lunes, 7 de febrero de 2022

Breves semblanzas sobre algunas figuras poco conocidas del movimiento estadista puertorriqueño

Breves semblanzas sobre algunas figuras poco conocidas del movimiento estadista puertorriqueño

Por
Ramón J. Amador Vélez
[1]


Insignias del Partido Republicano Puertorriqueño y del Partido Socialista Puertorriqueño c. 1940. Ambos partidos seguían el ideal anexionista.

Para que un movimiento político haya permanecido vigente por espacio de más de 123 años se necesitó de las ideas, luchas, aportaciones intelectuales y sacrificios de mujeres y hombres que defendieran esos ideales. En las siguientes líneas, el lector tendrá unas reseñas biográficas de varias personalidades puertorriqueñas que apoyaron la estadidad para Puerto Rico, y de esta manera, los hijos e hijas de este país puedan conocer un poco más respecto a las vidas de estos próceres que aportaron al ideal de la estadidad y a otros aspectos de nuestro Puerto Rico.

A través de la historiografía política de Puerto Rico, se ha publicado poco sobre el movimiento estadista de la Isla, aunque en los últimos años se han publicado artículos y libros respecto a esta temática. Pero de estas publicaciones, pocas han sido sobre la vida y obra de las personalidades que defendieron dicho ideal. Algunos de los personajes trabajados son Luis A. Ferré, José Celso Barbosa, Rafael Martínez Nadal, Leopoldo Figueroa, Federico Degetau y Miguel Á. García Méndez. Otro líder del cual se ha escrito es Manuel Rossy, publicado en el año 1981, y un pequeño libro sobre María Luisa Arcelay. Otros libros publicados han sido sobre Zaida “Cucusa” Hernández Torres, en forma de memorias, y acerca de Carlos Romero Barceló, que tuvo un formato parecido a entrevista.

El primer estadista que presentamos es Manuel F. Rossy y Calderón. La historiadora Pilar Barbosa, hija del padre fundador del estadoísmo, José C. Barbosa, escribió un libro sobre la vida de él, que fue publicado para el año 1981. Rossy y Calderón nació en San Germán el 23 de febrero de 1861. Cursó sus estudios primarios en Bayamón, y José Celso Barbosa fue su compañero de estudios. Su bachillerato lo realizó en el Colegio de los Jesuitas en San Juan. Estudió Derecho en España. En Granada, fundó La Reforma que era el órgano oficial del partido republicano zorrilista de esa ciudad.[2] Cuando regresó a Puerto Rico fue secretario del antiguo Colegio de Abogados (1884-1904), y cuando se fundó el nuevo Colegio de Abogado se le nombró vicepresidente de la Junta Directiva. Por catorce años fue secretario del Ateneo Puertorriqueño, tres años como su bibliotecario y dos años como su vicepresidente.[3] Fue un gran defensor del cooperativismo y de los derechos de los obreros.[4]

En la arena política, militó en el Partido Autonomista Puertorriqueño desde que esta colectividad se fundó en 1887. Fungió como periodista y por este medio defendía sus ideas políticas.[5] Fue secretario de Instrucción Pública (1897-1898),[6] presidente del Partido Republicano Puertorriqueño, estuvo en desacuerdo en disolver el Partido Republicano para unirse con el Federal para la creación del Partido Unión y fue presidente de la Cámara de Dele-gados (1900-1904).[7] En febrero de 1930, Manuel Rossy vuelve a presidir la Cámara de Representantes, luego de la desintegración de la Alianza.[8] En marzo de ese año, un grupo de aliancistas sacan de la presidencia a José Tous Soto[9] provocando que Rossy tuviera un colapso cardiaco, pero cuatro días después Tous Soto renuncia a la presidencia cameral, por lo cual Manuel Rossy y Calderón volvió a la misma. Por otra parte, ayudó a fundar el Partido Unión Republicana[10] y a la propagación de la estadidad. Fallece en agosto de 1932 ejerciendo sus funciones como presidente de la Cámara de Representantes.

Otro líder defensor de la estadidad fue Bolívar Pagán Lucca, quien nació el 16 de mayo de 1897 en el municipio de Guayanilla, Puerto Rico. Sus padres fueron Emilio Pagán y Elsa Lucca. Sus estudios primarios los realizó en Adjuntas y luego se mudó a la ciudad de Ponce, donde culminó la secundaria. Trabajó en varios periódicos, luego de graduarse de escuela superior, algunos de ellos fueron El día de Ponce, Renacimiento y Puerto Rico Ilustrado. En 1919 se convirtió en vicepresidente del Partido Socialista bajo la tutela del líder obrero Santiago Iglesias Pantín. En 1922 fue nombrado juez municipal de Fajardo. Fue tesorero de San Juan, senador, comisionado residente y administrador de San Juan. Contrajo segundas nupcias con Igualdad Iglesias, hija del fundador del Partido Socialista.[11] Durante toda su vida defendió la estadidad.[12] Veía a los Estados Unidos de América como su nación[13] y creía que la estadidad era “la federación de pueblos soberanos y libres bajo una sola gran bandera”[14] y como otra forma de independencia.[15] Fue un multifacético intelectual, ya que escribió varios libros: América y otras páginas, Lecciones del gobierno civil, Historia de los partidos políticos puertorriqueños (dos tomos), Ley municipal y Procerato puertorriqueño del siglo XIX. Esto sin contar todos sus artículos y discursos. Este servidor realizó su tesis de maestría en historia sobre la vida y labor intelectual de Bolívar Pagán Lucca.

Otro prócer estadista que no se mencionada regularmente es Celestino Iriarte. Prácticamente fue el líder principal del partido estadista de la década de 1940. Iriarte nació en San Juan en 1887. Se graduó de Derecho en 1910 y ejerció su profesión tanto a nivel estatal como federal. Fue delegado de la Junta Central del Partido Unión y candidato a la Cámara de Delegados para las elecciones de 1916. En 1920 fue elegido senador por el Partido Unión y reelegido para las elecciones de 1924 y 1928. Fue vicepresidente del Senado de 1930 a 1933. Fue senador hasta 1944. Perteneció a la Convención Constituyente, la Comisión de Estatus (1945-1946) y volvió al Senado en 1948.[16]

El movimiento estadista, para la década de 1940, tras sufrir una derrota en las elecciones de ese año, sufre el fallecimiento de su líder máximo, don Rafael Martínez Nadal, en 1941. En una contienda entre Celestino Iriarte y José Balseiro para presidir el Partido Unión Republicana, Iriarte logra ocupar la presidencia luego que lo eligiera el Partido en una asamblea. El grupo de Balseiro se reúne en Aguadilla para aprobar unas resoluciones en repudio a la asamblea anterior.[17] Fernando Bayron establece que Balseiro se reconcilia al asignarle el cargo de gobernador y miembro de la dirección del Partido y de la Coalición.[18] Bayron establece que el 4 de julio de 1948, bajo la presidencia de Celestino Iriarte, el Partido Unión Republicana Progresista decide cambiarle el nombre por el del Partido Estadista.[19]

Bajo el gobierno de la Coalición, Celestino Iriarte, en calidad de senador, presentó una moción para que se creara un Comité Especial para estudiar la Ley Jones y de esta manera se consideró el asunto del estatus de la Isla.[20] En la asamblea, celebrada el 19 de agosto de 1944 por el Partido Unión Republicana en el Teatro Tapia en San Juan, José Balseiro trajo la moción de que Celestino Iriarte fuera proclamado presidente nuevamente del Partido. En dicha reunión se solicitó la destitución del gobernador Tugwell.[21] El Partido Unión Republicana, junto con el Liberal y el Socialista, concertaron comités de conferencia para hacer un frente común al Partido Popular para las elecciones de 1944. El pacto se dio, cada partido tendría su propia identidad en su institución política, pero el cargo de comisionado residente sería para el Partido Liberal, el presidente senatorial sería un socialista y el presidente cameral sería del Partido Unión Republicana. De esta manera la Unión Republicana nominó a Iriarte como candidato a representante por acumulación para dichas elecciones.[22] En estas elecciones el Partido Popular ganó abrumadoramente, Celestino Iriarte, junto con Leopoldo Figueroa, logró el escaño a representante por acumulación.[23] Por otra parte, Celestino Iriarte estuvo de acuerdo con la redacción de la Constitución de Puerto Rico: en cambio, Miguel Á. García Méndez y Luis A. Ferré Aguayo estaban en contra de esta. Además, hubo controversia entre Iriarte y estos líderes porque estos últimos deseaban una presidencia colegiada en el Partido Estadista; aparte que Iriarte no había logrado la simpatía del electorado ni de los estadistas.[24]

Otros líderes estadistas, menos conocidos, son Antonio Reyes Delgado y Lino Padrón Rivera. Ambos fueron legisladores y miembros de la Convención Constituyente. ¿Cuál es la similitud entre ellos y la diferencia entre otros líderes estadistas? Al igual que Bolívar Pagán Lucca, ellos pertenecieron al Partido Socialista.

