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domingo, 25 de agosto de 2024

Repaso a la obra San Mateo de Cangrejos: Comunidad Cimarrona en Puerto Rico

Repaso a la obra San Mateo de Cangrejos: Comunidad Cimarrona en Puerto Rico

Pablo L. Crespo Vargas

Entre el 31 de agosto y el 1 de septiembre el Instituto de Cultura Puertorriqueña estará realizando su Campechada 2024 en honor a Victoria Espinosa y a la historia de Santurce, antiguamente San Mateo de Cangrejos. Por este motivo, hoy deseamos repasar la obra de Gilberto Aponte Torres, San Mateo de Cangrejos (Comunidad Cimarrona en Puerto Rico): Notas para su Historia, editado por el Comité Historia de los Pueblos en 1985 y que fue parte de una colección auspiciada por el Banco Popular de Puerto Rico que buscaba presentar y preservar el acervo histórico de los municipios de nuestra nación.

En el aspecto técnico de la obra, esta tiene unas 64 páginas y 14 imágenes. El prólogo fue escrito por el historiador Fernando Picó. El autor, Aponte Torres, al momento de redactar esta historia era estudiante de maestría del Programa Graduado de Historia de la Universidad de Puerto Rico. En el 2023, la Editorial de la Universidad Estatal de Nueva York publicó una versión en inglés, traducida por Karen Juanita Carrillo, tanto en formato físico como en digital, y que está disponible para el público a través de librerías cibernéticas. La versión de 1985 se puede conseguir en pdf en la página de la Oficina de Conservación Histórica de Puerto Rico en Issuu.com o en el repositorio virtual del gobierno de Puerto Rico, al escribir en cualquier buscador el título de la obra.

En San Mateo de Cangrejos (Comunidad Cimarrona en Puerto Rico), Aponte Torres, hace hincapié en uno de los aspectos más invisibilizados de nuestra sociedad en su momento histórico: el cimarronaje en la creación de una comunidad, en este caso, Cangrejos. La obra, en su edición original, está dividida en nueve capítulos, once si sumamos la introducción y conclusión. A estos capítulos se le añaden siete apéndices. Los temas de cada uno de estos apartados los presentamos en los siguientes párrafos.

En el primer capítulo, “Los orígenes de San Mateo de Cangrejos” nos muestra como esta comunidad se fue formando de esclavizados, que desde el siglo XVII —entendemos que desde antes—, huían de sus amos provenientes de posesiones de otros imperios coloniales, y terminaban estableciéndose en un área que en la eventualidad favorecía los intereses de San Juan, por ser la capital un recinto cerrado y necesitado de poblaciones satélites como lo fue Cangrejos. Los habitantes iniciales del enclave de Cangrejos eran refugiados y esclavizados escapados que vivían de la agricultura y de los oficios artesanales. En ambos renglones aportaron a la sobrevivencia de la sociedad capitalina. Como parte importante de este proceso y reseñado en el libro está el decreto real de 1664, donde se prometía la libertad a los esclavizados escapados de posesiones de otras naciones.

En el segundo apartado, “La ermita de Cangrejos” se hace mención que esta, anterior a 1729, ya existía; y se analiza la importancia que tuvo dentro del aspecto espiritual de los pobladores. Se debe mencionar que, al constituirse Cangrejos en una entidad municipal, en 1773, también se establece la administración eclesiástica parroquial.

El tercer capítulo trabaja los aspectos económicos de Cangrejos en los siglos 18 y 19. En él, Aponte Torres presenta parte de la información en tablas y estadísticas que llevan al lector a tener una visión más palpable sobre la situación financiera y la producción del partido de Cangrejos.

El cuarto capítulo, “Orígenes étnicos de San Mateo de Cangrejos”, explora la composición étnica a partir de los censos consultados, dando énfasis al de 1775. El autor hace hincapié en que “En el caso de Cangrejos tenemos un pueblo creado por negros libertos. Este hecho rompe la imagen recibida de asentamientos europeos en la Isla”. Otro dato que no debemos pasar desapercibido en este capítulo fue que, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, España comienza a realizar tratados con otras potencias coloniales donde se estipulaba devolver esclavizados escapados de manera recíproca. Esta medida terminó desalentando la llegada de nuevos emigrados, antiguos esclavizados, a la zona.

En el quinto capítulo, “San Mateo de Cangrejos y la defensa militar”, nos presenta la importancia estratégico-militar de la zona para la capital desde distintas instancias históricas. Entre los datos que se muestran está el que ya en 1759 existían dos compañías de milicianos, para un total de 120 hombres. Años después, entre 1771 a 1778, Iñigo Abad visita los distintos lugares de Puerto Rico y redacta un informe donde menciona la existencia de milicias y hasta un cuerpo de cazadores milicianos en Cangrejos. Debo añadir que usualmente, los cuerpos de cazadores eran unidades de infantería liviana que se especializan en tácticas de guerrillas y que por su movilidad eran utilizadas para hostigar a las fuerzas regulares del ejército enemigo. Regresando a los datos presentados por Aponte Torres, este enfatiza que, en la defensa de San Juan, durante el ataque inglés de 1797, 92 milicianos cangrejeros defendieron las posiciones españolas ante el avance de unos tres mil soldados profesionales británicos.

