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miércoles, 6 de enero de 2016

Hechizos y conjuros: Una demostración en contra de la misoginia caribeña del siglo XVII

Hechizos y conjuros: Una demostración en contra de la misoginia caribeña del siglo XVII

Por Pablo L. Crespo Vargas[1]
Escrito de ponencia presentada en el IV Coloquio de Historia de las Mujeres en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Utuado
4 de marzo de 2015

Adquirir 3ra edición
Introducción

La sociedad caribeña, ubicada en una zona de constante movimiento humano, desde tiempos inmemorables ha sido una región de paso. Esto creó el desarrollo de una población con un alto grado de mestizaje y que es reflejado no solo de manera étnica, sino que vemos en ella un nivel de sincretismo sin igual. Para efectos de este estudio hemos decidido analizar la posición de la mujer del Caribe hispano en el siglo XVII, vista desde la documentación inquisitorial, proveniente del Tribunal de Cartagena de Indias.[2] El trabajo se dividirá en dos partes: una breve explicación teórica sobre la subyugación de la mujer y un análisis de la forma en que las féminas se rebelaron ante la actitud misógina de la sociedad. Para este último aspecto utilizaremos tres ejemplos de los cientos que tenemos disponibles.

Una explicación teórica sobre la subyugación de la mujer

Desde tiempos ancestrales, en particular, en el desarrollo de la sociedad occidental, la mujer ha sido relegada a un segundo plano. Las causas pueden ser multifactoriales, no obstante, ellas están enmarcadas en tres principales teorías. La primera indica que, en el proceso de formación social, de manera natural, el hombre adquirió características esenciales para poder subyugar a la mujer (mayor fuerza física, no estar limitado por el parto, entre otros). Segundo, se estableció que el desarrollo de las religiones dentro de sociedades estatales provocó que el patriarcado se impusiera sobre el matriarcado. Tercero, luego de surgido el feminismo se difundió la idea de que el machismo era parte de unas posturas culturales que podían ser cambiadas.[3] En todo caso, las tres teorías, presentadas originalmente desde un punto de vista eurocéntrico, podrían darnos luz sobre el desarrollo de otras sociedades, en nuestro caso, la caribeña.

Tomemos como ejemplo la mitología taína, en ella apreciamos que en un principio el culto principal era realizado a una deidad femenina, en este caso Atabey.[4] Era diosa madre, creadora y representante de todo lo natural. Fue madre de Yocahú Bagua Maórocoti, deidad masculina, que a la llegada de los castellanos era considerada la principal fuerza espiritual dentro de la religiosidad indígena taína. Yocahú era el ser representativo de la yuca, base alimentaria de la sociedad cacical. También representaba el desarrollo de la sociedad, especialmente el dominio sobre aspectos naturales como son la domesticación de plantas (agricultura) para uso alimenticio a gran escala.[5]

Al igual que los taínos, podemos identificar una gran variedad de tradiciones que inician sus ciclos con el culto a deidades femeninas y que según van desarrollándose se transforman en veneraciones a entes masculinos representativos de quienes obtienen el poder en la sociedad. Esta explicación dogmática sobre la subyugación de la mujer debe complementarse con otras teorías. Una de ellas es la división del trabajo por género. Esta fue presentada por Mircea Eliade, quien indica que al surgir la caza como método de subsistencia se estableció que el hombre, por su capacidad física, tuvo la facultad de practicarla mientras se relegó a la mujer la tarea de recolectar frutos silvestres que complementaran la dieta de la comunidad.[6]

A su vez, vemos como el oficio de cazador desarrollaba unas destrezas de manejo de instrumentos que podían ser utilizadas en la defensa de la comunidad y en situaciones ofensivas donde se buscaba el beneficio del grupo. Esto nos lleva a la noción de que la mujer terminó siendo subyugada durante el “desarrollo de la competencia y la guerra entre grupos”.[7] Tanto la cacería como la guerra provocaron cambios culturales y sociales que establecían que los hombres debían ser valientes y demostrar agresividad. También se esperaba que protegieran a los miembros más débiles de la comunidad: niños, ancianos y mujeres.

A estos planteamientos hay que añadir las hipótesis psicoanalíticas que indican que el hombre tiende a ser psicosexualmente más frágil que la mujer, lo que le lleva a sentir cierto temor hacia ella.[8] Las razones para ello están en la falta de signos que indiquen la llegada de la madurez en el varón, el temor a la castración y la poca confianza que estos pueden tener en aspectos sexuales tales como la seguridad de la paternidad.[9]

Ahora bien, existe otra visión promulgada por Mircea Eliade que indica que, al desarrollarse la agricultura, en algunas sociedades, la mujer tuvo que asumir un rol protagonista, ya que fue ella quien se encargó de hacer funcionar y explotar de manera positiva la nueva forma de subsistencia.[10] No solamente era considerada la persona encargada de asegurar la alimentación de la población, sino que era la conocedora y trasmisora de las artes del cultivo. Todo esto llevó a crear una correlación entre “la fertilidad de la tierra y la fecundidad de la mujer”.[11] Este tipo de dinámica, aunque no universal, se dio en muchas sociedades antiguas, donde las deidades femeninas eran valorizadas por su relación a la creación por medio de la gestación.[12]

Aunque no queda claro cómo se da el proceso de subyugación de las féminas, al desarrollarse las tres principales culturas en la formación del mundo occidental (judíos, griegos y romanos) ya existía una predeterminación a presentar a la mujer como un ser inferior y necesitado de un hombre. Por ejemplo, la sociedad judía, en su escrito sagrado o Torá, establece una actitud machista desde el mismo inicio, con el desarrollo de su mito sobre la creación. Allí se establece la subordinación de la mujer al ésta ser formada del cuerpo del varón.[13] No solamente fue creada del hombre, sino que en otro episodio es considerada la culpable de que fueran sacados del paraíso que Dios les había creado.[14]

