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viernes, 7 de junio de 2019

El periodo de gobernación de Toribio Montes en Puerto Rico de 1804 a 1809: Retos y desafíos


EL PERIODO DE GOBERNACIÓN DE TORIBIO MONTES EN PUERTO RICO DE 1804 A 1809: RETOS Y DESAFÍOS
Por Mildred Cardona Rivera

Nota editorial: Ponencia presentada en el 3er Encuentro de Estudiantes Graduados de Historia, Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, Viejo San Juan, Puerto Rico, 24 de agosto de 2018.

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Buenos días,

Es un honor tener la oportunidad de compartir ante ustedes los resultados de la investigación que realicé sobre el periodo de finales del siglo XVIII y principios del XIX, que en su versión de tesis de maestría, en 2017, fue titulada El Periodo de Gobernación de Toribio Montes en Puerto Rico entre 1804 a 1809: Retos y Desafíos, y que fue publicada en 2018 con el título de Crisis en Puerto Rico durante la gobernación del mariscal Toribio Montes: Un reflejo de la política española en el periodo entre los siglos XVIII y XIX.

Los siglos XVIII y XIX han sido fuente de muchos temas de investigación y análisis en la historia de Puerto Rico. Una gran diversidad de estudios ha cubierto este periodo de nuestra historia. Esto podría generar la opinión referente a que en cierta medida estos siglos están saturados y no hay nada novedoso o innovador por descubrir, no obstante, constantemente surgen nuevos argumentos y nuevas perspectivas de pensamiento que aportan y refrescan la historia de este, que niegan admitir que todo está dicho o escrito.

Dentro del tema trabajado encontramos la opinión de historiadores de la talla de Lidio Cruz Monclova, Cayetano Coll y Toste, Gilberto R. Cabrera y del cronista Pedro Tomás de Córdova, quienes a raíz de sus escritos convergieron en que Toribio Montes fue un buen gobernador para Puerto Rico. Ante esa conclusión unánime y algunos detalles de sus gestas administrativas que nos resultaron atractivas, nació el primer destello de curiosidad, luego vino la formulación de la hipótesis. La cual indica que la gobernación de Toribio Montes, con altas y bajas, se desarrolló bajo el marco de un administrador que combinó su ideología conservadora con las visiones ilustradas que comenzaron a manifestarse en la España de finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Esto nos lleva en un viaje de investigación histórica tan abarcador que amplía el radio de estudio a otros asuntos de la administración insular. Estos fueron el análisis y exposición de la defensa, milicia, política interna y externa, economía, comercio, iglesia y sociedad.

Para alcanzar nuestro objetivo de una manera más precisa, nos servirnos de las fuentes primarias obtenidas de varios importantes archivos históricos. En España, fueron el Archivo General de Indias en Sevilla y el Archivo Histórico Nacional de Madrid. En Puerto Rico, la investigación se centró en el Archivo General de Puerto Rico y el Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Puerto Rico, como colonia sujeta a la Corona española, sufría las consecuencias de las acciones y decisiones que esta decretaba. España vivía sumergida continuamente en conflictos con otras potencias como Inglaterra y Francia por el control y supremacía tanto de territorios ultramarinos como de las rutas comerciales. En uno de esos múltiples conflictos, entiéndase la Guerra de los Siete Años, España pierde de manera temporal La Habana (1762). Solo es de esa manera que la metrópolis tiene un despertar y consciencia de lo frágil que era mantener el control de sus colonias y de lo fácil que resultó perderlas. Ante esa amenaza real, ya experimentada, comenzó el proceso de implementar una serie de reformas de corte militar y de defensa.

El informe presentado por Alejandro O’Reilly en 1765 fue uno devastador que evidenció la negligencia en la que estaba sumergida la Isla. Lo más paradójico de este informe fue que Puerto Rico contaba con todas las condiciones para ser una colonia próspera para la metrópolis. Entiéndase, la riqueza y fertilidad de sus tierras y su posición geográfica en el Caribe. La poca o ninguna explotación de sus recursos, las defensas y milicias increíblemente deficientes y el pobre sostén conseguido a través de los situados, la hacía prácticamente insolvente y vulnerable. Las reformas sugeridas que eventualmente se implementaron en varios sectores de la Isla dieron cierto orden y carácter que tanto Puerto Rico necesitaba.

Según visto, se apreciaron algunos cambios desde la aplicación de las reformas de Carlos III. Estos mayormente se concentraron en los asuntos de defensa y una milicia más robusta. Las reformas implementadas en estos asuntos fueron un importante acierto en la victoria lograda contra los ingleses en 1797. La explotación agrícola y el comercio todavía eran asuntos incipientes a los que le faltaba mucho por andar a más de una década del informe de O’Reilly. Vemos, cómo estas reformas fueron puestas en práctica más tarde en el territorio insular.

Se podría interpretar que durante el periodo de gobernación de Toribio Montes no había situaciones interesantes que recalcar, aparte quizás de algunos elementos que han saltado al conocimiento general, como lo fue el establecimiento de la imprenta en 1806, o la publicación del primer periódico en Puerto Rico, La Gaceta en 1807. Por tanto, es nuestro deber como historiadores expresar que es todo lo contrario. Recalcamos que los detalles son la sal y la pimienta que brindan mayor gusto a la historia. Para ello nos amparamos en la fuente primaria adquirida antes mencionada y en un universo de autores de la talla de: José Julián Acosta, Isabel Gutiérrez del Arroyo, Aida Caro Costas, Bibiano Torres, Julia Gil Bermejo, Ricardo Alegría, Eugenio Fernández Méndez, Blanca Silvestrini, Salvador Brau, Adolfo de Hostos, Ángel López Cantos, Arturo Morales Carrión, Frank Moya Pons, Alejandro Tapia y Rivera, Luis González Vale, Mario Rodríguez León, Armando J. Martí Carvajal, Francisco Moscoso, Fernando Picó, Loida Figueroa, entre otros tantos.

Ahora bien, nos dimos a la tarea de hacer las preguntas pertinentes al periodo de estudio, que es la médula de esta investigación: ¿Qué hizo diferente este gobernador que atrajo nuestra atención para estudiarlo? ¿Qué tan bien o profundamente le reseñaron los historiadores como para nosotros desear corroborar esas conjeturas?, entre otras más.

La época que le tocó gobernar fue una turbulenta de muchos cambios y volátiles sucesos políticos a nivel ultramarino. El gobernador tuvo que hacer frente a varias situaciones que aquejaban la Isla. Debido a la amplitud de situaciones, se hizo un análisis de lo que, a nuestro entender, fueron los aspectos más apremiantes y/o controversiales de la administración de Toribio Montes en Puerto Rico.

Como militar de probada experiencia velaba por los intereses de España, además, de poseer una inquebrantable lealtad con su metrópolis, fundamentó sus decisiones sobre las órdenes reales recibidas. La defensa era su prioridad, seguido de la economía, ambas necesarias para mantener a Puerto Rico. Era evidente la necesidad de tener siempre al alcance la partida que le correspondía a Puerto Rico del situado mexicano. Obtener este caudal siempre constituyó uno de los mayores retos para el gobernador Montes ya que con este dinero se prevenía mantener la Isla a la vera de un colapso financiero. La falta de este dinero, o lo poco que llegaba, obligó al gobernador a buscar medidas alternas que no siempre obtuvieron los resultados deseados. Además del envío de las múltiples cartas al virrey de México solicitando las asignaciones de Puerto Rico, que casi siempre fueron ignoradas, provocaban la crítica y a su vez la disculpa del gobernador. Se llegó a solicitar préstamos a créditos a La Habana, y los virreinatos de Nueva Granada y del Perú, cuyos reembolsos fueron girados contra las futuras emisiones del situado, e incluso, el recurrir al cobro de intereses de los buques comerciales de países neutrales con mercancía exportada de la Isla. El mayor envío identificado del situado que llegó a Puerto Rico se dio en las postrimerías del mandato de Montes en 1809, con 500,000 pesos enviados por el entonces virrey Pedro Garibay.

