jueves, 16 de abril de 2015

Análisis Constitucional de Puerto Rico: Carta Autonómica, Ley Foraker, Ley Jones y la relación con el status de Puerto Rico

Análisis Constitucional de Puerto Rico:
Carta Autonómica, Ley Foraker, Ley Jones y la relación con el status de Puerto Rico

Por Edwin A. Fragoso Rivera

Introducción

Al realizar esta monografía, en la cual se describen los principios básicos que servirán como fundamento para la creación de una ley suprema con la finalidad de normar la conducta de las personas de ese entonces en la sociedad, la pugna entre el español considerado como ciudadano y los criollos quienes tenían menos privilegios que los otros, no se diga del resto de la población que eran considerados como esclavos. Se inicia el estudio conociendo que originalmente existió una monarquía absoluta que con el transcurrir del tiempo paso a ser una monarquía participativa, la misma que debido a las necesidades y cansados de la opresión que ejercían los monarcas sobre el pueblo, buscaron alternativas viables para ejercer sus derechos, por medio de los recalamos a la corona española.

Dichos reclamos dieron paso a una nueva estructura política, apareciendo nuevos estados independientes, pero con límites no muy bien definidos por lo cual hubo dificultades. Era una época en la que no se practicaba la llamada democracia trataremos de hacer un análisis tanto en lo jurídico, político y económico de las consideraciones constitucionales en España con relación a Cuba y Puerto Rico.[1] En estas consideraciones se irán consagrados los pocos derechos y libertades de las personas y establecer las garantías que tutelan los derechos. También discutiremos las leyes que se establecieron bajo el dominio estadounidense con las Leyes Foraker y Jones de 1900 y 1917.

Consideraciones constitucionales en la España del siglo XIX: Puerto Rico y Cuba

Tras las luchas por la emancipación de las antiguas colonias españolas en América durante el siglo XIX, España sólo pudo retener dos territorios. Los mismos seguirían formando parte de la metrópoli hasta el 1898. Estos fueron los últimos vestigios coloniales en el continente: Puerto Rico y Cuba. Los mismos no estuvieron ajenos a la lucha de liberación, ya que en ambas islas se desarrollaron dos procesos revolucionarios. En Puerto Rico ocurrió el llamado Grito de Lares en septiembre de 1868 y en Cuba el Grito de Yara en octubre del mismo año. Como consecuencia de los levantamientos, de Lares y Yara, los textos constitucionales después de la Constitución de Cádiz, no dedicaron prácticamente nada en sus artículos a los territorios que todavía formaban parte del Estado español, refiriéndose en todo caso a una ley posterior que regularía el problema. [2] 

Desde los primeros intentos de constituir un Estado de Derecho en España, se destaca la convocatoria a la Junta de Bayona, (Junta convocada por Napoleón Bonaparte en la ciudad de Bayona, Francia en 1808), en la cual estuvieron presentes representante de los territorios americanos de la Corona española. Era la primera vez que se convocaba a representantes de los territorios americanos. Cabe destacar que de los convocados no asistieron, el Márquez de San Felipe y Santiago, Don Tadeo Bravo ni Don León Altolaguirre.

Estos caballeros fueron sustituidos por, Don José Milá de la Roca que era hacendado y comerciante del Rio la Plata, Don Nicolás de Herrera de Buenos Aires Argentina y Don Hipólito Grandpre de Caracas, Venezuela. Asistieron dos representantes del territorio americano en el Consejo de Indias, aunque de origen peninsular, Don Zenón Alonso, Don Francisco Amorós y el Conde de Torre-Muzquiz.[3] De Puerto Rico no hubo ninguna representación. En esta convocatoria los representantes americanos no tenían funciones constituyentes puesto que:

“… la soberanía no radicaba en el pueblo ni se manifestaba por medio de la Asamblea, en virtud de que dicha convocatoria respondía a una llamada del Emperador Napoleón Bonaparte…”[4]

Se podría decir que la importancia del Estatuto de Bayona [5] fue la influencia que la misma ejerció en la élite criolla de la época. Según Núñez Martínez, dicha élite eran los, “… que deseaban sentar las bases de una nueva relación entre la península y América.”[6] El retorno del Rey  Fernando VII al trono de España y restaurado el absolutismo monárquico en 1814, le pegó un duro golpe a los territorios en el Caribe, ya que junto a la derogación de los derechos y libertades proclamados en la Constitución de Cádiz, se suprimiría la Diputación Provincial y se despojaría a los criollos de la ciudadanía española. Por otro lado desaparecía la consideración de provincia para las islas, aunque a diferencia del periodo anterior del Antiguo Régimen, se adoptarían medidas liberales en el terreno económico.

Esto posibilitaba el tráfico mercantil de las islas con la Península y las naciones extranjeras amigas. Durante el periodo constitucional denominado “Trienio Liberal”, las islas de Cuba y Puerto Rico, recuperarían el status provisto en el texto constitucional de 1812.[7]  Este trienio constitucional español abrió un paréntesis durante el periodo de  la restauración del régimen liberal en España. Esto se tradujo en un intento decidido por redefinir sobre nuevas bases la política colonial española.[8] Esta política afectó a los dominios que aun conservaba España en América. Las Cortes de Cádiz habían intentado establecer un marco político-administrativo homogéneo para las colonias y la metrópoli.

Este esfuerzo se replicó para el caso del trienio constitucional, tiempo durante el que se hizo el esfuerzo por configurar un nuevo pacto que afectase lo menos posible la integridad de los dominios españoles. Para ello, al igual que en Cádiz, fue de vital importancia la participación de los representantes de Cuba y Puerto Rico. A través de sus intervenciones, los diputados antillanos buscaban crear un mecanismo político-administrativo más descentralizado en Cuba y Puerto Rico, que permitiera a la oligarquía antillana mediar en el proceso de toma de decisiones relativas a sus territorios.

Se destaca en este periodo el Proyecto presentado ante las Cortes por los representantes cubanos Félix Varela y Leonardo Santos Suárez, al que se uniría el representante por la Isla de Puerto Rico, José María Quiñones. El citado proyecto tenía como objetivo reformar el gobierno de las colonias de ultramar, de tal forma que se redujeran las atribuciones del Gobernador, mediante el reforzamiento de la Diputación Provincial.[9] A su vez, la Diputación controlaría ciertas decisiones del gobernador y estaría representada ante el Rey y las Cortes. Este sistema de gobierno establecía la autonomía para Cuba y Puerto Rico para 1823.

