Atrapado ficticio: Una lectura desde la historia y la ficción
Pablo L.
Crespo Vargas
Reflexión
sobre la obra de José Rabelo, Atrapado ficticio, San Juan: Isla Negra
Editores, 2025.
Cada vez
que comenzaba mis cursos de historia, les pedía a los estudiantes que me
explicaran qué entendían por «historia». Para algunos, la historia era algo
verdadero, real, un hecho, un pasado verídico. Luego preguntaba cómo se podía
verificar la historia o qué evidencia se necesitaba para afirmar que un hecho
era histórico. Me hablaban de documentos, y muchos especificaban que, si eran
documentos oficiales, tenían mayor validez.
Entonces
pasaba a contar la historia de Pablillo, un demonio mitad humano, de la cintura
hacia arriba, y mitad gato. Un ser que provocaba peleas para que personas
fueran asesinadas y sus cuerpos consumidos en juntas de adoradores del demonio.
También se le atribuyó la fuga de un prisionero en una cárcel de Cartagena de
Indias. Para esta fuga, Pablillo dobló los barrotes de la ventana, algo que
ningún humano común hubiera logrado. Algunos alumnos se reían y, sin dejarme
terminar la narración, afirmaban que eso no era posible. En ese momento les
presenté documentación judicial que afirmaba que todo eso era real, que eran
hechos discutidos en un proceso judicial y que en ningún momento se determinó
que fueran falsos. Ahora bien, Pablillo, ese ser mitad hombre y mitad gato,
¿fue real?
Cuando
profundizamos en qué es la historia, descubrimos que no es un simple registro
de acontecimientos ya acaecidos, sino la interpretación del pasado mediante
diversos medios. Estos pueden ser fuentes primarias (creadas de primera mano) y
fuentes secundarias (interpretaciones posteriores sobre esos supuestos
acontecimientos). A lo expuesto, surge otro concepto fundamental: la verdad.
La verdad
es una interpretación entre lo que afirmamos y lo que es. También depende de
cómo percibimos y de nuestra capacidad para narrarlo. La verdad es un concepto
trabajado principalmente en la filosofía, más que en la historia, pero está
presente en ambas disciplinas.
¿Por qué
toda esta introducción? Porque vamos a hablar de Atrapado Ficticio, de
José Rabelo, una colección de 25 cuentos publicada por Isla Negra Editores.
Estos relatos, que el autor presenta como ficción, están basados en situaciones
y experiencias que no necesariamente son ficticias. No pretendo analizar un
cuento en particular, sino hablar de las temáticas que los atraviesan. Aunque
son producto de la creatividad literaria de un autor que ya demostró su calidad
por la cantidad de premios recibidos, la realidad es que cada uno se fundamenta
en problemáticas reales.
Como
sociedad, tendemos a creer en los miedos que el sistema de poder vigente
establece para perpetuarse; pero obviamos y ridiculizamos cuando alguien igual
a nosotros presenta al sistema como un monstruo que devora nuestras vidas para
mantenerse. Así mismo vemos la resistencia como algo negativo. Todo dentro del
mito que creamos para justificar nuestro comportamiento.
Ahora bien,
¿cuáles son algunas de las temáticas que presenta Rabelo en Atrapado
Ficticio? Antes de contestar, aclaro que lo que presento es solo una
muestra para animar al lector a adquirir el libro, leerlo, analizarlo y
reflexionar. Tengamos presente que el estudio de la historia y la literatura
nos ayuda a mejorar como sociedad, pues la reflexión puede encaminarnos hacia
un mejor futuro.
Todos los
temas están enmarcados en la diversidad, entendida como una variedad de
identidades, pensamientos, estilos de vida y formas de ver el mundo. Contrario
a las corrientes actuales que se posicionan en contra de la diversidad, esta es
base para la creatividad, la innovación, la convivencia y el desarrollo de una
sociedad justa e inclusiva. Pasemos a los temas.
El primer
tema que deseo mencionar es uno que repercute a diario, aunque muchos aún lo
niegan: el racismo. En algún momento pensé que se estaba superando, pero me
equivoqué. Actualmente, vivimos en una época donde muchas personas son racistas
y, peor aún, reniegan de la diversidad al punto de negar su propia cultura y
sus raíces. De hecho, en la obra y sin perder mi obsesión de citar los libros,
una mujer afirma: «La justicia no es para los negros», y añado: tampoco para
los pobres, las mujeres desamparadas ni para cualquier minoría que se tenga que
enfrentar al poder. Vivimos en una sociedad donde quien tiene dinero y poder sí
disfruta de la justicia a su favor.
