martes, 28 de julio de 2020

Comentarios sobre El Ángel de los Solteros

Comentarios sobre El Ángel de los Solteros
Egidio Colón Archilla


Fernando Gallardo Bustillo es un personaje cuasi mítico de la Movida Sanjuanera de los años 70 y 80. Eminente y destacado publicista y comunicador, dueño de la bien recordada tienda de música Stereo Warehouse y sus conciertos en vivo, artífice del sonido de las más renombradas discotecas de esa época, como San Juan San Juan, Abbeys, Stars y Bachelor, entre otras. Últimamente, autor de la novela bestseller Con el credo en la boca que irrumpe en nuestra literatura isleña como un temporal, acaparando la atención nacional. Me aúnan al autor lazos de escuela primaria, pero no fue hasta reciente, con el advenimiento de Facebook, en cuyas redes nos volvimos a encontrar. De ahí surgió su invitación a editar la segunda edición de su novela Con el Credo y a unirme al equipo de colaboradores de la prestigiosa revista cultural El Adoquín Times, donde escribí una columna sobre nuevos y emergentes valores de la literatura puertorriqueña. Un buen día Gallardo comenzó a hablarme de su interés por novelar el asesinato del cronista Iván Frontera y de inmediato supe que estaba ante un proyecto de armas tomar. Iván formaba parte de mi galería personal de héroes del mundillo de los Beautiful People de mi generación. Su vil asesinato fue un duro golpe para el país y todos los que lo conocimos y admiramos; en especial, la comunidad LGBTTAQ+ quedó impactada por un evento sin precedentes.

No me cabe duda de que Fernando es uno de esos “escritores histórico-detectives” como lo manifestó en el excelente trabajo de investigación realizado Con el Credo. Su afán y capacidad de entretejer hechos históricos con personajes de ficción produjo una novela sobresaliente.

Hoy les presento su reciente obra: El Ángel de los Solteros. Con una maestría narrativa singular, Gallardo va tejiendo una trama minuciosa en torno al asesinato del conocido fashionista de su época Iván Frontera; valiéndose de las pericias de una pareja detectivesca, el doctor Rodrigo Laracuente y la detective de homicidios Cristina Aguiar. Esta sagaz e intuitiva mujer, junto a su brillante y académico compañero, forman un tándem investigativo que nos adentra en uno de los primeros y más pavorosos casos de un asesino en serie boricua. Paso a paso y asesinato en asesinato, ellos nos van adentrando en un mundo paralelo a nuestra realidad puertorriqueña: el mundo turbio del comercio sexual. Cabe destacar la minuciosa recreación del entorno de la investigación y la exploración teórica de las motivaciones del asesino. En estos momentos en que nos vemos impactados por tanta criminalidad y asesinatos sin aclarar, sirva esta deslumbrante obra para guiarnos en el análisis de nuestras circunstancias actuales… y así evitar ser una próxima víctima…



sábado, 18 de julio de 2020

Apuntes sobre Barbosa

Apuntes sobre Barbosa
Egidio Colón Archilla

Les confieso que el conocimiento que tenía de la figura de José Celso Barbosa Alcalá era mínimo, su nombre más que otra cosa evocaba a una avenida cerca de casa. 

Hace algún tiempo, por causa de una enfermedad de mi esposo, tuve la oportunidad de visitar el Centro Médico de Puerto Rico. Como no tengo carro, utilicé el Tren Urbano para llegar. La parada del Centro Médico me dejó en un sector lejano al Hospital Cardiovascular, donde se sanaba Armindo, obligándome a caminar por el espacio central del Centro. ¡Cual fue mi sorpresa cuando me enfrenté a una estatua de José Celso Barbosa Alcalá proclamándolo el Padre de la Estadidad para Puerto Rico! Leí cuidadosamente la tarja que la adornaba, firmada por el otrora alcalde de la noble ciudad de San Juan, el infame Jorge Santini, y tuve que leer la tarja dos veces para tratar de entender la dimensión de lo que allí decía. 

Luego de múltiples intentos por entender el mensaje decidí acudir a mi fiel compañera doña Wikipedia (entre otras fuentes cibernéticas) quien me explico que el Dr. José Celso Barbosa Alcalá nació en Bayamón el 27 de julio de 1857. Su origen era humilde, ya que su padre fue un albañil y su madre, ama de casa. Se destaca por ser el primer puertorriqueño negro en asistir al Seminario Jesuita de Puerto Rico. Después de graduarse de allí ofreció tutorías privadas a estudiantes. Con ello pudo ahorrar dinero y encaminarse a seguir sus sueños.

Ya en 1875 se encontraba en Nueva York, donde asistió a la preparatoria y aprendió inglés. Inicialmente quería ser abogado, pero después de una pulmonía, su doctor le recomendó que estudiara medicina. Un año después ingresó a la Universidad de Míchigan. Barbosa se graduó con el más alto honor de la clase de 1880. Al regresar a la Isla estableció su práctica en la ciudad que lo vio nacer. Debemos dejar saber que el gobierno español no le reconoció su grado de médico por este no haber sido de alguna universidad europea. Se requirió la intervención del cónsul estadounidense en Puerto Rico para que su título fuera reconocido. Barbosa fue la primera persona en la Isla con un grado médico norteamericano. Una de las innovaciones que trajo desde los Estados Unidos fue la idea de que los patrones pagaran un honorario por las futuras necesidades médicas de sus empleados (un sistema muy temprano del seguro médico). 

