domingo, 21 de febrero de 2016

Puerto Rico Duerme libro de Edgar León

Libro Puerto Rico Duerme
Autor del libro Dr. Edgar León

Akelarre: Historia y Ficción se honra en presentar y distribuir gratuitamente el libro del Dr. Edgar León, Puerto Rico Duerme, la cual puede ser visto y bajado en el siguiente enlace: 

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Nota Editorial: En la obra del Dr. Edgar León, Puerto Rico Duerme, se exponen las ideas de este estudioso sobre el desarrollo de la sociedad puertorriqueña, de manera diferente e innovadora. Se sigue un estilo socrático donde se presentan preguntas dirigidas a que sus respuestas sean unas de acción. El libro, en cierto sentido, es investigativo y producto de las experiencias de este profesional de los cambios tecnológicos. La finalidad de la obra es que el lector se identifique con las situaciones que se viven a diario y que esto lo mueva a tomar acción, siendo parte del cambio.

La obra está escrita de manera clara y sencilla para que cada lector pueda entender la gravedad de la situación, a la vez, que pueda motivarse a buscar posibles soluciones.

El Dr. León es colaborador de Akelarre: Historia y Ficción y consultor tecnológico, obtuvo un Doctorado en Filosofía con una Concentración en Aplicaciones Tecnológicas para la Educación de Michigan State University.

viernes, 19 de febrero de 2016

Reseña de Historia de los ciclones y los huracanes tropicales en Puerto Rico

Reseña de Historia de los ciclones y los huracanes tropicales en Puerto Rico
Por Evelio Valeiras Mini

Nota editorial: Evelio Valeiras Mini es estudiante doctoral del Programa de Historia del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe.

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Historia de los ciclones y los huracanes tropicales en Puerto Rico resulta ser el primer estudio historiográfico que presenta el profesor Luis Caldera. En él se analizan los distintos eventos ciclónicos que han afectado a la isla. En su narración reconstruye la historia climatológica de Puerto Rico desde el siglo 16 al 19. Luis Caldera (2014), utiliza dos métodos para exponer los detalles, en uno se discuten los efectos de los desastres que otros ciclones causaron, a pesar de no haber sido de impacto directo y en el otro presenta los ciclones que afectaron directamente a Puerto Rico. También analiza las implicaciones relacionadas a la evolución del desarrollo de la modernidad de las ciencias meteorológicas.

La selección de las fuentes documentales utilizadas en esta obra estuvo encaminada hacia la identificación de informes oficiales y crónicas que fueron revisados en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, el Archivo de Indias, Sevilla, los Archivos Generales de Puerto Rico en San Juan y Ponce; incluyendo las colecciones de Luch Mora y monseñor Vicent Murga, ambas de la Pontificia Universidad Católica de Ponce.

Las fuentes secundarias consultadas se basan en obras diversas, entre ellas: Apuntes Relativos a los Huracanes de las Antillas: En septiembre y Octubre de 1875" escrita por Benito Vinez y publicada en la Habana en 1877, y la obra de Luis Saliva titulada Historia de los Temporales en Puerto Rico, publicada en 1950, entre otras.

Sobre los ciclones tropicales debemos indicar que estos son fenómenos que han existido y afectado algunas regiones del mundo como el Atlántico norte, el Pacifico occidental y la región del Caribe desde hace siglos. Morales (1995), señala que el proceso de civilizar a la colonia durante el periodo anterior al colapso final del poderío Español en el continente americano, se vio malogrado desde un principio, entre otros, por los estragos devastadores causados por el paso de huracanes. Los huracanes dejaban tras enfermedades y epidemias que mataban a pueblos enteros (Ortiz, 1984, p. 70). Algunos de estos eventos fueron registrados en diversos documentos de la época, lo que permitió al autor reconstruir en su obra los eventos ciclónicos que afectaron la isla.

