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miércoles, 21 de enero de 2026

La globalización que denuncian los EEUU es una serpiente que se come su propio rabo

La globalización que denuncian los EEUU es una serpiente que se come su propio rabo

José E. Muratti-Toro, Ph.D.

«Royalty free for privat and commercial use»
Autor: Wendelin Jacober (6 de septiembre de 2014)
https://www.flickr.com/photos/91619724@N04/29113766622/

No voy a sugerir que se escuche el panel completo en que ayer, 20 de enero, participó Howard Lutnick el secretario de comercio de los Estado Unidos, en el World Economic Forum, en Davos, Suiza. No es una experiencia agradable o edificante.

Lo más interesante e importante de la experiencia es escuchar al secretario de comercio de los EEUU hablar en contra de la globalización y porqué Occidente debería aprender a manufacturar internamente para apoyar a la clase trabajadora y no depender de suplidores foráneos.

Evidentemente el discurso está dirigido a MAGA y cultiva la imagen de porrista ("cheerleader") que Lutnick se ha ganado en Europa y el resto del mundo.

En primer lugar, si un país se ha beneficiado de la globalización en la era moderna, ese país se llama Estados Unidos. A pesar de contar con medio continente con enormes recursos naturales, desde el siglo XIX las grandes corporaciones de los EEUU se han apropiado o han arrendado, subcontratado y delegado la producción de miles de productos agrarios y gran parte de su manufactura a terceros países, para maximizar ganancias comprando o controlando materia prima, financiamiento y mano de obra barata por todo el mundo.

Ni los chinos, ni los indostanis, ni los mexicanos se han "robado" empleo alguno de los EEUU. Desde los I-phones Apple hasta los tractores John Deere, desde televisores y lavadoras hasta automóviles y medicamentos, desde equipos de música y zapatillas de correr, hasta bolas de baloncesto y gorras MAGA, todos son subcontratados por empresas estadounidenses a empresas foráneas en cinco continentes.

Despotricar contra la globalización es como quejarse de que todo el mundo quiere hablar inglés.

En segundo lugar, la descarada hipocresía de decir que se quiere proteger a la clase trabajadora estadounidense corre la misma suerte que demonizar la globalización.

Las empresas estadounidenses no van a traer sus operaciones de manufactura a los EEUU. El costo de la mano de obra (amén de financiamiento, seguros, transporte y mercadeo) en los EEUU oscila entre cinco y diez veces el costo en otros países y la hace insostenible.

Por ejemplo, en los EEUU los salarios de manufactura promedian entre $20 y $25 por hora, mientras que en México se paga de $2 a $8 por hora.

En China, los salarios representan alrededor del 20% de sus equivalentes en los EEUU (o sea, $4 a $5 por hora), mientras que en la India los salarios ascienden a aproximadamente 3% de los salarios en los EEUU, o sea de $0.60 a $0.75 por hora.

¿Qué empresa en EEUU va a poder contratar mano de obra a razón de salarios de entre $0.60 a $8 por hora? Dicho de otra forma, ¿qué empresa pagaría $25 por hora por una labor que en China le costaría $8 por hora o $0.75 por hora en la India?

El gran desafío (e inevitable fracaso del sistema de mercado estadounidense) radica en que volver a manufacturar en los EEUU ya resulta imposible. Sencillamente no podrán competir con un Sur Global que de manufacturero por contrato continuará convirtiéndose en un adversario comercial mucho más eficiente y competitivo (¿cuál fue el último enser para el hogar "Made in USA" que usted compró?)

Mientras las empresas en los EEUU continúan concediendo compensaciones multimillonarias a sus directivos a la vez que mantienen a los asalariados en el borde o por debajo del nivel de pobreza, se continúan exacerbando las disparidades al punto en que los asalariados ya no pueden consumir ni tan siquiera lo que ellos mismos producen.

Los acaudalados, con su capital acumulado, podrán mudarse fuera de los EEUU o vivir en bolsillos de riqueza en comunidades aisladas. Mientras tanto cada vez más la población en general se hunde en la pobreza, sucumbe ante enfermedades prevenibles, y eventualmente canalizarán su hambre y frustración contra las minorías, inicialmente, y eventualmente hacia los acaudalados.

La globalización es un fenómeno propio y medular de la acumulación de riqueza. Pero, en la medida en que la riqueza no es infinita, tarde o temprano sus prácticas acumulativas exclusivistas desembocarán en que quienes las impulsan terminarán siendo devorados por los que las sufren.

 

'I dream of things that never were and think: why not?"

- George Bernard Shaw

jueves, 15 de enero de 2026

La guerra civil que se avecina, Trump y los verdaderos Estados Unidos

La guerra civil que se avecina, Trump y los verdaderos Estados Unidos

José E. Muratti-Toro, Ph.D.

«America burns», imagen de The Fire Rises Wiki
https://thefireriseswiki.miraheze.org/wiki/File:America_burns....jpg

El 43% de los estadounidenses (casualmente, aproximadamente el mismo por ciento que apoya a Trump) creen que habrá una guerra civil en los próximos diez años. 

Estoy de acuerdo. Solo que no será ni como la de 1861 ni como la película de 2024. No habrá ejércitos compuestos por estados o identificados con insignias partidistas, aunque las milicias como los Proud Boys y los Three Percenters exhibirán las suyas.

Los bandos estarán compuestos por milicias paramilitares pro-Trump y guerrillas urbanas improvisadas por negros y latinos, respaldadas por traficantes de drogas, que se atacarán entre sí, en comunidades marginadas de las grandes y medianas ciudades.

En los EEUU hay 390 millones de armas legales en manos privadas, o sea que esta cifra no incluye las que tienen las gangas, los fabricantes de fentanilo y crack, y sus respectivos ejércitos de "seguridad". Esto significa que, del 78% de la población de 18 años o más, "cada uno" posee 1.47 armas legales.

Se estima que 47% de los republicanos posee armas, en comparación con 20% de los demócratas. A su vez, en mayo de 2025, 59% de los hombres y 45% de las mujeres se autoidentificaron como MAGA, lo cual apunta a quiénes tenderán a respaldar cada bando.

Por otro lado, un estudio en vigor estima que entre 2017 y 2026 se habrán traficado 1.27 millones de armas ilegalmente. Aunque no hay estadísticas confiables sobre el origen étnico de los fabricantes de fentanilo en los EEUU, todo apunta a que la manufactura tiene lugar en comunidades blancas pobres y la distribución entre negros y latinos.

A estas alturas, con 62% de los miembros de las fuerzas armadas identificándose como republicanos o MAGA, y estadísticas que comienzan a surgir que apuntan a que ICE ha reclutado un alto por ciento de militantes de los Proud Boys, los Bugaloo Boys y los Three Percenters, y los indultados por el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021, no es difícil concebir quiénes conformarán los dos bandos:

De un lado, los reclutas de ICE, las milicias identificadas con MAGA, los fabricantes de fentanilo y crack, y más de la mitad de las fuerzas armadas, tanto regulares como guardias nacionales; y del otro lado, comunidades negras y latinas asediadas que comienzan a organizarse en milicias locales con el respaldo, por identificación racial, de gangas de traficantes con grandes arsenales de armas ilegales.

Los enfrentamientos serán esporádicos, relativamente improvisados y, en la medida en que no estarán ideológicamente cohesionados en guerrillas en el sentido tradicional, relativamente fácilmente arrasados por las milicias paramilitares, ICE y las fuerzas del orden tanto civil como militar.

Habrá muchas muertes. Se abrirán campos de concentración para aislar a los detenidos. Pero sobre todo habrá mucho terror y muchas protestas que provocarán recurrentes enfrentamientos y detenciones. 

Es de esperarse que prevalezca un estado de sitio organizado por las fuerzas armadas bajo una orden ejecutiva que declare un estado de emergencia avalado por el Congreso.

Este estado de cosas podría conducir a una cancelación de las elecciones (calcando el estatuto paradójicamente contenido en la constitución de Ucrania), pues resultaría casi imposible asegurar un resultado avalado por ambos partidos, pero sobre todo el republicano.

Posiblemente, el Tribunal Supremo invocaría una especie de asamblea constitutiva con representantes de ambos partidos para establecer un orden avalado por todos los sectores y llamar a nuevas elecciones supervisadas por una comisión compuesta por miembros de la comunidad civil.

De Trump permanecer vivo o en el poder, el estado de sitio prevalecería hasta que él quede fuera, por muerte o remoción por residenciamiento avalado por su propio partido. 

Cuando Trump ya no esté, el Partido Republicano se reconstituirá y colaborará con el Partido Demócrata para restablecer el orden constitucional.

Al igual que con Mussolini, Hitler, Gaddafi, Saddam, Idi Amin, Papa Doc, Trujillo, Somoza, Franco y Pinochet, mientras Trump permanezca, la paz será imposible y la guerra civil o el estado de terror prevalecerá.

Se avecina una guerra civil. Su prevención o resolución exigirá la salida de Trump de la presidencia. 

Los líderes, sobre todo demócratas, ante los atropellos de ICE, cada día más repiten "esto [que está sucediendo] no nos representa" o "esto no es América". Los acontecimientos que se avecinan definirán quiénes son los verdaderos representantes de los Estados Unidos.


'I dream of things that never were and think: why not?"

