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lunes, 25 de septiembre de 2023

Mujer puertorriqueña

MUJER PUERTORRIQUEÑA
Mildred Cardona Rivera

Mujer Boricua


Todas aquí vivimos,
y no hay una igual.
En esta isla de 100 x 35,
de bellezas sin igual.

Mujer de costa dorada,
color a arena y sal,
a brisa marina fresca
cuando mece el palmar.

Mujer de costa caribeña,
sabor a dulce melao,
de sabrosos y sensuales contoneos
que dejas a los hombres tumbaos.

Eres huracán de sensaciones
que arrasa por doquier,
pasiones y emociones
por tu cuerpo han de recorrer.

Hueles a dulce caña,
donde el viento mueve guajanas.
La zafra anuncia la extracción del azúcar
de tus dulces entrañas.

Mujer de campo y montaña,
belleza, dulzura y candor,
pureza que a nadie extraña
acompañada de alegría y esplendor.

Hueles a hierba mojada,
a rocío recién caído,
a frescor en la alborada
y a café recién molido.

Danza, bomba y plena
se notan en tu andar,
sin dejar el areyto
de tu ascendencia sin igual.

Cabellos de pura caoba,
caderas de Cordillera Central,
piernas de tentación que arroban
y boca de perdición virginal.

En tu pecho de suaves marullos,
se es fácil descansar,
y en tu mirada se pierde en la mía
cuando de tus labios sale un ave maría.

Haces de tu vida una misión,
de tus hijos una institución,
de tus convicciones una religión
y de los hombres una inspiración.

¡Eres canto borincano,
hermosa mujer puertorriqueña,
orgullo y jibarita de pura cepa
orgullo de esta tierra!


lunes, 21 de febrero de 2022

Comentarios a Mujeres espiritistas en Puerto Rico

Comentarios a Mujeres espiritistas en Puerto Rico: 1880-1920
Pablo L. Crespo Vargas

Mujeres espiritistas en Puerto Rico: 1880-1920 es la más reciente obra de la Dra. Clara Román-Odio, que al momento ya tiene tres ediciones, la primera fue publicada en Puerto Rico en 2021, se consigue en las distintas librerías del país; la segunda edición fue publicada para su venta en Amazon y una tercera, en el mismo medio, en inglés.

En este libro, la autora presenta y analiza diversos aspectos relacionados a la vida y obra de varias mujeres espiritistas puertorriqueñas que vivieron el periodo entre los siglos XIX y XX, y que pasaron por la transformación social que se dio durante el cambio de metrópolis, de España a los Estados Unidos. Román-Odio discute los escritos que estas pioneras al feminismo presentaron como parte de su legado cultural a nuestra Isla. También aborda las distintas interacciones que hubo entre ellas y el espiritismo como doctrina filosófica que promulgaba el estudio científico de la naturaleza, origen y destino del espíritu.

La obra comienza con un estudio introductorio titulado: El espiritismo y las mujeres en Puerto Rico. Román-Odio demuestra cómo estas mujeres tuvieron que sobrevivir a una sociedad inclinada a invisibilizar la importancia social de la mujer, a la vez que utilizaban los propios principios filosóficos del espiritismo para armarse con las herramientas necesarias para hacer sentir su voz ante un mundo que las marginaba y minimizaba.

Continúa con la presentación del perfil biográfico y la presentación de ocho mujeres espiritistas: Josefa Martínez Torres (1862-1881), Francisca Suárez González ((1861-1925), Simplicia Armstrong de Ramú (1863-1909), Agustina Guffain viuda de Doittau (1870-1929), Lola Baldoni Pérez (1871-1939), Luisa Capetillo Perón (1879-1922), Guillermina Massanet de Fermaintt (1822-1984) y Clara Cardona Cardona (1906-1990).

La obra también presenta un epílogo donde se describe el encuentro y entrevista de la autora con nueve mujeres espiritistas contemporáneas que siguen la tradición comenzada por las pioneras antes mencionadas. Estas son Ana Troche Vargas (1949- ), Nélida González Lebrón (1947- ), Vanessa González Pérez (1968- ), Nydia Lozada Velázquez (1949- ), Luz Nereida Beltrán Rodríguez (1947- ), Aida Cardona Vélez (1934- ), Lidia Román Cardona (1940- ), Lidia Cardona Fuentes (1936- ) y Gilda Mirós (1938- ). Junto a ellas se entrevistó a la historiadora Sandra Enríquez Seiders (1950- ), quien ha estudiado y escrito sobre el tema.

Debemos recalcar que el libro se complementa con un archivo digital que contiene una exhibición virtual donde se podrá encontrar fuente primaria y literaria que ayuda a continuar el estudio de este tan interesante tema: https://digital.kenyon.edu/espiritismo/  



lunes, 7 de junio de 2021

Misoginia: una breve explicación

Misoginia: una breve explicación
Pablo L. Crespo Vargas


La misoginia puede ser definida como el rechazo, odio, prejuicio o temor que la sociedad desarrolla hacia las mujeres. Esta se viene experimentando desde tiempos ancestrales y puede ser vista en la mayoría de las sociedades actuales. Los cambios culturales y de visión social de los últimos 150 años nos llevan a promover una sociedad igualitaria, donde la mujer sea considerada en igualdad con el hombre. No obstante, nuestra inquietud para este escrito es el poder explicar el desarrollo de la misoginia, conducta que consideramos reprochable.

