miércoles, 19 de septiembre de 2018

Comentarios sobre La Inquisición y las supersticiones en el Caribe


Comentarios sobre La Inquisición y las supersticiones en el Caribe
Por Esteban Mira Caballos

Nota editorial: El artículo original fue publicado en Libros de historia blog de reseñas de Esteban Mira Caballosla versión aquí presentada fue editada por Paola Nicole Crespo Tomei.

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Quiero recomendar la lectura de este libro a los seguidores de mi blog. La obra es fruto de una amplísima labor de investigación de su autor sobre fuentes primarias, localizadas básicamente en el Archivo Histórico Nacional de Madrid. Aclara el autor, Pablo L. Crespo Vargas, que las fuentes locales del Tribunal que debían conservarse en Cartagena de Indias desaparecieron por un incendio. De ahí, que haya sido necesario recurrir a las fuentes españolas. Por tanto, cuenta con la solidez que solo puede proporcionar la documentación de archivo.

Tras una amplia introducción sobre las inquisiciones europeas y sobre la inquisición española el autor se adentra en el análisis de 45 procesos que se llevaron a cabo en el Tribunal de Cartagena de Indias a lo largo del siglo XVII. Dado que este Tribunal fue erigido por orden del 25 de febrero de 1610, el libro abarca prácticamente gran parte de ese siglo. Su jurisdicción se extendía por un espacio de casi un millón y medio de kilómetros cuadrados, incluyendo la zona de Nueva Granada, las provincias de Venezuela, la gobernación de Quito, las Antillas y una parte de Centroamérica hasta el obispado de Nicaragua. De todos los tribunales creados en Hispanoamérica, fue el tercero más activo, por detrás del novohispano y del peruano. Su objetivo era el mismo que el de los otros Tribunales inquisitoriales, preservar la pureza de la fe, persiguiendo desviaciones supersticiosas como la brujería o la hechicería.

Vuelve a ratificar el autor en este caso concreto una idea que se ha extendido en los últimos años: el hecho de que no fue un tribunal tan sanguinario como lo ha presentado la Leyenda Negra. En Cartagena no se produjeron grandes autos de fe, ni se ejecutaron a centenares de personas. En general, las condenas fueron suaves y solo en algunos casos muy concretos de herejes persistente se condenó a los reos a pena de muerte. El objetivo de los inquisidores no era causar un daño extremo sino convertir a los herejes y supersticiosos en buenos cristianos, al tiempo que se enriquecían con las enjundiosas multas y confiscaciones que les imponían a los condenados. No obstante, Crespo Vargas reconoce que, pese a que en general la mayoría de los inquisidores actuó con mesura, no faltaron algunos que abusaron de su poder, infringiendo atropellos y malos tratos al tiempo que engordaban sus fortunas personales.

Y para finalizar con estas breves líneas tan solo me queda decir que se trata del mejor y más documentado libro que se haya escrito sobre el Tribunal de la Inquisición de Cartagena de Indias. Un libro muy recomendable no solo para los estudiosos de la Inquisición sino para todos los interesados en la historia de la América Colonial.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Reseña del libro "Sin delitos ni pecados"


Reseña del libro Sin delitos ni pecados
Por Albeyra L. Rodríguez

Sin delitos ni pecados: clero, transgresión y masculinidades en Puerto Rico (1795-1857)[1] del doctor Cesar Augusto Salcedo Chirinos[2] es un trabajo analítico sobre las transgresiones de algunos individuos que pertenecieron a la clerecía puertorriqueña durante la primera mitad del siglo XIX. Este libro fue premiado con el segundo lugar en la categoría de investigación y critica por el Instituto de Literatura Puertorriqueña de este año en curso,[3] reconociendo esta institución, la calidad e innovación de este escrito.  

La novedad de este estudio es el enfoque histórico y la población estudiada desde una perspectiva foucaultiana: la transgresión y la norma como conceptos paralelamente existentes.[4] Utiliza la documentación recopilada de fuentes manuscritas como el Archivo General de Indias, Archivo Histórico Nacional, el Archivo General de Puerto Rico, el Archivo Histórico Catedral, Archivo Histórico Diocesano, y archivos parroquiales, así como de fuentes primarias transcritas desde las actas de cabildos de San Juan, reglamentos, recopilaciones de leyes y constituciones, entre otros libros y artículos, haciendo de su trabajo uno cabal. 