Hay poca información sobre ellos. Lino Padrón Rivera, según Jorge Farinacci Fernós, establece que Padrón posiblemente nació el 23 de septiembre de 1892. Se dedicó a la lucha por los derechos de los obreros y Farinacci expone “que se trataba de un hombre honesto, comprometido, íntegro y respetado por sus contemporáneos. Fue estudiante del Colegio de Agricultura de la Universidad de Puerto Rico, fundador del periódico El Estudiante, fundador del Partido Socialista”. Además, fue el candidato a alcalde del municipio de Vega Baja, fue vicepresidente (desde 1943) y presidente del Partido Socialista (desde 1951 cuando Bolívar Pagán renunció al cargo), senador y representante socialista. Así mismo, estuvo desde joven en el movimiento obrero. Cuando estudiaba en la Universidad, se dio cuenta que solamente las personas con dinero podían estudiar y graduarse de agronomía, y por esta razón comenzó su lucha a favor de los trabajadores y del socialismo. Su lucha sindical lo llevó a acercarse a la política del Partido Socialista. El líder socialista vio la amenaza de la división socialista (cuando se fundó el Partido Laborista) y por el auge del Partido Popular Democrático. En relación con el tema de nuestro escrito “Padrón Rivera sería un propulsor vehemente de la propuesta anexionista. Como consecuencia, era parte de una tradición hostil al nacionalismo puertorriqueño”.[25]

En la Convención Constituyente, Padrón Rivera insistía que toda propuesta estadista “tenía que incluir condiciones económicas favorables a la clase trabajadora, «no como quieren algunos partidos, unión permanente son condiciones económicas”.[26] De esta forma, Padrón Rivera creía, como otros socialistas de la época, en una estadidad en la cual los obreros tuvieran buenas condiciones económicas. Jorge Farinacci cita un discurso de Padrón Rivera sobre su postura a la estadidad:

“Mientras yo vea jíbaros que se acuesten sin comer, y mientras yo contemple el grave problema de la sobrepoblación, y mientras yo contemple el problema del desempleo no quiero unión permanente porque el pueblo de los Estados Unidos cuando desee que este pueblo declare que quiere la unión permanente debe tener el deber de ayudar a resolver esos problemas económicos para que exista la igualdad ciudadana y el bienestar económico sea una realidad… Nadie tiene derecho a dudar de la lealtad de este Partido Socialista hacia las instituciones democráticas americanas, y es nuestro deseo que este pueblo siga recibiendo los beneficios de la democracia y de las instituciones americanas… no le concedo a nadie para ser más americanos que nosotros. Ahora sí, yo concedo derecho a ser pitiyanquis.”[27]

De esta forma, Padrón Rivera reafirma su apoyo a las instituciones democrática de los Estados Unidos de América, pero poniendo énfasis a las condiciones económicas que debían estar por encima de cualquier estatus político. No era un defensor a ultranza de los estadounidenses, por tanto, podía ser considerado como un “americano”, pero jamás un pitiyanqui. Por otra parte, Farinacci Fernós expresa que el líder socialista:

“No evitó el tema del status, dada sus [sic] conocida afinidad estadidad. Claro está, era una estadidad a lo socialista… Para el dirigente socialista, primero iba el pueblo, por lo que había que rechazar cualquier intento autoimpuesto de «sometimiento». No obstante, este llamado anti-colonialista y rechazo a una postura de sometimiento ante los Estados Unidos, el mismo Padrón Rivera hizo referencia al «gran pueblo de los Estados Unidos» y al «pequeño pueblo de Puerto Rico»”.[28]

Por tanto, el lector puede percibir la defensa de Padrón Rivera a las instituciones estadounidenses en Puerto Rico por parte de Padrón Rivera, pero primero iba el bienestar social y económico del pueblo puertorriqueño. Combatió el colonialismo, aunque glorificaba al pueblo estadounidense. Farinnacci explica que los socialistas, más que defender la estadidad, tenían una campaña en contra de la colonia. Farinacci cita a Padrón Rivera cuando el constituyente expresó: “«El Partido Socialista condena el sistema colonial por ser anacrónico e incompatible con la libertad y el derecho de nuestro pueblo… preferimos la estadidad a la independencia».[29] Por otra parte, Padrón Rivera, contestando al líder estadista-republicano Miguel Á. García Méndez, expresó que:

El sistema americano no es el sistema de explotación y tiranía, ni el sistema de matar por hambre a los ciudadanos, ni es el sistema de no reconocer el derecho de los obreros a vivir una vida decente. Eso no es el sistema americano… Si yo tengo que ser americano, primero, y después socialista, yo renuncio a eso. Yo soy primero socialista y después americano; americano en cuanto a las instituciones democráticas, pero no americano en cuanto a la explotación del sistema capitalista americano.[30]

El otro dirigente socialista y estadista fue Antonio Reyes Delgado. Según Jorge Farinacci Fernós, en su libro ya citado, Reyes Delgado nació en Jayuya el 18 de abril de 1900. Su membresía al Partido Socialista no fue ininterrumpida y participó en la asamblea que se fundó el Partido Laborista Puro que fue una disidencia del Partido Socialista. Pero en 1943 regresó al Partido Socialista.[31] En la Convención Constituyente, “fue Reyes Delgado quien articuló la visión estadista de los socialistas”.[32] Además, el constituyente Delgado manifestaba que la influencia de los Estados Unidos de América era benefactora, especialmente en las libertades individuales, pero que él era defensor de la estadidad.[33] En una nota al calce, Jorge Farinacci transcribe unas expresiones de Antonio Reyes Delgado sobre la bandera de los Estados Unidos de América:

Cuando la veo pasar en las paradas me electrizo; pero no es porque sea la bandera del pueblo, de la nación que ejerce su soberanía sobre Puerto Rico, es porque ésa es la bandera que significa la igualdad de los hombres ante la ley; porque es la bandera que garantiza la libertad para todos los pueblos del mundo, porque es la bandera que tiene en sí la historia de la lucha, el sacrificio y la devoción por la democracia, por la libertad y por el bienestar de los pueblos.[34]

Antonio Reyes Delgado manifestaba que la estadidad era un ideal honroso dentro del Partido Socialista, pero dejaba en libertad a sus miembros a que escogieran su preferencia de estatus. Delgado manifestaba que, en el caso de su persona, se había ocupado “de una manera militante, agresiva, la atención del pueblo puertorriqueño para predicarle la conveniencia, para el pueblo puertorriqueño, de que Puerto Rico sea un estado de la Unión americana”. De esta manera, fue un defensor arduo de la estadidad y procuró que el pueblo eligiera esa fórmula de estatus. Por tanto, él expresó que: “¡Yo continuo [sic] siendo partidario de la estadidad para Puerto Rico hasta la intransigencia y el sacrificio, pero no hasta la intemperancia de imponérsela a mis compatriotas!”.[35]

Por último, en una de las alocuciones de Reyes Delgado en la Convención Constituyente expresó el porqué era estadista:

“Yo me llamo americano… Yo no soy partidario de la estadidad, porque Puerto Rico haya de ganar más económica o políticamente. Estoy convencido, sin embargo, que ganará más en ambos sentidos. Yo soy partidario de la estadidad, porque yo creo en la república universal”.[36]

