domingo, 22 de septiembre de 2019

El Grito de Lares: En busqueda de una respuesta identitaria para afrontar realidades presentes


El Grito de Lares: En busca de una respuesta identitaria para afrontar realidades presentes
Félix M. Cruz Jusino


Introducción
El Grito de Lares es un acto de reafirmación nacional.[1] Es la culminación de la evolución identitaria puertorriqueña; una aserción de pertenencia al espacio geográfico y la concienciación del colectivo como un pueblo con características propias. Es símbolo de la búsqueda de la libertad de un pueblo que ha sido colonia desde 1508. La revolución de Lares es parte de un proceso mayor que se inició con las revoluciones de finales del siglo XVIII y que concluyó con la formación de nuevos estados con tipologías desarrolladas a través de sus experiencias coloniales. Lares es también una expresión del nacionalismo europeo, el cual dividió a Europa en los estados modernos del siglo XX. No podemos interpretar a Lares sin los contextos históricos mundiales y su expresión en la Isla y en las Antillas. En las últimas colonias españolas caribeñas, el nacionalismo fue también un rechazo a los privilegios de los peninsulares, una explosión anticlerical y una exaltación de la mezcla de razas y culturas que dieron forma a las poblaciones que constituyeron las sociedades isleñas.


El Grito de Lares, evolución del pensamiento identitario
A pesar de la importancia histórica de Lares, el hecho acaecido el 23 de septiembre de 1868, con su antes y después, ha sido minimizado por las fuerzas imperialista que han controlado la Isla. La investigación e interpretación del Grito ha estado sujeto a las ideologías de los investigadores. El oficialismo colonial, tanto español como estadounidense, ha manipulado la gesta para sus fines particulares. Las metrópolis imperiales le han restado importancia a la revolución lareña y los gobiernos locales han perpetuado la desinformación. La historiografía surgida a partir de la gesta histórica sostuvo las opiniones derrotistas expuestas por el oficialismo hasta el surgimiento del movimiento que conocemos como la Nueva Historia (1970). Los historiadores desde entonces han reevaluado la documentación existente sobre el Grito de Lares y profundizado en la investigación de los hechos descubriendo nuevos ángulos pasados por alto en el pasado. Sin embargo, los paradigmas establecidos por el oficialismo durante el positivismo histórico siguen imponiéndose en la enseñanza y la desinformación predomina entre la población cuando se toca el tema de la revolución lareña. La apropiación de la efeméride patria por el sector independentista del país también ha servido para disminuir su importancia histórica, pues los grupos políticos mayoritarios, colonialista e integracionista, la enajenan y postergan.
La desinformación y la minoración histórica de Lares fueron fraguadas por el gobierno español. Atemorizados por la revolución, el gobierno colonial, en alianza con los conservadores, se propuso construir una imagen negativa sobre el movimiento revolucionario para evitar que otros emularan la gesta lareña. El oficialismo encargó al asturiano José Manuel Pérez Moris el primer trabajo histórico sobre el Grito de Lares. Pérez Moris tuvo acceso a los documentos oficiales y publicó en 1873 la Historia de la insurrección de Lares. Pérez Moris redactó lo que se constituyó en el discurso oficial sobre el Grito de Lares. El positivismo histórico y su énfasis en la documentación colaboraron para eternizar la propaganda política imperialista del peninsular. La versión de Pérez Moris tiene como misión desacreditar a los revolucionarios, señalar a extranjeros como los verdaderos líderes y el hecho de identificar a Nueva York como la cuna de la idea revolucionaria. Pretendía el escritor inferiorizar al puertorriqueño, sus habilidades organizativas y restringir sus ansias de libertad a través de una imagen derrotista.

El autor mismo señala en su prólogo que su propósito no es otro que hacer caer por su base el reformismo liberal de Puerto Rico, destruyendo ese deleznable cimiento sobre el cual fundaban sus desmesuradas pretensiones los reformadores de esta provincia. Para ello, escribió la Historia de la insurrección de Lares.[2] A esto, le añade que en Puerto Rico no hay ni hubo separatistas.[3]

El libro es una apología a las autoridades de la metrópoli española por, según el autor, una calaverada de unos cuantos, que ni la preparación ni significación política tuvo y cuya prueba de que aquellos individuos se lanzaron solos por sí y ante sí, para proclamar una república independiente, fue que nadie los secundó en el resto de la Isla.[4]

Pérez Moris condena el “germen” independentista en Cuba y Puerto Rico desde el prólogo, a la vez que separa los paralelismos ocurridos entre el Grito de Yara en Cuba y el de Lares para reafirmar que la Isla del Cordero es “leal”, “pacífica” y “española de corazón”. Cabe destacar que, para este autor, el Grito de Lares estuvo “tan bien o mejor” organizado que el de Yara.[5]

Lo más valioso de la obra radica en las fuentes de información que utiliza Pérez Moris. El autor pudo acceder a toda la documentación gubernamental disponible en su época. Desde el principio, el autor reafirma la verdad histórica de la interpretación de los documentos para sostener su planteamiento de que la Isla es una leal a España.[6]

Pérez Moris incluye data referente a la población y la economía para sostener su principio de que Puerto Rico era una colonia prospera bajo el régimen español y atenuar el significado de la gesta de Lares.[7]

Incluye el autor un recuento histórico de las intentonas subversivas ocurridas en el país. Hace hincapié en que las dos supuestas intentonas separatistas anteriores a 1868 fueron llevadas a cabo por militares españoles. Conecta la insurgencia boricua con los sucesos acaecidos en Caracas y Santo Domingo. Alega el conservador que la migración de venezolanos que comenzó a llegar a Cuba y Puerto Rico a partir de 1811 trajeron consigo “el germen” separatista que floreció en ambas Antillas. Empero señala que fue la “funesta guerra de Santo Domingo” la que propició el ambiente separatista en Puerto Rico.[8]

Las dos intentonas separatistas anteriores al Grito de Lares fueron:
1. En 1835 un grupo de soldados desafectos intentaban proclamar una constitución en la noche de San Rafael, 24 de octubre. La intentona fue descubierta y suprimida por el gobernador Miguel de la Torre.[9]
2. El otro evento ocurrió en julio de 1838. Un escuadrón de soldados pretendía apoderarse de la ciudad de Puerto Rico y ejecutar al capitán general Miguel López de Baños y otras figuras prominentes, por este intento fallido se arrestaron seis sargentos, tres cabos y ocho soldados.[10]

Los acontecimientos que condujeron al Grito de Lares, según el autor, se fraguaron en Nueva York entre exiliados de Cuba y Puerto Rico, a los cuales considera “filibusteros”.[11] Ensombrece las figuras de los líderes que orquestaron el Grito de Lares. Condena al licenciado Segundo Ruiz Belvis, quien había sido nombrado juez, por sus sentimientos antiespañoles. Lo describe como un hombre de carácter iracundo, altanero, hasta con los jornaleros, y de su afición al juego.[12]

En referencia al Dr. Ramón Emeterio Betances, Pérez Moris indica que era natural de Cabo Rojo, estudió en Francia y trabajó como médico en Mayagüez, donde estableció un hospital en su propia casa. Enfatiza el asturiano que el Padre de la Patria Puertorriqueña había sido reprendido en varias ocasiones de 1858 por sus ideas políticas, por su tendencia al republicanismo y su marcada desafección al Gobierno de España.[13]

En el resto de la obra, Pérez Moris describe los incidentes del Grito de Lares, cómo fue descubierto y los implicados en el movimiento. Enfatiza el extranjerismo de Manuel Rojas al que identifica como venezolano y a Matías Brughman como estadounidense al que se refiere como Mr. (mister).[14]

Describe vívidamente el juicio[15] y condena la amnistía que le concedieron las autoridades españolas a los insurrectos, a la cual culpa por el desconocimiento que tienen las autoridades sobre los hechos de Lares.[16]

A partir de la obra de Pérez Moris, la historiografía puertorriqueña ha repetido u objetado los planteamientos esbozados por el autor en Historia de la insurrección de Lares.

Hasta el día actual constituye la principal fuente segundaria sobre la gesta histórica. La obra es una mirada al otro, subjetiva, escrita en un lenguaje llano, comprensible para los lectores porque la obra está claramente dirigida a discursar a favor de España y justificar el colonialismo. Metodológicamente, Pérez Moris trabajó con fuentes primarias y secundarias, entre ellas: proclamas, cartas (firmadas y anónimas), pareceres, decretos, sentencias, real ordenes, comunicaciones, pasquines, recortes de periódicos, anécdotas, circulares de obispado y partes para probar su punto principal, los puertorriqueños no son antiespañoles.