El autor señala que la mayoría de los trabajos enfocados en los huracanes y ciclones tropicales están centralizados en el contenido histórico de sus efectos y daños, como si estos eventos atmosféricos hubieran sido ciclones sin realmente serlo. Los ciclones tropicales a los que se alude en los documentos históricos, han sido llamados de varias formas: tempestad, fuerte temporal o inundación por lo que se dificulta su clasificación, ya que en esta época no había mapas de zona inundables y solo existía la escala Beaufort.[1] La  modernización de las ciencias meteorológicas y el uso de la escala Saffir-Simpson en el 1969, nos ha llevado a entender estos fenómenos al punto que, podemos establecer diferencias entre unos y otros (Calero 2014, pág. 9).

Uno de los métodos utilizados para clasificar los eventos que podrían ser considerados como ciclones consiste en la identificación de los términos utilizados en las crónicas.[2] En un proyecto interdisciplinario donde colaboraron García y otros (2014), del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), y de la Universidad de Colima, se realizó un trabajo que  permitió reconstruir la entrada de ciclones a tierra hasta mediados del siglo XVI, a partir de la revisión de documentos históricos y  de periódicos anteriores a 1949.

La climatología histórica utiliza información para sus interpretaciones climáticas exclusivamente de fuentes documentales históricas. Por esta razón la búsqueda en los patrimonios documentales, de aquellas fuentes y series conservadas, debe contener unos niveles óptimos tanto en la cantidad y la calidad de información climática contenida.[3]  Otro aspecto metodológico general del patrimonio documental utilizado en la climatología histórica son sus dimensiones inabarcables, según Arriendos (1999):

Las diferentes pautas de trabajo o métodos aplicables en climatología histórica dependen de la disponibilidad o riqueza del detalle que proporcionan las fuentes documentales a consultar en cada punto de observación o sector bajo estudio. En cualquier documento puede encontrarse alguna referencia a un fenómeno meteorológico o una circunstancia climática, la magnitud es de este patrimonio obligan a generar, ante todo, estrictos criterios de selección de las fuentes a consultar. De otro modo, las fases de recopilación de datos prácticamente no tendrían fin.

Según Barriendos (1999) la introducción de métodos y técnicas de análisis cuantitativos en esta especialidad, a consecuencia de la influencia ejercida por la corriente de pensamiento neopositivista en la segunda mitad del siglo XX, ha provisto a la climatología histórica de las herramientas que se requerían para poder explotar la información ambiental contenida en los archivos históricos, y desarrollar la caracterización de la variabilidad natural del clima a escala histórica.

La climatología histórica ha desarrollado dos tendencias historiográficas, una la Paleoclimatología que gira hacia la historia de los cambios climáticos de la temperatura y la precipitación, ocurridos en la tierra hace millones de años, y otra la Paleotempestología que resulta ser la que más se acerca a la obra por tener como elementos constitutivos, la reconstrucción de las actividades ciclónicas del pasado, utilizando documentos históricos en combinación con técnicas geológicas.

Luis Caldera utiliza en su obra esta nueva tendencia, recopilando información para sus interpretaciones climáticas de fuentes documentales históricas que son usadas para la reconstrucción, en este caso, de los eventos ciclónicos que ocurrieron en Puerto   Rico para esa época. Son numerosos ya los ejemplos de iniciativas e investigaciones desarrolladas en esta línea. Se destacan entre otros los trabajos de Liu, K.B. and Knowles, J.T., (2008), Mann, M.E., J.D. Woodruff, J.P. Donnelly, and Z. Zhang, (2009), McCloskey, T.A., Liu, K.B. (2009), Urquhart G.R., and Taleno, C.P., (2009). Kar, D., McCloskey, Kennedy, L.M., (2009), Alfaro Erick (2010).

En un estudio sobre huracanes realizado en Costa Rica se utilizó la tendencia relacionada a la historia aplicada, Según Torres Hernández y Zúñiga Arias (2011):

La perspectiva de análisis de la historia aplicada, parte de la base que el conocimiento histórico que actualmente se necesita es el que ayude a edificar una nueva sociedad, la que permita a las poblaciones recuperar su dinámica social y su propia historia. Esto no implica solo el recuperar o producir un acervo documental que se deposita luego en un archivo o biblioteca, sino la generación de conocimiento al servicio de las necesidades del presente que permita enfrentar y superar los retos que se imponen de diferente índole: políticos, sociales, económicos, ecológicos, agropecuarios.

