Mostrando las entradas con la etiqueta Latinoamérica. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Latinoamérica. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de noviembre de 2025

José Inácio Abreu e Lima

José Inácio Abreu e Lima

Pablo L. Crespo Vargas

Batalla del Pantano de Vargas
Luis Rengifo - Universidad EAFIT

Declaraciones del presidente venezolano, Nicolás Maduro, sobre su intención de que el general brasileño José Ignacio Abreu y Lima (José Inácio de Abreu e Lima) lidere tropas de Brasil para liberar a Puerto Rico de su relación con los Estados Unidos, provocaron que un reducido número de puertorriqueños se escandalizasen y mostraran preocupación sobre la posibilidad de que este héroe de las guerras de independencia suramericanas regresara de la tumba, junto a sus tropas, para terminar lo que Simón Bolívar dejó inconcluso.

Mientras algunos, incluyendo a la gobernadora de Puerto Rico, Jennifer González, y líderes anti-Maduros estadounidenses, levantaron bandera y pidieron que la metrópolis interviniera ante una posible invasión, otros líderes políticos estadounidenses y puertorriqueños, no solo conociendo la retórica del líder venezolano, sino que entendiendo las complejidades de la política internacional actual y teniendo un conocimiento sobre historia, tomaron estas declaraciones en forma de broma.

Sobre el punto retórico, al igual que hace el presidente estadounidense, Donald Trump, Maduro utiliza la hipérbole y el lenguaje matizado con violencia para marcar su paso y dejar saber que no temerá llegar a las últimas consecuencias. Ambos mandatarios utilizan la amenaza para luego desescalar y terminar negociando aspectos que les favorecen. Claro está, el gobierno estadounidense tiene un poder de persuasión internacional mayor que el venezolano.

En cuanto a la complejidad de la política internacional, creer que Brasil, país gobernado en este momento por un presidente de izquierda, Luiz Inácio Lula da Silva, estaría dispuesto a una empresa como tal es estar completamente enajenado de las diversas situaciones que se están dando en la esfera internacional. De hecho, el gobierno brasileño ha sido, al igual que otros de izquierda, crítico de la falta de transparencia que se dio en las pasadas elecciones en Venezuela (julio de 2024). A esto hay que sumar el veto que Brasil realizó, en octubre de 2024, para evitar que Venezuela entrara a la organización alterna de estados internacionales BRICS. Las razones para este veto estaban relacionadas con los resultados de las elecciones venezolanas. Sin embargo, se debe señalar que el presidente brasileño ha mantenido un equilibrio entre el diálogo diplomático y su condena a las actividades antidemocráticas del régimen de Maduro. Al momento, los únicos aliados incondicionales que le quedan al presidente Maduro son Cuba y Nicaragua.

En el aspecto histórico, lo que más llama mi atención es ver cómo se evoca a una figura fallecida hace 156 años y se utiliza como arma psicológica para provocar miedo y temor de una posible invasión. En este momento, no ha de extrañar que esta táctica, muy común en la Guerra Fría, siga siendo utilizada en el Puerto Rico del siglo XXI. Las pasadas elecciones fueron un excelente ejemplo de ello cuando se evocaba al comunismo para demonizar a la oposición. Se llegó al punto de que hubo personas que hasta pensaron que figuras como Fidel Castro y Hugo Chávez no habían fallecido y estaban a la espera, en algún lugar oculto, de ser llamados para invadir Puerto Rico. Ya que mencionamos el aspecto histórico, pasemos a conocer a esta figura, que algunos puertorriqueños ven como una amenaza, aunque su historia está ligada a situaciones de hace más de un siglo.

