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domingo, 3 de agosto de 2025

Preámbulo a Curas, parroquias y libros sacramentales. Breves noticias para la historia eclesiástica del sur de Puerto Rico

Preámbulo a Curas, parroquias y libros sacramentales. Breves noticias para la historia eclesiástica del sur de Puerto Rico.

Eli D. Oquendo Rodríguez

Enlace de obra en Amazon

En el año 2011, se publicó en la Revista Horizontes de la Pontificia Universidad Católica un artículo titulado “Los libros parroquiales de Arecibo: un espejo de la sociedad colonial, 1735-1749”. El escrito buscaba analizar temas de la sociedad colonial sugeridos en el libro de bautismos. Por ejemplo, el origen de los pobladores, la importancia dada a la casta militar, la presencia y comercio de esclavos, la prevalencia del matrimonio legítimo sobre el amancebamiento, el mestizaje, las prácticas asociadas al sacramento del bautismo y la agricultura de subsistencia, entre otros. Recurriendo a las observaciones de los cronistas del siglo XVIII y a los datos extraídos del libro se logró sumar una pieza más al complejo rompecabezas de la sociedad arecibeña en aquella centuria. Este escrito se publicó, por segunda vez, en una compilación de artículos que recientemente vio la luz. De aquel ejercicio algo quedó claro y es que los libros parroquiales son, sin duda, fuente inagotable de información. Una mente curiosa que los ausculte y la formulación de preguntas bien dirigidas harían que se viera muy beneficiada la historia social, demográfica, religiosa, del pensamiento y hasta de la vida cotidiana.

Recurriendo a ese tipo de fuente, en tiempos recientes, se trabajaron dos artículos que recogen otros temas sugeridos por tales libros. En uno se examinan los testamentos en los libros de entierros de la parroquia San Juan Bautista y San Ramón de Juana Díaz. Se seleccionaron los primeros tres libros de entierros que abarcan un período de más de cincuenta años entre 1787 y 1843. Este pone atención en las disposiciones de carácter religioso señaladas por los difuntos: misas, ceremonias, tipos de entierros, legados piadosos y devociones preferidas. El segundo artículo se centra en la identificación del clero (secular y regular) que sirvió en las capillas y parroquias fundadas en el sur de la Isla desde el siglo XVI. La capilla de San Blas en Coamo es la más antigua y data del último tercio de aquella centuria. Nuestra Señora de Guadalupe en Ponce también inició como capilla el siglo siguiente. Para ambos pueblos se pudo identificar religiosos atendiendo a la feligresía de ambas parroquias desde la década de 1660. Predicaban, decían misa y administraban sacramentos: San Antonio Abad en Guayama, Nuestra Señora del Rosario en Yauco, San Ramón en Juana Díaz y el Patriarca San José en Peñuelas surgen a lo largo del siglo XVIII. San Benito de Abad en Patillas, San Joaquín en Adjuntas, la Inmaculada Concepción en Guayanilla son de la primera mitad del siglo XIX. Las parroquias Santiago Apóstol en Santa Isabel, Nuestra Señora de la Monserrate en Salinas y San Pedro Apóstol en Arroyo datan de 1850 en adelante.

La identificación de los sacerdotes que administraron estas parroquias sirvió para considerar algunas ideas sobre su educación, la labor ministerial y otras obligaciones, sus estilos de vida, cualidades y retos que debieron enfrentar. Y la identificación no sólo constituyó en señalar quien estaba laborando en la parroquia en tal o cual momento. Este trabajo consistió en aportar, en la medida de lo posible, datos biográficos a fin de conocer la persona un poco más. La historia la construyen personas reales, con virtudes y defectos, y cuando se está consciente de ello se aprecian mejor sus aciertos y no se es tan severo con sus errores.

sábado, 28 de agosto de 2021

Iconoclastia

Iconoclastia
Pablo L. Crespo Vargas

La iconoclastia o iconoclasia es la expresión de destruir íconos o imágenes. La palabra estuvo de boga cuando el emperador del Imperio Romano Oriental (Imperio Bizantino para el mundo moderno) León III decretó en el año 726 una prohibición a la veneración de íconos. Esto debido a razones religiosas, dado a que el emperador creía que el pueblo en su ignorancia había pasado de la veneración a la adoración de las imágenes. León III desconocía que el cristianismo era el producto de una serie de sincretismos que llevaron a que la fe cristiana fuera evolucionando, adquiriendo vestigios de religiones que poco a poco se habían estado erradicando. El conflicto entre iconoclastas e iconódulos (los que veneraban las imágenes sagradas) continuó en la región balcánica de manera sangrienta, luchas que en momentos salpicaron a la península itálica, hasta que la emperatriz Teodora, quien asumió el trono luego de la muerte de su esposo Teófilo, en el 843 reunió un sínodo donde se restauró el culto a las imágenes y se declaró el fin del conflicto.