El autor
sabe que muchos de estos problemas se interconectan, del mismo modo que los
cuentos interactúan entre sí. En esta obra, Rabelo creó un universo donde
personajes y situaciones se entrelazan. Uno de estos personajes es doña
Virginia, quien proyecta un mensaje de esperanza y amor necesario para resistir
las intenciones de quienes se creen poderosos, de quienes buscan exiliarnos y
minimizarnos: «La cultura es nuestro escudo. Desde el silencio se esconde la
maldad para tratar de destrozar nuestras vidas, pero por muchos siglos nos
hemos defendido con las fuerzas del pasado. La defensa está en nuestra memoria,
en nuestros libros y hasta en nuestras mentes, aunque los poderosos lo
renieguen. No leas en silencio. Lee en voz baja, así será suficiente, pero lee
hasta cansarte, hasta sentir la boca seca; solo así crearás un escudo».
Otro
problema emanado desde las cúpulas de poder es la destrucción del
medioambiente. Es triste ver cómo se habla de la importancia de cuidar nuestro
planeta y, de repente, nos encontramos con una política pública dirigida a
sembrar cemento, ocupar y destruir espacios naturales como nuestras playas,
campos y montes. En uno de los cuentos, Domingo Martes, antes de morir y
jactándose del desarrollo desmedido, afirma: «Si no fuera por estos avances,
Puerto Rico sería todavía la jungla a donde llegaron nuestros primeros
pobladores y a donde desembarcaron los conquistadores. Somos los conquistadores
de estos tiempos. Tenemos visión y nadie lo agradece. Protestan mucho hoy, pero
mañana lo agradecerán…».
Pasemos al
rol de la mujer como parte esencial de la sociedad. No solo su rol social, sino
su conexión ancestral, que la envuelve en un velo de magia incomprensible para
el mundo patriarcal. En una de las narraciones, una mujer salva a una comunidad
de una terrible plaga. Al final, el líder patriarcal decide no recompensarla y
menosprecia su trabajo. Ella decide cambiar el rumbo de esa comunidad. Antes de
esa decisión, un grupo de mujeres empáticas sale en su defensa. En ese proceso,
una vecina afirma: «Si fuera un hombre no le harían esa puercá». La
discriminación social hacia la mujer se refleja en desigualdades estructurales
como las diferencias salariales, el poco acceso a posiciones de poder y la
carga laboral no remunerada.
En esa
narración también se observa el abuso de poder. La tía del narrador lo expresa
de manera directa: «Me dan vergüenza, ustedes se aprovechan de las personas
nobles, con talento. ¡Son unos abusadores!». Esta situación es muy común en el
Puerto Rico de hoy, otro problema que se intenta ocultar.
El
fanatismo y la persecución política también se reflejan en la obra. El tema de
las carpetas aparece y, con él, la histeria y la psicosis del fanatismo: gente
que ve fantasmas en cada esquina y que vendería a su madre por su ideal.
Otros temas
presentes son la criminalidad, los feminicidios, el suicidio, la situación
crítica de nuestra población anciana, el ataque constante a la libertad de
expresión y a los medios que informan. En todos los casos, se evidencia cómo
quien tiene poder puede hacer y deshacer a su antojo sin consecuencias. ¿Qué
hacemos los mortales? Aunque la lucha y los movimientos de protesta siempre
están presentes, la realidad es que continuamos atrapados, sin ver una mejoría
en cómo se trata a la sociedad desde el poder.
Ahora bien,
quienes tienen el poder también cometen errores y llega el momento en que deben
reaccionar para mantenerse en su sitial privilegiado. Sí, lo sé; lo hacen por
orgullo, por hambre al poder, nunca porque sea lo que le conviene al pueblo. En
uno de los escritos, Rabelo muestra cómo los líderes, en vez de aceptar sus
errores, prefieren diseñar estrategias que mantengan su imagen positiva. Para
ello utilizan las mentiras, bajo la idea de que «todo queda en el olvido». A
las mentiras se suma otra herramienta milenaria: el miedo. El propio gobernante
dice: «El miedo es el mejor aliado de los dirigentes. El miedo a la muerte, al
diablo, al infierno, a los extraterrestres, a los virus ha ayudado a moldear la
mente colectiva».
¿Cómo se
soluciona nuestra situación de pueblo, según Rabelo? En su obra, se refleja al
Puerto Rico actual, donde los actos de resistencia son individuales o de
pequeños colectivos. No se ve que el pueblo, en su conjunto, se rebele ni
busque un cambio, posiblemente porque la mentira y el miedo provocan que la
mayoría demonice a quienes intentan transformar la realidad. No obstante, hay
fuerzas más decididas que están dispuestas a asumir riesgos. Una de ellas es la
propia naturaleza, que no funciona bajo nuestra lógica, aunque nuestro
pensamiento nos lleve a crear demonios para explicar esas fuerzas naturales y
cataclismos. Por último, son los gatos, con sus poderes mágicos enigmáticos,
quienes un día se levantan, toman el Capitolio y hacen con los que están allí
lo mismo que se pretende hacer con los gatos del Viejo San Juan.

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