- George Bernard Shaw

martes, 23 de diciembre de 2025

Notas sobre la Tierra-Verde o Groenlandia

Notas sobre la Tierra-Verde o Groenlandia

Pablo L. Crespo Vargas

Groenlandia y el Ártico
Imagen de dominio público
Fuente: CIA's World Factbook (2007)

Cerca del año 982 de la era cristiana, Erik, conocido como el Rojo, fue expulsado de Islandia tras varias disputas por territorios que culminaron en la muerte de algunas personas. Esto lo llevó, junto a sus allegados, a considerar la posibilidad de colonizar tierras hacia el oeste que otros exploradores ya habían visitado. Decidieron entonces trasladarse a esos señoríos aún inexplorados en busca de una nueva oportunidad.

Luego de una exploración inicial de las costas e islas menores, Erik escogió un área en el occidente de lo que él pudo haber pensado que era una gran península, donde estableció una granja para pasar el invierno. Durante los siguientes tres años continuó sus viajes de reconocimiento hasta completar su periodo de exilio. Al finalizarlo, decidió regresar a Islandia y, como estrategia para reclutar nuevos colonos, bautizó aquellas tierras con el nombre de Tierra Verde o Groenlandia.

Una parte de los habitantes de Islandia (la “Tierra de Hielo”) también vio en esta empresa la posibilidad de comenzar de nuevo, una oportunidad que no podían desaprovechar. Hoy, en 2025, a 1,043 años de aquel encuentro, vemos cómo el presidente de la nación más poderosa del planeta, los Estados Unidos de América, ha puesto sus ojos en esta isla y se empeña en adquirirla.

Groenlandia es la isla de mayor tamaño del planeta, con una superficie de 2,166,086 km², lo que la convierte en la decimotercera entidad territorial más extensa del mundo. Cabe destacar que el 80% de su territorio está cubierto por una gruesa capa de hielo.

Se estima que sus tierras albergan una gran variedad de recursos naturales, entre ellos rubíes, hierro, níquel, uranio, platino, titanio, oro y una serie de metales raros que representan un fuerte atractivo para países como China y los Estados Unidos. En este último aspecto, conviene señalar que China controla alrededor del 90% del mercado mundial de metales raros, situación que muchos en Estados Unidos consideran una amenaza para su seguridad nacional. A estos recursos se suma la alta probabilidad de encontrar depósitos de petróleo y gas natural.

Es importante subrayar que la explotación de cualquiera de estos recursos podría tener efectos negativos sobre el medioambiente de la región, razón por la cual el gobierno de Groenlandia ha limitado estrictamente cualquier actividad extractiva. Además, la posición geográfica de la isla, combinada con el acelerado deshielo de las últimas décadas, ha abierto la posibilidad de nuevas rutas marítimas en el Ártico.

Otro aspecto que a menudo se pasa por alto es que Groenlandia constituye una ubicación estratégica para el despliegue de sistemas de defensa antibalísticos de los Estados Unidos frente a sus potenciales adversarios: Rusia y China.

La posición geográfica es uno de los factores que han motivado que, en las pasadas semanas, la isla de Groenlandia haya estado en el ojo público internacional debido a las pretensiones del presidente Donald Trump, quien suele generar situaciones controversiales con el fin de mantener su supuesto control tanto en los ámbitos locales como internacionales. En el caso de Groenlandia, no es la primera vez que el mandatario estadounidense la menciona en sus discursos. Según algunos miembros de su equipo de trabajo, en ocasiones anteriores llegó incluso a preguntar si sería posible intercambiar a Puerto Rico por Groenlandia, además de ofrecer dinero para adquirirla. Una acción que, posiblemente, habría beneficiado a los puertorriqueños.

No obstante, antes de continuar con el debate político y estratégico-geográfico, entendemos que es necesario conocer un poco sobre los aspectos políticos, sociales e históricos de esta isla, a la cual bien puedo considerar un país. Sí, un país, porque, aunque nuestras mentes colonizadas nos lleven a verla como una mera isla de escasa población, dominada por una potencia europea, sus características son compatibles con las de otros lugares —como Puerto Rico— que también pueden ser considerados países.

Groenlandia es un país o nación constituyente del Reino de Dinamarca, al igual que las Islas Feroe. Desde 2009 cuenta con un gobierno autónomo dirigido por un primer ministro, seleccionado por los miembros de su Parlamento —un sistema unicameral compuesto por 31 escaños— cuyos integrantes son elegidos democráticamente. El primer ministro conforma su gabinete, responsable de la administración cotidiana del gobierno. Por su parte, el Reino de Dinamarca mantiene el control de la seguridad y de la política exterior. Groenlandia, además, tiene derecho a enviar dos representantes al Parlamento danés, con voz y voto.

En términos demográficos, la isla cuenta con aproximadamente 58,000 habitantes. Para 2020 se estimaba que cerca del 90% habían nacido en Groenlandia, mientras que el resto son inmigrantes provenientes de lugares tan diversos como Filipinas, Tailandia, Islandia, Suecia, China y Noruega, entre otros. Su capital es Nuuk, con una población que supera las 18,000 personas.

La población indígena local está compuesta por groenlandeses de origen inuit, quienes representan alrededor del 87% de los habitantes. Este grupo se divide en tres comunidades principales: los kalaallit (occidentales), los tunumiit (orientales) y los inughuit (norteños). El idioma dominante entre ellos es el kalaallisut —conocido en occidente como groenlandés—, hablado por más de 50,000 personas y reconocido como lengua oficial. Cabe señalar que, junto a la lengua nativa, el danés también se utiliza ampliamente en Groenlandia.

En el ámbito financiero, la isla recibe una gran cantidad de subsidios, muy acordes con las políticas de bienestar social del Reino de Dinamarca. En este sentido, es importante señalar que los partidos de derecha, tanto en Dinamarca como en la Unión Europea, se oponen a estas ayudas. No obstante, la principal industria de Groenlandia es la pesca. La explotación minera y energética, aunque representa una posible fuente de riqueza, ha sido pospuesta por el gobierno debido a las nefastas implicaciones ambientales que podría acarrear.

Los primeros pobladores de Groenlandia fueron grupos anteriores a los inuit, quienes siguieron la ruta costera septentrional de América del Norte. Estos movimientos migratorios se asentaron en lugares propicios para su supervivencia y desarrollaron diversos complejos culturales. El más antiguo, según la evidencia arqueológica, es la cultura Saqqaq (2500 a. C. – 800 a. C.), ubicada en el sur de la isla. Cien años después, en la misma región, surgió la cultura Dorset I, presente hasta el año 200 de nuestra era.

En el norte de Groenlandia, entre 2400 a. C. y 1300 a. C., se desarrolló la llamada cultura Independencia I, seguida por la cultura Independencia II, vigente entre 700 a. C. y el inicio de la era cristiana. El nombre de esta tradición cultural proviene del lugar donde se realizaron los primeros hallazgos arqueológicos: la isla Independencia, situada en la zona norte del país.

Las exploraciones escandinavas comenzaron a mediados del siglo X, pero no es hasta la llegada de Erik el Rojo cuando se inicia el proceso de colonización. La presencia nórdica en la isla se mantuvo hasta entrado el siglo XV. Para el siglo XIV, Groenlandia recibió grupos migratorios inuit (cultura Thule) que comenzaron a poblarla y que representaron una amenaza para la continuidad de los asentamientos escandinavos. De hecho, algunas de las hipótesis que se manejan para explicar el abandono de estos asentamientos señalan factores climáticos y la presión ejercida por nuevos migrantes en su búsqueda de tierras.

Años después, con el inicio de los procesos de colonización europea a gran escala tras la llegada de Colón a América, expediciones portuguesas alcanzaron Groenlandia. Sin embargo, al no encontrar un paso hacia la India, abandonaron sus pretensiones. A principios del siglo XVII, los daneses —que entonces compartían un reino con Noruega— reclamaron la zona e iniciaron un proceso de colonización que no prosperó. En el siglo XVIII se realizaron nuevos intentos, esta vez con resultados favorables para la Corona danesa.

Con la separación de los reinos de Noruega y Dinamarca en 1814, este último retuvo las posesiones coloniales, incluida Groenlandia. En 1931, Noruega intentó ocupar la zona oriental de la isla, pero los tribunales internacionales fallaron a favor de Dinamarca. Durante la Segunda Guerra Mundial, tras la invasión de Dinamarca por tropas alemanas, Estados Unidos intervino en Groenlandia; no obstante, al finalizar el conflicto, las autoridades danesas retomaron el control.

Con el avance de las políticas internacionales contra el colonialismo, Groenlandia experimentó varios cambios políticos orientados hacia la autonomía: en 1953 fue integrada formalmente a la monarquía danesa; en 1979 obtuvo un régimen de autonomía limitada; en 1985 salió de la Unión Europea; y en 2009 proclamó su autogobierno.

Las fuentes principales utilizadas para este ensayo fueron el Workbook de la CIA (versión en línea), las páginas web del gobierno de Groenlandia y del Reino de Dinamarca, el libro Groenlandia: La isla más grande del mundo de Joanne Mattern (2003) y diversos artículos de prensa actualizados sobre la política del presidente Trump respecto a la isla. Con la información recopilada hemos presentado, de manera muy resumida, unas notas sobre Groenlandia que servirán de base para discutir próximamente las pretensiones estadounidenses hacia este territorio y analizar las repercusiones que ello podría tener en la política internacional.

