lunes, 23 de septiembre de 2013

El enfoque histórico-cultural de Emely Rosenberg y la política expansionista estadounidense


Pablo L. Crespo Vargas

Uno de los problemas, más significativos, que confrontaron los estudiosos de la historia diplomática estadounidense hasta comenzada la segunda mitad del siglo XX fue la falta de un acercamiento o una explicación cultural donde se analizaran los distintos aspectos del desarrollo de las relaciones internacionales de este país. Los cambios producidos en el pensamiento académico luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, donde se presentaron una serie de factores que incluyen mayores oportunidades de estudio gracias a los beneficios educativos a veteranos, el aumento de instituciones universitarias estatales, y los movimientos de derechos humanos, feministas e indigenistas, que motivaron a muchos a realizar estudios postsecundarios, sin importar la clase social de la que provenían, también se sintieron en la historiografía estadounidense.[1]
Los recién formados historiadores comenzaron a ver la historia desde una perspectiva fuera del punto de vista elitista que se había caracterizado hasta ese momento.[2] Uno de los mejores ejemplos de esta situación lo encontramos en la obra de Emily S. Rosenberg. Esta historiadora busca presentarnos como la cultura estadounidense jugó un papel trascendental en el desenvolvimiento de la política exterior de los Estados Unidos. Es importante señalar, que la autora, establece los límites a su trabajo en “examine the process by which some Americans, guided and justified by the faiths of liberal-developmentalism, sought to extend their technology-based economy and mass culture to nearly every part of the world.” En otras palabras, Rosenberg no trabaja el efecto de la americanización en otros países o culturas, aunque estos son estudiados con mayor detenimiento por otros investigadores, sino que se enfoca en cómo se dio este proceso desde la perspectiva estadounidense.
La tesis de la autora se centra en el desarrollo de una ideología llamada liberalismo-desarrollista [liberal-developmentalism], el cual tenía cinco puntos o ideas de gran importancia. El primero es la creencia de que todos los países debían copiar el desarrollo económico estadounidense. El segundo punto es la fe existente en el desarrollo de la economía a base de una iniciativa privada. Le seguía la creencia de mantener acceso libre al comercio y a las inversiones. La cuarta idea es el fomento del flujo continuo de la información y la cultura. Por último, se promovía la creencia de que el gobierno tenía la función de proteger la empresa privada, a la vez que se estimulaba y regulaba la participación estadounidense en la economía mundial y el intercambio cultural. Estas ideas se fueron desarrollando y utilizando para poder crear un ambiente favorable a los inversionistas estadounidenses que se aventuraran en el extranjero, teniendo el consentimiento del sistema gubernamental para ello.
En la obra se va presentando la evolución de estas ideas, que Rosenberg divide en tres periodos significativos. Primero, el estado promocional [Promotional State], desarrollado entre 1890 y 1912. En este periodo, el gobierno federal buscaba facilitar el desarrollo económico de las empresas privadas que se desarrollaron en el mercado internacional. Segundo, el estado cooperativista [Cooperative State], promovido después de la Primera Guerra Mundial. En él, el gobierno se inmiscuyó en el desarrollo de las inversiones estadounidenses en el extranjero, buscando posiciones ventajosas en el ámbito internacional; y a su vez, manteniendo la posición política que los Estados Unidos obtuvo al terminar este conflicto. Por último, se desarrolló el estado regulador [Regulatory State], que a partir de la década del 30 buscaba integrar las relaciones entre empresarios y gobierno federal para facilitan los objetivos de ambos.
Los dos puntos que la autora recalca son: (1) la estrecha relación entre la expansión económica estadounidense y los aspectos culturales que se desarrollaban en este país y (2) la correlación existente entre el grado de intromisión del gobierno de los Estados Unidos en los intereses económico y la proyección hegemónica desarrollada ante el resto del planeta. No ha de extrañarnos, que a mayor proyección mundial como potencia de primer orden, mayor era el grado de relación entre el gobierno y los intereses económicos. Sobre este último punto podemos observar dos hipótesis. En la primera, que el gobierno estadounidense utilizó la expansión económica desarrollada por los inversionistas para crear una plataforma que sirvió para promover y proyectar a los Estados Unidos como una potencia de primer orden. Segundo, que el gobierno fue empujado por los intereses económicos para desarrollar una hegemonía que los protegiera en el extranjero. Aunque podemos estar tentados a escoger solamente una explicación, la obra nos demuestra que en un principio los inversionistas y empresarios estadounidenses [los grupos misioneros también aprovecharon el momento] lograron atraer el interés gubernamental; pero, que al pasar el tiempo y los Estados Unidos transformarse en una nación de primer orden su interés por mantener un predominio económico era más latente y la proyección de la cultura estadounidense era vital para tales fines.