Otro asunto importante que el gobernador Montes cuidó con celo fue el comercio ya que este debía generar el caudal necesario. Ejemplo de ello fue la modificación a los reglamentos y formatos para poner en funcionamiento los cinco puertos menores, (Fajardo, Ponce, Cabo Rojo, Mayagüez y Aguadilla), la simplificación de otorgación de permisos a los buques, la apertura a los barcos neutrales, la exportación de productos y la rentabilidad de la trata negrera, entre otros. Todo ello, en un intento de combatir el contrabando, aunque reconocemos que este último tuvo todas las condiciones para prevalecer ya que cada falla que el gobierno cometía se prestaba como una oportunidad para el comercio ilícito.

En los asuntos militares, Montes hizo lo posible para asegurar que las defensas de la Isla siempre estuvieran listas para la latente eventualidad de un ataque extranjero, aun con la mencionada falta de caudales, ya que Puerto Rico era indispensable para la Corona como así se le hizo saber a Cayetano Soler, Secretario Del Estado y de Despacho de la Hacienda en 1806: “…es codiciosa de otras naciones que la distinguen de todas las islas del Archipiélago” y cuando el Ministerio de Guerra le expresa a Ramón de Castro que Puerto Rico era considerada como: “la llave de todos aquellos dominios”.

Entre las dificultades que afrontó estaba la perenne insuficiencia de soldados y de armamentos para la protección y defensa de la Isla. Para evitar deserciones, el gobernador recurrió a indultos, abonos y otros beneficios como también hacer fuertes reformas en los métodos de disciplina (expulsiones, multas, a los escapados se les condenaba a 6 años de servicio con su compañía). Cumplió con los soldados retirados o incapacitados, además de no dejar sin protección a las familias cuyos militares habían muerto. Su compromiso con la Corona era tal que prestó la ayuda militar necesaria para la reconquista de la plaza de Santo Domingo y a su vez asiló a aquellas personas que abandonaban sus territorios escapando de la guerra.

Como antes mencionamos, la defensa fue el aspecto principal de la gobernación de Montes y sus decisiones en este apartado resultaron en beneficios colaterales para el pueblo. Esto es, había que mantener viva la lealtad a la Corona. Como hombre ilustrado, él fomentó la educación para todos sin distinción de género vía decreto. La enseñanza primordial se basó en la lectura, escritura y matemática básica. En 1808 había en San Juan dos escuelas de primeras letras y una que otra de carácter particular. Además, presentó una propuesta agresiva para explotar la agricultura (mayormente con la mano esclava en el cultivo de la caña de azúcar). Ambos casos para cumplir una misión; esta con fines económicos, la Isla debía producir y ser autosustentable. Atado al pueblo estaba la Iglesia, Juan Alejo de Arizmendi, el primer Obispo Puertorriqueño, tenía el favor de la masa, cuya relación cordial se extendió al gobierno. Ambos, Montes y Arizmendi, compartían la lealtad a la Corona y a la Iglesia en una mutua cooperación que perduró durante todo el mandato del gobernador.

Esta cordialidad, sin embargo, no trascendió con varios personajes. Montes tuvo conflictos con su homólogo, Ramón de Castro, por el cobro de sueldos; con Ignacio Mascaró por la toma de decisiones administrativas que de alguna manera no solo representaba la continuación de la pasada gobernación, sino que es vivo ejemplo de la lucha de poder de la élite peninsular, quienes buscaban glorias y riquezas personales por encima de los intereses de la Corona; y, con Ramón Power por reconocimiento, poder y oportunismo en el sitio de Santo Domingo, en el cual Power tenía el mando de la cuarta y última expedición por orden de Montes.

Reconocemos que la gobernanza de Montes fue bien vista por la Suprema Junta, ya que le hicieron merecedor de otras encomiendas fuera del Caribe. Primero: como gobernador del Callao y sub-inspector general del real ejército en Perú y luego en Ecuador como presidente de la Real Audiencia de Quito y General en Jefe del Ejército de Operaciones. Esto nos evidencia y concluimos con toda la prueba investigada, sin lugar a duda y en reconocimiento que no hay política perfecta, la gobernación del Mariscal de Campo, Toribio Montes-Caloca y Pérez cumplió con los objetivos trazados de la Corona de mantener la Isla a flote de las crisis surgidas en la época.

Recalcamos la importancia de dar luz a los detalles y pormenores que nos dan la oportunidad de conocer un poco más de estos personajes que si no fuera por algunas gestas quedarían rezagadas en el olvido sin dedicarles la atención que se merecen. También los invitamos a que se continúen los estudios relacionados a periodos y personajes de nuestra historia que aún tienen mucho potencial en nuestra historiografía.

Gracias.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Lajas: Un reflejo de la historia cultural y educativa puertorriqueña

Lajas: un reflejo de la historia cultural y educativa puertorriqueña
Por Pablo L. Crespo Vargas

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Deseo comenzar agradeciendo y honrando a todas las personas y organizaciones que participaron en este proyecto (sin mencionarlas para evitar dejar fuera a alguna) que, aunque inicia en el 2014, sus raíces provienen de tiempos más remotos; de la idea de establecer mecanismos dirigidos a la investigación y preservación de nuestro acervo histórico-cultural. Lajas es un pueblo con mucha historia; una sociedad rica en vivencias y con un potencial cultural inmenso. Una población que contrario al pensar general es orgullosa de sus raíces, de sus virtudes y que día a día lucha por una mejor sociedad y por preservar su identidad ante todos los tropiezos de un sistema altamente politizado y neoliberal que no acepta a los individuos por sus capacidades, sino por asuntos subjetivo tales como creencias políticas, ideológicas, filosóficas y religiosas, a la vez que se enmarca en principios meramente económicos dejando a un lado el factor humano. Lamentablemente esa no es la sociedad que deseo y pienso que la mayoría de los presentes tampoco. Debemos dejar a un lado esas diferencias, esos estereotipos discriminatorios y trabajar para mejorar nuestras capacidades para crear un mejor Puerto Rico.

En el 2014 se publicó el primer libro de la serie Historia y Sociedad de Lajas. En aquel momento se tenía una misión que ya estaba en curso: llevar a Lajas a ser la sede o el centro cultural del suroeste. Hoy sé y reafirmo dos cosas: primero, que el suroeste de Puerto Rico (Cabo Rojo, Lajas, Guánica, Yauco y Peñuelas) ha demostrado que la proyección cultural es un asunto atendido primordialmente; segundo, que Lajas, en cuanto a promoción cultural, está a la altura de las principales urbes puertorriqueñas (el área metro, Ponce, San Germán y Mayagüez); incluso, puedo indicar que vamos mano a mano con lo desarrollado en el área metropolitana. Las oportunidades las tenemos con nuestra gente y su creatividad.