De este modo, una investigación que parte en sus inicios del estudio de los distintos eventos ciclónicos que afectaron a la isla podría ser enriquecida con otras fuentes, visiones y perspectivas, adquiriendo el perfil de un estudio de historia aplicada. Esta tendencia historiográfica ofrece las siguientes ventajas (Torres Hernández y Zúñiga Arias 2011): Primero, a través de la historia aplicada se logran traspasar las barreras disciplinarias y crear un conocimiento interdisciplinario que permite abarcar el objeto de investigación desde diferentes aristas; segundo, los productos obtenidos no solo permiten historiar los procesos estudiados sino aportar elementos que pueden ser tomados en los programas de rehabilitación  que se dan en las          poblaciones impactadas, además permiten prevenir que situaciones similares se repitan y  brindan a los pobladores la posibilidad de ser partícipes directos en la reconstrucción de  su pasado histórico constituyéndose de esta manera en actores sociales de su presente y  futuro.

Las tendencias historiográficas como la Paleotempestología y la historia aplicada, podrían ser utilizadas como un apoyo para desarrollar estudios sobre la planificación de los usos que se le asignarían a los espacios marinos, con el objetivo de prevenir los riesgos y los daños que estos fenómenos ocasionan a la vida y a la propiedad de las comunidades costeras. Las ayudas económicas para estas situaciones de emergencias, deben estar dirigidas a las necesidades de la población afectada.

El autor del libro Historia de los ciclones y los huracanes tropicales en Puerto Rico, Luis Caldera Ortiz, actualmente realiza sus estudios doctorales en Historia y Filosofía en la Universidad Interamericana, Recinto Metropolitano. Nació en el municipio de Ponce en 1984. Se ha destacado en promover la historia, dictando conferencias en escuelas, programas de radio, y actividades culturales en el pueblo de Coamo.  Fue reconocido como el historiador Joven del año 2013, una distinción que le otorgo la UNESCO por sus ejecutorias.

BIBLIOGRAFIA:

Barriendos, Mariano. "La Climatología Histórica en el Marco Geográfico de la Antigua Monarquía Hispana." Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Socialesm, Universidad de Barcelona, no.  53 (1999).

Caldera Ortiz Luis, Historia de los ciclones y huracanes tropicales en Puerto Rico. Lajas, Puerto Rico: Alkerre, 2014.

García Acosta Virginia, Cuevas Jimena y de la Parra Myriam, Padilla Raymundo Bracamontes, Beatriz. 6 noviembre 2014. "La climatología de ciclones tropicales en el Pacifico mexicano." Noticias de Juárez, 2014.

Gervasio, García. Armar la Historia. La tesis en la región menos transparente y otros ensayos. Edición Huracán. 1989.

Graciela Binimelis de Raga, Beatriz Bracamontes, Luis Manuel Farfán Molina del Centro y Rosario de Lourdes Romero Centeno. Landfilling tropical cyclones on the Pacific coast of México: 1850-2010.” Atmosfera Vol. 26, no. 2 (2013).

Hernández Sandoica, Elena. Tendencias historiográficas Actuales: Escribir historia hoy. Edited by S.A. Akal. Madrid, 2004.

J., Alfaro Erick. “Caribbean sea tropical cyclones occurrence in the last six decades and their impact in Central America and the Caribbean Islands." Intercedes Vol. XI (2010): 136- 163.

Kar, D., McCloskey, T.A., Liu, K.B. "Reconstructing paleo hurricane disturbance regimes in the Dominican Republic." International Biogeography Society (JBS) meeting.  Merida, Mexico, 2009.

Liu, K.B. and Knowles, J.T. "Proxy Record of Holocene Hurricane Activity from Barbuda in the Northern               Caribbean," American Geophysical Union (AGU) 2008 Fall Meeting. San Francisco, 2008.

