martes, 6 de enero de 2026

La ambivalencia del amor y la constitución del sujeto en Maldito amor, bendito amor de José E. Muratti Toro.

 La ambivalencia del amor y la constitución del sujeto en Maldito amor, bendito amor de José E. Muratti Toro.

Por: Luis Mayo Santana, PhD.

Introducción

Maldito amor, bendito amor se inscribe en la narrativa puertorriqueña contemporánea como una intervención crítica en torno a las representaciones normativas del amor. El texto compuesto de cuatro relatos de José E. Muratti Toro no se limita a cuestionar el ideal romántico, sino que lo desmantela al mostrar el amor como un dispositivo afectivo atravesado por la contradicción, la dependencia y la inestabilidad subjetiva. En este texto, amar no conduce a la reconciliación del sujeto consigo mismo ni con el otro, sino que expone las fisuras que estructuran la experiencia afectiva.

El amor, lejos de funcionar como principio de cohesión identitaria, opera como un lugar de crisis. Los vínculos que se articulan en la novela no ofrecen una salida a la carencia, sino que intensifican la conciencia de la falta y la vulnerabilidad del yo. Desde esta perspectiva, el presente ensayo propone una lectura que articula el psicoanálisis y el existencialismo no como marcos explicativos cerrados, sino como herramientas críticas para examinar cómo el amor revela la constitución escindida del sujeto y la imposibilidad de una plenitud afectiva.

El amor como repetición de la falta: Freud y Lacan

Desde el psicoanálisis freudiano, el amor no puede entenderse como una elección libre ni como un encuentro transparente entre sujetos autónomos. Freud afirma que “hallamos que el objeto amoroso no es sino un sustituto del objeto perdido de la infancia” (Freud), lo que sitúa el amor en el registro de la repetición y no de la novedad. En Maldito amor, bendito amor, esta lógica se manifiesta con claridad: los personajes no aman al otro en su singularidad, sino a aquello que este encarna como promesa imaginaria de restitución.

La obra insiste en esta dimensión repetitiva cuando señala que “amar era volver siempre al mismo dolor, con la esperanza irracional de que esta vez fuera distinto” (Muratti Toro). Lejos de ser una experiencia excepcional, el amor aparece como una reiteración compulsiva del fracaso. El vínculo amoroso no repara la falta, sino que la reactualiza, poniendo en evidencia la imposibilidad estructural de colmar el deseo.

La lectura lacaniana radicaliza esta problemática al subrayar el carácter ilusorio del amor. Cuando Lacan sostiene que “amar es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es” (Lacan), señala la dimensión fundamentalmente engañosa del vínculo amoroso. En la obra de Muratti Toro, los personajes ofrecen al otro una promesa de completud que no solo no poseen, sino que tampoco puede ser recibida. El amor se configura así como una estructura simbólica fallida, sostenida por el deseo de reconocimiento y por una dependencia afectiva que erosiona la autonomía del sujeto.

Amor, libertad y angustia: Sartre

Desde el existencialismo sartreano, el amor se define por una contradicción insalvable: el deseo de ser reconocido por el otro sin anular su libertad. Sartre afirma que “el amor es el proyecto de hacerse amar”, lo que implica un intento de fijar al otro sin dejar de necesitarlo como sujeto libre. Esta tensión atraviesa Maldito amor, bendito amor y constituye uno de los núcleos de su conflicto afectivo.

La afirmación de que “amar significaba exponerse a la voluntad del otro, aun sabiendo que nunca sería completamente propia” (Muratti Toro) pone de relieve el carácter precario del amor. Amar supone aceptar una vulnerabilidad radical, una exposición constante al abandono y a la pérdida. El amor no garantiza estabilidad, sino que intensifica la angustia al confrontar al sujeto con la imposibilidad de poseer al otro sin convertirlo en objeto.

El carácter “maldito” del amor emerge precisamente de esta tensión irresoluble. Para Sartre, toda relación amorosa está condenada a la frustración porque el otro siempre escapa a cualquier intento de apropiación. La novela no suaviza esta conclusión: el amor se presenta como una experiencia conflictiva en la que el deseo de fusión se enfrenta inevitablemente a la alteridad irreductible del otro, produciendo desencanto y desposesión subjetiva.

Amor, desesperación y autenticidad: Kierkegaard

La perspectiva de Kierkegaard introduce una dimensión ética que permite profundizar la lectura del amor como experiencia límite. En La enfermedad mortal, define la desesperación como “la enfermedad del yo, que consiste en no querer ser uno mismo o en querer serlo sin Dios” (Kierkegaard). Aunque la novela no articula explícitamente una problemática religiosa, sí representa una forma de desesperación existencial vinculada a la imposibilidad de sostener una identidad estable dentro del vínculo amoroso.

Los personajes se debaten entre la disolución en el otro y la afirmación de una autonomía siempre frágil. El amor solo adquiere un carácter “bendito” cuando el sujeto renuncia a la ilusión de completarse a través del otro y acepta su vulnerabilidad constitutiva. En este sentido, el amor no opera como redención, sino como una experiencia que obliga al sujeto a confrontar sus límites.

Kierkegaard concibe el amor auténtico no como aquel que elimina la angustia, sino como aquel que la asume sin negarla. Esta concepción se refleja en todo el texto, donde el dolor no desaparece, pero adquiere una densidad existencial distinta. El amor no salva al sujeto, pero puede forzarlo a una forma más lúcida de autocomprensión.

Ambigüedad y valor literario

Uno de los logros más significativos de Maldito amor, bendito amor es su negativa a ofrecer resoluciones morales o afectivas. Muratti Toro evita tanto la idealización como el cinismo, y construye una representación del amor marcada por la ambigüedad. Esta ambigüedad no es un defecto narrativo, sino una estrategia que impide lecturas simplificadoras y obliga al lector a enfrentarse a la complejidad del vínculo amoroso.

El estilo sobrio e introspectivo, centrado en la interioridad de los personajes, refuerza esta apuesta estética. La obra se sitúa así dentro de una tradición literaria que entiende la ficción como un espacio de interrogación filosófica, donde el conflicto emocional no se resuelve, sino que se intensifica como problema.

Conclusión

Desde una articulación crítica del psicoanálisis y el existencialismo, Maldito amor, bendito amor problematiza el amor como una experiencia constitutiva del sujeto moderno. A través de la repetición del deseo (Freud), la falta estructural (Lacan), el conflicto entre libertades (Sartre) y la angustia existencial (Kierkegaard), el texto expone el amor como un espacio donde se condensan las tensiones fundamentales de la subjetividad contemporánea.

La obra de José E. Muratti Toro no ofrece consuelo ni síntesis reconciliadora. Su valor reside precisamente en mostrar el amor como una experiencia límite, marcada por la imposibilidad de la plenitud y por la necesidad de asumir la fragilidad del yo. En este sentido, se trata de una narrativa particularmente fértil para el análisis posgraduado, en la medida en que exige una lectura crítica capaz de sostener la ambigüedad sin clausurarla.

Referencias

Freud, Sigmund. Three Essays on the Theory of Sexuality. Translated by James Strachey, Basic Books. 1975.

Kierkegaard, Søren. The Sickness Unto Death. Translated by Alastair Hannay, Penguin Classics.1989.

Lacan, Jacques. Écrits. Translated by Bruce Fink, W. W. Norton. 2006.

Muratti Toro, José E. Maldito amor, bendito amor. Puerto Rico, edición consultada. 2025.

Sartre, Jean-Paul. Being and Nothingness. Translated by Hazel E. Barnes, Washington Square Press. 1992.

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