La historiadora y profesora del Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico, Loida Figueroa Mercado, rompió con el patrón oficialista para plantear en su obra, Tres Puntos Claves: Lares-Idioma-Soberanía (1972) que el Grito De Lares, constituyó las bases de una nación.[17] A su vez, la historiadora instituyó una historia de resistencia esgrimiendo tres conceptos: el nacionalismo del Grito, la lengua y la aserción de la soberanía para la patria.[18] Figueroa esbozó a través de tres ensayos que en Lares, Puerto Rico se desarticuló de la metrópoli, estableció el idioma como método de resistencia y se consagró la soberanía como concesión a la dignidad irrevocable de cada nación. Los ensayos cumplen con el propósito de concienciar a los puertorriqueños de su capacidad de resistencia a las imposiciones de las metrópolis. La investigadora sostiene sus planteamientos en fuentes secundarias que emanan del trabajo de Pérez Moris. Para Figueroa Mercado, Lares es el inició de la nación y consagración de la puertorriqueñidad.

La conceptualización del Grito de Lares trenzado dentro del movimiento de resistencia que nos presentó Figueroa Mercado es producto de su formación educativa, del nacionalismo albizuista y del momento histórico que le tocó vivir. El profesor Mario Cancel Sepúlveda indica que Figueroa Mercado es producto de la treintismo hispanófilo y que su perspectiva histórica fue forjada en momentos en que la historia de la Isla tomaba un giro que le creaba una imagen de tierra libre por medio de un articulado proyecto de nacionalismo cultural oficial que no amenazaba la estabilidad del régimen, nacionalismo corporeizado en el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) y sus ideólogos. Figueroa Mercado se encontró ante la disyuntiva de producir lo que se pudo llamar como la historia analítica o la historia de la resistencia.[19]

Mientras Figueroa Mercado entrelazó a Lares dentro de una historia de resistencia, Olga Jiménez de Wagenheim en su libro El Grito de Lares: sus causas y sus hombres (1986) estableció a Lares como una revolución de afirmación nacional. La obra de Jiménez es considerada por muchos historiadores como la obra pionera que rompe con el oficialismo iniciado por Pérez Moris. La historiadora analizó el Grito y su impacto dentro de la sociedad decimonónica fuertemente influenciada por el materialismo histórico. La autora enriqueció su trabajo con un análisis del proceso colonizador español hasta el siglo XVIII, examinó las motivaciones de los revolucionarios, evaluó las condiciones socioeconómicas de los rebeldes y contrastó la realidad política de la colonia versus las aspiraciones de los criollos.

Jiménez de Wagenheim escribió para la academia e incluyó terminología jurídica para explicar el proceso judicial ulterior al Grito y los interrogatorios. La autora reconoció la historiografía anterior a su trabajo[20], pero se distancia del oficialismo y de la historia de resistencia. La obra cuenta con una bibliografía extensa que incluye fuentes primarias tales como, los testimonios de los rebeldes capturados, la correspondencia cursada entre los jueces, audiencia, la oficina del gobernador y el tribunal militar, y documentos municipales. Jiménez aseguró en su trabajo haber estudiado fuentes nunca utilizadas.[21]

El Congreso Nacional Hostosiano, en conmemoración del 170 aniversario del natalicio de Ramón Emeterio Betances y en preparación para el 130 aniversario del Grito de Lares, publicó un compendio de siete autores sobre la efeméride, Siete Voces hacia el Grito de Lares (2000). Los autores analizaron el Grito desde la perspectiva independentista.[22] Analizaron la figura del doctor Ramón Emeterio Betences, su aportación al Grito y las consecuencias del hecho histórico en la sociedad en las postrimerías del siglo XX. Los escritores, entre ellos, Isabel Gutiérrez del Arroyo, José “Che” Paralitici, Francisco Moscoso, Loida Figueroa, Juan Antonio Corretjer, Germán Delgado Pasapera, hacen un recuento de los antecedentes y la acción gestada para justipreciar su significado histórico. La metodología de los ensayos es diversa, pero en su mayoría se sostiene sobre fuentes secundarias publicadas por investigadores anteriores.

El historiador Francisco Moscoso revolucionó la perspectiva histórica del Grito en su obra La Revolución Puertorriqueña de 1869: el Grito de Lares (2003). El cuaderno educativo conecta a Lares con la formación histórica de la nacionalidad. Evalúa los eventos, el desenlace y el impacto de Lares en la historia nacional. Moscoso nos presentó un Lares victorioso, no en lograr su propósito, sino porque culminó el proceso identitario de la nacionalidad. Lares no fue una derrota, es una victoria que nos enseñó a resistir, principio que aún identifica al puertorriqueño.[23]

Moscoso escribió este ensayo para el público en general, manteniendo los cánones establecidos para la historiografía moderna. Hizo uso de fuentes primarias y secundarias. Uno de los detalles más significativos del cuaderno es que por primera vez se utilizaron para un trabajo sobre Lares los documentos del Archivo General Militar de Madrid; donde el general José Laureano Sanz, a la sazón gobernador de la Isla, en su informe al poder Ejecutivo del 4 de julio de 1869, reconoce que Lares logró integrar elementos de todos los niveles sociales y que de haber estallado la revolución en múltiples lugares y haberse recibido los auxilios militares que había enviado Betances, otro pudo haber sido el desenlace de la gesta. [24]

El historiador equiparó a Lares con otros movimientos libertarios y, tal vez sin pensarlo, escribió una epopeya para la Patria y elevó a los revolucionarios al altar de los inmortales.

La nación afirmada en Lares es definida en el siglo XXI en una ponencia redactada por el licenciado Juan Mari Bras el 17 de septiembre de 2009 en Mayagüez y leída por el autor con motivo del aniversario de la gesta en la ciudad de Nueva York el 23 de septiembre de 2009: “Lares colocó a Puerto Rico en la categoría de nación”[25]. En su presentación Mari Bras destaca la importancia de la Ciudad de Nueva York en la organización de Lares y exalta la trilogía integrada por Ramón Emeterio Betances, Segundo Ruiz Belvis y Eugenio María de Hostos como los máximos próceres del siglo decimonónico. El autor afirma que la patria peregrina nació en Nueva York, el barrio de mayor población boricua, como la República puertorriqueña tuvo su sede en Lares. Esa patria peregrina es una realidad universal de todos los integrantes de nuestra nación, la mitad de cuya población vive en Estados Unidos y la otra mitad en Puerto Rico.

Mari Bras integró a la diáspora con los habitantes de la Isla, antes de que el huracán María nos hiciera crear conciencia de que somos una sola nación, Afirmó el líder independentista que la patria nació en Lares el 23 de septiembre de 1868 y que desde entonces deambula hasta el momento en que se libere de injerencias extranjeras el suelo puertorriqueño. Reconoció que el rescate de la gesta se le debe a don Pedro Albizu Campos y afirmó que la patria peregrina de la que todos y todas formamos parte en la actualidad hay que defenderla con todo el poder que seamos capaces de generar con nuestras luchas, a todos los niveles.

El discurso de Mari Bras usa como metodología los trabajos de Germán Delgado Pasapera, Francisco Moscoso, José Pérez Moris y Juan Antonio Corretjer.

Lares en perspectiva
El Grito de Lares es un proceso continuo que se inició el 23 de septiembre de 1868. La búsqueda de la libertad de la Patria es uno de resistencia y reafirmación identitaria. La nación puertorriqueña recibió su último impulso definitorio con las reformas liberales implementadas en la Isla por la Cédula de Gracia de 1815. La Cédula potencializó el desarrollo del país, permitió la migración de europeos católicos que trajeron consigo nuevas tecnologías, y liberalizó el régimen político colonial. Los nuevos emigrantes trajeron nuevos paradigmas que fortalecieron el sentido identitario puertorriqueño. La Isla aspiró a integrarse a la modernidad. El sueño duró poco porque España no aprendió la lección que le dio la pérdida del imperio. España se olvidó de las reformas económicas y optó por el método que le pareció más eficaz: imponer su control por la fuerza.[26]

Como bien indicó Jiménez de Wagenheim en su libro, cuando se gesta el Grito de Lares existían conflictos políticos y sociales que motivaron a los rebeldes a librarse del yugo colonial español. Esos conflictos se convirtieron en llama revolucionaria solamente cuando los afectado tomaron conciencia de que su situación estaba directamente vinculada a la condición colonial.[27]

El Puerto Rico del siglo XXI está plagado de problemas sociopolíticos y económicos que todas las ideologías políticas (anexionista, autonomista e independentista) achacan al sistema colonial imperante bajo la metrópoli estadounidense.[28] Sin embargo, ninguna de las facciones está interesada en resolver la crisis porque dependen económicamente del sistema establecido por la metrópoli. A pesar de condenar acciones gubernamentales, el principal partido independentista, Partito Independentista Puertorriqueño (PIP), depende del fondo electoral para mantener sus operaciones y su cuadro directivo tiende a perpetuarse en la dirección partidista, convirtiéndose en vampiros de la metrópoli. La dependencia de recursos federales y el tomar prestado para sostener un sistema enfermo y decadente han llevado al gobierno a la quiebra. Esto se venía venir. Líderes políticos y economistas lo pronosticaron, pero nadie estuvo dispuesto a ponerle freno a la situación.