Otro líder estadista fue Ángel Viera Martínez, quien fuera presidente de la Cámara de Representantes en dos ocasiones (1969-1973 y 1977-1981). Para las elecciones de 1980, la Cámara de Representantes quedó empate entre los dos partidos principales (25 del Partido Nuevo Progresista y 25 del Partido Popular Democrático). Por medio de diversas conversaciones, y con el aval de los presidentes de ambas colectividades políticas (Carlos Romero Barceló y Rafael Hernández Colón respectivamente), Viera Martínez presidiría el cuerpo legislativo en los primeros dos años del cuatrienio y los otros dos el representante popular Severo Colberg Ramírez. Muchos miembros de los dos partidos catalogaron dicho acuerdo como “alta traición”. Desde 1983 se desafilió del Partido Nuevo Progresista para unirse con el exalcalde de San Juan, Hernán Padilla en el Partido Renovación Puertorriqueña. En dicha agrupación política corrió para el cargo de la comisaría residente.[37]

Otro dirigente estadista fue Baltasar Corrada del Río. Por tres décadas fue una de las personalidades más destacadas del Partido Nuevo Progresista. Fue comisionado residente (1977-1985), alcalde de San Juan (1985-1988), candidato a la gobernación (1988) y secretario de Esta-do en el primer cuatrienio de Pedro Rosselló González. Este último nominó a Baltasar Corrada como juez asociado del Tribunal Supremo, puesto que ocupó entre 1995 y 2005. Cuando fue secretario de Estado participó en el cambio de mando de la base naval Roosevelt Roads en Ceiba. Falleció en el 2018 a los 82 años, y las causas de su desencarnación se desconocen, pero fue paciente de Alzheimer. Tuvo cuatro hijos y catorce hermanos (uno de ellos Álvaro Corrada del Río - obispo de Mayagüez).[38] Corrada del Río fue uno de los líderes contemporáneos que más luchó a favor de la estadidad para Puerto Rico.

Otra personalidad estadista es Hernán Padilla, quien fue médico, legislador y alcalde de San Juan (1977-1985) por el Partido Nuevo Progresista. Sus comienzos en la política fueron en la década de 1960 cuando se unió a la lucha de Luis A. Ferré Aguayo para defender la estadidad en la consulta de estatus de 1967. Estaba cansado, junto con otros jóvenes de la época, de la forma de llevar el movimiento estadista por el Partido Estadista Republicano. Ayudó a Ferré a fundar, primero Estadistas Unidos, que iba a defender el ideal estadista en el plebiscito de 1967, y luego aportó a la fundación del Partido Nuevo Progresista. En 1983 trató de aspirar a la gobernación por el Partido Nuevo Progresista, pero por la lucha con el entonces gobernador penepé Carlos Romero Barceló, fundó el Partido de Renovación Puertorriqueña. Con este partido corrió a la gobernación, no logrando dicho cargo. Después de los comicios de 1984 se fue a vivir a los Estados Unidos de América y muchos años después volvió a la política apoyando campañas a favor de la estadidad. Muchos lo han acusado de la derrota del Partido Nuevo Progresista en las elecciones de 1984. Hernán Padilla ha sido un defensor incansable de la estadidad como un medio de igualdad de los ciudadanos estadounidenses en Puerto Rico.[39]

En conclusión, en este artículo se trató de resaltar brevemente la vida y obra de algunos líderes estadistas que han sido olvidados o no han sido estudiados a profundidad. Falta indagar aún más las mujeres que han aportado a la lucha por la estadidad de Puerto Rico. Es menester que la historiografía puertorriqueña amplíe esta parte de nuestra historia política. Al final de este ensayo, hay dos bibliografías. La primera, son las fuentes que utilicé para este artículo. La segunda tiene como objetivo una pequeña fuente para todos aquellos que anhelan profundizar la historia del anexionismo puertorriqueño.

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Ediciones especiales de periódicos

“Hasta siempre, dos Luis”, El Nuevo Día, 25 de octubre de 2003.

“Luis A. Ferré 1904-2003”, El Vocero, 22 de octubre de 2003.

Artículos de revistas

Arce de Franklin, Julita. “¿Qué haría el P.E.R. en el poder?” Alma Latina, Diciembre de 1962, 15-17, 54.[40]

Flores Collazo, María Margarita y Barceló Miller, María, “Ricarda López de Ramos Casellas: Sufragista, educadora y republicana (apuntes sobre una colección particular)”. Op. Cit., 2002, 333-345.

Artículos de Internet

Almeida, Manuel S y Rodríguez Santiago, Elizabeth, “La estadidad sí es una opción descolonizadora”. Accesado en www.80grados.net/la-estadidad-si-es-una-opcion-descolonizadora, 28 de junio de 2019.

Bernabe, Rafael y Rodríguez Banchas, Manuel, “El independentismo y la estadidad”. Accesado en www.80grados.net/el-independentismo-y-la-estadidad, 12 de abril de 2019.

Discursos

Pagán Lucca, Bolívar Constitución para Puerto Rico Puerto Rico: Ateneo Puertorriqueño, 1951.

Pagán Lucca, Bolívar Homenaje a Miguel Á. García Méndez Puerto Rico: n.p., 1937.

Pagán Lucca, Bolívar La personalidad de Barbosa Puerto Rico: n.p., 1941.

 


[1] Ramón J. Amador Vélez reside en Quebradillas. Tiene un bachillerato en educación secundaria en Historia en la Universidad Interamericana de San Germán y una maestría en Historia de la Universidad Interamericana, recinto Metropolitano. Actualmente es maestro de historia de séptimo y octavo grado en Hatillo. Está afiliado al movimiento de los Socialistas democráticos de América de los Estados Unidos de América.

[2] Pilar Barbosa, Manuel F. Rossy y Calderón: ciudadano cabal (1861-1932) (Puerto Rico: n.p., 1981), 18.

[3] Ibid., 25.

[4] Ibid., 28-36.

[5] Ibid., 36-37.

[6] Ibid., 46.

[7] Ibid., 59-64.

[8] La Alianza fue una colectividad política que unificó a los unionistas y a un sector del Partido Republicano para 1924. En 1929 Antonio Barceló, líder de los unionistas, se separó de la Alianza.

[9] José Tous Soto fue presidente del Partido Republicano luego de la desencarnación de José Celso Barbosa y fue quien propuso al Partido el unirse con el Partido Unión.

[10] Partido Unión Republicana fue la unión de los aliancistas y de los republicanos puros, dirigidos por Rafael Martínez Nadal, que no participaron en la alianza con el Partido Unionista.

[11] Daniel E. Lungren y Robert A. Brady, Hispanic Americans in Congress 1822-2012 (Washington D.C., EE.UU., U.S Government Printing Office, 2013), 308.

[12] Bolívar Pagán, Constitución de Puerto Rico (n.d: n.p., 1951), 16.

[14] Bolívar Pagán, La personalidad de Barbosa (Puerto Rico: n.p., 1941), 4-5.

[15] Bolívar Pagán, Constitución de…, 22.

[16] “Celestino Iriarte Miró”, en https://www.senado.pr.gov/Pages/ Past%20VicePresidents/ciriarte.aspx, consultado el 14 de junio de 2020.

[17] Mario Ramos, Posesión del ayer. La nacionalidad cultural en la estadidad (San Juan, P.R: Isla Negra Editores, 2007), 81.

[18] Fernando Bayron Toro, Elecciones y partidos políticos de Puerto Rico (Mayagüez, P.R.: Editorial Isla, 1989), 201.

[19] Ibid., 209.

[20] José Luis Colón González, Dr. Leopoldo Figueroa. El ideario de un decano 1886-1969 (Puerto Rico: Oficina del Historiador Oficial de Puerto Rico, 2012), 40.

[21] Ibid., 44.

[22] Ibid., 45-46.

[23] Ibid., 47.

[24] José Luis Colón González, Dr. Leopoldo Figueroa, 106-107.

[25] Jorge M. Farinacci Fernós, La Constitución obrera de Puerto Rico. El Partido Socialista y la Convención Constituyente (Puerto Rico: Ediciones Huracán, 2015), 94-100.

[26] Ibid., 151-152.

[27] Ibid., 152.

[28] Ibid., 163.

[29] Ibid., 171.

[30] Ibid., 143.

[31] Ibid., 103.

[32] Ibid., 163.

[33] Ibid., 164.

[34] Ibid., 165.

[35] Ibid., 167.

[36] Ibid., 168.

[37] Magdalys Rodríguez, “Muere un ejemplo de un líder cameral”, El Nuevo Día, 7 de diciembre de 2005, 32.