Salcedo Chirinos primeramente presenta la vida y estructuras eclesiásticas para luego adentrarse en las prácticas cotidianas de este grupo, identificando adulterio, amancebamiento, juegos, desobediencia y hasta deudas concebidas por estos hombres. Posteriormente, nos muestra las actuaciones del tribunal eclesiástico y sus investigaciones realizadas por la misma institución a través de interrogatorios y los resultados hacia estos sacerdotes transgresores.

Dentro de este estudio aparecen descritos sacerdotes amancebados en diferentes puntos de la isla, con amistades sospechosas que creaban escándalos entre sacerdotes, jugadores de gallo (suponiéndose que este tipo de juego no era considerado una transgresión[5]), y hasta con problemas de alcohol. La desobediencia y los insultos, tanto a sus feligreses, figuras políticas como a sus mismos pares, fue parte también de la práctica de algunos cleros en la Isla. Estas prácticas cotidianas en el clero eran conocidas. Bien dice Salcedo Chirinos que “La gente sabía que el cura debía comportarse de otra manera, solo que no lo cuestionaban ni lo denunciaban por sus transgresiones, a menos que existieran otros intereses”.[6] No obstante, debido a la capacidad de decisión de la Iglesia contra los clérigos de manera interna y sus respectivos procesos[7], las actuaciones de estos sacerdotes eran castigadas con suspensiones de oficio y/o amonestaciones verbales o penas pecuniarias, o quedaron impunes, continuando así ejerciendo el ministerio. Todo esto apunta a que el comportamiento cotidiano de estos clérigos evidencia las relaciones de poder y el ejercicio de esta, que era común en la sociedad decimonónica puertorriqueña.

Este tipo de investigación nos demuestra que, en el periodo y población estudiada, estos sacerdotes no eran ejemplo para la institución que representaban y vivieron igual que su feligresía, con prácticas y conflictos cotidianos. A su vez, se apropiaron y negociaron con las estructuras de poder, siendo estas administradas por ellos mismos. Se deduce que por la necesidad de clérigos y por intereses particulares, culminaban minimizando las sanciones. Es por esto que, Sin delitos ni pecados: clero, transgresión y masculinidades en Puerto Rico (1795-1857) nos sirve para reflexionar sobre cómo luego del periodo estudiado por Salcedo Chirinos, han continuado surgiendo en rotativos nacionales e internacionales, situaciones significativas e impactantes consumadas por el clero en años pasados, y estos, en la mayoría de los casos, no reciben ningún tipo de castigo por los actos cometidos en diferentes partes del mundo. El autor titulariza su obra “sin delitos ni pecados”, entendiéndose que el clero no fue castigado sino sancionado y continuaron viviendo como hombres comunes. Por todo lo antes mencionado, recomiendo este trabajo y se extiende la invitación para que puedan disfrutar del mismo.

Nota Editorial: César Augusto Salcedo Chirinos, también, es autor del libro Las negociaciones del arte de curar: Los orígenes de la regulación de las prácticas sanitaria en Puerto Rico, el cual puede conseguir marcando el enlace. 


[1] César Augusto Salcedo Chirinos, Sin delitos ni pecados: clero, transgresión y masculinidades en Puerto Rico (1795-1857). (Río Piedras: Publicaciones Gaviota, 2016).
[2] Los temas de investigación del doctor Salcedo Chirinos giran en torno a la transgresión, vida cotidiana, sexualidad, clero, enfermedades, entre otros temas en el Puerto Rico decimonónico.
[3] El Nuevo Día, “El Instituto de Literatura Puertorriqueña premia el talento local,” Periódico El Nuevo Día
https://www.elnuevodia.com/entretenimiento/cultura/nota/elinstitutodeliteraturapuertorriquenapremiaeltalentolocal-2400092/ (consultado 27 agosto 2018).
[4] Salcedo Chirinos, Sin delitos ni pecados: …, 14-18.
[5] Ibid., 88-89.
[6]  Ibid., 223-224.
[7] El autor plantea que tuvo dificultad para accesar los documentos del Archivo Histórico Arquidiocesano ya que no están disponibles para los investigadores. Ibid., 132.