Los Amigos del Bien Público, una organización de socorro mutuo creada en la década de 1870, fue el ejemplo a seguir por Barbosa para gestar en 1894 una cooperativa que llamó El Ahorro Colectivo. Esta funcionaba con una visión integradora de diversas facetas o gestiones empresariales, ya que incluía una tienda de provisiones, un almacén y una panadería; todo esto dentro de la gestión de ahorro y crédito.
 
Barbosa, durante el periodo colonial español, fue republicano y miembro del Partido Autonomista Puro. 

Durante la Guerra Hispanoamericana de 1898, San Juan fue bombardeado por la fuerza naval estadounidense. Barbosa junto a varios médicos que vivían en Bayamón, miembros de la Cruz Roja, viajaron a Cataño, tomaron el ferry y llegaron a San Juan.  Su encomienda fue asistir a los heridos de este ataque. Junto a sus compañeros recibió del gobierno español la Cruz de la Orden del Mérito Naval por su valentía. 

Luego de la ocupación norteamericana, Barbosa fundó el Partido Republicano de Puerto Rico, que favorecía la anexión. Curiosamente escogió el 4 de julio de 1899 para este hecho: ya la Isla era un territorio no incorporado de los Estados Unidos. 

El 5 de junio del 1900 el Presidente William McKinley nombró a Barbosa, Rosendo Matienzo Cintrón, José de Diego, Manuel Camuñas y Andrés Crosas a un comité ejecutivo que respondería al primer gobernador civil designado, Charles H. Allen.  Dicho comité constaba además con seis miembros estadounidenses. Barbosa se mantuvo en el Comité Ejecutivo hasta 1917, atendiendo a varios gobernadores nombrados por Estados Unidos.
 
En 1907 fundó El Tiempo, el primer periódico bilingüe publicado en Puerto Rico. 

Cuando se autorizaron las primeras elecciones representativas locales en 1917, Barbosa fue elegido senador, cargo que ocupó hasta 1921. 

José Celso Barbosa murió el 21 de septiembre de 1921. Lo enterraron en el cementerio Santa María Magdalena de Pazzis en el Viejo San Juan. Su hija, Pilar Barbosa, fue una renombrada historiadora y activista política que continuó con el trabajo de su padre.

En honor a los logros de Barbosa, el gobierno de Puerto Rico declaró su cumpleaños, el 27 de julio, un día de fiesta oficial. En Bayamón, su casa se ha convertido en un museo, en el cual muchos de sus premios, certificados, libros y otros artefactos de interés se exhiben. 

Con toda esta información me acerque a mi respetado amigo él Dr. Pablo L. Crespo Vargas, un excelente historiador para que me ayudase a aclararme y ver otros análisis sobre este prócer puertorriqueño. Pablo me refirió a tres fuentes, las cuales luego de ser estudiadas puedo recomendar para conocer aún más la figura de Barbosa. Primero, la ponencia que el Dr. Edwin Antonio Fragoso Rivera realizó para el programa Coloqueo ICP el 14 de abril de 2020 y que está accesible en el canal del Instituto de Cultura Puertorriqueña de Youtube. El Dr. Fragoso también tiene un libro titulado El Partido Autonomista Histórico, Puro u Ortodoxo su transición al Partido Republicano Puertorriqueño: 1897-1904, donde se analiza el proceso de transición del republicanismo autonómico al anexionista. Segundo, la conferencia ofrecida por el destacado catedrático Dr. Aarón Gamaliel Ramos en la actividad “A 70 años de la Revolución de Octubre”, realizada el 20 de enero de 2020 en San Juan. Podemos añadir del Dr. Ramos un artículo que salió en Claridad titulado “De los orígenes de los partidos políticos en Puerto Rico al Partido Republicano Puertorriqueño y don José Celso Barbosa” y la entrevista que Ángel Collado Schwarz le hiciera en La Voz del Centro el 30 de julio de 2006, titulada “Dr. José Celso Barbosa: un utopista negro”. Tercero, el artículo “¿Quién fue realmente José Celso Barbosa? de Pedro M. Rosario Barbosa publicado en https://razoncienciaspr.org/2018/07/27/quien-fue-realmente-jose-celso-barbosa/. 

También debo indicar que el Dr. Crespo Vargas tiene una reflexión sobre Barbosa titulada “Barbosa, la puertorriqueñidad, la modernización y la anexión”, publicado en El Post Antillano el 2 de mayo de 2020.

Sobre Barbosa se puede reflexionar mucho. Hasta Orlando Parga, en El Nuevo Día, nos invitó a encontrarnos con él, ya que según su visión aún estamos en el periodo anterior a la Guerra Hispanoamericana, refiriéndose a que somos una colonia.

En estos momentos tan críticos que se encuentra la humanidad, azotada por el Covid 19, se han levantado una corriente de movimientos entre los que se destaca el “Black Lives Matter”. Meditar sobre qué pensaría Barbosa si viviese ahora es algo absurdo, pues él fue el producto del momento histórico de su tiempo. El pasado nos ayuda a entender el presente, pero no necesariamente nos ayuda a aclararlo. Barbosa no conoció a Malcom X, ni a Martin Luther King, ni a James Balwin. Su visión de mundo hubiera sido distinta. Hoy algunos críticos y estudiosos de Barbosa piensan que su mentalidad era racista, quizás porque vivía en un mundo dominado por blancos y no tenía esperanza de que eso cambiara. Su discurso a favor de la puertorriqueñidad podría haber sido un reflejo de ese pensamiento. El crear una sociedad, que se consideraba puertorriqueña y que no tuviera divisiones por las supuestas y tan anticuados conceptos de raza era una de las metas que pudo tener Barbosa. 