El sexto capítulo, “La supresión de Cangrejos en 1862” nos describe las dos posibles causas —oficiales— para la eliminación del partido de Cangrejos y la entrega de sus territorios a los municipios de San Juan, Río Piedras y Carolina: “La necesidad territorial de San Juan y la debilidad económica de Cangrejos”. Un tercer factor es presentado, pero como pasa usualmente en nuestra Isla, invisibilizado por las élites: el aspecto racial. De hecho, el autor comienza el apartado con dos preguntas siendo la segunda la siguiente: “¿Por qué desaparece el primer pueblo de negros libertos y africanos fugitivos en nuestra historia nacional?”. Para contestar debemos ver los prejuicios raciales de parte de las autoridades coloniales, que se encuentran evidenciados en la documentación de la época, y que minimizan la capacidad de la población negra para constituirse como entidad gubernativa.

El séptimo capítulo, “El orden Institucional de Cangrejos”, donde se presentan las vicisitudes que experimentó el partido de San Mateo de Cangrejos durante su existencia. Entre los problemas que tuvo que enfrentar están la inestabilidad en el manejo político interno del cabildo, la poca atención de las autoridades coloniales, la incertidumbre de dos periodos (1823 / 1842), donde Cangrejos tuvo que mantener oficios comunes con el partido de Río Piedras, y la criminalidad. Sobre este último aspecto debemos reseñar que esta no era exclusiva de Cangrejos, no obstante, la existencia de prejuicios en contra de la población negra matizaba y exaltaba esta cualidad sobre los habitantes de la zona. Esto no nos debe extrañar porque aun, hoy día, es algo común en muchas partes de nuestro país.

El octavo capítulo, “Los cangrejeros: vistos desde San Juan” es una muestra, sin que el autor lo indique de manera directa, de los prejuicios y actitudes dirigidas hacia los cangrejeros por parte de los administradores capitalinos. En resumidas cuentas, según nos menciona Aponte Torres, los habitantes de Cangrejos eran buenos para realizar las tareas que en la capital nadie osaba ejecutar como la matanza de perros y otros animales realengos y la construcción de obras. A esto, se añade que en el siglo XVIII y principios del XIX, Cangrejos era el lugar destinado para albergar a los enfermos de infecciones virolentas que ponían en peligro a los residentes de San Juan. Indirectamente, se presenta una mirada de desprecio de parte de los capitalinos, en ese momento histórico, hacia esta población.

El noveno capítulo, “Desarrollo urbano y demográfico de Santurce”, nos muestra como San Mateo de Cangrejos, luego de su incorporación a San Juan fue creciendo en el aspecto urbano como reflejo de la expansión de la ciudad de San Juan. Es en este capítulo que se presenta por primera vez el nombre de Santurce, el cual fue otorgado en el Ayuntamiento de San Juan en 1880 en reconocimiento a la labor de desarrollar la infraestructura de la zona y al título nobiliario de Pablo Ubarri Capetillo, como Conde de San José de Santurtzi (Santurce). Nota aparte, Santurtzi es un municipio en la provincia de Vizcaya, en el País Vasco (España).

Los siete apéndices presentan diversidad de temas: número de bautizados por años, divididos entre criollos y extranjeros, entre 1773 y 1900; número de defunciones por año, entre 1854 y 1900; población y composición étnica, entre 1765 y 1861; división poblacional por edades entre 1773 y 1876; autoridades conocidas; y culmina con un listado de fechas con acontecimientos importantes.

Por último, deseo terminar citando parte de la dedicatoria escrita por don Gilberto Aponte Torres: “A todos los negros puertorriqueños que en su pasado encuentren su dignidad y su conciencia nacional”.

Nota editorial: Publicada en El Post Antillano y en El Periódico Adoquín el sábado, 24 de agosto de 2024. Escrito como parte del contenido dirigido a Camino a Campechada 2024.

lunes, 29 de mayo de 2023

Presentación de las Vivencias de Néstor Irizarry

Presentación de las Vivencias de Néstor Irizarry
Pablo L. Crespo Vargas

Vivencias es una antología de narraciones vividas y experimentadas por el amigo y compañero educador Néstor J. Irizarry Remus. Néstor, que es maestro de historia y estudios sociales en escuela secundaria, tiene un cúmulo de experiencias que a través de los años fueron redactadas y que consideramos no deben quedar en el olvido.

