miércoles, 21 de enero de 2026

La globalización que denuncian los EEUU es una serpiente que se come su propio rabo

La globalización que denuncian los EEUU es una serpiente que se come su propio rabo

José E. Muratti-Toro, Ph.D.

«Royalty free for privat and commercial use»
Autor: Wendelin Jacober (6 de septiembre de 2014)
https://www.flickr.com/photos/91619724@N04/29113766622/

No voy a sugerir que se escuche el panel completo en que ayer, 20 de enero, participó Howard Lutnick el secretario de comercio de los Estado Unidos, en el World Economic Forum, en Davos, Suiza. No es una experiencia agradable o edificante.

Lo más interesante e importante de la experiencia es escuchar al secretario de comercio de los EEUU hablar en contra de la globalización y porqué Occidente debería aprender a manufacturar internamente para apoyar a la clase trabajadora y no depender de suplidores foráneos.

Evidentemente el discurso está dirigido a MAGA y cultiva la imagen de porrista ("cheerleader") que Lutnick se ha ganado en Europa y el resto del mundo.

En primer lugar, si un país se ha beneficiado de la globalización en la era moderna, ese país se llama Estados Unidos. A pesar de contar con medio continente con enormes recursos naturales, desde el siglo XIX las grandes corporaciones de los EEUU se han apropiado o han arrendado, subcontratado y delegado la producción de miles de productos agrarios y gran parte de su manufactura a terceros países, para maximizar ganancias comprando o controlando materia prima, financiamiento y mano de obra barata por todo el mundo.

Ni los chinos, ni los indostanis, ni los mexicanos se han "robado" empleo alguno de los EEUU. Desde los I-phones Apple hasta los tractores John Deere, desde televisores y lavadoras hasta automóviles y medicamentos, desde equipos de música y zapatillas de correr, hasta bolas de baloncesto y gorras MAGA, todos son subcontratados por empresas estadounidenses a empresas foráneas en cinco continentes.

Despotricar contra la globalización es como quejarse de que todo el mundo quiere hablar inglés.

En segundo lugar, la descarada hipocresía de decir que se quiere proteger a la clase trabajadora estadounidense corre la misma suerte que demonizar la globalización.

Las empresas estadounidenses no van a traer sus operaciones de manufactura a los EEUU. El costo de la mano de obra (amén de financiamiento, seguros, transporte y mercadeo) en los EEUU oscila entre cinco y diez veces el costo en otros países y la hace insostenible.

Por ejemplo, en los EEUU los salarios de manufactura promedian entre $20 y $25 por hora, mientras que en México se paga de $2 a $8 por hora.

En China, los salarios representan alrededor del 20% de sus equivalentes en los EEUU (o sea, $4 a $5 por hora), mientras que en la India los salarios ascienden a aproximadamente 3% de los salarios en los EEUU, o sea de $0.60 a $0.75 por hora.

¿Qué empresa en EEUU va a poder contratar mano de obra a razón de salarios de entre $0.60 a $8 por hora? Dicho de otra forma, ¿qué empresa pagaría $25 por hora por una labor que en China le costaría $8 por hora o $0.75 por hora en la India?

El gran desafío (e inevitable fracaso del sistema de mercado estadounidense) radica en que volver a manufacturar en los EEUU ya resulta imposible. Sencillamente no podrán competir con un Sur Global que de manufacturero por contrato continuará convirtiéndose en un adversario comercial mucho más eficiente y competitivo (¿cuál fue el último enser para el hogar "Made in USA" que usted compró?)

Mientras las empresas en los EEUU continúan concediendo compensaciones multimillonarias a sus directivos a la vez que mantienen a los asalariados en el borde o por debajo del nivel de pobreza, se continúan exacerbando las disparidades al punto en que los asalariados ya no pueden consumir ni tan siquiera lo que ellos mismos producen.

Los acaudalados, con su capital acumulado, podrán mudarse fuera de los EEUU o vivir en bolsillos de riqueza en comunidades aisladas. Mientras tanto cada vez más la población en general se hunde en la pobreza, sucumbe ante enfermedades prevenibles, y eventualmente canalizarán su hambre y frustración contra las minorías, inicialmente, y eventualmente hacia los acaudalados.

La globalización es un fenómeno propio y medular de la acumulación de riqueza. Pero, en la medida en que la riqueza no es infinita, tarde o temprano sus prácticas acumulativas exclusivistas desembocarán en que quienes las impulsan terminarán siendo devorados por los que las sufren.

 

'I dream of things that never were and think: why not?"

- George Bernard Shaw

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