sábado, 29 de agosto de 2026

Los soles no creen en Dios y la lucha anticolonial

Los soles no creen en Dios y la lucha anticolonial

Prólogo a la obra dramática «Los soles no creen en Dios» de Néstor A. Suro Rojas (Page Publishing, 2026)

Pablo L. Crespo Vargas

A partir de finales del siglo XV hasta entrado el siglo XX, uno de los principales sistemas de subyugación empleado por los estados europeos y sus herederos —el llamado mundo occidental— fue el colonialismo. La supuesta superioridad europea fue utilizada para que un puñado de países se apropiaran de territorios y poblaciones por igual. La colonización y el imperialismo se encargaron de crear explotación y dependencia económica, a la vez que ayudaron a establecer nuevas desigualdades sociales, provocando conflictos y divisiones territoriales que no necesariamente tenían un fin práctico para los colonizados, aunque sí para las metrópolis. En muchos casos también se observó cómo grupos poblacionales perdían su identidad cultural de manera forzosa y no como parte evolutiva de la propia cultura.

Curiosamente, la colonización, desde un principio, fue justificada como parte de los designios de Dios. La cruz era el estandarte, la misión era cristianizar y civilizar; aún hoy seguimos escuchando los mismos estribillos porque para el conquistador el conquistado no entiende nada de la fe verdadera.

Del colonialismo se pasó al llamado neocolonialismo, donde las potencias mundiales continuaron la opresión, pero de una manera más sutil. Con el neocolonialismo, ya no era prioridad dominar un territorio y esclavizar a una población; ahora bastaba con controlar, desde la distancia, su economía, política e influir en su cultura. En todo caso, la mente del colonizado seguía sintiéndose inferior, desvalorizado e incapaz de estar a la altura en la que veía al colonizador. Para muchos de los colonizados, su odio hacia su origen los lleva a dejar de verse tal como son y viven pensando que sus genes son iguales a los que los oprimen, aunque estos últimos no lo vean así.

No obstante, siempre han existido personas que creen en su potencial, tanto individual como colectivo; que a su vez están orgullosas de su origen y, con una diversidad de métodos de lucha, hacen frente a la potencia invasora, a los opresores y a los que abusan de su poder. Estos son los que se rebelan y combaten en contra de las cadenas impuestas. En ocasiones, sus luchas se dilatan, pero en la mayoría de los casos se logran los objetivos.

Hablar sobre colonialismo y sus nefastas resoluciones, a la vez que se vive en una colonia (Puerto Rico) en pleno siglo XXI, podría ser una contradicción, a menos que se acepte la existencia de esta situación y que, a la vez, se manifieste algún método de resistencia. Como mencioné anteriormente, estos son variados y deben adecuarse a las circunstancias en que se viven. En el caso de «Los soles no creen en Dios», el Dr. Néstor A. Suro Rojas utiliza su letra para denunciar el colonialismo presentando un ejemplo, el de los irlandeses, quienes tuvieron una historia colonial parecida a la de los puertorriqueños, aunque, al momento, los desenlaces hayan sido completamente distintos.

En «Los soles no creen en Dios», nos encontramos un mes antes de la rebelión conocida como el «Alzamiento de Pascua» en Dublín para abril de 1916. La represión del gobierno inglés sobre los irlandeses luego de comenzada la Gran Guerra (Primera Guerra Mundial) se intensificó y hasta la concesión que se había dado en la Cámara de los Comunes para la creación de un gobierno autonomista fue pospuesta de manera indefinida. Situación que lleva un paralelismo a la eliminación del gobierno autonómico en Puerto Rico de 1898, primero por el estado de guerra y luego por la falta de reconocimiento del poder invasor estadounidense.

Las tensiones en Irlanda llevaron a que diversos grupos se armaran. Los unionistas, los que preferían mantener el dominio inglés de manera férrea y que no se concediera la autonomía, crearon en 1912 el cuerpo de «Voluntarios de Ulster», grupo que, ya iniciado el siguiente año, comenzó a armarse para resistir cualquier intento de gobierno propio irlandés. Estos voluntarios actuaban de manera incondicional a la dominación inglesa.