Mann, M.E., J.D. Woodruff, J.P. Donne11y, and Z. Zhang. “Atlantic hurricanes and climate over the past 1500 years" Nature 460 (2009): 880-883.

Mario, Gómez Ramírez. "Trayectorias históricas de los ciclones tropicales que impactaron el Estado de Veracruz de 1930 al 2005." Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales. Vol. X, no. 218 (2006).

McCloskey, T.A., Liu, K.B., Urquhart, G.R., and Taleno, C.P., 2009. “Hurricane history for the southern Caribbean coast of Nicaragua." 105th Annual Meeting of the Association of American Geographers. Las Vegas, 20

Morales Carrión, Antonio. Puerto Rico y la lucha por la hegemonía Caribe: Colonialismo y contrabando, siglos XVI -XVII. Centro de Investigaciones Históricas/Editorial de la Universidad de Puerto Rico. Rio Piedras, 1995.

Ortiz, Fernando, Antonio. El Huracán su mitología y sus símbolos. 1984.
           
Underwatertimes.com, News Service. "Paleotempestology: Researcher Uncovers Prehistoric Hurricanes by Digging into the Past. 2007.

Torres Hernández Margarita y Zúñiga Arias Ana. "Aportes de la historia aplicada para el estudio de los desastres. El caso del huracán Juana en Costa Rica: 1988. “Revista de Historia Iberoamericana, 4(2011)




[1] "La escala fue adaptada para uso no naval a partir de los 1850s, al asociar los números de Beaufort con el número de rotaciones de un anemómetro que media la velocidad del viento. En 1906 las descripciones de cómo el mar se comportaba se cambiaron y se extendieron a las observaciones en tierra " es.wikipedia.org/wiki/Escala _de_h uracanes_de_ Saffir-Simpson.
[2] García Acosta Virginia, Cuevas Jimena y de la Parra Myriam, Padilla Raymundo Bracamontes, Beatriz. “La climatología de ciclones tropicales en el Pacifico mexicano”. Noticias de Juárez, 2014.
[3] Barriendos Mariano "La Climatología Histórica en el Marco Geográfico de la Antigua Monarquía Hispana", Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales, Universidad de Barcelona, no. 53 (1999).

viernes, 5 de febrero de 2016

3ra parte Caricaturas Edgar León

Continuamos con la tercera parte de las caricaturas de Edgar León:
Marque este enlace para ver la segunda parte
Marque este enlace para ver la primera parte


Las vistas del Congreso y su inmovilidad

La muerte de los partidos tradicionales (definitivamente lo ideal es que los candidatos corran independientes).

El lloriqueo del cannabis

Sobre la crisis fiscal


Sobre el caso de Casellas

miércoles, 3 de febrero de 2016

De clases sociales: Fantasía y violencia racial

De clases sociales
Fantasía y violencia racial

Rafael Lara-Martínez
Tecnológico de Nuevo México
Desde Comala siempre…

Si “la verdad está en lo increíble —ximántara diama xitrán—“ (Euralas), es porque la fantasía duplica lo Real.  Lo calca en espejeo y lo desdobla en realidad y realeza. 

Si lo fantástico implica que el lector considere “el mundo de los personajes como un mundo de personas vivientes” (T. Todorov, Introducción, 37), aún su carácter etéreo extremo presupone la materia.  Lo concreto obliga al espíritu más sutil a manifestarse en lo tangible.  De lo contrario, permanecería oculto para un habitante terrestre y mundano.  Sea la lengua sonido y escrito, pedestal del sentido, sin esa huella dual no hay comunicación.  No hay idioma sin un  espectro físico e inscripción.  Sea el cuerpo biológico, cimiento de la psique, sin su rondar, no hay figura literaria, aun si se llame alma en pena.  Esta doble presencia palpable —lengua y cuerpo de un “simio gramático”— hace que la fantasía se arraigue en el reino físico de este mundo.  La fantasía se imagina como un universo posible, paralelo a la sociedad humana.

