miércoles, 19 de febrero de 2014

Perspectiva de la posesión espiritual en el vudú dominicano

Autor: Pablo L. Crespo Vargas
(Artículo originalmente publicado para Ahora Newspaper, 1 de noviembre de 2013)

Perspectiva de la posesión espiritual en el vudú dominicano
Libro de Geo Ripley nos lleva a través de los misterios vuduitas

Un encuentro con la psiquis de las culturas ancestrales que conforman el pueblo dominicano, visto a través de las ceremonias religiosas arraigadas en el culto tradicional del vudú, es la temática principal del libro Imágenes de Posesión Vudú dominicano del etnólogo y artista plástico Geo Ripley.

El autor nos presenta una descripción ilustrada y comentada sobre las creencias vudú dominicanas, dándole énfasis a la posesión ritual que se enmarca en esta fe; trabajo que nos inicia y a la vez nos motiva a continuar conociendo sobre esta singular religión.

El objetivo del autor es exponer al lector, de manera directa, las características de una ceremonia vudú, que no necesariamente es repetitiva en otras partes. Geo Ripley, nos adentra al mundo metafísico de los dogmas, surgidos del sincretismo centenario al que el Caribe fue expuesto durante los últimos 521 años y que hoy son reflejo de la idiosincrasia caribeña, donde la mezcla de genes y creencias crean el ambiente adecuado para la formación de la sociedad más heterogénea en el Planeta.

Al hablar de vudú dominicano y no del vudú como doctrina general, el autor, nos lleva a ver la existencia de ese elemento regionalista, que nunca es distinguido ni entendido por la población que no comparte estas creencias. De hecho, Geo Ripley, nos indica en sus comentarios, que dentro de los mismos creyentes existe desconocimiento de las tradiciones que en otras regiones se desarrollan, a su vez, se da el fenómeno evolutivo de la variación de creencias, aunque hace hincapié de que la fe en los llamados misterios del vudú aún perduran y que estos solo se acomodan a los cambios que vive la sociedad.

En el caso del vudú dominicano, este basa sus misterios en cuatro fuerzas, las primeras tres son representativas de unos seres animistas que han sido modificados al santoral cristiano. La cuarta fuerza es la que nos lleva a reconocer la marcada presencia de las creencias indígenas (taínas) en la formación de esta religión. El orden que Geo Ripley utiliza para presentarlas es el siguiente: la Radá (que abarca los misterios dulces), la Guedé (implica los misterios de la muerte), la Petró (se desarrollan a partir de los misterios del bosque y la foresta) y la Indígena (donde se manifiestan los misterios existentes en la Isla anterior a la llegada de los extranjeros).

Otro punto que la inmensa mayoría de los occidentales desconocen es la afirmación que se da en la lectura sobre los aspectos monoteístas de la religión vudú y como esta, dentro de su proceso evolutivo, enmarcó la espiritualidad animista de los esclavos procedentes del África en el contexto cristiano. Un ejemplo demostrativo es la figura de Papá Bondié, que representa el Gran poder de Dios. Otro es la Virgen de la Altagracia, madre espiritual del pueblo dominicano, que es utilizada en las ceremonias a favor del Radá.

La obra de Ripley, más que un análisis sobre el vudú, es la presentación de lo que son sus ritos y creencias de manera visual, ya que se utilizan más de 170 ilustraciones, la inmensa mayoría, fotos a color, tomadas en los rituales, y que nos muestran detalladamente cada uno de los elementos que el autor desea expresar.

El vudú surge en el territorio que conformaba el antiguo reino de Dahomey en el occidente de África, hoy las República de Benín y Togo. Vudú viene de vodun, palabra que significa espíritu. Es una creencia sincrética que combina elementos del catolicismo y de religiones tribales africanas. El culto se basa en la veneración de un gran número de espíritus llamados loa, identificados con dioses o ancestros deificados.

El vudú llega a República Dominicana con la invasión haitiana de 1822 sin embargo, va tomando su propia identidad al sumársele a la raíz africana las creencias hispano-tainas del dominicano.