Nota: Artículo publicado en El Post Antillano, 1 de febrero de 2025.

sábado, 20 de diciembre de 2025

La Doctrina Donroe y Latinoamérica como botín de guerra: Neocolonización y adversa lectura de las borras de café

La Doctrina Donroe y Latinoamérica como botín de guerra: Neocolonización y adversa lectura de las borras de café

José E. Muratti Toro

La decisión de Donald Trump de rodear a Venezuela con una flota naval, impedir el tránsito de sus barcos petroleros y de invadir al país para "recuperar", como afirmó Stephen Miller, los pozos, instalaciones y operaciones establecidas por empresas estadounidenses, no solamente es un acto de guerra no declarada, sino que rebasa por mucho la Doctrina Monroe de 1823 que le advertía a Europa no incursionar en la América Latina.

Más aún, es una advertencia al resto de Latinoamérica de que sus recursos naturales pueden ser ocupados y expropiados impunemente por las fuerzas armadas de los Estados Unidos, en lo que él ha alardeado al acoger el término “Doctrina Donroe”.

Por supuesto que no sería tan sencillo. Todos los países involucrados cuentan con unas clases propietarias y acuerdos comerciales con gran parte del mundo que imposibilitaría, a nivel internacional, una expropiación en masa de estas dimensiones. Tanto los empresarios y terratenientes nacionales como sus socios europeos y asiáticos movilizarían sus recursos a Washington para impedir estas expropiaciones en masa, amén de la desestabilización global que causaría y terminaría afectando a los propios Estados Unidos.

Pero, no es de extrañar que lo esté considerando dada la “mentalidad de alcohólico” de Trump que le hace pensar que él puede hacerlo todo, como reveló en reciente entrevista su jefa de personal Susie Wiles, en la revista Vanity Fair (la ironía no podría ser mayor).

Trump debe estar rumiando la posibilidad de identificar decenas de empresas y operaciones establecidas por compañías estadounidenses por toda Latinoamérica que, de revertirse a manos estadounidenses, le proporcionarían una gran tajada a él personalmente, lo cual aparenta ser la única política pública que gestiona.

Por supuesto que se trata de un escenario hipotético. Pero Brasil, Colombia y México tienen el potencial de convertirse en sus próximos posibles blancos. Sobre todo deben estar en su mira México y Colombia, utilizando la excusa de su guerra contra el “narco-terrorismo" y para atacar las operaciones de narco-producción, de paso invadiendo y apropiándose otros recursos para sufragar su inversión en dicha guerra.

El análisis debe contener los siguientes datos: desde la década de los 1930s, varios países latinoamericanos han nacionalizado operaciones desarrolladas por empresas estadounidenses en sus territorios nacionales.

Por ejemplo, en 1937, Bolivia expropió las operaciones de Exxon y Chevron, las cuales permanecen en manos bolivianas.

En 1938, México incautó las operaciones de Standard Oil, Gulf y Sinclair, que no devolvió y las convirtió en PEMEX. A partir de 2013, ExxonMobil y Chevron participan en la extracción y refinamiento, pero sin derechos de propiedad.

En 1962, Cuba nacionalizó las operaciones de la United Fruit, ITT, y las refinerías Esso/Texaco, que al presente operan como Unión Cuba-Petróleo (Cupet). En 1968, Perú hizo lo propio con las operaciones de International Petroleum Company (Standard Oil).

En 1971, Chile nacionalizó las operaciones de procesamiento de cobre de las empresas Anaconda y Kennecott, la cuales no ha devuelto. Al presente, hay nuevas minas operadas por empresas de EEUU. Ese mismo año, Ecuador incautó las operaciones de Texaco (Chevron), Occidental (Oxy), que no han sido devueltas, aunque Chevron fue indemnizada por arbitraje.

El blanco de Trump al presente es, por supuesto, Venezuela. Esta nacionalizó las operaciones de Creole (Exxon), Gulf, Mobil, luego ExxonMobil y ConocoPhillips en 1976, convirtiéndolas en Petróleos de Venezuela, SA (PDVSA) en 1998, bajo la presidencia de Hugo Chávez. Tras 2007, ExxonMobil y ConocoPhillips salieron definitivamente.

En este escenario, la disposición de los gobiernos de Milei en Argentina, Noboa en Ecuador, Bukele en El Salvador, Asfura (hasta ahora) en Honduras, Kast en Chile y, de ser instalada por Washington, Corcino en Caracas, de apoyar las políticas de Trump, le permitirían a su gobierno apropiarse cientos de $ billones en activos sin intervención militar. Dichas expropiaciones contribuirían a paliar la hemorragia que representa el déficit $ trillonario estadounidense exacerbado por los aranceles en vigor y las exenciones de contribuciones concedidas a multinacionales y multimillonarios en julio del corriente.

Desde sus inicios como nación, tan temprano como 1798, cuando acogió terratenientes franceses que escapaban de la Revolución Haitiana, los Estados Unidos han considerado a Latinoamérica como su “patio trasero”, en el cual, con la actitud heredada de sus colonizadores británicos, tienen derecho a intervenir para propiciar y defender sus intereses comerciales.

A diferencia de la primera mitad del siglo XIX cuando Latinoamérica se independizó de España, Inglaterra y Portugal, y tras la II Guerra Mundial, cuando muchos países latinoamericanos y del resto del mundo afirmaron su independencia de los anteriores imperios europeos, en este inicio del siglo XXI, Latinoamérica oscila entre movimientos de afirmación de independencia del poder económico de los EEUU, y acomodo con los presidentes estadounidenses que insisten en renovar un neocolonialismo que convierte el hemisferio en botín de guerras económicas y hasta una posible guerra total contra Venezuela, como advertencia al resto del continente.

Paradójicamente, le compete a las burguesías nacionales que controlan los procesos eleccionarios impedir esta nueva colonización.

La lectura de las borras de café no augura mucho optimismo.

Infografía de WeatherWriter con licencia CC 2.0
Representa estado de situación a final de noviembre de 2025
Obtenido de Wikipedia Commons
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viernes, 19 de diciembre de 2025

Interés imperial por Groenlandia

Interés imperial por Groenlandia

Pablo L. Crespo Vargas

Imagen publicada en la página web Islandia 24.

El consenso general sobre el establecimiento del estado imperial estadounidense indica que este inició en 1898, luego de que esta potencia derrotara a España y ocupara algunos de los territorios ultramarinos de este último, incluyendo Puerto Rico. Sin embargo, las actitudes imperialistas estuvieron latentes desde antes. La Doctrina Monroe (1823), que establecía la política de América continental para los Estados Unidos, y el Destino Manifiesto (c. 1845), que funcionó como una justificación del expansionismo angloestadounidense, fueron vitales en el desarrollo del ideal imperial en Washington, Estados Unidos. Mientras que se consolidaba el dominio estadounidense sobre los territorios entre el Atlántico y el Pacífico, ya se había comenzado un proceso de establecer presencia militar en las áreas ultramarinas, específicamente en el Caribe, el Atlántico central y hasta en las costas del norte de África. En el asunto que nos compete hoy, las intenciones estadounidenses por adquirir la isla de Groenlandia surgen durante la secretaría de William H. Seward en el Departamento de Estado (1861-1869), quien es conocido por haber gestado la compra de Alaska al Imperio Ruso. Menos conocida es su intención de comprar las Indias Occidentales danesas (hoy día Islas Vírgenes estadounidenses), Groenlandia e Islandia y su idea de anexar Canadá. Las intenciones con Groenlandia y Canadá se replican en la actualidad por la presidencia de Donald Trump, aunque la intención ha estado latente siempre.

En 1868, Seward presentó un informe trabajado por Benjamín Mills Peirce de 72 páginas donde se establece la importancia de adquirir, por razones políticas y económicas, a Islandia y Groenlandia. Groenlandia era el territorio que más interés producía en el informe (el documento lo puede conseguir de manera íntegra en Google Books con el título de «A Report on the Resources of Iceland and Greenland»). Además, la adquisición de Groenlandia era un paso lógico para anexarse a Canadá, territorio que era (y es) parte de la Corona británica. Las intrigas en el Congreso y las políticas partidistas en los Estados Unidos no ayudaron a que los objetivos de Seward prosperaran.

En 1910, se presenta otra propuesta promulgada por el embajador estadounidense en Dinamarca, Maurice Francis Egan. En esta ocasión se buscaba un intercambio donde Dinamarca entregara a Groenlandia a los Estados Unidos, quien cedería las islas filipinas de Mindanao y Palawan a los daneses para que estos las intercambiaran por la zona norte de Schleswig (en la frontera sur de Dinamarca) con el Imperio Alemán. Con el desarrollo de la Gran Guerra de 1914 a 1918 y la derrota alemana, Schleswig pasa a manos danesas, luego de un plebiscito, en 1920; por lo cual este esfuerzo fue para los estadounidenses una movida en vano.

