Introducción a «Tres miradas a la historia de las parteras»
Pablo L. Crespo Vargas
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A través de estos tres ensayos, los autores exploran cómo esta labor pasó de ser un saber sagrado y comunitario para convertirse en objeto de persecución, para luego finalmente enfrentar un proceso de medicalización y profesionalización bajo el control del Estado.
El primer ensayo, «Parteras, magia e intervención inquisitorial en Cartagena de Indias», comienza con un panorama general de la historia de la partería, desde sus orígenes con el surgimiento del ser humano hasta llegar a la Inquisición española, específicamente su tribunal en Cartagena de Indias. Su autor, Pablo L. Crespo Vargas, quien estudia temas del imaginario mágico‑religioso, analiza de manera general cómo las parteras pasaron de ejercer un oficio común a ser vistas como mujeres malévolas. El ensayo culmina con la presentación de cuatro casos relacionados con prácticas mágicas, cuyas acusadas eran parteras.
El segundo ensayo, «Habilitando comadronas: las dificultades para profesionalizar el cuidado del parto en Puerto Rico, 1839‑1900», de César Augusto Salcedo Chirinos, ofrece un análisis de la partería en Puerto Rico ya entrado el siglo XIX. Para este periodo había comenzado la etapa de medicalización y profesionalización de los cuerpos sanitarios del país. Ante los adelantos tecnológicos y médicos de la época, las parteras tuvieron que atemperarse a estos cambios mediante la instrucción científica en obstetricia y la limitación de sus funciones exclusivamente a los partos naturales. El ensayo destaca la creación de la Cátedra de Parteras en 1893 y el proceso de habilitación para la obtención de licencias. Concluye con el cambio de soberanía de 1898, cuando Puerto Rico pasa de España a los Estados Unidos y se crean las plazas de parteras municipales para atender a mujeres pobres, integrando así el oficio al sistema de salud pública.
El libro cierra con
la historia de vida de María Matea Acosta y Ortiz (activa entre finales del
siglo XIX y mediados del XX), quien representa un puente entre la tradición
familiar y la regulación oficial. En este ensayo, titulado «Comadronas,
comunidad y salud rural en Puerto Rico: la historia de María Matea Acosta y
Ortiz», Félix M. Cruz Jusino muestra cómo la protagonista aprendió el oficio de
su madre y su abuela, para luego educarse formalmente y obtener la
certificación necesaria que le permitió ejercer como comadrona en las zonas
rurales de San Germán y Lajas. Su práctica se caracterizó por una combinación
de rigor técnico y sabiduría comunitaria.

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