martes, 4 de agosto de 2026

Juan Garrido: Un africano en la conquista de las Antillas (1502-1521)

Juan Garrido: Un africano en la conquista de las Antillas (1502-1521)

Pablo L. Crespo Vargas

Libro en Internet Archive
Introducción

El primer africano del que se tiene evidencia documental en llegar a la isla de San Juan Bautista, hoy Puerto Rico, fue Juan Garrido. Contrario a la creencia generalizada de que todos los africanos llegaban en condición de esclavos, Garrido fue un hombre libre que, como muchos otros conquistadores, buscaba aventuras y la posibilidad de alcanzar riqueza y gloria. Su participación en los proyectos de exploración, conquista y colonización lo llevó a visitar no solo la isla de San Juan Bautista, sino también La Española, las Antillas Menores, Cuba, Florida y la Nueva España.

En este ensayo analizaremos las hazañas y aventuras de Juan Garrido en el ámbito antillano, durante el periodo comprendido entre 1502 y 1521. Nos limitamos a estos años porque constituyen la etapa menos conocida de su trayectoria, y el examen de las fuentes resulta fundamental para obtener una visión más clara de los acontecimientos que vivió. A partir de 1521, Garrido se establece en la Nueva España, donde participa en el proceso de conquista de la región. Este periodo está mucho mejor documentado y sus acciones, entre ellas haber sido el primer colonizador en sembrar trigo, evidencian su capacidad para enfrentar la incertidumbre y los prejuicios de la sociedad hacia la población africana.

Negros en la conquista

Juan Garrido no fue el único conquistador africano del que se tiene noticia, aunque posiblemente sí el primero. Otros africanos que participaron en la conquista de las nuevas tierras fueron Sebastián Toral, Pedro Fulupo, Juan Bardales, Antonio Pérez y Juan Valiente, entre otros. Asimismo, hubo hombres negros o mulatos nacidos en la península ibérica que también formaron parte de este proceso: Juan Portugués —sobre cuyo lugar de nacimiento existe la duda, entre África y territorio europeo—, Juan García, Miguel Ruiz y Juan Beltrán, entre otros. Un ejemplo de mulata lo fue Beatriz de Palacios, quien participó en la conquista de México junto a su esposo Pedro de Escobar.

En cuanto a las menciones de exploradores o sirvientes negros que llegaron antes que Juan Garrido, cabe señalar a Alonso Prieto, quien aparentemente formó parte del primer viaje de Cristóbal Colón en 1492. También se argumenta que, en el cuarto viaje de Colón, en 1502, este llevó consigo a un sirviente negro llamado Diego. Ese mismo año, Nicolás de Ovando arribó a las Indias y trajo consigo un grupo de personas negras, tanto libres como esclavizadas, para ser empleadas en el proceso de colonización. Es probable que en este contexto Juan Garrido haya llegado al Nuevo Mundo.

La entrada de africanos a la península Ibérica

La posición geográfica de la península ibérica, que marca frontera con el norte de África, es posiblemente la explicación más concisa para entender la interacción entre ambas zonas. No ha de extrañar que el movimiento poblacional de un lado hacia el otro haya sido un asunto milenario. De hecho, estudios del genoma realizados por un equipo de científicos, dirigidos por Gloria González Fortes, establecen evidencia genética de migraciones tan antiguas como hace cuatro mil años.

Acercándonos más al periodo de inicio de la conquista y colonización del Nuevo Mundo, los movimientos expansionistas de Portugal hacia África sirvieron de base para la entrada a los reinos ibéricos de población negra de la zona del África occidental. A esto, no debemos olvidar que el comercio de esclavos de los países árabes y musulmanes del norte de África mantuvo un flujo de esclavizados negros hacia las costas mediterráneas europeas.

Una inmensa mayoría de estos inmigrantes africanos fueron personas esclavizadas; sin embargo, hubo individuos que, por su condición social o por particulares diversas, lograron entrar como personas libres. Algunos exploradores portugueses, como Diego Cam (Diogo Cão) y Alonso Doveiro, en sus viajes, procuraron traer representantes, artesanos o sirvientes libres que llegaron y se establecieron en Lisboa. A este grupo hay que sumar los esclavizados que lograron obtener su libertad y se integraron a la sociedad.

En el caso de la ciudad y puerto de Sevilla, este proceso se ha documentado. En una investigación de Alfonso Franco Silva se detalla que entre 1470 y 1525, unos 1153 esclavizados se liberaron, números que reflejan entre una tercera y una cuarta parte de esta población. No todos eran negros africanos, pero sí era el grupo más numeroso entre los liberados.

Para historiadores como David Sánchez Sánchez, Juan Garrido cae dentro del estereotipo de la persona que fue cautiva y esclavizada; y que, en el proceso, antes de llegar a Sevilla, le fue concedida la libertad. Se argumenta que su amo, de apellido Garrido, le hubiera otorgado su libertad luego de fallecer, esto como gratitud a sus servicios. Esto pudo haber estado estipulado en el testamento. A esto se suma la alegación del cronista Francisco López de Gomarra, que hace referencia a Juan Garrido como «un negro de Cortés»; y luego de narrar su hazaña de cosechar trigo en Nueva España, cierra indicando que «A un negro y esclavo se debe tanto bien». Esta percepción de López de Gomarra pudo estar enmarcada en prejuicios que ya desde esa época se estaban desarrollando sobre la población negra, la cual se veía como inferior a los europeos.

Por otro lado, algunos historiadores fundamentan sus argumentos en una de las probanzas del propio Juan Garrido, reproducida por el historiador Francisco A. Icaza, en la cual el personaje afirma que «de su voluntad, se vino a tornar cristiano en Lisboa». De ser así, Garrido pudo haber sido uno de aquellos representantes o enviados de sus reinos, cuyo propósito era conocer la sociedad de los exploradores recién llegados a sus tierras. No obstante, también cabe la posibilidad de que ocultara un pasado como esclavo. En cualquier caso, su declaración, por más tergiversada que pudiera estar, constituye la evidencia histórica con la que contamos.

Primeros pasos de Juan Garrido

Se desconocen tanto el lugar de procedencia como el año de nacimiento de Juan Garrido. Sin embargo, algunos historiadores, tras analizar las fuentes disponibles, sostienen que nació hacia 1480 en algún territorio de la zona occidental de África, posiblemente en la región histórica de Guinea, en las costas del Golfo de Guinea. La biografía oficial publicada por el National Park Service, agencia del gobierno estadounidense encargada de los parques y monumentos, señala en cambio que su nacimiento ocurrió en 1487. En definitiva, no es posible establecer con certeza una fecha específica, pues no existe evidencia concluyente al respecto.