No obstante, en 1916, Dinamarca y Estados Unidos firman un tratado de venta donde el segundo paga 25 millones de dólares por las Indias Occidentales danesas y acepta la soberanía del Reino Danés sobre Groenlandia. En ese momento, para el gobierno de Washington la adquisición de las actuales Islas Vírgenes estadounidenses era prioridad, ya que agrandaba el área defensiva, en este caso, el noreste del Caribe, proyectándose sobre el Canal de Panamá. A esto, es importante mencionar que, al finalizar la Gran Guerra, existió la intención de los británicos de adquirir Groenlandia como parte de sus estrategias defensivas para confrontar los futuros proyectos de expansión de Alemania. No obstante, algunos estrategas estadounidenses siguieron abogando por la adquisición de la colonia danesa en el Ártico.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la invasión alemana a Dinamarca en 1940, el embajador danés en Washington, Henrik Kauffmann, llegó a un acuerdo, en abril de 1941, con los Estados Unidos para que estos ocupasen la isla de Groenlandia. Acción que se da de manera oficial en julio de 1941. Se debe indicar que militares estadounidenses, fuera del oficialismo gubernamental, ya habían ocupado algunas posiciones en la isla en prevención de un posible desembarco alemán. Con la intervención de los Estados Unidos se comienzan a construir bases en diversos puntos de la isla y se establece un plan de patrullaje que sirvió como parte de las operaciones en el Atlántico norte. Al finalizar la guerra, las fuerzas estadounidenses se mantuvieron en sus posiciones y en 1946 se le ofreció a Dinamarca la compra de la isla por 100 millones de dólares. Con el desarrollo de la Guerra Fría, Groenlandia sigue adquiriendo importancia estratégico-militar y en 1951 se llega a un acuerdo entre los gobiernos de Washington y de Copenhague donde los primeros respetaban la soberanía danesa sobre la isla, mientras adquirían permiso para mantener sus bases y tener a Groenlandia como punto estratégico militar. Con la caída de la Unión Soviética, el interés estadounidense sobre la isla disminuyó. 

Llega el siglo XXI; la situación geopolítica, en combinación con el cambio climático, aspecto negado por un sector, llevó a que la zona se viera como un área de interés internacional. Los países de la cuenca ártica —Estados Unidos, Rusia, Canadá, Noruega y Dinamarca (los llamados Cinco del Ártico o A5)—, países circunstantes a ellos —Finlandia, Suecia e Islandia (agregados a los anteriores para crear el Concilio Ártico)— y países o regiones de interés —China y la Unión Europea— se han movido en busca de posibles beneficios comerciales y político-estratégicos. Dentro de la viabilidad de evitar posibles conflictos, estos entes políticos internacionales se han reunido en diversidad de ocasiones (1996, 2008, 2010, 2016); aunque no se ha podido gestar un consenso armonioso para todas las partes, sí se han llegado a acuerdos de entendimiento territorial como el que se dio entre Canadá y Dinamarca en 2022, dividiendo entre ambos la isla deshabitada de Tartapaluk (conocida también como Han). Ahora bien, ¿cuál es el papel de China en el Ártico? Resulta ser que el expansionismo comercial e imperial chino ya diseñó una ruta de interés nombrada como la Ruta Ártica de la Seda. Todo esto, sumado a las pretensiones rusas y estadounidenses de controlar la zona ártica, provoca las condiciones perfectas para un posible conflicto en el futuro. 

Volviendo a las más recientes intenciones estadounidenses sobre la zona, recordemos que desde el 2017 el presidente Trump ha mostrado interés en adquirir la isla y desde el inicio de este segundo término se ha encargado de llevar este asunto de manera pública como estrategia a su favor. En el siguiente artículo estaremos analizando la viabilidad de que los Estados Unidos terminen adquiriendo Groenlandia y lo que representaría para otras naciones.

Artículo publicado por El Post Antillano, 8 de febrero de 2025.

viernes, 5 de septiembre de 2025

Cuando occidente luchaba por mantener el tráfico de drogas: la Guerra del Opio

Cuando occidente luchaba por mantener el tráfico de drogas: la Guerra del Opio

Pablo L. Crespo Vargas

El 17 de junio de 1971, el presidente estadounidense Richard Nixon declaró la guerra en contra del comercio ilegal de las drogas. Esto implicó la movilización de los recursos necesarios del gobierno federal, desde donde se estableció una política dirigida a controlar todo intercambio comercial y uso relacionado con las drogas ilegales. Los Estados Unidos como potencia hegemónica en el mundo occidental pudo atraer a sus aliados a esta lucha, aunque las formas en que se atiende el problema en otros países —aliados y no aliados— es diversa. Sobre ese tema y las políticas estadounidenses respecto a la llamada guerra contra las drogas se podrían escribir por buen rato. No obstante, reseñaremos cuando occidente, en este caso dirigidos por Inglaterra, defendieron el comercio de substancias adictivas y el consumo excesivo de estas, ya que representaba una fuente de ingresos rentables y continuas.

Imagen: Batalla de Chin-Kiang-Foo, 21 de julio de 1842. Cuadro de Richard Simkin, parte de la colección militar de Anne S. K. Brown, Brown University Library.

Las Guerras del Opio fueron dos conflictos donde potencias occidentales impusieron el comercio de drogas, que anterior a la guerra eran ilegales, como parte de sus estrategias para el dominio comercial sobre el Imperio chino. La primera guerra ocurrió entre 1839 a 1842. La segunda fue entre 1856 y 1860. Ambos conflictos fueron parte del proceso de expansión imperial de las potencias europeas y países como los Estados Unidos dieron su apoyo a ellas.

Debemos aclarar, que el conflicto surgió de las pretensiones británicas de controlar todo el comercio chino de manera que fuera ventajoso para sus intereses. China exportaba a Europa y a los Estados Unidos té, seda y porcelana, entre otros bienes. El pago debía ser en moneda (usualmente plata), acción que iba en contra de los intereses capitalistas de occidente; no obstante, el contrabando de opio hacia China representó una oportunidad al Imperio británico —y aliados— para tomar ventaja económica de estas transacciones y así comenzar a pagar con esta sustancia. El opio como droga adictiva, al igual que hoy día, representó un problema social al gobierno chino, quienes prohibieron su consumo desde 1729, aunque los edictos en contra del opio se repiten en 1799, 1814 y 1831, ya que estos no causaban un efecto favorable a las pretensiones imperiales chinas. Se debe indicar que de manera primaria el opio era utilizado como medicamento, específicamente como anestesia. Sin embargo, su mezcla con tabaco, para ser fumado, se convirtió en todo un problema social por ser altamente adictivo.  

Las prohibiciones chinas tuvieron el mismo efecto que las actuales tienen sobre nuestra población: un aumento al tráfico ilegal, el cual representó cuantiosas ganancias —según algunos estimados: sobre 400% de ganancia— a los comerciantes británicos y estadounidenses, entre otros. Desde el punto de vista norteamericano se afianzó el llamado Old China Trade, el cual consistió en abrir las rutas comerciales entre los Estados Unidos y el Imperio chino. El potencial comercial de los estadounidenses se consolidó tan temprano como en 1803, siendo el país con mayor número de buques que llegaban a las costas chinas tanto para comercio legal como ilegal. Dos de los estadounidenses que se enriquecieron en este mercado fueron Warren Delano Jr. (abuelo de Franklin D. Roosevelt), y Francis Blackwell Forbes (la fortuna de esta familia se dio a costa del comercio oriental).

La crisis provocada por el opio en China llegó a tales magnitudes que el emperador Daoguang, de la dinastía Qing, ordenó el que se interviniera en contra de los contrabandistas. Se inició un proceso, que hoy día llamaríamos de mano dura, contra los traficantes internos y se llegó a casi eliminar el problema para 1837. Claro, occidente no deseaba que su lucrativo comercio terminara y se afincó más al contrabando. En 1839, las autoridades chinas toman nuevas medidas, entre ella el envío de un comunicado a la reina Victoria solicitando su intervención con los comerciantes ingleses. Esta misiva nunca llegó a la soberana —aunque fue publicada en los periódicos londinenses—, pero la situación en los puertos chinos se agravó al punto que se incautaron sobre 1,400 toneladas de opio en los almacenes occidentales de la ciudad de Cantón. Las autoridades occidentales protestaron, pero los chinos bloquearon los puertos para evitar más entrada de opio. La tensión se agravó cuando unos marineros británicos asesinaron a un local y los funcionarios chinos no pudieron llevar a la justicia a los individuos acusados, dado a la protección que les dieron las autoridades británicas. Luego un cañonero británico dispara contra embarcaciones chinas que se encargaban de mantener el bloqueo en la bahía del actual Hong Kong. A continuación, la flota británica comienza una ofensiva contra las fuerzas imperiales y las derrotan, imponiendo por la fuerza la entrada del opio a territorio gobernado por los Qing en 1842.

Años luego, en 1856, las autoridades imperiales chinas, que habían continuado su política en contra del comercio ilegal de opio, entraron a una embarcación británica, donde arrestaron a un grupo de traficantes chinos que se habían escondido allí. Esto provocó un nuevo enfrentamiento. Nuevamente, la superioridad tecnológica occidental se impuso y se continuó con la entrada de opio a los puertos chinos.

