martes, 30 de junio de 2015

Una historia anarquista, no una historia del anarquismo

Una historia anarquista, no una historia del anarquismo: Algunas ideas sobre cómo anarquizar el pensamiento histórico e ir en contra de La Historia

Para Akelarre
Jorell A. Meléndez-Badillo[1]


Lo que sigue son algunas ideas sobre cómo pensar la(s) historia(s) de otra manera. El nombre de pensamientos surge como un rechazo a la noción de tesis la cual se nutre de la autoridad de aquel que las dicta. Los pensamientos que siguen no pretenden armar un cuerpo teórico complejo, ser una guía o presentar alguna novedad, sino más bien exponer algunas ideas que traigo conmigo y llevo digiriendo hace un tiempo. Vale la pena decir que no pretenden ser ideas completadas sino que, como todo pensamiento, son un trabajo en proceso.

(1) En su obra, Against Method, Paul Feyerabend apuntó hacia una (des)organización epistemológica para poder desarrollar nuevos saberes y conocimientos. Creo que es partiendo de tal noción que se podría organizar un pensamiento histórico que rechace el positivismo aún existente. La historia como disciplina se institucionalizó de manera dialógica con otros saberes que fueron legitimados por el racionalismo científico europeo hacia la segunda mitad del siglo XIX.

A la par con el proyecto de modernidad europea que intentará imponerse hegemónicamente a través del globo como referente único a la “ilustración” del ser humano, la historia ancló su validez social como una de las justificaciones científicas de tal expansión. Es precisamente ese andamiaje científico lo que debe, a mi entender, ser desarticulado para crear otro tipo de historia.

(2) A finales del siglo XIX, la historia se consolidó como disciplina dentro de entornos académicos. Los espacios de educación superior eran, y siguen siendo, regidos por estructuras de poder jerárquicas que excluyeron todo lo que no se produjera dentro de ellos. Es por tal razón que un grupo de eruditos, por ejemplo, pudo dejar fuera de las narrativas históricas a culturas, civilizaciones, saberes e ideas por no ser compatibles con el proyecto de modernidad europeo.

Edward Hallet Carr, en su obra ¿Qué es la historia?, individualizó la génesis de la historia resumiéndola como todo aquello que es documentado por el/la historiador/a. Me parece entonces que el pensamiento histórico anárquico no debería limitarse a los saberes producidos dentro de la academia sino fomentar un diálogo transhistórico con comunidades epistemológicas que han existido y existen fuera de la torre de marfil. Esto, a su vez, promueve una pluralización de interpretaciones y contradicciones que problematizarían no solamente la historia sino nuestra percepción de las relaciones sociales en las cuales estamos sumergidos.

(3) La historia como saber se consolida de manera dialógica con otras disciplinas que partían del racionamiento científico de la época mientras que simultáneamente las excluía. Es decir, se crearon barreras disciplinarias que compartamentalizaron el saber académico para que éstas pudiesen legitimarse simbióticamente. Para comenzar a sacudir los pilares científicos de la historia creo necesario un acercamiento que transgreda los cimientos de estas disciplinas—como la antropología, ciencias políticas, sociología, psicología, entre otras— a través de un diálogo trans- e inter-disciplinario.

(4) De igual manera, como apuntó Michel-Rolph Trouillot en Silencing the Past, la historia sigue regida por una concepción teleológica del tiempo bajo la ecuación linear de “pasado-presente-futuro”. Esto persiste aún cuando varios pensadores han notado, el tiempo tal y como lo conocemos hoy en día es una construcción social que no data más allá de la revolución industrial. El pasado entonces se construye desde la inmediatez del presente y la capacidad del/la historiador/a de crear narrativas, cuentos o mitos. Aun así, como afirma Robert Darnton, debemos sacudir cualquier noción de familiaridad con aquellos que vivieron en el pasado pues estaban sumergidos en imaginarios sociales muy diferentes al nuestro. Una vez reconocido esto, una historia anárquica debería aspirar a entablar conversaciones transhistóricas con sujetos históricos del pasado desde el presente.

(5) Un acercamiento anárquico debe reconocer la idea de diferencia. Es decir, las categorías como clase, grupos o capas sociales, civilizaciones y naciones, entre otros, promueven una noción estática de igualdad entre sus miembros. En cambio, estas formas organizativas de personas, aparte de ser impuestas por lxs historiadorxs—y no necesariamente ser representativas de las realidades de tales sujetos históricos—ignoran las relaciones jerárquicas y de poder que coexisten dentro de ellas. En el estudio de la historia obrera en Puerto Rico, por ejemplo, el hecho de ser parte de la clase trabajadora a principios del siglo XX no impedía la creación de jerarquías entre obreros diestros y no diestros, líderes y el obrero común, lo masculino sobre lo femenino, la heterosexualidad sobre lo homosexualidad, lo blanco sobre lo negro, entre otras.