La región de Guinea, desde 1469, era una zona donde los portugueses mantenían el control comercial sobre ella. Castilla, en 1478 y como parte de la Guerra de Sucesión en su reino, trató de arrebatar este dominio al enviar una flota, pero fracasó. Con el establecimiento del fuerte San Jorge de la Mina (actual ciudad de Elmina, Ghana), el control de la región se consolidó en manos portuguesas. Todo comercio o movimiento de individuos de la región a Europa tenía que pasar por las manos portuguesas. Juan Garrido, siendo esclavo o persona libre, tuvo que haber viajado desde este puerto hasta Lisboa. Establecido en Portugal, tuvo que haber conocido la noticia del éxito del primer viaje colombino, lo cual lo motivó a moverse a Sevilla, donde, según él, estuvo unos siete años antes de embarcarse hasta el Nuevo Mundo.

El primer destino de Juan Garrido fue La Española. Se presume que llegó en la expedición de Nicolás de Ovando en 1502, en la cual se embarcaron varios mulatos y negros, algunos de origen africano y otros nacidos en la península ibérica. Durante un periodo cercano a cinco años en Santo Domingo, y siguiendo la interpretación de Ricardo Alegría sobre una de las probanzas, se establece que Garrido participó de alguna manera en los procesos de pacificación de la isla. Dichos procesos incluían las incursiones realizadas en las islas habitadas por los caribes, cuyo objetivo principal era la captura de indígenas destinados a la esclavitud.

Su llegada a San Juan Bautista y la Florida

En 1508, Juan Garrido se incorporó a la expedición de Juan Ponce de León hacia la isla de Boriquén (San Juan Bautista, hoy Puerto Rico). Allí formó parte del grupo de cincuenta conquistadores que se enlistaron en la empresa dirigida por Ponce de León. Para algunos historiadores, este momento marca el inicio de un supuesto vínculo entre Garrido y Ponce de León, relación que los llevaría a participar en diversas empresas colonizadoras que veremos más adelante. La primera de ellas fue la exploración y el establecimiento de la colonia en la isla de San Juan Bautista, lo que incluyó el enfrentamiento armado de 1511 y las posibles escaramuzas ocurridas en los años posteriores contra los indígenas que resistieron la dominación castellana.

No obstante, cabe señalar que los cronistas de la época no registraron acciones específicas de Juan Garrido; por supuesto, tampoco puede asumirse que las de todos los participantes hayan quedado documentadas. Aun así, resulta significativo que el nombre de Garrido no figure en los listados de conquistadores que obtenían botín en las incursiones contra los indígenas considerados en rebeldía.

Juan Garrido afirma haber participado en el viaje de exploración de Juan Ponce de León a la isla de Bimini, que culminó con el descubrimiento de la península de Florida, considerada entonces por los exploradores como una nueva isla. Esta expedición tuvo lugar en 1513 y contó con tres naves: dos partieron del puerto de Yuma, en La Española, y la tercera desde el puerto de San Germán (posiblemente, la actual costa de Aguada o de Añasco). De las dos primeras se conserva el listado de la tripulación; sin embargo, el de la nave que zarpó de San Germán aún no ha sido hallado. Dado que Garrido no figura entre los pasajeros de las primeras dos embarcaciones, se entiende que viajó en el navío San Cristóbal. Esta nave recibió la encomienda de continuar la exploración después de que Ponce de León decidiera suspenderla debido a la hostilidad de los indígenas nativos. Como consecuencia, la San Cristóbal regresó cuatro meses después de la llegada de Ponce de León a la isla de San Juan Bautista. Conviene destacar que, en su probanza, Garrido declara haber participado en el descubrimiento de Florida; no obstante, los testimonios disponibles certifican su presencia en la segunda expedición de 1521. Esto, a su vez, contradice la posibilidad de que hubiera tomado parte en la expedición inicial de Hernán Cortés a las tierras mexicanas.

Mientras se desarrollaba el primer viaje a la Florida, las hostilidades en la isla de San Juan Bautista continuaban debido a la alianza entre los indígenas antillanos: los habitantes de Boriquén y los caribes de las Antillas Menores. Esta situación motivó la planificación de una armada contra dichas Antillas, teniendo como objetivos principales las islas de Guadalupe y Dominica. La expedición se llevó a cabo en 1514. Sin embargo, no zarpó desde San Juan Bautista, sino que la flota llegó directamente desde Castilla bajo el mando de Juan Ponce de León. Tras un primer ataque, las fuerzas castellanas sufrieron una derrota y se replegaron hacia San Juan Bautista, antes de intentar un segundo asalto. No está del todo claro si este segundo intento llegó a realizarse; lo que sí se sabe es que en 1515 se organizó otra expedición, en la cual Ponce de León no participó, pero se presume que Juan Garrido sí formó parte de ella.

Posterior a la campaña naval contra los caribes, se tiene evidencia de la presencia de Juan Garrido en San Juan Bautista durante los años 1515 y 1519, según los informes sobre la recolección y fundición de oro. Considerar estas fechas resulta de suma importancia, pues aún resta abordar sus supuestas experiencias en Cuba y el proceso mediante el cual llegó a Nueva España.

Cuba, segundo viaje a Florida y su paso a Nueva España

La conquista y colonización de la isla de Cuba comenzó en 1510, aunque algunos historiadores señalan que no fue hasta 1511 cuando la expedición de Diego Velázquez partió de La Española hacia territorio cubano. Cabe destacar que sobre estos primeros años existe escasa documentación que permita esclarecer el desarrollo de la campaña, siendo la relación escrita por el propio Velázquez en 1514 la principal fuente disponible.

La pacificación de Cuba se llevó a cabo de manera simultánea con la de Puerto Rico. Este hecho plantea un problema frente a las declaraciones de Juan Garrido y de algunos testigos en su probanza, quienes afirman que él participó junto a Velázquez en dicho proceso. De ser ciertas estas afirmaciones, Garrido habría tenido que iniciar la colonización de Puerto Rico, regresar a La Española, viajar con Velázquez a Cuba y, en medio de la campaña, retornar a San Juan Bautista para atender la rebelión de 1511.

En caso de que no hubiera participado en la represión contra los indígenas borinqueños en 1511, sí estuvo presente, según su propia declaración, en el viaje de Ponce de León a la Florida en 1513. Al analizar las condiciones de vida durante el proceso de conquista, la movilidad que aparenta tener Garrido en sus testimonios resulta excepcional, pues lo habitual era que la presencia de un conquistador se requiriese de manera constante en el lugar donde se encontraba.

No cabe duda de que Juan Garrido estuvo en Cuba antes de partir hacia México; sin embargo, el análisis de sus declaraciones sugiere que su supuesto viaje con Hernán Cortés a Cuba no ocurrió en el momento en que este zarpó en febrero de 1519 hacia México e inició el proceso de conquista, el cual culminó con la toma de Tenochtitlán en agosto de 1521.