José Ignacio Abreu y Lima nació en Recife, Brasil, en 1794. En 1818, luego de la ejecución de su padre por ser revolucionario, sale de su país natal y viaja a los Estados Unidos. De allí pasa a Venezuela y se integra al ejército de Simón Bolívar. Participó en diversidad de campañas militares a través de Nueva Granada, Venezuela y Perú. A esto, fue masón, redactor del periódico Correo del Orinoco y cofundó el periódico La Torre de Babel. Abreu fue un ferviente creyente de las ideas de unión bolivariana para toda América y seguidor de Simón Bolívar. Luego de la muerte de este último, fue degradado militarmente y expulsado de Nueva Granada, viajando por Estados Unidos y Europa antes de regresar a Brasil. En su país natal, apoyó el establecimiento de la monarquía constitucional, aunque luego siguió las ideas del socialismo de la época. Pasada la revuelta liberal de 1848 en el estado de Pernambuco (Brasil), es encarcelado por casi dos años. Al ser liberado en 1850, decide dedicarse a la escritura y promoción de sus ideas de libertades sociales. Por último, muere en 1869 y es enterrado en un cementerio para ingleses, ya que la iglesia prohibió su enterramiento en los campos santos católicos.

Entre las batallas en las que participó bajo el mando de Simón Bolívar están: Pantano de Vargas (25 de julio de 1819), Boyacá (7 de agosto de 1819), Carabobo (24 de junio de 1821 y Lagos de Maracaibo (24 de julio de 1823).

Nota: La versión original de este artículo fue publicada por primera vez en El Post Antillano, 18 de enero de 2025.

viernes, 1 de marzo de 2019

La especialidad de la casa (introducción al libro A la mesa del tirano)


LA ESPECIALIDAD DE LA CASA
Milagros Santiago Hernández

La literatura se alimenta de la experiencia del mundo.
Antonio Muñoz Molina

Para adquirir en amazon
El cuchillo se desliza grácilmente sobre la carne tierna a media cocción al compás del suave balanceo pélvico del chef más “trendy” de Instagram.  El recién estrenado tirano, a su vez, fuma con fruición y exhibe, sobrepuesta sobre su vientre, una camiseta con la imagen del excéntrico cocinero realizando su icónico acto de prestidigitación de sal. En el ínterin, al otro lado del mundo, continúa el éxodo de miles de personas para quienes comer es asunto de supervivencia y no un espectáculo mediático.

Esta escena, absurda por demás, forma parte de nuestra reciente realidad latinoamericana. Los personajes en cuestión son el cocinero turco Nusret Gökçe, mejor conocido en las redes sociales como Salt Bae, rey de la carne, y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Mientras tanto, los ciudadanos venezolanos, echando mano al humor acerbo, denominan al hambre que los acucia «la dieta de Maduro».

Dicotomías sociopolíticas como esta, independientemente de quién las haya cocinado, han dado paso a la novela de la dictadura, género que ocupa un lugar importante dentro del canon literario de Hispanoamérica. En esta, se hace una reinterpretación y reconstrucción, tanto de la figura del tirano —de cuya enigmática personalidad se han nutrido las letras hispanoamericanas desde mediados del siglo XIX— como de las luchas de poder dentro y fuera de los sistemas políticos totalitarios. Para tales efectos, se sirve de las referencias gastronómicas, no solo como mero recurso descriptivo o antropológico, sino como metáfora, alegoría y metonimia del autoritarismo.

En las novelas de la dictadura que son el objeto principal de este estudio La carne de René (1952) de Virgilio Piñera; Yo el Supremo (1974) de Augusto Roa Bastos, y El otoño del patriarca (1975) de Gabriel García Márquez, las referencias a la gastronomía son considerables. Estas constituyen, su gran mayoría, metáforas de la prepotencia política, aparte de jugar un papel fundamental en la construcción y deconstrucción, no solo del poder dictatorial, sino del texto en sí.

La creación de los personajes, a su vez, está cimentada básicamente en el uso de referentes gastronómicos. De esta forma, lo que comen o dejan de comer, el modo y la frecuencia con que se ingieren los alimentos, los cambios en los hábitos alimentarios y de sobremesa, así como la imposición de dichas prácticas de unos sobre otros, determinan muchas veces la evolución de los actantes y los giros de la trama. Estos aspectos, además, son fundamentales en la construcción del discurso político, aparte de estar vinculados a la violencia y a la trascendentalidad mítica del dictador. En resumen, la presencia del recurso gastronómico es un aspecto que no debe pasar inadvertido a la hora de analizar el alcance del tema de la dictadura en la literatura hispanoamericana.