Destrucción de imágenes en Zurich, 1524 / Autor anónimo
Panorama de la Renaissance" by Margaret Aston

La realidad histórica nos presenta que la iconoclastia nació mucho antes de este periodo. Existe evidencia de que el faraón egipcio Akenatón (1353-1336 a.C.) al realizar una reforma religiosa a favor del dios Atón (el Sol) mandó a destruir todas las otras imágenes sagradas en su reino. A su muerte, las imágenes de Atón fueron las destruidas. Aproximadamente, para el 1200 a.C. el pueblo judío, durante su peregrinación, de Egipto a Canaán, desarrolló la idea de destruir y erradicar todas las imágenes religiosas de los pueblos conquistados. Tanto el culto judío como el de Atón eran monoteístas.

Con el desarrollo del cristianismo (otra religión monoteísta) y la persecución de pueblos paganos hubo instancias donde se perseguía a los adoradores de imágenes y se les destruían sus ídolos, aunque esta conducta no fue realizada de manera generalizada. Durante el reformismo protestante, algunos líderes como Thomas Muntzer y Andreas Karlstard promovieron esta idea, aunque nuevamente no tuvo mucho auge.

Dentro del mundo islámicos (seguimos con el monoteísmo) también se ha dado el fenómeno, especialmente cuando el fundamentalismo arraiga. Las guerras entre musulmanes e hindúes en la India son el mejor ejemplo de esta práctica, aunque entre los mismos hindúes, quienes veneran distintas deidades existió. En la actualidad conocemos de los casos del Estado Islámico en Medio Oriente o de los Talibanes en Afganistán con su política de destrucción de toda expresión cultural que contenga imágenes. En el caso más conocido de los talibanes está la destrucción de los dos Budas de Bamiyán (si hubiera sido un yacimiento de petróleo o minas de uranio el mundo occidental los hubiera protegido). En cuanto al Estado Islámico, estos de manera organizada la emprendieron en contra de cualquier símbolo no islámico. Esto llevó a la destrucción de imágenes de sobre 3,000 años de antigüedad y daños irreversibles a muchos de los lugares que han sido considerados patrimonio de la humanidad por su significado histórico entre los actuales territorios de Siria e Irak.  

Posiblemente, la mayor de todas las iconoclastias fue realizada durante el periodo de conquista castellana en las Indias (América) donde los invasores destruyeron una gran cantidad de íconos nativos, alentados por la creencia de que estos eran diabólicos. Esta destrucción de imágenes y otros aparejos propios provocó la pérdida de un acervo histórico y cultural de gran valor.

Fuera del ámbito religioso, la iconoclastia también ha sido utilizada con fines políticos. Estatuas de gobernantes, reyes, príncipes o militares han sido derribadas a través de la historia por el solo hecho de estos haber sido derrotados o removidos de sus puestos. Los primeros casos documentados se dan en el Imperio Romano, donde figuras de Sejano (31 d.C.), Domiciano (96 d.C.) y Cómodo (196 d.C.), entre otros sufrieron esta práctica luego de ellos fallecer.

Durante la Revolución de las Trece Colonias se dieron varios casos, siendo el más famoso el derribo de la estatua de Jorge III en Nueva York el 9 de julio de 1776. Durante la Revolución Francesa se da el mismo fenómeno. En el siglo XX, las guerras mundiales y la caída del bloque soviético, entre otros conflictos también estuvieron plagados de esta conducta. El siglo XXI inició con el derribo de las estatuas de Sadam Hussein en Irak. Aún más recientemente, las demostraciones en contra de los abusos racistas en los Estados Unidos han revivido esta práctica, pero con motivaciones provenientes de luchas sociales.

Estemos de acuerdo o no (y cualquiera que sea nuestras razones), la iconoclastia es una manera de manifestar una inconformidad hacia sistemas o pensamientos distintos. Esta conducta, por lo que hemos visto, ha sido casi universal y utilizada desde el inicio de las civilizaciones no solamente por los vencedores, sino que los marginados han utilizado el mismo recurso. Claro, desde la oficialidad el vencedor tiene todo el derecho de hacerlo, mientras que el marginado es considerado un delincuente (otro ejemplo de nuestra doble vara).