Inquisición e imaginario

La documentación histórica nos indica que, con el desarrollo de las sociedades, la mujer fue relegada a un segundo plano. Las causas para ello pueden catalogarse dentro de dos principales teorías. La primera de ellas indica que, en el proceso de evolución social del ser humano, el hombre desarrolló características que lo llevaron a subyugar a la mujer; entre estas: mayor fuerza física y no tener limitaciones por el parto. Segundo, durante la formación de las creencias religiosas se promovió que el patriarcado se impusiera. Como una respuesta a estas dos teorías y desde el feminismo se presentó la idea de que la misoginia era una postura cultural que podía ser cambiada.

Ahora bien, veamos el desarrollo de la misoginia analizando la mitología taína documentada por los conquistadores. Dentro de las creencias taínas existió una deidad femenina llamada Atabey, que en un principio recibió el culto principal indígena. Atabey era madre, creadora y representaba todo lo natural. Ella parió a Yocahú Bagua Maórocoti, deidad masculina que, según el entendimiento castellano, era la divinidad de mayor adoración en los nativos. Debemos señalar que Atabey no necesitó de un hombre para engendrar a Yocahú.  Por otro lado, Yocahú era el ser representativo de la yuca, base alimentaria de la sociedad caribeña prehispánica. También Yocahú representaba el dominio de los humanos sobre los elementos naturales.

Básicamente notamos el desarrollo de la sociedad indígena en este pequeño fragmento de su mitología. Por un lado, Atabey, ser creador y de lo natural, representó el culto antiguo, cuando los seres humanos interactuaban con la naturaleza en pequeñas bandas nómadas de cazadores y recolectores. Con el nacimiento de Yocahú, se representa como el ser humano comenzó a dominar a su medio ambiente y una de las primeras muestras de esto fue la domesticación de plantas y animales. Los taínos no fueron el único pueblo que comenzó adorando deidades femeninas y que con el pasar del tiempo sus deidades principales pasaron a ser masculinos. De hecho, esta situación es casi universal.

Otra de las preguntas: ¿Cómo el hombre logró subyugar a la mujer? Una teoría es presentada por Mircea Eliade, quien nos lleva a buscar la explicación en la división del trabajo por género. En este caso, el hombre debía de cazar, ya que por su condición física podía alejarse del grupo sin que esto supusiera un riego mayor para la comunidad o para él. A las mujeres se le asignaron tareas que no implicaran tanta fuerza física y que las mantuviera cerca de las áreas comunales para que atendieran a sus crios. Estas tareas podían ser la recolección de frutos menores, yerbas y caracoles.

El oficio de cazador tuvo sus repercusiones. Por un lado, le dio las destrezas necesarias a los hombres para que estos manejaran los instrumentos de caza, los cuales luego también podían ser utilizados para la defensa de la comunidad. A su vez, la guerra y la cacería crearon cambios culturales que promovían que el hombre fuera valiente y agresivo. La mujer, quien debía ser defendida por el hombre, comenzó a ser vista como un miembro débil de la comunidad.

Desde el punto de vista del psicoanálisis, se indica que el hombre es psicosexualmente más frágil que la mujer. Ejemplos de esto son el temor del hombre a la castración, y la seguridad que este pueda tener sobre los aspectos de la paternidad. Debemos ver que la mujer siempre estará segura de quienes son sus hijos dada a la experiencia física y biológica de este acontecimiento, mientras que el hombre debe confiar en lo que la mujer le indica.

Aunque podríamos pensar que la subyugación de la mujer comenzó con el desarrollo de la agricultura, esto no necesariamente es así. En muchas sociedades agrícolas la mujer asumió un papel protagónico ya que fue ella la encargada de hacer funcionar y explotar de manera positiva la nueva forma de subsistencia. Como si esto fuera poco, era la encargada de trasmitir el conocimiento agrícola a las siguientes generaciones.

Con el desarrollo de las religiones estatales, se estableció una predeterminación para ver a las mujeres como seres inferiores. En las tres principales culturas para la formación de nuestra sociedad (judíos, griegos y romanos) se creó la idea de que ellas necesitaban siempre estar al amparo de un hombre. Otra idea desarrollada dentro de estas tres culturas fue que el hombre debía ser cálido, agresivo, riguroso, racional y demostrar fuerza en todo momento. De la mujer se esperaba que fuera fría, pacífica, débil y de gran emotividad.

Las leyes de los antiguos romanos discriminaban grandemente contra la mujer. Por ejemplo, la única niña con derecho a ser educada de manera formal era la primogénita; la mujer siempre estaba bajo la supervisión de un hombre; en delitos como el adulterio y el uso excesivo de vino la mujer era fuertemente reprendida mientras que para el hombre esto no era ningún problema. 

Con el desarrollo del cristianismo, la mujer continuó en un estado de subyugación. No fue hasta la llegada de la modernidad cuando comenzaron a verse cambios en las actitudes hacia las mujeres. Aunque se sigue progresando en la erradicación de la misoginia aun nos falta mucho por mejorar. Para ello es importante la educación.

Algunas referencias al tema:

Anderson, Bonnie S. y Judith P. Zinsser: Historia de las mujeres: Una historia propia [1988], trad. Teresa Camprodon y Beatriz Villacañas, Madrid, Crítica, 2009.

Castellano De Zubiría, Susana: Diosas, brujas y vampiresas: El miedo visceral del hombre a las mujeres, Bogotá, Norma, 2009.