El proyecto Varela-Quiñónez deja saber suficiente sobre la época en que se propone y los hombres que la producen.[10] En esencia y en primer lugar, la insatisfacción del nacimiento del pensamiento liberal en las colonias con la solución que al problema de ultramar establecería la Constitución de Cádiz. En segundo lugar, las beneficiosas reformas de ésta afectaban al régimen absolutista, no mejoraban en lo suficiente la condición política de los colonos.[11] Según Cruz Monclova, el proyecto representó una nueva evolución de la política colonial, ya que significó la transición del sistema asimilista al autonomista.[12]

El Decreto de la Junta Suprema de 1809, representó el cambio del sistema administrativo al de tipo asimilista. Es por esto que el proyecto, como ocurrió con las llamadas leyes especiales proclamadas en los posteriores textos constitucionales españoles, no fue aprobado.[13] Esta es la dinámica que se continúa en los siguientes textos constitucionales españoles aplicables a las islas caribeñas de Puerto Rico y Cuba. En su obra, la profesora María Núñez Martínez, se concentra en el tratamiento que tanto los textos constitucionales españoles como sus normas y disposiciones de desarrollo, presentan a los territorios americanos, de Cuba y Puerto Rico. Se plantea la posibilidad de otorgar autonomía política. Gracias a esa autonomía se otorga a dichos territorios de alguna capacidad de autogobierno y de producción normativa.

Lo que permite hablar de las mismas como de un antecedente de los que años después se conocerá como Estado Integral, en tiempos modernos como en la Constitución de 1931, y luego, en la “Carta Magna” de 1978, como Estado de las Autonomías.[14] La lucha por la autonomía de las Antillas recibió un firme respaldo de importantes federalistas de la metrópoli. El más destacado fue Pi y Margall, el cual reclamaba la destrucción de los gobiernos militares y exigía para los territorios americanos, las mismas condiciones que existían en España. Pi y Margall tuvo presente estas preocupaciones; siendo presidente de la república, incluyó a Cuba y Puerto Rico como estados de la federación en el proyecto de Constitución Federal.[15]

Tanto era el apoyo de Pi y Margall a las islas de Cuba y Puerto Rico que presentó ante la Asamblea del Partido Liberal Español, celebrada el 5 de octubre de 1888, una proposición acerca de las Antillas. La medida fue aprobada unánimemente. La misma proponía que tanto Cuba, como Puerto Rico entrara a formar parte de la federación española. Existe un detalle relevante, estas islas caribeñas entrarían a la federación no como colonias o territorios, si no como regiones o Estados autónomos, libres y sin someterse a leyes especiales.[16] Por la brevedad de la presidencia de Pi y Margall y el fracaso del intento republicano federal en España, se frustraron las posibilidades del proyecto de Constitución. En términos generales, la proposición del proyecto de Constitución Federal paso desapercibido en Puerto Rico.

Trasfondo Histórico: La Carta Autonómica de 1897

Puerto Rico desde la conquista a partir de 1508 hasta 1898 fue dominada por España. Luego vino la Guerra Hispano-Cubana-Estadounidense y la isla pasó a ser territorio de los Estados Unidos hasta el presente. Durante el período de dominio colonial español, los puertorriqueños lucharon por la autonomía política local. Luego de tantos años de lucha (logrado la  representación en las Cortes españolas, 1812)  se logra que se le otorgue a la isla un auto gobierno bajo el llamado Real Decreto Autonómico de 1898.[17] También en la dominación estadounidense ocurre básicamente lo mismo.

Dicho Decreto Autonomico proveyó la creación de un Parlamento Insular dividido en dos cámaras y un gobernador, quien sería representante de la Metrópoli y ejercería a nombre de ésta la autoridad suprema. La Cámara de Representantes, la cual era completamente electiva, constaría con un representante por cada 25,000 habitantes. Los representantes tenían que ser españoles nacidos en Puerto Rico o que hubiesen vivido aquí durante los cuatro años anteriores a su elección. Estos nombramientos eran por el término de cinco años. La segunda cámara era el Consejo de Administración, el cual constaría de quince (15) miembros: siete (7) que serían designados por el Rey y ocho (8) que serían elegidos por el pueblo de Puerto Rico.[18]

Estos dos cuerpos estaban facultados para legislar, pero tenían una limitación: que sólo podrían hacerlo sobre aquellas materias que no se hubiera reservado expresamente el Gobierno español.Los miembros de este Parlamento serían los responsables de hacer los presupuestos de la Isla. Por otro lado, la Carta Autonómica, en su Título V, concedía al Rey, y en su nombre al Gobernador General, la facultad de convocar, suspender, cerrar sesiones y disolver separada o simultáneamente la Cámara de Representantes y el Consejo de Administración.[19] Claramente, aunque se creaba en Puerto Rico un Parlamento con representación del pueblo, que sería parte del gobierno, esta Ley concentraba el poder en el Gobernador, impidiendo que nuestra Isla fuera liberada de la tiranía española.

Tras el triunfo de los Estados Unidos sobre España, y con el fin de la Guerra Hispano-Cubano-Estadounidense tanto Cuba como Puerto Rico pasaron a ser colonia del nuevo imperio naciente a principios de siglo XX. Los grupos políticos organizados bajo el Partido Republicano Puertorriqueño y Partido Federal Americano (dirigidos por el Dr. José Celso Barbosa y Luis Muñoz Rivera respectivamente) solicitaban un sistema de gobierno similar a la antigua Carta Autonómica de 1898. Hay que recordar, que la isla fue gobernada por dos años por un régimen militar (1898-1900)[20] hasta que el Congreso de los Estados Unidos aprueba la primera Carta Orgánica que otorgará el gobierno civil a la isla: Ley Foraker. La misma fue establecida el 12 de abril de 1900. [21]

Eventualmente, ante los problemas y críticas a la Ley Foraker, más la proximidad de la entrada de Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial el Congreso aprobó la Ley Jones que se convierte en la segunda Carta Orgánica tras la firma del presidente Woodrow Wilson el 2 de marzo de 1917.  De esta manera se presenta el análisis comparativo de los tres documentos que intervinieron en la administración política de Puerto Rico. Primero bajo la administración colonial del Imperio español y segundo mediante el dominio estadounidense.

Con anterioridad a la aprobación de la actual Constitución del Estado Libre Asociado, el sistema legislativo en Puerto Rico se regía por las disposiciones de la Carta Autonómica de 1897, la Ley Foraker de 1900 y la Carta Orgánica Jones de 1917, conocida como la Ley Jones. La primera estableció en la Isla un sistema de gobierno compuesto por un Parlamento Insular dividido en dos Cámaras -Cámara de Representantes y Consejo de Administración- y de un Gobernador General, el cual respondía directamente al Rey de España. La Cámara y el Consejo se componían de 15 miembros y de aquéllos que fueran nombrados por las Juntas Electorales, conforme con la ley vigente en aquel momento y en la proporción de uno por cada 25,000 habitantes. [22]

Al entrar en vigencia la Ley Foraker en 1900, los poderes legislativos residían en una Asamblea Legislativa, la cual estaba compuesta por el Consejo Ejecutivo o Cámara Alta y la Cámara de Delegados o Cámara Baja. La Ley Jones de 1917, por el contrario trajo a Puerto Rico un sistema donde el poder legislativo residiría en una Asamblea Legislativa, dividida en dos Cuerpos: El Senado y la Cámara de Representantes. [23] Más adelante veremos en detalles las estructuras de ambas leyes orgánicas.