Como sociedad en ocasiones nos invade el complejo de inferioridad y pensamos que lo que hacemos no es comparable con proyectos desarrollados en otros lugares. Les indico, que eso no es así. La gente habla positivamente de nuestras actividades, de la producción literaria, artística y social de nuestro pueblo y de todos los logros realizados. Estos permean a nuestro alrededor. Lajas es un pueblo que demuestra su potencial. Todos los lajeños debemos estar orgullosos de nuestro caminar. A nuestros compatriotas puertorriqueños y amigos de otras nacionalidades les indico que esto no es una vanidad dirigida a diferenciarnos, al contrario, es un llamado a unirnos y seguir promoviendo lo que somos: seres humanos comprometidos a convivir en ambientes armoniosos y propicios para el bienestar de todos. Al final, sin importar nuestro origen, creencias e ideas somos un pueblo que vive y que desea seguir desarrollándose. Por lo que la educación es un factor primordial y esencial que debe utilizarse para construir y no para destruir; para desarrollar seres pensantes, críticos y con capacidades analíticas, creativas e innovadoras.

Como historiador y como parte de diversos proyectos que encaminaron la eventual publicación de esta obra, se buscó presentar y analizar el desarrollo educativo de los habitantes de Lajas a través de su historia. En el libro podrán leer sobre los primeros pasos que se dieron en el territorio lajeño dirigidos a educar a nuestra población. También se presenta como históricamente la educación de esta comarca fue evolucionando. Lo interesante del caso es que, aunque tenemos particularidades únicas, lo ocurrido en Lajas es reflejo del desarrollo educativo en cualquier otro municipio, a la vez que es complemento de la historia educativa de Puerto Rico.

Para finalizar, deseo agradecer y honrar nuevamente a todas las personas y organizaciones que participaron en este proyecto, yo únicamente plasmé en un escrito sus ideas y vivencias. Sin ustedes hoy no estaríamos aquí.

Gracias. 

Nota editorial: Ponencia presentada el 16 de septiembre de 2017 en la presentación del libro Historia del desarrollo de la educación en Lajas.

miércoles, 6 de enero de 2016

Hechizos y conjuros: Una demostración en contra de la misoginia caribeña del siglo XVII

Hechizos y conjuros: Una demostración en contra de la misoginia caribeña del siglo XVII

Por Pablo L. Crespo Vargas[1]
Escrito de ponencia presentada en el IV Coloquio de Historia de las Mujeres en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Utuado
4 de marzo de 2015

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Introducción

La sociedad caribeña, ubicada en una zona de constante movimiento humano, desde tiempos inmemorables ha sido una región de paso. Esto creó el desarrollo de una población con un alto grado de mestizaje y que es reflejado no solo de manera étnica, sino que vemos en ella un nivel de sincretismo sin igual. Para efectos de este estudio hemos decidido analizar la posición de la mujer del Caribe hispano en el siglo XVII, vista desde la documentación inquisitorial, proveniente del Tribunal de Cartagena de Indias.[2] El trabajo se dividirá en dos partes: una breve explicación teórica sobre la subyugación de la mujer y un análisis de la forma en que las féminas se rebelaron ante la actitud misógina de la sociedad. Para este último aspecto utilizaremos tres ejemplos de los cientos que tenemos disponibles.

Una explicación teórica sobre la subyugación de la mujer

Desde tiempos ancestrales, en particular, en el desarrollo de la sociedad occidental, la mujer ha sido relegada a un segundo plano. Las causas pueden ser multifactoriales, no obstante, ellas están enmarcadas en tres principales teorías. La primera indica que, en el proceso de formación social, de manera natural, el hombre adquirió características esenciales para poder subyugar a la mujer (mayor fuerza física, no estar limitado por el parto, entre otros). Segundo, se estableció que el desarrollo de las religiones dentro de sociedades estatales provocó que el patriarcado se impusiera sobre el matriarcado. Tercero, luego de surgido el feminismo se difundió la idea de que el machismo era parte de unas posturas culturales que podían ser cambiadas.[3] En todo caso, las tres teorías, presentadas originalmente desde un punto de vista eurocéntrico, podrían darnos luz sobre el desarrollo de otras sociedades, en nuestro caso, la caribeña.

Tomemos como ejemplo la mitología taína, en ella apreciamos que en un principio el culto principal era realizado a una deidad femenina, en este caso Atabey.[4] Era diosa madre, creadora y representante de todo lo natural. Fue madre de Yocahú Bagua Maórocoti, deidad masculina, que a la llegada de los castellanos era considerada la principal fuerza espiritual dentro de la religiosidad indígena taína. Yocahú era el ser representativo de la yuca, base alimentaria de la sociedad cacical. También representaba el desarrollo de la sociedad, especialmente el dominio sobre aspectos naturales como son la domesticación de plantas (agricultura) para uso alimenticio a gran escala.[5]

Al igual que los taínos, podemos identificar una gran variedad de tradiciones que inician sus ciclos con el culto a deidades femeninas y que según van desarrollándose se transforman en veneraciones a entes masculinos representativos de quienes obtienen el poder en la sociedad. Esta explicación dogmática sobre la subyugación de la mujer debe complementarse con otras teorías. Una de ellas es la división del trabajo por género. Esta fue presentada por Mircea Eliade, quien indica que al surgir la caza como método de subsistencia se estableció que el hombre, por su capacidad física, tuvo la facultad de practicarla mientras se relegó a la mujer la tarea de recolectar frutos silvestres que complementaran la dieta de la comunidad.[6]

A su vez, vemos como el oficio de cazador desarrollaba unas destrezas de manejo de instrumentos que podían ser utilizadas en la defensa de la comunidad y en situaciones ofensivas donde se buscaba el beneficio del grupo. Esto nos lleva a la noción de que la mujer terminó siendo subyugada durante el “desarrollo de la competencia y la guerra entre grupos”.[7] Tanto la cacería como la guerra provocaron cambios culturales y sociales que establecían que los hombres debían ser valientes y demostrar agresividad. También se esperaba que protegieran a los miembros más débiles de la comunidad: niños, ancianos y mujeres.

A estos planteamientos hay que añadir las hipótesis psicoanalíticas que indican que el hombre tiende a ser psicosexualmente más frágil que la mujer, lo que le lleva a sentir cierto temor hacia ella.[8] Las razones para ello están en la falta de signos que indiquen la llegada de la madurez en el varón, el temor a la castración y la poca confianza que estos pueden tener en aspectos sexuales tales como la seguridad de la paternidad.[9]

Ahora bien, existe otra visión promulgada por Mircea Eliade que indica que, al desarrollarse la agricultura, en algunas sociedades, la mujer tuvo que asumir un rol protagonista, ya que fue ella quien se encargó de hacer funcionar y explotar de manera positiva la nueva forma de subsistencia.[10] No solamente era considerada la persona encargada de asegurar la alimentación de la población, sino que era la conocedora y trasmisora de las artes del cultivo. Todo esto llevó a crear una correlación entre “la fertilidad de la tierra y la fecundidad de la mujer”.[11] Este tipo de dinámica, aunque no universal, se dio en muchas sociedades antiguas, donde las deidades femeninas eran valorizadas por su relación a la creación por medio de la gestación.[12]

Aunque no queda claro cómo se da el proceso de subyugación de las féminas, al desarrollarse las tres principales culturas en la formación del mundo occidental (judíos, griegos y romanos) ya existía una predeterminación a presentar a la mujer como un ser inferior y necesitado de un hombre. Por ejemplo, la sociedad judía, en su escrito sagrado o Torá, establece una actitud machista desde el mismo inicio, con el desarrollo de su mito sobre la creación. Allí se establece la subordinación de la mujer al ésta ser formada del cuerpo del varón.[13] No solamente fue creada del hombre, sino que en otro episodio es considerada la culpable de que fueran sacados del paraíso que Dios les había creado.[14]