Colorado López, Marta, Liliana Arango Palacio y Sofía Fernández Fuente: Mujer y feminidad en el psicoanálisis y el feminismo, Medellín, Imprenta Gubernamental de Antioquía, 1998.

Crespo Vargas, Pablo L.: El demonismo en el Caribe hispano: Primera mitad del siglo XVII, Lajas, Akelarre, 2014.

_____: La inquisición española y las supersticiones en el caribe hispano: 1610-1632, Lajas: CEISO, 2014.

_____, Albeyra Rodríguez Pérez y Joan Ferrer Rodríguez: Inquisición e imaginario, vol. 1: inquisición, antijudaísmo, demonología y misogínia, Lajas, CEISO, 2018.

Eliade, Mircea: Historia de las creencias e ideas religiosas I: De la edad de piedra a los misterios de Eleusis [1977] Barcelona, Paidos, 1999.

Freud, Sigmund: Teorías sexuales infantiles, 1908, 11 págs., en http://www.biblioteca.org.ar/libros/211796.pdf.

Pané, Ramón: Relación de Fray Ramón acerca de las antigüedades de los indios, edición digital de Wisconsin University en digicoll.library.wisc.edu/cgi-bin/IbrAmerTxt-idx?type=header&id=IbrAmerTxt.Spa0006, consultado el 27 de diciembre de 2014.

Rusell, Jeffrey Burton: Exposing Myths about Christianity, Downers Grove, Illinois, IVP Books, 2012. 

Nota editorial: Artículo originalmente publicado en El Post Antillano, 5 de septiembre de 2020.

martes, 20 de agosto de 2019

Introducción a Presencia femenina en el Ponce del siglo XIX


Introducción a Presencia femenina en el Ponce del siglo XIX
Por Eli D. Oquendo Rodríguez

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Algunos de los relatos históricos que se escribieron entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, por visitantes a la isla de Puerto Rico ofrecen escasas noticias acerca de las mujeres del país. Y en la mayoría de los casos es ya bien para referirse a sus gracias, o carencia de ellas, y a su particular modo de vestir. Fray Iñigo Abad y Lasierra, en 1788, aportaba cualidades positivas y negativas de éstas. Decía al referirse a ellas que eran de buena disposición, fecundas y aficionadas al baile y a correr a caballos.[1] Además, agregaba que eran muy hábiles en ambas cosas. Pero también las describía como mujeres de dientes consumidos, descoloridas, desidiosas y desaliñadas.[2] Y sobre su vida sexual apuntó que se casaban temprano y que solían preferir a los españoles antes que a los criollos.[3] El ilustre fraile presentó también una estampita bastante gráfica de cómo acostumbraban a vestirse las puertorriqueñas del siglo XVIII.

Poco antes de concluir ese siglo un viajero francés, botánico de profesión, escribió un libro como resultado de una expedición científica que hiciera al país. Su nombre fue André Pierre Ledrú. Y a su libro lo tituló Viaje a la Isla de Puerto Rico. Éste repite casi con las mismas palabras la descripción que hiciera Abbad y Lasierra sobre la vestimenta femenina.[4] Pero reseñando un baile que presenció en la hacienda de Don Benito, a orillas del río Loíza, apuntaba que vio a las mugeres con trages blancos y largos collares de oro.[5] Y que ambos sexos usaban y llevaban la cabeza cubierta con un pañuelo de color y un sombrero redondo galoneado.[6] Ledrú, en su trabajo, solamente describe a una mujer, que más bien, era una adolescente nombrada Francisca. Ésta era una tímida mozuela de dieciséis años, hija de su anfitrión. La presentó con una belleza casi plástica. Ella sabía cantar y tocar la guitarra con mucha gracia. Ledrú se sintió muy atraído por esa joven. Y hubo momentos en que ellos compartieron y que fueron descritos por el galo, repletos de una voluptuosa sensualidad.[7] El relato pierde la frialdad científica para adquirir la fogosidad de un romántico.

A mediados de la década de 1830, el coronel irlandés George Flinter publicó su trabajo An Account of the Present State of the Island of Puerto Rico. En el capítulo III de su libro dedica un subtítulo a la mujer titulado Appearance and Manners of the Ladies of Puerto Rico.[8] El mismo consta de unas cinco páginas y media. Flinter estaba impresionado con la mujer criolla y le prodigó toda una serie de elogios. Comenta sobre su belleza, costumbres, gusto en el vestir, habilidades, aficiones, virtudes y defectos.[9] En comparación con Abbad y Ledrú ofrece más información, aunque muchas de sus apreciaciones están basadas en mujeres pertenecientes a la clase alta. Así se ve, por ejemplo, cuando señala que algunas sabían francés y pintar o que eran muy puntillosas en la observancia de aquellos rituales que acompañan el día de cumpleaños. Y aún, haciendo estos comentarios tomando como modelo a las mujeres de la élite criolla parece rayar en la exageración. Júzguese, por ejemplo, cuando refiriéndose a la forma de conducirse las criollas enfatiza: they are possessed of great natural vivacity, an ease of manners which in England is only to be found in the best society.[10] Quizás un comentario que pudiera aplicarse a todas las mujeres por igual es cuando señala que: In domestic circle they are affectionate wives, tender mothers, and attached and faithful friends. They are industrious, frugal, and economical, without meanness. They excel in horsemanship.[11]