Cuando ya la situación se hizo inmanejable y los acreedores, en su mayoría asociados a las altas esferas del gobierno federal, vieron sus pagos amenazados y sus intereses menguados, exigieron acción correctiva para el problema. Encontramos similitudes en el cuadro social del Puerto Rico decimonono. Existía un gobierno colonial represivo aliado con los anexionistas; comerciantes privilegiados protegidos por las leyes y la metrópoli que se convirtieron en prestamistas, usureros, que sustituían a la inexistente banca; un grupo de pequeños propietarios (clase media) que el gobierno enajenaba y empujaba hacia el empobrecimiento; una clase obrera oprimida cuya libertad de movimiento estaba restringida; esclavos subyugados cuya función era trabajar para el enriquecimiento de sus amos como muchos adictos lo hacen hoy con los dueños de los puntos; un grupo de librepensadores que buscaban mejorar las condiciones de vida de los puertorriqueños divididos en tres facciones: anexionistas, autonomistas e independentistas; una afirmación identitaria que era constantemente cuestionada por los que insistían en ser solo ciudadanos “americanos” y un bloqueo hacia el establecimiento de una institución universitaria por considerarla un posible foco subversivo, como muchos politicastros consideran hoy a la Universidad de Puerto Rico.

El Grito de Lares: mentira colonial; verdad patria
La coyuntura actual hace imperativo el rescate del Grito de Lares, no solo como gesta libertaria, sino como el momento en que los puertorriqueños proclamaron su mayoría de edad como pueblo.[29] Sin embargo, como bien dijo el historiador José “Che” Parelitici, la masa del país ignora lo significativo de esta efeméride.[30] Aunque el Grito se estudia como un evento en las clases de historia la grandiosidad de la efeméride, su profundo significado identitario y sus implicaciones en el Puerto Rico de hoy son obviadas.

Sobre este punto, el historiador Germán Delgado Pasapera por su parte puntualizó que la historia es un estudio de antecedentes, hechos, causas, y consecuencias inmediatas o futuras.[31] Ha existido una conspiración silenciosa para minimizar la gesta desde el mismo momento en que esta ocurrió. Los gobernantes estaban conscientes de la importancia del Grito de Lares, la fuerza que este imprimió al sentido identitario del país y temían que otros movimientos similares ocurrieran.[32].

Desde que Pérez Moris publicó Historia de la insurrección de Lares (1873) el Grito de Lares ha estado sujeto al libelo propagandista gubernamental. Las falacias expresadas por Pérez Moris se convirtieron en la versión oficial de los hechos. A pesar de que desde la publicación del libro del peninsular ha habido voces disidentes e historiadores que revaluaron a Lares, estos eran acallados por el sistema colonial. La doctora Olga Jiménez de Wagenheim con la publicación de El Grito de Lares: A Socio-Historic Interpretation of Puerto Rico's Uprising Against Spain in l868 (1981) revolucionó la investigativa sobre la efeméride. El movimiento del cual Jiménez de Wagengeim es parte, la “Nueva Historia”, ha profundizado sus investigaciones sobre el Grito de Lares para valorar desde la perspectiva puertorriqueña el profundo significado de la gesta. La multiplicidad de detalles expuestos por la profesora emérita de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey nos introdujo a un Grito de Lares diferente donde hubo participación de personas de todos los niveles sociales y de veintisiete municipios del país.[33] Uno de los aspectos más importantes del trabajo de Jiménez sobre el Grito de Lares es su rescate de los participantes en la gesta. Los héroes y mártires dejaron de ser simplemente nombres y se convirtieron en seres humanos.[34]

Antecedentes de Lares
En su ensayo “Los antecedentes de Lares” Isabel Gutiérrez del Arroyo afirmó que el Grito de Lares fue la concreción culminante de un complejo de fuerzas históricas.[35] La historiadora alegó que los habitantes de la Isla habían creado conciencia del hecho diferencial entre el tronco progenitor español y el retoño insular puertorriqueño.[36] La ensayista insistió en que la geografía, diversidad étnica y la historia en su proceso ya tricentenario han formado una nueva realidad nacional con problemas y soluciones propias, aspiraciones y destino divergentes.[37]

Francisco Moscoso especificó por su parte en La revolución puertorriqueña de 1868: el Grito de Lares (2003) que, en documentos del siglo XVIII, tan temprano como el año 1705 se estableció la distinción entre puertorriqueños y españoles. Ahora todos los naturales de la tierra eran los criollos.[38]

Germán Delgado Pasapera destacó que Puerto Rico atravesó un largo proceso de insatisfacción a fines del XVIII lo que condujo a acciones patrióticas en el siglo XIX.[39] Gutiérrez[40] y Moscoso[41] señalaron en sus trabajos que la primera manifestación de la existencia de la conciencia puertorriqueña ocurrió el 16 de agosto de 1809 cuando el obispo de Puerto Rico, Juan Alejo de Arizmendi, le encomendó al primer diputado a las Cortes españolas por el país, Ramón Power y Giralt, la defensa y protección de los derechos de los puertorriqueños.

Durante la primera mitad del siglo XIX hubo demostraciones de reafirmación identitaria e intentonas de movimientos independentistas. La conspiración de San Germán de 1811[42]; el movimiento independentista en que estuvieron envueltos María de las Mercedes Barbudo, su hermano José Antonio de los Reyes, Juan Nepomuceno Otero, el presbítero Juan Abreu, el coronel Manuel Suarez del Solar, el diputado Demetrio O’Daly y Matías Escuté en 1823;[43] el Plan de Antonio Valero, quien fue parte del estado Mayor de Guerra de Simón Bolívar, en 1826;[44] y el intento fallido de Andrés Vizcarrondo Martínez y Buenaventura Valentín Quiñones[45], son ejemplo de que un importante sector del país ansiaba constituir una nación libre y soberana.

Las motivaciones para el Grito de Lares
Lares se organizó en medio de un clima de represión gubernamental, una grave crisis socioeconómica, pero más que nada por la pérdida de fe en el sistema español, la existencia de unos intelectuales capaces de asumir el liderato, una meta, y un mecanismo organizativo a través del cual canalizar el descontento de los demás.[46]

La teoría de José “Che” Paralitici sobre las causas del Grito de Lares se basaron en la lucha de clases que surge como resultado de una transición en la economía subsidiada a una de mercado.[47] Para el historiador ese cambió transformó una sociedad igualitaria basada en el sustento familiar a una con diferencias y conflictos de clases.[48] Puerto Rico en la segunda mitad del siglo XIX contó con una clase de comerciantes que en su mayoría eran peninsulares y extranjeros que eran protegidos por el gobierno, convertidos en prestamistas por su poder económico, una de deudores, casi todos pequeños hacendados, trabajadores controlados por el régimen de la libreta y los esclavos.[49]

La mayoría de los criollos desafectos al régimen español residían en el Partido de San Germán. El gobierno colonial para 1866 se percató de un posible levantamiento en contra del régimen como secuelas de la guerra de Restauración de la República Dominicana y su cercanía con el oeste. República Dominicana había sido anexada a España en 1861, pero restauró su independencia con una guerra entre 1863 y 1865. El gobierno intuyó la posibilidad de un levantamiento en el occidente isleño basándose en la distancia que los separaba de la capital, la riqueza de las familias, el buen puerto en Guánica y la “mala índole” de los habitantes.[50]

La propaganda oficialista española señaló como causas para el Grito de Lares el deseo de los revolucionarios por lograr la independencia, crear una república y destruir a los peninsulares.[51] Jiménez de Wagenheim atestó por su parte que la gesta de Lares es el resultado de una mezcla de factores que incluyeron elementos económicos, sociales y políticos.[52] Pero esos conflictos se convirtieron en una llama revolucionaria solamente cuando los afectados tomaron conciencia de que su situación estaba directamente vinculada a la condición colonial.[53]

Luego de los trabajos icónicos de Pérez Moris y Olga Jiménez sobre el Grito de Lares y sus causas, la evaluación histórica del hecho ha estado dividida. No ha habido un consenso, pero si una sumatoria de posibles causas. Ejemplo de esta división entre los pensadores puertorriqueños lo constituyen Luis Martínez de la Rosa, quien enfatiza las causas económicas[54], mientras que para José “Che” Paralitici la lucha de clases fue el detonante principal.[55] Cada historiador basará su percepción sobre el Grito acorde al pensamiento filosófico histórico con el que se identifique.