El objetivo de esta obra es dar la oportunidad a otros —su público, estudiantes y amigos— a que analicen el pensamiento y filosofía de vida que Néstor practica y que puede apreciarse a través de sus escritos.

Cada uno de los ensayos de Néstor tiene un contexto especial y está enmarcado en aspectos que definen un espacio y tiempo, que, aunque único, puede ser parecido a lo que otros viven. En algunos casos nos podemos identificar con el escrito y crear empatía hacia la posición del autor. En otros podría ocurrir lo contrario y alejarnos de su posición. En ambas situaciones tenemos la oportunidad de aprender de una experiencia que otra persona presenta. Al final cada uno de nosotros es un mundo, con sus ideas y pensamientos, con sus posturas y alineamientos. Néstor está consciente de esto y así nos lo deja saber.

Nuestro autor entiende que el conocimiento es colectivo y que este pasa de persona a persona. La educación puede ser formal, pero en su mayoría es la informal la que prevalece. Los escritos de esta obra nos enseñan y llevan a reflexionar sobre nuestra existencia y vicisitudes, que día a día, tenemos que enfrentar.

Néstor tiene una filosofía de vida y un pensamiento político bien definidos. Su obra es reflejo de ello. No obstante, no es un fanático que se incomoda por lo que otros dicen o piensan. Tampoco busca adeptos a sus principios. Él acepta que hay diversidad y, más que ello, respeta lo que otros piensan.

La obra tiene cincuenta y siete narraciones. Estas fueron redactadas entre el 2010 y el 2019. Es importante recalcar que nuestro autor acumuló en este periodo sobre cien ensayos cortos y narraciones, suficientes para poder escribir un segundo volumen. Algunas de ellas fueron publicadas en medios cibernéticos de terceros, otras publicadas en las redes sociales de Néstor. Lamentablemente, algunas se perdieron.

Los escritos son diversos, aunque debemos advertir al lector que los ensayos no están agrupados por temas y que el autor eligió colocarlos en orden alfabético. En ellos podemos leer sobre hechos históricos, historiografía, política, relaciones humanas, ciencias sociales, Navidad, fiestas tradicionales, cotidianidad y autoayuda, entre otros. Aunque se tiene una gama de temas, al final, todos los ensayos son las vivencias de nuestro autor.

En fin, felicitamos a Néstor por esta obra y lo exhortamos a que continúe con otras publicaciones. Todas ellas serán su legado al acervo cultural lajeño.



sábado, 5 de octubre de 2019

Introducción a Barrios de Ponce


Introducción a Barrios de Ponce: Noticias y microhistorias de ocho comunidades ponceñas en el tiempo, siglos XVI al XIX.
Eli D. Oquendo Rodríguez

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La microhistoria como corriente historiográfica, desde sus orígenes, pretendía adentrarse en los temas y asuntos que muchas veces la historia tradicional dejaba de lado. Uno de los grandes maestros de la microhistoria puertorriqueña fue el recientemente desparecido historiador Fernando Picó (1941-2017). Sus estudios sobre los caficultores, jornaleros, presidiarios, irrespetuosos, oficiales norteamericanos o los marginados han sido motivo de inspiración para otros. De igual forma, su acercamiento al estudio de comunidades, barrios, pueblos o eventos, como una sequía, también responden a ese interés por conocer lo más pequeño primero para lograr la comprensión de lo más grande después. Es en esta corriente que se enmarca este trabajo. Además, busca rescatar el concepto de barrio que parece estar en peligro de extinción, pues va siendo sustituido en nuestras mentes por otros conceptos comunitarios como la urbanización, la villa, el condominio, el walk up, el residencial, las parcelas, el caserío y otros.

La historia de los sitios, luego llamados barrios, de Ponce es antiquísima, remontándose en algún caso hasta fines del siglo XVI y en otros al siglo XVII. Así pues, se tiene constancia de la existencia de Bucaná desde 1597 y de Canas desde 1689. Capitanejo, San Antón y las Vallas desde 1695. Es decir, cuando todavía Ponce estaba en los pañales de su constitución política como pueblo, ya algunas de esas comunidades estaban funcionando y podría decirse que ellas iniciaron el proceso embrionario que culminó en el nacimiento del municipio sureño. Documentación del siglo XVIII, tanto gubernativa como eclesiástica, también menciona los sitios de asentamiento cuyos nombres hoy ya no suenan familiares y se desconoce hasta en qué lugares del mapa ponceño podrían ser ubicados. Con el paso del tiempo fueron absorbidos por otros y su nombre desapareció de la toponimia local. A veces su nombre cambió. Por ejemplo, desde el siglo XVII se mencionaba la Membrillera y desde el XVIII el Convento, las Talas, los Caños, los Naranjos y Montones. Este último se convirtió en la Playa. Al Coto de los Laureles también se le menciona desde entonces y, ya en 1774, había allí estancia dedicada al cultivo de caña con casa vivienda y trapiche para la molienda.