En El Salvador, dos ejemplos clásicos se intitulan O-Yarkandal (1929/1969/1971/1996) de Salarué y, menos renombrado, La princesa está triste… (1925/1996) de Raúl Contreras.  Ambas obras no sólo comparten una misma afición generacional — el orientalismo— (véase la foto de ambos junto a Alberto Guerra Trigueros, en Contreras, Obra, 1996: entre 111-113).  También describen un mismo modo esclavista de producción.  Por afición esotérica e imaginaria, a los blancos les corresponde la posición dominante, mientras a los negros se les asigna el quehacer de esclavos sometidos.  La dialéctica del amo-esclavo calca el tinte de la piel, según una literatura fantástica en reflejo de lo social sin presencia indo-americana.  
***
Léanse las siguientes citas que describen un modo esclavista y racista del trabajo en O-Yarkandal (1969):

Krosiska […] marcaba a sus esclavos con hierros candentes […] llamó a su esclava Bethez que era negra y le dijo:
            — ¡Oh tú, márfil negro […] (165-166).
 A Sirsica [mujer de alcurnia] una negra enjoyada y casi desnuda la asiste […] está como arrodillada entre sedas blancas y es bella como una sombra, como la propia sombra de Sirsica.  Al timón hay un negro robusto y en la proa, en silencio, dos esclavos y dos esclavas.  En la popa hay un mozo pálido (200).
Ulusú-Nasar vivía en un palacete […] los esclavos que atendían, se ataviaban tan sólo con entreperneras cuajadas de rubíes y llevaban el cuerpo untado de óleo, que les hacía resplandecer como si hubieran sido de ébano vivo […] Ulusú-Nazar poseía un suave matiz rosado (214).

Casi todas las referencias a los esclavos los identifican como “negros”, mientras que los amos, en cambio, son blancos.  La esclava de Sirsica, aunque bella, es la “sombra” de su patrona y el “matiz rosado” de Ulusú-Nasar contrasta con el color ébano de sus sirvientes.  El tono de la tez parece dictar la riqueza, el poder y la posición social de los personajes.  Además, el papel protagónico le corresponde a los amos.  Los esclavos aparecen exclusivamente en el trasfondo, jugando una función secundaria de ayudantes. 

Hay una marcada diferencia étnica y racial entre la servidumbre y sus amos.  La división de clases se corresponde con una distinción racial.  Aunque no exista instancia alguna de discriminación directa contra una población de origen africano, su posición dentro de la jerarquía social del imperio demarca un claro racismo.  A ninguno de los gobernantes, ni a los protagonistas pudientes, les preocupa en lo más mínimo esa equivalencia entre el color negro de la piel y la esclavitud. 

Además, al percibir la realeza como “misión sagrada” (Salarrué, 1969: 185), se presupone que una visión teocrática del poder la sustenta una ideología racista apenas insinuada en el texto.  De ahí que el modo de producción del fabuloso imperio de Dathtalía se caracterice como fundado en la esclavitud y en el racismo.  Las prerrogativas reales (real and royal) son atributo de una población marcada por una “blancura” casi “transparente” (175), una “blancura radiante” (202).  Una de sus verdaderas maravillas “vuelve rubias las cabelleras más negras” (Salarrué, 1969: 183). 


Se clasifique bajo el rubro de literatura astral, teosófica o fantástica no hace variar el hecho social en sí: la clasificación de los grupos humanos por su tinte de piel, premisa de una época anterior al ADN y al genoma.  A lo sumo, ese código legitima el hecho para sí de una sociedad dividida en clases sociales, a saber: la esclavitud de los afro-descendientes y el tributo de reinos subalternos.  La distribución espacial calca la pátina de la dermis, como si la naturaleza dictase lo social, cuanto que nada más arbitrario que clasificar los humanos o las frutas (fresa y tomate) por su apariencia.  Por un juicio crítico original, “la realeza representa la jerarquía máxima y”, por tanto, simboliza “la expresión de las jerarquías espirituales” (H. Lindo, en Salarrué, 1969: LXIV).  Acaso no habría “condición mística o iniciática” (ídem) sin esa tajante servidumbre regulada por el color.  El cuadro siguiente resume la distribución espacio-racial de los “reinos tributarios” (Salarrué, 1969: 163-164).