Francisco Moscoso analiza concienzudamente el evento y crea una diferencia entre lo que considera los detonantes versus la causa principal para que se diera la efeméride: “No se debe confundir lo que pueden ser móviles o detonadores inmediatos con las contradicciones estructurales de las relaciones económicas, sociales, políticas e ideológicas que subyacen y rigen al conjunto de los problemas expuestos”.[56]

Moscoso enumeró como detonantes del Grito de Lares las causas económicas, políticas o sociales mencionadas por otros historiadores[57], empero para el historiador mayagüezano, la causa principal para el Grito de Lares fue el hecho de que Puerto Rico ya era una nación diferenciada con sus caracteres y costumbres forjados a lo largo de tres siglos con sus proyectos y clamores de cambio y desarrollo en todos los niveles desde el siglo XVIII, y con su aspiración de gobierno propio e independiente desde hacía décadas.[58]

Conclusiones
La historiografía puertorriqueña sobre el Grito de Lares es abundante, pero subjetiva. La escuela filosófica y el pensamiento político del historiador determinan la investigación del tema. El oficialismo se vale de esto para restarle importancia al hecho histórico y proyectar una imagen dependiente, peyorativa y sumisa del pueblo puertorriqueño.

Una visión objetiva del Grito, distanciada de apasionamiento políticos, es imperativa. Puerto Rico atraviesa por momentos símiles a los que condujeron al Grito de Lares. Podemos inferir que sociopolítica y económicamente estamos en un periodo de retroceso, donde todos los logros obtenidos por las luchas socio-obreras son desechadas para instaurar un régimen opresor muy parecido al de las facultades omnímodas del siglo XIX. La metrópoli impuso una Junta de Supervisión Fiscal con poder decisional sobre las finanzas del país, en efecto, sus integrantes son procónsules estilo la antigua Roma.

¿Hasta cuándo aguantará el pueblo restricciones socioeconómicas y laborales seguidas por aumentos en el coste de vida, inestabilidad laboral, deterioro en los sistemas de salud y educativos y una criminalidad descontrolada?

El huracán María, su destrucción, la mitomanía gubernamental sobre los difuntos y otros aspectos relevantes, la sumisión gubernamental a las humillaciones del presidente Donald Trump, la negativa del Congreso a revisar el estatus colonial y la constante mendicación, han reavivado el amor a la Patria. Banderas puertorriqueñas ondean a lo largo y ancho del país.

La percepción de Francisco Moscoso sobre la formación identitaria y la importancia del Grito de Lares cada vez resuenan más entre las poblaciones marginadas. El pueblo se identifica con la Monoestrellada y se siente ajeno a una metrópoli desafecta culturalmente opuesta a la puertorriqueñidad. La metrópoli, una vez un banco sin límites, puso tardíamente controles a sus prebendas a la colonia. La Isla está endeudada y parece encontrarse en un callejón sin salida.

El gobierno anexionista que rige el país está desacreditado ante las autoridades federales. Por primera vez desde 1952 el Congreso tocó el tema del estatus. Envió dos senadores, uno republicano (Marco Rubio) y otro demócrata (Robert Menéndez) para dejarle saber al gobierno que no cuentan con 60 votos en el Senado para la estadidad. En palabras claras, no sueñen con ser integrados como estado de la Unión.

Las huestes anexionistas, como sucedió a principios del siglo XX cuando los federalistas aceptaron que Estados Unidos no tenía planes de otorgarle la equidad política a Puerto Rico, están en negación. Mientras tanto el pueblo sigue con la actitud de obtener el mejor beneficio de la usurera metrópoli que no da nada gratis, pero el jibaro se las ingenia para no pagarle.

Cada acción gubernamental aviva el sueño libertario. Las ansias de determinar el futuro de la tierra es una semilla que se fecunda en cada latido de los corazones puertorriqueños, esperando germinar. Contrario al 23 de septiembre de 1868, las armas ilegales abundan y si no prestamos debida atención a los problemas que aquejan a la sociedad, buscamos soluciones y nos preparamos para una sanación reconstrucción nacional, podríamos enfrentar un baño de sangre como nunca antes.

El sentido identitario puertorriqueño debe estar solventado sobre verdades historias. Es hora de educar para construir un nuevo país.

Bibliografía
Congreso Nacional Hostosiano. Siete Voces hacia el Grito de Lares. San Juan: Comité de Estudios CNH, 2000.

Figueroa Mercado, Loida. Tres Puntos Claves: Lares-Idioma-Soberanía. San Juan: Editorial Edil, 1972.

Jiménez de Wagenheim, Olga. El Grito de Lares: sus causas y sus hombres. Río Piedras: Ediciones Huracán, 1986.

Moscoso, Francisco. La Revolución Puertorriqueña de 1869: el Grito de Lares. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2003.

Pérez Moris, José. Historia de la Insurrección de Lares. Río Piedras: Editorial Edil, Inc. 1975.

Archivos Digitales

Cancel Sepúlveda, Mario. “El discurso histórico de Loida Figueroa Mercado: apuntes iniciales”. Academia.edu. Consultado el 15 de mayo de 2018.

Mari Bras, Juan. “Lares colocó a Puerto Rico en la categoría de nación”. Juan Mari Bras Org. Consultado el 7 de junio de 2018. http://juanmaribras.org/escritos/de-juan-mari-bras/independencia-de-puerto-rico/261-lares-coloco-a-puerto-rico-en-la-categoria-de-nacion-definida.html.



[1] Francisco Moscoso, La Revolución Puertorriqueña de 1869: el Grito de Lares (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2003), 8-12.
[2] José Pérez Moris, Historia de la Insurrección de Lares (Río Piedras: Editorial Edil, Inc. 1975), 16.
[3] Ibíd., 17.
[4] Ibíd., 17.
[5] Ibíd., 16.
[6] Ibíd., 16. Indica el autor que existen “cincuenta y dos legajos de que constó la causa en sumario formada en Arecibo a más de 500 presos, resultando justificados los cargos contra 475”.
[7] Ibíd., 240, 245, 246, 247.
[8] Ibíd., 51.
[9] Ibíd., 33.
[10] Ibíd., 43-49.
[11] Ibíd., 56.
[12] Ibíd., 57.
[13] Ibíd., 57-58.
[14] Ibíd., 107.
[15] Ibíd., 201.
[16] Ibíd., 20.
[17] Loida Figueroa, Tres Puntos Claves: Lares-Idioma-Soberanía (San Juan: Editorial Edil, 1972), 5, 42, 70, 71, 74.
[18] Ibíd., 70 -71.
[19] Mario Cancel Sepúlveda, “El discurso histórico de Loida Figueroa Mercado: apuntes iniciales”, Academia.edu. Consultado el 15 de mayo de 2018.
[20] Olga Jiménez de Wagenheim, El Grito de Lares: sus causas y sus hombres (Río Piedras: Ediciones Huracán, 1986), 13.
[21] Ibíd., 20.
[22] Francisco Moscoso, “Prólogo” en Siete voces hacia el Grito de Lares (Río Piedras: Comité de Estudios del CNH, 2000), 81.
[23] Moscoso, La Revolución…, 73-75.
[24] Ibíd., página legal.
[25] Juan Mari Bras, “Lares colocó a Puerto Rico en la categoría de nación”. Juan Mari Bras Org. Consultado el 7 de junio de 2018. http://juanmaribras.org/escritos/de-juan-mari-bras/independencia-de-puerto-rico/261-lares-coloco-a-puerto-rico-en-la-categoria-de-nacion-definida.html.
[26] Jiménez de Wagenheim, El Grito…, 116.
[27] Ibíd., 226.
[28] Rubén Díaz (Senador del estado de Nueva York), “El problema de puerto rico es su condición de colonia de los Estados Unidos”. Última actualización 5 de noviembre 2015. Consultado el 30 de mayo de 2018. https://www.nysenate.gov/newsroom/press-releases/ruben-diaz/el-problema-de-puerto-rico-es-su-condicion-de-colonia-de-los.
[29] En Germán Delgado Pasapera, “Significado de Lares en la lucha por la liberación nacional” en Siete voces…, 74, se afirma que “el Grito de Lares, como el Grito Yara en Cuba y el Grito de Dolores en México, es el hito que señala, con todo su dramatismo de decisión, la mayoría de edad de un pueblo”.
[30]José “Che” Paralitici. “Lares en su historia” en Siete voces…, 36.
[31] Delgado Pasapera, “Significado…” en Siete voces…, 74.
[32] Ibíd., 81.
[33] Jiménez de Wagenheim, El Grito…, 71-82.
[34] Loida Figueroa Mercado. “El Grito de Lares: Ángulos inadvertidos de un tema al parecer trillado” en Siete voces…, 51.
[35] Isabel Gutiérrez del Arroyo. “Los antecedentes de Lares” en Siete voces…, 22.
[36] Ibíd.
[37] Ibíd.
[38] Moscoso, La revolución…, 12.
[39] Delgado Pasapera, “Significado de Lares…”, 75.
[40] Gutiérrez del Arroyo, “Los antecedentes…, 22.
[41] Moscoso, La Revolución…, 15.
[42] Moscoso, La Revolución…, 15.; Gutiérrez del Arroyo, “Los antecedentes…”, 24.
[43] Moscoso, La Revolución…, 26; Gutiérrez del Arroyo, “Los antecedentes…”, 24.
[44] Moscoso, La Revolución…, 26-27; Gutiérrez del Arroyo, “Los antecedentes…”, 27-33.
[45] Moscoso, La Revolución…, 28-29. ; Gutiérrez del Arroyo, “Los antecedentes…”, 33.
[46] Jiménez de Wagenheim, El Grito…, 228.
[47] José “Che” Paralitici. “Lares en su historia” en Siete voces…, 37.
[48] Ibíd.
[49] Ibíd., 38.
[50] Ibíd., 39-38.
[51] Jiménez de Wagenheim, El Grito…, 82.
[52] Ibíd., 116.
[53] Ibíd.
[54] Luis De la Rosa Martínez, La periferia del Grito de Lares: Antología de documentos históricos (República Dominicana: Editora Corripio. 1983).
[55] Paralitici, “Lares…”, 37.
[56] Moscoso, La Revolución…, 6.
[57] Ibíd.
[58] Ibíd., 7.