El 3 de julio de 1950, el Congreso de los Estados Unidos de América aprueba la Ley Pública 600, la cual permitió organizar bajo un sistema republicano de gobierno, al amparo de una constitución que debía haber sido  redactada por los puertorriqueños. Posteriormente, mediante la celebración de un referéndum el 4 de junio de 1951, el pueblo puertorriqueño avaló lo dispuesto en la referida Ley y de esta manera, autorizó a la Asamblea Legislativa a convocar una Convención Constituyente que redactara la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. [24] En ésta se dispone una organización política sobre una base plenamente democrática, se promueve el bienestar general y se asegura el disfrute de los derechos humanos.
Puerto Rico bajo la Ley Foraker 1900-1917

Según ya mencionamos, durante el periodo entre 1898 y 1900 Puerto Rico continuó bajo gobierno militar. Pero el 12 de abril de 1900 nuestro sistema de gobierno sufrió algunos cambios como resultado de la aprobación de la Ley Foraker. Esta Ley trajo a Puerto Rico un gobierno civil, el cual podemos considerar como la primera experiencia de autogobierno que tuvieran los puertorriqueños. No obstante, el gobierno propio concedido a Puerto Rico fue moderado por los poderes que Estados Unidos se reservaba para asegurar la “apropiada” y “necesaria” tutela. Es importante notar que esta Ley hace a los puertorriqueños “ciudadanos de Puerto Rico y como tales con derecho a la protección de los Estados Unidos”. [25]

Bajo la Ley Foraker el gobernador de la isla era nombrado por el Presidente de los Estados Unidos, siendo así el representante oficial del gobierno estadounidense, y a su vez, la cabeza ejecutiva del gobierno de Puerto Rico. Dicho nombramiento era por el término de cuatro años y requería el consentimiento del Senado de los Estados Unidos. [26] El gobernador tenía todos los poderes de los gobernadores de los territorios, incluyendo el poder para vetar cualquier legislación adoptada. Con la llegada de los estadounidenses, el pueblo puertorriqueño esperaba un cambio positivo respecto al autoritarismo bajo el que habían estado sometidos durante más de 400 años por España. La realidad fue otra, pues el poder para gobernar seguía concentrado en una sola persona: el Gobernador.

La Ley Foraker disponía para la creación de una Asamblea Legislativa compuesta por dos cámaras. Estas eran: el Consejo Ejecutivo y la Cámara de Delegados. La primera estaría compuesta por 11 integrantes, todos designados por el Presidente de los Estados Unidos. De esos 11, 6 eran parte del Gabinete del Gobernador de Puerto Rico y ocupaban los cargos de: Secretario de Puerto Rico, Fiscal General, Tesorero, Contador, Comisionado de Interior y Comisionado de Instrucción. Los cinco puestos restantes serían ocupados por puertorriqueños de “buena reputación”. [27]

A este Consejo se le delegaron varios poderes, entre ellos: regular los procedimientos electorales, conceder franquicias con la aprobación del gobernador, promulgar reglamentos bajo las leyes, nombrar y supervisar la burocracia, aprobar ciertas ordenanzas municipales y determinar los salarios de todos los oficiales. Además, la Ley le concedía amplios poderes, específicamente a los seis miembros del Consejo que estaban a cargo de los departamentos; y el hecho de que eran nombrados por el Presidente y sólo él podía destituirlos, esto aumentaba aun más su autoridad e independencia.

Vemos una clara violación al principio de la doctrina de separación de poderes que constaba con más de cien años desde que fuera adoptada por la Constitución de los Estados Unidos. No había forma de lograr la independencia entre el Ejecutivo y esta cámara perteneciente al Poder Legislativo por dos razones: en primer lugar, si todos eran nombrados por el Presidente de los Estados Unidos y, en segundo lugar, si seis de los miembros del Consejo Ejecutivo eran parte del Gabinete del Gobernador.

El Consejo Ejecutivo fue descrito como “el cuerpo legislativo más interesante al cual un estudiante de las instituciones políticas americanas podría prestarle atención.”[28] Esto, definitivamente, nos hace formularnos varias preguntas respecto a la aprobación de esta legislación. Primeramente, el criterio de que la creación del Consejo Ejecutivo con las características antes mencionadas haya sido por desconocimiento de la doctrina de la separación de poderes.

Se podria reafirmar que los congresistas estadounidenses debían tener conciencia respecto a la separación de poderes, por lo que se inclina a pensar que tuvieron varios motivos e intenciones específicas para crear este cuerpo. Primero, que deseaban darle al pueblo de Puerto Rico la impresión de hacer unos cambios de los cuales ellos se verían beneficiados, al concederle cierta participación en el gobierno; y segundo, que pensaban que no habría quién desaprobara esa ley y mucho menos quién la impugnara ante el Tribunal Supremo de los Estados Unidos.

Es importante señalar cómo el Congreso de los Estados Unidos al crear el Consejo Ejecutivo en el Gobierno de Puerto Rico, violó abiertamente un principio fundamental de su propia Constitución, y más aun con el conocimiento que poseían sobre las interpretaciones del Supremo al respecto, pero ésta fue la realidad. Por otro lado, la Cámara de Representantes estaba compuesta por 35 miembros, todos electos por voto popular cada dos años. Este cuerpo legislativo compartía su autoridad para legislar con el Consejo Ejecutivo. Aunque señalando el número de integrantes de ambas cámaras podríamos pensar en la existencia de cierto balance, a pesar de la estructura del Consejo Ejecutivo. El mismo no se alcanzaba, ya que, en última instancia, tanto el Gobernador como el Congreso podían vetar las leyes.

Puerto Rico Bajo la Ley Jones 1917-1952

En 1917 el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Ley Jones, también conocida como la Carta Orgánica de Puerto Rico. Esta Ley daba continuidad a la doctrina de la separación de poderes y dividía el gobierno en los tres departamentos tradicionales.[29] El gobernador encabezaba nuevamente la Rama Ejecutiva, pero sin la competencia del Consejo Ejecutivo. Esta vez el término del nombramiento del Ejecutivo era indefinido, pero seguía siendo nombrado por el Presidente de los Estados Unidos con el consejo y consentimiento del Senado. Acercándose a nuestra realidad actual, la Ley Jones le concedía al Gobernador la facultad de nombrar algunos funcionarios de la Rama Ejecutiva, por ejemplo: al Tesorero y a los Comisionados de Interior, Agricultura, Trabajo y Salud, todos sujetos al Consejo y consentimiento del Senado.