Flinter también señala que, contrario a lo que se había dicho de las mujeres de la Isla que eran adictas al fumar, jamás vio alguna hacerlo. Pero, aun así, las prefería frente a ciertas europeas que bebían ginebra. Ciertamente, el concepto del irlandés sobre las criollas es muy elevado y las idealizó con un sinnúmero de virtudes. No obstante, ellas pudieran ser aún mejores si tuvieran el beneficio de la educación, agrega. Y las compara con diamantes que luego de ser pulidos adquieren su esplendor y valor. Termina este subtítulo, el coronel George Flinter, enumerando todas las bondades que ve en la mujer criolla y abogando por una educación para la misma. Esto queda planteado a modo de una interrogante que se expresa en los siguientes términos:

If the ladies of this island are so elegant, so fascinating, so graceful, so kind and humane, as mere children of nature, what might we not expect from their good hearts and lively genius with the advantages of a refined education?[12]

En los documentos oficiales del municipio de Ponce sean censos, padrones, listas fiscales, juicios verbales, oficios, cartas u otros es posible hacer un atisbo al papel desempeñado por la mujer dentro de los cambios económicos y sociales que se producen en la ciudad desde los albores del siglo XIX.  Su importancia ha sido mayor de lo que se podría suponer, sobre todo si se toman en cuenta varios puntos: la sociedad era culturalmente de marcado sello patriarcal y machista, la mujer siempre estuvo en desventaja económica, en términos legales estuvo subordinada[13] y se la confinaba a los roles tradicionales de esposa, madre e hija. Tres serán los objetivos principales de este trabajo. Primero, examinar cómo la mujer fue un ente presente en los cambios que se operaron en el Ponce decimonónico. Segundo, analizar de qué recursos y cómo la mujer se valió de los mismos para ir abriendo su propio espacio. Y tercero: reflexionar sobre aquellos conflictos o situaciones que la mujer tuvo que enfrentar en su vida cotidiana en su carrera por abrir tal espacio. Cabe señalar que este estudio se limita a la mujer de condición libre por ser mucho más fácil de seguir su huella en los documentos de la época.



[1] Fray Iñígo Abbad y Lasierra, Historia geográfica civil y natural de la isla de San Juan Bautista de Puerto Rico. Reimpresión con estudio preliminar de por Isabel Gutiérrez del Arroyo, Río Piedras, Editorial Universitaria, 1979, p. 182.
[2] loc. cit.
[3] loc. cit.
[4] André Pierre Ledrú, Viaje a la Isla de Puerto Rico. Río Piedras, Ediciones del Instituto de Literatura Puertorriqueña y la Universidad de Puerto Rico, 1957, p.112.
[5] Ibíd., p. 47.
[6] loc. cit.
[7] Ibíd., pp. 45-46, 48.
[8] George D. Flinter, An Account of the Present State of the Island of Puerto Rico. San Juan, Academia Puertorriqueña de la Historia, 2002, p. ix.
[9] Ibíd., 81-87.
[10] Ibíd., p.82.
[11] loc. cit.
[12] Ibíd., p. 87.
[13] Ver: Félix V. Matos Rodríguez, “La mujer y el derecho en el siglo XIX en San Juan, Puerto Rico (1820-1962)”., en Pilar Gonzalbo Aizpuru, Edt., Género, familia y mentalidades en América Latina. San Juan, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1997, pp. 227-263.

domingo, 1 de abril de 2018

La participación de las mujeres en la Revolución Cubana


La participación de las mujeres en la Revolución Cubana 1956 ̵ 1959
Por Noemí Rivera De Jesús[1]

“La revolución ha traído un enorme progreso para la mujer”.
Teté Puebla[2]

Introducción
Las mujeres cubanas siempre han estado dispuestas a luchar por la Patria. El caso de la Revolución Cubana de los años 50 no es la excepción. Entre las mujeres participantes se encuentra la conocida Vilma Espín, su hermana Nilsa Espín, Celia Sánchez, Clodomira Acosta, Teté Puebla, Asela de los Santos, entre otras. Pero no descartamos la idea de que existieron otras mujeres que formaron parte importante de la revolución y permanecen todavía en el anonimato. Por esa razón, resulta necesario continuar investigaciones sobre la revolución cubana contemporánea, pero enfatizando el rol de las féminas para tener un panorama histórico completo.

En muchos libros de historia general de Cuba no se enfatiza en la participación femenina. Dentro de este mismo tema, resulta necesario investigar la participación de las mujeres negras en la revolución. Sin embargo, este artículo tiene una limitación que es necesario mencionar, pues fue realizado a base de libros, ediciones del periódico cubano Granma y algunas fuentes documentales de la Colección Cubana de la Universidad de Miami. Existen fondos documentales en el Archivo Nacional de la República de Cuba y en la Oficina de Asuntos Históricos que deben ser consultados para ampliar este trabajo investigativo. Pero es necesario ciertos permisos y el visado académico para poder investigar en Cuba. Aclarado el detalle de las limitaciones, el objetivo de este artículo es demostrar la participación femenina en la Revolución cubana y analizar las aportaciones de algunas mujeres participantes de la revolución. Recordemos que las mujeres han formado parte de las distintas revoluciones a través de la historia y es necesario resaltar su participación en la revolución cubana.