Al igual que los judíos, los griegos y romanos antiguos desarrollaron sociedades guerreras donde se enfatizaba la superioridad del hombre sobre la mujer. Esto a su vez, creó aspectos culturales que definían a los géneros. Por ejemplo, el hombre debía ser cálido, agresivo, riguroso, racional y debía demostrar fuerza en todo momento. De la mujer se esperaba que fuera fría, pacífica, débil y de gran emotividad.[15]

En el caso específico de los romanos, como parte de la tradición de la fundación de su ciudad, se indica que una de las primeras directrices de Rómulo (fundador de Roma) era la de educar a todo varón, mientras que solamente las niñas primogénitas tenían ese derecho. Así mismo, las leyes romanas establecían que los hombres estuvieran a cargo de las mujeres. A esto añadimos que en muchas actitudes se permitía una valorización de los delitos o acontecimientos según el género. Algunos ejemplos son: el adulterio, el uso del vino y las peticiones de divorcio, todas ellas podían ser realizadas por el hombre sin que esto significara una degradación moral para él, no así para las mujeres. El caso de la prostitución es otro ejemplo, ya que las mujeres que realizaban ese oficio eran vistas como inmorales mientras que el hombre podía disfrutar de estos servicios sin tener que pasar por la misma medición.[16]

Estas actitudes se agudizan con el surgimiento del cristianismo, al punto que la subordinación de la mujer se vio como algo normal. Eventualmente, este tipo de cultura llevó al surgimiento de la misoginia. La misoginia puede ser definida como el rechazo u odio que la sociedad desarrolla hacia las mujeres. No obstante, los prejuicios sociales que llevan al pensamiento de que la mujer es inferior al hombre son casi universales. Para algunos investigadores, tales como Jeffrey Burton Russell, este fenómeno debe ser entendido en la falta de conciencia del género masculino sobre el femenino.[17] No obstante, la modernidad representó un cambio de actitudes que en cierta medida han mejorado la situación de la mujer, aunque aún falta mucho por caminar.[18]

Brujas y hechiceras: el poder de la mujer caribeña, siglo XVII

La mujer caribeña, al igual que su contraparte europea, vivió marginada, y aunque existían diferencias por clases sociales, su posición siempre debió ser subordinada al hombre.[19] Esto era reflejado tanto en aspectos laborales como educativos. No ha de extrañarnos que esta marginación establecía una desventaja difícil de superar para las féminas. No obstante, los oficios que de alguna forma se podían relacionar al uso de palabras y yerbas mágicas proporcionaban a la mujer caribeña una oportunidad única de presentarse como protagonistas de su sociedad. Para muchas mujeres, la hechicería y la brujería fueron modos de vida que las llevaron a ocupar espacios no imaginados en un momento dado.[20]

Entre 1613 a 1658, la inquisición española procesó a ciento dieciséis mujeres por delitos relacionados a las creencias mágicas.[21] De ellas, cincuenta y seis fueron acusadas por hechicería, cincuenta y tres por brujería, mientras que las restantes siete tenían otras causas. Étnicamente hablando, cuarenta y dos eran negras, treinta y siete mulatas, veintiuna blancas, cuatro mestizas, dos zambas y diez sin especificar. En cuanto a las ocupaciones registradas, noventa no tenían una labor específica, dieciséis eran esclavas, seis eran parteras y una costurera, lavandera y cocinera.[22] De esa inmensa mayoría, sin ocupación aparente, podemos asumir, por los propios registros inquisitoriales, que vivían realizando oficios hogareños o prestando servicios mágicos a los que los necesitaban.

En el caso de las parteras o matronas, este era un oficio asociado a las artes mágicas ya que sus practicantes debían aprender conocimientos medicinales de yerbas y brebajes que eran utilizados en los cuidados de salud de las mujeres. A esto, las parteras, desde tiempos ancestrales, realizaban una labor indispensable para el mantenimiento de la sociedad.[23] Su fama y prestigio fue opacada con el surgimiento de la cacería de brujas, ya que sus constantes contactos con los recién nacidos las hicieron sospechosas de las muertes prematuras y los partos no culminados.

De las parteras caribeñas, la más famosa fue Elena de Viloria, una negra que en 1633 con sesenta años de edad fue acusada de ser maestra y reina de brujas.[24] Había pertenecido al aquelarre de Cartagena de Indias por espacio de treinta y siete años. Los inquisidores, dado a la histeria generalizada por la importancia de esta bruja, la sometieron para ser ejecutada. Sin embargo, la Corte Suprema Inquisitorial en Madrid no permitió esta sentencia debido a que la consideraba excesiva.[25]

El caso de la mulata Juana Bautista es uno que presenta cómo estas mujeres se ganaban el sustento diario. Juana era oriunda de México, aunque residía en la Habana. Esta ciudad, dado a su estratégica posición respecto al sistema de flota española, había florecido a un ritmo acelerado.[26] Esto creaba esperanza a cientos de personas que llegaban a la ciudad en búsqueda de riquezas y prosperidad. Al igual que Juana Bautista, había cientos de hechiceras que brindaban sus servicios de una forma u otra.[27]

La hechicería era una práctica muy común en el Caribe y la Habana, como uno de sus puntos principales, fue un centro de gran importancia. Los que requerían los servicios de hechiceras lo hacían mayormente por tres finalidades: “resolver los problemas de amor, la búsqueda del conocimiento oculto y la suerte en los juegos de azar”.[28]

Juana Bautista como partera había adquirido un conocimiento que utilizó y extendió para su beneficio. Su primera causa fue en 1622 cuando tenía veintiocho años, aunque no se tiene evidencia de los pormenores de este caso, si se sabe de él por la referencia que se menciona del mismo en su segundo caso.[29] La mayoría de las sentencias implicaban el destierro del lugar de origen de la persona, no obstante, como pasó en muchas ocasiones, la rea regresó a su residencia y continuó realizando sus prácticas. En 1644, con cincuenta años de edad fue sometida a un proceso por la realización de sortilegios y por hechizos que no habían funcionado y que habían provocado que varios afectados la acusaran ante el comisario inquisitorial.[30] Dado al agravante de haber sido convicta con anterioridad su sentencia fue de trecientos azotes.[31]

Tan pronto recibió sus azotes, y como parte del proceso de destierro, fue llevaba a una embarcación que la sacaría del área. Contrario a lo esperado, Juana Bautista desembarcó en el puerto de Río del Hacha (Riohacha) para continuar con el oficio de hechicera/curandera/partera, que le había dado sustento por tantos años. Su suerte no duró mucho, ya que la muerte de un infante durante un parto, llevó a que fuera acusada nuevamente en 1649. Al ser ingresada a la cárcel inquisitorial, Juana enferma y muere antes de concluir el proceso.[32]

Uno de los casos que más llama la atención fue el de Isabel Noble. Esta mujer había llegado junto a su esposo desde su natal Portugal.[33] Ellos, al igual que miles más, emigraron buscando riquezas, prosperidad y bienestar en el Nuevo Mundo. No obstante, esto para muchos era únicamente una quimera, ya que las Indias eran un lugar inhóspito, lleno de peligros, donde cada colonizador debía asumir una serie de riesgos para lograr las ganancias deseadas, que en muchas ocasiones nunca se daban.