viernes, 17 de agosto de 2018

3ra edición de la Inquisición española y las supersticiones en el Caribe


Comentarios del autor sobre esta edición
Por Pablo L. Crespo Vargas

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El 7 de enero del 2019 se conmemoran los 500 años del nombramiento del obispo Alonso Manso y del fraile Pedro de Córdova como primeros encargados de la Inquisición en las Indias. Este hecho histórico toca muy de cerca a Puerto Rico, ya que desde el 1512, Alonso Manso era el obispo de la diócesis que estaba ubicada en nuestra Isla. A los dos años de estos nombramientos, Córdova muere, por lo cual Manso se convirtió en el único oficial inquisidor del Nuevo Mundo. Su incumbencia continuó hasta su muerte en 1539. A nuestro entender, su legado inquisitorial fue más simbólico que palpable, aunque esto no minimiza el hecho de que puede ser llamado el primer inquisidor general de América.

La Inquisición, que es una de las instituciones que mayores oportunidades presentan para investigación, sigue siendo un tema de mucho interés tanto para apologistas como detractores. No obstante, un sinnúmero de historiadores trabaja arduamente y sin cesar para seguir presentado los detalles y el análisis que nos lleve a entender con mayor veracidad cuál era la mentalidad de la época, dejando a un lado, prejuicios o señalamientos que hoy día no necesariamente eran iguales a los de otros tiempos.

Con esta 3ra edición queremos dar continuidad a los diversos estudios que se están realizando sobre la Inquisición en América y sobre el imaginario desarrollado sobre ella. Son varios los puertorriqueños que han visto oportunidades de investigación en este tema y que han publicado de manera académica. Entre ellos tenemos al Dr. Josué Caamaño Dones y la Dra. Albeyra L. Rodríguez Pérez. El Dr. Caamaño Dones presentó un estudio titulado “Palabras malsonantes, impías y blasfemias hereticales en Puerto Rico: El proceso inquisitorial contra el gobernador don Diego de Aguilera y Gamboa, 1654-1664”, publicado en la Revista del Centro de Investigaciones Históricas Op. Cit. En este estudio se analiza el uso de la Inquisición como instrumento para consolidar poderes políticos y económicos de una élite en contra del gobernador Aguilera y Gamboa. La Dra. Rodríguez Pérez próximamente estará publicando dos obras referentes al tema. La primera de ellas, junto a mi persona, una antología de ensayos historiográficos que abarcan varios puntos de estudio que cubren el desarrollo de la Inquisición y otros temas surgidos de ella como la demonología, la percepción que se tenía o tiene de la mujer y las conductas antisemitas. Posteriormente, la Dra. Rodríguez Pérez publicará una versión editada de su tesis doctoral, en la cual trabajó el tema de los judíos y las luchas de poder en el Tribunal de Cartagena de Indias.

En esta 3ra edición simplificamos el lenguaje, modificamos algunas notas al calce y ciertas entradas en el texto; a esto, utilizamos otros recursos técnicos para asegurar una lectura más fluida y de fácil entendimiento.

Debemos recalcar que la primera edición de La Inquisición española y las supersticiones en el Caribe hispano fue premiada con el Primer Premio en Investigación y Crítica para obras publicadas en 2011 por el Instituto de Literatura Puertorriqueña. 

miércoles, 8 de agosto de 2018

La sangre en las serranías capítulo vi


Capítulo VI: Monte adentro
La sangre en las serranías
Heriberto Velázquez Figueroa