Al igual que los judíos, los griegos y romanos antiguos desarrollaron sociedades guerreras donde se enfatizaba la superioridad del hombre sobre la mujer. Esto a su vez, creó aspectos culturales que definían a los géneros. Por ejemplo, el hombre debía ser cálido, agresivo, riguroso, racional y debía demostrar fuerza en todo momento. De la mujer se esperaba que fuera fría, pacífica, débil y de gran emotividad.[15]

En el caso específico de los romanos, como parte de la tradición de la fundación de su ciudad, se indica que una de las primeras directrices de Rómulo (fundador de Roma) era la de educar a todo varón, mientras que solamente las niñas primogénitas tenían ese derecho. Así mismo, las leyes romanas establecían que los hombres estuvieran a cargo de las mujeres. A esto añadimos que en muchas actitudes se permitía una valorización de los delitos o acontecimientos según el género. Algunos ejemplos son: el adulterio, el uso del vino y las peticiones de divorcio, todas ellas podían ser realizadas por el hombre sin que esto significara una degradación moral para él, no así para las mujeres. El caso de la prostitución es otro ejemplo, ya que las mujeres que realizaban ese oficio eran vistas como inmorales mientras que el hombre podía disfrutar de estos servicios sin tener que pasar por la misma medición.[16]

Estas actitudes se agudizan con el surgimiento del cristianismo, al punto que la subordinación de la mujer se vio como algo normal. Eventualmente, este tipo de cultura llevó al surgimiento de la misoginia. La misoginia puede ser definida como el rechazo u odio que la sociedad desarrolla hacia las mujeres. No obstante, los prejuicios sociales que llevan al pensamiento de que la mujer es inferior al hombre son casi universales. Para algunos investigadores, tales como Jeffrey Burton Russell, este fenómeno debe ser entendido en la falta de conciencia del género masculino sobre el femenino.[17] No obstante, la modernidad representó un cambio de actitudes que en cierta medida han mejorado la situación de la mujer, aunque aún falta mucho por caminar.[18]

Brujas y hechiceras: el poder de la mujer caribeña, siglo XVII

La mujer caribeña, al igual que su contraparte europea, vivió marginada, y aunque existían diferencias por clases sociales, su posición siempre debió ser subordinada al hombre.[19] Esto era reflejado tanto en aspectos laborales como educativos. No ha de extrañarnos que esta marginación establecía una desventaja difícil de superar para las féminas. No obstante, los oficios que de alguna forma se podían relacionar al uso de palabras y yerbas mágicas proporcionaban a la mujer caribeña una oportunidad única de presentarse como protagonistas de su sociedad. Para muchas mujeres, la hechicería y la brujería fueron modos de vida que las llevaron a ocupar espacios no imaginados en un momento dado.[20]

Entre 1613 a 1658, la inquisición española procesó a ciento dieciséis mujeres por delitos relacionados a las creencias mágicas.[21] De ellas, cincuenta y seis fueron acusadas por hechicería, cincuenta y tres por brujería, mientras que las restantes siete tenían otras causas. Étnicamente hablando, cuarenta y dos eran negras, treinta y siete mulatas, veintiuna blancas, cuatro mestizas, dos zambas y diez sin especificar. En cuanto a las ocupaciones registradas, noventa no tenían una labor específica, dieciséis eran esclavas, seis eran parteras y una costurera, lavandera y cocinera.[22] De esa inmensa mayoría, sin ocupación aparente, podemos asumir, por los propios registros inquisitoriales, que vivían realizando oficios hogareños o prestando servicios mágicos a los que los necesitaban.

En el caso de las parteras o matronas, este era un oficio asociado a las artes mágicas ya que sus practicantes debían aprender conocimientos medicinales de yerbas y brebajes que eran utilizados en los cuidados de salud de las mujeres. A esto, las parteras, desde tiempos ancestrales, realizaban una labor indispensable para el mantenimiento de la sociedad.[23] Su fama y prestigio fue opacada con el surgimiento de la cacería de brujas, ya que sus constantes contactos con los recién nacidos las hicieron sospechosas de las muertes prematuras y los partos no culminados.

De las parteras caribeñas, la más famosa fue Elena de Viloria, una negra que en 1633 con sesenta años de edad fue acusada de ser maestra y reina de brujas.[24] Había pertenecido al aquelarre de Cartagena de Indias por espacio de treinta y siete años. Los inquisidores, dado a la histeria generalizada por la importancia de esta bruja, la sometieron para ser ejecutada. Sin embargo, la Corte Suprema Inquisitorial en Madrid no permitió esta sentencia debido a que la consideraba excesiva.[25]

El caso de la mulata Juana Bautista es uno que presenta cómo estas mujeres se ganaban el sustento diario. Juana era oriunda de México, aunque residía en la Habana. Esta ciudad, dado a su estratégica posición respecto al sistema de flota española, había florecido a un ritmo acelerado.[26] Esto creaba esperanza a cientos de personas que llegaban a la ciudad en búsqueda de riquezas y prosperidad. Al igual que Juana Bautista, había cientos de hechiceras que brindaban sus servicios de una forma u otra.[27]

La hechicería era una práctica muy común en el Caribe y la Habana, como uno de sus puntos principales, fue un centro de gran importancia. Los que requerían los servicios de hechiceras lo hacían mayormente por tres finalidades: “resolver los problemas de amor, la búsqueda del conocimiento oculto y la suerte en los juegos de azar”.[28]