Bajo la Ley Jones se organizó el Poder Legislativo, estableciendo una Asamblea Legislativa compuesta por dos cámaras: el Senado, compuesto por 19 miembros y la Cámara de Representantes, que contaba con 39 integrantes. Esta última adquirió, mediante dicha legislación, el poder de intervención en la aprobación del presupuesto, función realmente contraria a la Ley Foraker. Por otro lado, al Gobernador se le concedió el poder de vetar las leyes aprobadas por la Asamblea Legislativa.[30] Se tenía entonces un Poder Ejecutivo designado por el Presidente de los Estados Unidos y una Rama Legislativa electa por el pueblo, lo que comenzó a provocar mayores y más frecuentes confrontaciones entre ambos poderes.

El Congreso enmendó la Ley Jones en 1947 con el propósito de hacer de la gobernación un puesto electivo; por primera vez en su historia, se le garantizaba a los puertorriqueños el derecho de elegir su Jefe Ejecutivo.[31] Este paso no solamente produjo cambios en la política y en las relaciones ejecutivo-legislativas de la Isla, sino que también dio lugar a que las relaciones políticas entre Puerto Rico y Estados Unidos fueran modificadas. En el año 1950, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Ley 600.[32]

La misma concedía a los puertorriqueños el derecho de adoptar una Constitución hecha por ellos mismos. Para ese momento Puerto Rico ya tenía un gobernador electo por el pueblo, quien fuera Don Luis Muñoz Marín. Su elección fue en 1948. La adopción de la Ley 600 ocurrió en 1950 y ya en 1952 nuestra Isla contaba con la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Vemos cómo en un periodo relativamente corto, nuestro sistema sufrió drásticos cambios. Más adelante veremos los efectos de estos acontecimientos, especialmente en cuanto al desarrollo de las relaciones entre los poderes Ejecutivo y Legislativo.

El status de Puerto Rico

El debate histórico sobre el Estatus Político de Puerto Rico se centra en la pregunta sobre si este territorio no incorporado de los Estados Unidos debe integrarse a la unión estadounidense como un nuevo estado federado, mantener la actual relación bajo la definición del Estado Libre Asociado en los términos de la Constitución de 1952 o constituirse en un país independiente tanto en la forma de una libre asociación con los Estados Unidos como de un estado soberano con completo dominio sobre sus asuntos nacionales y territoriales. Tres referéndums (1967, 1993 y 1998) se han efectuado localmente, con la aprobación o anuencia del Congreso de los Estados Unidos, con el propósito de conocer la opinión de sus residentes.

En diversas oportunidades, el Gobierno Federal de los Estados Unidos ha reiterado su apoyo a la auto-determinación de los residentes de Puerto Rico, los cuales han sido ciudadanos estadounidenses desde 1917, manifestando su disposición a colaborar activamente con la integración de Puerto Rico como un estado de la unión si así lo decidiesen sus residentes. Los Presidentes Gerald Ford,] Ronald Reagan y George H. W. Bush favorecían abiertamente la admisión de Puerto Rico como un estado de la unión. Jimmy Carter, Bill Clinton y Barack Obama han favorecido la auto-determinación de los residentes del territorio insular estadounidense y expresaron su apoyo a cualquier decisión emanada popularmente. Hoy Puerto Rico sigue siendo más colonia que en 1952, ya que se ha federalizado todo el sistema de gobierno en el país.

Capitolio de Puerto Rico

Bibliografía:

Bothwell González, Reece B., Orígenes y desarrollo de los Partidos políticos en Puerto Rico, 1869-1980, Editorial Edil, Inc., Río Piedras, Puerto Rico, 1988

Conangla, Josep y Fontanilles, Cuba y Pi y Margall,  La Habana, Cuba, 1947

Cruz Monclova, Lidio, Historia de Puerto Rico (siglo XIX), tomo 1, Editorial Universitaria, Río Piedras, Puerto Rico, 1952

D’ Alzina Guillermety, Carlos, Evolución y desarrollo del Autonomismo puertorriqueño siglo XIX, Publicaciones Universidad Politécnica de Puerto Rico, San Juan, Puerto Rico, 1995

Muñoz Amato, Pedro y otros, La Nueva Constitución de Puerto Rico, Editorial Universitaria, Río Pierdas, Puerto Rico, 2010

Núñez Martínez, María, Cuba y Puerto Rico en el constitucionalismo español, Las Cartas Autonómicas, primer  antecedente del Estado Autonómico Español, Universidad Rey Juan Carlos, Editorial Dykinson, Madrid, España, 2008

Ramos de Santiago, Carmen, El Gobierno de Puerto Rico, Editorial Universitaria, Río Piedras, Puerto Rico, 1979

Trias Monge, José, Historia Constitucional de Puerto Rico, Vol.1, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, Rió Piedras, Puerto Rico, 1980





[1] Núñez Martínez, María, Cuba y Puerto Rico en el constitucionalismo español, Las Cartas Autonómicas, primer  antecedente del Estado Autonómico Español, Universidad Rey Juan Carlos, Editorial Dykinson, Madrid, España, 2008.
[2] Ibid., p. 15
[3] Ibid., p. 16
[4] Ibid.
[5] Para un análisis de dicho Estatuto ver, D’ Alzina Guillermety, Carlos, Evolución y desarrollo del Autonomismo puertorriqueño siglo XIX, Publicaciones Universidad Politécnica de  Puerto Rico, San Juan, Puerto Rico, 1995, pp. 1-3
[6] Ibid., p. 5
[7] Sánchez Andrés, Agustín, El trienio constitucional y los orígenes del autonomismo Antillano, 1820-1823, Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Michoacana, Michoacán, México, 2000.
[8] Ibid., p. 2
[9] Ibid., Núñez Martínez, María, op. cit., p. 34.
[10] Trias Monge, José, Historia Constitucional de Puerto Rico, Vol.1,Editorial de la Universidad de Puerto Rico, Rió Piedras, Puerto Rico, 1980, p. 41.
[11] Núñez Martínez, María, op. cit., p. 34.
[12] Cruz Monclova, Lidio, Historia de Puerto Rico (siglo XIX), tomo 1, Editorial Universitaria, Río Piedras, Puerto Rico, 1952, p.196.
[13] Ibid., Núñez Martínez, María, op. cit., pp. 35-36.
[14] Ibid., p. 11-12.
[15] Conangla, Josep y Fontanilles, Cuba y Pi y Margall, La Habana, Cuba,1947,pp.161-164.
[16] Ibid., p. 166.
[17] Bothwell González, Reece B., Orígenes y desarrollo de los Partidos políticos en Puerto Rico, 1869-1980, Editorial  Edil, Inc., Río Piedras, Puerto Rico, 1988, pp. 41-45 Ver, Ramos de Santiago, Carmen, El Gobierno de Puerto Rico, Editorial Universitaria, Río Piedras, Puerto Rico, 1979, p.36.
[18] Bothwell González, Reece B., op. cit., Ver  también  Ramos de Santiago, Carmen, op.cit., pp.40-49.
[19] Ibid., p. 44.
[20] Bothwell González, Reece B., op. cit., pp. 52-60, Ramos de Santiago, Carmen, op.cit., pp.55-60.
[21] Ibid., p.60.
[22] Bothwell González, Reece B., op. cit.
[23] Muñoz Amato, Pedro y otros, La Nueva Constitución de Puerto Rico, Editorial Universitaria, Río Pierdas, Puerto Rico, 2010, p.30.
[24] Ibid., ver nota 1.
[25] Ramos de Santiago, Carmen, op. cit., p. 62.
[26] Ibid, Muñoz Amato, Pedro, op. cit., p. 31.
[27] Ramos de Santiago, Carmen, op. cit.
[28] Ibid., p. 62.
[29] Ramos de Santiago, Carmen, op. cit., pp. 80-81, Muñoz Amato, Pedro, op. cit., p. 31.
[30] Ramos de Santiago, Carmen, op. cit., pp. 82-83.
[31] Muñoz Amato, Pedro, op. cit., p. 31.
[32] Ibid., pp.32-38.