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Ordoñez, el soldado de los perros, tomó la vereda más lejana que atravesaba los conucos. Línea tras línea las yucubias, plantas cuyos tubérculos se conocen como yuca, eran el cultivo principal. Aunque de tallos finos, por su abundancia le permitían caminar oculto. Más allá, las plantas de iajutía, otro tubérculo comestible. Estas no eran tan altas, pero las hojas, siendo anchas lo mantenían oculto también. Continuó poco a poco agachado hasta dónde terminaba el conuco de iajutías. Ahora venía los difícil, a sus espaldas estaban los corrales. El soldado temía que los chillidos de los cerdos alertaran a alguno de los indígenas. Además, antes de llegar a las plantas de maíz y tenía que pasar por el sembradío de yucaba. Este bejuco rastrero de tubérculos dulces, no lo ocultaría. Se arriesgó. Se irguió y caminó con paso casual. Miró a su izquierda como para qué pensaran que inspeccionaba los corrales de las cabras y becerros. Varias gallinas cacareaban, pero eso era normal. Lo que no le parecía normal era tanta reinita cantando como cuando ven un gato. Ya faltaba poco. Por suerte, el corral de los perros y el yucayeke que el tonto hacendado había permitido construir a los indios estaban del otro lado. “Aunque me hubiera gustado prender fuego a este también”, pensó. Llegó al maíz y corrió. Ya no se ocultó. Con malévola decisión se fue monte adentro.
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Ya la compañía de padre Antonio partía. Ektor miró a su derecha. Dirigió su mirada por sobre la enorme casona de la hacienda. Varias auras sobrevolaban en círculo más lejos hacia el monte, como esperando que algún animal muriera para alimentarse de la carroña. En eso, Jeitiana salió por la esquina de la casa grande y lo miró por un momento. La mirada de la joven mulata le decía con ternura "Acá te espero".

Luego se acercó a Ektor con una canasta y se la extendió amorosa diciéndole, “Tu bibí y yo les cocinamos mapiros y sajes.” Por poco y las lágrimas asoman los ojos de ambos jóvenes.

Ektor guardó la canasta. Todos eran muy afines a comer los sorullos de maíz cocidos con los pequeños pero sabrosos peces. El joven luego preguntó por su madre. “Está muy triste, indispuesta por tu partida”, le contestó Jeitiana ahogando un sollozo y se fue casi corriendo. Las auras seguían revoloteando, pero ahora algo erráticas. Ektor miró a su abuelo, pero Sibey también lucía extrañado. Era raro que hubiera auras tan lejos de la costa, pero la extraña sequía hacía a los animales hacer extrañas cosas.

La compañía comenzó su jornada, derecho abajo, rumbo al sur. Seguirían este rumbo por bastante tiempo, hacia el bagua. Ektor se moría de ganas de volver a verlo, bañarse en sus aguas. Planeaba buscar alguna bibagua y pescar en las raíces de los mangles. Luego buscaría algún nido de carey o caguama recién hecho y sustraería sólo algunos huevos y lo volvería a tapar muy rápido de manera que no se echarán a perder el resto y nacieran los animalitos. No había porque saquear el nido por completo.

Al llegar a la costa virarían a su derecha, hacia donde se duerme Camuy y seguirían caminando. Con buena fortuna encontrarían un grupo que se dirigiera a las Salinas con el cual poner al buen padre y retornarían a La Cortesía. Allá en Las Salinas del Cabo Rojo, el mismo Camuy se bebía las bibaguas. La sal que quedaba al irse las lagunas de agua salada era valiosa en especial para los blancos. Hacía ya tiempo que las explotaban comercialmente, por supuesto esclavizando al indígena. Desde siempre se utilizaba la sal que naturalmente se podía recolectar en Las Salinas. El sol brilla siempre muy fuerte en la zona y se produce mucha sal naturalmente. Esta llegó a usarse incluso como moneda.

El arijuna español, dándose cuenta de que el área podía ser explotada comercialmente no tardó en usar al taíno para ello. De nuevo el noble indígena sufría la avaricia del europeo. De hecho, la zona tomó tanta notoriedad que rivalizaba con los pozos de Aguada en comercio. Por esto un grupo procedente de Los Pozos había salido a atacar las Salinas y habían tenido una guasábara en una playa cercana. El combate había provocado que el gobernador destacara una milicia permanentemente en el área. Hasta allí y de día de llegar padre Antonio y de allí a la Villa de San Germán. Por ahora él y la compañía iban monte adentro. 
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Ordoñez trataba de buscarle sentido a lo que acababa de ocurrirle. Había buscado un sitio apartado en la falda de un monte cercano a una calzada que sabía quedaba por aquellos cerros. De allí el fuego se propagaría rápido por la hojarasca, sin dar tiempo a los cimarrones a escapar. Ya se los imaginaba achicharrados o ahogados por el humo en la copa de un árbol. La brisa sería su aliada, con suerte, las lumbreras llegarían al yucayeque y saldría de más problemas. “¡Joder! Podía ser que hasta la casa grande se incendiara”, río para su adentro.