En La carne de René, por ejemplo, la mención del tema gastronómico a nivel ensayístico es abundante. Sin embargo, su vinculación con la opresión política no es tan evidente. En la mayoría de los casos, el estudio de la cuestión contempla asuntos como el homoerotismo, el asedio del cuerpo, el masoquismo, la abyección, la carnavalización y la novela de aprendizaje, a pesar de que dichos aspectos están enclavados dentro de una dictadura subliminal y omnipresente. Por tanto, en el siguiente análisis, estos y otros ángulos son escudriñados como una alegorización o enmascaramiento de la dictadura mediante el uso de la metáfora gastronómica.

Roa Bastos, por su parte, presenta toda una deconstrucción del poder dictatorial y de las instituciones que lo representan mediante la elaboración de un texto que se devora a sí mismo. Recurre, además, a un sinnúmero de metáforas gastronómicas para plantear la magnitud del poder omnímodo del dictador, especialmente desde el aspecto mitológico. A pesar de ello, el examen del poder de la dictadura en Yo el Supremo se basa mayormente en el ciclo del héroe, la intertextualidad, el palimpsesto y el análisis del discurso desde la escritura y la oralidad, haciendo énfasis, principalmente, en los aspectos lingüísticos y la deconstrucción del mismo. De igual manera, abundan estudios acerca de la temporalidad, la veracidad y la (de)construcción de la historia oficial.

La mayoría de los trabajos consultados, a su vez, abordan los aspectos retóricos vinculados al poder desde el análisis neurolingüístico. Por consiguiente, intento demostrar que la historicidad, el poder de las instituciones del estado, las relaciones políticas, la caracterización de los personajes, y hasta el mismo proceso escritural, están representados en términos gastronómicos.

En El otoño del patriarca, por ejemplo, se han trabajado ampliamente los aspectos lingüísticos, narratológicos y temáticos, privando en estos acercamientos los asuntos de índole patriarcal, mitológica, histórica, carnavalesca, temporal, religiosa, sexual, escritural y discursiva. También son comunes los análisis cuyos enfoques se centran en el manejo de lo grotesco, la construcción y la decadencia del poder. El propósito de esta investigación, no obstante, es analizar, desde una perspectiva gastrocrítica [1], dichas oscilaciones dictatoriales.

El primer capítulo, «Dictaduras en su tinta», sirve de plato de entrada para explorar la presencia y consistencia del tema gastronómico como metáfora y alegoría del poder en varias novelas hispanoamericanas de la dictadura. El mismo abarca, a modo de muestrario, un periodo que comprende desde la publicación de «El matadero» (1871) de Esteban Echeverría hasta La nada cotidiana (1995) de Zoé Valdés.

«Ingredientes para cocinar una dictadura», por su parte, trata la construcción y deconstrucción de las instituciones de poder  en las tres obras medulares de este trabajo. Se analizan, primordialmente, el papel de la milicia y la iglesia, dos componentes básicos de la receta de la autoridad política, la causa revolucionaria, el sistema panóptico como método represivo, las relaciones internacionales y, como es natural, la figura del dictador como representante del poder organizado.

El capítulo tercero, «Gastronomía y patriarcado», analiza el tema de la mitología y los símbolos religiosos que se presentan en las alusiones gastronómicas de los tres textos estudiados. Además, expone el modelo de la estancia como alegoría del sistema dictatorial en El otoño del patriarca, así como el uso de la metáfora gastronómica para plantear el esquema del poder eclesiástico y su desacralización.

El cuarto capítulo, «Con la sartén por el mango», corresponde a la utilización del elemento culinario como arma por parte de las mujeres del patriarca para transformar la personalidad del tirano y su estilo de gobierno. De igual modo, se exponen los relevos de poder entre estas y el dictador, así como el proceso de construcción del personaje patriarcal a partir de sus hábitos alimentarios y escatológicos, ambos vinculados a su sexualidad.

Por último, el capítulo «Banquete carroñero» aborda los asuntos de la escatología, antropofagia y autofagia, no solo como manifestación de la atrocidad, decadencia y degradación del poder dictatorial, sino también como mecanismo cíclico y regenerador de las dictaduras y de la consolidación mítica del dictador.