Por otro lado, diversos grupos de separatistas y autonomistas se armaron también. Entre estas organizaciones se encontraban los «Voluntarios Irlandeses» y el «Ejército Ciudadano Irlandés», ambos establecidos en 1913. Estos dos grupos buscaban la soberanía irlandesa; los voluntarios provenían de una base nacionalista, mientras que el ejército ciudadano era republicano, sindicalista y socialista. Aunque el fin de ambas organizaciones era el mismo, sus idearios eran distintos, lo que en la eventualidad seguiría siendo un patrón de choque no solo en Irlanda, sino en todo el mundo occidental con la disputa entre la derecha y la izquierda.

Históricamente hablando, la lucha por la creación de una entidad soberana irlandesa se remonta a la intervención inglesa en la isla realizada por el rey Enrique II en 1171. Como pasa en una gran mayoría de ocasiones, los conflictos internos debilitan a los nativos, situación que el poder invasor utiliza a su favor. En el caso de Irlanda, estos mismos conflictos se extendieron en la nueva interacción política social surgida de esta intervención y provocaron, en parte, que se fuera socavando el poder inglés. Esta acción hizo inefectivo el dominio inglés al punto que, durante el reinado de Enrique VIII, específicamente en 1536, se volvió a invadir la isla y se anexionó como un reino adjuntado a la corona inglesa, aunque nada de esto impidió que los irlandeses continuaran su lucha por su propia soberanía.

Con las reformas luteranas y el surgimiento del protestantismo, las luchas en Irlanda se agudizaron y los irlandeses, contrario a los ingleses, mantuvieron su fe católica. La división entre grupos cristianos en Irlanda se convirtió en uno de los elementos que aún está presente en nuestros días y que llevó a que la zona conocida como Irlanda del Norte continuara siendo parte del Reino Unido.

El siglo XIX marcó a los irlandeses de tal manera que se creó una base sólida para el surgimiento de un sentimiento nacionalista consolidado que llevó a la separación del país de su metrópolis. Es en este mismo siglo cuando ocurren una serie de hambrunas, siendo la de 1845 a 1849 la más trágica para los irlandeses. En ese periodo de cuatro años se estima que un millón de irlandeses fallecieron debido a las complicaciones por la falta de alimentos y otra cantidad igual emigró, moviéndose a diversidad de países, siendo los Estados Unidos uno de sus principales destinos. La hambruna, aunque fue causada por factores ambientales, se agudizó gracias a las políticas discriminatorias hacia la población irlandesa, quienes eran constantemente hostigados y maniatados por las autoridades, que solo respondían a los intereses londinenses. Todo esto siguió abonando la formación de una sociedad polarizada, con un grupo dispuesto a expulsar al invasor y otro a mantenerlo en el poder.

La obra del profesor Néstor A. Suro Rojas, «Los soles no creen en Dios», nos presenta el conflicto irlandés desde una familia que es reflejo de una sociedad subyugada y polarizada por la situación colonial. Cada miembro tiene su visión del mundo; no necesariamente son compartidas; aun así, siguen unos lazos que son más fuertes que las ideologías. El conflicto, mucho más que familiar, es nacional y cada decisión tomada tendrá sus consecuencias. En fin, la obra es un reflejo de la complejidad de la lucha anticolonial y la búsqueda de una sociedad justa fuera de los sesgos ideológicos que nos dividen.

Nota editorial. En el libro, los editores del libro decidieron no utilizar el título del ensayo y dejaron solo identificado que este artículo es el prólogo.

martes, 4 de agosto de 2026

Juan Garrido: Un africano en la conquista de las Antillas (1502-1521)

Juan Garrido: Un africano en la conquista de las Antillas (1502-1521)

Pablo L. Crespo Vargas

Libro en Internet Archive
Introducción

El primer africano del que se tiene evidencia documental en llegar a la isla de San Juan Bautista, hoy Puerto Rico, fue Juan Garrido. Contrario a la creencia generalizada de que todos los africanos llegaban en condición de esclavos, Garrido fue un hombre libre que, como muchos otros conquistadores, buscaba aventuras y la posibilidad de alcanzar riqueza y gloria. Su participación en los proyectos de exploración, conquista y colonización lo llevó a visitar no solo la isla de San Juan Bautista, sino también La Española, las Antillas Menores, Cuba, Florida y la Nueva España.