Muchos de lo que son hoy los barrios ponceños fueron hatos para la crianza de ganado mayor, criaderos para apacentar piaras de cerdos y rebaños de cabras y ovejas o cotos. Estos últimos eran lugares aptos para la labranza debido a la feracidad de sus tierras. En un padrón de terrenos del año 1800, citado por el historiador D. Eduardo Neumann, se recogen los nombres de muchos de estos lugares que eventualmente se convirtieron en barrios. Entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX se procedió a la demolición de hatos, pues numerosos vecinos pobres carecían de tierras donde dedicarse a las faenas agrícolas para poder vivir. Pero si bien los agricultores habían salido favorecidos no pasó lo mismo con los intereses de los criadores de ganado. Así lo confirmaba en marzo de 1800 el comandante del Partido de Ponce, D. José Casimiro de la Renta, cuando apuntó que con el quebranto hecho a los hatos del Cayabo y Laureles y al criadero del Real se había reducido considerablemente la cantidad de ganado mayor y menor.

Cuando a comienzos del siglo XIX se organizó, por disposición gubernativa, el ayuntamiento ponceño las obligaciones de la nueva corporación se hacen más complejas. La institución debía de ocuparse de la administración de un territorio cuya jurisdicción era mucho más amplia de lo que es hoy. La recaudación del subsidio y otras contribuciones municipales, como los gastos públicos; la elaboración de censos; la construcción y mantenimiento de caminos; la seguridad pública, la vigilancia del fiel cumplimiento de la legislación estatal y local y otras tareas asociadas a la gobernanza de un pueblo eran algunos de esos deberes[1]. Es por eso que, ya desde tan temprano como el 2 de enero de 1813, un acta del ayuntamiento señala que se abrieron dos pliegos: uno con el método o forma de hacer el reparto de contribución y otro que pide un detalle general de los diferentes barrios.[2] Luego, en el acta del 3 de enero de 1814 registra los barrios existentes en Ponce y, además, se les reparte entre los funcionarios del concejo, para que, en calidad de encargado, cada uno de ellos se ocupe de sus asuntos y los represente delante del organismo.[3] Existían entonces 14 barrios, a saber: Ponce y sus contornos, Entre los dos Ríos, Bucaná y sus contornos, Sabana Llana, Capitanejo, Cerrillos, Laureles, Cayabo, Caonillas, Marueño, Pastillo, Pámpanos, Canas y Quemado. De ahí en adelante la lista de barrios cambió constantemente. Sólo hay que observar los documentos como el reparto del subsidio, los padrones, los censos o las mismas actas para ver cómo de un año a otro aparecen o desaparecen barrios. Por ejemplo, tan cercano como marzo de 1814, en el acta celebrada el día 28, se agregaron a esa lista de barrios los siguientes: Convento, Guayabal, Machuelos, Matojal, Meros, Pastizal, Real y Vayas[4]. Y cuando se hace el reparto del subsidio en 1815 se suman Guano, Sabanetas y Paso Llano.

Nuevamente, entre 1818 y 1822 hay cambios. En 1819 se menciona a Montones que al año siguiente cambia su nombre a Playa. Desaparece el barrio Entre los Ríos que parecía ser un área geográfica enorme. Sin embargo, aparecen Aguas Prietas, Bejuco Blanco, Flacas, Hato Puerco, Magueyes, Ortigal, Pastillo, Rábanos, San Antón y Xacaguas. Y a Machuelos que era un hato demolido se le fraccionará en Machuelo Arriba y Machuelo Abajo. En 1823, por disposición de la Diputación Provincial, se debieron transferir a la jurisdicción de Juana Díaz los barrios de Sabana Llana, Cayabo (que incluía Xacaguas) y Villalba (Caunillas, Hato Puercos y Guayabal)[5]. De este modo la jurisdicción ponceña se redujo sustancialmente.

De acuerdo con el censo poblacional del año 1827 la zona urbana se dividía cuatro barrios, y probablemente, tomando la plaza como punto de origen. Estos eran a saber: Parte de la Vigía (norte), Barrio del Oeste (oeste), Pueblo de Ponce (¿el este?) y Quemado (sur).  Poco después, en 1830, el área urbana del Pueblo se subdividió en cuatro barrios llamados 1rº, 2do, 3ro y 4to. En 1831 el barrio Canas se subdividió en Canas Arriba y Canas Abajo. De acuerdo con el censo de 1838 aparecen nuevos barrios como Guaraguaos, Quebrada Domingo (desprendido por poco tiempo del barrio Portugués) y Quebrada Limón. Todavía en 1844, Montes Llanos también era un paraje de Portugués. Por esos años sería común referirse a la Playa como Puerto Real. Desde 1845 se agrega un barrio 5to en la zona urbana que seguro evolucionó del barrio del Capá el cual es citado, en algunas fuentes, desde temprano esa década.