Norte: Ki-Su – hombres amarillos

Noroeste: Askankán –                                         Nordeste: Edimaputa – 
hombres rojos                                   |                      hombres blancos
                                    \                                  /

Oeste: Xibalbay/      —        Samiramina   —        Este: Zunzunte –
Xibaibailá: hombres             Capital                      hombres negros
de barro

                                    /                                  \
                                                            |                      Sureste: Bagalgaya – hombres                                                       color uva

                                                Sur: Kadputra – hombres grises

***
Como episteme de la época, la equivalencia de la raza con la jerarquía social la reitera Raúl Contreras en su obra La princesa está triste… (1925/1996).  Si los “esclavos” son “negros” (31), la belleza de la princesa destaca por su piel blanca, ojos verdes, rizos rubios (41-42).  En su enlace intermedio, se hallan los trabajos que se le asignan a quienes divierten a la realeza.  Las “bailarinas” son de “Siria” (46) y los juglares, de “Bagdad” (50).  En calco fiel, el ideal de raza caucásica lo replican los poemarios Versos del ayer (1920-1945/1996) y Niebla (1956/1996).  Mientras la primera antología implora el “cariño” de una “mujer” en el “armiño de sus manos” (155), el segundo libro, su “mirada casi verde” (268).  En preludio a Niebla, Claudia Lars anticipa que la “niña de palabras de agua pura” posee “color de nieve” y “blancura” (“A Lydia Nogales”, 257).  La fantasía jamás imagina un mundo justo, trastocado por los Derechos Humanos más elementales (artículo 1), esto es, una sociedad pos-esclavista y democrática en la cual las diversas razas y etnias posean una voz política y un voto similar. 
***
Mientras en O-Yarkandal la mezcla racial resulta un enigma acallado, en La princesa está triste… la misceginación la castiga el asesinato del juglar que osa transgredir los códigos de la jerarquía social.  Al enamorarse de un subalterno, la princesa no sólo reduciría su estatuto financiero: “es humilde su cuna”; “hablar con un artista sería rebajarte” (96), le advierte el Hada.  A la vez, enturbiaría el ideal poético del albor inmaculado que encarna su cuerpo: “es linda y graciosa/rubia como el trigo,/blanca como aljófar;/sus pupilas verdes”, idealiza el poeta (93). 

Tal es el misterio de la fantasía —sea esotérica o poética.  No se permite un mestizaje racial entre los amos blancos y los esclavos negros, ni tampoco entre el estamento superior y los intermedios sirios o iraquíes.  La estratificación étnica es rígida y castiga cualquier transgresión al deseo de traspasar esas fronteras.  La justicia socio-racial protege a la princesa blanca,  al decretar la “horca” del poeta  iraquí que se “balancea” cual péndulo humano (152). 

En su defecto, se elude toda referencia a la misceginación como si existiera un tabú de insinuarla.  Habría quizás una endogamia estricta que hace posible la separación absoluta del “matiz rosado” y del “marfil negro”. No sólo se separan en el color sino en el vestido, en la filiación étnica y en su rango social, acaso vivido como “misión sagrada” desde los orígenes.  Uno de los límites de la fantasía la ofrece la constitución de familias racial y culturalmente diversas.  Ninguna obra fantástica poetiza la existencia de unidades domésticas mixtas en raza y cultura.  

Rafael Lara

Si “habéis notado que doy preferencia a los cuentos que hablan de princesas y de reyes” (182), olvidáis su tez blanca cual la certifica “la realidad de mi realeza” (Salarrué, 1969: 230).  Por un juego de palabras —intraducible a otro idioma— lo Real remite a la monarquía y a la verdad objetiva.  Si el mundo imperial lo rige la política, lo regio administra lo Real.  Por la realeza, lo Real se vuelve realidad.