En este ensayo analizaremos las hazañas y aventuras de Juan Garrido en el ámbito antillano, durante el periodo comprendido entre 1502 y 1521. Nos limitamos a estos años porque constituyen la etapa menos conocida de su trayectoria, y el examen de las fuentes resulta fundamental para obtener una visión más clara de los acontecimientos que vivió. A partir de 1521, Garrido se establece en la Nueva España, donde participa en el proceso de conquista de la región. Este periodo está mucho mejor documentado y sus acciones, entre ellas haber sido el primer colonizador en sembrar trigo, evidencian su capacidad para enfrentar la incertidumbre y los prejuicios de la sociedad hacia la población africana.

Negros en la conquista

Juan Garrido no fue el único conquistador africano del que se tiene noticia, aunque posiblemente sí el primero. Otros africanos que participaron en la conquista de las nuevas tierras fueron Sebastián Toral, Pedro Fulupo, Juan Bardales, Antonio Pérez y Juan Valiente, entre otros. Asimismo, hubo hombres negros o mulatos nacidos en la península ibérica que también formaron parte de este proceso: Juan Portugués —sobre cuyo lugar de nacimiento existe la duda, entre África y territorio europeo—, Juan García, Miguel Ruiz y Juan Beltrán, entre otros. Un ejemplo de mulata lo fue Beatriz de Palacios, quien participó en la conquista de México junto a su esposo Pedro de Escobar.

En cuanto a las menciones de exploradores o sirvientes negros que llegaron antes que Juan Garrido, cabe señalar a Alonso Prieto, quien aparentemente formó parte del primer viaje de Cristóbal Colón en 1492. También se argumenta que, en el cuarto viaje de Colón, en 1502, este llevó consigo a un sirviente negro llamado Diego. Ese mismo año, Nicolás de Ovando arribó a las Indias y trajo consigo un grupo de personas negras, tanto libres como esclavizadas, para ser empleadas en el proceso de colonización. Es probable que en este contexto Juan Garrido haya llegado al Nuevo Mundo.

La entrada de africanos a la península Ibérica

La posición geográfica de la península ibérica, que marca frontera con el norte de África, es posiblemente la explicación más concisa para entender la interacción entre ambas zonas. No ha de extrañar que el movimiento poblacional de un lado hacia el otro haya sido un asunto milenario. De hecho, estudios del genoma realizados por un equipo de científicos, dirigidos por Gloria González Fortes, establecen evidencia genética de migraciones tan antiguas como hace cuatro mil años.

Acercándonos más al periodo de inicio de la conquista y colonización del Nuevo Mundo, los movimientos expansionistas de Portugal hacia África sirvieron de base para la entrada a los reinos ibéricos de población negra de la zona del África occidental. A esto, no debemos olvidar que el comercio de esclavos de los países árabes y musulmanes del norte de África mantuvo un flujo de esclavizados negros hacia las costas mediterráneas europeas.

Una inmensa mayoría de estos inmigrantes africanos fueron personas esclavizadas; sin embargo, hubo individuos que, por su condición social o por particulares diversas, lograron entrar como personas libres. Algunos exploradores portugueses, como Diego Cam (Diogo Cão) y Alonso Doveiro, en sus viajes, procuraron traer representantes, artesanos o sirvientes libres que llegaron y se establecieron en Lisboa. A este grupo hay que sumar los esclavizados que lograron obtener su libertad y se integraron a la sociedad.

En el caso de la ciudad y puerto de Sevilla, este proceso se ha documentado. En una investigación de Alfonso Franco Silva se detalla que entre 1470 y 1525, unos 1153 esclavizados se liberaron, números que reflejan entre una tercera y una cuarta parte de esta población. No todos eran negros africanos, pero sí era el grupo más numeroso entre los liberados.

Para historiadores como David Sánchez Sánchez, Juan Garrido cae dentro del estereotipo de la persona que fue cautiva y esclavizada; y que, en el proceso, antes de llegar a Sevilla, le fue concedida la libertad. Se argumenta que su amo, de apellido Garrido, le hubiera otorgado su libertad luego de fallecer, esto como gratitud a sus servicios. Esto pudo haber estado estipulado en el testamento. A esto se suma la alegación del cronista Francisco López de Gomarra, que hace referencia a Juan Garrido como «un negro de Cortés»; y luego de narrar su hazaña de cosechar trigo en Nueva España, cierra indicando que «A un negro y esclavo se debe tanto bien». Esta percepción de López de Gomarra pudo estar enmarcada en prejuicios que ya desde esa época se estaban desarrollando sobre la población negra, la cual se veía como inferior a los europeos.