Juana Bautista como partera había adquirido un conocimiento que utilizó y extendió para su beneficio. Su primera causa fue en 1622 cuando tenía veintiocho años, aunque no se tiene evidencia de los pormenores de este caso, si se sabe de él por la referencia que se menciona del mismo en su segundo caso.[29] La mayoría de las sentencias implicaban el destierro del lugar de origen de la persona, no obstante, como pasó en muchas ocasiones, la rea regresó a su residencia y continuó realizando sus prácticas. En 1644, con cincuenta años de edad fue sometida a un proceso por la realización de sortilegios y por hechizos que no habían funcionado y que habían provocado que varios afectados la acusaran ante el comisario inquisitorial.[30] Dado al agravante de haber sido convicta con anterioridad su sentencia fue de trecientos azotes.[31]

Tan pronto recibió sus azotes, y como parte del proceso de destierro, fue llevaba a una embarcación que la sacaría del área. Contrario a lo esperado, Juana Bautista desembarcó en el puerto de Río del Hacha (Riohacha) para continuar con el oficio de hechicera/curandera/partera, que le había dado sustento por tantos años. Su suerte no duró mucho, ya que la muerte de un infante durante un parto, llevó a que fuera acusada nuevamente en 1649. Al ser ingresada a la cárcel inquisitorial, Juana enferma y muere antes de concluir el proceso.[32]

Uno de los casos que más llama la atención fue el de Isabel Noble. Esta mujer había llegado junto a su esposo desde su natal Portugal.[33] Ellos, al igual que miles más, emigraron buscando riquezas, prosperidad y bienestar en el Nuevo Mundo. No obstante, esto para muchos era únicamente una quimera, ya que las Indias eran un lugar inhóspito, lleno de peligros, donde cada colonizador debía asumir una serie de riesgos para lograr las ganancias deseadas, que en muchas ocasiones nunca se daban.

El caso de Isabel fue uno lamentable. Su esposo, viéndola como una carga, decide seguir un rumbo aparte, dejándola prácticamente en la soledad y la pobreza en Cartagena de Indias. Su excusa, irse al Perú buscando riqueza y con la promesa de que algún día le mandaría a buscar o regresaría lleno de joyas y oro que disfrutaría con su amada esposa.[34] La realidad fue otra, Isabel se había quedado sola, sin nadie a quien recorrer, desamparada y desesperada. Con cuarenta y ocho años de edad no tenía muchas opciones para sobrevivir en un ambiente lleno de crueldades y sinsabores. Su única opción era buscar un oficio donde pudiera ser reconocida, valorada y que le diera un ingreso recurrente con el que pudiera vivir bien.

En un principio pudo establecer una gran clientela, quienes le solicitaban todo tipo de conjuros y brebajes dirigidos a solucionar los problemas y males del amor. Se especializó en la invocación de palabras de consagración; el uso de diversos elementos tales como el agua, sal y habas, entre otros; la realización de casamientos; y el hacer regresar maridos perdidos.[35] Nos suena curioso esta última, conociendo que ella misma tenía a su esposo en tierras lejanas y sin conocer su paradero. Pero debemos recordar, que dentro de estas creencias se dice que quienes tienen dones mágicos no los pueden utilizar a su favor, el hacerlo los autodestruiría.

Sin embargo, no todo le salió bien. Algunas de sus clientas no quedaron satisfechas y llevaron sus quejas al inquisidor, quien rápidamente la mandó a encarcelar. En su juicio se presentaron dieciocho testigos todas alegando la diversidad de hechizos que la acusada utilizaba. Su condena fue ser expuesta a vergüenza pública y destierro de las Indias, en otras palabras, debía regresar a Portugal. A su beneficio, la Corte Suprema Inquisitorial en Madrid revoca el destierro, por lo cual puede mantenerse en la región.[36]

Sin dinero y si mucha salida, Isabel retoma su antiguo oficio sabiendo que una segunda sentencia la podría llevar a la hoguera. Es por esto que en esta ocasión trata de permanecer en el anonimato, acción que también la lleva a cambiar sus métodos de operación, ya que comienza a invocar diversos demonios, entre ellos a Satanás, Barrabás y al Caifás.[37] En el 1622 es llevada a juicio gracias a la testificación de tres mujeres que sintieron que sus pedidos no fueron atendidos satisfactoriamente. Los inquisidores reprendieron gravemente a la portuguesa, la condenaron a cien azotes y fue desterrada de manera perpetua e irrevocable de Cartagena de Indias.[38]

Al igual que ellas, muchas mujeres mantuvieron cierto poder sobre sus comunidades por el mero hecho de tener un conocimiento que para algunos era secreto, oculto y malvado. No solamente se manifestaba en las castas, sino que en la élite dominante se dieron las desviaciones de fe relacionadas al conocimiento mágico. En fin, hasta gobernadores, obispos e inquisidores se consultaban con algunas de estas mujeres.[39]