***
Al presente que combate la impunidad, reclama la justicia y anhela aplicar los derechos humanos, no le correspondería mitificar fantasías orientalistas.  En cambio, su entereza política exige investigar la manera en que se inventan diferencias sociales por el simple tinte de la piel.  Si esa disgregación social —amos blancos, artistas árabes y esclavos negros— presupone una violencia fundadora, su verdadera naturaleza se llama imaginación humana.  Un imaginario cultural —la fantasía— concibe que el color legitima la realeza y la realidad social.  Se anota de nuevo la ausencia de toda población indo-americana, aún encubierta por las premisas del silogismo maravilloso. 

La ecuación ficticia resulta más exacta que toda fórmula matemática.  La pureza de la raza blanca debe mantenerla una justicia despiadada.  Su crueldad legitima la jerarquía social por una blancura sinónima del albor y de la decencia.  El “alma negra” (165) significa el pecado, como la “blancura” de nube, lo etéreo (Salarrué, 1969: 219).  Al denunciar la violencia sinfín, la actualidad observaría en la crueldad imaginaria de la fantasía un anuncio certero de su larga dimensión en el pasado.  No hay nada nuevo bajo el sol del “crimen” organizado e institucional (Contreras, 152). 

Previo a todo “plata o plomo” a la moda, se vaticina que el quinto mandamiento jamás reza “no matarás”.  Por lo contrario, borgeanamente prescribe “si matas en nombre de lo que crees justo, no eres culpable”.  Tales asesinatos legales producen “deleites para el ojo y el oído” —según la lectura original e irrefutable del texto salarrueriano (A. Masferrer (1925), en Salarrué, 1969: 159).  Igualmente, suscitan una emoción superior, “tan poética y elegante” que sugieren el indulto (J. Cejador (1925), en Contreras, 8). 

En síntesis, al hacer del “asesinato una de las bellas artes” (T. Quincey, 1827 y 1839), la crítica literaria clásica endulza el crimen disfrazándolo de esoteria y de poesía.  Por un cambio de sensibilidad, la elegancia formal del homicidio ya no se evalúa por lo “refinado” de su estilo (Masferrer, ídem).  Ahora rinde cuenta por el acto mismo de violencia institucional solapada.  Tan “bellas son en verdad las historias que nos cuentas” (Salarrué, 1969: 242), como horrenda la división racial que ocultan.  La tortura que justifican…

Bibliografía

Contreras, Raúl.  Obra poética.  San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 1996.  David Escobar Galindo (compilador). 

Revista Excelsior, 1928. 

Salarrué.  O-Yarkandal.  Historias-cuentos-y leyendas de un remoto imperio.  Cuscatlán: Tipografía Patria, 1929. 
---.       Obras escogidas.  San Salvador: Editorial Universitaria de El Salvador, 1969.  Selección, Prólogo y Notas de Hugo Lindo  (vii-cxviii).
---.       O-Yarkandal.  Historia-cuentos-leyendas de un remoto imperio.  San Salvador: Dirección 
            de Publicaciones del Ministerio de Cultura, 1971. 
---.       O-Yarkandal.  San Salvador: Concultura, Biblioteca Básica de Literatura Salvadoreña, No. 5, 1996.

Todorov, Tzvetan.  Introduction à la littérature fantastique.  Paris: Editions du Seuil, 1970.

Rafael Lara-Martínez es profesor de estudios hispanos en el Tecnológico de Nuevo México/New Mexico Tech, Socorro, NM, EEUU.  Escribe bajo supervisión de La Llorona/Cihuanahual.     

En la ilustración: Nótese el sesgo racial y de género que recobra la fantasía teosófica de Salarrué. La “mercancía tan apetecida de los hombres” (213), una “bella” mujer desnuda se le ofrece al “afortunado” mercader y visir (214).  La realización del deseo masculino —la del varón acaudalado— la protege un esclavo “negro” (Salarrué, 1969: 214), semi-desnudo, al servicio de la majestuosa blancura (Excelsior, 15 de septiembre de 1928).  Distintivo étnico y de género, el vestido y la piel se proyectan hacia la baldosa que los remeda, en un tablero de ajedrez que enfrenta los opuestos en un doble jaque mate: erotomaquia mujer desnuda-hombre vestido y lucha étnica de clases.