Por otro lado, algunos historiadores fundamentan sus argumentos en una de las probanzas del propio Juan Garrido, reproducida por el historiador Francisco A. Icaza, en la cual el personaje afirma que «de su voluntad, se vino a tornar cristiano en Lisboa». De ser así, Garrido pudo haber sido uno de aquellos representantes o enviados de sus reinos, cuyo propósito era conocer la sociedad de los exploradores recién llegados a sus tierras. No obstante, también cabe la posibilidad de que ocultara un pasado como esclavo. En cualquier caso, su declaración, por más tergiversada que pudiera estar, constituye la evidencia histórica con la que contamos.

Primeros pasos de Juan Garrido

Se desconocen tanto el lugar de procedencia como el año de nacimiento de Juan Garrido. Sin embargo, algunos historiadores, tras analizar las fuentes disponibles, sostienen que nació hacia 1480 en algún territorio de la zona occidental de África, posiblemente en la región histórica de Guinea, en las costas del Golfo de Guinea. La biografía oficial publicada por el National Park Service, agencia del gobierno estadounidense encargada de los parques y monumentos, señala en cambio que su nacimiento ocurrió en 1487. En definitiva, no es posible establecer con certeza una fecha específica, pues no existe evidencia concluyente al respecto.

La región de Guinea, desde 1469, era una zona donde los portugueses mantenían el control comercial sobre ella. Castilla, en 1478 y como parte de la Guerra de Sucesión en su reino, trató de arrebatar este dominio al enviar una flota, pero fracasó. Con el establecimiento del fuerte San Jorge de la Mina (actual ciudad de Elmina, Ghana), el control de la región se consolidó en manos portuguesas. Todo comercio o movimiento de individuos de la región a Europa tenía que pasar por las manos portuguesas. Juan Garrido, siendo esclavo o persona libre, tuvo que haber viajado desde este puerto hasta Lisboa. Establecido en Portugal, tuvo que haber conocido la noticia del éxito del primer viaje colombino, lo cual lo motivó a moverse a Sevilla, donde, según él, estuvo unos siete años antes de embarcarse hasta el Nuevo Mundo.

El primer destino de Juan Garrido fue La Española. Se presume que llegó en la expedición de Nicolás de Ovando en 1502, en la cual se embarcaron varios mulatos y negros, algunos de origen africano y otros nacidos en la península ibérica. Durante un periodo cercano a cinco años en Santo Domingo, y siguiendo la interpretación de Ricardo Alegría sobre una de las probanzas, se establece que Garrido participó de alguna manera en los procesos de pacificación de la isla. Dichos procesos incluían las incursiones realizadas en las islas habitadas por los caribes, cuyo objetivo principal era la captura de indígenas destinados a la esclavitud.

Su llegada a San Juan Bautista y la Florida

En 1508, Juan Garrido se incorporó a la expedición de Juan Ponce de León hacia la isla de Boriquén (San Juan Bautista, hoy Puerto Rico). Allí formó parte del grupo de cincuenta conquistadores que se enlistaron en la empresa dirigida por Ponce de León. Para algunos historiadores, este momento marca el inicio de un supuesto vínculo entre Garrido y Ponce de León, relación que los llevaría a participar en diversas empresas colonizadoras que veremos más adelante. La primera de ellas fue la exploración y el establecimiento de la colonia en la isla de San Juan Bautista, lo que incluyó el enfrentamiento armado de 1511 y las posibles escaramuzas ocurridas en los años posteriores contra los indígenas que resistieron la dominación castellana.

No obstante, cabe señalar que los cronistas de la época no registraron acciones específicas de Juan Garrido; por supuesto, tampoco puede asumirse que las de todos los participantes hayan quedado documentadas. Aun así, resulta significativo que el nombre de Garrido no figure en los listados de conquistadores que obtenían botín en las incursiones contra los indígenas considerados en rebeldía.