De mi parte, pienso que su legado como anexionista y negro, dos facetas que podrían estudiarse separadamente, no ha sido comprendidas a cabalidad en nuestra sociedad. Hoy podemos pensar lo que sea de él, detractores y apologistas tendrán su visión de él. De mi parte, y viendo todo lo que nos pasa por no aprender de nuestro pasado, me permito pensar que Barbosa se estaría revolcando en su tumba…

Nota editorial: Este artículo fue publicado originalmente en El Post Antillano el 5 de julio de 2020 con el título: "Barboa: ¿apoyaría la independencia luego del caso Floyd?"

martes, 7 de julio de 2020

Coloqueo: La difusión de la cultura en tiempos de coronavirus

Coloqueo: La difusión de la cultura en tiempos de coronavirus
Pablo L. Crespo Vargas

El pasado jueves, 19 de marzo de 2020, el Instituto de Cultura Puertorriqueña me dio la oportunidad de iniciar un nuevo proyecto dirigido a promover la cultura puertorriqueña y caribeña a todos los interesados en ella mediante el uso de plataformas cibernéticas. El proyecto, llamado Coloqueo, es una serie de conferencias en línea coordinadas por la institución con el propósito de educar y conversar con especialistas sobre temas culturales como, por ejemplo: conservación, patrimonio, literatura, historia, música, teatro, artesanías, artes visuales, artes plásticas, entre otros.

En esta primera conferencia tuve la oportunidad de hablar sobre uno de mis temas de estudio e investigación: los imaginarios y el pensamiento religioso caribeño. El título de la conferencia fue “Etnicidad y artes mágicas en el Caribe del siglo XVII”. En él se presentó un análisis de las artes mágicas desde el punto de vista de los distintos grupos étnicos que convivieron en el Caribe durante el periodo de 1600 a 1659. La documentación primaria utilizada fueron las Actas de Fe del Tribunal de la Inquisición en Cartagena de Indias.

En tiempos del coronavirus, este tipo de iniciativa facilita la proyección de estudiosos y sus investigaciones para conocimiento general. Más que eso, el que las conferencias sean colocadas en la plataforma de vídeos de Youtube da la oportunidad de tenerlas disponibles de manera permanente y en cualquier lugar del planeta. No obstante, debemos recordar que los conferenciantes se estarán preparando para dar una presentación en vivo, lo que conlleva unas implicaciones específicas.

Cada Coloqueo tendrá un moderador que se encargará de recopilar las preguntas del público y de manejar el tiempo de los conferenciantes ya que se espera que todo el proceso pueda culminar en una hora. Los horarios de las conferencias serán todos los martes y jueves de 6:00 a 7:00 pm (al momento de la publicación de este artículo en Akelarre, el horario era de 7:00 a 8:00pm). Los espectadores podrán entrar a la conferencia faltando unos 5 minutos para que esta de inicio.

Entiendo que esta iniciativa le dará exposición a un gran número de nuestros gestores culturales, investigadores y estudiosos de diversos temas y que será de provecho para el público general.


Nota editorial: Este escrito se publicó originalmente en El Post Antillano el 21 de marzo de 2020.

Nota actualizada el 7 de julio de 2020: Hasta esta fecha el ICP ha lanzado 32 Coloqueos con diversidad de temáticas tales como historia, gestión cultural, patrimonio edificado, patrimonio cultural, literatura, museo, entretenimiento, entre otros. Los Coloqueos se están transmitiendo todos los martes y jueves a las 7:00pm en vivo a través de zoom y del FB Live.

Para los interesados en ver los vídeos de Coloqueo en youtube favor de marcar el siguiente enlace: https://www.youtube.com/user/icppr/playlists


martes, 23 de junio de 2020

De la crisis económica a la independencia de las Trece Colonias

De la crisis económica a la independencia de las Trece Colonias

Por Pablo L. Crespo Vargas


El 4 de julio de 1776 se declaró la independencia de las Trece Colonias de Norteamérica. Fue un hecho sin igual hasta ese momento. Se demostró que las colonias podían separarse de sus metrópolis y desarrollar su propio destino. Se dejaba a un lado el mito de la dependencia y se demostraba la capacidad del ser humano para constituirse en sociedad en un sistema nuevo de gobernanza; aunque todo esto es mucho más complejo de lo que parece, pero ese sería tema para otro momento.

Por ahora, examinemos como una sociedad colonial sopesó su estado de dependencia con la principal potencia mundial del momento, Gran Bretaña, con la oportunidad de independizarse y buscar desarrollar, por modo propio, una entidad política que sirviera a sus intereses particulares y no a los de la metrópolis. Aunque los acontecimientos en la historia tienden a ser multifactoriales, siempre existe uno que consideramos es el principal o al menos, el que nos llama la atención; en nuestro caso: la crisis económica.

Las colonias británicas en Norteamérica se desarrollaron mediante el sistema mercantilista, el cual promovía la riqueza de la metrópolis a cuesta de los recursos de las colonias. Desde 1651, con el Acta de Navegación inglesa, se establece que los puertos coloniales norteamericanos serían exclusivos para la marina británica (ley de cabotaje). Con el pasar del tiempo, el aumento de los gastos en conflictos como las guerras francoindias (cuatro periodos de enfrentamiento entre 1688 a 1763) provocaron que la deuda del gobierno británico aumentara drásticamente, creándose una crisis económica que, según la lógica de la metrópolis, las colonias debían pagar mediante impuestos y medidas onerosas. 

La primera de ellas, luego de finalizado los periodos de guerra, en marzo de 1764, se renueva el Acta del Azúcar, con la intención de que el estado obtuviera ganancias en impuestos que afectaban la importación de este producto como materia prima de una serie de industrias norteamericanas. Los ingresos que buscaba este impuesto no se lograron, por lo cual fue abolida en 1766.