martes, 20 de agosto de 2019

Introducción a Presencia femenina en el Ponce del siglo XIX


Introducción a Presencia femenina en el Ponce del siglo XIX
Por Eli D. Oquendo Rodríguez

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Algunos de los relatos históricos que se escribieron entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, por visitantes a la isla de Puerto Rico ofrecen escasas noticias acerca de las mujeres del país. Y en la mayoría de los casos es ya bien para referirse a sus gracias, o carencia de ellas, y a su particular modo de vestir. Fray Iñigo Abad y Lasierra, en 1788, aportaba cualidades positivas y negativas de éstas. Decía al referirse a ellas que eran de buena disposición, fecundas y aficionadas al baile y a correr a caballos.[1] Además, agregaba que eran muy hábiles en ambas cosas. Pero también las describía como mujeres de dientes consumidos, descoloridas, desidiosas y desaliñadas.[2] Y sobre su vida sexual apuntó que se casaban temprano y que solían preferir a los españoles antes que a los criollos.[3] El ilustre fraile presentó también una estampita bastante gráfica de cómo acostumbraban a vestirse las puertorriqueñas del siglo XVIII.

Poco antes de concluir ese siglo un viajero francés, botánico de profesión, escribió un libro como resultado de una expedición científica que hiciera al país. Su nombre fue André Pierre Ledrú. Y a su libro lo tituló Viaje a la Isla de Puerto Rico. Éste repite casi con las mismas palabras la descripción que hiciera Abbad y Lasierra sobre la vestimenta femenina.[4] Pero reseñando un baile que presenció en la hacienda de Don Benito, a orillas del río Loíza, apuntaba que vio a las mugeres con trages blancos y largos collares de oro.[5] Y que ambos sexos usaban y llevaban la cabeza cubierta con un pañuelo de color y un sombrero redondo galoneado.[6] Ledrú, en su trabajo, solamente describe a una mujer, que más bien, era una adolescente nombrada Francisca. Ésta era una tímida mozuela de dieciséis años, hija de su anfitrión. La presentó con una belleza casi plástica. Ella sabía cantar y tocar la guitarra con mucha gracia. Ledrú se sintió muy atraído por esa joven. Y hubo momentos en que ellos compartieron y que fueron descritos por el galo, repletos de una voluptuosa sensualidad.[7] El relato pierde la frialdad científica para adquirir la fogosidad de un romántico.

A mediados de la década de 1830, el coronel irlandés George Flinter publicó su trabajo An Account of the Present State of the Island of Puerto Rico. En el capítulo III de su libro dedica un subtítulo a la mujer titulado Appearance and Manners of the Ladies of Puerto Rico.[8] El mismo consta de unas cinco páginas y media. Flinter estaba impresionado con la mujer criolla y le prodigó toda una serie de elogios. Comenta sobre su belleza, costumbres, gusto en el vestir, habilidades, aficiones, virtudes y defectos.[9] En comparación con Abbad y Ledrú ofrece más información, aunque muchas de sus apreciaciones están basadas en mujeres pertenecientes a la clase alta. Así se ve, por ejemplo, cuando señala que algunas sabían francés y pintar o que eran muy puntillosas en la observancia de aquellos rituales que acompañan el día de cumpleaños. Y aún, haciendo estos comentarios tomando como modelo a las mujeres de la élite criolla parece rayar en la exageración. Júzguese, por ejemplo, cuando refiriéndose a la forma de conducirse las criollas enfatiza: they are possessed of great natural vivacity, an ease of manners which in England is only to be found in the best society.[10] Quizás un comentario que pudiera aplicarse a todas las mujeres por igual es cuando señala que: In domestic circle they are affectionate wives, tender mothers, and attached and faithful friends. They are industrious, frugal, and economical, without meanness. They excel in horsemanship.[11]

Flinter también señala que, contrario a lo que se había dicho de las mujeres de la Isla que eran adictas al fumar, jamás vio alguna hacerlo. Pero, aun así, las prefería frente a ciertas europeas que bebían ginebra. Ciertamente, el concepto del irlandés sobre las criollas es muy elevado y las idealizó con un sinnúmero de virtudes. No obstante, ellas pudieran ser aún mejores si tuvieran el beneficio de la educación, agrega. Y las compara con diamantes que luego de ser pulidos adquieren su esplendor y valor. Termina este subtítulo, el coronel George Flinter, enumerando todas las bondades que ve en la mujer criolla y abogando por una educación para la misma. Esto queda planteado a modo de una interrogante que se expresa en los siguientes términos:

If the ladies of this island are so elegant, so fascinating, so graceful, so kind and humane, as mere children of nature, what might we not expect from their good hearts and lively genius with the advantages of a refined education?[12]

En los documentos oficiales del municipio de Ponce sean censos, padrones, listas fiscales, juicios verbales, oficios, cartas u otros es posible hacer un atisbo al papel desempeñado por la mujer dentro de los cambios económicos y sociales que se producen en la ciudad desde los albores del siglo XIX.  Su importancia ha sido mayor de lo que se podría suponer, sobre todo si se toman en cuenta varios puntos: la sociedad era culturalmente de marcado sello patriarcal y machista, la mujer siempre estuvo en desventaja económica, en términos legales estuvo subordinada[13] y se la confinaba a los roles tradicionales de esposa, madre e hija. Tres serán los objetivos principales de este trabajo. Primero, examinar cómo la mujer fue un ente presente en los cambios que se operaron en el Ponce decimonónico. Segundo, analizar de qué recursos y cómo la mujer se valió de los mismos para ir abriendo su propio espacio. Y tercero: reflexionar sobre aquellos conflictos o situaciones que la mujer tuvo que enfrentar en su vida cotidiana en su carrera por abrir tal espacio. Cabe señalar que este estudio se limita a la mujer de condición libre por ser mucho más fácil de seguir su huella en los documentos de la época.



[1] Fray Iñígo Abbad y Lasierra, Historia geográfica civil y natural de la isla de San Juan Bautista de Puerto Rico. Reimpresión con estudio preliminar de por Isabel Gutiérrez del Arroyo, Río Piedras, Editorial Universitaria, 1979, p. 182.
[2] loc. cit.
[3] loc. cit.
[4] André Pierre Ledrú, Viaje a la Isla de Puerto Rico. Río Piedras, Ediciones del Instituto de Literatura Puertorriqueña y la Universidad de Puerto Rico, 1957, p.112.
[5] Ibíd., p. 47.
[6] loc. cit.
[7] Ibíd., pp. 45-46, 48.
[8] George D. Flinter, An Account of the Present State of the Island of Puerto Rico. San Juan, Academia Puertorriqueña de la Historia, 2002, p. ix.
[9] Ibíd., 81-87.
[10] Ibíd., p.82.
[11] loc. cit.
[12] Ibíd., p. 87.
[13] Ver: Félix V. Matos Rodríguez, “La mujer y el derecho en el siglo XIX en San Juan, Puerto Rico (1820-1962)”., en Pilar Gonzalbo Aizpuru, Edt., Género, familia y mentalidades en América Latina. San Juan, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1997, pp. 227-263.

martes, 13 de agosto de 2019

El Regimiento de Infantería Fijo de Puerto Rico durante la Revolución Haitiana y la posterior guerra contra Francia


El Regimiento de Infantería Fijo de Puerto Rico durante la Revolución Haitiana y la posterior guerra contra Francia
Por Pablo Alejandro Puello Díaz

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La inestabilidad sociopolítica experimentada en Saint Domingue, actual Haití, provocada a su vez por los acontecimientos revolucionarios franceses de 1789, convirtieron a la colonia y al territorio vecino de Santo Domingo en un verdadero campo de batalla. Tanto la insurrección esclava en 1791 y la declaración de guerra a Francia en 1793 por parte de España fueron detonantes a la hora de provocar una activación militar en el Caribe. Ante esto, cabría preguntarse: ¿Mantendría Puerto Rico una situación de completo aislamiento?, o, por el contrario, ¿Sería una posesión española la cual volvería a retomar su valor estratégico interviniendo militarmente?