[1] El autor obtuvo un PhD. en Historia de América de la Universidad Interamericana en 2014, trabaja como maestro de escuela superior en el Departamento de Educación de PR, profesor universitario en la Universidad Interamericana de PR, Recinto de San Germán y director ejecutivo del Centro de Estudios e Investigaciones del Sur Oeste de PR.
[2] La Inquisición española como institución, aunque presente en las Indias desde 1519 (siendo Alonso Manso, obispo de Puerto Rico, su primer inquisidor), no se institucionaliza en el Caribe de manera oficial hasta la formación de un Tribunal regional en 1610, ubicado en la ciudad portuaria de Cartagena de Indias. Anterior a esta fecha, se habían constituido dos tribunales oficiales en Lima (1570) y México (1571).
[3] Véase a Anderson, Bonnie S. y Judith P. Zinsser: Historia de las mujeres: Una historia propia [1988], trad. Teresa Camprodon y Beatriz Villacañas, Madrid, Crítica, 2009, págs. 25-27.
[4] Sobre la mitología taína recomendamos a Pané, Ramón: Relación de Fray Ramón acerca de las antigüedades de los indios, edición digital de Wisconsin University en digicoll.library.wisc.edu/cgi-bin/IbrAmerTxt-idx?type=header&id=IbrAmerTxt.Spa0006, consultado el 27 de diciembre de 2014.
[5] Crespo Vargas, Pablo L.: El demonismo en el Caribe hispano: Primera mitad del siglo XVII, Lajas, Akelarre, 2014, pág. 109.
[6] Eliade, Mircea: Historia de las creencias e ideas religiosas I: De la edad de piedra a los misterios de Eleusis [1977] Barcelona, Paidos, 1999, pág. 15. Mircea Eliade (1907-1986) fue un filósofo e historiador de las religiones.
[7] Anderson, Bonnie S. y Judith P. Zinsser: Historia de las mujeres…, pág. 27.
[8] Sobre el miedo del hombre hacia la mujer como razón para este subyugarla véase a Castellano De Zubiría, Susana: Diosas, brujas y vampiresas: El miedo visceral del hombre a las mujeres, Bogotá, Norma, 2009, págs. 19-25, 29-37; y a Colorado López, Marta, Liliana Arango Palacio y Sofía Fernández Fuente: Mujer y feminidad en el psicoanálisis y el feminismo, Medellín, Imprenta Gubernamental de Antioquía, 1998, págs. 26-27, 98, 128 y 140.
[9] Sobre las teorías del psicoanálisis véase a Freud, Sigmund: Teorías sexuales infantiles, 1908, 11 págs., en http://www.biblioteca.org.ar/libros/211796.pdf, consultado el 28 de diciembre de 2014; y a Anderson, Bonnie S. y Judith P. Zinsser: Historia de las mujeres…, págs. 34-35, donde se presenta un resumen de estas teorías.
[10] En los grupos neopaganos se difunde que sociedades como las célticas, las bretonas, galas y germanas antiguas la mujer cumplían con este tipo de función.
[11] Eliade, Mircea: Historia de las creencias…, pág. 66-70.
[12] Véase a Murray, Margaret: The Witch-Cult in Western Europe [1921], New York, Barnes & Noble Books, 1996. Hoy día la teoría de Margaret Murray ha sido criticada grandemente, aunque existen sus adeptos y defensores, tales como Michael Harrison, The Roots of Witchcraft, Secaucus, NJ, Citadel Press, 1974.
[13] Véase a Rusell, Jeffrey Burton: Exposing Myths about Christianity, Downers Grove, Illinois, IVP Books, 2012, pág. 87. El autor es el principal estudioso estadounidense sobre la historia del demonismo.
[14] Véase también a Anderson, Bonnie S. y Judith P. Zinsser: Historia de las mujeres…, págs. 42-43. Se señalan varios pasajes bíblicos donde se enfatiza que la mujer siempre debe estar acorde a las necesidades de los protagonistas de la historia, los hombres.
[15] González Gutiérrez, Patricia: “Maternidad, aborto y ciudadanía femenina en la antigüedad”, El futuro del pasado, núm. 2, 2011, pág. 430.
[16] Anderson, Bonnie S. y Judith P. Zinsser: Historia de las mujeres…, págs. 43-45.
[17] Russell, Jeffrey Burton: A History of Witchcraft: Sorcerers, Heretics & Pagans, 2da ed. aumentada, New York, Thames & Hudson, pág. 116.
[18] Sobre las luchas de igualdad de género en la modernidad refiérase a: Guzmán, Virginia y Claudia Bonán: “Feminismo y modernidad”, Debate Feminista, México, vol. 35, abril 2007, págs. 257-274; Postigo Asenjo, Marta: “Feminismo y modernidad”, Thémata: Revista de Filosofía (Debate sobre las antropologías), Universidad de Sevilla, núm. 35, 2005, págs. 727-732; Guirao Mirón, Cristina: “Modernidad y postmodernidad en el feminismo contemporáneo”, Feminismo, Universidad de Alicante, núm. 15, junio 2010, págs. 221-234.
[19] Anderson, Bonnie S. y Judith P. Zinsser: Historia de las mujeres…, págs. 11-12.
[20] Crespo Vargas, Pablo L.: El demonismo…, págs. 139-140.
[21] La Inquisición española como institución político-eclesiástica tenía que intervenir con cualquier desviación a la fe oficial. Sin embargo, se concentraban en las creencias que más perjudicaban la posición estatal, tales como los judaizantes, los islámicos y protestantes. Fuera de estas causas, la blasfemia, los reniegos, las supersticiones y otras herejías eran vistas como crímenes menores. Las creencias mágicas eran parte de las supersticiones y como delito menos grave, la Inquisición no se ocupó de ellas de la misma forma que ocurrió en los territorios alemanes, franceses, suizos e ingleses.
[22] Crespo Vargas, Pablo L.: El demonismo…, Anejo III, pág. 232.
[23] Sobre la historia de las parteras véase a García Martínez, Manuel J.: “Historia del arte de los partos en el ámbito familiar”, Cultura de los cuidados, Universidad de Alicante, año XII, núm. 24, 2008, págs. 40-47.
[24] El título de reina de brujas era otorgado a la bruja de mayor rango jerárquico. En otras palabras, era considerada la mano derecha del demonio y tenía a su cargo la organización y dirección de los aquelarres.
[25] Archivo Histórico Nacional en Madrid (AHN), Inquisición (Inq.), Libro (L.) 1020, fols. 403-403v., 437v., 470v.
[26] Sobre el desarrollo de la Habana refiérase a Macías Domínguez, Isabelo: Cuba en la primera mitad del siglo XVII, Sevilla, CSIC, 1978, págs. 15-23.
[27] Para una visión más clara sobre la hechicería habanera véase a Crespo Vargas, Pablo L.: El demonismo…, págs. 162-169.
[28] Crespo Vargas, Pablo L.: La Inquisición española y las supersticiones en el Caribe hispano, siglo XVII, 2da ed. revisada, Lajas, Akelarre, 2013, pág. 201.
[29] AHN, Inq., L. 1021, fols. 110-110v.
[30] Un factor recurrente para que una hechicera fuera delatada era que sus conjuros no habían funcionado según se esperaba.
[31] AHN, Inq., L. 1021, fols. 92-92v., 93v., 98, 100v.-101, 102, 11-117v. y 123v.-124.
[32] Ibíd., fols. 238v.-239.
[33] Ibíd., L. 1020, fol. 15.
[34] Ibíd.
[35] Ibíd., fols. 45-45v.
[36] Ibíd.
[37] Curiosamente, algunos de los nombres utilizados para referirse a los demonios eran sacados de personajes que eran considerados negativos en el proceso de desarrollo del cristianismo.
[38] AHN, Inq., L. 1020, fols. 230v.-232v.
[39] El caso más famoso fue el de la negra Paula de Eguiluz, quien era consultada por la alta jerarquía cartaginense y de quién se han realizado varios trabajos.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Perspectiva de la bruja en el imaginario tradicional puertorriqueño