En marzo de 1765 se establece la ley del Timbre, impuesto dirigido específicamente a las Trece Colonias y cuyo fin era que estas solo compraran materiales impresos en Inglaterra. El objetivo del Parlamento era que con el dinero recaudado se pagara a las tropas británicas estacionadas en las colonias norteamericanas. El resultado para estas últimas fue desastroso y la indignación fue mayor al punto que se desarrollaron movimientos que en ocasiones provocaron choques violentos con las autoridades y el boicot hacia los productos y comerciantes británicos. Como si fuera poco, surgen grupos de resistencia o subversivos (desde otro punto de vista), como fueron los Hijos de la Libertad. Nuevamente, el Parlamento termina derogando esta ley.

En respuesta a la situación de las Trece Colonias, el Parlamento aprueba las Actas de Townshend (apellido del que las propuso), cinco nuevos paquetes de impuestos que son aprobados entre junio de 1766 a julio de 1768 y que afectaban una variedad de productos. Los impuestos iban dirigidos a obtener el dinero para pagar los jugosos salarios de algunos de los funcionarios coloniales.

Motín de Boston, 16 diciembre 1773
Litografía de Nathaniel Currier (1848)

Como era de esperarse, la apatía de una cantidad de colonos hacia la metrópolis fue en aumento y esto llevó a que las protestas aumentaran. Al punto tal, que el 5 de marzo de 1770 ocurrió la Masacre de Boston, donde las tropas gubernamentales dispararon contra los manifestantes y mataron a cinco de ellos e hirieron a otros 6. Un mes después, el Parlamento eliminó las leyes de Townshend, pero dejaron el impuesto al té, provocando que se dieran al menos tres motines en contra de los importadores de este producto (Boston: 16 de diciembre de 1773; Filadelfia: 25 de diciembre de 1773; y Chestertown: mayo de 1774).

Como vemos, la intensidad de la opresión económica de la metrópolis fue en aumento, así como la respuesta de los grupos coloniales que estaban en contra del Parlamento y sus medidas punitivas. Otras movidas de corte político y social también fueron promulgadas en contra de los colonos. A la crisis económica provocada por la deuda gubernamental y el interés del Parlamento de que fuera pagada por los colonos se sumaba la prohibición que tenían las colonias de expandirse hacia las tierras de los indios, la falta de representación en el Parlamento, el bloqueo del puerto de Boston y la intervención del gobierno en los asuntos individuales. La tensión llevó a que los colonos comenzaran a prepararse para un posible enfrentamiento armado que se dio con la batalla de Lexington y Concord (19 de abril de 1775), acciones que iniciaron las hostilidades. Un año, dos meses y quince días después se da el paso que hasta ese momento ninguna colonia había optado, pero que fue ejemplo a seguir por casi todas las demás: la declaración de independencia.

Nota editorial: Originalmente este artículo fue publicado en El Post Antillano el 29 de junio 2019.

martes, 2 de junio de 2020

Temporal, temporal, allá viene el temporal...


Temporal, temporal, allá viene el temporal…
Pablo L. Crespo Vargas

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"Temporal, temporal, allá viene el temporal.
Temporal, temporal, allá viene el temporal.
Qué será de mi Borinquen, cuando llegue el temporal.
Qué será de mi Borinquen, cuando llegue el temporal".
----Voz tradicional

Uno de los factores que define el desarrollo histórico, social y cultural de un pueblo es el relacionado a su ámbito geográfico. La influencia que este puede tener motiva a los habitantes de determinado lugar a entrar en un proceso evolutivo donde se busca establecer las condiciones idóneas para su sobrevivencia. Recordemos que el ser humano es un ente en continua adaptación, que es llevado a sobrepasar cualquier obstáculo que la propia naturaleza le imponga. Dentro de ese proceso de adaptación se establecen las pautas para la planificación de las peculiaridades de la vida diaria, lo que incluyen la modificación de viviendas, consumo y uso del tiempo.

En nuestro caso, como habitantes del archipiélago antillano, ubicado en la zona tropical, vivimos en un área donde estamos vulnerables a dos eventos naturales de gran envergadura: los terremotos y los huracanes. Siendo el segundo el más común de ellos y el que es presentado en la obra de Luis Caldera, Historia de los ciclones y huracanes tropicales en Puerto Rico, Lajas, Editorial Akelarre, 2014. (Tiene una 2da edición ampliada en 2018 y que incluye a los huracanes de Irma y María).

El autor narra y analiza los huracanes que han pasado por Puerto Rico y su efecto sobre sus habitantes. En la obra se puede ver un esfuerzo investigativo de gran envergadura que nos presenta una visión contemporánea y con sentido científico, que explica con detalles cada uno de estos fenómenos y las consecuencias que hubo sobre la Isla. No solamente se basa en descripciones de fuentes secundarias, sino que el investigador revisa los archivos históricos: Archivo Histórico Nacional en Madrid, el Archivo de Indias en Sevilla, el Archivo General de Puerto Rico en San Juan, el Archivo Histórico de Ponce y las colecciones Francisco Lluch Mora y Monseñor Vicente Murga, ambas en la Pontificia Universidad Católica de Ponce; en búsqueda de la información plasmada en los informes oficiales y las crónicas individuales.