¡Pasemos a manteles!



[1] En su libro Devorando a lo cubano-una aproximación gastrocrítica a textos relacionados con el siglo XIX y el Período Especial (2012), la Dra. Rita de Maeseneer explica que la palabra gastrocrítica fue acuñada por el estudioso de literatura francesa Ronald Tobin en 1990 y se refiere a los distintos significados que tienen en una obra literaria las referencias del comer y del beber. A principio del texto, Maeseneer hace una síntesis abarcadora en la que ofrece una cronología del término desde su etimología hasta los distintos estudios realizados sobre el particular (Maeseneer 17-27).

martes, 18 de diciembre de 2018

Prólogo a Discurso nacional del clero durante la revolución colombiana


Prólogo a Discurso nacional del clero durante la
revolución colombiana, 1810-1825
Pablo L. Crespo Vargas

Para adquirir por amazon
La historia, como muchas otras disciplinas del saber humano, presenta un análisis desarrollado a partir de unas inquietudes que surgen de los individuos que la estudian. Las mismas son el producto de la interacción social, cultural y, en algunos casos, económica que estas personas tuvieron a través de su evolución como sujetos. En el caso de los historiadores puertorriqueños, la inmensa mayoría de ellos evita temas fuera de lo que sería su entorno nacional. Las razones son diversas, aunque pudieran ser enumeradas, no serán discutidas en este prólogo. Lo importante en este momento es ver que una novel historiadora puertorriqueña, Brenda Lee Cintrón Torres, producto del Programa Graduado de Historia de la Universidad Interamericana de Puerto Rico[1], decidió dejar a un lado temas insulares para estudiar un problema histórico desarrollado al otro lado de nuestra orilla caribeña, en lo que hoy conocemos como Colombia. Sin embargo, debemos hacer hincapié de que el tema trabajado por la autora, aunque está fuera de nuestros límites geográficos, sí es pertinente para la comprensión histórica de Puerto Rico por las similitudes que se podrían encontrar en los hallazgos de esta investigación y el análisis de este tema en Puerto Rico.

Colombia, como entidad político territorial, en diversos momentos históricos perteneció o fue conocida por otros nombres como veremos más adelante. Primeramente, con la llegada de los castellanos, la zona fue bautizada como el Reino de Nueva Granada (o Nuevo Reino de Granada), administrativamente hablando desde 1570 fue establecida la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá, la cual estuvo como ente principal de la política imperial española en el área hasta 1718. A partir de este último año se instituyó el Virreinato de Nueva Granada. El mismo fue abolido, como parte de las luchas de independencia, en el 1811, pasando la zona a constituirse en la Federación de las Provincias Unidas de Nueva Granada[2], las cuales sucumbieron ante la reconquista española en el periodo de 1815 a 1816. No es hasta 1819 que se establece la República de Colombia, la cual para diferenciarla de su constitución actual ha sido llamada la Gran Colombia.[3]

Dentro de este menjurje[4] político y territorial hubo una sociedad que vivió una serie de situaciones que son base de esta investigación. El tema central de la obra es el discurso presentado por los eclesiásticos católicos, tanto del lado liberal e independentista como del lado conservador y realista, durante el periodo de luchas por la independencia y años posteriores en esta zona (1810-1825).

Este periodo de estudio es muy significativo, ya que la región vivió en la incertidumbre mientras la sociedad decidía que rumbo seguir, a la vez que se buscaba justificar de una manera u otra la decisión a tomarse. Al igual que pasó en otras regiones, y aún pasa con los países con estatus colonial (aquí es que entra Puerto Rico), la decisión de separarse o continuar la relación de dependencia política con la metrópoli fue parte de unos procesos ideológicos (y económicos) que fomentaron continuos enfrentamientos y la presentación de puntos de vista divergentes que fueron utilizados por cada bando según su conveniencia.