Riendo con satisfacción sacó dos pedernales y comenzó a golpearlos uno contra otro por encima de un montón de hojas y ramitas que había hecho. Pero extrañamente la pólvora que le había puesto encima no encendía. “Está húmeda”, pensó.

Un golpe de brisa le pegó de frente, derrumbando el montón de hojas. Intentó cambiar su cuerpo de espaldas a dónde provenía la ráfaga, pero no conseguía proteger las hojas lo suficiente como para que se encendieran. No importaba donde se colocará la brisa parecía empeñarse en que no prendiera fuego a la serranía. El viento y la hojarasca empezó a envolverlo, ha cegarlo, se acumulaba, se acumulaba.

El vendaval se volvió un remolino. Ordoñez se puso de pie y el torbellino se agigantó. Por encima del ruido de las hojas y el viento creyó escuchar el ulular de un mucurú. Retrocedió y el remolino se movió con él. El soldado de los perros ya no podía ver nada, pero escuchó un agudo y amenazante, “Uuuuuuuuuugjjjjj… ¡tsk! uuuurrgj ¡tsk!”

En su mente identificó de inmediato, el rugir de una mangosta enfurecida. Se imaginó las babeantes fauces, a la vez que escuchó el chillido agresivo de una jutía.
Trato de huir y cayó hacia atrás. Alcanzó a ver un animal que se le abalanzaba encima al tiempo que parecía perseguirse a sí mismo. 
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Ordoñez yacía en el suelo. El desgarrador dolor lo arrancó de sus recuerdos y lo volvió a la realidad. Trato de encontrarle sentido a lo que le había ocurrido, el terror que vivió, lo que había visto. Su corta mente no entendía, no encontraba explicación para aquel torbellino de hojarasca que se le había echado encima y menos aquel animal que oculto en la hojarasca lo atacó, qué le arrancó la lengua, le sacó los ojos, le despedazó las manos. ¿Cómo era que estaba vivo? De seguro esto era lo que había matado a Mendoza y posiblemente a los otros. Ahora entendía porque el maldito indio Sibey decía, “Uña y diente… yucá pa’l blanco.”

Ordoñez sentía brasas ardientes en sus heridas, sus manos eran jirones, colgajos. Recordó que trató de usarlas para protegerse el rostro del ataque y el animal descargó su furia contra éstas, antes de arrancarle la lengua y los ojos. El soldado no sabía de este animal, nunca lo había visto u oído de él. Según la brisa fue a ser un vendaval, así se revolvía su mente como un pequeño juracán.

El dolor era espantoso pero su mente militar y disciplina le hicieron ponerse de pie. De seguro el olor de la sangre atraería alguna otra alimaña. Tenía que volver a la hacienda. No tenía manera de comunicarse, pero era su única opción para sobrevivir. Además, tenía que buscar la forma de decir lo que había visto, lo que había pasado. Lo importante era sobrevivir.

La sangre que manaba de su lengua cercenada se le ataponaba en la garganta. Tocio y un puñal de dolor se le clavó en el cerebro. El ataque de tos lo hizo convulsar. Hincó los codos en sus costados para no desmayarse. Sin saber cómo iba a hacerlo trató de orientarse en el bosque. Consiguió fuerzas para sobreponerse al dolor y lanzar ininteligible y lastimero grito cómo lo hacen los indígenas cuando son destrozados por los perros.

domingo, 1 de julio de 2018

135 años del Municipio de Lajas


CONMEMORANDO LOS 135 AÑOS DEL MUNICIPIO DE LAJAS: INFLUENCIA CANARIA, TRADICIONES Y COSTUMBRES
Por Pablo L. Crespo Vargas

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Hoy conmemoramos 135 años de la fundación del Municipio de Lajas. Anterior a ello, nuestro pueblo fue parte del Municipio de San Germán, con quien tenemos lazos que han perdurado hasta nuestros días. Es importante mencionar, que Lajas tiene una gran influencia canaria, recibida de parte de los emigrantes procedentes de estas islas y quienes, en la Península Ibérica, se les conoce como isleños.