Para más detalles sobre la iconoclastia invito a los lectores a que vean el programa de Coloqueo ICP del 15 de septiembre de 2020 titulado: “La iconoclastia a través de la historia” con el profesor Miguel Rodríguez, el cual puede ser visto en el canal de Youtube del Instituto de Cultura Puertorriqueña:

https://www.youtube.com/watch?v=ac798hEI4aA&t=10s

Nota editorial: Este artículo fue publicado por primera vez el 3 de octubre de 2020 en El Post Antillano.

 

       

martes, 18 de diciembre de 2018

Prólogo a Discurso nacional del clero durante la revolución colombiana


Prólogo a Discurso nacional del clero durante la
revolución colombiana, 1810-1825
Pablo L. Crespo Vargas

Para adquirir por amazon
La historia, como muchas otras disciplinas del saber humano, presenta un análisis desarrollado a partir de unas inquietudes que surgen de los individuos que la estudian. Las mismas son el producto de la interacción social, cultural y, en algunos casos, económica que estas personas tuvieron a través de su evolución como sujetos. En el caso de los historiadores puertorriqueños, la inmensa mayoría de ellos evita temas fuera de lo que sería su entorno nacional. Las razones son diversas, aunque pudieran ser enumeradas, no serán discutidas en este prólogo. Lo importante en este momento es ver que una novel historiadora puertorriqueña, Brenda Lee Cintrón Torres, producto del Programa Graduado de Historia de la Universidad Interamericana de Puerto Rico[1], decidió dejar a un lado temas insulares para estudiar un problema histórico desarrollado al otro lado de nuestra orilla caribeña, en lo que hoy conocemos como Colombia. Sin embargo, debemos hacer hincapié de que el tema trabajado por la autora, aunque está fuera de nuestros límites geográficos, sí es pertinente para la comprensión histórica de Puerto Rico por las similitudes que se podrían encontrar en los hallazgos de esta investigación y el análisis de este tema en Puerto Rico.

Colombia, como entidad político territorial, en diversos momentos históricos perteneció o fue conocida por otros nombres como veremos más adelante. Primeramente, con la llegada de los castellanos, la zona fue bautizada como el Reino de Nueva Granada (o Nuevo Reino de Granada), administrativamente hablando desde 1570 fue establecida la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá, la cual estuvo como ente principal de la política imperial española en el área hasta 1718. A partir de este último año se instituyó el Virreinato de Nueva Granada. El mismo fue abolido, como parte de las luchas de independencia, en el 1811, pasando la zona a constituirse en la Federación de las Provincias Unidas de Nueva Granada[2], las cuales sucumbieron ante la reconquista española en el periodo de 1815 a 1816. No es hasta 1819 que se establece la República de Colombia, la cual para diferenciarla de su constitución actual ha sido llamada la Gran Colombia.[3]

Dentro de este menjurje[4] político y territorial hubo una sociedad que vivió una serie de situaciones que son base de esta investigación. El tema central de la obra es el discurso presentado por los eclesiásticos católicos, tanto del lado liberal e independentista como del lado conservador y realista, durante el periodo de luchas por la independencia y años posteriores en esta zona (1810-1825).

Este periodo de estudio es muy significativo, ya que la región vivió en la incertidumbre mientras la sociedad decidía que rumbo seguir, a la vez que se buscaba justificar de una manera u otra la decisión a tomarse. Al igual que pasó en otras regiones, y aún pasa con los países con estatus colonial (aquí es que entra Puerto Rico), la decisión de separarse o continuar la relación de dependencia política con la metrópoli fue parte de unos procesos ideológicos (y económicos) que fomentaron continuos enfrentamientos y la presentación de puntos de vista divergentes que fueron utilizados por cada bando según su conveniencia.

La doctora Cintrón Torres presenta una excelente combinación de fuentes primarias y secundarias que demuestran un trabajo investigativo de gran calibre académico. Entre las fuentes primarias que utiliza están los epistolarios de los gobernadores y obispos, las diversas colecciones de catecismos, crónicas, memorias, manifiestos, dictámenes, manuales de instrucción, colecciones de oraciones religiosas, novenas, sermones, discursos eclesiásticos y periódicos; todos del periodo estudiado.