[38] Xuaem Tirado Ramos, “Lamentan Muerte de Corrada del Río”, El Nuevo Día, 12 de marzo de 2018, 18.

[39] Benjamín Torres Gotay, “Entrevista a Hernán Padilla. ‘La historia no se puede rehacer’”, El Nuevo Día, 11 de julio de 2021, 10-11.

[40] El PER es el Partido Estadista Republicano. Este artículo fue una entrevista a Luis A. Ferré Aguayo.


sábado, 29 de enero de 2022

Apuntes sobre Epidemias en Puerto Rico: desde la viruela hasta el COVID-19

Apuntes sobre Epidemias en Puerto Rico: desde la viruela hasta el COVID-19
Por Pablo L. Crespo Vargas

En Puerto Rico, y en el mundo entero, el año 2020 será recordado como el de la pandemia del COVID-19 (aunque aún en el 2022 seguimos en la expectativa de que la situación mejore). El virus, aparentemente, surgió en la ciudad de Wuhan, en China, a finales de 2019 y se propagó alrededor del mundo de una manera acelerada causando agonía y muerte. Las estadísticas al 28 de febrero de 2021 indicaban que sobre 114 millones de personas ya habían sido contagiadas. La mortandad ya superaba los 2.53 millones de individuos. Los países más afectados eran Estados Unidos, India, Brasil, Rusia, México y el Reino Unido. En Puerto Rico, a esa misma fecha, se habían reportado 134 mil casos y 2,032 muertes. Cifras que lamentablemente seguirán aumentando durante todo este 2021. (Al 27 de enero de 2022: 367 millones de personas en el planeta se habían contagiado, 5.65 millones de individuos habían muerto. En Puerto Rico los contagios van por 485 mil casos y 3,773 muertes.)

Los efectos y complicaciones que el COVID-19 desarrolló en Puerto Rico motivaron al historiador Luis Caldera Ortiz a escribir y publicar este libro, donde se recuentan los diversos episodios epidémicos en la zona. A su vez, se muestra y se actualiza la bibliografía relacionada a la historia de la medicina y de los cuidados de salud en la Isla.

La obra está dividida en capítulos que tiene una base cronológica. El primer capítulo es sobre los brotes y epidemias del siglo XVI, en él se presentan las primeras enfermedades reportadas en Puerto Rico. El capítulo tiene dos subtemas principales: los antiguos tratamientos médicos y el surgimiento de los primeros hospitales.

El segundo capítulo es sobre el siglo XVII. Se destacan las epidemias de 1648 y 1681. El tema de los hospitales se continúa desarrollando y se habla de las primeras medidas de salubridad que el gobierno estableció para evitar grandes brotes epidémicos.

El siguiente capítulo es sobre el siglo XVIII. En este periodo los hospitales comienzan a desarrollarse y el autor le dedica un espacio a los siguientes: Antiguo Hospital Militar, Hospital Nuestra Señora de la Concepción y el Hospital Real Militar Nuevo.

El cuarto capítulo trabaja el siglo XIX. Este periodo fue uno de mucho impulso en el desarrollo de la medicina. El autor enfatiza en el desarrollo de la vacuna y su uso en la Isla. También es el siglo donde la cólera nos golpea fuertemente y figuras como Ramón Emeterio Betances brillan por su disposición a ayudar a los más necesitados.  

El quinto apartado va dirigido a presentar los brotes epidémicos y las enfermedades principales que se dan en los siglos XX y XXI. La epidemia de influenza de 1918, en el siglo XX, y el COVID-19, cien años después, son los principales temas en este capítulo.

En fin, la obra es una excelente fuente de referencia y nos muestra que las enfermedades epidémicas han estado latentes en nuestra historia, aunque no necesariamente la población esté consciente de ello.

Para adquirir el libro puede pedirlo por Amazon al siguiente enlace: https://www.amazon.com/Epidemias-Puerto-Rico-viruela-COVID-19/dp/B08XS6TTXW/ref=sr_1_3?crid=1702GVVUTXREE&keywords=luis+caldera+ortiz&qid=1643507782&s=books&sprefix=Luis+Caldera+%2Cstripbooks%2C140&sr=1-3

lunes, 3 de enero de 2022

Los Estados Unidos y su conflicto interno

Los Estados Unidos y su conflicto interno
Pablo L. Crespo Vargas

En la actualidad algunos estudiosos comentan y analiza la posibilidad de una eventual guerra civil producto de las diversas situaciones conflictivas existentes en los Estados Unidos y que bajo la presidencia de Donald Trump y su reciente derrota eleccionaria han llegado a un punto de ebullición. Las situaciones conflictivas existentes en este país van desde los problemas raciales hasta las desigualdades sociales. Dentro de ellos existen varios agravantes de gran impacto tales como el poco control que se tiene sobre la distribución, venta y manejo de armas y que es representativo de una sociedad que desde sus inicios le ha rendido culto a la violencia. Las enfermedades mentales y el alto consumo de opioides son atenuantes a toda esta situación.

La llamada democracia estadounidense, donde no se necesita el voto mayoritario para controlar el país, es otro punto que da fragilidad a un sistema que desde la visión macro es imperial. Aspecto que en Puerto Rico aún se debate, mientras que en la metrópoli el análisis gira sobre qué tipo de imperio se es. Claro, una visión colonizada no deja entender esta discusión.

Una horca cerca del Capitolio de los Estados Unidos durante el asalto del 6 de enero de 2021.
Foto de Tyler Merbler con licencia CC 2.0

Históricamente, los Estados Unidos surgieron de la violencia. Los primeros asentamientos ingleses a finales del siglo XVI (Roanoke) y principios del XVII (Jamestown, Virginia) vivieron momentos de conflicto para poder sobrevivir. En ese periodo histórico, la naciente sociedad era una fronteriza y como toda frontera esta era defendida a sangre y fuego.

Un poco más al norte, ya en el siglo XVII, se desarrolla otra sociedad. La llegada de los llamados peregrinos o puritanos bordó la región que luego se conocería como Nueva Inglaterra. Esta era una sociedad enmarcada en unos principios cristianos fundamentalistas donde la violencia era justificada en nombre de Dios (ejemplo: la caza de brujas en Salem, la persecución de católicos, la eliminación de las sociedades indígenas, entre otros).

Eventualmente hubo una diversidad de migraciones que fueron ampliando la sociedad colonial, aunque dentro de ella las diferencias eran marcadas. Los conflictos con la metrópoli, especialmente los relativos a los asuntos económicos, provocaron la eventual separación de las Trece Colonias de Inglaterra. Anterior y posterior a la Guerra de Independencia los conflictos con los indígenas fueron un asunto común y hasta un detonante en contra del Reino Unido, donde algunas de sus políticas eran en beneficio de los nativos en menoscabo a los intereses expansionistas de los colonos (ejemplo: Proclamación de 1763).

Desde sus inicios, la República de los Estados Unidos presentó divisiones de todo tipo y prejuicios que hasta se enmarcaban de manera legal (ejemplo: valorización de la población esclava a 3/5 partes con relación a un hombre libre, falta de derechos de las mujeres y negros libertos, entre otros). La república fue construida pensando en los derechos y privilegios de una población masculina, blanca y adinerada. Esclavos, negros, pobres, mujeres eran ciudadanos de segunda categoría, los amerindios, ni siquiera eso (no fue hasta 1924 que se le otorgó la ciudadanía).

La guerra de 1812 a 1815 en contra de Inglaterra puso en conflicto las dos visiones existentes en ese momento sobre a qué poder europeo seguir: por un lado, Francia (los demócrata-republicanos que dominaban el sur), por el otro, Inglaterra (los federalistas que dominaban Nueva Inglaterra). Aunque la historiografía oficialista da como vencedor a los Estados Unidos, la realidad fue que la ciudad de Washington fue incendiada, la invasión a Canadá fue rechazada y la gran victoria que todos celebran como la conclusión de la guerra en Nueva Orleans (8 de enero de 1815) fue ganada luego de firmado el Tratado de Gantes (12 de diciembre de 1814). A todo esto, lo que muchos olvidan es que la última batalla fue la del Fuerte Bowyer (12 de febrero 1815) y los estadounidenses fueron derrotados (al día siguiente llegó la notificación de que la guerra había finalizado).  