Vilma Espín
Comenzamos con la conocida cubana Vilma Espín, quien fue líder estudiantil, guerrillera del ejército rebelde en la Sierra Maestra, segunda mujer ingeniero químico en Cuba, combatiente del movimiento 26 de Julio, condecorada como heroína de la Revolución, miembro del comité central del Partido Comunista de Cuba, presidenta fundadora de la Federación de Mujeres Cubana en 1960 y esposa de Raúl Castro Ruz. Pero debemos mencionar que Espín, como los Castros, pertenecían a la alta burguesía de la provincia de Oriente. El autor Guillermo Cabrera señala que “la fotografía de la bella cubana con una gardenia al pelo negro se publicó en la portada de Life y recorrió el mundo como la imagen de la belleza guerrillera en su boda con un novio de verde-olivo, boina y extraña trenzaˮ.[3]

También ofreció discursos relacionados a mujeres que conoció durante la causa revolucionaria tales como Haydée Santa María y Celia Sánchez Manduley. Escribió recuerdos sobre Lidia y Clodomira. Además, no olvidó mencionar y recalcar la importancia del Pelotón Mariana Grajales. Vilma Espín es una de las mujeres más recordadas en la política y lucha femenina en el siglo XX en Cuba. Desde muy joven y antes de la Revolución cubana, esta mujer se destacaba en los movimientos estudiantiles en la Universidad del Oriente. Allí participó en las manifestaciones en contra del gobierno de Fulgencio Batista.[4] En una entrevista, Vilma Espín argumenta que “las mujeres insistieron en organizarse, y en ser organizadas, para integrarse a las tareas mas apremiantes de la revoluciónˮ.[5]

Celia Sánchez Manduley
En el caso de Celia Sánchez Manduley, algunos autores señalan que ella fue la mano derecha de Fidel Castro. No solo fue secretaria de Fidel, sino que se convirtió en la primera mujer combatiente en el ejército rebelde[6] y en dirigente en la provincia de Oriente de la campaña de amnistía para los prisioneros del Moncada. En 1955 fue una de los fundadores del Movimiento 26 de julio y fue la principal organizadora en Manzanillo. Un aspecto que recalcamos es que fue la primera mujer combatiente en el ejército rebelde y perteneció a la comandancia general desde el mes de octubre de 1957.[7] Según Teté Puebla, cuando hablan de Celia también se debe mencionar a Fidel y viceversa. Porque en casi todos los asuntos revolucionarios ocurridos en la zona estuvo el pensamiento de esta mujer. Se le consideraba el alma del movimiento en Sierra Maestra. Celia fue encargada de organizar todas las actividades que se dieron allí. Puebla señala que “Celia era la persona más humana, más sencilla, que había”.[8]

La autora Raquel La Villa postula en su artículo “La mujer cubana en la lucha contra las dictaduras” que dentro del grupo que se impusieron a los hombres en la Sierra Maestra estuvo Celia Sánchez y que antes de convertirse en secretaria de Fidel Castro, organizó a los campesinos de las lomas.[9] Celia es considerada la primera mujer en utilizar el fusil en la gesta heroica y es conocida como la “Heroína de la Sierra”.

Luchó junto a Fidel en el combate de Uvero el 28 de mayo de 1957. Fue parte del ejército rebelde desde el 23 de abril de 1957. Además, es considerada la principal promotora de la creación del pelotón femenino Mariana Grajales.[10] Celia también fue historiadora, se encargó de recopilar todas las cartas y documentación relacionada con la revolución de Fidel. En la actualidad, todas las fuentes documentales sobre la revolución existen gracias a su trabajo como archivera. Murió el 11 de enero de 1980 en La Habana. Cuando fallece era miembro del Comité Central del Partido Comunista y secretaria del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros.[11] 

En 1981, los niños cubanos de la Embajada de Cuba en Zimbabwe consideraron que su escuela, llevara el nombre de Celia Sánchez Manduley. Los niños cubanos de dicha escuela conocían la vida de Celia como un ejemplo a seguir. Los niños y niñas de esta escuela en esa actividad cantaron el himno Nacional de Cuba y la Canción Himno a Celia Sánchez, la cual lee como sigueː

Fusil de mano, cuando la guerra,
y para el pueblo sonrisa y miel,
la historia cuenta de tus hazañas,
codo con codo junto a Fidel.

Fusil en mano cuando la guerra
para los niños la madre fiel,
sé que en el Llano como en la Sierra
hiciste patria junto a Fidel.
Soy un pionero que aquí en Zimbabwe
aspiro a ser cual Camilo y Che
y tengo una escuela que lleva el nombre
más apegado a justicia y ley.
Tengo una escuela que lleva un nombreː
¡Celia Sánchez Manduleyǃ[12]

Delsa Esther Teté Puebla
Conocida por muchos con el nombre de Teté Puebla se unió a la lucha para derrocar la dictadura de Fulgencio Batista cuando solo tenía 15 años. Vivía en Yara y toda su familia apoyaba o participaba en el Movimiento Revolucionario 26 de Julio. Puebla venia de una familia guerrillera y revolucionaria. Abandonó sus estudios para entrar al ejército rebelde. Realizó muchos actos para colaborar con la causa revolucionaria como mensajera, utilizar falda para transportar útiles necesarios y hasta disfrazarse de embarazada para esconder objetos necesarios para los soldados rebeldes. A los 16 años, por seguridad y al ser perseguida, llegó a las montañas para unirse al ejército revolucionario.