Juan Garrido afirma haber participado en el viaje de exploración de Juan Ponce de León a la isla de Bimini, que culminó con el descubrimiento de la península de Florida, considerada entonces por los exploradores como una nueva isla. Esta expedición tuvo lugar en 1513 y contó con tres naves: dos partieron del puerto de Yuma, en La Española, y la tercera desde el puerto de San Germán (posiblemente, la actual costa de Aguada o de Añasco). De las dos primeras se conserva el listado de la tripulación; sin embargo, el de la nave que zarpó de San Germán aún no ha sido hallado. Dado que Garrido no figura entre los pasajeros de las primeras dos embarcaciones, se entiende que viajó en el navío San Cristóbal. Esta nave recibió la encomienda de continuar la exploración después de que Ponce de León decidiera suspenderla debido a la hostilidad de los indígenas nativos. Como consecuencia, la San Cristóbal regresó cuatro meses después de la llegada de Ponce de León a la isla de San Juan Bautista. Conviene destacar que, en su probanza, Garrido declara haber participado en el descubrimiento de Florida; no obstante, los testimonios disponibles certifican su presencia en la segunda expedición de 1521. Esto, a su vez, contradice la posibilidad de que hubiera tomado parte en la expedición inicial de Hernán Cortés a las tierras mexicanas.

Mientras se desarrollaba el primer viaje a la Florida, las hostilidades en la isla de San Juan Bautista continuaban debido a la alianza entre los indígenas antillanos: los habitantes de Boriquén y los caribes de las Antillas Menores. Esta situación motivó la planificación de una armada contra dichas Antillas, teniendo como objetivos principales las islas de Guadalupe y Dominica. La expedición se llevó a cabo en 1514. Sin embargo, no zarpó desde San Juan Bautista, sino que la flota llegó directamente desde Castilla bajo el mando de Juan Ponce de León. Tras un primer ataque, las fuerzas castellanas sufrieron una derrota y se replegaron hacia San Juan Bautista, antes de intentar un segundo asalto. No está del todo claro si este segundo intento llegó a realizarse; lo que sí se sabe es que en 1515 se organizó otra expedición, en la cual Ponce de León no participó, pero se presume que Juan Garrido sí formó parte de ella.

Posterior a la campaña naval contra los caribes, se tiene evidencia de la presencia de Juan Garrido en San Juan Bautista durante los años 1515 y 1519, según los informes sobre la recolección y fundición de oro. Considerar estas fechas resulta de suma importancia, pues aún resta abordar sus supuestas experiencias en Cuba y el proceso mediante el cual llegó a Nueva España.

Cuba, segundo viaje a Florida y su paso a Nueva España

La conquista y colonización de la isla de Cuba comenzó en 1510, aunque algunos historiadores señalan que no fue hasta 1511 cuando la expedición de Diego Velázquez partió de La Española hacia territorio cubano. Cabe destacar que sobre estos primeros años existe escasa documentación que permita esclarecer el desarrollo de la campaña, siendo la relación escrita por el propio Velázquez en 1514 la principal fuente disponible.

La pacificación de Cuba se llevó a cabo de manera simultánea con la de Puerto Rico. Este hecho plantea un problema frente a las declaraciones de Juan Garrido y de algunos testigos en su probanza, quienes afirman que él participó junto a Velázquez en dicho proceso. De ser ciertas estas afirmaciones, Garrido habría tenido que iniciar la colonización de Puerto Rico, regresar a La Española, viajar con Velázquez a Cuba y, en medio de la campaña, retornar a San Juan Bautista para atender la rebelión de 1511.

En caso de que no hubiera participado en la represión contra los indígenas borinqueños en 1511, sí estuvo presente, según su propia declaración, en el viaje de Ponce de León a la Florida en 1513. Al analizar las condiciones de vida durante el proceso de conquista, la movilidad que aparenta tener Garrido en sus testimonios resulta excepcional, pues lo habitual era que la presencia de un conquistador se requiriese de manera constante en el lugar donde se encontraba.

No cabe duda de que Juan Garrido estuvo en Cuba antes de partir hacia México; sin embargo, el análisis de sus declaraciones sugiere que su supuesto viaje con Hernán Cortés a Cuba no ocurrió en el momento en que este zarpó en febrero de 1519 hacia México e inició el proceso de conquista, el cual culminó con la toma de Tenochtitlán en agosto de 1521.