El padrón de tierras de 1857 menciona otros dos parajes de la altura ponceña que, eventualmente, se transformarán en barrios: Corral Viejo y San Patricio. Aunque hay que consignar que ya en 1800 se hablaba de que Corrales Viejos, en plural, era un criadero. Además, durante el curso de la década de 1850 otra vez se van refundiendo unos barrios en otros y ya casi estaba configurado lo que sería el mapa municipal en la década de 1860. Desaparecen al sur Quemado y Matojal adsorbidos por la zona urbana y la Playa respectivamente, pero surge al norte la Cantera que en 1860 se describe: al norte, cerro alto de piedra, pasto estéril y regular vecindario y muy pobre.[6] Éste se convertiría luego en el barrio 6tº de la zona urbana. Muy poco después, y a petición de grupos de vecinos, se procedería a constituir en 1863 dos nuevos barrios: Anón y San Patricio, de lo cual existe un expediente[7].

Como queda visto la evolución de los barrios ponceños es un proceso sumamente dinámico e interesante. Su segregación o integración a otros e, incluso, su deseo por independizarse, como pretendieron el Coto Laurel o la Playa, y convertirse en nuevos municipios responde, posiblemente, al deseo de sus vecinos de ser mejor atendidos en sus necesidades por sus autoridades. Pero esto es un asunto que merece otro espacio de estudio. 



[1] Rafael A. Torrech San Inocencio, Los barrios de Puerto Rico. Fundación Puertorriqueña de las Humanidades. San Juan, Puerto Rico, 1998, pp. 53-71.
[2] Actas del Cabildo de Ponce, Puerto Rico, 1812-1823. Transcrito y editado por Ilia del Toro Robledo. Gobierno Municipal Autónomo de Ponce. Comisión Puertorriqueña para la Celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América y Puerto Rico en Conmemoración del Encuentro de Dos Mundos, 1993, p. 9.
[3] Ibíd. p. 29.
[4] Ibíd. p. 42.
[5] Ibíd. p. 319.
[6] AHMP. Ayuntamiento. Secretaría. Obras Públicas. Terrenos. Año: 1838-1874. c. S-383. Exp. S-383-4(2). No 765.  Noticias sobre el num. de barrios que ecsisten fuera de la villa.
[7] AHMP. Ayuntamiento. Secretaría. Seguridad Pública. Solicitudes. Creación de Barrios. Años: 1863-1905. C. S-114. Exp. S-114-1. 1863. Trátase de la creación de los barrios de San Patricio y del Anón.

martes, 9 de julio de 2019

Prólogo a Nuevos hallazgos sobre el origen de Ponce


Prólogo a Nuevos hallazgos sobre el origen de Ponce
Por Pablo L. Crespo Vargas

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Dentro del estudio de la historia de Puerto Rico, uno de los mayores atractivos, tanto para los investigadores como para los interesados en estos temas, es la historia de los municipios de la Isla. En el caso de esta obra, se busca presentar el análisis de nueva evidencia encontrada en los archivos coloniales que refuta o modifica la versión oficial que indica que el partido de Ponce fue fundado en 1692. Aunque muchos lectores y estudiosos quisieran conocer una fecha precisa para este acontecimiento, nuestro autor e historiador, el Dr. Luis Caldera Ortiz, nos explica que la fundación de Ponce fue un proceso complejo y no estructurado, que se dio bajo unas circunstancias particulares y poco entendidas hasta hoy día. El análisis que el Dr. Caldera Ortiz desarrolla nos lleva a profundizar en cómo se analiza la historia y nos deja ver que esta no es solamente un manojo de hechos concretos que pueden ser establecidos con precisión.

Aunque el autor nos presenta una metodología mayormente positivista, también demuestra que el conocimiento histórico se desarrolla dentro de una complejidad que da espacio al uso de otras disciplinas (que algunos llaman auxiliares, pero que consideramos son medulares) para poder establecer una visión más diáfana de lo que ocurrió.

La obra, Nuevos hallazgos sobre el origen de Ponce, es una revisión de un hecho que de manera oficial ya había sido establecido, pero que nuestro autor retoma para demostrar que la datación de este suceso no fue tan certera como se había pensado.