La Guerra de Secesión fue otro episodio donde las discrepancias sociales abonaron a la separación de una parte de la Unión, lo que provocó un conflicto que costó la vida a casi 700,000 personas. Sin embargo, la guerra solo resultó en establecer unos estatutos de manera legal, el racismo y la discriminación continuó.

Luego de la Guerra de Secesión, el expansionismo llevó a consolidar los territorios adquiridos durante las guerras contra los indígenas y los mexicanos. Cuando el país ya había logrado su actual extensión territorial continental se expandió hacia el Caribe y el Pacífico. Internamente las heridas continuaron y son demostradas con la creación de grupos radicales como el Ku Klux Klan. El conflicto secesionista evolucionó a un verdadero conflicto civil.

Los Estados Unidos tiene la peculiaridad de ser una nación construida de inmigrantes. En ella se pueden encontrar diversidad étnica y de clero, pero a su vez, esto no ha detenido las ideas radicales de pureza de sangre de algunos. Ideas que son las causantes de un posible conflicto de grandes proporciones.

Nota original publicada en El Post Antillano, 15 de enero de 2021.

jueves, 23 de diciembre de 2021

Comentarios sobre la 4ta ed. La Inquisición española y las supersticiones en el Caribe hispano hasta 1632

Comentarios sobre la 4ta ed. La Inquisición española y las supersticiones en el Caribe hispano hasta 1632
Pablo L. Crespo Vargas


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Algunos me preguntan sobre mi interés por el estudio de las artes mágicas desde un enfoque histórico y antropológico. Al contestar pienso en la interacción tenida sobre una diversidad de creencias a las que estuve expuesto desde muy temprana edad y que ayudó al desarrollo de una curiosidad por temas que para algunos parecían incómodos. La experiencia de conocer vivencias heterogéneas, donde se crean mundos paralelos que divergen ante una realidad oficial y que son propensos a gestar un mito, ayudaron a la formación de una mentalidad abierta y dispuesta a dejar a un lado los prejuicios que se promueven en beneficio de unos y en detrimento de otros. La búsqueda de respuestas que expliquen cómo está organizado nuestro cosmos cultural y social y de poder analizar el ambiente, tanto físico como espiritual, es esencial para el forjamiento de nuestra historia. El estudio de las artes mágicas, para algunos, o supersticiones, para otros, y su relación con la oficialidad son la base de una serie de investigaciones que comenzaron a ser presentadas con la publicación en 2011 de la primera edición de esta obra. Sin embargo, la investigación formal y de manera metodológica inició catorce años antes.

En 1997, mientras estudiaba el bachillerato en educación secundaria en historia en la Universidad Interamericana de Puerto Rico, recinto de San Germán, decido entrar al proyecto Ronald E. McNair Postbaccalaureate Achievement Program, que se dedica a la formación de investigadores a nivel subgraduado con la intención de que estos continúen estudios graduados y postgraduados. Allí tuve la oportunidad de comenzar estudios de fuente primaria bajo la tutela del Dr. René Velázquez, quien era custodio de varios casetes de micropelículas provenientes del Archivo Histórico Nacional en Madrid, donde se encontraban los libros referentes a las causas de fe del Tribunal de la Inquisición en Cartagena de Indias. 

Los libros de causas de fe son una recopilación de las actas donde se resumen los procesos inquisitoriales. Originalmente, las actas eran enviadas, como requisito de audición, desde los tribunales regionales hacia la Suprema, corte principal del Santo Oficio, la cual estaba ubicada en Madrid. Los documentos, copiados en varias ocasiones, luego de ser revisados se enviaban de vuelta con comentarios y recomendaciones que debían seguirse. En la actualidad, los libros de las causas de fe son vistos como un repositorio de información etnográfica de gran valor y una muestra de la funcionalidad estatal del Santo Oficio. 

En mi caso, los libros de actas fueron la base para el estudio de la hechicería y brujería caribeña. En los primeros meses comencé a recopilar información etnográfica de algunos de los casos. Realicé estadísticas y en menor peso trabajé un análisis del discurso. En esta etapa era algo preliminar. Con las estadísticas desarrolladas fui enviado a representar el programa de San Germán en una exposición que se realizó en la Universidad de Madison-Wisconsin en 1998. Un año después defendí la investigación en la Universidad Interamericana en San Germán; solo cubría los autos de fe de 1614 y el trasfondo histórico era el mínimo requerido, un trabajo de 25 páginas.

Al comenzar la maestría en historia en 1999, y siguiendo los consejos de varios académicos, tomé cursos de paleografía para afinar mi entendimiento del castellano del siglo XVI y XVII, a la vez que comencé, de poco a poco, a crear un banco de información etnográfica sobre los procesados. Luego de varios tropiezos y periodos fuera de la universidad, en 2009, comienzo de lleno el estudio teórico sobre los imaginarios religiosos desde un punto de vista histórico y voy identificando fuentes secundarias que fueran fortaleciendo mi conocimiento etnográfico y antropológico sobre la brujería, la hechicería, las artes mágicas de manera general, la inquisición y la historia del pensamiento religioso. Logré defender mi tesis de maestría en marzo de 2011 con el título de Supersticiones en el Caribe hispano a principios del siglo XVII: un recuento de creencias según las relaciones de fe de la inquisición en Cartagena de Indias, bajo la dirección del Dr. Ángel L. Vélez Oyola. 

De allí paso a trabajar en la primera edición de esta obra, la cual fue publicada en agosto de ese año por la Editorial Palibrio en Bloomington, Indiana, su título fue La Inquisición española y las supersticiones en el Caribe hispano a principios del siglo XVII: un recuento de creencias según las relaciones de fe del Tribunal de Cartagena de Indias. La obra participó en el certamen de obras publicada para el mismo año, premiada en el 2013 con el Primer Premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña, entrando como ensayo investigativo. 

En 2013 decidí publicar una segunda edición en un proyecto editorial alternativo conocido como Editorial Akelarre. Aunque era una segunda edición se decidió modificar su nombre y acórtalo a La Inquisición española y las supersticiones en el Caribe hispano: siglo XVII. Este libro fue reseñado por el prestigioso historiador español Esteban Mira Caballos. 

La tercera edición fue publicada en 2018 bajo el auspicio del Centro de Estudios e Investigaciones del Suroeste (CEISO) de Puerto Rico, nuevamente hubo una modificación en su título: La Inquisición española y las supersticiones en el Caribe hispano: 1610-1632. 

Esta cuarta edición, lanzada en versión comercial, para quien interese adquirirla en papel, y con licencia de Creative Commons 4.0: Reconocimiento / No comercial / Sin obra derivada / Internacional para los interesados en bajarla gratuitamente en pdf, tiene el título de La Inquisición española y las supersticiones en el Caribe hispano hasta 1632.

Como se puede ver, cada una de las ediciones tiene un título distinto, aunque guardando ciertas similitudes. Esta práctica no es común, aunque es parte de mi intención de darle un carácter distinto a cada una de estas obras, proponiendo cualidades en específico que sirvan de interés al lector; aparte de que este pequeño detalle es el producto de la creencia de que el conocimiento evoluciona y nos ayuda a seguir creciendo. 

En el título de la primera edición se deseaba dar peso a la fuente primaria inquisitorial de Cartagena de Indias; sin embargo, solo en un capítulo es utilizada. La obra en sí presenta diversos temas, representados en cada uno de los capítulos. Los primeros cuatro capítulos tienen el fin de servir de referencia para posteriores estudios. La segunda edición buscaba enfatizar que el campo de estudio investigado aplicaba a todo el siglo por las similitudes que se dan y que pueden ser apreciadas en la continuación de este libro: El demonismo en el Caribe hispano: Primera mitad del siglo XVII, obra surgida de mi disertación doctoral. No obstante, la realidad es que la pretensión fue mucho más abarca-dora de lo que se presenta. En la tercera edición se buscaba destacar el periodo que cubre la investigación documental de los autos de fe: 1610-1632. Ahora bien, contrario a lo esperado, los archivos no necesariamente siguen un orden cronológico y aunque se diga que en ellos están los procesos de un periodo específico, la realidad puede ser otra. En esta cuarta edición se simplifica el título y se aprovecha para crear una versión de acceso libre en celebración al décimo aniversario de la obra.


miércoles, 22 de diciembre de 2021

La conceptualización de los afropuertorriqueños en Ebenecer López Ruyol

La conceptualización de los afropuertorriqueños en Ebenecer López Ruyol
Pablo L. Crespo Vargas

A mediados de diciembre de 2020, el Dr. Félix Miguel Cruz Jusino publicó Ebenecer López Ruyol y la conceptualización de la identidad del puertorriqueño negro, el cual es una versión editada de su tesis doctoral defendida durante este pasado semestre. La obra, de carácter biográfico, se enmarca en un análisis de las aportaciones y la experiencia de vida de Ebenecer López Ruyol, específicamente las que lo llevaron a conceptualizar la identidad de los afropuertorriqueños dentro de un movimiento desarrollado en las últimas cuatro décadas y que busca visibilizar los rasgos de la negritud en nuestra Isla. 
Por siglos, la negritud puertorriqueña ha sido marginada y dejada al olvido de manera general, aunque las aportaciones de este sector poblacional son más que evidentes. López Ruyol consciente de este hecho, y muy bien explicado por Cruz Jusino, promovió una serie de movimientos dirigidos a crear espacios reflexivos y demostrativos de que la negritud es parte de nuestro acervo histórico-cultural.  