El análisis presentado nos lleva a visualizar una sociedad que culturalmente hablando mostraba un arraigo bien marcado sobre las creencias religiosas que, aunque sincretizadas, demostraban un apego solido hacia el catolicismo español, establecido desde los comienzos de la conquista y colonización. La profundidad con la que el pueblo mantenía su fe evitó que la llegada de corrientes ilustradas y liberales, las cuales en principio estaban en contra del poder eclesiástico, se desarrollara en una actitud que de manera general era anticlerical. No obstante, vemos que dentro de la propia Iglesia se dio una división ideológica entre los que apoyaban la soberanía del monarca español y los que buscaban la independencia de la metrópoli.

La autora nos presenta los diversos puntos de vista y cómo cada bando utilizando básicamente las mismas herramientas pedagógicas y doctrinales crearon el andamiaje necesario dentro del sistema eclesiástico para apoyar una serie de posturas. También se demuestra como los líderes políticos aprovecharon sus alianzas con el clero para adelantar sus agendas y utilizar al pueblo en su beneficio. La población en general mantenía en alta estima a sus líderes religiosos y las posturas que estos respaldaran terminaban siendo las que sus oidores seguían.

En el análisis que la doctora Cintrón Torres realiza trae un punto que muchas veces se obvia o no se menciona en la historiografía hispanoamericana referente a la independencia y es que la misma fue una guerra civil, donde los locales se dividieron en dos bandos tanto para la lucha independentista (los que apoyaban al rey y los que luchaban por la independencia) como para el periodo posterior (conservadores y liberales). Claro, la intervención de la metrópoli es palpable, pero el grueso de los involucrados provenía del ámbito local.

Este tipo de argumento también es trabajado en los más recientes estudios sobre la independencia de los Estados Unidos.[5] En ambos casos, se contradice la mitificación creada con el fin de unificar el país y de establecer un sentimiento nacional de que la lucha fue en contra de unos invasores, por lo cual todo el pueblo se unió. Esta idea nos lleva a creer que la guerra de independencia fue un conflicto entre dos grupos completamente diferentes, lo cual no necesariamente fue así.

En esta misma línea, la autora replica a otro mito, el que indica que los miembros de la Iglesia apoyaban tanto al lado realista, durante el periodo de lucha independentista, como al lado conservador, durante el periodo posterior. Debemos ver, y muy bien presentado en la obra, está la situación de que la Iglesia era un reflejo de la sociedad hispanoamericana y que en ella cohabitaban diversas clases o grupos que se diferenciaban por el bagaje social con el que llegaban a la institución. Al igual que ocurría en el pueblo, el individuo (en este caso el clérigo), con las herramientas pedagógicas que tuvo disponible tenía que decidir qué bando tomar. No obstante, no podemos dejar a un lado que la inmensa masa poblacional o llamado pueblo llano se caracterizaba de ser uno que seguía los principios promovidos por sus líderes religiosos. De hecho, en muchas ocasiones se luchaba sin saber el por qué.

La sensación de la crueldad de la guerra también es presentada por nuestra autora, quien está clara de que los atropellos fueron cometidos por ambos bandos, aunque dentro de cada grupo esto no se admitiera. Esto nos lleva a la retórica de presentar a un Dios que protege y apoya a los dos grupos, lo que la autora llama un “Dios que parece ser bipolar”, que es “conservador y aliado a la monarquía, por un lado, y buscador de la libertad de su pueblo contra un tirano que es como un nuevo faraón, por otro lado”. Como podemos apreciar: un mismo “Dios”, dos visiones distintas, algo muy común en la historia occidental. La autora indica que: “Ambos bandos creen que Dios está a su lado, aunque ninguno de los escritores citados explica como Dios puede defender a los guerreros de dos ejércitos que pelean el uno contra el otro” y dar la victoria a los dos a la misma vez. Aunque esto es una situación recurrente en la historia universal, no es un tema que se discuta con tanta regularidad, lo que demuestra un gran sentido de innovación historiográfica de la doctora Cintrón Torres.

Otro aspecto que la autora aprovecha para analizar es la poca sensibilidad que los clérigos demostraron para sus contrarios, siendo estos igual de cristianos que ellos. Este aspecto no nos debe sorprender ya que queda muy bien señalado cómo los miembros de la Iglesia utilizaban los mismos pasajes bíblicos para presentar situaciones y demostrar un discurso que en su fin se contradecía.

