatic History, 17, 1993, p. 564.

[23] John Lewis Gaddis, “New Conceptual Approaches to the Study of American Foreign Relations: Interdisciplinary Perspective”, Diplomatic History, 14, 1990, pp. 410-411.

[24] Hogan & Patterson, Explaining…, p. 7.

[25] Emily Rosenberg, Spreading the American Dream, New York, Hill & Wang1983, p. 7.

[26] Ibid., p. 12.

[27] Gilbert Joseph, “Close Encounters: Toward a New Cultural History of U.S.-Latin American Relations” en Gilbert Joseph et al. (eds.), Close Encounters of Empire: Writing the Cultural History of U.S.-Latin American Relations, Durham, Duke University Press, 1998, p. 13.

[28] Amy Kaplan, “Left alone with America: The absence of Empire in the Study of American Culture” en Amy Kaplan & Donald E. Pease (eds.), Cultures of United States Imperialism, Durham, Duke University Press, 1993.

[29] Stephen E. Pelz, “A taxonomy for American Diplomatic History”, Journal of Interdisciplinary History, 19, 1988.


lunes, 16 de noviembre de 2020

Abelardo Díaz Alfaro


Abelardo Díaz Alfaro (1916-1999)
Pablo L. Crespo Vargas


Abelardo Milton Díaz Alfaro nació el 24 de julio de 1916 en el sector Savarona de Caguas. Sus padres fueron el ministro evangélico, periodista y escritor, Abelardo Díaz Morales y, la educadora, Asunción Alfaro Prats. La influencia pedagógica de su madre y literaria de su padre fueron reflejados en el interés de Abelardo por las letras y la enseñanza. A su vez, el sentido ético, moral y humanista desarrollado durante su juventud se manifestó en su interés por relacionarse con los grupos poblacionales que sufrían marginación dentro de una sociedad en transición. Esto lo llevo a formarse como trabajador social, estudiando tanto en el Instituto Politécnico de San Germán como en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Díaz Alfaro trabajó para la División de Investigaciones de Leyes del Departamento del Trabajo supervisando el cumplimiento de las leyes laborales para menores. Esto le dio la oportunidad de viajar a distintos pueblos y zonas de Puerto Rico. También ejerció como trabajador social en distintas áreas rurales de pueblos como Arroyo, Cidra y Comerío. En 1959, ya como un consagrado escritor, pasa a trabajar con la WIPR-TV, la emisora televisiva del Gobierno de Puerto Rico, donde desarrolló, como libretista, los programas de Estampas de Teyo Gracia y Retablos del Solar.

Abelardo Díaz Alfaro es considerado uno de los principales cuentistas puertorriqueños del siglo XX. En 1947, cuando publicó su primera obra, Terrazo, recopilación de narraciones literarias surgida de los relatos campesinos recogidos en su travesía laboral por el campo puertorriqueño, obtuvo el primer premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña y fue reconocido por la Sociedad de Periodistas Universitarios.

En 1967, publica Mi isla soñada, una compilación de estampas presentadas en la programación que había desarrollado para la WIPR-TV. Nuevamente fue reconocido por la Sociedad de Periodistas Universitarios.  

Díaz Alfaro escribió artículos en la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, Alma Latina, Asomante, Jaycos, Puerto Rico Evangélico y en los periódicos El Mundo y La Democracia de Nueva York. La División de Promoción Cultural en los Pueblos del Instituto de Cultura Puertorriqueña le dedicó una edición especial, en abril de 1997, de la revista Cultura, donde se publicaron dos de sus cuentos inéditos: “Los tres Reyes Magos” y “Así era mi barrio”. En esta publicación colaboraron José Ferrer Canales, Luis Rafael Sánchez, Heriberto Marín Torres, Milagros Agosto Otero, Aixa Ruiz Ellis, Miriam Díaz Alfaro y Monelisa Pérez Marchand.   

Algunos de los cuentos más destacados de Abelardo Díaz Alfaro son El Josco, Bagazo, Santa Clo va a La Cuchilla, Boliche, Los Perros y Peyo Mercé enseña inglés.

La importancia y el impacto literario de nuestro autor puede ser comprobado con la traducción de parte de su obra a un mínimo de siete idiomas: alemán, checo, inglés, italiano, francés, polaco y ruso. Debemos añadir que algunos de sus cuentos están en sistema Braille. Como si esto fuera poco, algunos de sus escritos fueron adaptados al teatro, destacándose, en 1980, Isla Terrazo en el 21º Festival de Teatro Puertorriqueño en el Teatro Tapia, bajo la dirección de Victoria Espinosa, y al cine, con películas como Cuentos de Abelardo, dirigida por Luis Molina Casanova en 1989.     