La edición del escrito original fue de la Dra. Nancy Santiago Capetillo y la relativa a la publicación estuvo en manos del equipo editorial del Centro de Estudios e Investigaciones del Sur Oeste de Puerto Rico, ubicado en Lajas. La obra consta de 238 páginas y varias ilustraciones (fotos). Su epígrafe presenta el poema “Quiero respirar”, cuya autoría es del propio López Ruyol. En sí, la obra tiene cuatro capítulos, donde se incluye la introducción, donde explica y demuestra el trasfondo histórico de la investigación. El segundo capítulo analiza la afropuertorriqueñidad como elemento de afirmación identitaria. El tercer apartado trabaja el proceso formativo de López Ruyol y cómo se desarrolló su conciencia identitaria. El cuarto capítulo nos presenta los resultados de todo este proceso evolutivo, el cual llevó al empoderamiento del puertorriqueño negro en los procesos sociopolítico y en la lucha por la igualdad. La obra presenta una conclusión sólida y dirigida a resaltar, lo que por siglos se ha tratado de esconder, la magnitud de la aportación negra en la formación del puertorriqueño. Luego de la conclusión, se presentan los comentarios de cuatro historiadores (Nancy Santiago Capetillo, José Luis Vargas, Aida Mendoza y Pablo L. Crespo Vargas) sobre el autor y su contribución a la historia del país con este nuevo libro. El libro se puede conseguir tanto en versión digital Kindle como en carpeta blanda.  

La versión original de este artículo se publicó en El Post Antillano, el 26 de diciembre de 2020.

miércoles, 8 de diciembre de 2021

De La Cuarta para el mundo, el Festival Nacional Afrocaribeño nos pone en contacto con nuestra esencia

De La Cuarta para el mundo, 
el Festival Nacional Afrocaribeño nos pone en contacto con nuestra esencia
Por: Bella Martínez
Fotos: Conrado Pastrano

Ángel “Papote” Alvarado, quien es además compositor, percusionista, líder vocal y fundador del Grupo Esencia; gesta cultura abonando nuestra raíz afrocaribeña cada año, asegurándose de llevar al Barrio La Cuarta de Ponce -que le vio crecer- el Festival Nacional Afrocaribeño. Usualmente, el evento sucede en junio de cada año. No obstante, este año -por motivo de la emergencia sanitaria mundial que trajo consigo la pandemia que todavía nos amenaza- el icónico festival anual se celebró del 19 al 21 de noviembre de 2021 en su sede habitual.

El viernes 19 y coincidiendo con el día de la puertorriqueñidad, Ángel “Papote” Alvarado inició las fiestas para dar lugar a la edición 22 del festival que cada año hace del barrio el centro de nuestra cultura afrodescendiente. Este año, durante el festival se le rindió homenaje a Willie Rosario, Ottoniel Vélez, Jesús Chu López y Héctor Pochy Gastón.

La oferta musical del viernes 19 contó con: Los Cimarrones, Robert Burgos y Descarga Zasón además del estelar Míster Afinque. La orquesta de Willie Rosario ha deleitado con su singular formato compacto y ha permanecido activa por más de seis décadas durante las que ha sonado bajo la dirección del mismo maestro Rosario a quien el bailador salsero mantiene en el tope de su preferencia dentro del ambiente que agrupa solo a conocedores.

Al cierre de la primera noche del festival a cargo de la impecable presentación de la Orquesta de Willie Rosario le antecedió un merecidísimo homenaje al director de orquesta más longevo y en vigencia dentro del sonido salsero. Luego, el autor de la biografía autorizada de Míster Afinque -Robert Téllez- exaltó al maestro Rosario con unas emotivas palabras. Acto seguido, “Papote” Alvarado agradeció a Robert por su apoyo al quehacer cultural afrocaribeño al tiempo que le hizo entrega de un afiche conmemorativo de la edición 22 del festival. El afiche contiene una foto por un fotógrafo que se destaca como uno de los conocedores culturales más comprometidos con el quehacer salsero: Conrado Pastrano. 

Cabe destacar que el periodista Robert Téllez, quien es además conocido como “el más que sabe de salsa” viajó desde Colombia al Barrio La Cuarta de Ponce a ser parte del festival y específicamente para acompañar al artista objeto de su obra “Willie Rosario, el Rey del Ritmo” durante el homenaje. El maestro Rosario nos arrancó carcajadas cuando en su habitual tono serio y firme, afirmó micrófono en mano que agradecía el homenaje, al tiempo que aseveró ser merecedor del mismo.

El sábado 20 se presentaron: Boricua y de Mayagüez, Homenaje a Héctor “Pochy” Gastón y Jesús López, Ángel “Papote” Alvarado y El Grupo Esencia, El Apollo Sound de Roberto Roena cantando Carlos Santos y Tito Cruz. El domingo 21, la tarima se engalanó con Ausuba, Bambalué, Homenaje a Ottoniel Vélez, Guayacanes de San Antón y Abran Paso, cantando Pichíe Pérez y Rafy Santana.

Este 2021 se hubiera celebrado la edición número 23 del festival. Sin embargo, la edición del año 2020 fue cancelada. De manera estoica, el equipo en apoyo a la persistencia del presidente y fundador del Comité Pro Nuestra Cultura -“Papote”- que cuenta con el apoyo incondicional de William Rodríguez Thillet no se rindió para que esta edición 2021 se lograra. Siguiendo todas las normas que el protocolo COVID-19 exige, el público se dio cita pudiendo deleitarse con un espectáculo de lujo. La seguridad y el estacionamiento añadió comodidad y conveniencia al evento. El festival contó, como de costumbre, con un despliegue de artesanos y quioscos, con lo mejor de la fritanga puertorriqueña.

Por más de dos décadas, que se dicen fácil pero que son veintidós luchas en beneficio de la cultura y su permanencia, Ángel “Papote” Alvarado ha mantenido nuestra cultura afrolatina a flote, más allá del linde de la perla sureña. ¡Enhorabuena!

Mucha buena energía, salud y éxito para este músico y gestor cultural que carga sobre sus hombros un legado invaluable. Por lo demás, quedamos pendientes a la próxima edición de este imperdible festival que se celebra cada año. En el mientras, sigamos la trascendental gesta de su Grupo Esencia.

Willie Rosario junto a su biógrafo: Robert Téllez

Orquesta de Willie Rosario

Robert Téllez recibiendo el afiche conmemorativo de manos de Ángel “Papote” Alvarado

Ángel “Papote” Alvarado junto a Willie Rosario durante el homenaje a Míster Afinque

Bella Martínez y Conrado Pastrano








jueves, 18 de noviembre de 2021

Brevísima relación del “descubrimiento” de Burenquén según sus testigos y cronistas

Brevísima relación del “descubrimiento” de Burenquén según sus testigos y cronistas
Por Dr. Armando J. Martí Carvajal
Historiador

Preámbulo a nuestra historia

En el “Primer Viaje”, como todos sabemos, el almirante Cristóbal Colón viajó en La Santa María, pero esa nave encalló en la costa norte de La Española y su madera se utilizó para construir el Fuerte de Navidad. En ese momento Martín Alonso Pinzón -en La Pinta- se había separado, sin el permiso del Almirante, de la expedición. Ante esto, el Almirante se vio obligado a abandonar a la tripulación de La Santa María en la isla y transferir su bandera a La Niña, la más pequeña y maniobrable de sus tres buques, para regresar a Castilla.