Debido a la situación provocada por los esclavos insurrectos de Saint Domingue no cabe la menor duda de que el año 1791 dio comienzo a un periodo de intensa comunicación intercolonial, llegándose a crear un estado de alerta en Puerto Rico debido a los rumores y especulaciones de las posibles secuelas que podrían reproducirse. Ante esto, Puerto Rico respondió a la situación acobijando a los emigrados dominicanos y reteniendo muchos de los prisioneros franceses que no se podían mantener en Santo Domingo a raíz de la guerra contra Francia. No obstante, ¿qué sabemos respecto al intervencionismo militar orquestado por el Regimiento de Infantería Fijo de Puerto Rico?
Insurrección de esclavos en Saint Domingue de 1791 [1]

Aunque existe un consenso académico, respecto a los servicios realizados por las tropas enviadas por Puerto Rico a la frontera dominico-haitiana, existe una discrepancia en cuanto a la fecha del comienzo de movilización de estas. Puede encontrarse autores bajo la premisa de que el traslado de tropas fue a partir del comienzo de la guerra franco-española o Guerra contra la Convención de 1793, otros, señalan a la insurrección esclava, y no la guerra, como el comienzo de los preparativos para la movilización de tropas entre los años 1792 y 1793, y están los autores que no son del todo claros al momento de establecer una fecha en específico.

Tanto Rodríguez Demorizi[2] como Francisco Scarano marcan la fecha de 1793 como el comienzo de la movilización militar entre Puerto Rico y Santo Domingo. Por su parte, Scarano y Salvador Brau coinciden en el señalamiento sobre los efectos inmediatos que fueron provocados en la Isla como resultado de la Revolución Haitiana. Entre estos, solo Scarano[3] menciona que la movilización militar ocurrió luego de haberse declarado la guerra franco-española. En el caso de Brau, su referencia sobre el comienzo de la movilización militar es un tanto ambigua. Brau menciona una situación en donde el gobernador dominicano, Joaquín García, pidió ayuda a Puerto Rico tan pronto comenzó la insurrección esclava en 1791. También menciona el pedido de ayuda de los colonos de Martinica. Por lo comentado, la petición de ayuda fue denegada como consecuencia de la neutralidad española ante los acontecimientos franceses. Brau señala claramente que la ayuda fue negada a Martinica, pero en cuanto a Santo Domingo no hizo mención alguna. Más adelante, Brau menciona que: “Como la extensión de la línea fronteriza haitiana exigiese, en 1794, mayor contingente de tropas, habíanse añadido desde Puerto Rico al refuerzo anterior, las dos compañías de granaderos del Fijo”.[4]

Sin duda alguna, puede entenderse que antes de 1794 operaba un cuerpo militar enviado desde Puerto Rico, pero el detalle reside en que Brau no indica dicho suceso y no especifica la fecha en que llegó este primer grupo, creando la duda si fue inmediatamente luego de la insurrección esclava o al momento de declararse la guerra contra Francia. En cuanto al autor isabelino, Martín Rebolo[5], su mención sobre la fecha de la movilización de tropas se extiende hasta el año 1795, cuando se establece el Tratado de Basilea, el cual otorgaba a Francia la zona española, o sea, la colonia de Santo Domingo.

Respecto a los autores que colocan la insurrección esclava como la principal motivación para el envío de tropas se encuentra Milagros Denis. Similar al caso de Brau, Milagros Denis no ofrece fecha específica, pero señala que durante los acontecimientos insurreccionales las tropas comenzaron a partir. La autora hace referencia a las tropas, ya que comentaba sobre los avatares que Ramón de Castro estaba afrontando como consecuencia de la detención de las tropas en Santo Domingo ante el inminente enfrentamiento contra los ingleses. Milagros Denis comentó lo siguiente:
When the island entered into a state of emergency, as was the case during the English attack of 1797, the governor organized three compañías de morenos because many members of the batallón fijo, or infantry battalion, were serving in Santo Domingo, when the Revolution was taking place.[6]
Denis coloca las tropas en Santo Domingo durante los acontecimientos de la Revolución Haitiana, pero aun así no especifica la fecha. Similar caso ocurre con Morales Carrión, aunque este llega a ser un tanto más específico, pero sin mencionar aún fecha. Al referirse al inicio de la insurrección esclava en 1791, y las medidas tomadas en la frontera dominico-francesa, el autor coloca a las tropas de Puerto Rico defendiendo la frontera luego del evento insurreccional, quedando en evidencia la involucración tan temprana de Puerto Rico en los asuntos dominicanos.[7] Aún más específicos son los autores Pedro Tomás de Córdoba y José Gabriel García, ya que ambos mencionan la fecha exacta del desembarco del Regimiento Fijo en Santo Domingo. Por lo señalado por García, las comunicaciones entre Santo Domingo y Puerto Rico, referentes al llamado de auxilio por parte del gobernador Joaquín García, comenzaron tan temprano como el año 1791. El 30 de mayo de dicho año, Miguel Ustáriz, gobernador de Puerto Rico, envió al Regimiento de Cantabria[8] que se encontraba en la Isla y que a su vez estuvo compuesto de 1,366 plazas.[9] Interesante de más sería la mencionada fecha del 30 de mayo de 1791, ya que la misma precede al evento de la Revolución Haitiana ocurrida el 14 de agosto del mismo año. Sin embargo, no fue hasta el 5 de agosto del siguiente año que se tomó la decisión de enviar “quinientos hombres del Regimiento Fijo de Puerto Rico, que desde el mes de diciembre de 1792 habían entrado en el país…”.[10] Por lo visto, es José Gabriel García, el autor que comienza especificando el número de soldados enviados y sobre todo la fecha, meses antes de haberse declarado la guerra a Francia. Por su parte, Pedro Tomás de Córdoba fue quien especificó no solo la fecha en la cual el Regimiento zarpó hacia Santo Domingo, sino que incluso mencionó el lugar de destino al declarar que “el 8 de diciembre se embarcaron 500 hombres del Fijo para Montecristi en la isla de Santo Domingo para auxiliar la parte española”.[11] Por lo comentado por García, su análisis estuvo acorde a la documentación encontrada. Más aún, sería de interés el entender las circunstancias en las cuales se ordenó buscar al Regimiento de Infantería Fijo de Puerto Rico. Debemos ver que su número de tropas no era el mejor para emprender una campaña de tal magnitud contra Saint Domingue, también era cierto que las existentes en la frontera de Santo Domingo no eran del todo las mejores. Recordándose el hecho de que el Regimiento de Cantabria se encontraba en la frontera desde 1791 y que los disturbios en la parte francesa no cesaban:
El gobernador de Santo Domingo viendo que el espíritu de la colonia empeora sus revoluciones y que las tropas que han llegado son de mala condición ha pedido 500 hombres., al gobernador de Puerto Rico…[12]
Tales expresiones demostraron la necesidad de contar con tropas capacitadas como lo era el Regimiento de Infantería Fijo. Por lo tanto, no solo se trataba de aumentar la fuerza militar, sino de añadir fiabilidad a las tropas a través de un componente preparado como lo era el Regimiento enviado por Puerto Rico.

Respeto a las quinientas plazas enviadas a Santo Domingo, la documentación recopilada en el Archivo General de Simancas especifica que el Regimiento de Infantería de Puerto Rico llegó al puerto de Montecristi el 26 de diciembre de 1792, tal y como lo especificaron los autores Pedro Tomás de Córdoba y José Gabriel García. De allí se movilizaron al llamado cordón del norte, en el pueblo de Dajabón, en calidad de refuerzos.[13] Sin embargo, los quinientos hombres no fueron lo suficientemente capaces para detener las hostilidades de la parte francesa, ya que el arzobispo de Santo Domingo, en abril 24 del siguiente año, declaró al respecto:
…yo admiraré mucho, si aún no se han llamado las fuerzas de Cuba y Habana por prevenir un golpe de mano de los franceses, no habiendo bastado los quinientos hombres de Puerto Rico que guarnecen la frontera de Dajabón para haber evitado las incursiones hostiles, que han empezado a hacer en nuestra tierra por el lado del sur.14]
Por lo presentado, puede comprenderse, específicamente, que la entrada de Puerto Rico en el conflicto con Saint Domingue fue posterior a la insurrección de esclavos de 1791 y anterior a la fecha del 7 de marzo de 1793, donde Francia le declaró la guerra a España. Esto conlleva a la suposición de que las tropas enviadas por Puerto Rico poseían un propósito adicional, el cual no se limitó a brindar protección en la frontera contra cualquier hostilidad por parte de los esclavos rebeldes. Una vez comenzó la insurrección esclava, tanto las tropas dominicanas como el Regimiento de Cantabria se movilizaron a la frontera con el único fin de protegerla. Sin embargo, el caos provocado por los esclavos, más la inestabilidad política vivida en Francia y los vientos de guerra que se percibían en España provocaron que dicho movimiento evolucionara de una forma defensiva a una ofensiva.