En contraste con estas fechas, el segundo viaje de Ponce de León a Florida tuvo lugar en febrero de 1521. En esta ocasión, Ponce de León dispuso de dos navíos y se estima que lo acompañaron alrededor de 200 hombres. No se cuenta con información detallada sobre la preparación de la expedición, pero, como en otros casos, la organización debió requerir un tiempo considerable, incluyendo el reclutamiento de personal y la preparación de las embarcaciones.

Una vez iniciado el viaje y tras arribar a las costas de Florida, Ponce de León comenzó la exploración del litoral. En una escaramuza con los indígenas resultó herido y decidió trasladarse a La Habana para recibir atención. Su llegada a Cuba se produjo en abril y allí falleció a comienzos de julio.

Respecto a la participación de Juan Garrido en esta expedición, uno de los testigos, Alonso Martín de Jerez, aseguró que Garrido tomó parte en el viaje, al igual que él. Este testigo también pasó de La Habana a Nueva España y se unió a las huestes de Cortés que marchaban hacia Tenochtitlán. Conviene señalar que parte de las propiedades de Ponce de León, necesarias en Nueva España, fueron embarcadas y trasladadas a territorio mexicano. Asimismo, algunos de los hombres se incorporaron a las fuerzas de Hernán Cortés, entre ellos Juan Garrido.

Comentarios finales

La información sobre Juan Garrido en el proceso de conquista y colonización de las Antillas se limita a unas pocas fuentes primarias. La principal de ellas es su probanza de méritos y servicios, redactada en 1538 con el propósito de obtener una pensión o recompensa por los servicios prestados a la Corona. Otra documentación relevante corresponde a los registros de la fundición de oro en San Juan de Puerto Rico, que permiten ubicar a Garrido en la isla entre 1515 y 1519.

En 1515 se consigna que Garrido era negro, sin ofrecer mayores detalles. En las fundiciones realizadas entre el 21 de julio y el 28 de agosto de 1516, del 21 de abril al 19 de mayo de 1518 y del 9 de marzo al 10 de junio de 1519, tanto en Caparra como en San Germán, se certifica su presencia. Este último periodo contrasta con la fecha de inicio del viaje de conquista de Hernán Cortés.

Existen otras menciones que podrían vincularse con Juan Garrido, aunque de manera circunstancial. No debe olvidarse que el periodo estudiado carece de una documentación sistemática y precisa, lo que genera lagunas históricas que posiblemente nunca puedan ser llenadas.

Se reconoce que Juan Garrido fue uno de los primeros negros libres en participar en el proceso de conquista y colonización del Nuevo Mundo, hecho que resulta excepcional en sí mismo. Su trayectoria se asemeja a la de otros aventureros que se forjaron en las Antillas antes de enfrentarse a los poderosos imperios continentales; en su caso, el de los mexicas.

En cuanto a su papel en la conquista y colonización de la Nueva España, este está mejor documentado y resulta más claro. Entre sus principales logros en territorio continental destaca la introducción del cultivo de trigo, aunque no fue el único. Además de su participación en diversas expediciones, Garrido comisionó la construcción de la ermita de San Hipólito en la Ciudad de México, destinada a honrar a los caídos durante el sitio de Tenochtitlán.

Referencias:

Primarias

«Probanza de Juan Garrido, negro, 1538». Archivo General de Indias, Sevilla, Audiencia de México, Leg. 204.

«Documentos sobre fundición de oro en San Juan de Puerto Rico». Archivo General de Indias, Sevilla, Sección Patronato, Leg. 198, Ramos 9-16.

Bibliográficas

Alegría, Ricardo. Juan Garrido, el conquistador negro en las Antillas, Florida, México y California. San Juan: Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, 1990. https://archive.org/details/juan-garrido-by-ricardo-alegria-1990-san-juan-puerto-rico/mode/2up

Franco Silva, Alfonso, «Los negros libertos en las sociedades andaluzas entre los siglos XV al XVI», en Los marginados en el mundo medieval y moderno, coord. María Desamparados Martínez San Pedro, Almería, 5 a 7 de noviembre de 1998, Almería, Instituto de Estudios Almerienses, 2000, pp. 51-64.

González Fortes, Gloria et al. «A western route of prehistoric human migration from Africa into the Iberian Peninsula». Proceedings Royal Society B, vol. 286, issue 1895, 30 january 2019, 10 p. https://doi.org/10.1098/rspb.2018.2288

Icaza, Francisco A. de. Conquistadores y pobladores de Nueva España: Diccionario autobiográfico sacado de los textos originales. Madrid: Imprenta El Adelantado de Segovia, 1923. https://archive.org/details/conquistadoresyp00icaz/mode/2up

Restall, Matthew, «Black Conquistadors: Armed Africans in Early Spanish America», The Americas, 57.2, Oct. 2000, (The African Experience in Early Spanish America), pp. 171-205.

Sánchez Sánchez, David. «Juan Garrido, el negro conquistador: nuevos datos sobre su identidad». Hipogrifo. Revista de literatura y cultura del Siglo de Oro, vol. 8, núm. 1, 2020: pp. 263-279. https://www.redalyc.org/journal/5175/517563676018/html/

Sued Badillo, Jalil & Ángel López Cantos. Puerto Rico Negro. San Juan: Editorial Cultural, 2007.

Internet:

Imaginando La Florida:

https://www.accioncultural.es/virtuales/florida/exploracion/juan_garrido.html

National Park Service: https://www.nps.gov/people/juargarrido.htm

miércoles, 29 de julio de 2026

Tres miradas a la historia de las parteras: Reseña

Tres miradas a la historia de las parteras: Reseña

Teresita Soto Falto

La reciente noticia de una mala práctica médica a una mujer embarazada que parió a su hijo mediante una cesárea viene muy bien a cuento para comentar la publicación, de febrero de este año 2026, del libro: Tres miradas a la historia de las parteras.

Tres historiadores reconocidos se han reunido para ampliar la breve bibliografía que se puede consultar sobre este tema.  Pablo Crespo Vargas nos da la primera mirada. Estudia el tema desde el punto de vista histórico, presentándonos casos específicos de la persecución que la Inquisición libró contra las parteras en Cartagena de Indias, a quienes asociaba con la práctica de la magia, los sortilegios y con tener pactos con el diablo. El estudio, titulado “Parterías, magia e intervención inquisitorial en Cartagena de Indias”, detalla los casos de mujeres que en el siglo XVII fueron encausadas, procesadas, azotadas, encarceladas, exhibidas como brujas cargando al cuello un distintivo o llevando sobre la cabeza un cono largo (coroza) con la insignia de hechicera. Existía la creencia entre los inquisidores «de que las parteras eran agentes del demonio y que entre sus funciones estaba la de proveer recién nacidos para rituales».