Los canarios han estado presentes en la historia puertorriqueña desde comienzo del proceso de colonización. Las Islas Canarias eran puerto obligado de las flotas castellanas que salían en dirección a las Indias. Es en el siglo XVIII que se intensifica la llegada de los isleños a nuestras costas. Este siglo fue importante en la formación de lo que hoy día es nuestro pueblo: Lajas. Debemos indicar, que los canarios aportaron parte de sus tradiciones y costumbres a nuestro acervo cultural. No ha de extrañarnos, lo que muchos especialistas indican, que nuestro lenguaje regionalizado surge del modo de hablar canario.

En otros aspectos, la caña de azúcar, uno de los productos que, en su momento histórico, fue de los principales cultivos en Lajas, llegó a través de estas islas. De igual forma, podemos decir que el ñame, el plátano, entre otros productos agrícolas, realizaron el mismo viaje. A su vez, desde las Canarias se transportaron cerdos, cabras, ovejas y perros. Junto a estos productos hubo otras aportaciones gastronómicas, entre ellas el gofio, el sancocho y el mojito.

Sin embargo, para nosotros, los lajeños, la influencia canaria de mayor peso en la formación de nuestro pueblo fue la devoción a la Virgen de la Candelaria, patrona de todo el archipiélago canario y base para la instauración de nuestro municipio. Debemos recordar que, bajo la Corona española, en aquellos tiempos, los poderes eclesiásticos y seculares estaban integrados. Sobre la fiesta de la Candelaria, debemos señalar que esta se celebra el 2 de febrero, remontándose a los inicios del cristianismo. Esta hace alusión a la presentación del niño Jesús en el Templo y a la purificación de María después del parto, tal como indicaban las leyes judías. Sobre la Virgen de la Candelaria, la tradición nos indica que a finales del siglo XIV o principios del XV, dos pastores guanches (pobladores de las Canarias al momento de la entrada de los europeos), mientras pastoreaban sus rebaños se encontraron con la imagen de una mujer, que llevaba vestidos extraños y que cargaba un bebé en sus brazos. Para los nativos fue considerado algo sobrenatural. Eventualmente, la imagen fue llevada al hogar del rey de la comarca, quien promovió su veneración. Otro guanche, de nombre Antón, que había vivido en Castilla, reconoció la imagen como la de la Virgen María, solicitando que se le hiciera un hogar o capilla para ella.

Esta veneración se expandió por todos los reinos españoles. Muchos de los conquistadores eran devotos y desde el reinado de Felipe III, a finales del siglo XVI, la monarquía se declaró patrono y protectores de la imagen. Junto a la devoción a la Virgen de la Candelaria, los canarios promovieron la veneración a San Blas (3 de febrero) y a Santa Rosa de Lima (30 de agosto, aunque en España es el 23 de agosto). Al analizar la toponimia de nuestro pueblo podemos apreciar cómo estas devociones nos han marcado: con dos barrios y una de las calles de importancia en el casco urbano. A todo esto, en 1889, se propone que nuestro municipio fuera nombrado Candelaria, aunque se siguió el procedimiento, la propuesta no prosperó.

Debemos mencionar que se ha podido identificar a las primeras doce familias canarias que se establecieron de manera oficial y registrada en nuestra Isla, esto a finales del siglo XVII; algunos de sus descendientes llegando a Lajas, siendo hoy parte de nuestra población. Estas familias fueron los Acosta, Alonso, Amador, Correa, Lorenzo, Marrero, Martínez, Mora, Morales, Moya, Osorio y Vera.

Por último, es importante recalcar que Lajas se ha convertido en la capital cultural del suroeste de Puerto Rico y en uno de los centros culturales de mayor movimiento en la Isla. Todo esto se lo debemos a su gente y a las diversas organizaciones cívico-culturales lajeñas que se ha esforzado grandemente para que el nombre de nuestro pueblo sea reconocido por todos los puertorriqueños.

¡Viva Lajas!