martes, 7 de abril de 2015

Mujeres en la Revolución Americana: Las aportaciones de las mujeres en la guerra de independencia de las Trece Colonias

Mujeres en la Revolución Americana: Las aportaciones de las mujeres en la guerra de independencia de las Trece Colonias

Por Noemí Rivera De Jesús[1]
Introducción

En la historia de la revolución americana siempre recordamos nombres como George Washington, Benjamín Franklin, Thomas Jefferson, John Adams, entre otros. Pero pocas veces mencionan los nombres de féminas que realizaron aportaciones a dicha revolución. Este artículo es consecuencia de una clase como practicante de maestra de Historia en el 2011. Específicamente, en una escuela segunda unidad del pueblo de Juana Díaz. Cuando enseñaba el tema de la guerra de independencia de las Trece Colonias, me percaté que los libros de textos de las escuelas públicas de Puerto Rico no abundaban sobre el papel de la mujer en la guerra de independencia de las Trece Colonias. Además, tomé la decisión de disfrazarme de Betsy Ross y tener la bandera de las Trece Colonias para captar la atención de los estudiantes de octavo grado.

En uno de los libros solo había una lámina de Molly Pitcher donde el autor mencionaba que las mujeres como Deborah Sampson y Molly Pitcher habían realizado aportaciones en la guerra de independencia de las Trece Colonias. Comencé a leer libros y artículos relacionados a la historia de Estados Unidos y en ellos encontré información sobre estas mujeres que mencionan los historiadores de la historia de Estados Unidos de América. La mujer siempre ha realizado aportaciones a la sociedad. La guerra de independencia de las Trece Colonias no fue la excepción.

La mujer en las Trece Colonias

Durante dicha guerra, muchas mujeres quedaron encargadas de las granjas y los negocios de las familias. Viudas, madres, hermanas e hijas se ocuparon de los negocios familiares porque la mayoría de los hombres debían ir al ejército. Definitivamente, la extensa guerra revolucionaria tuvo un profundo efecto sobre las mujeres norteamericanas. [2] Pero existieron mujeres pobres que sus padres no poseían granjas y tampoco talleres para sustentarse económicamente. [3]

Sin embargo, en las ciudades y pueblos existía una extensa población femenina donde la mayoría eran pobres. El historiador Alan Brinkley señala que en varias ocasiones  las mujeres dirigieron protestas contra el aumento de precios en las colonias inglesas. [4] Además, se rebelaron y formaron parte de los robos de alimentos para poder sobrevivir. Definitivamente, durante la guerra de revolución las mujeres fueron impactadas negativamente.

Sin embargo, en  1641 en el documento titulado Las libertades de Massachusetts existe una parte titulada Libertades de la Mujer mencionando dos aspectos relacionados a la mujer en la colonia de Massachusetts. [5] En el punto número 79 señalaban  que cuando un hombre muriera debía dejar una porción de su patrimonio a la mujer. Entendemos que en dicho documento deben referirse a la esposa, hijas y hermanas del difunto. En el punto número 80 señalaban aspectos relacionados a la mujer casada. [6] Al parecer en las Trece Colonias Inglesas la mujer casada recibía más atenciones y resultaba ser más respetada que la mujer soltera. En 1641 en la colonia de Massachusetts la mujer casada tenía derechos distintos a la mujer soltera.

En el documento de 1641, no especifican si esos derechos eran tanto para la mujer pobre como la mujer rica. Con el documento de las Libertades de la Mujer podemos comprender que antes de la guerra revolucionaria en las Trece Colonias, algunas mujeres estaban tratando de mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, relacionado a las causas de la guerra revolucionaria, siempre mencionan el "Boston Tea Party". Pero debemos recordar el "Coffee Party". Evento que fue escrito por Abigail Adams en una carta a su esposo John Adams. En dicha carta se describe que un comerciante rico y soltero tenía unas 500 libras de café en su almacén. Este comerciante se negaba a vender el café al comité por seis chelines la libra. Aproximadamente, 100 mujeres se unieron con un carro y baúles. Además, marcharon hacia el almacén y exigieron las llaves. Como el comerciante se negó a entregar las llaves, al parecer una mujer lo agarró por el cuello y lo echó en el carro. [7] Este evento es evidencia de que las mujeres antes de la guerra revolucionaria fueron decididas en sus acciones y si algún evento les perjudicaba, ellas estarían presentes para protestar y luchar por sus ideales.

Seguidoras de campamento y trabajos para las mujeres

Las seguidoras de campamento eran mujeres que de manera voluntaria se congregaban  en los campos del ejército. Alan Brinkley señala en su libro Historia de Estados Unidos un país en formación que estas mujeres conocidas como seguidoras de campamentos elevaron la moral del ejército y proporcionaron una fuente de voluntarias dispuestas a cocinar, lavar, servir como enfermeras y ejecutar otras tareas necesarias. [8] Una seguidora de campamento bastante conocida fue Molly Pitcher.

