martes, 12 de mayo de 2026

Introducción a «Historia del barrio La Cantera de Ponce»

Introducción a «Historia del barrio La Cantera de Ponce»

Elí D. Oquendo Rodríguez

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La isla de Puerto Rico posee 78 municipios. Cada uno de ellos tiene su historia particular y, en mayor o menor grado, cada uno es protagonista de la historia nacional. ¿Habrá quien no recuerde la importancia histórica de San Germán, San Juan, Lares, Ponce, Jayuya o el extinto pueblo de Río Piedras? Los pueblos, a su vez, se integran por comunidades que se denominan barrios y que igual tienen sus propias historias, en las que se destacan ciertos personajes, eventos y lugares significativos. Muchas de esas están aún por escribir. Actualmente, Ponce tiene 31 barrios. En el siglo XIX fueron muchos más, pero con la marcha del tiempo algunos fueron desapareciendo al ser absorbidos por otros, cambiaron de nombre o fueron sacados de su jurisdicción. A principios de la década de 1820, por disposición gubernamental, Ponce debió ceder varios barrios al vecino pueblo de Juana Díaz.

En 2016 surgió la idea de escribir una historia sobre los barrios ponceños. No obstante, dada la ingente cantidad de información contenida en los documentos del Archivo Histórico del Municipio de Ponce, hubo que modificar el proyecto y, finalmente, terminó publicándose un libro que única y exclusivamente trataba sobre la Playa de Ponce. Esto fue en junio de 2017. El mismo se tituló A orillas del Mar Caribe. Boceto histórico de la Playa de Ponce. Desde sus primeros habitantes hasta principios del siglo XX. El trabajo se le dedicó a la Lcda. Gladys Tormes, una querida amiga, quien ha sido leal defensora del patrimonio histórico de la ciudad y, en gran medida, fuente de inspiración de la idea original. Este libro recibió el Premio Luis Edgardo Díaz el 30 de abril de 2018 en ceremonia celebrada en el Centro Cultural Carmen Solá de Pereira. Dos años después, en 2019, se retomó la idea de historia de los barrios y salió a la luz otro libro. Este se tituló: Barrios de Ponce. Noticias y microhistorias de ocho comunidades ponceñas en el tiempo. Siglos XVI al XIX. Debido al gran número de estos, se hizo una breve selección y se trabajaron las historias de los barrios Bucaná, Canas, Capitanejo, Entre los Ríos, Sabanetas, San Antón, Tibes y las Vallas. En esta ocasión, el libro le fue dedicado al fenecido profesor e historiador Dr. Fernando Picó. Este erudito jesuita fue un gran mentor que supo transmitir al que escribe estas líneas la pasión por investigar y el gusto por historiar. (1) 

Quedan todavía muchos barrios por escribir de ellos. El presente escrito es una humilde aportación a la historia de dos barrios que se desarrollaron hacia el norte del pueblo y que en su momento se llamaron el Capá y la Cantera. Ambos con nombres con clara alusión a un árbol autóctono y a un elemento geográfico. Hoy se les conoce como barrios Quinto y Sexto, respectivamente. Y resultó que la Cantera se convirtió en un sector más dentro de él. Pero no por eso dejó de tener su propia identidad. Al contrario, administraciones municipales han intentado preservarla y destacar sus aportaciones. Así lo hizo el fenecido alcalde D. Rafael Cordero Santiago cuando, en 1999, gestionó la inversión de 5 millones de dólares en remozar la zona más emblemática del barrio. El proyecto se extendía desde la placita Domingo Cruz hasta los muros de la Cantera. Abarcaba 1,225.69 metros lineales e incluía pavimentación con asfalto, construcción de aceras recubiertas con lozas, iluminación con postes estilo colonial y siembra de árboles para el ornato y frescura de la vía. (2)

Esta historia se la debía a algunos que una vez preguntaron cuándo escribiría algo sobre la Cantera. También se la debía a la memoria de algunos de mis antepasados, quienes cuando emigraron desde Adjuntas a Ponce, a comienzos del siglo XX, se establecieron en diversos lugares de la Cantera. Mi bisabuelo paterno Hilario Oquendo Colón (1859-1934) y sus hijos, entre ellos mi abuelo Juan Arturo Oquendo Castillo (1897-1987), vivieron en el cerro San Tomás y calle del Acueducto entre 1915 y 1924. De hecho, Juan Arturo también vivió en la barriada Borinquen hasta el día de su muerte. Por otro lado, mis tatarabuelos maternos, Pedro Pascual Torres Maldonado (1867-1953) y Anastasia Torres Cedeño (1869-1944), también se radicaron en San Tomás al empezar la década de 1930. La última falleció en septiembre de 1944 siendo vecina de la calle Mayor Cantera. Por supuesto, también le debía esta historia a los vecinos de la Cantera que, seguro, alguna curiosidad deben tener sobre los orígenes de su barrio.



[1] Ver de Fernando Picó el ensayo “El placer de historiar”, en el libro Ensayos en torno a la Historia y otros temas. Centro de Investigaciones Históricas. Departamento de Historia. Facultad de Humanidades. Universidad de Puerto Rico. Recinto de Río Piedras. 2019. pp. 87-94.