Nota editorial: La versión original de este artículo se publicó el 29 de junio de 2024 en El Post Antillano

domingo, 25 de mayo de 2025

Ponce de León: intento de colonización de la Florida

Ponce de León: intento de colonización de la Florida

Pablo L. Crespo Vargas

El primer europeo en pisar de manera oficial, luego de comenzado la llamada empresa colombina en 1492, territorio continental del actual Estados Unidos, fue Juan Ponce de León, quien salió de las costas de San Germán, en Puerto Rico, un 13 de marzo de 1513, en busca, según la leyenda, de una fuente de la juventud. Ponce de León llegó a la península de la Florida en 1513. Aunque el mito nos habla de la fuente de la juventud, la realidad es que Ponce de León, en 1512, recibió una cédula real para ir a explorar y colonizar las islas de Bimini (actual zona occidental de Bahamas). Recordemos, que al igual que los demás conquistadores del momento, Ponce de León tenía el mandato de seguir explorando y colonizando nuevas tierras. Esta cédula nos demuestra la confianza que la Corona tuvo en la figura de Ponce de León, ya que anterior a ser considerado, Bartolomé Colón había solicitado esta empresa. Las diferencias de la familia Colón con Fernando de Aragón y la postura de Ponce de León a favor del monarca, dieron a este último una ventaja.


Antes de continuar, se debe señalar que, según Garcilaso de la Vega, un esclavista, cazador de nativos, Diego de Miruelo, por accidente había llegado a la península de la Florida, aproximadamente entre 1510 a 1511, mientras se encontraba en una de sus correrías por las Bahamas. Esto reforzó la idea de emprender una expedición a la zona.

Regresando a la expedición de Ponce de León, esta consistió en tres embarcaciones y unos 65 hombres (algunas fuentes hablan de 200). El 2 de abril de 1513 avistan las costas continentales atlánticas y al día siguiente desembarca en un lugar que desconocemos, pero que algunos localizan al norte del actual Daytona Beach. Los exploradores continuaron su exploración hacia el sur de la península y luego bordearon parte de la costa occidental, ya en el actual Golfo de México. Ponce de León regresa a Puerto Rico y decide ir a Castilla para asegurar sus derechos sobre las nuevas tierras. 

En el ir y venir de los acontecimientos, no es hasta el 1521 que Ponce de León tiene la oportunidad de zarpar nuevamente hacia la Florida. Se debe mencionar que, en el tiempo transcurrido entre el primer viaje y el segundo, la península de Florida fue visitada por cazadores de nativos con el motivo de esclavizarlos, dado a la necesidad de mano de obra para el funcionamiento del sistema económico colonial y a la justificación de que el nativo salvaje era caníbal.

Este segundo viaje fue todo un desastre para el conquistador de Boriquén. Ponce de León zarpa el 20 de febrero de 1521 con dos embarcaciones y unos 200 acompañantes. Tan pronto llegan a la Florida comienzan el proceso de establecer un asentamiento, pero los nativos, cansados de las continuas correrías de los cazadores castellanos, la embisten contra el nuevo grupo de invasores. En uno de los enfrentamientos, Ponce de León es herido con una flecha. Dentro del mito se habla de que esta estaba envenenada como si una flecha regular no pudiera ser la causa de una infección que lleve a la muerte al herido, tal como pasó con el primer gobernador de San Juan Bautista (hoy Puerto Rico). Los conquistadores tuvieron que regresar a Cuba y en julio del mismo año Ponce de León muere.

Imagen: Grabado de 1885 representando la llegada de Juan Ponce de León a la Florida en Hezekiah Butterworth, Poems for Christmas, Easter, and New Year’s, Boston: Estes and Lauriat, 1885.

Referencias:

Burset Flores, Luis. La vida en Puerto Rico en el siglo XVI. Santo Domingo, 2020.

Fuson, Robert H. Juan Ponce de Leon and the Spanish Discovery of Puerto Rico and Florida. Blacksburg: McDonald and Woodward, 2000.

Herrera, Antonio de. Descripción de las Indias Occidentales. Madrid: Oficina Real de Nicolás Rodríguez Franco, 1730.

Tió, Aurelio. Nuevas fuentes para la historia de Puerto Rico. San Germán: Universidad Interamericana, 1961.

Tuner, Samuel. “Juan Ponce de Leon and the Discovery of Florida Reconsidered”, Florida Historical Quartely, vol. 92, n. 1, art. 3.

Artículo publicado originalmente en El Post Antillano, 10 de febrero de 2024.

lunes, 6 de enero de 2025

Choque por el control fronterizo: Texas y los Estados Unidos en Shelby Park

Choque por el control fronterizo: Texas y los Estados Unidos en Shelby Park

Pablo L. Crespo Vargas

Nota editorial: Artículo que publiqué para El Post Antillano el 3 de febrero de 2024.

El pasado 11 de enero de 2024, tropas de la Guardia Nacional de Texas, bajo mando estatal, ocuparon y tomaron control de las facilidades de Shelby Park en la ciudad de Eagle Pass, Texas, la cual colinda con la ciudad de Piedras Negras en México. Shelby Park, nombrado en honor al general confederado Joseph O. Shelby, fue creado como un parque público administrado por el municipio, que estaba siendo utilizado por la Patrulla Fronteriza estadounidense para detener y procesar a los inmigrantes indocumentados que cruzaban el Río Grande en el área.

La orden de cerrar y tomar control del parque fue realizada por el gobernador republicano de Texas, Greg Abbott, quien argumenta que el estado está pasando por un momento de crisis debido al alto flujo de inmigrantes. Esta movida es parte de la llamada Operación Estrella Solitaria, que es una acción conjunta de organismos estatales dirigidos a mantener control de la frontera con México. En las cifras presentadas por el gobierno de Texas, el 27 de enero de 2024, la operación ya había detenido a sobre 496,000 inmigrantes y a casi 39,000 criminales a un costo promedio anual aproximado de 2,000 millones de dólares y la muerte, al momento, de al menos 100 personas, incluyendo 10 guardias nacionales.

Construcción de barreras en el río Grande, frente a Shelby Park
Imagen de dominio público (US Border Patrol)

A continuación, una narración de los acontecimientos relacionados a la toma de Shelby Park. El 10 de enero de 2024, con autorización del gobierno estatal, el parque es cerrado y no se le permite el paso a la Patrulla Fronteriza federal. El 11 de enero, la Guardia Nacional de Texas asume el control del parque. El 12 de enero, una familia de una madre (33 años) y dos menores (varón y hembra de 8 y 10 años respectivamente) murieron ahogados cruzando el río debido a que las autoridades texanas prohibieron el paso al equipo de rescate de la Patrulla Fronteriza. Luego de este incidente se desató un proceso legal donde la Corte Suprema federal determinó, el 22 de enero, en votación 5 a 4 que la Patrulla Fronteriza podía remover las barricadas de concertina que las autoridades texanas habían colocado. Dos días luego, el 24 de enero, el gobernador Abbott reafirmó el derecho del gobierno de Texas de proteger su frontera ante la incapacidad del gobierno federal de afrontar esta situación que es considerada por el gobierno de Texas como una invasión de inmigrantes. Para el 26 de enero, ya 25 gobernadores republicanos, como algunos legisladores federales, habían declarado su apoyo a Abbott. Entre estos, Florida y Oklahoma estaban dispuestos a enviar tropas (Guardia Nacional) de sus estados para apoyar a Texas.

En los últimos días (27 al 30 de enero) la situación ha continuado tensa entre las autoridades federales y las estatales. De parte del gobierno del presidente Joe Biden se hace presión para que todo regrese a la normalidad, mientras que el gobierno de Abbott, en sus últimas declaraciones, argumenta en contra de la posibilidad de que el gobierno federal federalice las tropas de la Guardia Nacional, lo cual las separaría del poder estatal.

Debemos mencionar que las Guardias Nacionales son milicias que pueden cumplir una doble función: estatal como federal. Los gobernadores estatales tienen la facultad de movilizarlos según sus necesidades (en Puerto Rico se ve esta situación en momentos críticos como el paso de huracanes u otros desastres), no obstante, el gobierno federal también tiene la potestad de federalizarlos, acción que los separaría completamente de cumplir cualquier orden estatal. En el caso de Texas, este estado cuenta en su rama ejecutiva con un departamento que atiende los asuntos de defensa y militares, el cual es conocido como el Texas Military Department. Bajo esta institución se controlan a nivel estatal las Fuerzas Militares Texanas, las cuales están integradas por dos componentes de la Guardia Nacional (aéreo y terrestre) y la Guardia Estatal (antigua milicia texana). Este último le pertenece al estado, aunque recibe fondos federales.

El choque de poderes que se está apreciando en esta situación es uno no visto desde la Guerra Civil de 1861-1865. Algunos profetizan una eventual separación de Texas al sistema federal, no obstante, estando a nueve meses de las elecciones, existe la posibilidad de que las acciones del gobernador Abbott van dirigidas a minar la autoridad federal, a la vez, golpean las intenciones del presidente Biden a ser reelecto y vigoriza aun más el que el candidato, y pasado presidente, Donald Trump pueda regresar a la Casa Blanca.