Las mujeres pobres para poder sobrevivir los años de la guerra tuvieron que desempeñar labores que muchas de ella nunca realizaban. El historiador Howard Zinn postula en su libro titulado La otra historia de los Estados Unidos (Desde 1492 hasta hoy) que diversas historiadoras han señalado que no se ha tomado en cuenta la contribución de las mujeres de clase trabajadora en la revolución de las Trece Colonias. Además, siempre mencionan los mismos nombres femeninos de las esposas de algunos líderes de dicha revolución. Como son los casos de Dolly Madison, Martha Washington y Abigail Adams. [9]

Otros nombres femeninos que mencionan son Margaret Corbin, Deborah Sampson Garnet y Molly Pitcher. [10] Durante la guerra de independencia de las Trece Colonias algunas mujeres pobres decidían permanecer en los campamentos del ejército para ayudar con distintas labores. Algunas veces se mencionan en los libros de historia que esas mujeres eran prostitutas. Pero hasta el momento no existe evidencia que historiadores estadounidenses y apasionados por el tema de la revolución en las Trece Colonias especifiquen que dicho dato fuera cierto. Además, las labores de cocinar, lavar y cuidar enfermos y heridos recaía en las seguidoras de campamento. Definitivamente, la labor de las seguidoras fue importante dentro del ejército. Pero mujeres como Martha Washington visitaron a sus esposos en los campamentos del ejército.[11]

Mujeres en el ejército, Deborah Sampson y Molly Pitcher

Resulta común en Estados Unidos de América observar mujeres dentro del ejército. Pero en el siglo XVIII este evento no era común. Debemos recordar que estudiamos las aportaciones de la mujer en el siglo XVIII donde existía una sociedad patriarcal. Una sociedad donde solo los hombres podían ser parte del ejército. Dos personajes históricos bastante conocidos fueron Deborah Sampson y Molly Pitcher. ¿Mujeres pertenecientes al ejército?, ¿Mujeres que se convirtieron en soldados?, pues al parecer sí, existieron mujeres en el ejército de los colonos durante la guerra de independencia de las Trece Colonias.

Algunos historiadores describen a Deborah Sampson como una mujer que se disfrazó de hombre y se cambió el nombre para convertirse en soldado. Pero que resultó herida en un muslo durante una batalla. Pero el doctor que la curó no reveló su secreto hasta finalizar la guerra. Luego de la guerra, esta mujer contrajo matrimonio y se le otorgó la pensión de un soldado. Mientras que Molly Pitcher de quien existe un monumento y una tumba impresionante en su honor, fue una seguidora de campamento que acompañó a su esposo quien la enseñó a utilizar el arma del cañón. En una batalla, su esposo murió y ella utilizó el cañón y entró como soldado a dicha batalla. Al parecer ella fue responsable de ganar la batalla. Muchas veces las aportaciones de la mujer en la sociedad son olvidadas y tapadas por los eventos de los hombres. Pero olvidan que las labores de los hombres y mujeres que componen la sociedad resultan beneficiosas para todos.

Abigail Adams y Martha Washington

Abigail Adams era la esposa de John Adams. Pero más que recordarla por ser esposa de unos de los líderes y personajes históricos de la revolución en las Trece Colonias. Debemos recordarla como defensora de las mujeres. Además, escribió a su esposo una carta en la fecha de marzo de 1776. [12] Reclamaba una expansión de los derechos de la mujer. Estos eran recibir una nueva protección contra los abusos y tiranos de los hombres.[13]  Sin embargo, la conocida Martha Washington fue esposa de George Washington. Estamos mencionando dos mujeres conocidas por sus labores sociales como mujeres de clase alta.

Betsy Ross

Betsy Ross fue una modista de Filadelfia encargada de confeccionar la primera bandera de las Trece Colonias.[14] Según, algunos historiadores fue George Washington quien diseñó la bandera pero Betsy Ross sugirió utilizar estrellas de cinco puntas. El 14 de junio de 1777, el Segundo Congreso Continental aprobó el diseño de la bandera de las Trece Colonias. [15] Dicha bandera tenia trece franjas, una por cada estado, alternados los colores rojo y blanco. Además, tenia trece estrellas blancas sobre un rectángulo azul marino. Esto representando la nueva constelación de estados. [16]

Sin embargo, algunos historiadores mencionan que la historia de Betsy Ross y la bandera es una leyenda. Pero la autora Anaclet Pons señala que en el 2010, un libro captó la atención de muchos estadounidenses, este fue titulado Betsy Ross and the Making of America de la autora Marla Miller.[17] Según, esta autora en dicho libro menciona que Betsy Ross confeccionó la bandera de las Trece Colonias con otras personas.

Pero en 1870 su nieto William Canby comenzó a contar la historia de la bandera. La autora del libro menciona que la historia de la bandera de las Trece Colonias está plagada de cosas inverosímiles, vale la pena recuperar la vida de la mujer que llegó a ser conocida como Betsy Ross.  Reuniendo fragmentos  procedentes de “anuncios en los periódicos, recibos caseros, actas de reuniones, informes financieros, cuentas de compras y libros de contabilidad, registros de sucesiones, herramientas, artefactos e historia oral.

Definitivamente, Marla Miller proyecta a Betsy Ross con la mayoría de los acontecimientos más importantes de la historia temprana de Filadelfia. Sin embargo, menciona que fue su primer esposo quien fue parte del comité revolucionario de las Trece Colonias. Pero John Ross no fue  parte de ningún comité revolucionario, fue su tío quien fue parte dicho comité. Pero de un dato brinda seguridad, que Betsy Ross estuvo involucrada en la confección de la bandera de las Trece Colonias.

Conclusión

Definitivamente, las mujeres en las Trece Colonias Inglesas realizaron aportaciones a la guerra de revolución. Resulta interesante que hasta el momento las mujeres que mencionan estos autores vivían en las colonias del norte. Además, es importante estudiar, analizar y valorar las aportaciones de las mujeres en la guerra de independencia de las Trece Colonias.  Estas aportaciones y eventos provocados por las mujeres como el "Coffee Party", demuestran el valor y sacrificio de muchas mujeres ricas y pobres que lucharon por sus ideales antes, durante y después de la guerra de revolución.

Además, no podemos olvidar a las esclavas quienes tuvieron que sufrir y ayudar a sus amos en momentos difíciles de aspectos económicos. El tema de las esclavas durante la revolución  de las Trece Colonias debe ser de más análisis y estudio en el futuro. Interrogantes como conocer el estado civil y social de las mujeres que aparecen registradas en listas revolucionarias son necesarias para dicho estudio. Para comprender la vida cotidiana de estas mujeres que vivieron una guerra y apoyaron los ideales revolucionarios sin temor a las consecuencias y perdidas económicas de sus familias. Las labores de las mujeres en una guerra las convierte en heroínas que deben ser recordadas y estudiadas por las futuras generaciones.

Dibujo que representa a Molly Pitcher durante la batalla de Monmouth. Creado por Currier & Ives para una publicación sobre mujeres en la guerra de independencia que data entre 1856 a 1907 y que fue titulada: Las mujeres del 76. El dibujo se puede encontrar en la colección de fotografía y dibujos de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.
Referencias

Brinkley, Alan. Historia de Estados Unidos un país en formación, Tercera Edición, Universidad de Columbia, Mc Graw Hill, 2003.

Díaz Cubero, José H. Historia del pueblo de los Estados Unidos de América, Compañía Cultural Editora y Distribuidora de textos americanos, S.A., 1979.