Autor: Pablo L. Crespo Vargas
Artículo publicado originalmente en Ahora Newspapers, 1ro de diciembre de 2013.

Perspectiva de la bruja en el imaginario tradicional puertorriqueño

Puerto Rico, como el resto de Caribe, es una región donde se han desarrollado una gran diversidad de creencias religiosas, que son el producto de la heterogeneidad étnica-cultura que caracteriza la región. Las creencias, al igual que los seres vivos, dependen de una serie de factores ambientales que contribuyen a la formación de elementos que identifican las variables seguidas de estas.

Las creencias, como parte de la cultura y el folclor de un pueblo, no pueden ser vistas de manera generalizada, mucho menos dentro de la formación de patrones que lleven a los estudiosos a visualizar elementos cuasi-universales sin que existan variaciones de carácter territorial. Es por ello, la importancia de desarrollar estudios regionales que presenten estas variaciones y que expliquen por qué se dieron.

En el caso que nos ocupa, la concepción mágica que desarrolla un pueblo es de vital importancia en el análisis de este ante su visión del mundo. Aunque las nuevas tendencias, producidas por el auge tecnológico, han disminuido la capacidad de los seres humanos al contacto con la naturaleza, y esto a su vez, con la verdadera magia, la que se encuentra en la mente de todo ser humano, aún las tradiciones referentes a estos mundos mágicos y su desenvolvimiento en la sociedad están patentes. Es nuestro deber el poderlos rescatar.

Lajas, un pueblo del suroeste de la isla de Puerto Rico, aun preserva, aunque de manera disimulada, tradiciones y narrativas que nos hacen recordar ese mundo mágico y lleno de vivencias extrasensoriales, el cual no todos tienen la capacidad de sentir.

Los ancianos y otros no tan ancianos, nos narran las vivencias de esos seres que de una forma u otra desarrollaron facultades que muchos no entendían, pero no eran pocos los que recurrían a ellos porque aunque le tenían suspicacia, al final le entregaban hasta el alma por obtener lo que deseaban. Las había brujas, que practicaban las artes mágicas para el mal; también se encontraban las hechiceras, curiosas y curanderas de bien, todas predispuestas a ayudar al prójimo.

No solamente eran las mujeres las que tenían poder, sino, que nos narran de hombres que adquirieron estos poderes. Unos por medio de pacto con el demonio, acción que terminaban pagando con agravantes y que en ocasiones para zafarse era necesario la intervención de alguna hechicera lo suficiente poderosa para sacar esas fuerzas oscuras que se apoderaban del atrevido individuo. Los afectados levitaban, perdían la razón y hasta podía perder la vida. Otros de manera natural desarrollaron poderes que aprovecharon a su conveniencia.

Los campesinos recitaban oraciones para evitar que en sus moradas entraran entes malignos, espíritus en busca de sangre y hasta brujas. Uno de los más diseminados era la “oración de San Silvestre”, que en otros lugares era conocida como la “oración de la bruja”, la cual dice: “Señor San Silvestre del Monte Mayor, líbrame mi casa y todo mi alrededor, de brujas y brujos y del hombre malhechor”.

Las brujas, al igual que en otros lugares, creaban juntas, donde festejaban e iniciaban sus travesuras, o como dice uno de mayores folcloristas puertorriqueños, don Teodoro Vidal, realizaban maldades y fechorías para aterrorizar a la gente. En Lajas, se reunían en un prado, alrededor de una gran ceiba, árbol sagrado para las culturas indígenas de Mesoamérica y las Antillas Mayores. Allí celebraban su aquelarre, que para ellos era conocido como la “fiesta del batey”.

Ceiba acostada, Sector Cañitas en Lajas, lugar de la "fiesta del batey" (foto de la colección del autor)
La “fiesta del batey” nos evoca a la herencia y tradición taína, que en muchas ocasiones ha sido negada de manera oficial, pero que ha perdurado en el conocimiento pueblerino y que pasa por medio de la historia oral y la genética cultural, generación tras generación, y que hoy busca un nuevo despertar. El batey era la plaza ceremonial, lugar sagrado, donde el colectivo se unía en comunión con las grandes deidades. Esta tradición, iniciada por los taínos, fue adaptada por los africanos que se mezclaron con los indígenas y con otros mestizos y que fueron conformando al ser puertorriqueño de nuestros días. Eventualmente, la fuerza divina de estos centros de poder espiritual, fueron utilizados por las brujas como lugar ideal para establecer el contacto entre este plano y otros.

Las brujas volaban, según algunas de las narraciones encontradas por Teodoro Vidal “desnudas, con el pelo suelto, y en desorden, y montadas sobre una escoba”. Otros testigos indican que llevaban únicamente “una saya (falda o enagua, según la versión) de campana, blanca, almidoná, con muchos volantes”; en todo caso, su fin era asustar a los niños, arruinar sembradíos, matar el ganado, realizar conjuros y maldecir a la gente.