De manera historiográfica, el tema de los huracanes y su relación con Puerto Rico fue presentado por primera vez por Benito Vinez, en una obra titulada Apuntes Relativos a los Huracanes de las Antillas: en septiembre y octubre de 1875, publicado en La Habana en 1877. Este primer intento analítico fue seguido por el de Vicente Fontan y Mera, quien, un año después, publicó La memorable noche de San Narciso y los temblores de tierra. Ambos escritos pueden ser considerados fuentes primarias y tienen la particularidad de realizarse como obras de imprenta independiente. Siguiendo este mismo patrón, en 1905 salió a luz pública otro libro titulado Descripción del ciclón de San Ciriaco, escrito por Aruez y Fernando. No debemos olvidar que dos de nuestros grandes historiadores, Cayetano Coll y Toste y José Julián Acosta habían redactado listas de huracanes, que nos demuestran la importancia de estos en la vida puertorriqueña.

En el 1932 se publicó lo que podemos considerar como la primera obra dedicada exclusivamente al tema, Los huracanes en Puerto Rico de Rafael Ramírez. En 1950, Luis Salivia presenta una actualización muy pertinente, cuyo título es Historia de los temporales en Puerto Rico. Cuarenta y cinco años más tarde, en 1995, Edwin Miner presenta la obra Historia de los huracanes en Puerto Rico.

Por último, pero no menos importante debemos mencionar dos artículos que abordan el tema de manera investigativa y específica para algunos periodos: el primero, de Pío Medrano, “Angustia, Destrucción, Pobreza y Muerte: Los Huracanes de 1615 y 1642 en Puerto Rico”, de 2008 y que se puede encontrar en formato digital en internet; y el de Stuart Schwarts, Los huracanes y la formación de las sociedades circumcaribenas, publicado en la revista Op. Cit, en el número 19, de 2009-2010, páginas 13-46. Ambos artículos demuestran el potencial de estudio que tienen los ciclones tropicales.

Para finalizar, la obra del Dr. Luis Caldera Ortiz es pertinente y necesaria en el sentido que este tema requiere actualizaciones constantes y explicaciones que sean sustentadas con elementos y bases científicas. Es una obra que recomiendo y que debe ser analizada por cada uno de ustedes. 

Nota editorial: Artículo original fue publicado el 14 de octubre de 2014 en El Post Antillano.

viernes, 8 de mayo de 2020

Descubriendo los remedios de Usmaíl: pandemia y curas naturales


Descubriendo los remedios de Usmaíl: pandemia y curas naturales
Por Carmen Cila Rodríguez

En tiempos de pandemia por coronavirus, existe una impotencia mundial ante la falta de una vacuna inmediata y efectiva.  Por eso en medio de la desesperanza, personas de todo el orbe se han lanzado en la búsqueda de remedios naturales para contrarrestar el mal.  Como si de una gripe común se tratara, entre los principales remedios se enlista el agua caliente, el limón, el ajo, el bicarbonato de sodio y el eucalipto, entre otros.  En culturas de oriente, incluso, han llegado a enlistar el orín de vaca como un remedio contra el mal que ha provocado más de dos millones de personas contagiadas y miles de muertos en los primeros meses del año en curso.

Y es que el hombre, desde tiempos remotos ha utilizado la sabiduría de la Naturaleza.  El hombre neolítico, tenía una visión de mundo naturalista y realizaba estudios efusivos de los astros, la tierra y el reino vegetal.  De aquí la alquimia y la metafísica, la espiritualidad soberana que regía entonces.   En la legendaria epopeya sumeria Gilgamesh, por ejemplo, el héroe va en busca de una planta que le dé eternidad.  La estudiosa de la cultura afrocubana Lydia Cabrera, afirmaba en su libro El monte que cada mata, planta o yerba proveniente de la tierra tiene un sentido de propiedad perfectamente definido.  Según recogió Cabrera, las medicinas son “botánica disfrazada -palo y yerba-” y que en el monte esas yerbas “están vivitas”, afirmaba sobre las mágicas creencias que los negros en América manifestaban sobre los beneficios que nos da la tierra.

En la novela Usmaíl, del escritor puertorriqueño Pedro Juan Soto, el protagonista ha aprendido los remedios naturales de la mujer que lo cría, llamada Nana Luisa.  La mujer era la curandera del pueblo y utilizaba yerbas -la flora exótica de Vieques- para llevar a cabo sus sahumerios y curaciones.  Usmaíl desde los seis años de edad ya conocía “las lunas y los soles propicios a la recolección de plantas”; además, sus compañeros de juego apreciaban mucho cuando les sanaba de lesiones pequeñas como cortaduras, rasguños, dolores de muela o de cabeza.  Le llamaban “el meiquito” por sus dotes en la medicina natural.  En la novela se afirma que en enero Usmaíl preparaba aguas de menta y ruda, en febrero preparaba jarabe de moras y pomada de pepino.  En marzo, el joven preparaba el saúco.  “Él mismo aplicaba el sándalo, la tela de araña, el limón o la adormidera”, se afirma en la novela de 1959.  El investigador Justo Pastor Ruiz en su libro Vieques antiguo y moderno establece la existencia de estas plantas medicinales en la llamada Isla Nena, pues son “abundantísimas” y refiere que los pepinillos son de tipo “silvestre”.

Consulté con una tía mía, mayor de edad, sobre estos remedios que aplicaba Usmaíl.  Como el protagonista de la novela, mi familiar aprendió de nuestros ancestros la tradición de curar con plantas.  Aquí comparto algo de lo aprendido.

Se asegura que para las cortaduras y quemaduras, la higuereta amortiguada y aplicada como cataplasma es útil.  Para los dolores de muela, mastique un clavo de especias sobre la pieza dental adolorida.  Para el dolor de cabeza, se recomienda la salvia mezclada con lavanda y puesta sobre la piel como cataplasma.  Asimismo, el estudioso Gerónimo Pompa en su libro Medicamentos indígenas, confirma sobre la salvia que “la infusión fría por una noche de un manojillo de hojas en un vaso de agua natural, a la cual se agregará al tomarlas en ayunas cuatro cucharadas de miel rosada es un medicamento probado contra la jaqueca”. 