Participó de la entrega de los prisioneros, guardias de Batista, a la Cruz Roja Internacional logrando una tregua muy difícil de conseguir. Cuando consiguió la tregua tenía 17 años. Pero fue en 1958 que se convirtió en miembro fundadora y también segunda al mando del pelotón Mariana Grajales. Desde 1959 fue directora en el Ejército Rebelde del Departamento de Asistencia a las Victimas de Guerra y sus familiares. Además, en 1963 fue encargada de educación en el Ejercito Oriental. Fue encargada, jefa y trabajó en muchas facetas del gobierno cubano. El 2 de diciembre de 2001 fue condecorada como Heroína de la República de Cuba por Fidel Castro. Esta condecoración de Heroína de la República de Cuba es considerada el más alto honor del país.

Asela de los Santos
Natural de Santiago de Cuba, fue combatiente revolucionaria de la clandestinidad en Santiago y del ejército rebelde. Participante en las luchas estudiantiles por la oficialización de la Universidad de Oriente, donde conoce a Vilma Espín y entran a la causa revolucionaria. También fue parte del Movimiento 26 de Julio. Era maestra de primero a sexto grado en el campo y a la vez estaba involucrada en la causa revolucionaria. Pidió licencia para dedicarse a la revolución.[13] Durante el 1958, esta mujer realizó junto a sus compañeras, una serie de viajes entre Miami y Cuba para traer armas bajo las faldas. Además, en ese mismo año, se convierte en miembro del Ejército Rebelde en el II Frente Oriental "Frank País" dirigido por Raúl Castro Ruz.[14] Actualmente es investigadora en la Oficina de Historia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.[15] Asela de los Santos señala que “Las mujeres salieron de sus ámbitos y oficios tradicionales de amas de casa, madres y esposas. Se estaban dando los primeros pasos de la compleja y larga batalla por el ejercicio pleno de la igualdad de la mujer”.

Aleida March, esposa de Ernesto Che Guevara
Aleida, cubana que contrajo matrimonio con el argentino Ernesto Che Guevara también fue parte de la guerrilla de la revolución cubana. Incluso, durante la revolución fue que conoció al que sería su esposo Ernesto Che Guevara.[16] Aleida, cubana natural de Santa Clara, fue combatiente del Movimiento 26 de Julio en la clandestinidad y guerrillera. Estuvo en la guerrilla desde noviembre de 1958. Se convirtió en ayudante del comandante Ernesto ''Che'' Guevara. Contrajo matrimonio con Che Guevara el 2 de junio de 1959 en La Habana.[17] Escribió un libro con sus memorias titulado Evocación mi vida al lado del Che donde narra su vida con el legendario guerrillero argentino. En la actualidad, reside en La Habana y es presidenta del Centro de Estudios Che Guevara.

Pelotón Mariana Grajales (Las Marianas)
El Pelotón Mariana Grajales[18] conocidas como Las Marianas fueron la escolta de Fidel Castro. Participaron en la revolución cubana desde 1958. Pero todas las mujeres que formaron el pelotón estaban en la Sierra Maestra y colaboraban con la causa revolucionaria desde antes de 1958. Específicamente, el 4 de septiembre de 1958 se realizó una reunión que duró más de seis horas. Los hombres consideraban que los servicios de las mujeres eran necesarios en los hospitales de campaña, talleres de costura y cocinas.[19] En la reunión surgió un debate larguísimo, donde los hombres no querían que las mujeres se involucraran en combate. Los hombres decíanː “¿Cómo se le va a entregar un fusil a las mujeres con tantos hombres desarmados?ˮ Fidel Castro contestóː “Porque son mejores soldados que ustedes. Son más disciplinadasˮ.[20] Entonces, se formó el pelotón femenino Mariana Grajales. Su jefa fue Isabel Rielo y Teté Puebla fue la segunda al mando.[21]

El pelotón estuvo compuesto por 13 mujeres. En este pelotón estuvo Delsa Esther Teté Puebla, quien se convirtió en general de brigada en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba y fue miembro fundador del Partido Comunista Cubano y de la Federación de Mujeres Cubanas. Las jóvenes vestidas de verde olivo que compusieron el Pelotón Femenino Mariana Grajales fueronː Isabel L. Rielo Rodríguez, Delsa Esther Puebla Viltres Teté, Olga E. Guevara Pérez, Angela Antolín Escalona Angelina, Edemis Tamayo Núñez La Gallega, Orocia Soto Sardina, Flor Celeste Pérez Chávez, Eva Rodríguez Palma, Lilia Rielo Rodríguez, Rita García Reyes, Juana Bautista Peña Peña, Ada Bella Acosta Pompa y Norma Rosa Ferrer Benítez.[22]

El autor Orlando Borrego Díaz señala que el papel que desempeñaron las mujeres en el proceso revolucionario resultó ser de extraordinaria importancia. Además, menciona que es bueno recordarlo porque todavía existe una mentalidad colonial de discrimen hacia las mujeres.[23] Finalizada la guerra y con el triunfo de la revolución, todas las integrantes del pelotón fueron incorporadas a puestos importantes en la construcción de la nueva sociedad cubana.