También se sabe de linajes o familias descendientes de taínos o indígenas que escondían, para el público general, sus poderes mágicos. Se habla de tres hermanas, hijas de una india, todas, mujeres de inmensos poderes sobrenaturales, que aún hoy, algunos sienten que están presentes, vigilantes de sus descendientes y asegurándose que la llama mágica de estos nunca deje de existir. El símbolo de esta familia era un almácigo, en él se consagraba a todos los recién nacidos, incrustando el cordón umbilical de cada uno de ellos con un centavo en el tallo del árbol.

Con el pasar del tiempo, todos estos individuos con poderes mágicos comenzaron a ser llamados espiritistas; algunos creaban templos o lugares de reunión, en la mayoría de los casos, su símbolo primordial era un indio, representante de las tradiciones mágicas desarrolladas por los primeros habitantes de esta Isla, y que aún estaban presentes en el pensamiento de la primera mitad del siglo XX, como muestra de que nunca habían dejado de existir. Estos templos acogían a grandes cantidades de seguidores, que llegaban buscando consejo, consuelo y hasta magias destinadas a servir a sus caprichos. En nuestros días, estos centros casi no se ven, quedando en el recuerdo de muchos; se ha dado paso a otras tradiciones, muchas de ellas surgidas en nuestro ambiente antillano, siendo la más seguida la de la santería. No obstante, la magia antillana, evoluciona pero a la vez se conserva, siendo parte vital de nuestro ser.


domingo, 9 de marzo de 2014

El mito taíno: El inicio de la cosmología antillana

Autor: Pablo L. Crespo Vargas
Artículo originalmente publicado en AhoraNews, 6 de noviembre de 2013

El mito taíno: El inicio de la cosmología antillana

Las Antillas, como zona cultural y étnica, es una región llena de diversidades y contrastes.  La cultura antillana se nutre de las experiencias y situaciones vividas por los pueblos que han habitado la cuenca caribeña; demostrando la capacidad del ser humano en evolucionar su pensamiento, su espíritu y su modo de ser, a la vez que es impactado por  su medio ambiente mientras lo conquista y lo transforma.

La cosmovisión, siendo parte del imaginario formado por la sociedad, es fundamental en el desarrollo de los pueblos. Cada uno de ellos, establece su relación con la naturaleza, reflejándose su visión del mundo, en los mitos que se establecen y en la idiosincrasia desarrollada.

Al momento de la llegada de los castellanos al entorno antillano, el grupo de mayor desarrollo sociocultural era el taíno; quienes habían creado una sociedad, que hoy conocemos con el nombre de cacicazgo, donde ya se definían grupos sociales tales como los nitaínos y los naborías; se habían establecido funciones claves para el sostenimiento de la comunidad: el cacique, como líder y encargado de la sobrevivencia del grupo, el behique, como guía espiritual y guardián de la historia, las tradiciones y costumbres.

Era una sociedad compleja con una visión del mundo y un razonamiento que la llevaba a estar en contacto directo y con lazos emocionales hacia la naturaleza. Aunque no contamos con una imagen concreta y exacta de su modo de pensar, si tenemos descripciones y una gran cantidad de evidencia arqueológica que nos ayuda a entender su filosofía de vida y su mundo astral.

Al momento del contacto con el mundo europeo, y según el entendimiento de estos, los taínos tenían un ser supremo, que más que un dios, era una fuerza animada, encargada de la base de la subsistencia, era Yocahú, señor de la yuca, principal alimento de esta sociedad; representado por el cemí de tres puntas: tierra, mar, ser humano; los tres componentes ambientales del entorno indígena.

Cemí rústico, encontrado en yacimientos arqueológicos del
municipio de Lajas. Se aprecian las tres puntas, las cuales
representan los tres componentes ambientales de los 
indígenas: tierra, mar y ser humano.
No obstante, Yocahú había sido creado por un ser que aunque minimizado por la interpretación occidental, era la base real del conocimiento astral y espiritual de la sociedad taína. Nos referimos a la diosa madre, a la creadora, que no tuvo creador ni necesitaba hombre para crear, a la que su grandiosidad llevaba a que fuera mencionada hasta con cinco diferentes nombres: Atabey, Yermao, Guacar, Apito y Zuimaco. Esta diosa y madre del ser supremo era la representación del sistema matrilineal existente a la llegada de los europeos a las Indias; pero también pudo ser el reflejo de una sociedad matriarcal, una sociedad donde el hombre dependía de la mujer, porque ella era la representación de la fuerza creadora y omnipotente.

Los taínos establecieron sus creencias siguiendo el orden natural de las cosas, el hombre no podía parir, por lo tanto, el ser creador debía ser una mujer. Más que esto, el contacto tan directo que esta población tuvo con la naturaleza los llevó a pensar que la herencia de sangre (genética o en palabras más técnicas, ADN Mitocondrial) era llevada por la línea materna. Hoy día, nuestros científicos han demostrado que los taínos conocían muy bien, aunque de manera elemental, sobre la trasmisión de genes, sin equivocarse en la importancia de la mujer para la continuidad de la sociedad.

La figura del temido dios Huracán también ha sido traída fuera de contexto. El primero de los cronistas en mencionarla fue Fernández de Oviedo, quien de manera general atribuyó el vocablo como uno generalizado para todos los indígenas antillanos. Siglos después, un etnógrafo y lingüista austriaco, Rudolf Schuller (finales siglo XIX) establece que la palabra es de origen caribe y no taíno. Debemos incluir que dentro de la cosmovisión maya, Huracán era el dios relacionado a la creación.