Dentro de los aspectos culturales se puede apreciar el surgimiento de ideas progresistas que son propagadas y asimiladas por la población en general. Algunas de estas ideas fueron vistas como precondiciones a una sociedad moderna y de avanzada de una nación destinada a ser modelo universal. Estas incluyen la supuesta superioridad de la sociedad cristiana protestante, la prepotencia anglosajona y el desarrollo económico de la sociedad estadounidense. Estas ideas crearon una mentalidad de superioridad que puede ser apreciada en las campañas misioneras, que buscaban expandir sus creencias religiosas en el extranjero, de la misma forma que los inversionistas buscaban prosperidad en los mercados internacionales.
Otro aspecto cultural que no podríamos dejar a un lado es la importancia que tuvo el llamado sueño americano [American Dream], el cual estaba relacionado con el desarrollo de alta tecnología y el consumo en masa. Si la proyección de este ideal anterior al periodo de la Segunda Guerra Mundial fue realizado por misioneros, misiones diplomáticas e intereses económicos; el desarrollo de los medios de comunicación masivos fue toda una innovación que se encargó de llevar a cada rincón del mundo el pensamiento y estilo de vida estadounidense luego de finalizada esta guerra. La intención, según nos indica la autora, era crear cierto grado de empatía hacia el estilo de vida democrático, de sabiduría e integración social estadounidense. Se puede pensar que la expansión cultural era parte importante en la creación de mercados económicos e intelectuales donde el pensamiento estadounidense predominaba.
Los planteamientos de la autora podrían estar presentando una fuerte influencia revisionista. De hecho, la presentación de una serie de problemas o contradicciones entre el ideal liberal desarrollista y lo practicado en realidad nos hace pensar en la obra del historiador William A. Williams: The Tragedy of American Diplomacy. Entre los puntos trágicos que presenta Rosenberg está la política de dos varas que el gobierno estadounidense utilizó para promover los intereses económicos y diplomáticos propios. El mejor ejemplo fue la política dirigida a condenar y demonizar los monopolios extranjeros; mientras que se promovía el que empresas estadounidenses monopolizaran en países de economía débil y con gobiernos de fácil corrupción.
Según la autora, las justificaciones que cada generación de estadounidenses presentó para el desarrollo de una conducta no liberal dentro del liberalismo-desarrollista son otro ejemplo de la importancia del aspecto cultural dentro de la historia diplomática. Estas son tres: “Doctrines of racial superiority and evangelical mission [...], a faith in granting prerogatives to new middle-class professionals […] and a fervent anti-Communism”. Dos de ellas son de corte ideológico: la superioridad racial junto a la evangelización y el desarrollo del anti comunismo; pero su contenido está arraigado al desarrollo cultural de una nación que evolucionó en un marco anglosajón, de creencias religiosas protestantes y con una economía esencialmente capitalista donde el individuo era responsable de su prosperidad tanto terrenal como espiritual. A su vez, la responsabilidad del individuo al progreso llevó al desarrollo de una clase media profesional que promoviera cambios en la tecnología y en la calidad de vida que presentaba el llamado American Dream.
Los planteamientos de corte liberal que Rosenberg expone al presentar un punto de vista cultural pudieran molestar a historiadores conservadores que solo ven intereses estratégicos y económicos en sus señalamientos. Sin embargo, no podemos dejar a un lado, el desarrollo de una política exterior que no se basó únicamente en las pretensiones de grandeza que puede tener una élite, o en los deseos de riqueza que los empresarios vieron en los mercados internacionales, sino, que dentro de todo esto existe un intercambio de ideas, una proyección de lo que es el país y sus pobladores y cómo estos pueden interactuar con otras cultura, aunque en este caso se buscaba que otras culturas asimilaran la de ellos para así poder crear un cierto grado de identificación del cual se suponía que ambos lados se beneficiaran.