La historia oficial, establecida a partir de los estudios de Eduardo Neumann, nos indica que Ponce se constituyó como ente político autónomo en 1692. Esta teoría lleva sobre un siglo de vigencia. Debemos aclarar que Neumann propuso esta fecha a partir de la documentación y la información que tuvo disponible al momento de realizar su investigación. Con el pasar del tiempo, el descubrimiento de nuevas pruebas y los adelantos en la metodología histórica, ayudaron al Dr. Caldera Ortiz para que este desarrollara una visión más clara sobre aspectos tales como la demografía, la política pública, las milicias urbanas y la administración de la zona sur de Puerto Rico durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Aspectos que al juntarse nos llevan a ver qué Ponce es mucho más antiguo de lo que se pensaba. En la obra se detallan las razones y las circunstancias que se dan para que nuestro autor indique con certeza que ya en el 1692 Ponce existía como unidad política y geográfica.

Invitamos al lector a que examine los argumentos que el Dr. Caldera Ortiz plasma en la obra y pueda establecer su propio análisis sobre una serie de procesos que se dieron en los primeros siglos de nuestra historia. También, invitamos a otros estudiosos de la historia a continuar investigando y dando a conocer sus hallazgos, de esa forma seguiremos promoviendo el estudio histórico y el conocimiento general.

lunes, 11 de febrero de 2019

Prólogo a Villalba: Historia social y económica en tiempos de crisis, 1930-1940


Prólogo a Villalba: Historia social y económica en tiempos de crisis, 1930-1940 de Francisco A. Pérez Vargas
Pablo L. Crespo Vargas

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En los últimos años hemos visto un aumento en el interés por investigaciones relacionada a la historia de los municipios de nuestra Isla (Puerto Rico). El mismo se enmarca, mayormente, en la llamada microhistoria y es reflejo de un resurgir de inquietudes e intereses que llevan a los historiadores e investigadores de los temas locales a describir y analizar la historia de lugares que dentro de la visión nacional podrían pasar desapercibidos o vistos como fuentes de estudio que no necesariamente levanten curiosidad al público general.

Muy alejado de este parecer, la mayoría de las personas buscan conocer su pasado, y no solamente el relacionado con su destino nacional, sino que es de interés aprender y comprender las historias locales tanto en los aspectos sociales como económicos y su interacción con la situación política de cada momento. Así mismo se estudian las historias familiares, de los barrios, sectores, la genealogía, entre otros.

La historia tiene muchos fines, uno de ellos es entender nuestro paso como pueblo y la microhistoria nos lleva a visualizar la cotidianidad del pasado y nos ayuda a analizar nuestro recorrer desde una posición mucho más cercana a lo que somos.

Villalba: Historia social y económica en tiempos de crisis, 1930-1940 del doctor Francisco A. Pérez Vargas, nos presenta la cotidianidad vivida en el Municipio de Villalba durante la década de 1930. La obra, que es una versión editada de su disertación en el Centro de Estudios de Puerto Rico y el Caribe, está dividida en tres apartados principales, que discutiremos más adelante, y subdivididas en diversos temas que van dirigidos a proyectar una visión clara de cómo los villalbeños vivieron esta época. Como complemento muy bien trabajado, el autor nos da la oportunidad de conocer, estadísticamente hablando, la situación social y económica del municipio por medio de 63 tablas, de las cuales 32 están integradas al texto y 31 son parte de los apéndices.

El primer apartado de la obra es un trasfondo histórico de Villalba. En él, se hace una síntesis de la historia del municipio y se analiza la situación de la infraestructura, la economía y la sociedad de Villalba hasta 1935. El segundo apartado nos presenta el panorama social y económico ya en ese mismo año. En el último apartado se detalla la reacción de los villalbeños a los efectos de la Gran Depresión, que incluye cambios en la economía local, entre ellos los inicios del proceso de industrialización y la utilización de los recursos y programas disponibles, desarrollados por el gobierno, para el mejoramiento de la economía.

Algunos de los aspectos que el autor enfatiza y que consideramos de gran importancia son el desarrollo de la educación en la zona y el papel que tuvo la mujer en el proceso económico de Villalba.

Sobre la educación nos parece sumamente interesante analizar cómo un grupo de ciudadanos se opuso, en enero de 1930, al uso de partidas presupuestarias destinadas a las escuelas y hasta solicitaron el cierre de algunas ya que las consideraban innecesarias y un gasto excesivo que no contribuía nada al mejoramiento de la economía. Contrario a estas aseveraciones, los maestros justificaron y relacionaron los gastos educativos con el desarrollo económico tan necesario en ese momento. En todo caso, la visión de estos ciudadanos no era parte de la estrategia desarrollada por el gobierno para poder estabilizar la economía local.

En cuanto al rol de la mujer, el doctor Pérez Vargas no pierde tiempo al señalar las diversas aportaciones que estas realizaron y de nombrar a las que de una manera u otra terminaron llevando las riendas de sus hogares, fincas o negocios como parte de ese proceso necesario para poder levantar la economía de Villalba. La mujer, aunque marginada, siempre estuvo presente y su desempeño en una gran diversidad de tareas, empleos y actividades fue de vital importancia, aspecto que nuestro autor no deja pasar. Un punto que nos lleva a reflexionar sobre el texto son las comparativas que se presentan sobre la desigualdad de género, especialmente en el trabajo. Por ejemplo, mientras que a un hombre en la industria del tabaco se le pagaba $1.40 por semana, a una mujer, en su misma tarea, recibía $0.97, esto creando una diferencia de 30.7%. Peor aún, si el trabajo eran labores de oficina, el sueldo semanal de un hombre era de $20.04 mientras que una mujer solo recibía $12.79 para una diferencia de 36.2%.