No obstante, en 1795, se establece el Tratado de Basilea, por el cual España entregaba de forma oficial su parte de la Isla a Francia. Sin embargo, el gobernador dominicano se negó a despachar la totalidad de las tropas de Puerto Rico hasta que no se completara las disposiciones del Tratado. Esto provocó que el gobernador de Puerto Rico, Ramón de Castro, tuviera que agrupar las milicias disciplinadas y enlistar puertorriqueños para combatir contra los ingleses en la famosa batalla contra las tropas del general Sir Ralph Abercrombie y el almirante Harvey en 1797.

Nota editorial: Para más detalles sobre la intervención de Puerto Rico en la Revolución Haitiana y en la guerra contra Francia véase a Bajo la sombra de los imperios libro de Pablo Alejandro Puello Díaz



[1] Imagen obtenida de la página web http://www.resumenlatinoamericano.org
[2] Rodríguez Demorizi, Invasiones haitianas…, p. 226.
[3] En cuanto Scarano, este comentó: “En Puerto Rico se sintieron de inmediato los efectos de la Revolución Haitiana. Cuatro compañías de soldados del Regimiento Fijo, asignado a la plaza fuerte de San Juan, participaron desde 1793 en una campaña contra el ejército francés en Haití”, Scarano, Puerto Rico: Cinco siglos, p. 287.
[4] Brau, Historia de Puerto Rico…, p. 177.
[5] “A consecuencia de la entrega de La Española a Francia y el subsiguiente enfrentamiento se trasladaron a aquella isla parte de las tropas del Regimiento de Puerto Rico, enviándose a la isla el Tercer Batallón del Regimiento de África, la cual abandonaría definitivamente en octubre de 1802…” Martín Rebolo, Ejército y Sociedad en las Antillas…, pp. 76-77.
[6] Milagros Denis, Interpretations and Consequeunces of the Haitian Revolution in Puerto Rico: Resistance and Racism, doctoral thesis, Cornell University, 1999, pp. 32-33.
[7] Sobre el cordón sanitario, el cual debía impedir cualquier penetración de los disturbios en la vecina colonia, Morales Carrión indicó: “Al conocerse el levantamiento de los esclavos en Haití, acaecido en agosto de 1791, el gobierno español decreta una inmediata cuarentena frente al peligro. El 26 de noviembre de ese mismo año se decide establecer un cordón de tropas sobre la frontera entre Saint Domingue y la parte española para evitar “el contagio de la insurrección”. Así van a parar tropas desde Puerto Rico al nuevo frente y se involucra estrechamente la isla en los acontecimientos haitianos”. Morales Carrión, “La Revolución Haitiana y el Movimiento Antiesclavista en Puerto Rico”, Paper presented at the Fourteenth Conference of the Caribbean Historians, San Juan, Puerto Rico, abril 16-21, 1982, p. 7.
[8] Al respecto, García señaló: “…en virtud de las reiteradas solicitudes hechas por el brigadier don Joaquín García, había dado órdenes expresas al gobierno de Madrid al coronel don Miguel Ustariz, gobernador de Puerto Rico, para que el Regimiento de Cantabria, que desde el 5 de agosto de 1790 había llegado a aquella isla, procedente de Cádiz, pasara de servicio a la de Santo Domingo… llegando a su destino el 30 de mayo de 1791…”. García, Compendio de la historia…, t. I, p. 242.
[9] Córdova, Memorias: Geográficas, históricas…, p. 61.
[10] García, Compendio de la historia…, t. I p. 246.
[11] Córdova, Memorias: Geográficas, históricas…, p. 63.
[12] AGS, SGU, l. 7158, e. 10, f. 8 r. “El gobernador de Santo Domingo al Excmo. Sr. don Diego de Gardorquí, Santo Domingo, 16 de noviembre de 1792”.
[13] En cuanto a la llegada del Regimiento de Puerto Rico a la colonia dominicana, Joaquín García comentó: “El día 26 de diciembre próximo pasado entraron en el Puerto de Montecristi los quinientos hombres que tenían pedidos al gobernador de Puerto Rico para reforzar el cordón del norte de esta frontera o donde la necesidad exigiere mayor urgencia”. AGS, SGU, l. 7158, e. 6, f. 1 r. “El gobernador de Santo Domingo Joaquín García al Excmo Sr. Don Diego de Gardoquí, Santo Domingo, 12 de enero de 1793”.
[14] AGS, SGU, l. 7157, e. 22, doc. 1, f. 12 v. El arzobispo de Santo Domingo a Pedro de Alcuña, Santo Domingo, 24 de abril de 1793”.

lunes, 5 de agosto de 2019

Prólogo a El muerto, drama en un acto: ¿Quién me mató?


Prólogo a El muerto, drama en un acto: ¿Quién me mató?
Por Alfredo Morales Nieves

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El drama El muerto nació de la adaptación teatral de la novela del mismo nombre que fuera escrita entre los años 2013 y 2014. La escritura de la novela comenzó en la Hacienda La Cuzca en la ciudad de Pilar, al noroeste de la provincia de Buenos Aires, Argentina, en 2011. Fue culminada en el Barrio Algarrobo de Mayagüez, en Alturas de Mayagüez, en el mes de enero de 2014. Se terminó de escribir cuando ya los artistas ensayaban el libreto de la Adaptación teatral El muerto, escrita en diciembre de 2013.

En el año 2019, y a raíz de la mi elección como Presidente de El Casino de Mayagüez, Inc., la institución sociocultural más antigua de Puerto Rico fundada en 1874, decidí escribir el drama El muerto, una vez más, a solicitud. La novela había sido escrita a petición de mis estudiantes a raíz de un hecho sobrenatural en el Edificio Sánchez Hidalgo 204, y por mi mamá, Hilda Nieves Cruz, quien me pidiera, antes de fallecer, que no dejara de escribir.

La puesta en escena surgió de la solicitud/sugerencia de la lectora Syrita López, hoy Vda. de Charana. Una vez completadas la novela y la adaptación teatral, se presentó la novela en los teatros Yagüez y Tapia, con dos semanas de diferencia, mediante la adaptación dramática.

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Fue así como, en el año 2019, y a solicitud de Jackie García Morales, miembro de la Junta de Directores de El Casino de Mayagüez, comencé la puesta en escena de El muerto.  Una vez más ensayábamos sin tener el drama terminado ni haber pasado de adaptación a drama. Luego de haber ensayado varias veces, invité a los artistas que se habían reincorporado s la producción de 2019 a que opinaran sobre el drama y, una vez escrito y finalizado, a que sugirieran qué era necesario hacer para su final dramático. Destacó, entre ellos Juan Derieux, quien opinó que los monólogos iniciales restaban al impacto dramático. Ante la necesidad de retener su enlace con la novela, de donde surge, y el personaje central y su historia, quien suscribe determinó dejar las escenas, pero añadir hacia el final parlamentos y personajes que fortalecieran el elemento dramático.

Terminado el drama, se completó el elenco al que se le dedican, junto a los elencos anteriores, la obra dramática El muerto, la historia de Luis Báez, joven veinteañero asesinado en la Calle Méndez Vigo de Mayagüez al cierre de una época: ni la invasión estadounidense, ni los huracanes ni el Gran Terremoto habían cambiado la idiosincrasia de esta pequeña urbe antillana cargada de prejuicios, rica y próspera, que alternaba los ritmos franceses con los hispanos al son de ritmos africanos, todos los cuales se escuchaban a la distancia según fuera el caso. Húmeda, a orillas del mar y de la cordillera, la ciudad de Mayagüez fue el hogar de Luis, el muerto, quien habrá de tomar una decisión al momento de ser asesinado frente al Teatro Francés, donde vivía, y que habrá de determinar más de un siglo de andanzas por las calles de Mayagüez en su intento de descubrir quién lo mató.