Nos indica el cronista, Fray Ramón Pané, que esa fuerza destructiva que combinaba vientos y lluvia era llamada Guabancex, y como debe entenderse dentro de la formación cosmológica taína, era una divinidad femenina. Bajo su cargo, estaban Guataubá (deidad que movilizaba a los cemíes que provocaban las lluvias y los vientos) y Coastrisquie (señor de las inundaciones), ambas, fuerzas masculinas al servicio de un ser femenino.

El lugar de los muertos era conocido como el Coaybay, su amo y señor era Maquetaurie Guayaba. Los taínos diferenciaban a los espíritus de las personas según el estado de estas. Si la persona estaba viva su espíritu era llamado goeíza, si el espíritu ya había desencarnado era una opía. Si alguien se encontraba a un ser sin ombligo en el campo debía huir ya que era una muerto y se le conocía como operito. Los operitos solo salían de noche, lo que había hecho que culturalmente los taínos temieran caminar solos en la oscuridad.

El mito de la creación del ser humano nos demuestra un rasgo generalizado en nuestra especie: el etnocentrismo. Los taínos creían que todos los humanos salieron de la tierra; acción simbólica, ya que la yuca, principal alimento, salía de ella. El Caonao era ese lugar mítico de la creación, con dos cuevas, la primera y principal era Cacibajagua, de ella salían los taínos; la segunda, Amayauna, salida de los demás pueblos.

El mar también surge en la tierra. Sus circunstancias fueron especiales. La tierra era gobernada por un ser conocido como Yaya y su hijo Yayael deseaba su posición. En un encontronazo, Yaya mata a su heredero. Como era tradicional, su cuerpo era enterrado y al pasar el tiempo sus restos desenterrados y colocados en una higüera. Con el tiempo, esta se llenó de agua, los restos se transformaron en peces.

Cuatro hermanos, héroes míticos, los cuatrillizos Caracaracol, quienes fueron responsables de conseguir el fuego, la domesticación de las plantas (agricultura), la preparación del casabe y el conocimiento sobre la navegación, también fueron responsables de derramar la higüera, permitiendo la creación del mar y la multiplicación de los peces.

Como podemos ver con estos ejemplos, la sociedad taína conocía muy bien su entorno geográfico; de él desarrolló una comprensión que le parecía lógica y que explicara cada uno de los pormenores de la vida. Hoy día esta sociedad, tal como la conocieron los castellanos, no existe, pero fue la base para el desarrollo del ser puertorriqueño en una sociedad, que hoy por hoy, es mucho más extensa que el 111 x 39 que representa para muchos a Puerto Rico, olvidándose que tanto en el pasado como en el presente, muchos se movieron de sus hogares en busca de un mejor bienestar, sin que esto cambiara su naturaleza puertorriqueña.