Entre los reconocimientos recibidos se destacan el Doctorado Honoris Causa de la Universidad del Turabo (1987), el haber sido declarado hijo adoptivo del Municipio de Bayamón (1996), el haberle dedicado la Semana de la Lengua Española por parte del Departamento de Educación (1997) y la otorgación del premio Mérito Intelectual del Instituto de Cultura Puertorriqueña (1997).  

Abelardo Díaz Alfaro falleció el 22 de julio de 1999. Estuvo casado con Gladys Mieux, con quien procreó dos hijas y un hijo.

Referencias:

“Abelardo Díaz Alfaro”, Biblioteca Virtual, Sistema Universitario Ana G. Méndez, consultado el 16 de diciembre de 2019, en http://bibliotecavirtualut.suagm.edu/es/abelardo-d%C3%ADaz-alfaro

“Abelardo M. Díaz Alfaro”, Lexjuris, consultado el 16 de diciembre de 2019, en http://www.lexjuris.com/biografias/buscar/search.asp?rec_id=196

Canino Salgado, Marcelino J.: “Vigencia, presencia y voluntad de Abelardo Díaz Alfaro”, Claridad, consultado el 11 de diciembre de 2019, en https://www.claridadpuertorico.com/vigenciapresencia-y-voluntad-de-abelardo-diaz-alfar/

Centro de Estudios Puertorriqueños: “Abelardo Díaz Alfaro: Una bibliografía”, ed. de Ana M. Salichs, Ponce, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ponce, 2003. 

Edición Especial dedicada a Abelardo Díaz Alfaro (1997), Cultura, División de Promoción Cultural en los Pueblos, Edición Revisada, 2001.

Fullana Acosta, Mariela: “La Campechada será dedicada al escritor Abelardo Díaz Alfaro”, El Nuevo Día, 20 de noviembre de 2019, consultado el 16 de diciembre de 2019, en  https://www.elnuevodia.com/entretenimiento/cultura/nota/lacampechadaseradedicadaalescritorabelardodiazalfaro-2530578/

Gil de la Madrid, Antonio: “Abelardo Díaz Alfaro”, Proyecto Salón Hogar, consultado el 11 de diciembre de 2019, en http://www.proyectosalonhogar.com/escritores/AbelardoDiaz.htm

Grupo Editorial EPRL: “Abelardo Díaz Alfaro”, Enciclopedia de Puerto Rico, consultado el 11 de diciembre de 2019, en https://enciclopediapr.org/encyclopedia/diaz-alfaro-abelardo/

Honan, William: Abelardo Díaz Alfaro, 81; Author of Puerto Rican Stories”, New York Times, 26 July 1999, Section B, p. 9, consultado el 18 de diciembre de 2019, en  

López Ortiz, Miguel: “Abelardo Díaz Alfaro”, Fundación Nacional para la Cultura Popular, consultado el 11 de diciembre de 2019, en https://prpop.org/biografias/abelardo-diaz-alfaro/

Ramos González, Carlos E.: “La dignidad de Abelardo Díaz Alfaro”, 80 Grados, 6 de mayo 2016, consultado el 16 de diciembre de 2019, en https://www.80grados.net/la-dignidad-de-aberlardo-diaz-alfaro/

Ruiz Ellis, Aixa: “Perfil de Abelardo en dialogo con Gladys Meaux”, consultado el 16 de diciembre de 2019, en

Ruiza, M., T. Fernández y E. Tamaro: “Biografía de Abelardo Díaz Alfaro”, Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea, Barcelona, consultado el 18 de diciembre de 2019, en https://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/diaz_alfaro.htm

Vázquez, Margarita y Daisy Caraballo: “Abelardo Díaz Alfaro”, La Gran Enciclopedia de Puerto Rico. Tomo 4: El cuento en Puerto Rico, Madrid: Ediciones R, 1976, pp. 111-114.

Algunos vídeos sobre Abelardo Díaz Alfaro y su obra en youtube:

Autorretrato: Abelardo Díaz Alfaro: https://www.youtube.com/watch?v=n-wv9bLi3-k

Bagazo: 

Documental: Vida y familia de Abelardo Díaz Alfaro: 

Don Procopio despedidor de duelos:

Peyo Merced enseña inglés: https://www.youtube.com/watch?v=UIU5U6mNvIU

Puerto Rico: Cuentos de Abelardo Díaz Alfaro: https://www.youtube.com/watch?v=gNxiHrRAVVI

Santa Clo va a La Cuchilla: 

Segmentos Abelardo Díaz Alfaro: https://www.youtube.com/watch?v=6RsnkTfm7mk

Nota editorial: Una versión de este escrito fue publicado en El Adoquin Times el 8 de noviembre de 2020.