La obra está dividida en cuatro apartados. El primero analiza el papel de la Iglesia en Hispanoamérica y Colombia. El segundo trabaja el contexto histórico en el que se desarrolla el proceso de independencia. En él se analizan los efectos de la Ilustración, las Reformas Borbónicas, la insurrección de los comuneros y la de Túpac Amaru, la expulsión de los Jesuitas y la invasión napoleónica a territorio español. Cada uno de estos eventos tiene su repercusión en Hispanoamérica. El tercer apartado trabaja los diversos sermones utilizados para llevar el mensaje de cada uno de los grupos. Por último, se analizan los catecismos, la religiosidad popular, la pedagogía eclesiástica y el uso de la prensa como medios propagandísticos.

En el caso de Puerto Rico, la obra de la doctora Cintrón Torres nos brinda la oportunidad de conocer una metodología que podría ser utilizada para el análisis histórico del pensamiento religioso y su relación con el estatus político de la Isla. La publicación de esta obra se une a otras donde se trabajan aspectos de la historia religiosa del Caribe y Puerto Rico, algo que consideramos muy positivo y que puede alentar a otros investigadores a continuar con los estudios de uno de los aspectos culturales de mayor influencia en la población: las creencias religiosas.

1 de noviembre de 2018




[1] Al momento de escribir el prólogo, el autor, Pablo L. Crespo Vargas, se desempeña como profesor adjunto del Programa Graduado de Historia de la Universidad Interamericana de Puerto Rico. El mismo fue establecido en 2005 y se ha convertido en uno de los principales centros de estudios históricos en Puerto Rico.
[2] Se debe señalar que entre 1811 y 1813 existió el Estado Libre de Cundinamarca, cuyo centro de poder era la ciudad de Santa Fe. Esta república fue liderada por Antonio Nariño, quien creía en un sistema de gobierno centralizado contrario a las pretensiones de la Federación de las Provincias Unidas de establecer un sistema federalizado y parlamentario. Las disputas ideológicas entre ambas entidades políticas culminaron con una guerra que ocurrió entre finales de 1812 a principios de 1813. Teniendo ambas entidades la posibilidad de una reconquista realista, la cual sucedió eventualmente, se unieron para tratar de evitar que los españoles retomaran la zona.
[3] Se debe indicar que el termino Gran Colombia no fue utilizado en su tiempo. Esta diferenciación en el nombre puede deberse a los cambios geopolíticos que sufrió el país a partir de 1826. Se puede indicar que la República de Colombia establecida a finales del 1819 era la base del sueño de unión interamericano que había ideado Francisco Miranda a finales del siglo XVIII y principios del XIX y que luego fue retomada por Simón Bolívar. Contrario a lo que ellos esperaban, las luchas de poder y control entre los distintos grupos gobernantes locales, la falta de un sentimiento dirigido a crear un estado único en Hispanoamérica y los intereses extranjeros provocaron que esta unión nunca se materializara.   
[4] La palabra menjurje, que quiere decir una mezcla de varios ingredientes, es utilizada de manera diferente en al menos tres regiones. Por ejemplo, en España se utiliza mejunje, en el Cono Sur se utiliza menjunje y la que nosotros utilizamos en el Caribe y Centroamérica. Refiérase al Diccionario de la REA para cualquier duda.
[5] Uno de los principales exponentes de esta visión para Norteamérica es Alan Taylor, American Revolutions: A Continental History, 1750-1804 (New York: W.W. Norton & Company, 2017).


lunes, 3 de septiembre de 2018

Reseña del libro "Sin delitos ni pecados"


Reseña del libro Sin delitos ni pecados
Por Albeyra L. Rodríguez

Sin delitos ni pecados: clero, transgresión y masculinidades en Puerto Rico (1795-1857)[1] del doctor Cesar Augusto Salcedo Chirinos[2] es un trabajo analítico sobre las transgresiones de algunos individuos que pertenecieron a la clerecía puertorriqueña durante la primera mitad del siglo XIX. Este libro fue premiado con el segundo lugar en la categoría de investigación y critica por el Instituto de Literatura Puertorriqueña de este año en curso,[3] reconociendo esta institución, la calidad e innovación de este escrito.  