Por otra parte, mi tía afirma que la ruda mezclada con alcoholado y puesta sobre la piel funciona como aliciente para dolores musculares; mientras que la pomada de pepino sirve para refrescar la piel.  Para confeccionar la pomada, se monda el pepino, se licúa y se cuela con un paño limpio.  Luego se mezcla con fécula de maíz, yogurt sin olor ni sabor y se aplica sobre la parte afectada.  Además, recogí que el limón y el ajo -tan recomendados para afrontar la pandemia- son antibióticos naturales.  El limón se puede tomar solo o con miel de abeja que también añade múltiples beneficios.  Incluso, me afirman que el sándalo es una planta que no se ingiere ni se aplica sobre la piel pues es irritante.  En cambio, se utiliza para limpiar pisos y paredes del hogar para expulsar los malos espíritus.  Eso sí, afirma mi familiar que, en caso de ingerirlo una mujer en estado de embarazo, puede provocar el aborto o un parto prematuro. De seguro Usmaíl conocía también esta regla.

Lo exquisito de esta tradicional medicina es que la mayoría de las plantas o frutos se pueden hallar en los jardines o patios de la Isla.  Incluso, en botánicas, jardinerías y supermercados.  Y aunque nunca se podría recomendar sustituir por la medicina regulada, lo cierto es que cada vez más personas buscan sanar a través de los remedios naturales que ofrece la cultura popular y, que además de curar, conectan el ser con el cosmos, la tierra y nuestras raíces ancestrales.

(La autora posee un grado doctoral en Literatura Puertorriqueña del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe.)

domingo, 3 de mayo de 2020

Los inicios de la Guerra de Abril de 1965

Los inicios de la Guerra de Abril de 1965
Por Jesús Méndez Jiminián (1960-2015)

Nota editorial: Jesús Méndez Jiminián (QEPD) fue uno de los primeros colaboradores del proyecto de  Akelarre. Entre sus publicaciones tiene nueve libros y ocho artículos. Jesús Méndez Jiminián fue un internacionalita, estudioso del antillanismo y seguidor de las ideas hostosianas. Para la familia de Akelarre fue un honor haber conocido a este gigante de las letras dominicanas. La entrada que aquí presentamos es un fragmento de su libro El gobierno constitucional y revolucionario del presidente Caamaño.   
 
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La Guerra de Abril de 1965 en opinión de no pocos estudiosos de la historia dominicana, constituye el principal acontecimiento del siglo XX en Santo Domingo. Sin embargo, resulta paradójico que existan, hasta hoy, muy pocas publicaciones sobre este trascendental hecho del que pronto habrán de cumplirse los primeros 50 años (en el 2015 se cumplieron los 50 años – nota editorial).

El 25 de septiembre de 1963, de forma abrupta e ilegítima, diferentes sectores de la vida dominicana respaldados por militares golpistas, apoyados a su vez por sectores de poder de los Estados Unidos de Norteamérica, “derivados por apetitos más bien económicos que políticos”, pusieron fin al primer ensayo democrático que nos dábamos los dominicanos y las dominicanas dirigido por un demócrata convencido como el profesor Juan Bosch, quien resultó electo abrumadoramente el 20 de diciembre de 1962 como presidente de la República, después de más de tres décadas de una dictadura, la más férrea de América Latina entonces, encabezada por el sátrapa Rafael L. Trujillo.

De la caída del gobierno constitucional y democrático de Bosch hasta el inicio de la Guerra Patria, transcurrieron diecinueve meses para que el pueblo dominicano tomara conciencia de que debía luchar con ganas y lleno de heroísmo, y poder así reivindicar la democracia perdida, y, reclamar a viva voz y con las armas en las manos la vuelta a la constitucionalidad y al orden, sobre todo. El 24 de abril de 1965 marcó el inicio de la gesta. Militares constitucionalistas dieron un Golpe de estado al régimen corrupto y de facto de Donald Reid Cabral y el triunvirato, lo que provocó que aquel día, en cuestión de minutos, una buena parte de la población de la capital dominicana se lanzara a las calles a “celebrar” tal acontecimiento, que incluso para muchos, entre ellos algunos militares constitucionalistas, resultó ser una sorpresa.

De nada valieron las mentiras de Reid Cabral y las fuerzas “leales” a su régimen ilegítimo, cuando anunciaron aquel día 24 de abril al país, que tenían el “control” absoluto de la situación, a través de la radio y de la televisión. El Embajador norteamericano William Tapley Bennett se encontraba en esos momentos ausente, y algunos funcionarios de su embajada, entre ellos el encargado de negocios, señor William Connett, estaban convencidos de que aquella rebelión sería pronto aplastada. Mayor fue la sorpresa para ellos cuando a la mañana del día siguiente, 25 de abril, los constitucionalistas aprovecharon la “inmovilidad de los generales de San Isidro y la “confianza” de la embajada norteamericana para golpear primero y tomar posesión del Palacio Nacional”. La noticia del arresto y la renuncia de Reid Cabral era acogida con mucha preocupación por Wessin y De Los Santos (…) Así, en las primeras horas del veinticinco, De Los Santos envió al coronel Pedro Bartolomé Benoit a negociar una “conclusión” con oficiales “constitucionalistas” en el Palacio Nacional. (pp. 72-73 en la Revolución de Abril y Puerto Rico de Walter Bonilla. Editora Cole, Santo Domingo, 2001).