La segunda mirada es la de César Augusto Salcedo Chirinos: “Habilitando comadronas: las dificultades para profesionalizar el cuidado del parto en Puerto Rico, 1839-1900”. El tema que vertebra el libro va ampliándose y ahora encontramos los esfuerzos que fue haciendo la colonia española para regularizar la práctica obstétrica para las mujeres de la amplia zona rural del país. La profesionalización de las parteras comienza a darse a partir de 1893 con la creación de una Cátedra de Parteras. El esfuerzo fue muy grande, porque aquellas mujeres eran casi todas, por no decir todas, analfabetas, y no había instituciones sanitarias para atender parturientas. «Después de la invasión estadounidense de 1898, las comadronas que habían sido habilitadas en la época española fueron reconocidas por las nuevas autoridades coloniales». Los progresos en la profesionalización de estas mujeres se fueron dando poco a poco, en la medida en que los países – de América y de Europa - comenzaron a abrirse a la modernidad. Los servicios de las comadronas puertorriqueñas se extendieron hasta mediados del siglo XX, cuando pasaron a ofrecerse en los hospitales por médicos licenciados.

La tercera mirada es la de Félix M. Cruz Jusino, quien nos da el testimonio que el autor recogió de labios de los descendientes de la partera María Matea Acosta y Ortiz, que ejercía su oficio respaldado por todas las certificaciones que otorgaba el Estado. Esta señora era un ángel para las mujeres embarazadas. Tan pronto sabía que estaban en estado, les enviaba gallinas y leche para que se fortalecieran y les enseñaba las reglas básicas de higiene para protegerlas a ellas y a sus criaturas. Aun siendo tan conocida y querida en Lajas y San Germán, donde trajo decenas de niños al mundo, no faltó quien pensara que era también hechicera, porque de su sembradío de hierbas medicinales preparaba tés (guarapos) para sus clientas. La imagen humilde de María Matea, acompañada por sus nietos, se inmortaliza en la portada del libro.

Las tres miradas de los distinguidos historiadores que publica Editorial Aquelarre es como una bocanada de aire fresco para los lectores que nos enfocamos preferentemente en la literatura de creación. Tenemos en las manos un libro breve, con tres estudios académicos, que, aun siéndolos, se comunican con el lector con un lenguaje claro y sencillo. Es un libro que hace una excelente aportación al estudio de un tema sobre unas mujeres que muchos ya han olvidado porque han nacido entre las manos de un médico en la sala de partos de un hospital.  

jueves, 25 de junio de 2026

Recordando a Rafael Hernández Marín: el Jibarito

Recordando a Rafael Hernández Marín: el Jibarito

Pablo L. Crespo Vargas

Rafael Hernández Marín, foto de los 1960's
Imagen en dominio público
Wikimedia Commons /
Fundación Nacional para la Cultura Popular
Rafael Hernández Marín nació el 24 de octubre de 1891 en la comunidad El Tamarindo, Aguadilla. Al haber nacido y ser criado en un municipio efervescente y de continuo movimiento social y cultural, el joven Rafael tuvo la oportunidad de vivir en un ambiente de diversidad y contrastes que favorecieron su desarrollo cognoscitivo y su amor por los ritmos musicales. Su madre y abuela promovieron su incursión en la ejecución de diversos instrumentos: piano, guitarra, violín, trombón y bombardino, entre otros.

Desde los doce años comienza a destacarse bajo la tutela de los maestros José Ruellán Lequeira y Jesús Figueroa. En la adolescencia se une como músico a un circo itinerante japonés, el Kawamura, llevando su incipiente talento alrededor de la Isla. Al disolverse esta organización, Rafael se queda en Puerta de Tierra, lugar que por su ambiente urbano ofrecía mayores oportunidades para un músico. No solamente trabajó como músico independiente, sino que laboró en el Teatro Municipal y fue parte de la Orquesta Municipal de San Juan. Estando en el área metropolitana, tuvo la oportunidad de ser discípulo del maestro Julio Arteaga, con quien desarrolló sus destrezas de armonía y composición, escribiendo su primera obra en 1913. Cuatro años después comienza a vender sus composiciones.

Con la entrada de los Estados Unidos a la Gran Guerra europea, en 1917, Rafael es reclutado, junto a otros puertorriqueños, para pertenecer a una banda de música militar que fue movilizada a Europa. Como militar, logra el grado de sargento y ocupa la posición de asistente de director de la banda. Rafael completa su servicio castrense en 1920 y decide quedarse en Nueva York. Allí es parte de la banda Lucky Cork y organiza la Orquesta Hispanoamericana.

Su talento lo lleva a ser contratado por el Teatro Fausto, a la vez que participa en otras organizaciones musicales en La Habana, durante el periodo de 1921 a 1925. De regreso a Nueva York, organiza el Trío Borinquen, con el cual realiza giras en Puerto Rico y otros lugares internacionales. En 1928, la disquera Columbia Records lo contrató para la grabación de tres interpretaciones de dos autores puertorriqueños: José Gautier Benítez y José de Diego. Al siguiente año, 1929, compone lo que podría catalogarse como su obra cumbre: “Lamento Borincano”. En 1930, el Trio Borinquen se disuelve y Rafael crea un nuevo conjunto que inicialmente se llama Grupo Hernández, luego pasa a llamarse Conjunto Victoria, en referencia a su hermana, y, finalmente, la agrupación utiliza el nombre de Cuarteto Victoria.

En 1932, Rafael comienza una nueva etapa de su vida, en esta ocasión, en México. Allí llega para producir y animar un programa radial en la emisora XEW. Este contrato era por unos meses, pero terminó quedándose unos dieciséis años. Entre sus logros en suelo mexicano están dirigir varias orquestas, incluyendo a la Sinfónica del Estado de Oaxaca, participar, con distintos roles, en películas en un momento cumbre del cine mexicano, culminar estudios avanzados en el Conservatorio Nacional de Música de Ciudad de México y componer el himno del estado de Puebla, entre otros hechos. Se debe resaltar que, en 1940, Rafael se casó con la mexicana María Pérez. Del matrimonio nacen tres hijos en México: Rafael, Miguel Ángel y Víctor Manuel; y uno en Puerto Rico: Alejandro “Chalí”.