 

 

domingo, 8 de noviembre de 2020

Sobre la mudanza y fundación de la ciudad de San Juan de Puerto Rico

Sobre la mudanza y fundación de la ciudad de San Juan de Puerto Rico

Por Pablo L. Crespo Vargas


El 31 de marzo de 2020, tuvimos la oportunidad de escuchar a la Dra. Carmen Alicia Morales Castro presentar una conferencia virtual en el proyecto del Instituto de Cultura Puertorriqueña, Coloqueo. La Dra. Morales Castro es presidenta de la Asociación de Historia del Viejo San Juan y es especialista en temas medievales y de historia de la ciudad capital.

El tema de la Dra. Morales Castro fue titulado “La ciudad de San Juan: Mudanza y fundación”. Su exposición presentó una visión de los acontecimientos que se vivieron entre el periodo de 1504 a 1521 y que marcaron el proceso de mudanza de la villa de Caparra a lo que luego sería la ciudad de Puerto Rico y que hoy conocemos como San Juan. En sus palabras: “La ciudad es parte de la consolidación de un experimento transicional de urbanismo que se debatía a voces en la Península Ibérica”.

Entre los procesos que se dieron en Castilla y que repercutieron en la isla, discutidos por la ponente, se encuentra las luchas de sucesión luego de la muerte de Isabel en 1504, la legitimidad de Juana como reina de Castilla, la llegada de Carlos al trono y la guerra de los comuneros. Desde el punto de vista insular se presentan las intenciones de la mudanza desde el 1514 y las distintas disputas entre vecinos a favor y en contra, de agricultores y de mercaderes. El 1517 fue un año de mucha importancia en este proceso, destacándose la solicitud de la reina Juana para que se examinara si la mudanza era de beneficio y el inicio de la construcción de una carretera de piedra que conectara Caparra con la bahía.

La Dra. Morales Castro hace hincapié en quienes eran los colonos y los describe como albañiles, canteros, pedreros, costureras, sastres, carpinteros, frailes, panaderos, labradores, mercaderes, hiladores, notarios, escribanos, licenciados, entre otros. También habla de la llegada de mujeres y la presencia de niños; todo esto presentando la visión que hasta el momento no se ha tenido de la ciudad como un centro urbano. Entre la evidencia que menciona la especialista en historia medieval están los objetos arqueológicos encontrados que van desde cerrajería, botellas de perfume, crucifijos, hebillas y clavos, artefactos y útiles que son mencionados en los inventarios de las mercancías llegadas a puerto. También se presenta azulejos sevillanos que fueron encontrados en Caparra y que contradicen la imagen de una villa compuesta de simples bohíos. A esto, se suma la petición del rey Carlos en 1519 para que se construyan casas de piedra y que se hiciera la “ciudad a la usanza de Flandes”.

En 1521, el rey peticionó que se construyera una casa de contratación y una fortaleza para defensa de la ciudad. Otras edificaciones que se estuvieron construyendo en ese periodo fueron el cabildo y la casa de fundición. La mudanza es oficialmente completada el 31 de diciembre de 1521, cuando se juramentó a Bartolomé de Celada como ejecutor y visitador de indios.

La conferencia concluye con las siguientes palabras de la Dra. Morales Castro: “La mudanza se logra con el arduo trabajo y empeño de los colonos. Este valeroso compromiso delata una encomiable filosofía de vida… la capacidad para sobrevivir y salvaguardar una meta: la mudanza al islote”.

La conferencia, como todos los demás Coloqueos del Instituto de Cultura Puertorriqueña, pueden ser vistos en el canal de Youtube del ICP.

Puerta de San Juan / Foto de Mario Roberto Durán Ortiz
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Nota editorial: La versión original de este artículo salió publicada en El Post Antillano el 4 de abril de 2020.