En contraste con estas fechas, el segundo viaje de Ponce de León a Florida tuvo lugar en febrero de 1521. En esta ocasión, Ponce de León dispuso de dos navíos y se estima que lo acompañaron alrededor de 200 hombres. No se cuenta con información detallada sobre la preparación de la expedición, pero, como en otros casos, la organización debió requerir un tiempo considerable, incluyendo el reclutamiento de personal y la preparación de las embarcaciones.

Una vez iniciado el viaje y tras arribar a las costas de Florida, Ponce de León comenzó la exploración del litoral. En una escaramuza con los indígenas resultó herido y decidió trasladarse a La Habana para recibir atención. Su llegada a Cuba se produjo en abril y allí falleció a comienzos de julio.

Respecto a la participación de Juan Garrido en esta expedición, uno de los testigos, Alonso Martín de Jerez, aseguró que Garrido tomó parte en el viaje, al igual que él. Este testigo también pasó de La Habana a Nueva España y se unió a las huestes de Cortés que marchaban hacia Tenochtitlán. Conviene señalar que parte de las propiedades de Ponce de León, necesarias en Nueva España, fueron embarcadas y trasladadas a territorio mexicano. Asimismo, algunos de los hombres se incorporaron a las fuerzas de Hernán Cortés, entre ellos Juan Garrido.

Comentarios finales

La información sobre Juan Garrido en el proceso de conquista y colonización de las Antillas se limita a unas pocas fuentes primarias. La principal de ellas es su probanza de méritos y servicios, redactada en 1538 con el propósito de obtener una pensión o recompensa por los servicios prestados a la Corona. Otra documentación relevante corresponde a los registros de la fundición de oro en San Juan de Puerto Rico, que permiten ubicar a Garrido en la isla entre 1515 y 1519.

En 1515 se consigna que Garrido era negro, sin ofrecer mayores detalles. En las fundiciones realizadas entre el 21 de julio y el 28 de agosto de 1516, del 21 de abril al 19 de mayo de 1518 y del 9 de marzo al 10 de junio de 1519, tanto en Caparra como en San Germán, se certifica su presencia. Este último periodo contrasta con la fecha de inicio del viaje de conquista de Hernán Cortés.

Existen otras menciones que podrían vincularse con Juan Garrido, aunque de manera circunstancial. No debe olvidarse que el periodo estudiado carece de una documentación sistemática y precisa, lo que genera lagunas históricas que posiblemente nunca puedan ser llenadas.

Se reconoce que Juan Garrido fue uno de los primeros negros libres en participar en el proceso de conquista y colonización del Nuevo Mundo, hecho que resulta excepcional en sí mismo. Su trayectoria se asemeja a la de otros aventureros que se forjaron en las Antillas antes de enfrentarse a los poderosos imperios continentales; en su caso, el de los mexicas.

En cuanto a su papel en la conquista y colonización de la Nueva España, este está mejor documentado y resulta más claro. Entre sus principales logros en territorio continental destaca la introducción del cultivo de trigo, aunque no fue el único. Además de su participación en diversas expediciones, Garrido comisionó la construcción de la ermita de San Hipólito en la Ciudad de México, destinada a honrar a los caídos durante el sitio de Tenochtitlán.

Referencias:

Primarias

«Probanza de Juan Garrido, negro, 1538». Archivo General de Indias, Sevilla, Audiencia de México, Leg. 204.

«Documentos sobre fundición de oro en San Juan de Puerto Rico». Archivo General de Indias, Sevilla, Sección Patronato, Leg. 198, Ramos 9-16.

Bibliográficas

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Icaza, Francisco A. de. Conquistadores y pobladores de Nueva España: Diccionario autobiográfico sacado de los textos originales. Madrid: Imprenta El Adelantado de Segovia, 1923. https://archive.org/details/conquistadoresyp00icaz/mode/2up

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Sued Badillo, Jalil & Ángel López Cantos. Puerto Rico Negro. San Juan: Editorial Cultural, 2007.

Internet:

Imaginando La Florida:

https://www.accioncultural.es/virtuales/florida/exploracion/juan_garrido.html

National Park Service: https://www.nps.gov/people/juargarrido.htm