Referencias:

Cacciotore, Luca.”States Supporting Texas Against the Biden Administration Over Border Invasio”. Texas Scorecard. Austin, Texas, 30 de enero de 2024. https://texasscorecard.com/federal/states-supporting-texas-against-the-biden-administration-over-border-invasion/

Cuevas, Eduardo. “Mexican family’s death at border looms over ongoing Justice Department standoff with Texas”. USA Today. McLean, Virginia, 20 de enero de 2024. https://www.usatoday.com/story/news/nation/2024/01/20/drowning-rio-grande-migrants-texas-border-patrol/72268305007/

Flores, Rosa et al. “What we know about the drowning of 3 Mexican migrants near Eagle Pass”, CNN online. Atlanta, Georgia, 16 de enero de 2024. https://edition.cnn.com/2024/01/15/us/what-we-know-about-the-drownings-of-3-migrants-in-eagle-pass-texas/index.html

García, Jesús. “Corte Suprema permite a la Patrulla Fronteriza cortar alambre de púas instalado por Texas”. La Opinión. Los Ángeles, California, 22 de enero de 2024. https://laopinion.com/2024/01/22/corte-suprema-permite-a-la-patrulla-fronteriza-cortar-alambre-de-puas-instalado-por-texas/

News from Fox 4 Dallas-Fort Worth. 27-30 de enero de 2024. https://www.youtube.com/@fox4news/featured

Ortiz, María. “25 gobernadores republicanos respaldan a Texas por su dura política fronteriza”. La Opinión. Los Ángeles, California, 26 de enero de 2024. https://laopinion.com/2024/01/26/25-gobernadores-republicanos-respaldan-a-texas-por-su-dura-politica-fronteriza/

Si autor. “Alerta en Texas por llamado a extremistas armados, advierte LULAC”. La Opinión. Los Ángeles, California, 30 de enero de 2024. https://laopinion.com/2024/01/30/alerta-en-texas-por-llamado-a-extremistas-armados-advierte-lulac/

“Republicano Greg Abbott proclama que Texas tiene derecho a la autodefensa tras declarar invasión de inmigrantes”. La Opinión. Los Ángeles, California, 24 de enero de 2024. Republicano Greg Abbott proclama que Texas tiene derecho a la "autodefensa" tras declarar "invasión" de inmigrantes - La Opinión (laopinion.com)

lunes, 2 de diciembre de 2024

La era trumpiana y la profecía de Putin

La era trumpiana y la profecía de Putin

José E. Muratti Toro

"Converso" por FB (él en Houston, yo en Hato Rey) con el amigo Alfonso Rodriguez sobre la reacción de los estadounidenses a la violencia institucional y, a la vez, anti-institucional, así como los tradicionales usos y costumbres que Donald ha prometido y ha nombrado a quienes las habrán de implantar.

Pienso que si a las agencias policiales y las milicias "se les va la mano", podrían haber revueltas y rebeliones que, o frenen al gobierno, o desemboquen en una asimétrica e híbrida guerra civil.

Por otro lado, no sé si la afición por el consumo y la vida cómoda, aunque cada vez más empobrecida les mueva a rebelarse. Creo que el catalítico sería la suma de acciones violentas contra poblaciones vulnerables. De lo contrario, como en tantos otros ejemplos históricos, se refugiarán en la bebida, las drogas y la complacencia de que "al menos no es contra los míos".

El convencimiento por desinformación e información premeditadamente falsa de que los "otros" causan la discordia o son las notas discordantes, va a ser determinante de la reacción porque su condición de marginación y desventaja no la ven como desigualdad económica, de clase social, sino como desplazamiento por otros que han sido convencidos que le han arrebatado sus derechos, sus privilegios y su lugar.

Lo que se avecina no es poca cosa y será en tantos frentes a la vez que la población se desconcertará y no encontrará remedio ni refugio en las instituciones tradicionales. El pueblo estadounidense siempre ha sido invasor, nunca invadido. Por lo tanto, no se ve a sí mismo como capaz de vencer a un dictador interno, siempre a los "otros"... "eso aquí no sucede" ...de ahí que quien se anunció como "dictador por un día" saliera reelecto.

Sobre todo, y en desafío al concepto marxista de "consciencia de clase" indispensable para derrocar una tiranía, los estadounidenses, incluso los unionados, no se consideran "trabajadores", se consideran miembros de las ocupaciones que realizan pero que no constituyen un "clase" como tal. Aceptarlo contravendría la creencia ultrageneralizada de que cualquiera puede llegar a ser millonario y, asumir un rol de trabajador, de proletario, sería renunciar a esa cumbre del "sueño americano".

Los empresarios multimillonarios siempre han logrado utilizar las fuerzas armadas, policiales y militares de los gobiernos contra quienes protesten, desde la huelga contra los fabricantes de vagones Pullman a finales del siglo XIX hasta las protestas contra la guerra de Vietnam en los 60s pasados.

Esta vez no será diferente. A diferencia de la consciencia generalizada sobre los "robber barons" del XIX y el aparato militar-industrial que estuvo dispuesto a asesinar a Kennedy para entrar de lleno en Vietnam, esta vez los billonarios de la era tecnológica ocupan posiciones de poder dentro del gobierno de Trump y los Demócratas no tienen un discurso, una estrategia, incluso una diferencia ideológica, con esa clase billonaria abocada a controlar la totalidad de las instituciones privadas y públicas. ¿Qué van a hacer los demócratas: intentar establecer una social-democracia a la Unión Europea?

Sus aspiraciones son las mismas que las de los republicanos, pero light, woke, nadando en el mismo lago del enriquecimiento desmedido, pero guardando la ropa para donarla a los menos afortunados, con énfasis en la ausencia de fortuna.

Putin dijo recientemente que Trump sería el Gorbachov de los EEUU, haciendo referencia a que el intento de "democratización" de la URSS mediante la perestroika la condenó al fracaso. El amigo Arturo Rodríguez observa, a mi entender acertadamente, que Trump es más bien el payaso Yeltsin, aunque sin el alcoholismo. Pero el mensaje de Putin pienso que es que Trump hundirá su nación, para beneplácito del eje antiestadounidense compuesto por Rusia, China, Hungría, Corea del Norte e Irán, con Nicaragua, Cuba y Venezuela de porristas (chearleaders) en las gradas.

Putin aprovechará y continuará saboteando a la UE e intentará anexarse nuevamente los países del Báltico y, eventualmente Polonia, Chekia y lo que aparezca en los Balcanes para la gloria de la madre Rusia.

Los EEUU sustituirán a Trump con algún fascista en ciernes que aún no ha despuntado y renunciarán a regañadientes a su rol de policía del mundo motivando al aparato militar-industrial a establecerse en otros países que les resulten rentables, con la anuencia de China y la India, próximos ejes de producción y consumo mundial.

Claro, todo esto si Putin no se impacienta y lanza una ojiva nuclear, y Trump y la OTAN se ven obligados a responder en cuyo caso, este comentario será parte de un legado histórico enterrado en algún servidor antiguo y no frito por un virus destructor de la infraestructura cibernética occidental.

No hay muchos motivos para esperanzarse. En esta guerra avisada morirán muchos, demasiados. Y este comentario, catalogado de disparatado e iluso, se olvidará, como todo lo que nos dicen los libros sagrados que no ocurrió antes.

Imagen suministrada por el autor


jueves, 17 de octubre de 2024

Desmitificando la guerra de independencia estadounidense

Desmitificando la guerra de independencia estadounidense

Pablo L. Crespo Vargas

Durante mucho tiempo, la historia, y por consecuente, la instrucción oficial de los Estados Unidos resaltaba varios acontecimientos que en los últimos años se han estado desmitificando gracias a nuevas metodologías y enfoques dirigidos a ver la historia desde otros puntos de vista. En su origen, la historia estadounidense era escrita e interpretada desde la visión elitista anglosajona con la intención de crear y dirigir el rumbo de la nación estadounidense hacia un camino determinado, siempre a favor de la clase dominante. Según pasó el tiempo, otras voces emergieron y presentaron una historia con un enfoque distinto a lo deseado por la élite. Autores, como Howard Zinn —The People’s History of the United States—, vieron al ciudadano común como el centro de su estudio, sin importar su origen étnico, religioso, de género o social. Historiadores que presentaron el lado humano de la historia y las vivencias cotidianas, incluyendo el sufrimiento, la barbarie y los horrores que se viven en el día a día y que en muchas ocasiones son provocadas por la lucha de grupos dominantes que quieren alcanzar el poder. En todo caso, las víctimas principales son las personas comunes, los que fueron invisibilizados en la historia oficial.

Las guerras, especialmente para los vencedores, son eventos que glorifican unas gestas con propósito ideario. En muchas ocasiones se presentan como enfrentamientos entre el mal y el bien, siendo este último valor el que ostentan los vencedores, como ocurre y es bien recibido en el cine. Sin embargo, no necesariamente es así.

Batalla de Princeton, 1777
Obra de Kurz & Allison (1911)
Imagen de dominio público

La Guerra de Independencia de los Estados Unidos es uno de estos ejemplos. De manera oficial, así como en diversos medios, la lucha de las Trece Colonias en contra del imperialismo británico se presenta como una lucha por la democracia y las libertades; una guerra justa, heroica y humanitaria —como si existiera una guerra humanitaria—. Contrario a este mito, el historiador y especialista en el imperio británico, Holger Hoock, publicó Las cicatrices de la independencia: el violento nacimiento de los Estados Unidos (Madrid: Desperta Ferro Ediciones, 2021; traducción de Joaquín Mejía Alberti; publicado en inglés en 2017 por Penguin Random House), obra que busca desmitificar este evento.