El caso de Isabel fue uno lamentable. Su esposo, viéndola como una carga, decide seguir un rumbo aparte, dejándola prácticamente en la soledad y la pobreza en Cartagena de Indias. Su excusa, irse al Perú buscando riqueza y con la promesa de que algún día le mandaría a buscar o regresaría lleno de joyas y oro que disfrutaría con su amada esposa.[34] La realidad fue otra, Isabel se había quedado sola, sin nadie a quien recorrer, desamparada y desesperada. Con cuarenta y ocho años de edad no tenía muchas opciones para sobrevivir en un ambiente lleno de crueldades y sinsabores. Su única opción era buscar un oficio donde pudiera ser reconocida, valorada y que le diera un ingreso recurrente con el que pudiera vivir bien.

En un principio pudo establecer una gran clientela, quienes le solicitaban todo tipo de conjuros y brebajes dirigidos a solucionar los problemas y males del amor. Se especializó en la invocación de palabras de consagración; el uso de diversos elementos tales como el agua, sal y habas, entre otros; la realización de casamientos; y el hacer regresar maridos perdidos.[35] Nos suena curioso esta última, conociendo que ella misma tenía a su esposo en tierras lejanas y sin conocer su paradero. Pero debemos recordar, que dentro de estas creencias se dice que quienes tienen dones mágicos no los pueden utilizar a su favor, el hacerlo los autodestruiría.

Sin embargo, no todo le salió bien. Algunas de sus clientas no quedaron satisfechas y llevaron sus quejas al inquisidor, quien rápidamente la mandó a encarcelar. En su juicio se presentaron dieciocho testigos todas alegando la diversidad de hechizos que la acusada utilizaba. Su condena fue ser expuesta a vergüenza pública y destierro de las Indias, en otras palabras, debía regresar a Portugal. A su beneficio, la Corte Suprema Inquisitorial en Madrid revoca el destierro, por lo cual puede mantenerse en la región.[36]

Sin dinero y si mucha salida, Isabel retoma su antiguo oficio sabiendo que una segunda sentencia la podría llevar a la hoguera. Es por esto que en esta ocasión trata de permanecer en el anonimato, acción que también la lleva a cambiar sus métodos de operación, ya que comienza a invocar diversos demonios, entre ellos a Satanás, Barrabás y al Caifás.[37] En el 1622 es llevada a juicio gracias a la testificación de tres mujeres que sintieron que sus pedidos no fueron atendidos satisfactoriamente. Los inquisidores reprendieron gravemente a la portuguesa, la condenaron a cien azotes y fue desterrada de manera perpetua e irrevocable de Cartagena de Indias.[38]

Al igual que ellas, muchas mujeres mantuvieron cierto poder sobre sus comunidades por el mero hecho de tener un conocimiento que para algunos era secreto, oculto y malvado. No solamente se manifestaba en las castas, sino que en la élite dominante se dieron las desviaciones de fe relacionadas al conocimiento mágico. En fin, hasta gobernadores, obispos e inquisidores se consultaban con algunas de estas mujeres.[39]



[1] El autor obtuvo un PhD. en Historia de América de la Universidad Interamericana en 2014, trabaja como maestro de escuela superior en el Departamento de Educación de PR, profesor universitario en la Universidad Interamericana de PR, Recinto de San Germán y director ejecutivo del Centro de Estudios e Investigaciones del Sur Oeste de PR.
[2] La Inquisición española como institución, aunque presente en las Indias desde 1519 (siendo Alonso Manso, obispo de Puerto Rico, su primer inquisidor), no se institucionaliza en el Caribe de manera oficial hasta la formación de un Tribunal regional en 1610, ubicado en la ciudad portuaria de Cartagena de Indias. Anterior a esta fecha, se habían constituido dos tribunales oficiales en Lima (1570) y México (1571).
[3] Véase a Anderson, Bonnie S. y Judith P. Zinsser: Historia de las mujeres: Una historia propia [1988], trad. Teresa Camprodon y Beatriz Villacañas, Madrid, Crítica, 2009, págs. 25-27.
[4] Sobre la mitología taína recomendamos a Pané, Ramón: Relación de Fray Ramón acerca de las antigüedades de los indios, edición digital de Wisconsin University en digicoll.library.wisc.edu/cgi-bin/IbrAmerTxt-idx?type=header&id=IbrAmerTxt.Spa0006, consultado el 27 de diciembre de 2014.
[5] Crespo Vargas, Pablo L.: El demonismo en el Caribe hispano: Primera mitad del siglo XVII, Lajas, Akelarre, 2014, pág. 109.
[6] Eliade, Mircea: Historia de las creencias e ideas religiosas I: De la edad de piedra a los misterios de Eleusis [1977] Barcelona, Paidos, 1999, pág. 15. Mircea Eliade (1907-1986) fue un filósofo e historiador de las religiones.
[7] Anderson, Bonnie S. y Judith P. Zinsser: Historia de las mujeres…, pág. 27.
[8] Sobre el miedo del hombre hacia la mujer como razón para este subyugarla véase a Castellano De Zubiría, Susana: Diosas, brujas y vampiresas: El miedo visceral del hombre a las mujeres, Bogotá, Norma, 2009, págs. 19-25, 29-37; y a Colorado López, Marta, Liliana Arango Palacio y Sofía Fernández Fuente: Mujer y feminidad en el psicoanálisis y el feminismo, Medellín, Imprenta Gubernamental de Antioquía, 1998, págs. 26-27, 98, 128 y 140.
[9] Sobre las teorías del psicoanálisis véase a Freud, Sigmund: Teorías sexuales infantiles, 1908, 11 págs., en http://www.biblioteca.org.ar/libros/211796.pdf, consultado el 28 de diciembre de 2014; y a Anderson, Bonnie S. y Judith P. Zinsser: Historia de las mujeres…, págs. 34-35, donde se presenta un resumen de estas teorías.
[10] En los grupos neopaganos se difunde que sociedades como las célticas, las bretonas, galas y germanas antiguas la mujer cumplían con este tipo de función.
[11] Eliade, Mircea: Historia de las creencias…, pág. 66-70.
[12] Véase a Murray, Margaret: The Witch-Cult in Western Europe [1921], New York, Barnes & Noble Books, 1996. Hoy día la teoría de Margaret Murray ha sido criticada grandemente, aunque existen sus adeptos y defensores, tales como Michael Harrison, The Roots of Witchcraft, Secaucus, NJ, Citadel Press, 1974.
[13] Véase a Rusell, Jeffrey Burton: Exposing Myths about Christianity, Downers Grove, Illinois, IVP Books, 2012, pág. 87. El autor es el principal estudioso estadounidense sobre la historia del demonismo.
[14] Véase también a Anderson, Bonnie S. y Judith P. Zinsser: Historia de las mujeres…, págs. 42-43. Se señalan varios pasajes bíblicos donde se enfatiza que la mujer siempre debe estar acorde a las necesidades de los protagonistas de la historia, los hombres.
[15] González Gutiérrez, Patricia: “Maternidad, aborto y ciudadanía femenina en la antigüedad”, El futuro del pasado, núm. 2, 2011, pág. 430.
[16] Anderson, Bonnie S. y Judith P. Zinsser: Historia de las mujeres…, págs. 43-45.
[17] Russell, Jeffrey Burton: A History of Witchcraft: Sorcerers, Heretics & Pagans, 2da ed. aumentada, New York, Thames & Hudson, pág. 116.
[18] Sobre las luchas de igualdad de género en la modernidad refiérase a: Guzmán, Virginia y Claudia Bonán: “Feminismo y modernidad”, Debate Feminista, México, vol. 35, abril 2007, págs. 257-274; Postigo Asenjo, Marta: “Feminismo y modernidad”, Thémata: Revista de Filosofía (Debate sobre las antropologías), Universidad de Sevilla, núm. 35, 2005, págs. 727-732; Guirao Mirón, Cristina: “Modernidad y postmodernidad en el feminismo contemporáneo”, Feminismo, Universidad de Alicante, núm. 15, junio 2010, págs. 221-234.
[19] Anderson, Bonnie S. y Judith P. Zinsser: Historia de las mujeres…, págs. 11-12.
[20] Crespo Vargas, Pablo L.: El demonismo…, págs. 139-140.
[21] La Inquisición española como institución político-eclesiástica tenía que intervenir con cualquier desviación a la fe oficial. Sin embargo, se concentraban en las creencias que más perjudicaban la posición estatal, tales como los judaizantes, los islámicos y protestantes. Fuera de estas causas, la blasfemia, los reniegos, las supersticiones y otras herejías eran vistas como crímenes menores. Las creencias mágicas eran parte de las supersticiones y como delito menos grave, la Inquisición no se ocupó de ellas de la misma forma que ocurrió en los territorios alemanes, franceses, suizos e ingleses.
[22] Crespo Vargas, Pablo L.: El demonismo…, Anejo III, pág. 232.
[23] Sobre la historia de las parteras véase a García Martínez, Manuel J.: “Historia del arte de los partos en el ámbito familiar”, Cultura de los cuidados, Universidad de Alicante, año XII, núm. 24, 2008, págs. 40-47.
[24] El título de reina de brujas era otorgado a la bruja de mayor rango jerárquico. En otras palabras, era considerada la mano derecha del demonio y tenía a su cargo la organización y dirección de los aquelarres.
[25] Archivo Histórico Nacional en Madrid (AHN), Inquisición (Inq.), Libro (L.) 1020, fols. 403-403v., 437v., 470v.
[26] Sobre el desarrollo de la Habana refiérase a Macías Domínguez, Isabelo: Cuba en la primera mitad del siglo XVII, Sevilla, CSIC, 1978, págs. 15-23.
[27] Para una visión más clara sobre la hechicería habanera véase a Crespo Vargas, Pablo L.: El demonismo…, págs. 162-169.
[28] Crespo Vargas, Pablo L.: La Inquisición española y las supersticiones en el Caribe hispano, siglo XVII, 2da ed. revisada, Lajas, Akelarre, 2013, pág. 201.
[29] AHN, Inq., L. 1021, fols. 110-110v.
[30] Un factor recurrente para que una hechicera fuera delatada era que sus conjuros no habían funcionado según se esperaba.
[31] AHN, Inq., L. 1021, fols. 92-92v., 93v., 98, 100v.-101, 102, 11-117v. y 123v.-124.
[32] Ibíd., fols. 238v.-239.
[33] Ibíd., L. 1020, fol. 15.
[34] Ibíd.
[35] Ibíd., fols. 45-45v.
[36] Ibíd.
[37] Curiosamente, algunos de los nombres utilizados para referirse a los demonios eran sacados de personajes que eran considerados negativos en el proceso de desarrollo del cristianismo.
[38] AHN, Inq., L. 1020, fols. 230v.-232v.
[39] El caso más famoso fue el de la negra Paula de Eguiluz, quien era consultada por la alta jerarquía cartaginense y de quién se han realizado varios trabajos.