En definitiva, debemos indicar que esta obra debe servir de ejemplo para que otros estudiosos de la historia vean que los aspectos regionales (y en este caso municipales) son base fundamental de la evolución de un pueblo. No hay hechos ni hazañas que deban quedarse al olvido porque cada una de ellas es muestra de nuestro caminar. Recomendamos que se continúen las investigaciones de esta índole y que se siga promocionando el estudio de nuestra historia para fomentar ciudadanos orgullosos de sus orígenes y dispuestos a forjar un mejor futuro.

miércoles, 13 de julio de 2016

Prólogo a libro sobre presencia de Toa Alta en las luchas libertarias de Puerto Rico



Prólogo de La paja en el ojo: La presencia de Toa Alta en las luchas libertarias de Puerto Rico
Por Juan De Jesús Bonilla

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Este trabajo surgió como un proyecto para La Fundación Evaristo Izcoa Díaz en el año de 2010. En principio solo constaría de las entrevistas realizadas a militantes independentistas. El proceso comenzó con la participación del autor y de Wilfredo Pérez, miembro fundador de dicha organización. Por diversas razones el proyecto se estancó. Varios años después decidí retomarlo como un proyecto propio, ampliando su contenido al de las luchas libertarias en Toa Alta. Al final, consiste de una microhistoria compuesta por los datos obtenidos del proceso investigativo, así como por elementos de carácter testimonial.

El contenido de las luchas libertarias está presentado de forma contextualizada. En primer lugar, se toma en cuenta el desarrollo histórico de Toa Alta. La historia de este municipio ha sido muy poco estudiada. No existe un libro que presente el conjunto de su historia, y los temas específicos que han sido objeto de investigación son muy pocos. Es por eso que fue necesario crear un escenario con datos que rellenaran ese vacío. También se tomó en cuenta el inicio y la evolución de la lucha por la independencia en Puerto Rico. En realidad, el desarrollo de esa lucha provee las etapas dentro de las cuales se ubica el quehacer toalteño. El trabajo, además intenta proveer el contexto de la situación puertorriqueña en medio de la cual se registran los acontecimientos liberadores del país, así como la militancia libertaria realizada desde Toa Alta. De modo que los materiales se presentan dentro de una triple contextualización.

El desconocimiento, que por falta de investigación se tiene de los hechos y las figuras fundamentales de la historia de Toa Alta, es la razón que lleva a presentar de manera detallada algunos aspectos del escrito. Es lo que sucede con las cartas de Ramón Emeterio Betances a José Cintrón o con los artículos de los periódicos de Evaristo Izcoa Díaz. La misma condición convirtió el proyecto en un objetivo demasiado ambicioso, obligando al autor a ser muy corto en la presentación de otros aspectos del trabajo por falta de capacidad investigativa. Esos fueron, a manera de ejemplos, los casos del propio José Cintrón, de Arturo Castro o el tema de la lucha revolucionaria en Toa Alta. También resulta corto el tema de las entrevistas y de los testimonios. Muchos trabajadores y trabajadoras por la libertad se quedaron fuera.

Este trabajo no es ni pretende ser una historia de la lucha por la independencia en Toa Alta. Es lo que su título subraya: manifestaciones que delatan la presencia de nuestro pueblo en la lucha libertaria de Puerto Rico. Unos señalamientos particulares, que en la mayoría de los casos solo apuntan en la dirección de áreas de interés para el lector o para el investigador. Constituye, además, un recorrido por nuestra identidad regional, base y cimiento de la identidad nacional. Quizás en el recuento temático que el índice de contenidos detalla se encuentre el valor principal de este texto.

Pese a todas las limitaciones, que con honradez reconozco en el trabajo aquí presentado, espero que llene un hueco necesario. Creo que necesitamos exponer ante las nuevas generaciones la historia que no cuentan los libros oficiales. Necesitamos esforzarnos porque el olvido y la desinformación no sepulten estos anhelos de pueblo que hemos vivido y protagonizado. Las luchas no solo hay que realizarlas; también hay que documentarlas y contarlas. Es nuestra estima la base de nuestra dignidad. En Toa Alta, gran parte de su historia ha sido ignorada. A veces se magnifican hechos intrascendentes como ponerle a la plaza pública el nombre de una figura dudosa porque le regaló un reloj al pueblo. Mientras que se descalifican figuras que trascienden el ámbito regional como es el caso de Izcoa Díaz a quien Eugenio María de Hostos llamara el periodista que más ha hecho por la libertad de prensa en Puerto Rico.