La novedad de este estudio es el enfoque histórico y la población estudiada desde una perspectiva foucaultiana: la transgresión y la norma como conceptos paralelamente existentes.[4] Utiliza la documentación recopilada de fuentes manuscritas como el Archivo General de Indias, Archivo Histórico Nacional, el Archivo General de Puerto Rico, el Archivo Histórico Catedral, Archivo Histórico Diocesano, y archivos parroquiales, así como de fuentes primarias transcritas desde las actas de cabildos de San Juan, reglamentos, recopilaciones de leyes y constituciones, entre otros libros y artículos, haciendo de su trabajo uno cabal. 

Salcedo Chirinos primeramente presenta la vida y estructuras eclesiásticas para luego adentrarse en las prácticas cotidianas de este grupo, identificando adulterio, amancebamiento, juegos, desobediencia y hasta deudas concebidas por estos hombres. Posteriormente, nos muestra las actuaciones del tribunal eclesiástico y sus investigaciones realizadas por la misma institución a través de interrogatorios y los resultados hacia estos sacerdotes transgresores.

Dentro de este estudio aparecen descritos sacerdotes amancebados en diferentes puntos de la isla, con amistades sospechosas que creaban escándalos entre sacerdotes, jugadores de gallo (suponiéndose que este tipo de juego no era considerado una transgresión[5]), y hasta con problemas de alcohol. La desobediencia y los insultos, tanto a sus feligreses, figuras políticas como a sus mismos pares, fue parte también de la práctica de algunos cleros en la Isla. Estas prácticas cotidianas en el clero eran conocidas. Bien dice Salcedo Chirinos que “La gente sabía que el cura debía comportarse de otra manera, solo que no lo cuestionaban ni lo denunciaban por sus transgresiones, a menos que existieran otros intereses”.[6] No obstante, debido a la capacidad de decisión de la Iglesia contra los clérigos de manera interna y sus respectivos procesos[7], las actuaciones de estos sacerdotes eran castigadas con suspensiones de oficio y/o amonestaciones verbales o penas pecuniarias, o quedaron impunes, continuando así ejerciendo el ministerio. Todo esto apunta a que el comportamiento cotidiano de estos clérigos evidencia las relaciones de poder y el ejercicio de esta, que era común en la sociedad decimonónica puertorriqueña.

Este tipo de investigación nos demuestra que, en el periodo y población estudiada, estos sacerdotes no eran ejemplo para la institución que representaban y vivieron igual que su feligresía, con prácticas y conflictos cotidianos. A su vez, se apropiaron y negociaron con las estructuras de poder, siendo estas administradas por ellos mismos. Se deduce que por la necesidad de clérigos y por intereses particulares, culminaban minimizando las sanciones. Es por esto que, Sin delitos ni pecados: clero, transgresión y masculinidades en Puerto Rico (1795-1857) nos sirve para reflexionar sobre cómo luego del periodo estudiado por Salcedo Chirinos, han continuado surgiendo en rotativos nacionales e internacionales, situaciones significativas e impactantes consumadas por el clero en años pasados, y estos, en la mayoría de los casos, no reciben ningún tipo de castigo por los actos cometidos en diferentes partes del mundo. El autor titulariza su obra “sin delitos ni pecados”, entendiéndose que el clero no fue castigado sino sancionado y continuaron viviendo como hombres comunes. Por todo lo antes mencionado, recomiendo este trabajo y se extiende la invitación para que puedan disfrutar del mismo.

Nota Editorial: César Augusto Salcedo Chirinos, también, es autor del libro Las negociaciones del arte de curar: Los orígenes de la regulación de las prácticas sanitaria en Puerto Rico, el cual puede conseguir marcando el enlace. 


[1] César Augusto Salcedo Chirinos, Sin delitos ni pecados: clero, transgresión y masculinidades en Puerto Rico (1795-1857). (Río Piedras: Publicaciones Gaviota, 2016).
[2] Los temas de investigación del doctor Salcedo Chirinos giran en torno a la transgresión, vida cotidiana, sexualidad, clero, enfermedades, entre otros temas en el Puerto Rico decimonónico.
[3] El Nuevo Día, “El Instituto de Literatura Puertorriqueña premia el talento local,” Periódico El Nuevo Día
https://www.elnuevodia.com/entretenimiento/cultura/nota/elinstitutodeliteraturapuertorriquenapremiaeltalentolocal-2400092/ (consultado 27 agosto 2018).
[4] Salcedo Chirinos, Sin delitos ni pecados: …, 14-18.
[5] Ibid., 88-89.
[6]  Ibid., 223-224.
[7] El autor plantea que tuvo dificultad para accesar los documentos del Archivo Histórico Arquidiocesano ya que no están disponibles para los investigadores. Ibid., 132.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Introducción libro sobre Iglesia Metodista en Vieques