En 1947, Rafael regresa a Puerto Rico y es recibido con mucho entusiasmo y alegría, tanto en Aguadilla como en el resto del país. El gobierno de Puerto Rico lo contrata para WIPR, donde realiza varias funciones gerenciales tanto en aspectos artísticos como musicales. Desde ese momento, don Rafael mantiene su residencia en la Isla, aunque continúa con la exposición internacional de su música y el desarrollo de talento local, a la vez que se involucra en otras actividades cívicas y culturales, entre ellas la organización de las Pequeñas Ligas de Béisbol de Puerto Rico. En 1964, don Rafael fue diagnosticado con cáncer y falleció el 11 de diciembre de 1965.

La obra de Rafael Hernández Marín, sobre dos mil composiciones, es reflejo de una mente prodigiosa en las artes musicales y demuestra cómo nuestro insigne compositor aprovechó cada una de las experiencias vividas para acrecentar su conocimiento en los ritmos y poder producir armonías que son reconocidas de manera universal: “Lamento borincano”, “Preciosa”, “El cumbanchero”, “Perfume de gardenias”, “Linda Quisqueya”, “Ausencia”, “Desvelo de amor”, “Silencio” y “Capullito de alelí”, entre cientos de otras piezas. El legado de nuestro Jibarito está presente y su gesta musical pone el nombre de Puerto Rico en una posición de altura.

Recursos bibliográficos en internet y en centros de información (bibliotecas)

Recursos en Internet

Allende Goitía, Noel. “Rafael Hernández Marín”, Enciclopedia PR, 6 de febrero de 2021. https://enciclopediapr.org/content/rafael-hernandez-marin/ Artículo biográfico.

Fundación Nacional para la Cultura Popular. “¡El Jíbaro vive!”, Fundación Nacional para la Cultura Popular, 19 de octubre de 2022. https://prpop.org/2022/10/el-jibarito-vive/ Artículo sobre el 130 aniversario del natalicio de Rafael Hernández Marín.

_____. “Rafael Hernández”, Fundación Nacional para la Cultura Popular, s.f. https://prpop.org/biografias/rafael-hernandez/ Artículo biográfico

Hernández Marín, Rafael. “Puerto Rico presenta la música de Rafael Hernández”, MP-1. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1963. https://www.archivoicp.com/icpmp1-puerto-rico-presenta-la-musica-de-rafael-hernandez Formato original: Vinilo, LP / Digitalizado. Compositor: Rafael Hernández Marín / Orquesta dirigida por Rafael Hernández. Cantantes invitados: Tato Díaz, Rita Elena Ortiz, Pablo Elvira.

Rafael Hernández Marín (1891-1965): Apuntes biográficos del compositor, Sala Museo Rafael Hernández Marín, Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto Metropolitano, s.f. https://metro.inter.edu/museo-sala/bibliografia_rafael.pdf

Robert, Evelyn y Luis Olivieri. “Rafael Hernández: Biografías / Composiciones”, Salsa Clásica, s.f. https://salsaclasica.com/rafaelhernandez Artículo publicado originalmente en Revista CORAL, vol. X, N. 1-2, diciembre 1992, pp. 23-24, de la Sociedad Puertorriqueña de Directores de Coros.

YouTube (generador de canal automático). “Rafael Hernández: Tema”, YouTube, 13 de julio de 2013. https://www.youtube.com/channel/UC_1TtG2ca7ThZ3sDr062U-g Colección de 147 vídeos con la música compuesta por Rafael Hernández Marín.

Recursos bibliográficos en centros de información (bibliotecas públicas):

Bibliografía musical puertorriqueña. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña y Centro de Investigaciones y Ediciones Musicales de Puerto Rico, 1981.

Burgos Malavé. Eda M. Homenaje a Rafael Hernández en el Centenario de su natalicio. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras: Departamento de Humanidades, 1991.

Hernández Marín, Rafael y Ma Dhyan Elsa Betancourt. Hasta siempre, Rafael Hernández. Río Piedras: Yaraví, 1981.

Hernández Marín, Rafael y Ma Dhyan Elsa Betancourt. Hasta siempre, Rafael Hernández. Río Piedras: Yaraví, 1981.

Rafael Hernández vive, y siempre está en nosotros. Aguadilla: WNOZ Radio Nosotros, 1991.

Rodríguez Tapia, Ismael E. Rafael Hernández Marín: Cantor de la afirmación nacional puertorriqueña. San Juan: Publicaciones Yuquiyú, 2005.

Ruscalleda Bercedóniz, Jorge M. Rafael Hernández: apuntes biográficos desde la distancia aguadillana. Aguadilla: Editorial Mester, 2018.

Sala-Museo Rafael Hernández, Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto Metro: Ediciones Homines, 1994.

Nota editorial: Artículo originalmente publicado el 6 de junio de 2026 en El Post Antillano.

martes, 12 de mayo de 2026

Introducción a «Historia del barrio La Cantera de Ponce»

Introducción a «Historia del barrio La Cantera de Ponce»

Elí D. Oquendo Rodríguez

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La isla de Puerto Rico posee 78 municipios. Cada uno de ellos tiene su historia particular y, en mayor o menor grado, cada uno es protagonista de la historia nacional. ¿Habrá quien no recuerde la importancia histórica de San Germán, San Juan, Lares, Ponce, Jayuya o el extinto pueblo de Río Piedras? Los pueblos, a su vez, se integran por comunidades que se denominan barrios y que igual tienen sus propias historias, en las que se destacan ciertos personajes, eventos y lugares significativos. Muchas de esas están aún por escribir. Actualmente, Ponce tiene 31 barrios. En el siglo XIX fueron muchos más, pero con la marcha del tiempo algunos fueron desapareciendo al ser absorbidos por otros, cambiaron de nombre o fueron sacados de su jurisdicción. A principios de la década de 1820, por disposición gubernamental, Ponce debió ceder varios barrios al vecino pueblo de Juana Díaz.

En 2016 surgió la idea de escribir una historia sobre los barrios ponceños. No obstante, dada la ingente cantidad de información contenida en los documentos del Archivo Histórico del Municipio de Ponce, hubo que modificar el proyecto y, finalmente, terminó publicándose un libro que única y exclusivamente trataba sobre la Playa de Ponce. Esto fue en junio de 2017. El mismo se tituló A orillas del Mar Caribe. Boceto histórico de la Playa de Ponce. Desde sus primeros habitantes hasta principios del siglo XX. El trabajo se le dedicó a la Lcda. Gladys Tormes, una querida amiga, quien ha sido leal defensora del patrimonio histórico de la ciudad y, en gran medida, fuente de inspiración de la idea original. Este libro recibió el Premio Luis Edgardo Díaz el 30 de abril de 2018 en ceremonia celebrada en el Centro Cultural Carmen Solá de Pereira. Dos años después, en 2019, se retomó la idea de historia de los barrios y salió a la luz otro libro. Este se tituló: Barrios de Ponce. Noticias y microhistorias de ocho comunidades ponceñas en el tiempo. Siglos XVI al XIX. Debido al gran número de estos, se hizo una breve selección y se trabajaron las historias de los barrios Bucaná, Canas, Capitanejo, Entre los Ríos, Sabanetas, San Antón, Tibes y las Vallas. En esta ocasión, el libro le fue dedicado al fenecido profesor e historiador Dr. Fernando Picó. Este erudito jesuita fue un gran mentor que supo transmitir al que escribe estas líneas la pasión por investigar y el gusto por historiar. (1) 