Zinn, Howard. La otra historia de los Estados Unidos (Desde 1492 hasta hoy), Siete Cuentos Editorial, New York, 2001.

Pons, Anclet. La fundación de los Estados Unidos de América, 2010. Recuperado de https://clionauta.wordpress.com/2010/06/11/la-fundacion-de-los-estados-unidos-de-america/



[1] Noemí Rivera De Jesús es maestra de Estudios Sociales e Historia en el Departamento de Educación Publica. Obtuvo una Maestría en Artes de la Educación en Currículo con especialidad en Historia de la Caribbean University Recinto de Ponce. Actualmente, es estudiante del Programa Doctoral de Filosofía y Letras en Historia de América de la Universidad Interamericana Recinto Metropolitano.
[2] Brinkley, Alan. Historia de Estados Unidos un país en formación, Tercera Edición, Universidad de Columbia, Mc Graw Hill, 2003.  Pág. 143 El autor señala que la partida de tantos hombres para empuñar las armas del ejercito patriota dejó a las viudas, madres, hermanas e hijas encargadas de las granjas y los negocios.
[3] Brinkley, Alan. Historia de Estados Unidos un país en formación, Tercera Edición, Universidad de Columbia, Mc Graw Hill, 2003.  Pág. 143
[4] Ibídem, Pág. 143
[5] Álvarez Silva, Héctor. Documentos Básicos de la Historia de los Estados Unidos de América, H. Álvarez y Cía. Inc., Pág. 10, 1976 Si algún hombre al morir no dejare a su mujer la debida porción de su patrimonio, al recurrir a la Corte General ella recibirá su parte.
[6] Ibídem, Pág. 10 Toda mujer casada estará libre de disciplina corporal o azotes por parte de su marido, a menos que no sea en defensa propia al ser atacado por ella. Si hay causa justa para la corrección, la queja se llevara ante alguna autoridad reunida en corte, de quien únicamente puede ella recibirla.
[7] Zinn, Howard. La otra historia de los Estados Unidos (Desde 1492 hasta hoy), Siete Cuentos Editorial, New York, Pág. 85, 2001.
[8] Ibídem, Pág. 143
[9] Zinn, Howard. La otra historia de los Estados Unidos (Desde 1492 hasta hoy), Siete Cuentos Editorial, New York, Pág. 86, 2001.
[10] Zinn, Howard. La otra historia de los Estados Unidos (Desde 1492 hasta hoy), Siete Cuentos Editorial, New York, Pág. 86, 2001.
[11] Ibídem, Pág. 86
[12] Ibídem, Pág. 86
[13] Brinkley, Alan. Historia de Estados Unidos un país en formación, Tercera Edición, Universidad de Columbia, Mc Graw Hill, 2003.  Pág. 143 y 144 El autor Alan Brinkley  señala que en la misma carta en que Abigail Adams pedía a su esposo acordarse de las señoras, también lo urgía a recordarnos como seres colocados bajo vuestra protección por la Providencia.
[14] Díaz Cubero, José H. Historia del Pueblo de los Estados Unidos de América, Compañía Cultural Editora y Distribuidora de textos Americanos, S.A. Pág. 55, 1979
[15] Díaz Cubero, José H. Historia del Pueblo de los Estados Unidos de América, Compañía Cultural Editora y Distribuidora de textos Americanos, S.A. Pág. 55, 1979
[16] Ibídem, Pág. 55
[17] Pons, Anclet. La fundación de los Estados Unidos de América, 2010. Recuperado de https://clionauta.wordpress.com/2010/06/11/la-fundacion-de-los-estados-unidos-de-america/ La autora del articulo menciona que Marla Miller autora del libro Betsy Ross and the Making of America menciona Betsy Ross nació en 1752, se casó  y enterró a tres maridos antes de su propio fallecimiento, que sucedió en 1836. Su primer esposo, el tapicero John Ross fue quien le introdujo en la política revolucionaria. El segundo esposo fue un marinero llamado Joseph Ashburn. Murió en una prisión británica tras ser capturado por corsarios al final de la Guerra Revolucionaria. Mientras que John Claypoole fue su tercer esposo desde 1783. Además, fue conocida como “la señora Claypoole”. 


jueves, 2 de abril de 2015

Bibliografía anotada sobre Arte Cristiano y Simbolismo en Puerto Rico

Breve bibliografía anotada sobre Arte Cristiano y Simbolismo en Puerto Rico

Por Pablo L. Crespo Vargas

Introducción general

Desde tiempos ancestrales, el ser humano ha desarrollado sistemas de símbolos que lo ayuden a representar conceptos, creencias y sucesos en específico. Estos sistemas se enmarcan en lo que conocemos como simbolismo. Al igual que otras religiones, el cristianismo ha desarrollado su propio sistema de símbolos.

No obstante, el cristianismo, como religión en continuo proceso evolutivo, donde factores regionales y el alto grado de sincretismo al que ha sido expuesta, la lleva a presentar unas peculiaridades especiales, que nos muestra la gran diversidad de símbolos e interpretaciones, únicas en su clase. Teniendo en cuanta esto, hemos decidido presentar veinticinco obras cuyo tema principal es el arte cristiano en América. Las obras presentadas tienden a ser representativas de distintos lugares del continente y se enmarcan en distintos periodos cronológicos. A su vez, son referencia que nos sirven para poder establecer una relación entre el arte cristiano en América con el desarrollado en Europa.

De manera categórica se presentan ocho fuentes relacionadas al arte cristiano en Puerto Rico; siete que sirven de referencia general, ya que se enfocan en diversos aspectos, aunque tocan someramente las expresiones artística en América, presentan distintos modelos de interpretación a seguir; cuatro obras relacionadas al arte religioso estadounidense; cuatro relacionados con Hispanoamérica; y dos a expresiones europeas en tiempos de la colonización.

En cuanto a la religiosidad popular puertorriqueña, esta es una muy variada y regionalizada. En ella predomina la talla de santos, como expresión visual y la creación de festivales alusivos a santos patronos, reyes magos, y a la figura de la Virgen María. Específicamente con las obras que se reseñarán se puede ver el fervor popular y se busca explicar cómo este se desarrolló.

Obras escogidas sobre arte y simbolismo religioso puertorriqueño:



Colón Camacho, Doreen M. (ed.): Los santos de Puerto Rico: Estudio de la imaginería popular, San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueño, 2003.

 Esta obra es una colección de seis ensayos sobre el arte de la talla de santos en Puerto Rico. Los temas tratados son el santo como objeto de culto y su valor histórico, la iconografía, la talla, los talladores, la conservación y la restauración de santos de palo y la importancia de esta destreza en el arte puertorriqueño. Aunque el trasfondo histórico de la obra es limitado, su importancia radica en el análisis que se dan de los temas ya mencionados. Las piezas artesanales reseñadas tienden a ser descritas tanto desde un punto de vista artístico como desde la perspectiva imaginaria de las creencias populares. La obra está muy bien ilustrada y ofrece una bibliografía amplia dividida por las siguientes categorías: cintas de video, libros, artículos de periódico y artículos de revistas.