Introducción al libro:
El impacto socio-político de la evangelización de Vieques por la Iglesia Metodista (1902-1954)
Por Dr. Pedro A. González Vélez

Los asuntos espirituales no pueden ser abordados sin el reconocimiento de los hechos económicos que condicionan la vida cotidiana de la gente y que están en la raíz de la manera como los seres humanos piensan y sienten.
                                                      Rvdo. Samuel G. Inmann


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Vieques fue durante gran parte del siglo XIX una frontera entre el mundo hispano caribeño y el Caribe inglés, francés, holandés y danés. Por tal motivo, su historia es muy particular. Su desarrollo político estuvo basado en un gobernador militar bajo la jurisdicción del capitán general de Puerto Rico. Su desarrollo socio económico, dominado por franceses[1] y basado en una economía de plantación azucarera, es indicativo de una apertura inusual en el sistema español. En cuanto al desarrollo religioso de esta isla frontera, el mismo presenta varias peculiaridades. Aunque la élite dominante era de ascendencia francesa y por lo tanto católica, la clase obrera provenía de las Antillas inglesas[2] con una fuerte tradición anglicana y protestante. Este hecho creó las condiciones para un desarrollo atípico del sistema religioso viequense.

Al finalizar la Guerra Hispano -cubano- norteamericana, comenzó un proceso que Samuel Silva Gotay ha denominado de "americanización".[3] Este fenómeno se dio en todos los ámbitos de la cotidianidad puertorriqueña, desde lo político hasta lo religioso. En el caso bajo estudio, veremos el aspecto religioso de este proceso hasta 1939, cuando la Marina de Guerra de los Estados Unidos comenzó la expropiación de tres cuartas partes de la Isla para fines de defensa nacional y hemisférica, debido al estallido en Europa de la Segunda Guerra Mundial. Concluiremos en el año 1954, año del comienzo de la construcción de la nueva iglesia y en el que se agudizó la Guerra Fría una vez finalizado el conflicto de Corea. Estos acontecimientos perpetuaron el dominio de la Marina sobre dos terceras partes de la Isla Nena.

Aunque el proceso de "americanización" fue un fenómeno que abarcó todo el entorno geopolítico de Puerto Rico, las particularidades de Vieques hicieron el proceso de penetración protestante más rápido que en la Isla Grande. ¿Por qué? ¿Qué facilitó el establecimiento de la Iglesia Metodista Episcopal en Vieques? ¿Se debió a la particular estructura económica de la isla? ¿A su composición racial? ¿A los componentes extranjeros que vivían en ella? ¿A la autonomía relativa que gozaba con respecto a Puerto Rico? ¿Cómo reaccionó la población a la llegada de la Iglesia Metodista Episcopal? ¿Qué elementos apoyaron el proceso de americanización y adoctrinación y por qué? ¿Cómo repercutió la presencia de esta denominación en el desarrollo socio –económico de la Isla? ¿Qué posición tomó la iglesia con respecto a la Marina de Guerra de los Estados Unidos? ¿Chocaron la iglesia y el estado por Vieques? En el transcurso de este trabajo, pretendemos contestar estas interrogantes.



[1] - Luis Martínez Fernández: Protestantism and Political Conflict in the Nineteenth-Century Hispanic Caribbean, Rutgers University Press, New Jersey, 2002. p. 49.
[2] - Ana M Fabián Maldonado, Vieques en mi memoria: Testimonios de vida, Ediciones Puerto, 2003. Entrevista a Pedro Guishard Peter, p. 215. Pedro indica que su padre era de Saint Kitts y su madre de Nevis y que se trasladaron a Vieques para trabajar en la industria azucarera.
[3] - Samuel Silva Gotay: Protestantismo y Política en Puerto Rico 1898-1930, Río Piedras, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1997.

viernes, 7 de agosto de 2015

Prólogo a la obra "El Demonismo en el Caribe hispano"

Prólogo a la obra El Demonismo en el Caribe hispano: 
Primera mitad del siglo XVII

Por: Dr. Ángel L. Vélez Oyola[1]