Borrego Díaz señala en su libro titulado Che en la Revolución Cubana Tomo VII Pensamiento Guerrillero que las mujeres utilizaban unas fajas y debajo de las faldas ocultaban objetos como balas, dinamita y mensajes que eran transportados burlando la seguridad del gobierno.[24] En el Museo de la Revolución Cubana podemos apreciar una de las faldas que utilizaron las mujeres. Según algunos autores, la Revolución cubana fue positiva para las mujeres. Además, con la creación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) las féminas han alcanzado diversos empleos y oportunidades que antes de la revolución no poseían. Hugh Tomas en su libro Cuba La lucha por la libertad postula que las mujeres fueron parte importante de los Comités para la Defensa de la Revolución.[25] También menciona que la proporción de féminas entre los universitarios fue aumentando después de la revolución cubana.[26]

Pero debemos recordar que estas mujeres no son las únicas en participar de los eventos de la revolución cubana. Mujeres como Nilsa Espín, Haydée Santa María, Melba Hernández, entre otras, también participaron de la causa revolucionaria y deben ser investigadas. A esto, no debemos olvidar el rol de las mujeres negras en la revolución. Resulta increíble que la participación de las mujeres negras no ha sido investigada. Tampoco debemos olvidar mujeres como Haydée Tamara Bunker Bider conocida como Tania la Guerrillera.[27] Que aunque no es cubana, seguía desde Alemania la revolución cubana y luego del triunfo viajó a Cuba y a otros lugares de América Latina junto al Che Guevara para llevar la revolución a Bolivia. Muere en combate el 1 de agosto de 1967. Solo tenia 29 años de edad.[28] Tania fue la única mujer en la guerrilla de Ernesto Che Guevara.


Conclusión
Resulta interesante que el tema de la Revolución en Cuba ha sido muy investigado, aunque no podemos afirmar que la participación femenina en la Revolución haya recibido el mismo trato. Muchos historiadores han investigado a figuras importantes de la revolución como Fidel Castro, Raúl Castro, Camilo Cienfuegos, Ernesto Che Guevara, entre otros. Con relación a la participación femenina, algunos investigadores han escrito biografías de algunas mujeres principales y conocidas como Vilma Espín y Celia Sánchez. Pero sabemos que ellas no fueron las únicas que participaron en la revolución. Debemos recordar a mujeres como Nilsa Espín quienes quedaron en el olvido, cuando participaron fuertemente con la revolución cubana. El tema de la revolución cubana es muy trabajado en Cuba. Con solo entrar a las librerías cubanas, podemos notar rápidamente la gran cantidad de libros relacionados a la figura de Fidel Castro. La revolución cubana es un tema recordado y bastante investigado por los historiadores cubanos. Aunque en Cuba existe la Federación de Mujeres Cubanas desde 1960 fundada por Vilma Espín y podemos percatarnos que desde 1960 hasta la actualidad se menciona el tema de las heroínas de la Patria cubana en las escuelas. Pero todavía no vemos muchas investigaciones relacionadas a la participación femenina en la revolución.

Existieron dentro de la revolución, grupos de mujeres que lucharon por el triunfo de la libertad e ideales. Muchas quedaron anónimas y es necesario que se profundice el tema de la participación femenina en la revolución cubana. Sin embargo, es necesario investigar la participación de las mujeres negras en la revolución. Hasta el momento no conocemos obra relacionada a ese tema. Mujeres como Vilma Espín, Celia Sánchez, Teté Puebla, Asela de los Santos, entre otras evidencian la participación de las mujeres cubanas en la Revolución. Además, demuestran que las cubanas tuvieron más oportunidades en el área de estudios y profesiones en Cuba después de la revolución. El rol de las mujeres nunca fue olvidado en el gobierno de Fidel Castro. Con el surgimiento de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) el progreso de las féminas se promovió en la Cuba revolucionaria. Asela de los Santos señala que la incorporación de las mujeres a la Revolución Cubana empezó con "la participación numerosa de las mujeres en las filas del ejército rebelde y por el liderazgo de Fidel Castro en la lucha por la igualdad". Las compiladoras del libro titulado Emergiendo del silencio: Mujeres negras en la historia de Cuba publicado en el 2016 señalan que no quedó representado en los artículos del libro la participación de las mujeres negras en la Revolución contemporánea. Esperan que su obra sirva como una invitación a los historiadores de nuevas generaciones a investigar la participación de las mujeres negras en la Revolución. Sin olvidar mujeres como Haydée Tamara Bunker Bider, que aunque no participó en la Revolución cubana, creía firmemente en los ideales de la revolución desde Alemania. Tania la Guerrillera, pasó a la historia como la única mujer en la guerrilla de Che Guevara en Bolivia, evidenciando, el rol de las mujeres en la guerrilla y la revolución. Definitivamente, es un tema para seguir investigando y que realiza una contribución a la historia de las mujeres caribeñas.

Bibliografía
Colección Cubana, Libraries Digital Collections, Universidad de Miami

Interview with Vilma Espín, May 15, 1985
Celia Sánchez, Fidel Castro's secretary
Cecilia Sánchez wearing revolutionary outfit bearing an armband with the inscription: 26 de Julio

Periódicos (Consultados en la Biblioteca Nacional de Cuba, José Martí)
Granma, 18 de junio de 1981
Granma, 23 de junio de 1981
Granma, 1982.