Para Hoock, la Guerra de Independencia fue una guerra civil donde hubo matanzas, persecuciones, violaciones, torturas y horrendos actos entre las partes. El autor detalla algunos de ellos y los presenta de manera cruda para que el lector enfrente una realidad que fue escondida. La crudeza de las hazañas reseñadas en su libro es diversa. Las torturas y malos tratos hacia enemigos fue algo generalizado en ambos bandos. La masacre de prisioneros de guerra o las violaciones de féminas por el solo hecho de estar en el lado contrario fueron hechos que se realizaron y que vemos que en la actualidad sigue siendo algo común en los conflictos a través de todo el planeta. La persecución por el hecho de pensar distinto o de haberte relacionado con el enemigo tampoco faltó. Sobre el abuso que se llevó a cabo en contra de indios y negros es otro asunto de mucha importancia y que en la historia oficial no se presenta. En este punto, se puede mencionar la guerra del Ejército Continental en contra de los indios iroqueses, la cual fue dirigida a la destrucción de este grupo étnico, algo que el autor nos indica que podría ser considerado genocidio en nuestros días.

Debemos destacar que la guerra, cualquier guerra, implica muerte, no solo en el campo de batalla, sino que esta se materializa sobre la población civil, quienes, al final sufren mucho más que los militares, ya que no están acondicionados a vivir estas desdichas. En el caso de este conflicto, su estatus de guerra civil, no aceptado de manera oficial, nos lleva a pensar que tan encarnizada pudo ser. En fin, la obra de Hoock nos presenta una lectura clara y honesta sobre lo que implican los conflictos armados, algo que es obviado para dar paso a narraciones heroicas dirigidas a un fin político social.

Nota editorial: La versión original de este artículo fue publicada por El Post Antillano el 25 de enero de 2024.

jueves, 1 de agosto de 2024

Asalto al poder en los Estados Unidos: trayectoria histórica

Asalto al poder en los Estados Unidos: trayectoria histórica

Pablo L. Crespo Vargas

El asalto al Capitolio federal estadounidense el 6 de enero de 2021 puede ser visto como un intento de golpe de estado o insurrección realizado por un grupo de individuos y organizaciones que consideraban que el presidente Donald Trump debía quedarse en el poder. Las teorías de cómo se realizaron los eventos de ese día son varias. Existen los que consideran que llamar insurrección a lo que pasó es una exageración. Para estas personas, lo que hubo fue una manifestación pacífica con ciertos desaciertos gracias al mal manejo realizado por los efectivos de seguridad del Capitolio. A su vez, otros justifican mencionando, y aun creyendo, que las elecciones le fueron robadas a Trump.

Independientemente su creencia sobre lo que ocurrió el 6 de enero de 2021 en Washington D.C., no se puede negar que fue un acontecimiento donde se utilizó la violencia para lograr los objetivos que deseaba cada bando. Esto contracta con el mito de que la gobernanza estadounidense se rige por un orden establecido basado en leyes que son justas e imparciales, que imposibilitan actos de violencia dentro de sus instituciones. Claro, el golpe de estado no se completó, tampoco el presidente Trump pudo mantener su posición como primer mandatario de la República de los Estados Unidos. 

Ahora bien, ¿tenemos evidencia de otros atentados o intentos de desestabilización política dentro de los Estados Unidos en su historia? o ¿estos acontecimientos solo ocurren en los llamados países del tercer mundo? La realidad es que al hacer una búsqueda dentro de la historia estadounidense podemos encontrar una serie de revueltas o intentonas de golpes de estado y remoción de gobiernos por uso de la fuerza en esferas federales, estatales y municipales. Pasaremos a nombrar algunos de ellos, y quizás, más adelante los reseñemos con mayor profundidad.

Cronológicamente hablando, una de las supuestas primeras conspiraciones para tomar el gobierno fue la que se dio en Newburgh (New York) entre oficiales del Ejército Continental —fuerza armada de las colonias británicas en Norteamérica en su guerra de independencia— en marzo de 1783, dado a la falta de paga a los militares. Sobre este evento hay un debate histórico en cuanto a cuáles fueron las expectativas y si en realidad hubo una intención más allá de la protesta. No se puede negar el desencanto que muchos militares tuvieron por el hecho de que el Congreso no desembolsó el dinero a tiempo para saldar su deuda y la importancia de la intervención de George Washington, general en jefe de las fuerzas, para evitar una rebelión. Años luego, entre agosto del 1786 a febrero de 1787 se da la Rebelión de Shays, nuevamente, el detonante fueron los problemas económicos y sociales que se estaban dando en la recién formada nación. En el siglo XX, específicamente entre 1933 a 1934, y surgido de la testificación realizada por el general Smedley Butler (de la Infantería de Marina) se conoció de una supuesta conspiración entre dueños de grandes empresas para derrocar al presidente Franklin D. Roosevelt e instalar un gobierno fascista en los Estados Unidos.

Imagen de insurgentes escapando de tropas federales en Springfield (1787) de C. Kendrick, publicada en Edward Sylvester, The People’s History of the World, v. vi. (imagen de dominio público).

En las esferas estatales también ocurrieron levantamientos y enfrentamientos que en términos de pérdidas humanas y económicas fueron mayores que las mencionadas en los párrafos anteriores. En Rhode Island, entre 1841 a 1842, Thomas Wilson Dorr, no solamente trató de tomar el gobierno, sino que creó un sistema de gobernanza paralelo que tuvo que ser enfrentado por el gobierno estatal, sin la ayuda del gobierno federal. Entre abril y mayo de 1874, en Arkansas, se dio una guerra civil entre el gobernador republicano (Elisha Baxter) y un pretendiente a la gobernación del mismo partido (Joseph Brooks). Las intenciones de este segundo fueron frustradas, aunque la cantidad de víctimas mortales sobrepasó las 200 personas. Ese mismo año, en septiembre, un grupo de supremacistas blancos conocidos como la Liga Blanca tomó la ciudad de New Orleans (Luisiana), por lo cual tropas del gobierno federal tuvieron que intervenir y recapturar la ciudad. En 1931, nuevamente en Luisiana hubo una disputa por la gobernación que terminó con la movilización de la Guardia Nacional del estado. Tan reciente como el 2020, un grupo de extrema derecha, conocido como The Wolverine Watchmen, planificó el secuestro de la gobernadora, Gretchen Whitmer, y el derrocamiento del gobierno estatal de Michigan; sin embargo, la conspiración fue descubierta por el Negociado Federal de Investigaciones (FBI en sus siglas en inglés).

A los actos ya comentados, debemos incluir los intentos de derrocamiento que se produjeron en gobiernos municipales. Entre 1886 a 1887, dos facciones del Partido Demócrata lucharon por el control del gobierno del condado de Fort Bend, en Texas. En 1898, la ciudad de Wilmington en Carolina del Norte fue escenario de una lucha de poder entre supremacistas blancos y una coalición de negros y blancos que se llamó Partido Fusionista. En ambos ejemplos, las facciones supremacistas, que no gobernaban, terminaron derrocando a los gobiernos integracionistas, sin que el estado o el gobierno federal interviniese. Al igual que los ejemplos ya presentados hay otros que podremos discutir luego.

Nota editorial: La primera versión de este artículo fue publicada en El Post Antillano el 13 de enero de 2024.

miércoles, 3 de julio de 2024

Civil War: ¿premonición en una sociedad en crisis?

Civil War: ¿premonición en una sociedad en crisis?

Pablo L. Crespo Vargas

El pasado 20 de abril de 2024, Daniel Nina reseñó la más reciente película del director inglés Alex Garland, Civil War. En su escrito, Nina nos indica que parte de su curiosidad era ver cómo “Hollywood (…) se plantea la guerra civil [estadounidense] como una opción de futuro”. De hecho, esa misma curiosidad debieron tener muchos de los que fueron a verla, ya que estamos acostumbrados a que “Hollywood” nos presente su imagen sobre las guerras en otros lugares, sean estos Afganistán, el Medio Oriente, África, Latinoamérica y hasta en el espacio sideral, pero en muy limitadas ocasiones ocurre dentro de las fronteras del propio país, haciendo la salvedad de la gran cantidad de películas producidas sobre la Guerra de Secesión y su variedad de temáticas. Otra excepción a esta visión son las películas de escenarios hipotéticos donde los Estados Unidos es invadida o atacada: Red Dawn (1984, 2012) e Invasion USA (1985). No obstante, estos son de los pocos ejemplos donde una potencia enemiga es colocada realizando una incursión en contra del territorio imperial. Son más las producciones que tipifican al invasor como extraterrestre: The Day the Earth Stood Still (1951), Independence Day (1996), War of the World (2005), Battle: Los Angeles (2011) y Battleship (2012), aunque su número sigue siendo reducido es más fácil imaginarse ese escenario que el propio de una guerra civil en momentos actuales. Existen algunas series que también se van por esta línea como V (1983 y 2009) y Jericho (2006-2008), la primera de tema extraterrestre y la segunda presenta un conflicto interno luego de una guerra mundial nuclear. En literatura es otro cantar, pero no es el tema que analizamos ahora. A continuación, presento mis impresiones sobre Civil War basado en lo que está ocurriendo en el Imperio actualmente y cómo el director jugó con ello para ponernos a reflexionar. Se advierte de que se estén revelando partes de la película.