(6) Hacer historia no debe depender de su utilidad en el presente. Es decir, aunque la historia se ha utilizado para forjar mitos nacionales, la idea de la nación en sí misma, historias del procerato y demás, el conocer/crear el pasado puede partir de la mera curiosidad intelectual del/a investigador/a. La noción utilitaria de la historia va de la mano con sus orígenes cientificistas.

(7) No hay tal cosa como la objetividad del investigador/a pues, en palabras de Joan W. Scott, toda historia es política. Y aunque, como mencionamos anteriormente, la historia no debe depender de su utilidad, sí puede ser utilizada como un arma. Por ejemplo, el sistema de producción capitalista junto a las relaciones sociales y simbólicas que reproduce puede ser remontado a un momento y espacio histórico específico. Por ende, la historización de cómo se ha desarrollado puede ayudar a desarticular la percepción del capitalismo como un sistema holístico junto con su aparente totalidad, lo cual abre el paso a pensar otras alternativas.

(8) De la misma manera que se reconoce la disciplina de la historia como un producto de la modernidad europea que silenció e intento borrar saberes y epistemologías alternas, una historia anárquica debe subvertir tal acción e intentar aprender desde la otredad. Como historiador de Puerto Rico y el Caribe, intento reconocer que las ideas que algunos individuos desarrollaron en tal región geográfica, aún cuando fueron importando ideas de Europa, fueron resignificadas en el Caribe para darle sentido a sus realidades. En palabras de Jane Anna Gordon, estas ideas fueron criollizadas. Esto, a su vez, también debe reconocer que tal región contiene sus propios saberes y conocimientos que han sido desarrollados desde la exclusión y la otredad.

(9) El silencio puede, entonces, convertirse en una categoría de análisis en sí mismo. María Josefina Saldaña-Portillo argumenta que el silencio es donde la alteridad y la universalidad convergen. La dificultad está en encontrar tales silencios. Una vez encontrados, historizar el silencio podría darnos la oportunidad de explorar lo inimaginable y probar los límites de nuestra imaginación histórica.

(10) Una historia anárquica debe aspirar a pensar lo impensable. Aunque las estrategias pueden variar, creo que sería efectivo intentar repensar las categorías que utilizamos, incluyendo, por ejemplo, el término historia y anarquía. El lenguaje y las categorías que utilizamos pueden limitar nuestra capacidad de repensar situaciones, ideas o símbolos. Entonces, una historia anárquica debe cuestionar precisamente su raison d’être comenzando por el significado de las categorías que le dan vida.   

Nota: Debido a la naturaleza informal de este escrito, la manera en que fue pensado y arriesgándome a no ser lo suficiente científicamente riguroso, no se han incluido notas con las citas mencionadas en el texto. Aun así, para facilitar al lector cualquier revisión de lxs autorxs citadxs, aquí las obras mencionadas en el texto:

Carr, Edward Hallet. ¿Qué es la historia? Barcelona: Editorial Ariel, 2001.

Darton, Robert. The Great Cat Massacre and Other Episodes in French Cultural History. Nueva York: Vintage Books, 1984.

Feyerabend, Paul. Against Method: Outline of an Anarchist Theory of Knowledge. 4ta ed. Londres y Nueva York: Verso Books, 2010.

Gordon, Jane Anna. Creolizing Political Theory: Reading Rousseau Through Fanon. Nueva York: Fordham University Press, 2014.

Saldaña-Portillo, María Josefina. The Revolutionary Imagination in the Americas and the Age of Development. Durham y Londres: Duke University Press, 2003.

Scott, Joan W. Gender and the Politics of History. Edición revisada. Nueva York: Columbia University Press, 1999.

Trouillot, Michel-Rolph. Silencing the Past: Power and the Production of History. Boston: Beacon Press, 1995.






[1] Meléndez-Badillo es el autor de Voces libertarias: Los orígenes del anarquismo en Puerto Rico (3ra ed. Lajas: Editorial Akelarre y el Centro de Estudios e Investigación del Sur Oeste de Puerto Rico, 2015) y co-editor, junto a Nathan Jun, de Without Borders or Limits: An Interdisciplinary Approach to Anarchist Studies (Cambridge: Cambridge Scholars Publishing, 2013). Ha presentado sobre el tema del anarquismo en Puerto Rico, Estados Unidos, Canadá y Europa. Sus trabajos han sido publicados en Caribbean Studies Journal, Latin American Perspectives, Theory in Action: The Journal of the Transformative Studies Institute y Kalathos: Revista Transdisciplinaria, como en periódicos y páginas de web. Actualmente se encuentra cursando sus estudios doctorales en la Universidad de Connecticut. Su página web: www.jorellmelendezbadillo.com. 

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