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Fuentes secundarias
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[1]Noemí Rivera De Jesús tiene una Bachillerato en Educacion Secundaria concentración en Historia de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, Recinto de Ponce. Maestría en Artes de la Educación de Currículo en Historia de la Caribbean University, Recinto de Ponce. Actualmente es estudiante doctoral de Filosofía y Letras en Historia de América en la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto Metropolitano y se desempeña como profesora de Historia y Humanidades en National University College, Recinto de Ponce y Universidad del Este, Recinto de Santa Isabel.
[2]Puebla, Teté. Marianas en combate Teté Puebla el pelotón femenino Mariana Grajales en la guerra revolucionaria cubana 1956 ̵ 1958. Pathfinder, 2003, pág. 73.
[3]Cabrera, Guillermo. Mea Cuba.
[4]Ferrer Gómez, Yolanda. Vilma Espín Guillois el fuego de la libertad. Editorial de la Mujer. Centro Habana, La Habana, Cuba, 2015.
[5]Waters, Mary ̵ Alice. Las mujeres en Cuba Haciendo una revolución dentro de la revolucion. Desde Santiago de Cuba y el Ejército Rebelde a la creación de la Federación de Mujeres Cubanas. Pathfinder, Nueva York, 2012, pág. 28.
[6]Puebla, Teté. Marianas en Combate Teté Puebla el pelotón femenino Mariana Grajales en la guerra revolucionaria cubana 1956 ̵1958. Pathfinder, Nueva York, 2003, pág. 98.
[7]Puebla, Teté. Marianas en Combate Teté Puebla el pelotón femenino Mariana Grajales en la guerra revolucionaria cubana 1956 ̵1958. Pathfinder, Nueva York, 2003, pág. 98.
[8]Ibíd., pág. 34 y 35.
[9]La Villa, Raquel. ¨ La mujer cubana en la lucha contra las dictaduras. ¨ La mujer cubana. Historia e infra historia. Ediciones Universal, Miami, Florida, 2000, pág. 57.
[10]Escalona Rodríguez, Norberto. “Guerreras de la Sierra. Continuadoras de Mariana Grajales.ˮ Mariana Grajales Cuellos Doscientos años en la historia y la memoria. Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2015, pág. 221.
[11]Puebla, Teté. Marianas en Combate Teté Puebla el pelotón femenino Mariana Grajales en la guerra revolucionaria cubana 1956 ̵1958. Pathfinder, Nueva York, 2003, pág. 98.
[12]Sin identificar autor. En Zimbabweː Escuela Celia Sánchez Manduley. Granma, La Habana, jueves, 18 de junio de 1981, Año del XX, Aniversario de Girón, Año 17, No. 143, pág. 5.
[13]De los Santos, Asela. “Nos dio un sentido de valor. ˮ Las mujeres en Cuba Haciendo una revolución dentro de la revolución Desde Santiago de Cuba y el Ejército Rebelde a la creación de la Federación de Mujeres Cubanas. Pathfinder, Nueva York, 2012, pág. 68.
[14]Recuperado de http://www.granma.cu/granmad/secciones/raul/asela.html
[15]Santana, Arelys.  Nuestra revoluciónː ni calco ni copia. Mujeres y Revolución El ejemplo vivo de la Revolución Cubana. Pathfinder, 2013, pág.11.
[16]March, Aleida. Evocación mi vida al lado del Che. Ocean Sur, Querétaro, México, 2011.
[17]Recuperado de https://www.ecured.cu/Aleida_March
[18]El pelotón llevo el nombre de Mariana Grajales una mujer cubana del siglo XIX que participó en la causa revolucionaria. Todos sus hijos participaron como soldados en la revolución del siglo XIX. Es la madre del General Antonio Maceo.
[19]Montero Maldonado, Elsa M. “El pelotón Mariana Grajales, expresión de la concepción de Fidel sobre el papel de la mujer en la lucha revolucionaria.ˮ Recuperado de
 https://lahistoriabiencontada.wordpress.com/2013/09/03/el-peloton-mariana-grajales-expresion-de-la-concepcion-de-fidel-sobre-el-papel-de-la-mujer-en-la-lucha-revolucionaria/
[20]Puebla, Teté. Marianas en Combate Teté Puebla el pelotón femenino Mariana Grajales en la guerra revolucionaria cubana 1956 ̵1958. Pathfinder, Nueva York, 2003, pág. 46.
[21]Ibíd., pág. 47.
[22]Escalona Rodríguez, Norberto. ¨Guerreras de la Sierra. Continuadoras de Mariana Grajales. ¨ Mariana Grajales Cuello Doscientos años en la historia y la memoria. Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2015, pág. 22.
[23]Borrego Diaz, Orlando. Che en la Revolución Cubana. Tomo VII Pensamiento Guerrillero. Editorial José Martí, La Habana, 2016, pág. 38, 78 y 80. La mujer presta sus servicios y puede remplazar perfectamente al hombre hasta en el caso de portar armas, aunque resulta ser muy poco en la vida guerrillera.
[24]Borrego Diaz, Orlando. Che en la Revolución Cubana. Tomo VII Pensamiento Guerrillero. Editorial José Martí, La Habana, 2016, pág. 79.
[25]Tomas, Hugh. Cuba La lucha por la libertad. Vintage Español, Nueva York, 2011, pág. 138.
[26]Ibíd. pág. 138.
[27]Tania era de padres comunistas. Su padre alemán y madre polaca. Nacida en Argentina, vivió en Alemania. Pero siempre se consideró de Argentina. Utilizó distintos nombres como Haydée, Tamara, Vittoria, Marta, entre otros. Considerada una espía, aunque todavía no se ha demostrado evidencia. Además, dominaba cuatro idiomasː español, ruso, alemán, inglés y francés. Tenía preparación en tiro deportivo, gimnasia y folclore. Llego a Bolivia como etnóloga, arqueóloga y antropóloga.
[28]Galardy Alarcón, Jose M. Tania Guerrillera con el Ché. Colección Especial, Editorial Capitán San Luis, La Habana, 2000.