[2] AHMP. Archivo Vertical. Barrio Sexto. El Autónomo. Vol. 3, Núm. 2, Febrero de 1999, p. 1. 

lunes, 4 de mayo de 2026

El diablo calza de Prada 2.0

El diablo calza de Prada 2.0

José E. Muratti-Toro, Ph.D

Fui a ver Prada 2.0. La mercadotecnia protagonizada por uno de los actores y tres de las actrices más talentosas de este principio de siglo, una precursora que elevó a Meryll Streep a la estratosfera inexplorada sobre el universo de luminarias del cine, y una secuela que ha provocado más curiosidad y anticipación que la última entrega de las carpetas de Epstein, la convirtió en exigencia estética y cultural en la era de la decadencia trumpiana del imperio.

Prada 2.0 parte de una herida que "atraviesa de parte a parte" la psiquis de unos Estados Unidos y, en relativa menor parte, una cultura occidental, diezmados por la concentración de poder en manos de unos uberbillonarios con esa extraña, aunque comprensible, relación inversa entre su poderío económico y su sofisticación y buen gusto.

Andrea Sachs, protagonizada por la beatrífica (as in Dante's...) Ann Hathaway, acaba de perder su trabajo de periodista en un periódico de evidente inclinación izquierdosa por haber sido comprado por un inversionista, de los que acaparan negocios y viviendas, y, desesperadamente desempleada, recibe una llamada del dueño de la revista de modas Runway, donde, literalmente, Dios-menos-uno Meryl Streep la humilló, ninguneó y convirtió, como espada sobre el yunque, en una prodigiosa "fixer". Dime que es imposible y Andy lo resuelve, como en los sueños del Che Guevara (sorry por la referencia izquierdosa sesentosa).

Andy termina de vuelta en Runway para insufrible fastidio de Miranda Presley (Streep) transparentemente basada en Anna Wintour, directora de la icónica revista Vogue.

En un giro anclado en la máxima rubenbládica de que "la vida te da sorpresas", el reinado de Miranda se tambalea tras la muerte del dueño de la revista y su hijo dontrumpjuniórdico amenaza con hacerle lo que Jeff Bezos al Washington Post y Larry Ellison a CBS.

Los acontecimientos se precipitan de cara a la pasarela de Milán donde Miranda anticipa inaugurar su sucursal y ascensión al trono global.

Las subtramas de la infatuación de Andy con un renovador de edificios históricos (Patrick Brammal), la ascensión de Emily (Emily Blunt) a directora de Christian Dior (también comprada por un burdo inversionista), la inconmensurable lealtad de Nigel (Stanley Tucci), la nueva relación de Miranda con Kenneth Branagh y el cameo de la fascinante Lucy Liu, le añaden miel y especias al sorpresivo giro en la trama.

Anticipadamente, aunque no tanto, Andy encuentra la "imposible" salida del laberinto en medio de una gala en Milán que hace la del Met parecer un mercado de pulgas en Brooklyn (bueno, exagero un poco).

La suntuosidad de esta Pasarela (sí, con "P" mayúscula), con todo y espectáculo por Lady Gaga, tiene el doble propósito de revelar, con todo y escena frente al mural de la Última Cena de Leonardo da Vinci en el convento Santa Maria delle Grazie, que el arte, la creatividad, la sofisticación tienen un lugar de cuestionable o rechazable privilegio, pero no por eso menos importante, en la cultura occidental, sino mundial.

En esta rebanada de la historia que nos ha tocado vivir, el filme denuncia la destrucción del periodismo y las artes del espectáculo por palurdos magnates que tienen el refinamiento de un contable de mafia rural; desnuda sin pudor los egoísmos y la codicia hasta de los más cercanos allegados, salpicados por la callada lealtad de los marginados; y nos esperanza con la alucinante candidez de quienes honestamente creen en el amor y la amistad, aunque aprovechen oportunidades para proteger su nicho.

El sentimiento neto, al menos para este espectador, es que la belleza, aún en la rarificada estratosfera donde pululan los "beautiful people", cumple un propósito social que sirve de argamasa para sostener el andamiaje social, aunque su zapata esté manchada con el sudor y la sangre de los modernos esclavos que cosen y ensamblan nuestras vestimentas más vistosas y extravagantes, porque en las capas intermedias donde vivimos usted, querido/a lector/a y yo, y las divas y divos de la moda, hay un mundo laboral que convierte la fantasía en mercancía, y de la fantasía se nutren nuestros sueños, aunque nos quedemos dormidos en la página 84 de una Reina Valera estrujada y releída, un Cien Años de Soledad subrayado y manchado con café, o el manual para arreglar motores de combustión o la buena cocina de Carmen Boy Valdejulli, que nos heredó ese/a otro/a significativo/a que nos enseñó el oficio.

Suponemos que el diablo calza de Prada, para la incomodidad de tantos, pero la mayoría de nosotros, cuando vamos a Burlington, nos lo probamos, aunque decidamos que no.