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En la ardua tarea de escribir un prólogo se magnifican la responsabilidad no tan sólo de un análisis preciso y serio, sino, además un juicio valorativo de una investigación que un colega ha llevado a su feliz ejecución. En ocasiones, ese compromiso del prologista se convierte en una defensa casi apologética y sin razón de una obra que sólo puede tener un valor para aquel que ha pasado tiempo configurando y analizando cada página de su obra. En esta investigación, del ahora doctor Pablo L. Crespo Vargas, esta defensa no tiene razón de ser. Nuestro autor ha demostrado ya con gran dedicación y técnicas en el campo de la Historiografía y la Historia de América, lo que realmente es, un trabajo serio, en uno de los campos, menos estudiado por los americanistas, la Historia del Fenómeno Religioso en La América Colonial. Esto tiene su explicación, primero por el grado de complejidad que conlleva el análisis de los documentos eclesiásticos y civiles de la época con un idioma que requiere el uso de la paleografía, el cual siempre es un elemento poco ventajoso para el investigador no experto, y la ubicación física de documentos primarios los cuales en su mayoría no se encuentran en nuestro continente. Todos son factores determinantes a la hora de escoger un tema tan complicado como el que se nos presenta en esta obra. Sin embargo, todos estos elementos han sido superados por nuestro autor en su obra anterior titulada “La Inquisición Española y Las Supersticiones en el Caribe Hispano a principios del Siglo XVII”, el cual alcanzó el Primer Premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña en Ensayo Crítico e Investigativo publicado en 2011.

El doctor Crespo Vargas ha escogido el tema de los procesos de la Inquisición como su objetivo de estudios e investigaciones y en dichos procesos sin duda alguna se ha realizado una intensa labor recopilando datos que en algún momento los han trabajado historiadores de la talla de los doctores Paulino Castañeda, Pedro Borges, Joseph Ignasi, Elisa Luque y Jesús Hernández Palomo. Sin duda alguna, nuestro autor con esta investigación y texto ciertamente nos brinda una de las piezas claves para el futuro entendimiento de las Relaciones Iglesia-Estado en las Colonias Americanas en su vinculación con el proceso de la Inquisición Española.

Es claro el hecho de su dominio con el tema expuesto, pues se manifiestan en los documentos primarios y recursos bibliográficos que analiza, pondera y evalúa. El autor, al menos ha superado, los posibles problemas metodológicos que suelen presentarse en un tema tan grave como el que se nos presenta. Uno de estos sería la abundancia del material disponible con relación al periodo de estudio; el cual se superaron con gran tenacidad al poder obtener algunos datos, los cuales son separados solo para entidades y fundaciones altamente especializadas; otro es el análisis sin prejuicio cuidadosamente expuesto y el vigor y la creatividad que todo investigador serio debe presentar en sus conclusiones.

Al enfocar los temas en torno al “imaginario del demonio en los procesos de la inquisición”, el autor ha tenido entre sí algunas verdades que pasarían inadvertidas en otras geografías. Lo específico y especializado del tema justifica, en nuestra opinión la atención que el doctor Crespo Vargas ha dedicado a un problema histórico de mediados del Siglo XVII. El análisis de cada proceso inquisitorial pone de manifiesto claramente las destrezas del investigador como historiador.

Hasta este momento no hemos tenido acceso a muchos textos que ofrezcan mayor cantidad de datos o hayan trabajado con mayor rigor el número de fuentes en torno a los demonios que están presentes en la obra del doctor Crespo Vargas. En verdad, este podría ser uno de los primeros estudios académicos en el Caribe, con un tema histórico, social y religioso con propósitos puramente intelectuales.

Este prólogo se escribe en momentos en que la fragilidad humana continua discriminando a todos aquellos que no creen como la mayoría. Tal parece que los procesos inquisitorios no han concluido en pleno siglo XXI, los grandes cambios en el planeta que ejemplifican el seguimiento de lo que debe ser, el llamado a la comprensión y la tolerancia. Mucho de lo que puede describirse sobre el periodo que cubre la Inquisición Española del Siglo XVII es similar a nuestros días.

La riqueza y extraordinarios datos que se revelan de esta investigación realizada por el doctor Pablo L. Crespo Vargas desde una perspectiva y análisis académico que permiten una reflexión con mayor sobriedad, nos permite concluir que es una verdadera contribución al estudio de lo que con mucho acierto se ha de titular El demonismo en el Caribe Hispano: Primera mitad del siglo XVII.






[1] Director de la Escuela de Teología de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto Metropolitano.