Una vez en el Palacio Nacional, “Benoit fue recibido por el teniente coronel Miguel Ángel Hernando Ramírez, quien estaba momentáneamente a cargo del gobierno (de los constitucionalistas, n. de j. m. j.), explicándole al “intermediario” de San Isidro que el levantamiento tenía el propósito inmediato de restaurar en el poder a Juan Bosch. En cambio, Benoit le propuso la formación de una “junta provisional” y el “compromiso” de celebrar elecciones futuras. El movimiento constitucionalista no aceptó las condiciones”, ya que, según algunos historiadores, esto “empañaría” los principios por los que ellos habían provocado la revuelta . Aquel domingo, 25 de abril de1965, en la tarde, ya se tenía la noticia de que el Congreso Nacional se había reunido y, a instancias de Juan Bosch que se encontraba exiliado en Puerto Rico, había votado para que Rafael Molina Ureña  ocupara la Presidencia provisional, y quien admitió que sólo ansiaba el retorno de Bosch al poder. Esa misma tarde, se produjeron intensos bombardeos  al Palacio Nacional por órdenes de Wessin y Wessin y De Los Santos, “quebrándose así la oportunidad de pactar”. (p.74, ob. cit.).

Ante la compleja y rápida situación que se estaba produciendo en aquellos momentos, y en vista de que algunos dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) que dirigía Bosch, se habían acercado a la embajada norteamericana a conversar con el señor Connett, solicitándole su “mediación”, éste envío a sus superiores, en Washington, un telegrama en el que brevemente explicaba los acontecimientos dominicanos; y, entre otras cosas, señalaba que el “retorno de Bosch… es, contrario al interés de los Estados Unidos…”. (Ibid).

En sus conversaciones con los dirigentes del PRD y algunos militares constitucionalistas que acudieron a la Embajada, el señor Connett les dijo, específicamente a estos últimos, que debían de rendirse y pasar a formar parte de una “junta militar” con los de San Isidro. Tal propuesta fue rechazada. Entre los militares constitucionalistas estuvieron presentes los coroneles Hernando Ramírez y Francisco A. Caamaño Deñó.

El antiguo embajador en Santo Domingo, John Bartlow Martin, al referirse a los primeros sucesos de la Guerra de Abril en su obra El Destino Dominicano, indica que Donald Reid Cabral era de opinión “que la conspiración estaba programada para finales de mayo o principios de junio, pero los caudillos rebeldes (en alusión a los constitucionalistas, n. de j. m. j.) han dicho después que estaba preparada para el lunes siguiente, 26 de abril. La visita de Rivera Cuesta - agrega - (al campamento militar 27 de Febrero, para contrarrestar algunos oficiales acusados de conspirar contra él, n. de j. m. j.) hizo estallar prematuramente la conspiración”. Llamó a un ayudante suyo, el capitán Mario Peña Taveras, y le ordenó que arrestase a los conspiradores. En cambio, el capitán Peña Taveras, que era uno de los conspiradores, arrestó a Rivera Cuesta y se apoderó del campamento. Esto era el comienzo del levantamiento militar. Aquella tarde del sábado - prosigue -, 24 de abril, Peña Gómez, del PRD, antiguo locutor de radio, acompañado por unos pocos amigos civiles y militares fue a Radio Santo Domingo (en realidad era Radio Comercial del Señor José A. Brea Peña, dirigente del PRD), hizo una barricada en el estudio, declaró el derrocamiento de Reid e invitó al pueblo a que se echase a las calles y proclamase la revolución de Bosch. (p. 611 en En Destino Dominicano, Editora de Santo Domingo, S. A., Santo Domingo, Rep. Dominicana, 1975).

Más adelante, y aunque sin citar fuente alguna, John Bartlow Martin dice, que la CIA tenía informes de que militantes de la izquierda revolucionaria, que él llamó “castro-comunistas”, estaban entregando armas a la gente en las calles. Dice que eran “miles de fusiles”.

“El lunes por la mañana (es decir, el 26 de abril, n. de j. m. j.) a las cinco y media, los aviones del general De Los Santos comenzaron a bombardear y ametrallar el Puente Duarte (...). Las tropas del general Wessin…, intentarían cruzar el Puente Duarte y entrar en la Capital. Ante tales eventos, “Connett” informó algo inexplicablemente - dice Bartlow Martin -, que los generales Wessin y De Los Santos habían pedido tropas de los Estados Unidos y se les había dicho que no la esperasen, pero Connett dijo, también, que había una amenaza seria de golpe comunista, y opinaba que tal vez fuese necesario una demostración de fuerza norteamericana, aunque no de momento, sino más adelante. Un poco después - agrega - informó de que la Embajada estaba avisando a los norteamericanos  para que se preparasen para evacuar”. (p. 615, ob. cit.).

Más adelante, en su obra, Bartlow Martin apunta que: “A las doce y media del lunes, 26 de abril, el secretario Rusk, el subsecretario Ball, Thomas Mann (ahora subsecretario de Asuntos Económicos), Jack Hood Vaughn (que había sustituido a Mann como secretario ayudante para América Latina) y el embajador Bennett, fueron a la Casa Blanca y presentaron el confuso problema (dominicano, n. de j. m. j.) al presidente Johnson. El presidente dijo a Bennett - anota Bartlow Martin – que volviese inmediatamente a Santo Domingo y que le informase constantemente”.  (Ibid).