La historia, a su vez, antecede a la segunda novela en curso, cuyo valor histórico radica en darle voz a los barrios marginales de Mayagüez, quienes, de cara al casco urbano de la elegante y próspera ciudad destruida por el terremoto, iban estrangulando el intento de sus clases dominantes de convertir a la Ciudad de las Aguas Puras en una urbe europea, al quedar su idiosincrasia transformada de manera tal que Mayagüez completara el desarrollo de Puerto Rico como nación. Conocer a Mayagüez es conocer a Puerto Rico. Entenderla, para amarla, es el paso final para entender la idiosincrasia del muy antillano pueblo puertorriqueño. Desde Mayagüez han cantado las voces del país a la libertad y la emancipación. Desde el oeste insular, donde terminan las aguas que vienen del este en bosques y montañas que se precipitan al mar, el caribeño archipiélago de islas encuentra una nomenclatura muy difícil de descifrar, sino es con el sabor de sus aguas de manantiales, el olor salitroso a montaña, su húmedo calor tropical y el verde que inunda la mirada a través de sus bosques tropicales. Acá nace y muere la palabra. Desde acá cantan las voces para ponerle punto final a las gestas del país. Y cuando se desanda, como lo hace el personaje central, las voces indígenas cantan, sus maldiciones se hacen verdad, la negritud de la ciudad se estremece al son de los tambores, y los pisos de los elegantes salones de El Casino de Mayagüez y las baldosas mayagüezanas de sus muy mayagüezanas residencias, criollas o no, cantan también al movimiento de los pies, descalzos o calzados, de todos los mayagüezanos que al son del baile, del ritmo y cadencia de sus palabras, ha declarado que ancló en alma en su puerto, para no ser el mismo jamás.


jueves, 25 de julio de 2019

El gobernador y las dos caras de Jano


El gobernador y las dos caras de Jano
Por Pablo Alejandro Puello Díaz

Mucho se ha comentado sobre el notorio chat que ha puesto a todo un pueblo en pie de lucha para exigir su respeto ante la indignación de un gobernarte que cada día presenta mayores muestras de no querer escuchar y no llegar a la conclusión de que su fin en la silla de la gobernación es un hecho. Además, mucho se ha analizado sobre el “efecto María” en la población puertorriqueña, los cuales lejos de aminorar sus fuerzas, sin duda alguna, se han levantado como el ave fénix, el cual resurgió entre polvo y cenizas como un ser renovado y listo para la batalla.

Por otro lado, algo que no escapó ante la atención pública fue la cierta dualidad presentada por el gobernador. Dualidad que quedó manifestada claramente al momento de revelarse el chat de la aplicación denominada como Telegram.

Al igual que Jano, el dios mítico romano representado con dos caras y al cual se le ha designado en la antigüedad como el dios de las transiciones, comienzos y finales, el gobernador Ricardo Roselló demostró al pueblo dos caras.

Sin duda alguna, la vertiginosa carrera hacia el poder por parte de Roselló en el año 2016 fue un fenómeno político. Cientos de miles de personas pudimos ver a un joven lleno de virtudes y con deseos genuinos de servir a Puerto Rico. No pocos fueron los que vieron en la figura del científico Roselló a una persona con grandes dotes de analista capaz de buscar soluciones a los grandes retos que enfrentaba la Isla. Por otro lado, no es menos cierto que sus lazos con la política siempre estuvieron a su lado gracias a la figura de su padre. Aunque el joven, inexperimentado en política, no representara grandes dotes de orador, como lo presentado por sus contrincantes, el pueblo llegó a la conclusión que, a diferencia de su oratoria, sus virtudes se encontrarían en otras áreas, ya que detrás de todo se escondía su llamado plan, del cual muchos depositaron su confianza a ciegas.

No obstante, y al igual que Jano, se encontraba la otra cara del dios romano, en este caso, la otra cara del gobernador. De suma indignación fue para todo un pueblo el poder observar a un Ricardo Rosello de forma totalmente distinta a lo anteriormente presentado, no solo por él mismo, sino por lo mostrado por los medios de comunicación y redes sociales. Cierto fueron los insultos a una vasta serie de sectores de la sociedad, en la cual, todos de alguna manera se sintieron identificados; cierto fue la manera despiadada en cómo se conspiraba para eliminar obstáculos a la causa política como lo eran los opositores, no solo fuera del partido sino incluso dentro del mismo. Sin embargo, la más grande indignación vino a revelarse al poderse contemplar los comentarios cínicos hacia aquellos cadáveres provocados por el paso del huracán María. Peor aún, fue la devastadora noticia, en la cual se supo sobre el arrebato y ocultamiento de suministros destinados a los damnificados por María, con el fin único de obtener beneficios políticos; y provocando a la postre que tales hechos se transformaran en la principal fuente de energía para las futuras marchas y protestas multitudinarias.

Dentro del imaginario puertorriqueño aquella imagen de joven científico, comprometido con el pueblo y desligado de influencias políticas malintencionadas provocó que todo comenzara a echarse por la borda de forma veloz. Aquellos comunicados de prensa, como fue la nefasta entrevista a la cadena Fox News, eliminó toda duda respecto a la capacidad gubernativa que pudiera aún albergar el joven gobernador. Aquel hombre de Estado comenzaba a difuminarse como neblina ante un amanecer protagonizado por una masa de puertorriqueños, entre los cuales se encontraba la generación autodenominada como la del “yo no me dejo”.

Si la entrada de Ricardo Roselló a la gobernación representó ser un verdadero fenómeno dentro de todo el entramado mundo político, su salida no pasaría por desapercibida. Ante la larga espera del tan anunciado discurso de renuncia, un sin número de teorías comenzaron a formularse respecto al porqué de la dilación. Miles se congregaron dentro de la ciudad amurallada del Viejo San Juan para presenciar un evento histórico en donde un gobernador renunciaba a su cargo. Y en efecto, ante la afirmación de la renuncia, la celebración estalló como una fiesta de pueblo no muy lejos de tener paralelismos a una celebración de despedida de año, en este caso la despedida del gobernador de Puerto Rico.

Ante los eventos transcurridos en apenas dos semanas ha quedado por demostrado que desde de Fortaleza fuimos gobernados por un político que presentó dos caras. ¿Cabe preguntarse ahora, cuál de las dos caras representó ser la verdadera?

martes, 9 de julio de 2019

Prólogo a Nuevos hallazgos sobre el origen de Ponce


Prólogo a Nuevos hallazgos sobre el origen de Ponce
Por Pablo L. Crespo Vargas

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Dentro del estudio de la historia de Puerto Rico, uno de los mayores atractivos, tanto para los investigadores como para los interesados en estos temas, es la historia de los municipios de la Isla. En el caso de esta obra, se busca presentar el análisis de nueva evidencia encontrada en los archivos coloniales que refuta o modifica la versión oficial que indica que el partido de Ponce fue fundado en 1692. Aunque muchos lectores y estudiosos quisieran conocer una fecha precisa para este acontecimiento, nuestro autor e historiador, el Dr. Luis Caldera Ortiz, nos explica que la fundación de Ponce fue un proceso complejo y no estructurado, que se dio bajo unas circunstancias particulares y poco entendidas hasta hoy día. El análisis que el Dr. Caldera Ortiz desarrolla nos lleva a profundizar en cómo se analiza la historia y nos deja ver que esta no es solamente un manojo de hechos concretos que pueden ser establecidos con precisión.

Aunque el autor nos presenta una metodología mayormente positivista, también demuestra que el conocimiento histórico se desarrolla dentro de una complejidad que da espacio al uso de otras disciplinas (que algunos llaman auxiliares, pero que consideramos son medulares) para poder establecer una visión más diáfana de lo que ocurrió.

La obra, Nuevos hallazgos sobre el origen de Ponce, es una revisión de un hecho que de manera oficial ya había sido establecido, pero que nuestro autor retoma para demostrar que la datación de este suceso no fue tan certera como se había pensado.

La historia oficial, establecida a partir de los estudios de Eduardo Neumann, nos indica que Ponce se constituyó como ente político autónomo en 1692. Esta teoría lleva sobre un siglo de vigencia. Debemos aclarar que Neumann propuso esta fecha a partir de la documentación y la información que tuvo disponible al momento de realizar su investigación. Con el pasar del tiempo, el descubrimiento de nuevas pruebas y los adelantos en la metodología histórica, ayudaron al Dr. Caldera Ortiz para que este desarrollara una visión más clara sobre aspectos tales como la demografía, la política pública, las milicias urbanas y la administración de la zona sur de Puerto Rico durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Aspectos que al juntarse nos llevan a ver qué Ponce es mucho más antiguo de lo que se pensaba. En la obra se detallan las razones y las circunstancias que se dan para que nuestro autor indique con certeza que ya en el 1692 Ponce existía como unidad política y geográfica.

Invitamos al lector a que examine los argumentos que el Dr. Caldera Ortiz plasma en la obra y pueda establecer su propio análisis sobre una serie de procesos que se dieron en los primeros siglos de nuestra historia. También, invitamos a otros estudiosos de la historia a continuar investigando y dando a conocer sus hallazgos, de esa forma seguiremos promoviendo el estudio histórico y el conocimiento general.