Durante el difícil regreso a Castilla, Colón estableció una buena relación con el capitán de la nave, Vicente Yáñez Pinzón. Más allá, la nave debe haber agradado a Colón, pues en su “Segundo Viaje” regresó a las Indias, con Pinzón en La Niña. Este capitán de La Niña, Vicente Yáñez Pinzón, eventualmente recibió permiso para colonizar y fue nombrado primer gobernador de la isla de San Juan (Puerto Rico) en 1505, aunque nunca realizó la empresa.

La expedición que vino a poblar

A diferencia del Primer Viaje, que fue una expedición de exploración, el propósito del Segundo Viaje era “poblar” (colonizar) y establecer una presencia permanente en las Indias. Colón escribió:

“Yo partí de Calis miércoles a [en blanco] de septiembre con la armada y gente que Vuestras Altezas me mandaron dar que yo llevase a las Yndias; y llevé maestros de todas maneras, ofiçios que en fabricar ciudad y villa menester heran, con todos sus estrumentos, y llevé los caballo[s], yeguas y mulas y todas las otras vestias y simientes de trigo y çevada y todos árboles y de suerte de frutas, todo esto en mui grande abundancia”.

El italiano Miguel Cuneo, amigo de Colón y miembro de la expedición, dio la información para llenar el espacio en blanco de la relación del Almirante:

“El 25 de septiembre de 1493 zarpamos de Cádiz con diecisiete velas, todas buenas y abastecidas de cuanto es necesario (quince naves de velas cuadradas y dos de velas latinas…”.

La escala crucial

Desde el “Primer Viaje”, y durante toda la época de los grandes veleros, las Islas Canarias se volvieron un puerto esencial para los navegantes castellanos que viajaban al Nuevo Mundo. En las islas las flotas podían reabastecerse de agua y alimentos, reparar las naves, y dejar pasajeros enfermos o heridos. Colón escribió:

“Llegué a las yslas de Canaria, de vuestras Altezas, el martes siguiente, antes del sol salido, de donde partí después de aver forneçido los navios y carabelas de bastimientos; y dexé de vista lunes siete de otubre…”.

Las Antillas Menores

Para confirmar los informes que los “indios” le habían ofrecido durante el viaje anterior, Colón cambió en esta ocasión el rumbo de sus naves hacia el sur, buscando las islas de los “caníbales” - las Antillas Menores. A la primera que encontró la bautizó Dominica y de ahí continuó explorando, hacía el noroeste, siguiendo la geografía del archipiélago. El descubridor escribió:

“…y primero venir a la isla de los Caníbales, porque yo tenía questava más al oriente y poco distantes de mi camino; a los quales yo llegué, por la merçed de Nuestro Señor, en veinte días, con viento y tiempo que fasta oy truxe tal viaje, ni se aya oydo ni visto de mar tan llano, de viento tan quieto y dulce y de templança de çielo tan suave. Llegué el domingo tres de noviembre, antes del sol levantando, a una isla de altísima montaña, a la qual llamé La Dominica a conmemoración del mismo día”.

San Juan Bautista

El recorrido de las Antillas Menores culminó con el paso por las Islas Vírgenes. Luego, guiado por unos indios que rescató de los “caníbales”, navegaron a lo largo de la costa norte de una isla a la cual el Almirante llamó San Juan (Puerto Rico):

“Torno a mi propósito, de mi camino, y digo que junto con la isla de Santa Húrsula y las Honze Mill Virgenes, fallé otra isla de la qual no vi salvo la parte della del norte con aquel de poniente mas según mi albedrío que Seçilia y de maiores tierras y más fermosas y ansí de la mesma fechura, a la qual dixe el nombre de Sant Juan Baptista”.

Esta relación, tomada de una carta a los Reyes Católicos que aparece en el “Libro copiador de Cristóbal Colón (hallado en 1985), no es el único testimonio del “descubrimiento de Puerto Rico”.

Doctor Diego Álvarez Chanca

Uno de los miembros de la expedición fue el físico –médico- Diego Álvarez Chanca, cortesano enviado por Isabel de Castilla. Ese mismo año, 1493, en carta al cabildo de Sevilla, narró la aventura del viaje. De acuerdo con su misiva los nativos llamaban a la isla “Burenquén:

“Andovimos por esta costa lo mas deste dia hasta otro dia en la tarde que llegamos a vista de otra ysla llamada burenquen cuya costa corrimos todo vn dia juzgavase que ternia por aquella vanda treynta leguas esta ysla es muy hermosa y muy fertyl a pareçer a esta vienen los de caribe a conquistar de la qual llevavan mucha gente…”.

Miguel de Cuneo

Como mencionamos con anterioridad, entre los 1,500 hombres que participaron en esta empresa colonizadora, estaba Miguel de Cuneo, noble italiano, amigo de Colón. En 1495 escribió una carta donde contó sus aventuras en el Nuevo Mundo y narró brevemente el “descubrimiento” de la Isla. De acuerdo con Cuneo el nombre de esta era “Boluchen”:

…y el 19 llegamos a una isla muy hermosa y grande llamada ‘Boluchen’ por los naturales, a la cual el señor Almirante puso por nombre Isla de San Juan Bautista. … En la isla mencionada descansamos, y de ella salimos el 21…”.

Debemos tener claro que, en la época, lo que se escribía “Boluchen” se pronunciaba “Boluquén”.

Bartolomé de las Casas

Aunque no se ha podido establecer si Las Casas viajo a Las Indias en el “Segundo Viaje” o en una expedición posterior, quizás en 1498, no hay duda de que su Historia de las Indias es una de las principales, y más confiables, fuentes primarias sobre los eventos de la época. En su crónica él narró brevemente los eventos del 19 de noviembre de 1493:

“Llegó de allí a otra [isla] grande, que llamó de San Juan Batista, que ahora llamamos de San Juan, y arriba dijimos que llamaban Boriquen los indios. En una bahía della, al Poniente, donde pescaron todos los navíos diversas especies de pescados, como sábalos y sardinas algunas y en mucha cantidad lizas…”.

Pedro Mártir de Anglería

Aunque el humanista italiano Pedro Mártir de Anglería nunca viajó a Las Indias se le considera uno de los principales cronistas de la época y una fuente primaria de primera línea porque, como escribió Bartolomé de las Casas:

“…cerca destas primeras cosas, a ninguno se debe dar más fe que a Pedro Mártir, que escribió en latín sus Décadas, estando aquellos tiempos en Castilla, porque lo que en ellas dijo tocante a los principios fue con diligencia del mismo Almirante, descubridor primero, a quien habló muchas veces, y de los que fueron en su compañía, inquirido y de los demás que aquellos viajes a los principios hicieron…”.

En la versión original de su obra, De orbe novo (Décadas del Nuevo Mundo), escrita en latín, Mártir de Anglería dijo que el nombre aborigen de la isla era “Burichena”:

Ab hoc tractu procedentes itinere in medio iacet insula dicta ab indigenis Burichena, hanc sancti Ioanis Insulam appellauit”.

Dada nuestra limitación con el latín y el hecho que no hemos obtenido una versión en castellano, hemos trabajado con la traducción al inglés realizada por Francis Augustus MacNutt en 1912:

Outside the archipelago [las Antillas Menores] and directly across the course rises the island called by the natives Burichena, which Columbus placed under the patronage of San Juan. A number of the captives rescued from the hands of the cannibals declared they were natives of that island, which they said was populous and well cultivated; they explained that it had excellent ports, was covered with forests, and that its inhabitants hated the cannibals and were constantly at war with them…

All this was recounted through the native interpreters who had been taken back to Spain on the first voyage. … There is but one king for the whole of the island, and he is reverently obeyed. The south coast of this island, which the Spaniards followed, is two hundred miles long”.

During the night two women and a young man, who had been rescued from the cannibals, sprang into the sea and swam to their native island”.

Como podemos apreciar, hay diferencias entre la versión de Mártir de Anglería y la de los testigos de los hechos, incluyendo a Colón, en particular en la ruta que siguió la flota colombina.