Nota editorial: Este ensayo es una versión editada y actualizada de la ponencia presentada en el 130 aniversario del Municipio de Lajas y que fuera publicada en El Post Antillano el 13 de julio de 2013. Véase entrada en Akelarre donde se reseña la actividad del 1 de julio de 2013 en el siguiente enlaceReseña de la conmemoración de los 130 años del Municipio de Lajas

viernes, 15 de junio de 2018

Mi idea de una gran novela puertorriqueña


MI IDEA DE UNA GRAN NOVELA PUERTORRIQUEÑA
Por Milagros Alameda-Irizarry

…la novela que quiero leer. Hace años
que la estoy buscando, y confieso que
es muy difícil complacerme.

Fernando Picó


Todos estamos escribiendo el mismo
libro, al final de cuentas. Y ese mismo
libro, al final de cuentas, es nada.

Roberto Bolaño

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En el año 1993 leí un artículo sumamente interesante en el que el autor se quejaba de que en Puerto Rico nadie escribe novelas largas, novelas con muchos personajes sacados de la vida real, personajes que van al supermercado y a la farmacia. Novelas de quinientas páginas como las que aparecen en la lista de las más vendidas del New York Times. Los argumentos me parecieron muy válidos y razonables por lo que decidí aceptar el reto que se me presentaba pensando que ninguno de nuestros escritores consagrados iba a ponerse a escribir quinientas páginas de mentiras en una época en la que las novelas muy largas no estaban de moda. Yo había leído algunas novelas largas en mi juventud: Don Quijote, La montaña mágica y otras que me habían impresionado profundamente. Pero esos eran otros tiempos. Dado que ya los verdaderos escritores no escribían cosas tan voluminosas y originales, pensé que esta era mi gran oportunidad para lucir mis dotes de narradora y al mismo tiempo continuar el diálogo entablado con libros que yo había estado leyendo desde que era chiquita. Entonces, con un lenguaje prestado y unas ideas desgastadas por el uso y el tiempo, con muchas referencias veladas o descubiertas (intertextualidad, según algunos), me puse a reinventar una historia que podría ser (más o menos) la historia de cualquier familia de las muchas que habitan en las páginas de todos los grandes narradores de la historia literaria. Mi novela contaría la historia de una familia puertorriqueña de antepasados indígenas y africanos y comenzaría contando sobre los orígenes remotos de los primeros puertorriqueños que aparecieron en la isla. Naturalmente, de aquí pasaría a escribir largo y tendido sobre los quinientos años de ocupación y coloniaje. Después de agotar este tema pasaría a contar con gusto el advenimiento de la República de Puerto Rico, hecho que yo colocaría, esperanzada, en el siglo XX por ser ese mi tiempo, más o menos durante los años treinta o cuarenta. Esta primera parte de la novela cubriría por lo menos trecientas páginas. Entonces introduciría la historia de esa gran familia puertorriqueña de antepasados indígenas y africanos. Naturalmente incluiría algunos personajes españoles y norteamericanos quienes tendrían mucho que ver en el desarrollo de mi historia. Las alegrías y vicisitudes de esa familia serían innumerables. No faltarían secretos, pecados imperdonables, maldiciones, presagios, bodas, solteronas, muchachas fértiles, hombres estériles, nacimientos, bautizos, tíos borrachones, esposas celosas, madrastras, abortos, infidelidad conyugal, viajes de placer a Nueva York, viajes no tan placenteros a la gran manzana, jiras a La Parguera y al balneario de Boquerón, viajes por la autopista de Ponce con paradas en el Monumento al Jíbaro, celebraciones del cuatro de julio, la diosa Mita, Walter Mercado, la comadre, caseríos, urbanizaciones, arroz con habichuelas, sopas Campbell, chillo  entomatado, mofongo con caldo de pescado, chuletas can-can, debutantes, vejigantes, estudiantes de medicina en España, problemas de identidad sexual, problemas de identidad nacional, viajes furtivos a la farmacia los viernes por la noche, independentistas, socialistas, vende-patrias,  asesinatos políticos, crímenes pasionales, obreros de la caña, rompehuelgas, maestros, curas, monjas, actrices de telenovelas, cubanos, dominicanos, escritores, abogadillos, música popular, gente pobre, gente rica, choferes de carro público, emigrantes. Paro aquí porque la lista sería literalmente interminable. La parte más densa de la novela la dedicaría a contar la historia de Vibia P, miembro infame de esa gran familia, mujer de una belleza legendaria, autora de un crimen horrendo -con repercusiones a nivel nacional- encarcelada, a punto de morir en la horca, loada por muchos, denigrada por todos. Pensaba que esto sería suficiente para completar mis quinientas páginas y concluir con la apoteosis de lo perfectamente logrado, cumplido, acabado. Fue tal mi ingenuidad y audacia, que pensé que los verdaderos narradores me perdonarían el atrevimiento y que tendría todo el tiempo del mundo para escribir mi gran novela. Acomodada en el carro del autoengaño me dediqué a escribir muy lentamente. Para el año dos mil ya tenía escritas casi diez páginas cuando, por razones que no puedo explicar, olvidé el proyecto de la novela y me puse a recordar y a escribir sobre cosas reales o imaginadas que yo había experimentado durante mi niñez y juventud. De esta purgación mental surgió La isla de los monos silvestres y otras cosas que actualmente continúan tratando de abrirse paso, con poco brillo y mucha oscuridad, por las regiones vastas de la cultura boricua en Filadelfia. Pero la diarrea verbal no paró ahí. Después de los monos, después de Maguayo y el payaso Melaíto, se me ocurrió escribir sobre la vida en Filadelfia. Me compré una computadora con la esperanza de acelerar mi proceso creativo, puse mis notas en archivos digitales y afortunadamente volví a encontrarme con La novela de Vibia P. Entonces me obsesioné con las bibliotecas y las librerías de viejo, compré muchos libros y los organicé siguiendo el sistema de la Biblioteca del Congreso. Entonces las ideas comenzaron a llegarme de manera precipitada y caótica. Saqué a la luz un par de cuentitos: Ascensor y La biblioteca. El tiempo comenzó a correr desenfrenadamente, me caí del carro o me volví a acomodar en el carro, no sé. Cuando pensaba que estaba escribiendo en el archivo de La novela de Vibia P en realidad estaba escribiendo en el de la vida en Filadelfia. Cuando finalmente me percaté del caos en que se hallaban mis archivos y notas ya era tarde para arreglarlos. Por más que trataba de separar unas ideas de otras ellas se negaban a desenredarse. Habían adquirido un carácter pegajoso y agridulce, como de mangos podridos. Me pasé muchas noches velando, pensando, tratando de que las ideas se acomodaran y fluyeran con lógica. Pero todo fue inútil. Mi incompetencia en el campo de la tecnología lo hacía todo más difícil. Muchas veces pensé mandar la computadora al diablo. Si no lo hice fue porque pensé que quizás podría sacar algo en claro de aquel embrollo. En esas estaba cuando el año 2013 me sorprendió con la aparición de una gran novela puertorriqueña de más de quinientas páginas: Barataria, de Luis López Bauzá. Mi primera reacción: “¡Coño! ¿Cómo es posible? ¡Nunca la leeré!”