Además, “En Washington el embajador de Uruguay ante la OEA llamó al secretario ayudante Vaughn y sugirió que el Comité Internacional de Paz fuese informado (de los sucesos dominicanos, que justo el martes 27 de abril  habían tomado un nuevo giro, n. de j. m. j.), Vaughn accedió (…) Vaughn y un funcionario de la Casa Blanca hablaron de ponerse en contacto con Juan Bosch y lo hicieron pronto”, dice Bartlow Martin. (p. 617); quien luego da este detalle: “El embajador Bennett llegó a Santo Domingo a las 12:40 de la noche de aquel día, martes, 27 de abril, un día importantísimo”. (Ibid).

¿Por qué era importante aquel 27 de abril de 1965? Lo primero que debemos señalar es, que justo ese día los aviones de San Isidro continuaron “ametrallando y bombardeando” la ciudad de Santo Domingo, y pese a ello los militares constitucionalistas y un grupo de civiles había impedido su avance en los ataques del Puente Duarte.

Además, tras la salida de la embajada, “… los jefes militares, incluido Caamaño… volvieron a luchar junto al pueblo”. Después de la reunión en la Embajada, “Caamaño surgió como el jefe máximo de los rebeldes en Santo Domingo, dice Martin (p. 619). Las balaceras de aquel día fueron en aumento en diferentes puntos de la capital. Y, al día siguiente, 28 de abril , que quedaría marcado en la historia dominicana como un día funesto, se produciría en horas de la tarde, el desembarco de las primeras tropas yanquis de ocupación. Mientras esto sucedía en suelo dominicano, en Washington, el presidente Lyndon B. Johnson convocaba a la Casa Blanca ese 28 de abril, a los jefes del Congreso y momentos después de concluida esa reunión, comunicaba a través de la radio y la televisión al pueblo norteamericano su decisión de invadir militarmente a un país pequeño e indefenso como la República Dominicana, con cuarenta y dos mil marines, bajo el infeliz alegato de que habían “norteamericanos” en peligro”.

¿Dónde estaba entonces la llamada neutralidad yanqui en el conflicto?

Hacían exactamente en aquellos días de la Guerra de Abril, que 310 años atrás los antiguos amos de los norteamericanos, los ingleses, con Penn y Venables invadían a Santo Domingo, en otro de los más funestos episodios imperiales.

El bautizo yanqui a Wessin y Wessin y sus tropas, vino después del desembarco de los primeros marines, es decir, el 29 de abril, cuando “el jefe de la fuerza de guardia de los Estados Unidos pidió permiso para aterrizar, con su propio avión, en San Isidro”, dice Bartlow Martin, p. 622. A este evento imperial el pueblo dominicano levantado en armas y dirigido por el coronel Caamaño metralletas en manos, arreciaban el fuego contra los invasores y sus aliados criollos.

Notas al calce:
1. En su obra Golpe y Revolución, el licenciado Víctor Grimaldi apunta, que “Wessin y Wessin comandaba los elementos de la Fuerza Aérea pro-Reid; ordena ametrallar la ciudad mientras señalaba que aparentemente las fuerzas pro-Bosch estaban comandadas por el capitán Mario Peña Taveras…”. (p. 116, según publicación del 27 de abril de 1965 en The New York Times. En Golpe y Revolución, CPEP, Santo Domingo, 2008).

2. Instalado en la presidencia, Molina Ureña emitió una serie de decretos, entre ellos “una amnistía general para todos los prisioneros políticos que se opusieran al Golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963; y otro, en el que “todos los ciudadanos que fueron arbitrariamente expulsados de la República están libres de retornar a su patria”. (pp. 118-119, ob. cit.).

3. “Los ataques de los aviones que tenían su base sobre San Isidro produjeron unas 50 bajas mortales y aproximadamente 100 heridos - apunta Grimaldi - hasta el día 26, mientras que la Marina de los Estados Unidos se preparaba para sacar del país a los ciudadanos norteamericanos y otros extranjeros”. (Ibid).

4. En un “Sumario de Publicaciones de la CIA” del 28 de abril de 1965, dice Grimaldi que se incluyeron “dos informes del día 26 de abril”. Uno de ellos anota que “grupos bien organizados de comunistas y extremistas apoyaban a los rebeldes y evidentemente controlaban la mayoría de las armas pasadas a los civiles”. Y en otra parte, con marcado interés de desprestigiar la revuelta, señala que en tales momentos “la extrema izquierda parecía mejor organizada que el partido de Bosch o los militares pro-Bosch”. (p. 119, ob. cit.). A las 9:30 a.m. del 26 de abril de 1965, en una cronología de los sucesos de la guerra, la embajada norteamericana informaba a través de Connett, que “la posición de Wessin y De Los Santos se está debilitando. Solamente la intervención de los Estados Unidos - dice – puede prevenir el retorno de Bosch… La embajada cree hay un serio peligro de toma del poder por los comunistas y apoya la creación de una junta militar que celebre elecciones en Septiembre (1965)”. (p.120).

5. “Las tropas del general Elías Wessin y Wessin y de otras ramas aliadas (CEFA, Marina y Fuerza Aérea, más cazadores de montaña del ejército), habían fracasado en su intento del día anterior, martes 27 de abril, por aplastar a las fuerzas militares y civiles armados constitucionalistas”, algo que fue reconocido por Johnson, quien según sus propias palabras dijo que, “Había habido un desplome en liderazgo y las fuerzas regulares estaban casi tan desalentadas como estaban los líderes rebeldes”, el día anterior. (p. 134 en Golpe y Revolución).

6. “La deserción del presidente provisional José Rafael Molina Ureña y de otros líderes del PRD, uno de los cuales diría a la Embajada de Estados Unidos que la victoria de la revolución sería de los izquierdistas, selló el destino de la lucha constitucionalista cuando en la tarde de este día 28 de abril Estados Unidos decidió invadir el país”. (p. 133 en Golpe y Revolución de Víctor Grimaldi…).