Antonio de Nebrija

Al final de De orbe novo, como apéndice, aparece el breve trabajo Vocabula barbara, el primer diccionario de la lengua de los indios a una europea, el latín. Muchos investigadores atribuyen este breve trabajo al gran humanista castellano Elio Antonio de Cala y Jarana, mejor conocido como Antonio de Nebrija, contemporáneo del “descubrimiento” y autor de Gramática de la lengua castellana (1492) y de Reglas de orthographía en la lengua castellana (1517), quien fungió de editor de la obra de Mártir de Anglería. El diccionario incluyó el siguiente ítem: “Buriquena insula”, o sea, “Buriquen isla”.

¿Por dónde desembarcó Colón?

Anglería escribió que la flota navegó por el sur de la Isla. Este breve comentario probablemente llevó a muchas de las largas -e inútiles- discusiones a lo largo de décadas sobre el lugar donde desembarcó Colón.

El descubrimiento en 1985 del “Libro copiador de Cristóbal Colón, que incluye la carta de Colón a los Reyes Católicos sobre los eventos del Segundo Viaje, eliminó cualquier duda o controversia sobre la ruta que la segunda expedición colombina siguió al navegar las aguas de la isla de Burenquén, que hoy llamamos Puerto Rico. El Almirante claramente narró que la flota viajó todo el día hacia el oeste, paralela a la costa norte de “San Juan”. Al acercarse la noche el Almirante buscó refugio en, como dijo Las Casas, una bahía al poniente (oeste), la única bahía al extremo occidental de la isla, por lo que debió ser el lugar del desembarco, es la Ensenada de la Aguada.

Colón en Burenquén

Algunos historiadores ponen en duda que Colón personalmente haya desembarcado en Burenquén. Probablemente, la crónica de Pedro Mártir es la fuente de esta interpretación:

Not to lose time, the Spaniards passed by Burichena; nevertheless some sailors, who landed on the extreme western point of the island to take a supply of fresh water, found there a handsome house built in the fashion of the country, and surrounded by a dozen or more ordinary structures, all of which were abandoned by their owners. Whether the inhabitants betake themselves at that period of the year to the mountains to escape the heat, and then return to the lowlands when the temperature is fresher, or whether they had fled out of fear of the cannibals, is not precisely known”.

Las palabras de Mártir de Anglería dan a entender que la expedición pasó a la ligera y con prisa por la Isla, y sólo algunos marineros desembarcaron en Burenquén.

Esta interpretación es difícil de aceptar y corre contra los testimonios de los testigos, incluyendo al propio Colón.

En su relación de los ocurrido el doctor Álvarez Chanca escribió: “… en vn puerto desta ysla estovimos dos dias donde salto mucha gente en tierra pero jamas podimos aver lengua que todos se fuyeron como gentes temorizadas de los caribes…”. Es difícil imaginar que en esos dos días que estuvieron la bahía de Burenquen, don Cristóbal no se hubiese unido a la gente que bajó a reconocer la isla. La realidad es que lo hizo, como refleja su carta a los Reyes Católicos que aparece en el “Libro copiador”. En esta Colón describió una aldea que observó en la isla:

“Aquí vi yo mui buenas casas y adornamientos, en el camino de algunas dellas, de rredes y de cañas, de una parte y de otra de camino, que salían de las casas fasta la mar al luengo, y allí adonde fazían fin, en la playa, tenían un entretexido cadafalso como açutea sobrel camino, casi en manera de puerta, y de tam perfecto lavor que en Valençia sería bien açebto”.

Es notable como la descripción del Almirante corresponde a las aldeas aborígenes de Amazonia. Ahora, existía un elemento adicional que obligaba al Almirante a desembarcar en la isla.

Posesión

Para reclamar cualquier territorio, tanto para Castilla como para sí mismo, Colón estaba obligado a tomar posesión de este. Esto era un formulismo legal que llevaba toda una ceremonia, indispensable para la mentalidad europea de la época. Aunque no quedó registrado como se hizo en “Sant Juan Baptista”, Colón describió como lo hizo en “La Galana”. El proceso en Burenquen debió de ser muy similar a lo que escribió el Almirante:

“…y desçindí en la tierra con mucha jente, con una vandera rreal, y en el lugar más idóneo, con pendón y alta voz e escrivanos e testigos, nuevamente torné a tomar posesien nombre de Vuestras Altezas, rreplicando los autos de la mesma posesión del año pasado; de la qual, no obstante, nuevamente tomava, llamando si alguien lo contradeçia. Y nombré esta isla La Galana…

Partida

Después de descansar y reaprovisionarse de alimentos y sobre todo agua la flota colombina abandonó la isla. La descripción de la partida que hizo Cuneo fue sumamente escueta: “En la isla mencionada [Boluchen] descansamos, y de ella salimos el 21…”. El relato de Álvarez Chanca fue un poco más detallado, y contiene una sorpresa:

“…desta ysla sobredicha partimos vna madrugada e aquel dia antes que fuese noche ovimos vista de tierra la cual tampoco hera conoçida de ninguno de los que avian venido el otro viaje pero por las nuevas de las yndias que trayamos sospechamos que hera la española en la qual agora estamos. entre esta ysla e la otra de buriquen pareçia de lexos otra avnque no era grande [probablemente Mona]…”

Como podemos apreciar, la isla que unas líneas antes había llamado “Boluchen”, ahora Cuneo la llamó Buriquen. Esta práctica, que una palabra apareciera escrita de una forma para que luego reapareciera escrita de forma diferente en otra parte del mismo documento, era muy común en la época. De hecho, esta es una de las razones por las cuales Nebrija creó su Gramática de la lengua castellana.

Por su parte, el almirante Colón escribió, “Dexo esta ysla de Sant Juan, y torno a tomar el comienço de La Ysabela [La Española], después de aver dexado algunas otras y no yndinas de memoria…”. Colón partió para nunca regresar.

La intervención de Cristóbal Colón en la historia de Puerto Rico había terminado.

Bibliografía

Álvarez Chanca, Diego. “Carta del doctor Chanca al cabildo de Sevilla sobre el segundo viaje de Cristóbal Colón. (Colección documental del descubrimiento (1470-1506). (Real Academia de la Historia, Bilbao, 1994, 504-520) [1493]” reproducido en Alegría, Ricardo E., Editor. Documentos Históricos de Puerto Rico, volumen I: 1493-1516. San Juan: Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, 2009.

Casas, Bartolomé de las. Historia de las Indias, tomo I. Caracas: Editorial Ayacucho, 1986.

Colón, Cristóbal. “Archivo General de Indias, Sevilla. Libro copiador de Cristóbal Colón, fol. 4/9. Carta-relación de Cristóbal Colón a los reyes, sobre el segundo viaje y el asentamiento en la isla Española. (Colección documental del descubrimiento (1470-1506), 523-538)” reproducido en Alegría, Ricardo E., Editor. Documentos Históricos de Puerto Rico, volumen I: 1493-1516. San Juan: Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, 2009.

Colón, Fernando. Historia del Almirante Don Cristóbal Colón en la cual se da particular y verdadera relación de su vida y de sus hechos…, primer volumen. Madrid: Imprenta de Tomás Minuesa, 1892.

Cuneo, Miguel de. “Carta de Miguel de Cuneo a Gerónimo Annari. (Traducción de Marisa Vannini de Gerulewicz).” [Saona, 15 de octubre de 1495] reproducido en Alegría, Ricardo E., Editor. Documentos Históricos de Puerto Rico, volumen I: 1493-1516 (San Juan: Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, 2009).

De Orbe novo Petri Martyris ab Anglería mediolanen sis Protonotarii Cesaris Senatoris decades, cum privilegio Imperiali. Compluti apud Micha eles Eguia Anno MDXXX.

Martyr D’Anghera, Peter. De Orbe Novo: The Eight Decades of Peter Martyr D’Anghera, translated from the Latin with Notes and Introduction by Francis Augustus MacNutt, in two volumes, Volume One. New York: G. P. Putnam’s Sons, 1912.

Tió, Aurelio. Dr. Diego Álvarez Chanca (estudio biográfico), publicaciones de la Asociación Médica de Puerto Rico. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña y Universidad Interamericana de Puerto Rico, 1966.

Réplica de La Niña en el  Muelle de las Carabelas, La Rabida, Palos de la Frontera en Huelva.