martes, 10 de septiembre de 2013

Mitología taína

Pablo L. Crespo Vargas
  1. Definiciones iniciales
    • Historia
      • “Es el conocimiento de los seres humanos en sociedad, en el tiempo y en el espacio, a partir de preocupaciones e inquietudes presentes” [Gervasio Luis García, Armar la historia: la tesis en la región menos trasparente y otros ensayos, 1989].
      • Es una serie de teorías entrelazadas sobre hechos verídicos, que pueden ser vistos de manera diferente según el tiempo y el espacio en el que se estudia.
    • Mito
      • “Suelen ser compendio de las experiencias de un pueblo, fuente de sus mejores obras de arte y origen de sus creencias más profundas y significativas” [José Juan Arrom, Mitología y artes prehispánicas de las Antillas, 1975].
      • El mito puede ser definido como una narración de hechos sobrenaturales, donde se mezclan elementos mágicos y acontecimientos comunes, que se desarrollan en un tiempo que no puede ser catalogado como histórico y que tiene como fin dar una explicación a algún acontecimiento humano.
  2. ¿Cómo llega la mitología taína a nuestros días?
    • Fray Ramón Pané- fraile de la orden de San Jerónimo fue encargado de preparar un informe de las creencias nativas para Cristóbal Colón.
    • Vivió junto a los indios de la Española durante el periodo de 1496-97.
    • Su obra fue titulada: Relación de Fray Ramón Pané acerca de las antigüedades de los indios, las cuales, con diligencia, como hombre que sabe la lengua de ellos, las ha recogido por mandato del Almirante.
    • Hoy día no contamos con el manuscrito original, conocemos la obra por medio de:
      • Pedro Mártir de Anglería, De Orbe Novo Decades; nos presentó un resumen en latín del escrito original.
      • Bartolomé de Las Casa, Apologética historia de las Indias, utilizó algunas noticias de Pané.
      • Alfonso de Ulloa, tradujo la obra, hoy día desaparecida, de Fernando Colón, Vida del almirante don Cristóbal Colón; donde se había incluido el informe en su totalidad. 
    • Problemas con el informe:
      • Errores de interpretación y comprensión del lenguaje taíno por parte de Pané. 
      • Traducciones y adaptaciones del escrito original a los idiomas traducidos. 
      • Descuidos en el manejo de la obra original y las subsecuentes.
    • Nota aclaratoria sobre el término taíno: El nombre de taínos comenzó a ser utilizado para referirnos a este grupo poblacional a partir del siglo XIX, anterior a ese periodo, simplemente se les llamaba indios, al igual que a la mayoría de los habitantes del hemisferio a la llegada de los europeos. Se debe indicar que en una de las narraciones de Diego Álvarez Chanca sobre el segundo viaje (finales del siglo XV) se presentó el vocablo tayno que según su percepción quería decir bueno. En el escrito de Pané, al igual que el de los demás cronistas, el nombre taíno no aparece. No obstante, lo utilizaremos para referirnos a este complejo cultural y diferenciarlo de otros grupos nativos.
  3. El Ser Supremo [Introducción de la obra]
    • Yócahu Bagua Maórocoti [Espíritu de la Yuca y el Mar, Ser Sin Antecesor Masculino] también conocido por Yucahuguamá [Señor Espiritual de la Yuca]
    • Definición de vocablos:
      • Yoca > yuca
      • Hu > espíritu
      • Bagua > mar
      • Ma > sin
      • Orocoti > abuelo
      • Guamá > señor
    • Es representado en el cemí de 3 puntas [tierra-mar-ser humano]
  4. La Diosa Madre [Introducción de la obra]
    • Conocida por 5 nombres: Atabey, Yermao, Guacar, Apito y Zuimaco
    • Definición de vocablos:
      • Atte > mamá, madre, señora
      • Wa o Gua > nuestro/a
      • Itabo > depósito de agua limpia
      • Kar o car > luna / mes / menstruación
      • Atabey > madre de las aguas
      • Guacar > divinidad de la luna, los meses y la menstruación
    • Representa la sociedad matrilinial taína.
  5. Dioses del sol y la lluvia [Final capítulo XI]
    • Mautiatihuel: hijo del alba; señor de la región del amanecer.
    • Boinayel: hijo de Boina, la lluvia.
    • Márohu: espíritu del tiempo despejado [Maro = sin nubes].
  6. Señora del viento y sus dos auxiliares [Capítulo XXIII]
    • Aumatex: señor de la región de los vientos.
    • Guabancex: divinidad femenina provocadora de los huracanes [tempestades].
    • Guataubá: se encarga de movilizar a los cemíes para provocar vientos y lluvia.
    • Coatrisquie: es el causante de las inundaciones.
    • Sobre el vocablo huracán:
      • Los primeros cronistas mencionan que “huracán, en lengua desta (sic) isla, quiere decir propiamente tormenta o tempestad muy excesiva” [Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias].
      • Rudofl Schuller (lingüista y etnógrafo austriaco, 1873-1932) atribuye la palabra a origen caribe. En dialectos evolucionados del caribe la palabra tiene el significado de espíritu del mal.
      • En la mitología maya, huracán es uno de los nombres del dios creador y significa: de una pierna [Caculhá Huracán, Chipi Caculhá y Raxa Caculhá = Rayo de una pierna, Rayo pequeño, Rayo verde respectivamente].
  7. Señor de los muertos [Capítulos XII-XIV]
    • Coaybay: lugar a donde residen los muertos.
    • Soraya: isla donde está el Coaybay, lugar mítico.
    • Maquetaurie Guayaba: señor del Coaybay.
    • Goeíza: espíritu de una persona viva.
    • Opía: espíritu fuera de su envoltura carnal.
  8. Mito sobre el surgimiento del ser humano y el rapto de las mujeres [capítulos I-VIII].
    • Caonao: lugar mítico, de gran valor espiritual.
    • Cacibajagua: cueva de donde salen los taínos.
    • Amayauna: cueva de donde salen los no taínos (macurijes).
    • Diferencias entre los taínos y los no taínos (macurijes).
      • Taínos: los buenos y nobles.
      • Macurijes: los bárbaros.
    • Mácocael: guardián de la cueva, vigilaba la llegada de los rayos solares que transformaban a la gente en árboles, piedras y animales; Mácocael fue transformado en piedra.
    • Yahubaba: transformado en ruiseñor.
    • Guahayona: cacique que rompe el maleficio y rapta a las mujeres dejándolas en Matininó [¿el Amazonas?].
    • Hijos de las mujeres raptadas son abandonados y transformados en ranas mientras lloraban pidiendo ser amamantados.
    • Guabonito: Contagia a Guahayona con sífilis [mal francés] Ella le regala guanines (medallones representativos de poder o liderato) a Guahayona en arrepentimiento a lo ocurrido.
    • Los hombres utilizando la ayuda de los pájaros carpinteros crearon nuevas mujeres de unos seres asexuales que encontraron.
    • Definiciones:
      • Caona > algo valioso
      • Amayauna > los sin valor
      • Taínos > los nobles y buenos
      • Macurijes > bárbaros
      • Mácocael > el que no tiene párpados
      • Guanín > aleació de oro, plata y cobre, el picador o colibrí
  9. Otros mitos
    • Creación del mar [Capítulos IX- X]
      • Yayael hijo de Yaya trata de tomar el poder de su padre y muere en la lucha.
      • Sus huesos son depositados en una higüera y se transforman en peces.
      • Los cuatro hermanos Caracaracol quebraron la higüera y de ella salió el agua del mar.
    • Los recorridos de los 4 hermanos
      • Mito de la creación del mar
      • Mito de la creación de la mujer luego del rapto de Guahayona
      • Mito sobre la creación de la tortuga [Capítulo XI]
        • Este mito puede ser relacionado con la fecundidad [Pané no presentó detalles de este mito]
        • Representan la adquisición del fuego, el casabe y el tabaco y el paso de una sociedad nómada y recolectora a una sedentaria y agrícola.
    • Los behiques [Capítulos XV-XVIII]: eran chamanes que practicaban la curación de los enfermos y dirigían los ritos sagrados.
    • Los cemíes [Capítulo XIX] eran hechos de madera o piedra.
    • Se mencionan diversos cemíes con características particulares [Capítulos XX-XXIV].
      • Vaibrama, cemí que envía las enfermedades.
      • Corocote, cemí que deambulaba y asechaba a las mujeres (una especie de íncubo).
      • Opiyelguoviran, cemí que tiene cuatro piernas y que escapó a la llegada de los castellanos.
      • Faraguvaol, otro cemí con características animistas, que fue capturado y que se escapaba del hogar que le habían construido. 
Enlace con la Relación de Fray Ramón Pané acerca de las antigüedades de los indios: http://digicoll.library.wisc.edu/cgi-bin/IbrAmerTxt/IbrAmerTxt-idx?id=Spa0006