Obra principal:
Emily S. Rosenberg: Spreading the American Dream: American Economic and Cultural Expansion, 1890-1945 [1982], New York: Hill and Wang, 1999
Obras citadas:
Appleby, Joyce, Lynn Hunt & Margaret Jacob: Telling the Truth About History, New York, Norton, 1994
William, David: A Peoples History of the Civil War: Struggles for the Meaning of Freedom, New York, New Press, 2006
Williams, William A.: The Tragedy of American Diplomacy, New York, Delta Books, 1962
Otras obras de referencia sobre el tema:
Hogan, Michael J. & Thomas Paterson (eds.), Explaining the History of American Foreign Relations, 2nd ed., New York, Cambridge University Press, 2004
Joseph, Gilbert M, Catherine C. Legrand & Ricardo D. Salvatore (eds.): Close Encounters of Empire: Writing the Cultural History of U.S.-Latin American Relations, Duke University Press, 1998.
Kaplan, Amy & Donald E. Pease (eds.): Cultures of United States Imperialism, Duke University Press, 1999.



[1] David William: A Peoples History of the Civil War: Struggles for the Meaning of Freedom, 2006, pág. 11.
[2] Véase a Joyce Appleby, Lynn Hunt & Margaret Jacob: Telling the Truth About History, 1994, págs. 146-151.

7 comentarios:

  1. Es muy facil decir que conocemos sobre la historia, pero en realidad no sacamos de nuestro tiempo para conocer de otros paises. Es muy importante saber sobre esta historiadora que dedico su vida a escribir sobre la cultura estadounidense y la politica. Kathia

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    1. Gracias Kathia. La historia tiene diversidad de vertientes y formas de estudiarla, es por ello la importancia de comparar los diversos puntos de vista y lograr entender por qué se llega a ellos.

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  2. Tiene un buen punto y es que expresa muy bien la historia y porque de las cosas que pasaron en Estados Unidos.
    Ademas que explica detalladamente la historia del mismo pais donde asi permite que el lector aprenda con mas profundidad sobre E.U.
    -Jobeyra

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    1. Gracias Jobeyra, el detalle estar en poder establecer un análisis basado en hechos y en las circunstancias que se dieron. No solamente es el acontecimiento histórico, sino las repercusiones que hubo para los implicados. Ya no solamente hablamos de una historia oficial, sino que la historia tiene diversos matices y que es apreciada desde puntos de vista distintos. Tal como dirían algunos historiadores: "ver la historia desde abajo".

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  3. Información directa y simple. Al conocer el punto de vista de esta autora acerca del sueño americano puedo ver como mi presente fue formado. La economia se puede mover mucho mejor cuando es internacional. Por esa misma razón fué que le quitaron el comercio de café a nuestra isla Puerto Rico. Al final seguiran expandiendose economicamente y nosotros solo seguiremos en su monopolio.
    -Maranyalie Torres

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    1. Gracias Marita, el asunto del café en PR, con la llegada de los estadounidenses es uno muy interesante. El interés empresarial norteño fue dirigido hacia la producción azucarera, dejando al café en un segundo plano. Es lamentable ver como uno de los mejores productos de nuestra tierra fue relegado por conveniencia a unos intereses particulares.

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  4. Información necesaria y sucinta de cómo se cuecen las habas en la política interna e internacional estadounidense. Lo oí por primera vez de un amigo oriundo de Turquía: el modelo norteamericano no es el único en el planeta. Gracias, Pablo, por tus muy informadas lecturas.

    María Arrillaga

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