Quedan todavía muchos barrios por escribir de ellos. El presente escrito es una humilde aportación a la historia de dos barrios que se desarrollaron hacia el norte del pueblo y que en su momento se llamaron el Capá y la Cantera. Ambos con nombres con clara alusión a un árbol autóctono y a un elemento geográfico. Hoy se les conoce como barrios Quinto y Sexto, respectivamente. Y resultó que la Cantera se convirtió en un sector más dentro de él. Pero no por eso dejó de tener su propia identidad. Al contrario, administraciones municipales han intentado preservarla y destacar sus aportaciones. Así lo hizo el fenecido alcalde D. Rafael Cordero Santiago cuando, en 1999, gestionó la inversión de 5 millones de dólares en remozar la zona más emblemática del barrio. El proyecto se extendía desde la placita Domingo Cruz hasta los muros de la Cantera. Abarcaba 1,225.69 metros lineales e incluía pavimentación con asfalto, construcción de aceras recubiertas con lozas, iluminación con postes estilo colonial y siembra de árboles para el ornato y frescura de la vía. (2)

Esta historia se la debía a algunos que una vez preguntaron cuándo escribiría algo sobre la Cantera. También se la debía a la memoria de algunos de mis antepasados, quienes cuando emigraron desde Adjuntas a Ponce, a comienzos del siglo XX, se establecieron en diversos lugares de la Cantera. Mi bisabuelo paterno Hilario Oquendo Colón (1859-1934) y sus hijos, entre ellos mi abuelo Juan Arturo Oquendo Castillo (1897-1987), vivieron en el cerro San Tomás y calle del Acueducto entre 1915 y 1924. De hecho, Juan Arturo también vivió en la barriada Borinquen hasta el día de su muerte. Por otro lado, mis tatarabuelos maternos, Pedro Pascual Torres Maldonado (1867-1953) y Anastasia Torres Cedeño (1869-1944), también se radicaron en San Tomás al empezar la década de 1930. La última falleció en septiembre de 1944 siendo vecina de la calle Mayor Cantera. Por supuesto, también le debía esta historia a los vecinos de la Cantera que, seguro, alguna curiosidad deben tener sobre los orígenes de su barrio.



[1] Ver de Fernando Picó el ensayo “El placer de historiar”, en el libro Ensayos en torno a la Historia y otros temas. Centro de Investigaciones Históricas. Departamento de Historia. Facultad de Humanidades. Universidad de Puerto Rico. Recinto de Río Piedras. 2019. pp. 87-94.

[2] AHMP. Archivo Vertical. Barrio Sexto. El Autónomo. Vol. 3, Núm. 2, Febrero de 1999, p. 1. 

lunes, 4 de mayo de 2026

El diablo calza de Prada 2.0

El diablo calza de Prada 2.0

José E. Muratti-Toro, Ph.D

Fui a ver Prada 2.0. La mercadotecnia protagonizada por uno de los actores y tres de las actrices más talentosas de este principio de siglo, una precursora que elevó a Meryll Streep a la estratosfera inexplorada sobre el universo de luminarias del cine, y una secuela que ha provocado más curiosidad y anticipación que la última entrega de las carpetas de Epstein, la convirtió en exigencia estética y cultural en la era de la decadencia trumpiana del imperio.

Prada 2.0 parte de una herida que "atraviesa de parte a parte" la psiquis de unos Estados Unidos y, en relativa menor parte, una cultura occidental, diezmados por la concentración de poder en manos de unos uberbillonarios con esa extraña, aunque comprensible, relación inversa entre su poderío económico y su sofisticación y buen gusto.

Andrea Sachs, protagonizada por la beatrífica (as in Dante's...) Ann Hathaway, acaba de perder su trabajo de periodista en un periódico de evidente inclinación izquierdosa por haber sido comprado por un inversionista, de los que acaparan negocios y viviendas, y, desesperadamente desempleada, recibe una llamada del dueño de la revista de modas Runway, donde, literalmente, Dios-menos-uno Meryl Streep la humilló, ninguneó y convirtió, como espada sobre el yunque, en una prodigiosa "fixer". Dime que es imposible y Andy lo resuelve, como en los sueños del Che Guevara (sorry por la referencia izquierdosa sesentosa).

Andy termina de vuelta en Runway para insufrible fastidio de Miranda Presley (Streep) transparentemente basada en Anna Wintour, directora de la icónica revista Vogue.

En un giro anclado en la máxima rubenbládica de que "la vida te da sorpresas", el reinado de Miranda se tambalea tras la muerte del dueño de la revista y su hijo dontrumpjuniórdico amenaza con hacerle lo que Jeff Bezos al Washington Post y Larry Ellison a CBS.

Los acontecimientos se precipitan de cara a la pasarela de Milán donde Miranda anticipa inaugurar su sucursal y ascensión al trono global.

Las subtramas de la infatuación de Andy con un renovador de edificios históricos (Patrick Brammal), la ascensión de Emily (Emily Blunt) a directora de Christian Dior (también comprada por un burdo inversionista), la inconmensurable lealtad de Nigel (Stanley Tucci), la nueva relación de Miranda con Kenneth Branagh y el cameo de la fascinante Lucy Liu, le añaden miel y especias al sorpresivo giro en la trama.

Anticipadamente, aunque no tanto, Andy encuentra la "imposible" salida del laberinto en medio de una gala en Milán que hace la del Met parecer un mercado de pulgas en Brooklyn (bueno, exagero un poco).

La suntuosidad de esta Pasarela (sí, con "P" mayúscula), con todo y espectáculo por Lady Gaga, tiene el doble propósito de revelar, con todo y escena frente al mural de la Última Cena de Leonardo da Vinci en el convento Santa Maria delle Grazie, que el arte, la creatividad, la sofisticación tienen un lugar de cuestionable o rechazable privilegio, pero no por eso menos importante, en la cultura occidental, sino mundial.

En esta rebanada de la historia que nos ha tocado vivir, el filme denuncia la destrucción del periodismo y las artes del espectáculo por palurdos magnates que tienen el refinamiento de un contable de mafia rural; desnuda sin pudor los egoísmos y la codicia hasta de los más cercanos allegados, salpicados por la callada lealtad de los marginados; y nos esperanza con la alucinante candidez de quienes honestamente creen en el amor y la amistad, aunque aprovechen oportunidades para proteger su nicho.