La doctora Cintrón Torres presenta una excelente combinación de fuentes primarias y secundarias que demuestran un trabajo investigativo de gran calibre académico. Entre las fuentes primarias que utiliza están los epistolarios de los gobernadores y obispos, las diversas colecciones de catecismos, crónicas, memorias, manifiestos, dictámenes, manuales de instrucción, colecciones de oraciones religiosas, novenas, sermones, discursos eclesiásticos y periódicos; todos del periodo estudiado.

El análisis presentado nos lleva a visualizar una sociedad que culturalmente hablando mostraba un arraigo bien marcado sobre las creencias religiosas que, aunque sincretizadas, demostraban un apego solido hacia el catolicismo español, establecido desde los comienzos de la conquista y colonización. La profundidad con la que el pueblo mantenía su fe evitó que la llegada de corrientes ilustradas y liberales, las cuales en principio estaban en contra del poder eclesiástico, se desarrollara en una actitud que de manera general era anticlerical. No obstante, vemos que dentro de la propia Iglesia se dio una división ideológica entre los que apoyaban la soberanía del monarca español y los que buscaban la independencia de la metrópoli.

La autora nos presenta los diversos puntos de vista y cómo cada bando utilizando básicamente las mismas herramientas pedagógicas y doctrinales crearon el andamiaje necesario dentro del sistema eclesiástico para apoyar una serie de posturas. También se demuestra como los líderes políticos aprovecharon sus alianzas con el clero para adelantar sus agendas y utilizar al pueblo en su beneficio. La población en general mantenía en alta estima a sus líderes religiosos y las posturas que estos respaldaran terminaban siendo las que sus oidores seguían.

En el análisis que la doctora Cintrón Torres realiza trae un punto que muchas veces se obvia o no se menciona en la historiografía hispanoamericana referente a la independencia y es que la misma fue una guerra civil, donde los locales se dividieron en dos bandos tanto para la lucha independentista (los que apoyaban al rey y los que luchaban por la independencia) como para el periodo posterior (conservadores y liberales). Claro, la intervención de la metrópoli es palpable, pero el grueso de los involucrados provenía del ámbito local.

Este tipo de argumento también es trabajado en los más recientes estudios sobre la independencia de los Estados Unidos.[5] En ambos casos, se contradice la mitificación creada con el fin de unificar el país y de establecer un sentimiento nacional de que la lucha fue en contra de unos invasores, por lo cual todo el pueblo se unió. Esta idea nos lleva a creer que la guerra de independencia fue un conflicto entre dos grupos completamente diferentes, lo cual no necesariamente fue así.

En esta misma línea, la autora replica a otro mito, el que indica que los miembros de la Iglesia apoyaban tanto al lado realista, durante el periodo de lucha independentista, como al lado conservador, durante el periodo posterior. Debemos ver, y muy bien presentado en la obra, está la situación de que la Iglesia era un reflejo de la sociedad hispanoamericana y que en ella cohabitaban diversas clases o grupos que se diferenciaban por el bagaje social con el que llegaban a la institución. Al igual que ocurría en el pueblo, el individuo (en este caso el clérigo), con las herramientas pedagógicas que tuvo disponible tenía que decidir qué bando tomar. No obstante, no podemos dejar a un lado que la inmensa masa poblacional o llamado pueblo llano se caracterizaba de ser uno que seguía los principios promovidos por sus líderes religiosos. De hecho, en muchas ocasiones se luchaba sin saber el por qué.

La sensación de la crueldad de la guerra también es presentada por nuestra autora, quien está clara de que los atropellos fueron cometidos por ambos bandos, aunque dentro de cada grupo esto no se admitiera. Esto nos lleva a la retórica de presentar a un Dios que protege y apoya a los dos grupos, lo que la autora llama un “Dios que parece ser bipolar”, que es “conservador y aliado a la monarquía, por un lado, y buscador de la libertad de su pueblo contra un tirano que es como un nuevo faraón, por otro lado”. Como podemos apreciar: un mismo “Dios”, dos visiones distintas, algo muy común en la historia occidental. La autora indica que: “Ambos bandos creen que Dios está a su lado, aunque ninguno de los escritores citados explica como Dios puede defender a los guerreros de dos ejércitos que pelean el uno contra el otro” y dar la victoria a los dos a la misma vez. Aunque esto es una situación recurrente en la historia universal, no es un tema que se discuta con tanta regularidad, lo que demuestra un gran sentido de innovación historiográfica de la doctora Cintrón Torres.