 

 

 

viernes, 9 de octubre de 2020

Reflexión sobre los 500 años de la Inquisición en América

Reflexión sobre los 500 años de la Inquisición en América
Pablo L. Crespo Vargas

La Inquisición española (su nombre real era el Santo Oficio) llegó a América (las Indias en aquel entonces) cuando el obispo de la diócesis de Puerto Rico, Alonso Manso, es nombrado Inquisidor General de las Indias en 1519. Como en todo tribunal inquisitorial español hubo un segundo inquisidor, fray Pedro de Córdova, pero este muere antes de fungir. Esta primera etapa inquisitorial en América es conocida por los historiadores actuales como la Primitiva Inquisición o la pre-Inquisición en Indias. Se divide en varios periodos, primero, el referente a Alonso Manso (1519-1539), quien se caracterizó por creer que sus facultades provenían de la iglesia, lo que provocó constantes enfrentamientos con las autoridades seculares. Al morir Manso, el Santo Oficio reestructuró los poderes inquisitoriales creando dos provincias (1542-1549): Las islas antillanas y Tierra Firme conformaban una y la otra era Nueva España. 

Sin embargo, esta reestructuración no rindió los beneficios esperados por las autoridades en España. Esto da paso a que los obispos retomaran los poderes inquisitoriales que desde el siglo XII tenían y los aplicaran a sus jurisdicciones, la llamada Inquisición Episcopal o Diocesana. En Nueva España (México) los obispos se tomaron muy en serio estas facultades desde 1525 y se dio el caso del franciscano Juan de Zumarraga (1535-1543), quien envió a la hoguera a varios indígenas, acción que llevó a la corona a destituirlo. 

En Puerto Rico hubo otro obispo que se facultó con los poderes inquisitoriales y que llevó a la hoguera a tres esclavas acusadas por brujería. Este fue el franciscano Nicolás (de) Ramos. Según la documentación presentada por Cayetano Coll y Toste, el obispo Ramos, desde su llegada a Puerto Rico, se empeñó en buscar sectas de brujería. Al identificar a una arremetió contra ella y llevó a que sus miembros fueran arrestados (1591-1592). Según su informe, estos adoradores del demonio viajaban a unos campos, donde realizaban sus juntas. Se indica que el diablo tenía forma de cabro. Los acusados terminaron confesando sus supuestos crímenes y su sentencia fue recibir azotes y el destierro de la Isla. Los dueños de los esclavos desterrados apelaron la sentencia. Mientras esta apelación era atendida, las esclavas fueron acusadas de reincidir en sus prácticas y un nuevo juicio se realizó. En esta ocasión, tres de las reas fueron condenadas a morir en la hoguera. 

Entre los estudiosos de este juicio está el padre Álvaro Huerga Telero (1923-2018), investigador de la historia de Puerto Rico, específicamente, siglo XVI, quien entendió que el obispo Ramos se excedió en sus facultades y condenó a unos esclavos que aun mantenían los ritos y la adoración de sus ancestros africanos. A esto hay que sumar que ya los tribunales inquisitoriales en América, propiamente dichos, estaban en funciones y que el proceder era que las acusadas fueran enviadas a México para su juicio. Claramente, el obispo Ramos no tenía jurisdicción para atender estos casos. No obstante, no llegó a ser reprendido ni amonestado, ya que, a los pocos años de este juicio, y ya habiendo sido nombrado obispo en Santo Domingo, muere. 

Este periodo de la Primitiva Inquisición en América se caracterizó por la falta de un tribunal oficialmente establecido. Cuando la corona vio la necesidad de asumir mayor control social y político en el Nuevo Mundo, decidió utilizar una de sus herramientas más eficaces, el Santo Oficio institucionalizado en tribunales. Sin embargo, debemos señalar que el tribunal inquisitorial era uno urbano, por lo cual su extensión en América se vio limitada, aparte de que los territorios que tenían que cubrir eran extremadamente extensos. En América, formalmente, se establecieron tres tribunales: Lima (1570), México (1571) y Cartagena de Indias (1610). Puerto Rico perteneció entre 1571 a 1610 a la jurisdicción de México. Luego de 1610 pasó a ser parte de los territorios de Cartagena de Indias. 

Con la llegada de las guerras de independencia en América, el Santo Oficio es una de las primeras instituciones españolas en ser suprimidas, ya que fue representativa de los abusos que la corona española realizaba a sus súbditos en el Nuevo Mundo.

Nota editorial: Este artículo fue publicado por El Post Antillano el 18 de abril de 2020. El artículo surge como una reflexión a la conferencia de la Dra. Albeyra L. Rodríguez en el programa de Coloqueo ICP y que fue titulada: 500 años de la Inquisición en las Indias: algunos aportes

Obras sobre este tema que puede conseguir en amazon: La Inquisición española y las supersticiones en el Caribe hispano: 1610-1632El demonismo en el Caribe hispano: Primera mitaad del siglo XVII e Inquisición e imaginario, vol. 1