Tres miradas a la historia de las parteras: Reseña
Teresita Soto Falto
La reciente noticia de una mala práctica médica
a una mujer embarazada que parió a su hijo mediante una cesárea viene muy bien
a cuento para comentar la publicación, de febrero de este año 2026, del libro: Tres
miradas a la historia de las parteras.
La segunda mirada es la de César Augusto
Salcedo Chirinos: “Habilitando comadronas: las dificultades para
profesionalizar el cuidado del parto en Puerto Rico, 1839-1900”. El tema que
vertebra el libro va ampliándose y ahora encontramos los esfuerzos que fue
haciendo la colonia española para regularizar la práctica obstétrica para las
mujeres de la amplia zona rural del país. La profesionalización de las parteras
comienza a darse a partir de 1893 con la creación de una Cátedra de Parteras. El
esfuerzo fue muy grande, porque aquellas mujeres eran casi todas, por no decir
todas, analfabetas, y no había instituciones sanitarias para atender
parturientas. «Después de la invasión estadounidense de 1898, las comadronas
que habían sido habilitadas en la época española fueron reconocidas por las
nuevas autoridades coloniales». Los progresos en la profesionalización de estas
mujeres se fueron dando poco a poco, en la medida en que los países – de
América y de Europa - comenzaron a abrirse a la modernidad. Los servicios de
las comadronas puertorriqueñas se extendieron hasta mediados del siglo XX,
cuando pasaron a ofrecerse en los hospitales por médicos licenciados.
La tercera mirada es la de Félix M. Cruz Jusino,
quien nos da el testimonio que el autor recogió de labios de los descendientes
de la partera María Matea Acosta y Ortiz, que ejercía su oficio respaldado por
todas las certificaciones que otorgaba el Estado. Esta señora era un ángel para
las mujeres embarazadas. Tan pronto sabía que estaban en estado, les enviaba
gallinas y leche para que se fortalecieran y les enseñaba las reglas básicas de
higiene para protegerlas a ellas y a sus criaturas. Aun siendo tan conocida y
querida en Lajas y San Germán, donde trajo decenas de niños al mundo, no faltó
quien pensara que era también hechicera, porque de su sembradío de hierbas
medicinales preparaba tés (guarapos) para sus clientas. La imagen humilde de
María Matea, acompañada por sus nietos, se inmortaliza en la portada del libro.
Las tres miradas de los distinguidos
historiadores que publica Editorial Aquelarre es como una bocanada de aire
fresco para los lectores que nos enfocamos preferentemente en la literatura de
creación. Tenemos en las manos un libro breve, con tres estudios académicos,
que, aun siéndolos, se comunican con el lector con un lenguaje claro y sencillo.
Es un libro que hace una excelente aportación al estudio de un tema sobre unas
mujeres que muchos ya han olvidado porque han nacido entre las manos de un
médico en la sala de partos de un hospital.
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