Cartel de estreno de la película Civil War
Derechos de la imagen pertenecen a 24A Film
Uso de la imagen bajo el contexto de los comentarios críticos sobre la obra

Primeramente, Civil War es un filme con temática que nos lleva a reflexionar sobre las atrocidades y sufrimientos de la guerra. Se ven fosas comunes, bombardeo de civiles, ejecuciones, fusilamientos, desplazados, campamentos de refugiados y hasta organizaciones no gubernamentales dando alivio a la población civil. Muchas de las escenas parecen que ya se han visto, pero en otros escenarios geográfico y reales. A esto, el director evita que el espectador se posicione con alguno de los bandos. La crueldad y el sufrimiento, en los conflictos reales, se dan con facilidad en todos los grupos y Garland está consciente de ello. Hablando sobre bandos, Civil War nos presenta que la Nación estadounidense está dividida en, al menos, cuatro entidades: los estados leales a Washington DC, las Fuerzas Occidentales (California y Texas), la Alianza de Florida (estados del sureste de la zona continental) y el Nuevo Ejército del Pueblo (estados del noroeste y centro con inclinación aparentemente maoísta). Para muchos fue sorprendente y hasta contradictorio el unir a California y Texas que, aunque son los estados con mayor poder económico —cada uno podría ser un país soberano sin ningún problema—, sus posturas actuales tienden a ser un tanto diferentes. En California dominan los demócratas y, para muchos, movimientos de izquierda; mientras que en Texas el sistema es administrado por republicanos y conservadores. En todo caso, se demuestra la intención del director de no polarizar su película en la lucha política actual estadounidense y por eso prefiere esa unión, que hoy parece imposible.

El propio ritmo de la película busca evitar el que los espectadores desarrollen lapsos de empatía o apatía con los protagonistas, quienes no son el centro del filme. De hecho, los personajes, según muchos críticos, no están desarrollados, pero nuevamente, el director lo hace adrede. Se debe resaltar que la cinta tiene un tono de película de carretera, ya que inicia en New York City y termina en Washington DC, viendo en el trayecto una diversidad de situaciones que nos ponen a pensar reflexivamente.

El propio inicio, el bombardeo a civiles, situación que vemos en la actualidad que ocurre en Medio Oriente y en Europa Oriental, ya nos presenta la tonalidad de lo que veremos más adelante. Iniciado el viaje, el grupo llega a una estación de gas, allí nos enteramos de lo que pasa con la economía de un país en guerra: su moneda cae al punto que un emparedado cuesta $300. Los protagonistas, conociendo esto de primera mano, pagan con moneda canadiense. De allí se pasa a presentar el oficio de corresponsal de guerra en el momento que milicianos antigubernamentales recapturan una edificación controlada por las fuerzas de Washington DC. La siguiente escena presenta a un grupo de francotiradores enfrentándose a otro. Nunca se sabe de qué bando son, cada grupo asume que el otro lo quiere aniquilar y su enfrentamiento pasa de ser de uno ideológico a uno por la sobrevivencia. Posiblemente, esto es lo que viven la gran mayoría de militares que han tenido que participar de combate: matas o mueres, si no cumples con el primero, terminas en el segundo. Claro, esto dicta mucho de discurso propagandista de morir por mi nación, patria, dios o ideología, el cual es muy trillado, irreal y que solo cabe en la mente de fanáticos. También existe el discurso que se presenta con la obstinación del que se cree superior y confía en que el otro morirá por lo que quiera y que él está facultado a hacer cumplir ese deseo.

Regresando a Civil War, pasamos a una de las escenas de mayor tensión, la cual es interpretada por Jesse Plemons —actual esposo de Kirsten Dunst (la periodista veterana y posible principal actriz de la película)—. Plemons hace el papel de un miliciano ultraderechista, que discrimina por el origen de sus cautivos para decidir quién muere o no. Entre la tensión, la rapidez de la escena y la manera de cómo se llega a ella, el espectador termina sintiendo una muestra muy realista de los horrores de la guerra. Termina la película en el asalto a la capital, escenas que los amantes de las películas de guerra esperaron desde el principio del filme. Estas escenas podrían parecer heroicas, pero, nuevamente, demuestran lo destructivo que es la guerra con la caída de vidas humanas, que en ese escenario no tienen valor, y de monumentos, que posiblemente sean más sufridos que las pérdidas humanas.

No puedo dejar de mencionar que el sonido de los disparos, el ruido de las máquinas de guerra y las interpretaciones musicales combinando situaciones tétricas con melodías que no compaginan con ellas son parte de los recursos que utiliza Garland para traernos a consciencia que al final la guerra es destrucción, sufrimiento y muerte; que las ansias de poder, el egoísmo y el fanatismo nos llevan a ellas; que unas situaciones arrastran a otras; y que cuando no se tiene otra opción —aunque dicen que siempre las hay—, la muerte termina glorificándose, aunque la realidad es que ya muerto no importa. Reflexionemos.

Versión original de este artículo fue publicado en El Post Antillano el 8 de mayo de 2024. 

sábado, 22 de junio de 2024

La equidad tiene esencia de mujer

La equidad tiene esencia de mujer

José E. Muratti Toro

La hegemonía, más que masculina, chovinista del ala ultraconservadora del Tribunal Supremo de los EEUU, se ha comenzado a resquebrajar.  El originalismo, esa perspectiva que arguye que la Constitución solo se puede interpretar desde los significados explícitos e implícitos del momento histórico en que se concibieron y redactaron, se ha convertido en una ideología que adjudica legitimidad y legalidad a sus decisiones en base a la intención original de los fundadores al redactar los artículos y enmiendas.

Tribunal Supremo de los Estados Unidos
Imagen de Joe Ravi, licencia CC-BY-SA 3.0
El mejor ejemplo es el derecho a poseer y portar armas, contenido en el segundo artículo de la Constitución. En aquel momento histórico, las Trece Colonias, administradas hasta ese momento por la Corona británica, que era un ente represivo contra la ciudadanía y defendía toda ley, sin importar su legitimidad, mediante la fuerza militar. Al redactar su constitución, los fundadores concedieron la posesión y portación de armas como un derecho ciudadano para protegerse de un potencial estado represivo, fuese por la restitución del poder imperial o por un poder estatal que adoptase sus prácticas. Los trece estados, retendrían el derecho a protegerse por las armas de un gobierno dictatorial.

Simultáneamente, los colonos seguían apropiándose las tierras de las primeras naciones indígenas, las cuales defendían su derecho a estas también por las armas. Los colonos invasores requerían las armas para "protegerse" de los indios "hostiles".

Ese es el contexto histórico. Hoy día, los ciudadanos no necesitan organizarse en milicias armadas para protegerse de un gobierno imperial y represivo, sobre todo porque se ufana de tener la democracia con el más poderoso ejército del planeta.

Sin embargo, la manufactura y venta de armas de fuego se ha convertido en un negocio multibillonario que aporta tanto a los políticos electos, que éstos no osan aprobar leyes que restrinjan la venta de armas, incluso en el contexto de las múltiples masacres ocurridas en las pasadas décadas.

El ala ultraconservadora masculina del Supremo no quiere coartar el derecho a portar armas de personas que han sido calificadas como pacientes mentales o autores de violencia doméstica. El argumento es que, en sus orígenes, el derecho a portar armas no gozaba de esas restricciones. Claro, tampoco había ametralladoras o rifles automáticos, una amplia población diagnosticada como pacientes mentales, ni ocurrían masacres contra civiles inocentes y niños.

Es evidente que el ala masculina del Supremo se identifica con los políticos ultraconservadores que deben gran parte de sus fondos de campañas eleccionarias a los fabricantes de armas y a un sector de electores que no tolerarían que se coartase su derecho a poseer e incluso portar sus armas.

Coney Barrett, como mujer, reconoce el peligro que representa para las mujeres que hombres convictos por violencia doméstica retengan su derecho a poseer armas. Este despertar a la inclinación del ala masculina del Supremo a fallar a favor de los sectores más conservadores independientemente de los méritos de los casos ante ellos ha colocado a la juez católica, nombrada por Trump, del lado de las tres juezas liberales nombradas por Obama y Biden, al menos en algunos de estos asuntos, pues votó para revocar Roe vs Wade.

La polarización social que se experimenta sobre todo en Occidente no solo enfrenta conservadores contra liberales. También cada vez más enfrenta hombres contra mujeres. Ya hay estadísticas que revelan que los jóvenes varones se identifican más con los conservadores y las jóvenes con los liberales.

La lucha de los hombres por retener los privilegios de su hegemonía histórica en el terreno legal, político y económico no sólo agudiza la violencia de género, sino que alinea a los hombres con posiciones y organizaciones ultraconservadoras cuyas agendas, sobre todo económicas, militan en contra de los hombres asalariados que tanto las defienden.

¿Representa Coney Barrett un sesgo, una leve inclinación hacia el centro dentro del Supremo? ¿Podrá una sola mujer conservadora mantener a raya a los jueces a todas luces atrincherados en la derecha? ¿Podrá Roberts, como juez presidente, atajar a los varones ultraconservadores y alinearse en algunos asuntos pendientes ante el Tribunal con las mujeres liberales? ¿Estará la sociedad estadounidense abocada a una polarización ideológica complementada por una polarización por género? ¿Podrá el frágil ego masculino lograr consensos con el cada vez más robusto ego femenino? ¿Preferirá el ego masculino hundir el barco a compartir el poder con su contraparte femenina?

Las posturas, aunque aún tímidas y pequeñas, de Coney Barrett provocan un aliento a la esperanza de que la equidad, en todos los contextos, prevalezca por sobre los múltiples privilegios que tienden a acumularse en exclusividad entre los protagonistas masculinos, caucásicos y acaudalados.

De la esperanza vive el cautivo y los marginados de la tierra.