José Inácio Abreu e Lima
Pablo L. Crespo Vargas
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| Batalla del Pantano de Vargas Luis Rengifo - Universidad EAFIT |
Declaraciones del presidente venezolano, Nicolás Maduro,
sobre su intención de que el general brasileño José Ignacio Abreu y Lima (José
Inácio de Abreu e Lima) lidere tropas de Brasil para liberar a Puerto Rico de
su relación con los Estados Unidos, provocaron que un reducido número de
puertorriqueños se escandalizasen y mostraran preocupación sobre la posibilidad
de que este héroe de las guerras de independencia suramericanas regresara de la
tumba, junto a sus tropas, para terminar lo que Simón Bolívar dejó inconcluso.
Mientras algunos, incluyendo a la gobernadora de Puerto
Rico, Jennifer González, y líderes anti-Maduros estadounidenses, levantaron
bandera y pidieron que la metrópolis interviniera ante una posible invasión,
otros líderes políticos estadounidenses y puertorriqueños, no solo conociendo
la retórica del líder venezolano, sino que entendiendo las complejidades de la
política internacional actual y teniendo un conocimiento sobre historia, tomaron
estas declaraciones en forma de broma.
Sobre el punto retórico, al igual que hace el presidente
estadounidense, Donald Trump, Maduro utiliza la hipérbole y el lenguaje matizado
con violencia para marcar su paso y dejar saber que no temerá llegar a las
últimas consecuencias. Ambos mandatarios utilizan la amenaza para luego
desescalar y terminar negociando aspectos que les favorecen. Claro está, el
gobierno estadounidense tiene un poder de persuasión internacional mayor que el
venezolano.
En cuanto a la complejidad de la política internacional,
creer que Brasil, país gobernado en este momento por un presidente de
izquierda, Luiz Inácio Lula da Silva, estaría dispuesto a una empresa como tal
es estar completamente enajenado de las diversas situaciones que se están dando
en la esfera internacional. De hecho, el gobierno brasileño ha sido, al igual
que otros de izquierda, crítico de la falta de transparencia que se dio en las
pasadas elecciones en Venezuela (julio de 2024). A esto hay que sumar el veto
que Brasil realizó, en octubre de 2024, para evitar que Venezuela entrara a la
organización alterna de estados internacionales BRICS. Las razones para este
veto estaban relacionadas con los resultados de las elecciones venezolanas. Sin
embargo, se debe señalar que el presidente brasileño ha mantenido un equilibrio
entre el diálogo diplomático y su condena a las actividades antidemocráticas
del régimen de Maduro. Al momento, los únicos aliados incondicionales que le quedan
al presidente Maduro son Cuba y Nicaragua.
En el aspecto histórico, lo que más llama mi atención es
ver cómo se evoca a una figura fallecida hace 156 años y se utiliza como arma
psicológica para provocar miedo y temor de una posible invasión. En este
momento, no ha de extrañar que esta táctica, muy común en la Guerra Fría, siga
siendo utilizada en el Puerto Rico del siglo XXI. Las pasadas elecciones fueron
un excelente ejemplo de ello cuando se evocaba al comunismo para demonizar a la
oposición. Se llegó al punto de que hubo personas que hasta pensaron que
figuras como Fidel Castro y Hugo Chávez no habían fallecido y estaban a la
espera, en algún lugar oculto, de ser llamados para invadir Puerto Rico. Ya que
mencionamos el aspecto histórico, pasemos a conocer a esta figura, que algunos
puertorriqueños ven como una amenaza, aunque su historia está ligada a
situaciones de hace más de un siglo.
José Ignacio Abreu y Lima nació en Recife, Brasil, en
1794. En 1818, luego de la ejecución de su padre por ser revolucionario, sale
de su país natal y viaja a los Estados Unidos. De allí pasa a Venezuela y se
integra al ejército de Simón Bolívar. Participó en diversidad de campañas
militares a través de Nueva Granada, Venezuela y Perú. A esto, fue masón,
redactor del periódico Correo del Orinoco y cofundó el periódico La
Torre de Babel. Abreu fue un ferviente creyente de las ideas de unión
bolivariana para toda América y seguidor de Simón Bolívar. Luego de la muerte
de este último, fue degradado militarmente y expulsado de Nueva Granada,
viajando por Estados Unidos y Europa antes de regresar a Brasil. En su país
natal, apoyó el establecimiento de la monarquía constitucional, aunque luego siguió
las ideas del socialismo de la época. Pasada la revuelta liberal de 1848 en el
estado de Pernambuco (Brasil), es encarcelado por casi dos años. Al ser
liberado en 1850, decide dedicarse a la escritura y promoción de sus ideas de
libertades sociales. Por último, muere en 1869 y es enterrado en un cementerio
para ingleses, ya que la iglesia prohibió su enterramiento en los campos santos
católicos.
Entre las batallas en las que participó bajo el mando de Simón Bolívar están: Pantano de Vargas (25 de julio de 1819), Boyacá (7 de agosto de 1819), Carabobo (24 de junio de 1821 y Lagos de Maracaibo (24 de julio de 1823).
Nota: La versión original de este artículo fue publicada por primera vez en El Post Antillano, 18 de enero de 2025.
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