La paja en el ojo es nuestra metáfora, la metáfora toalteña: la partícula que nos invisibilidad. La imposibilidad de darnos cuenta y de dar cuentas de nuestra participación en el acontecer nacional. Especialmente, de nuestra participación dentro del principal proceso histórico de cualquier nación, el proceso que va desde su construcción hasta su liberación. Nuestra liberación puertorriqueña permanece inconclusa, pero el quehacer libertario boricua posee una historia más que bicentenaria de la cual en Toa Alta somos partícipes. Tenemos que realizar una toma cercana de nuestros luchadores y de nuestras luchadoras locales, de los procesos y de los acontecimientos que nos definen.

domingo, 4 de octubre de 2015

Comunicado de Prensa: Primer Simposio de Microhistoria en Lajas

Comunicado de Prensa: Asociación Puertorriqueña de Historiadores celebra Primer Simposio de Microhistoria y su Impacto en el Contexto Nacional en Lajas


La Asociación Puertorriqueña de Historiadores, conocida por sus  siglas APH, llevará a cabo el Primer Simposio de Microhistoria y su Impacto en el Contexto Nacional el próximo 14 de octubre en el Centro Cultural de Lajas, Anastasio Ruiz Irizarry, en la Avenida Los Veteranos, entre las 8:30 am y las 5:30 pm.

La actividad está dedicada a la Dra. Raquel Brailowsky Cabrera por su extraordinaria aportación a la historiografía puertorriqueña. La Dra. Brailowsky Cabrera es antropóloga social, historiadora, gestora cultural, escritora y profesora en el Recinto Universitario de San Germán de la Universidad Interamericana.  El evento además es parte de las efemérides del Cincuentenario de la Fundación del Centro Cultural de Lajas, Anastasio Ruiz Irizarry.

¨La microhistoria nos permite examinar concienzudamente la relación entre historia y comunidad, no solo como un intento  de entender el pasado humano sino con el objetivo  de estrechar lazos, generar procesos identitarios y de integración social. En ese proceso la reconstrucción histórica de una comunidad es una herramienta clave para abrir nuevos espacios que permiten diálogos, producen solidaridades y  permiten cumplir con una responsabilidad social que es cada día más urgente¨, puntualiza el Dr. Félix R. Huertas González, presidente de la APH.

La APH es la organización que congrega a los historiadores e historiadoras de Puerto Rico. Entre sus objetivos  está fomentar la comunicación, cooperación y solidaridad entre los historiadores e historiadoras en y fuera del Archipiélago Borincano.  Parte del compromiso de la APH es desarrollar proyectos de investigación en el área de la historia y disciplinas afines, así como afianzar esfuerzos y establecer alianzas en beneficio de nuestra sociedad. Además, la APH ha sido fundamental el colaborar en la formación de futuros profesionales de la historia.

La APH, indica el Dr. Huertas González, cumpliendo con una parte importante de su misión, ha establecido en diversos proyectos la necesidad de “contribuir al bienestar de la comunidad a través de sus conocimientos de los sistemas sociales y de sus roles como ciudadanos responsables”. Por lo tanto,  con el apoyo de diversas organizaciones que firmaron convenios con la Asociación Puertorriqueña de Historiadores en febrero del 2015 se ha desarrollado un trabajo interdisciplinario y transdisciplinario que  propicia la integración de diversas áreas del conocimiento. 

“Al retomar la microhistoria, intentamos provocar la práctica interdisciplinaria y una discusión crítica y  participativa de diversos sectores del país”, asegura Huertas González. “El Simposio da paso a una redefinición de nuestra sociedad, avalando nuestro pasado histórico como cimiente de una transformación social e histórico-cultural que empodere a la Nación para salir de la crisis socioeconómica por la que estamos atravesando¨.

El Simposio concluirá con un ágape cultural con la participación del Ballet Teatro Guaitiao bajo la dirección de la profesora Aida Báez y una intervención musical al piano con el maestro Narciso Negrón.


El Simposio es una actividad coordinada en alianza con organizaciones como el Centro Cultural de Lajas, Anastasio Ruiz Irizarry, Inc, adscrito al Instituto de Cultura Puertorriqueña, el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (CEAPRC), Historiadores de la Región Oriental (HIRO), el Ecomuseo Comunitario de Lajas, Migdalia Jusino Acosta (MJA), el Centro de Estudios e Investigaciones del Suroeste de Puerto Rico (CEISO), Asociación de Estudiantes Graduados de Historia, El Post Antillano, el Municipio de Lajas y su Departamento de Turismo, Arte y Cultura, y el Colectivo Literario en Los Bordes.