La globalización que denuncian los EEUU es una serpiente que se come su propio rabo
José E.
Muratti-Toro, Ph.D.
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| «Royalty free for privat and commercial use» Autor: Wendelin Jacober (6 de septiembre de 2014) https://www.flickr.com/photos/91619724@N04/29113766622/ |
No voy a sugerir
que se escuche el panel completo en que ayer, 20 de enero, participó Howard
Lutnick el secretario de comercio de los Estado Unidos, en el World Economic
Forum, en Davos, Suiza. No es una experiencia agradable o edificante.
Lo más
interesante e importante de la experiencia es escuchar al secretario de
comercio de los EEUU hablar en contra de la globalización y porqué Occidente
debería aprender a manufacturar internamente para apoyar a la clase trabajadora
y no depender de suplidores foráneos.
Evidentemente el
discurso está dirigido a MAGA y cultiva la imagen de porrista
("cheerleader") que Lutnick se ha ganado en Europa y el resto del
mundo.
En primer lugar,
si un país se ha beneficiado de la globalización en la era moderna, ese país se
llama Estados Unidos. A pesar de contar con medio continente con enormes
recursos naturales, desde el siglo XIX las grandes corporaciones de los EEUU se
han apropiado o han arrendado, subcontratado y delegado la producción de miles
de productos agrarios y gran parte de su manufactura a terceros países, para
maximizar ganancias comprando o controlando materia prima, financiamiento y
mano de obra barata por todo el mundo.
Ni los chinos, ni
los indostanis, ni los mexicanos se han "robado" empleo alguno de los
EEUU. Desde los I-phones Apple hasta los tractores John Deere, desde
televisores y lavadoras hasta automóviles y medicamentos, desde equipos de
música y zapatillas de correr, hasta bolas de baloncesto y gorras MAGA, todos
son subcontratados por empresas estadounidenses a empresas foráneas en cinco
continentes.
Despotricar
contra la globalización es como quejarse de que todo el mundo quiere hablar
inglés.
En segundo lugar,
la descarada hipocresía de decir que se quiere proteger a la clase trabajadora estadounidense
corre la misma suerte que demonizar la globalización.
Las empresas
estadounidenses no van a traer sus operaciones de manufactura a los EEUU. El
costo de la mano de obra (amén de financiamiento, seguros, transporte y
mercadeo) en los EEUU oscila entre cinco y diez veces el costo en otros países
y la hace insostenible.
Por ejemplo, en
los EEUU los salarios de manufactura promedian entre $20 y $25 por hora,
mientras que en México se paga de $2 a $8 por hora.
En China, los
salarios representan alrededor del 20% de sus equivalentes en los EEUU (o sea,
$4 a $5 por hora), mientras que en la India los salarios ascienden a
aproximadamente 3% de los salarios en los EEUU, o sea de $0.60 a $0.75 por
hora.
¿Qué empresa en
EEUU va a poder contratar mano de obra a razón de salarios de entre $0.60 a $8
por hora? Dicho de otra forma, ¿qué empresa pagaría $25 por hora por una labor
que en China le costaría $8 por hora o $0.75 por hora en la India?
El gran desafío
(e inevitable fracaso del sistema de mercado estadounidense) radica en que
volver a manufacturar en los EEUU ya resulta imposible. Sencillamente no podrán
competir con un Sur Global que de manufacturero por contrato continuará
convirtiéndose en un adversario comercial mucho más eficiente y competitivo
(¿cuál fue el último enser para el hogar "Made in USA" que usted
compró?)
Mientras las
empresas en los EEUU continúan concediendo compensaciones multimillonarias a
sus directivos a la vez que mantienen a los asalariados en el borde o por
debajo del nivel de pobreza, se continúan exacerbando las disparidades al punto
en que los asalariados ya no pueden consumir ni tan siquiera lo que ellos
mismos producen.
Los acaudalados,
con su capital acumulado, podrán mudarse fuera de los EEUU o vivir en bolsillos
de riqueza en comunidades aisladas. Mientras tanto cada vez más la población en
general se hunde en la pobreza, sucumbe ante enfermedades prevenibles, y eventualmente
canalizarán su hambre y frustración contra las minorías, inicialmente, y
eventualmente hacia los acaudalados.
La globalización
es un fenómeno propio y medular de la acumulación de riqueza. Pero, en la
medida en que la riqueza no es infinita, tarde o temprano sus prácticas
acumulativas exclusivistas desembocarán en que quienes las impulsan terminarán
siendo devorados por los que las sufren.
'I dream of things that never were and think: why not?"
- George Bernard Shaw

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