Otro aspecto que la autora aprovecha para analizar es la poca sensibilidad que los clérigos demostraron para sus contrarios, siendo estos igual de cristianos que ellos. Este aspecto no nos debe sorprender ya que queda muy bien señalado cómo los miembros de la Iglesia utilizaban los mismos pasajes bíblicos para presentar situaciones y demostrar un discurso que en su fin se contradecía.

La obra está dividida en cuatro apartados. El primero analiza el papel de la Iglesia en Hispanoamérica y Colombia. El segundo trabaja el contexto histórico en el que se desarrolla el proceso de independencia. En él se analizan los efectos de la Ilustración, las Reformas Borbónicas, la insurrección de los comuneros y la de Túpac Amaru, la expulsión de los Jesuitas y la invasión napoleónica a territorio español. Cada uno de estos eventos tiene su repercusión en Hispanoamérica. El tercer apartado trabaja los diversos sermones utilizados para llevar el mensaje de cada uno de los grupos. Por último, se analizan los catecismos, la religiosidad popular, la pedagogía eclesiástica y el uso de la prensa como medios propagandísticos.

En el caso de Puerto Rico, la obra de la doctora Cintrón Torres nos brinda la oportunidad de conocer una metodología que podría ser utilizada para el análisis histórico del pensamiento religioso y su relación con el estatus político de la Isla. La publicación de esta obra se une a otras donde se trabajan aspectos de la historia religiosa del Caribe y Puerto Rico, algo que consideramos muy positivo y que puede alentar a otros investigadores a continuar con los estudios de uno de los aspectos culturales de mayor influencia en la población: las creencias religiosas.

1 de noviembre de 2018




[1] Al momento de escribir el prólogo, el autor, Pablo L. Crespo Vargas, se desempeña como profesor adjunto del Programa Graduado de Historia de la Universidad Interamericana de Puerto Rico. El mismo fue establecido en 2005 y se ha convertido en uno de los principales centros de estudios históricos en Puerto Rico.
[2] Se debe señalar que entre 1811 y 1813 existió el Estado Libre de Cundinamarca, cuyo centro de poder era la ciudad de Santa Fe. Esta república fue liderada por Antonio Nariño, quien creía en un sistema de gobierno centralizado contrario a las pretensiones de la Federación de las Provincias Unidas de establecer un sistema federalizado y parlamentario. Las disputas ideológicas entre ambas entidades políticas culminaron con una guerra que ocurrió entre finales de 1812 a principios de 1813. Teniendo ambas entidades la posibilidad de una reconquista realista, la cual sucedió eventualmente, se unieron para tratar de evitar que los españoles retomaran la zona.
[3] Se debe indicar que el termino Gran Colombia no fue utilizado en su tiempo. Esta diferenciación en el nombre puede deberse a los cambios geopolíticos que sufrió el país a partir de 1826. Se puede indicar que la República de Colombia establecida a finales del 1819 era la base del sueño de unión interamericano que había ideado Francisco Miranda a finales del siglo XVIII y principios del XIX y que luego fue retomada por Simón Bolívar. Contrario a lo que ellos esperaban, las luchas de poder y control entre los distintos grupos gobernantes locales, la falta de un sentimiento dirigido a crear un estado único en Hispanoamérica y los intereses extranjeros provocaron que esta unión nunca se materializara.   
[4] La palabra menjurje, que quiere decir una mezcla de varios ingredientes, es utilizada de manera diferente en al menos tres regiones. Por ejemplo, en España se utiliza mejunje, en el Cono Sur se utiliza menjunje y la que nosotros utilizamos en el Caribe y Centroamérica. Refiérase al Diccionario de la REA para cualquier duda.
[5] Uno de los principales exponentes de esta visión para Norteamérica es Alan Taylor, American Revolutions: A Continental History, 1750-1804 (New York: W.W. Norton & Company, 2017).