Curbelo, Irene: Santos de Puerto Rico, San Juan, Museo de Santos, 1970.

Esta obra de 74 páginas y 47 ilustraciones nos presenta de forma muy sencilla el arte de la talla de santos en Puerto Rico. La autora comienza el escrito dando un trasfondo histórico de la religiosidad puertorriqueña y cómo esta influyó al desarrollo de este arte. Los aspectos que son tratados son el imaginario puertorriqueño y una descripción de las familias que se han destacado en la talla de santos. Las ilustraciones, aunque carecen de explicaciones sobre su significado, son una muestra bastante llamativa de este arte. Cada una de ellas lleva el nombre de su creador (si es conocido) y el lugar o colección donde puede ser apreciada. Santos de Puerto Rico es una excelente obra para ir entendiendo la importancia de este arte en el desarrollo de la cultura puertorriqueña.



Curbelo, Irene: La expresividad en el otro: Cómo entender y gozar los santos de Puerto Rico, Tampa, Diomedes Press, 2003.

Esta obra bilingüe (escrita tanto en español como inglés) nos lleva a conocer el arte popular puertorriqueño siendo analizado desde distintas perspectivas. Sin embargo, debemos notar que aunque la propia autora busca presentar algo más que una representación religiosa del arte popular, el arraigo religioso dentro de las manifestaciones artísticas puertorriqueña es tal que en esencia la obra hace un análisis del sentir cultural, del imaginario y de las creencias religiosas de la Isla. Un punto positivo de la obra es el uso de fuentes complementarias procedentes de la sociología, antropología y otras ciencias sociales. El único aspecto a lamentar (desde mi punto de vista como investigador) es que las notas al calce están al final de la lectura, aunque la autora lo justifica indicando que busca no interrumpir la lectura con ellas. Por último debemos indicar que la obra tiene unas 30 láminas a colores.



Garrido, Pablo: Esotería y fervor populares de Puerto Rico, Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, 1952.

Esta investigación del estudioso del folclor chileno, Pablo Garrido, fue publicada luego de él haber sido profesor invitado en la Universidad de Puerto Rico, tiempo que aprovechó para analizar el misticismo popular de los puertorriqueños. La obra tiene 250 páginas y presenta 16 ilustraciones. Básicamente, se establece la teoría de que el elemento cultural negro aportó mínimamente al imaginario popular puertorriqueño, algo que hoy sabemos que no fue así. La obra tiene la singularidad de ser de las primeras fuentes en Puerto Rico en utilizar y estudiar el arte cristiano para sustentar unos alegatos en específico dirigidos al análisis de la puertorriqueñidad, aunque sus hipótesis hoy día no son aceptadas por los estudiosos del tema.



Hermandad de Artistas Gráficos de Puerto Rico: Puerto Rico: Arte e Identidad, Río Piedras, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 2004.

Esta obra, escrita tanto en español como en inglés, es una compilación de ensayos dirigidos a explicar el arte puertorriqueño y su aportación a la identidad nacional. Aunque la intención no era la redacción de un libro puramente histórico ni teológico, el escrito es de importancia para poder entender el desarrollo del arte religioso puertorriqueño; ya que este, en un principio, era la principal expresión de la religiosidad del pueblo. De los diecisiete ensayos, cuatro están altamente relacionados con el arte religioso puertorriqueño. Entre los temas tocados están los primeros siglos de coloniaje, la imaginería popular, la pintura de Francisco Oller y la de José Campeche. El libro tiene 245 ilustraciones y 451 páginas.  



Quintero Rivera, Ángel G. (ed.): Vírgenes, magos y escapularios: Imaginería, etnicidad y religiosidad popular en Puerto Rico, San Juan, Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, 1998.

Esta obra de 213 páginas y una gran cantidad de ilustraciones busca ser un estimulante para la investigación del imaginario puertorriqueño a través de las representaciones del arte. El escrito está centrado en un ensayo principal, el cual es comentado por otros estudiosos del tema y concluye con otros dos ensayos que buscan añadir otros temas de interés a los seguidores e investigadores en el tema. Los puntos principales de la obra giran alrededor de la identidad cultural puertorriqueña y su relación con la religiosidad popular. Otros temas tocados son el catolicismo popular del siglo XIX, la religiosidad cómo campo de estudio y un análisis sobre clase, raza y género en la religiosidad isleña. Esta obra nos lleva a reflexionar sobre aspectos de la religiosidad que en otras fuentes no son abarcados con tanta amplitud, específicamente la relación con la etnicidad.



Vidal, Teodoro: La escultura religiosa puertorriqueña, San Juan, Alba, 2006.

Esta obra de carácter monográfico busca presentar las raíces y el desarrollo de la escultura religiosa puertorriqueña. El escrito consta de 109 páginas y 64 ilustraciones. El trasfondo histórico presentado es mucho más profundo que en otras obras. El autor nos lleva hasta principios del siglo XVI para mostrarnos los inicios del arte religioso en la Isla. Algunas de las ilustraciones son descritas en detalle. Uno de los puntos de mayor importancia es que el autor no se limita a la talla de santos, sino que trabaja otros tipos de arte como la pintura. Otro aspecto que debemos resaltar es el buen uso de notas al calce y la presentación de una bibliografía que lleva al lector interesado a poder consultar otras fuentes que ayuden a aportar a este campo de la historiografía puertorriqueña.



Mediavilla de Toste, Nitza: Santos al desnudo, San Juan, Ediciones Puerto, 2005.

Esta obra escrita tanto en inglés como en español es una descripción de la talla de santos siguiendo las aportaciones de familias dedicadas a la talla religiosa. Contrario a la obra de Irene Curbelo, que está dividida en dos partes (una para cada idioma), la de Mediavilla presenta cada capítulo dividió en los dos idiomas. En total, son 305 páginas con un gran número de ilustraciones. El escrito comienza con un trasfondo histórico y pasa a definir una serie de conceptos que la autora considera importantes para poder entender este arte. Luego pasa a la descripción de los santos dividiéndolos por grupos familiares o por artista renombrados. En cada uno de ellos logra identificar unas características que los definen de manera propia. Al finalizar la obra se presenta una extensa bibliografía (enumerada) de 2,472 artículos, 76 folletos, 109 libros, 204 videos y 332 catálogos o folletos de exposición. Aunque la obra no es de carácter histórico o teológico, puede ser de gran utilidad en el estudio del arte puertorriqueño debido a la gran cantidad de información producto del análisis de la autora a los distintos objetos artísticos producidos en nuestra Isla.