Los creyentes dominicanos, por lo regular no tienen templos y los rituales se llevan a cabo frente a altares colocados en la casa del practicante. No se realizan sacrificios de animales, excepto en raras excepciones; ni existe un sacerdocio organizado. Sus practicantes son identificados como espiritistas, no como vuduitas. 
En el vudú dominicano una entidad, espíritu o “misterio” cuando es mujer se llama Metresa. Cuando es hombre se llama Luá.  Los sacerdotes (hungan) y sacerdotisas (mambó) son los samanes de las comunidades en que residen, teniendo como misión aconsejar, sanar y proteger a los fieles.

El vudú no solo se practica en La Española, sino que existen comunidades de fieles en Trinidad, Brasil, Cuba y Luisiana.

El vudú fue transbordado al Caribe durante los procesos de colonización y conquista de Haití por los franceses, quienes trajeron esclavos adquiridos en el antiguo reino de Dahomey para cultivar las ricas plantaciones azucareras. Es una de las creencias que menos se conocen y entienden en las sociedades occidentales; al extremo, de ser catalogada, por muchos, una religión prohibida, llena de demonios y hasta anti-cristiana. No obstante, la realidad es que el desconocimiento nos lleva a juzgar de manera peyorativa esta devoción, que ya es parte de la idiosincrasia caribeña.
Es por ello, que la labor investigativa sobre el tema por parte de antropólogos, sociólogos, etnólogos, culturólogos e historiadores es de vital importancia. Son sus estudios y eventuales ponencias las que nos describen y nos llevan a conocer la realidad del vudú. Una religión que ha matizado una vertiente caribeña y antillana que se ha propagado por el continente, pero que aún es un misterio para muchos.

El vudú, creencia afrocaribeña, tiene su sitial, en la gama de religiones que han adoptado el Caribe como su hogar; entre ellas: la santería, el kali mai, el palo monte (también conocido como palo mayombe, palo congo), el rastafari, el obeah y el winti. Todas ellas, transformadas por el sincretismo que solo se da en una región donde el mestizaje no solo se dio en los genes sino que se manifiesta en la cultura.

El multifacético, Geo Ripley, nació en Caracas, Venezuela, hijo de padres dominicanos exiliados de la tiranía trujillista en 1950. Desde su infancia demostró cualidades excepcionales para la pintura y el dibujo. Su obra, Inspiración, basada en pintura precolombina, le obtuvo a los 17 años, un segundo premio en un concurso de dibujo. Inspiración es considera la ruptura con los cánones establecidos por la pictórica tradicional y el inicio de la revolución modernista de la pintura nacional dominicana.

Se graduó de profesor de artes plásticas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo e hizo su post grado en la Academia de Bellas Artes de Roma. Ripley integra en su pictórica elementos mágicos y simbólicos de las culturas africanas, precolombinas, antillanas y latinoamericanas. Ripley utiliza, en opinión de expertos, el arte como rito de iniciación. La genialidad del artista lo llevó a ser uno de los primeros en Latinoamericana en utilizar la instalación y el performance en su obra.

En 1970 creó MANTRAM, esculto-pintura sonora que significa la segunda gran ruptura en la plástica dominicana y lo consagra como Padre de la Pictorica Moderna Dominicana. 

Ripley se consagra en la pictórica mundial al revolucionar los esquemas formales de la Bienal de París en 1980 al crear y recrear un ambiente mágico con base al vudú dominicano.

El doctor Ripley ha sido docente de las universidades Autónoma de Santo Domingo (UASD), APEC y profesor invitado de la universidad Simón Bolívar de Caracas, Venezuela y del Proyecto Acces de la Universidad Buena Vista, Estados Unidos. En la actualidad trabaja en la Secretaria de Estado de Cultura en Santo Domingo.

Las inquietudes intelectuales de Ripley lo llevaron más allá del ámbito pictórico incursionando en diversas áreas del conocimiento humano como lo son la investigación histórica, la cultura, la etnografía y la arqueología.

En la actualidad, Geo Ripley está considerado uno de los principales expertos del continente en la cultura afrocaribeña. Lleva varios años trabajando en la integración de la cultura caribeña desde la perspectiva etno-cultural-religiosa

“El Caribe vibra al ritmo de tambores y cadencias rítmicas; se integra en una sola alma que lleva en su cuerpo sangre taína, negra y europea”, asegura Ripley.

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