El sentimiento neto, al menos para este espectador, es que la belleza, aún en la rarificada estratosfera donde pululan los "beautiful people", cumple un propósito social que sirve de argamasa para sostener el andamiaje social, aunque su zapata esté manchada con el sudor y la sangre de los modernos esclavos que cosen y ensamblan nuestras vestimentas más vistosas y extravagantes, porque en las capas intermedias donde vivimos usted, querido/a lector/a y yo, y las divas y divos de la moda, hay un mundo laboral que convierte la fantasía en mercancía, y de la fantasía se nutren nuestros sueños, aunque nos quedemos dormidos en la página 84 de una Reina Valera estrujada y releída, un Cien Años de Soledad subrayado y manchado con café, o el manual para arreglar motores de combustión o la buena cocina de Carmen Boy Valdejulli, que nos heredó ese/a otro/a significativo/a que nos enseñó el oficio.

Suponemos que el diablo calza de Prada, para la incomodidad de tantos, pero la mayoría de nosotros, cuando vamos a Burlington, nos lo probamos, aunque decidamos que no.


martes, 28 de abril de 2026

Septiembre distopía: Nueva sinfonía de voces puertorriqueñas

Septiembre distopía: Nueva sinfonía de voces puertorriqueñas

Lizette Martínez

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Nota editorial: Publicado originalmente en el blog Nuestro Rincón de Lectura, el 7 de diciembre de 2025, Enlace a la entrada en Nuestro Rincón de Lectura

¡Hola, Rinconeros! Aunque ya estamos en Navidad y salimos de la temporada de huracanes, quisiera compartir este hermoso libro con ustedes. Septiembre distopía es una nueva antología de Gnomo literario que recoge la experiencia que vivimos los puertorriqueños dentro y fuera de la isla a raíz de los azotes de Irma y María en el 2017.

Ya han pasado 8 años desde que la naturaleza nos partió el orgullo y nos postró de rodillas a ver si podíamos levantarnos. Esta antología plasma los pedazos del alma borincana frente a la incertidumbre y la tragedia. Hay poesía, cuentos, ensayos y crónicas. Todos estos relatos contribuyen a forjar una hermosa sinfonía de voces puertorriqueñas. Cada relato encierra un pedacito de nuestra alma colectiva y lo que vivimos mientras intentábamos sacar la cabeza del agua para poder respirar. Mientras leía, podía palpar la rabia, el dolor, la soledad suprema y la impotencia de no saber lo que el destino nos depararía…

Me encantó ver los diferentes puntos de vista y formas de vivir la hecatombe: desde la diáspora que trabaja para enviarle chavitos a su familia; los aprovechados que siempre están prestos a sacar provecho de la miseria de sus compatriotas; los que prefieren adormecerse con pastillas, alcohol, sexo y marihuana; los que pierden la esperanza y se tiran a morir; y los que se aferran a la vida con garras y dientes.

Eïrïc Durändal Stormcrow, editor y autor, nos lanza la pregunta desde el prólogo: «¿Puede la literatura sanar? ¿Podemos sanarnos si escribimos lo que nos duele? ¿Lo que nos aterra como pueblo? ¿Lo que esperamos y no llega?» (p. 6).

Mi contestación como lectora y autora, que además de participar en la antología también sobrevivió los hechos devastadores de Irma y María, es que sí, definitivamente sí, la literatura sirve como aliciente, catarsis y medicina para el alma.

¡Gracias Eïrïc y gracias Zahína Bruno (coeditora) por recuperar nuestros pedacitos de alma para la posteridad literaria! La portada es hermosa e impactante también. Me siento sumamente orgullosa y privilegiada de haber contribuido a esta antología y poder añadir mi voz a la nueva sinfonía literaria puertorriqueña.

Queda altamente recomendado este libro. Si no lo tienes, sal y cómpralo ya…

lunes, 13 de abril de 2026

Atrapado Ficticio: Una lectura desde la historia y la ficción

Atrapado ficticio: Una lectura desde la historia y la ficción

Pablo L. Crespo Vargas

Reflexión sobre la obra de José Rabelo, Atrapado ficticio, San Juan: Isla Negra Editores, 2025.

Cada vez que comenzaba mis cursos de historia, les pedía a los estudiantes que me explicaran qué entendían por «historia». Para algunos, la historia era algo verdadero, real, un hecho, un pasado verídico. Luego preguntaba cómo se podía verificar la historia o qué evidencia se necesitaba para afirmar que un hecho era histórico. Me hablaban de documentos, y muchos especificaban que, si eran documentos oficiales, tenían mayor validez.

Entonces pasaba a contar la historia de Pablillo, un demonio mitad humano, de la cintura hacia arriba, y mitad gato. Un ser que provocaba peleas para que personas fueran asesinadas y sus cuerpos consumidos en juntas de adoradores del demonio. También se le atribuyó la fuga de un prisionero en una cárcel de Cartagena de Indias. Para esta fuga, Pablillo dobló los barrotes de la ventana, algo que ningún humano común hubiera logrado. Algunos alumnos se reían y, sin dejarme terminar la narración, afirmaban que eso no era posible. En ese momento les presenté documentación judicial que afirmaba que todo eso era real, que eran hechos discutidos en un proceso judicial y que en ningún momento se determinó que fueran falsos. Ahora bien, Pablillo, ese ser mitad hombre y mitad gato, ¿fue real?

Cuando profundizamos en qué es la historia, descubrimos que no es un simple registro de acontecimientos ya acaecidos, sino la interpretación del pasado mediante diversos medios. Estos pueden ser fuentes primarias (creadas de primera mano) y fuentes secundarias (interpretaciones posteriores sobre esos supuestos acontecimientos). A lo expuesto, surge otro concepto fundamental: la verdad.

La verdad es una interpretación entre lo que afirmamos y lo que es. También depende de cómo percibimos y de nuestra capacidad para narrarlo. La verdad es un concepto trabajado principalmente en la filosofía, más que en la historia, pero está presente en ambas disciplinas.

¿Por qué toda esta introducción? Porque vamos a hablar de Atrapado Ficticio, de José Rabelo, una colección de 25 cuentos publicada por Isla Negra Editores. Estos relatos, que el autor presenta como ficción, están basados en situaciones y experiencias que no necesariamente son ficticias. No pretendo analizar un cuento en particular, sino hablar de las temáticas que los atraviesan. Aunque son producto de la creatividad literaria de un autor que ya demostró su calidad por la cantidad de premios recibidos, la realidad es que cada uno se fundamenta en problemáticas reales.