miércoles, 9 de julio de 2014

Ponencia: Lajas, gestando cultura por senderos histórico

Lajas, gestando cultura por senderos históricos
Autor: Pablo L. Crespo Vargas
Ponencia efectuada en la Plaza Artesanal del pueblo de Lajas para la presentación del libro: Lajas, desde los amerindios hasta el siglo XIX: Historia, sociedad y cultura de un pueblo, 12 de abril de 2014.
El territorio que hoy día conocemos como Lajas es uno lleno de vivencias históricas, culturales y sociales que, aunque en un momento dejadas al olvido, hoy son presentadas ante ustedes como muestra de la grandiosidad de nuestra tierra y su gente. En ocasiones buscamos con desespero una narrativa épica que nos describa, deseando una Iliada o una Odisea para mayor orgullo propio. No obstante, esto nos lleva a obviar, que al igual que los antiguos griegos, nosotros tuvimos que forjar nuestro destino en la interacción con nuestro medio ambiente: uno lleno de costas, mangles, una laguna, que nombramos Cartagena, una Sierra Bermeja, que es la región más antigua de Puerto Rico con sobre 200 millones de años, nuestra colindancia con las Lomas de Santa Marta y un valle inmenso, que es la esperanza alimenticia de nuestra sociedad para un futuro cercano; no debemos olvidar que dentro de ese medio ambiente también aplica la interacción entre los distintos grupos poblacionales que por sus características se distinguen.
Nuestra historia no es solamente la de un pueblo en su macro, sino que debemos observar como la aportación de todos esos individuos, una gran mayoría de ellos de manera anónima, fueron creando las condiciones idóneas para la formación del lajeño contemporáneo. Es por ello que promovemos el estudio de la genealogía, la historia de nuestras familias y su desarrollo evolutivo a través del tiempo.
Nos podemos preguntar: ¿Qué ventajas trae esto? El enorgullecernos de nuestras raíces por medio del conocimiento que adquirimos al estudiar nuestra historia, familiar o regional, nos ayudará a comprender quienes somos y hacia dónde vamos. En otras palabras, estamos fortaleciendo nuestra autoestima como individuos y como pueblo.
Nuestra obra, la que hoy presentamos, no es la primera que se escribe sobre Lajas. Ese honor lo tiene Mario F. Pagán con Historia de Lajas: 1883-1983, obra escrita para el centenario del establecimiento del Municipio. Desde su publicación tuve contacto con ella, y hasta podría decir que fue uno de las motivaciones que me llevaron a ser historiador. Años después, en 1986, el que hoy día es nuestro maestro de ceremonia, el Dr. José Luis Vargas, escribió un libro que suplementaba la información ya presentada por Mario F. Pagán, esta nueva publicación fue titulada, Lajas: Notas para su historia. A estas dos obras debo incluir el folleto de Ángel “Gueo” Sepúlveda, que fue impreso en el 2006 y que fue titulado: Breve historia de Lajas.
Ahora bien, como lajeño orgulloso de sus raíces y con la espina de ser historiador deseaba aportar mi grano de arena. En el 1996 fui parte de un curso de español de la Dra. Lidia Padovani de Ortiz, en ese momento no supe que nuestro amor por Lajas nos unirían como colaboradores. Ella ya tenía un estudio elaborado sobre la fundación del pueblo y las familias que contribuyeron a este proceso, presentado como tesis en el Centro de Estudios Avanzados para 1981. Debo indicar que este era un trabajo digno de ser publicado. Lamentablemente no ocurrió. Sin embargo, todas estas aportaciones me sirvieron de base y de guía para comenzar un proceso de investigación sobre los aspectos no cubiertos con anterioridad.
Los lajeños tenemos uno de los acervos culturales e históricos de mayor importancia en el área suroeste: por ejemplo, la entrada dentro del conocimiento histórico de nuestra raíz indígena, Lajas como centro taíno, que quedó en el olvido porque los estudios arqueológicos fueron engavetados pero que hoy salen a luz pública y en un futuro serán base para otra publicación. La importancia de las diversas migraciones, entre ellas, los corsos y los canarios que tanto enriquecieron nuestra formación, es otro tema que ha quedado en el olvido y que rescatamos para orgullo lajeño. La aportación de lajeños en las luchas de sublevación de San Germán contra el régimen colonial que dirigía la Isla desde la ciudad de Puerto Rico, hoy día San Juan, esto en el siglo XVIII, es otro tema no mencionado en la historiografía oficial. En el siglo XIX, Lajas fue refugio y lugar de escape para dos de los grandes pensadores, abolicionistas y separatistas puertorriqueños, Ramón Emeterio Betances y Segundo Ruiz Belvis. A su vez, Lajas vivió en sangre propia el tiempo que hoy día conocemos como los compontes o año terrible, donde los contrarios al gobierno colonial eran perseguidos y atropellados por las autoridades de la forma más vil posible. Finalizamos la obra, con otra innovación, un estudio que presenta a Lajas al momento de la entrada de las fuerzas estadounidenses y el efecto que este acontecimiento provocó. Primeramente, con un choque cultural y segundo, con la oportunidad de presentar los productos locales en la Exposición Agrícola e Industrial de Filadelfia en 1899.
Lo interesante en todo esto es que este proyecto es el inicio de un proceso donde los lajeños se podrán reencontrar con su historia, una historia que no es olvidada pero si subestimada, pero desde hoy todos la llevaremos presente, será orgullo de nuestra identidad y cuando alguien pregunte de dónde somos contestaremos con beneplácito que somos lajeños y a su vez los invitaremos a que pasen por Lajas, porque Lajas es la Capital Cultural del Sur Oeste de Puerto Rico. Gracias.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Brujería, hechicería e Inquisición en el Caribe hispano, siglo XVII: Ponencia ENEH