Como sociedad, tendemos a creer en los miedos que el sistema de poder vigente establece para perpetuarse; pero obviamos y ridiculizamos cuando alguien igual a nosotros presenta al sistema como un monstruo que devora nuestras vidas para mantenerse. Así mismo vemos la resistencia como algo negativo. Todo dentro del mito que creamos para justificar nuestro comportamiento.

Ahora bien, ¿cuáles son algunas de las temáticas que presenta Rabelo en Atrapado Ficticio? Antes de contestar, aclaro que lo que presento es solo una muestra para animar al lector a adquirir el libro, leerlo, analizarlo y reflexionar. Tengamos presente que el estudio de la historia y la literatura nos ayuda a mejorar como sociedad, pues la reflexión puede encaminarnos hacia un mejor futuro.

Todos los temas están enmarcados en la diversidad, entendida como una variedad de identidades, pensamientos, estilos de vida y formas de ver el mundo. Contrario a las corrientes actuales que se posicionan en contra de la diversidad, esta es base para la creatividad, la innovación, la convivencia y el desarrollo de una sociedad justa e inclusiva. Pasemos a los temas.

El primer tema que deseo mencionar es uno que repercute a diario, aunque muchos aún lo niegan: el racismo. En algún momento pensé que se estaba superando, pero me equivoqué. Actualmente, vivimos en una época donde muchas personas son racistas y, peor aún, reniegan de la diversidad al punto de negar su propia cultura y sus raíces. De hecho, en la obra y sin perder mi obsesión de citar los libros, una mujer afirma: «La justicia no es para los negros», y añado: tampoco para los pobres, las mujeres desamparadas ni para cualquier minoría que se tenga que enfrentar al poder. Vivimos en una sociedad donde quien tiene dinero y poder sí disfruta de la justicia a su favor.

El autor sabe que muchos de estos problemas se interconectan, del mismo modo que los cuentos interactúan entre sí. En esta obra, Rabelo creó un universo donde personajes y situaciones se entrelazan. Uno de estos personajes es doña Virginia, quien proyecta un mensaje de esperanza y amor necesario para resistir las intenciones de quienes se creen poderosos, de quienes buscan exiliarnos y minimizarnos: «La cultura es nuestro escudo. Desde el silencio se esconde la maldad para tratar de destrozar nuestras vidas, pero por muchos siglos nos hemos defendido con las fuerzas del pasado. La defensa está en nuestra memoria, en nuestros libros y hasta en nuestras mentes, aunque los poderosos lo renieguen. No leas en silencio. Lee en voz baja, así será suficiente, pero lee hasta cansarte, hasta sentir la boca seca; solo así crearás un escudo».

Otro problema emanado desde las cúpulas de poder es la destrucción del medioambiente. Es triste ver cómo se habla de la importancia de cuidar nuestro planeta y, de repente, nos encontramos con una política pública dirigida a sembrar cemento, ocupar y destruir espacios naturales como nuestras playas, campos y montes. En uno de los cuentos, Domingo Martes, antes de morir y jactándose del desarrollo desmedido, afirma: «Si no fuera por estos avances, Puerto Rico sería todavía la jungla a donde llegaron nuestros primeros pobladores y a donde desembarcaron los conquistadores. Somos los conquistadores de estos tiempos. Tenemos visión y nadie lo agradece. Protestan mucho hoy, pero mañana lo agradecerán…».

Pasemos al rol de la mujer como parte esencial de la sociedad. No solo su rol social, sino su conexión ancestral, que la envuelve en un velo de magia incomprensible para el mundo patriarcal. En una de las narraciones, una mujer salva a una comunidad de una terrible plaga. Al final, el líder patriarcal decide no recompensarla y menosprecia su trabajo. Ella decide cambiar el rumbo de esa comunidad. Antes de esa decisión, un grupo de mujeres empáticas sale en su defensa. En ese proceso, una vecina afirma: «Si fuera un hombre no le harían esa puercá». La discriminación social hacia la mujer se refleja en desigualdades estructurales como las diferencias salariales, el poco acceso a posiciones de poder y la carga laboral no remunerada.

En esa narración también se observa el abuso de poder. La tía del narrador lo expresa de manera directa: «Me dan vergüenza, ustedes se aprovechan de las personas nobles, con talento. ¡Son unos abusadores!». Esta situación es muy común en el Puerto Rico de hoy, otro problema que se intenta ocultar.

El fanatismo y la persecución política también se reflejan en la obra. El tema de las carpetas aparece y, con él, la histeria y la psicosis del fanatismo: gente que ve fantasmas en cada esquina y que vendería a su madre por su ideal.

Otros temas presentes son la criminalidad, los feminicidios, el suicidio, la situación crítica de nuestra población anciana, el ataque constante a la libertad de expresión y a los medios que informan. En todos los casos, se evidencia cómo quien tiene poder puede hacer y deshacer a su antojo sin consecuencias. ¿Qué hacemos los mortales? Aunque la lucha y los movimientos de protesta siempre están presentes, la realidad es que continuamos atrapados, sin ver una mejoría en cómo se trata a la sociedad desde el poder.

Ahora bien, quienes tienen el poder también cometen errores y llega el momento en que deben reaccionar para mantenerse en su sitial privilegiado. Sí, lo sé; lo hacen por orgullo, por hambre al poder, nunca porque sea lo que le conviene al pueblo. En uno de los escritos, Rabelo muestra cómo los líderes, en vez de aceptar sus errores, prefieren diseñar estrategias que mantengan su imagen positiva. Para ello utilizan las mentiras, bajo la idea de que «todo queda en el olvido». A las mentiras se suma otra herramienta milenaria: el miedo. El propio gobernante dice: «El miedo es el mejor aliado de los dirigentes. El miedo a la muerte, al diablo, al infierno, a los extraterrestres, a los virus ha ayudado a moldear la mente colectiva».

¿Cómo se soluciona nuestra situación de pueblo, según Rabelo? En su obra, se refleja al Puerto Rico actual, donde los actos de resistencia son individuales o de pequeños colectivos. No se ve que el pueblo, en su conjunto, se rebele ni busque un cambio, posiblemente porque la mentira y el miedo provocan que la mayoría demonice a quienes intentan transformar la realidad. No obstante, hay fuerzas más decididas que están dispuestas a asumir riesgos. Una de ellas es la propia naturaleza, que no funciona bajo nuestra lógica, aunque nuestro pensamiento nos lleve a crear demonios para explicar esas fuerzas naturales y cataclismos. Por último, son los gatos, con sus poderes mágicos enigmáticos, quienes un día se levantan, toman el Capitolio y hacen con los que están allí lo mismo que se pretende hacer con los gatos del Viejo San Juan.