Copia de la ponencia presentada el 27 de septiembre de 2013 en el 1er Encuentro Nacional de Estudiantes de Historia de Puerto Rico, realizada en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, Viejo San Juan. Se estará preparando una versión anotada para la Revista Electrónica de la Asociación de Estudiantes Graduados en Historia de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, la cual estará disponible en el número de febrero de 2014.

Brujería, hechicería e Inquisición en el Caribe hispano
Por Pablo L. Crespo Vargas, Universidad Interamericana, Recinto Metro
Dentro de la historiografía caribeña, la Inquisición española, al igual que el estudio de las mentalidades, representan campos de investigación con mucho potencial. No obstante, han sido relegados a un segundo plano por una inmensa mayoría de los historiadores, siendo unos pocos, los que han olfateado las posibilidades, que en nuestro caso, representa el Tribunal de la Inquisición española.
Entre la gran cantidad de posibilidades de estudio utilizando la documentación inquisitorial está el poder presentar y explicar cuál era el pensamiento de la población general sobre asuntos tales como la sexualidad, las diferencias de género, las creencias populares y supersticiosas, entre muchos otros temas. Junto a la Inquisición española, nuestro estudio utiliza dos prácticas, que para algunos son consideradas supersticiones: la brujería y la hechicería.
Al estudiar las supersticiones, que se desarrollaron a principios del siglo XVII, en el Caribe hispano, utilizando la documentación inquisitorial proveniente del Tribunal de Cartagena de Indias, institución que estaba a cargo de supervisar los asuntos de fe en la cuenca caribeña, hemos podido identificar una serie de señalamientos de gran importancia para el estudio histórico de la región. También, logramos establecer unas ideas que nos describen la particularidad de las creencias de la sociedad colonial, así como la funcionalidad de la Inquisición en la zona caribeña.
Curiosamente, el Tribunal de Cartagena de Indias fue el centro inquisitorial con mayor cantidad de procesos relacionados a las supersticiones. Se han identificado, al menos, durante el siglo XVII, unos 264 procesos relacionados a estas prácticas. Porcentualmente hablando, esto representa el 37.8% del total de procesados. Quisiera aclarar, que aunque la burocracia inquisitorial, fue una de las más efectivas y competitivas de su época, no siempre podemos contar con la documentación de todos los procesos. Por experiencia en el proceso de investigación, hemos encontrado referencias a causas no detalladas pero que aparentemente fueron desarrolladas de manera formal u oficial.
En cuanto a las creencias de la sociedad colonial, podemos indicar que estas eran producto de un mestizaje, que no solamente se había desarrollado tanto en el aspecto genético o étnico de la población, sino que el mestizaje desarrollado implicó un sincretismo cultural entre los grupos afectados. Es importante recalcar que la sociedad colonial del siglo XVII llevaba sobre un siglo de existencia y que anteponía una correlación entre el grupo dominante y las ideas propagadas por estos; sin que ello, quiera decir, que se erradicaron las ideas o la cultura de los grupos subyugados. El elemento ibérico, aunque dominante, no era omnipotente. Las culturas indígenas y las poblaciones de origen africano, que pasaban por un proceso de transculturización, mantuvieron presente una serie de elementos propios que los identificaron como entes sociales distintos al grupo autoritario.
Una de las primeras ideas que podemos refutar es la creencia que establece que las prácticas supersticiosas eran exclusivamente parte de la idiosincrasia de los grupos sometidos, los cuales en un principio no seguían el cristianismo como creencia religiosa. Aunque es cierto que la población negra fue relacionada con el surgimiento de sectas diabólicas, vemos que esta práctica solo fue desarrollada en el 26.7% de las causas de fe relacionadas a las supersticiones en el Santo Oficio en Cartagena de Indias. Esto nos deja, con casi tres de cada cuatro procesos relacionados con el delito de hechicería, crimen de fe que predominó dentro de la población blanca. Contrario a los africanos, que habían sido educados originalmente en un ambiente de creencias politeístas y animistas, la población blanca española y portuguesa se había desarrollado en un contexto supuestamente cristiano. Sin embargo, esto no impidió el desarrollo de prácticas supersticiosas dirigidas hacia tres elementos de la vida cotidiana: los avatares del amor, la búsqueda del conocimiento oculto y la suerte en los juegos de azar.
La documentación inquisitorial nos ha demostrado que la hechicería, no fue vista como una amenaza al orden social, económico ni político de la colonia. La razón principal fue que los sucesos de hechicería eran casos aislados que en ningún momento constituyeron amenazas graves contra el Estado. No obstante, la población general, desde las clases más altas, hasta los esclavos e indios, pasando por todas las castas, demostraron sentir cierta necesidad de cubrir por medio de hechizos y sortilegios la falta de conocimientos y la búsqueda de felicidad que la Iglesia, y mucho menos, el Estado proporcionaban.
Otro renglón de sumo interés que encontramos en la población negra, procesada por brujería, es que estos desarrollaron un sistema ceremonial, que más que una expresión religiosa, representó un desafío a las autoridades coloniales. La realización de juntas, donde se le rendía culto a la figura del demonio, fue una de varias faltas a la fe cristiana y al ordenamiento jurídico colonial, más cuando ambos aspectos estaban unidos. Al crimen de adoración demoniaca se pueden añadir otros delitos considerados graves, tales como: los asesinatos, la profanación de tumbas, el canibalismo y, más que todo, las supuestas conspiraciones que los negros podían generar en sus reuniones nocturnas contra el orden político, social y económico de la colonia.
De la misma manera se aprecia la existencia de similitudes entre los cultos demoniacos en el Caribe con los efectuados en Europa. Las ocho características principales que se tienen sobre la brujería europea se pueden demostrar claramente en la brujería caribeña. Estas son: pacto con el diablo, repudio al cristianismo, profanación de la eucaristía, los viajes nocturnos, reuniones en la noche y en secreto, sacrificio de niños, el canibalismo y las orgías.
La figura del macho cabrío, es otro símbolo que nos lleva más a los cultos agrarios celtas que a las creencias africanas. Claro está, no podemos negar algunos de los elementos africanos que se dieron en los aquelarres caribeños. Entre ellos, podemos mencionar los banquetes con comida tradicional africana, donde se consumía jabalí, arroz y plátano, además de la importante presencia que representó el árbol en el lugar de culto, ya que este es uno de los elementos que más manifiesta las creencias africanas al sur del Sahara.
Otro aspecto histórico, que encontramos en este estudio, fue la utilización de las creencias paganas de los indígenas por parte de cristianos, que buscaban su propio beneficio. El caso de Luis Andrea, aunque único en la documentación estudiada, nos hace sospechar, que pudo haber ocurrido en diversidad de ocasiones sin que ninguna autoridad se hubiera percatado. Vemos, como el supuesto demonio, que se hacía llamar Buciraco, pero que tenía características europeas, tales como uso de botas, espuelas y lanza, que en ocasiones era llamado licenciado y que llegaba a las juntas a caballo, fue solo una artimaña de uno de los conquistadores para aprovecharse de la ignorancia de la población indígena. Este personaje, creó todo un andamiaje estructural dentro de esta comunidad dirigido a enriquecerse con los tributos recibidos.
De forma general, la mayoría de los procesados por superstición eran de composición racial blanca. De los cuarenta y cinco reos, veinticinco pertenecían a este grupo, lo cual representa el 55.6%. Aunque en sus causas, no se les pudo relacionar con pacto o trato explícito con el demonio, actitud severamente rechazada dentro del cristianismo, la búsqueda de soluciones fuera de los preceptos religiosos era condenable de igual forma.
La Inquisición como institución a cargo del control social de la colonia fue un aspecto que no puede ser negado. El uso de la Inquisición como instrumento de poder por parte de la Corona fue un elemento que se pudo comprobar mediante este estudio. Aunque la Inquisición era una institución eclesiástica destinada a vigilar las desviaciones de fe, los poderes seculares la utilizaron como un mecanismo en contra de grupos que eran considerados enemigos del Estado o del orden que se quería preservar. A su vez, el Estado, decidía cuándo y dónde utilizaba a los inquisidores. Este es el caso de una misiva que la Corona envió para que la Inquisición desistiera de procesar a los cientos de esclavos acusados por cuatro de sus compañeros de seguir la brujería, ya que el inicio de un proceso de esta envergadura hubiera afectado la economía de la región al detener la producción minera.
Otro aspecto que hemos rechazado, por lo menos, sobre la región estudiada, fue la imagen sanguinaria que se tiene de la Inquisición y que es presentada por la leyenda negra. En el caso del Tribunal inquisitorial de Cartagena de Indias, allí no hubo grandes autos de fe ni se ejecutaron a decenas de personas. En los casos por superstición las penas fueron mínimas, a tal punto, que algunos reos decidieron continuar con sus prácticas luego de haber sido sentenciados. Ninguno de estos procesados fue ejecutado. En otros casos, la propia institución, desde su Consejo Supremo decidió disminuir sentencias que consideraba severas. De hecho, en un periodo de veintidós años solo hubo dos ejecuciones, ninguna relacionada con superstición. La razón primordial de la ejecución de estos dos reos fue el asumir una actitud de obstinación, al no quererse arrepentir de sus acciones heréticas. La Inquisición, desde el punto de vista religioso buscaba mantener la fe católica y cada proceso tenía como objetivo el salvar las almas de los procesados y convertirlos en buenos cristianos.
La realidad documental nos ha presentado una Inquisición que seguía unas normas establecidas y que se autoevaluaba con una serie de procedimientos tales como las instrucciones desde la Suprema y las visitas de inspección. Aunque no se ha encontrado evidencia de visitas de fiscalización en Cartagena de Indias, la capacidad de la Suprema en mantener una actitud recta entre sus inquisidores siempre estuvo latente con el envío continuo de órdenes específicas para atender los distintos tipos de procesos. A todo esto, no se puede negar que hubo abusos, atropellos y malos tratos de parte de algunos inquisidores que teniendo el poder en sus manos lo utilizaron en su propio beneficio.
Por último, debemos indicar que la idiosincrasia caribeña es una multicultural desde los tiempos coloniales. El Caribe fue centro de disputas entre las potencias europeas, también fue lugar de acopio y trasbordo de los esclavos africanos, los cuales nunca representaron una sola etnia. La cuenca caribeña, en sí, fue un gran mosaico, donde se mezclaron genes y culturas durante siglos y que hoy día han producido una población llena de diversidad y con una gama de sabores que es única en su clase.

Referencias bibliográficas primarias:

Archivo Histórico Nacional en Madrid (AHN)
Sección: Inquisición

Libro 1008: Libro primero de cartas del Tribunal de Cartagena de Indias al Consejo de la Inquisición: 1610-1618.

Libro 1009: Libro segundo de cartas del Tribunal de Cartagena de Indias al Consejo de la Inquisición: 1619-1624.

Libro 1010: Libro tercero de cartas del Tribunal de Cartagena de Indias al Consejo de la Inquisición: 1625-1630.

Libro 1011: Libro cuarto de cartas del Tribunal de Cartagena de Indias al Consejo de la Inquisición: 1631-1638.

Libro 1020: Libro primero de relaciones de causa de fe del Tribunal de la Inquisición de Cartagena de Indias: 1614-1637.

Libro 1023: Libro cuarto de relaciones de causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Cartagena de Indias: 1676-1698.

Legajo 1620, expediente 1 y 10.
           
Fuentes secundarias recomendadas:

Alcalá, Ángel, et al.: Inquisición española y mentalidad inquisitorial,
Barcelona, Ariel, 1984.

Bennassar, Bartolomé: Inquisición española: Poder político y control social,
Barcelona, Grijalbo, 1981.

Caro Baroja: Las brujas y su mundo [1961], 11ª reimpresión, Madrid, Alianza
    Editorial, 1995.

Escudero, José A. (ed.): Perfiles jurídicos de la Inquisición española, Madrid,
Instituto de Historia de la Inquisición, Universidad Complutense de Madrid, 1992.

García Cárcel, Ricardo: La leyenda negra, historia y opinión, Madrid: Alianza
Editorial, 1992.

Henningsen, Gustav: El abogado de las brujas: Brujería vasca e Inquisición,
trad. Marisa Rey-Henningsen, Madrid, Alianza Editorial, 1983.

Lisón Tolosana, Carmelo: Las brujas en la historia de España, Madrid, Temas
    de hoy, 1992.

Kamen, Henry: La Inquisición española, nueva edición totalmente reescrita y
            puesta al día por el autor, trad. Gabriela Zayas, Barcelona, Crítica, 1985

Maya Restrepo, Luz A.: “África: Legajos espirituales en la Nueva Granada,
siglo XVII”, Historia crítica, Núm. 12, 1996, págs. 29-42.

_____: “Paula de Eguiluz y el arte del bien querer, apuntes para el estudio de
la sensualidad y del cimarronaje femenino en el Caribe, siglo XVII”, Historia crítica, Núm. 24, 2003, págs. 101-124.

Pérez Villanueva, Joaquín (dir.): La Inquisición española: Nueva visión,
    Nuevos horizontes, Madrid, Siglo XXI, 1980.

_____ (dir.): Historia de la Inquisición en España y América, Madrid, Centro
de Estudios Inquisitoriales, 1984, 3 vols.

Russell, Jeffrey B. y Brooks Alexander: A History of Witchcraft: Sorcerers,
Heretics & Pagans, 2a ed. aumentada, New York, 2007.