Transcurrieron varios meses, la curiosidad me roía. Con la excusa de unas vacaciones en el Caribe me fui a Puerto Rico para comprar el mamotreto: dos volúmenes, novecientas ocho páginas. Espantada, abordé el avión otra vez y regresé a Filadelfia. Pasaron varios días antes de que me decidiera a comenzar la lectura. La novela me asustaba, no sólo por lo larga que era sino también porque la imaginaba sólida, bien escrita, deslumbrante, capaz de conmoverme, llena de frases sabihondas, urdida con maestría, digna de llamarse gran novela puertorriqueña.

Entre unas cosas y otras la lectura me tomó una semana más o menos y tengo que admitir que Barataria cumple lo que promete y más. Obviamente ya no es necesario que yo escriba la gran novela puertorriqueña. Pero me rehúso a suprimir las pocas páginas que el caos en mi cabeza produjo.  Aquí van, en un frangollo que quiere ser literario y que sólo aspira a la luz de unos ojos indulgentes…


martes, 5 de junio de 2018

Justificación de la implantación de "Clarificación de Conciencia"


JUSTIFICACIÓN DE LA IMPLANTACIÓN DE "CLARIFICACIÓN DE CONCIENCIA"
Por Jaime Medina Medina

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Muchas personas de diversas edades y niveles sociales, políticos y económicos tienen problemas de salud mental, su conciencia está confusa o no están plenamente conscientes de sus actos; por lo tanto, no anticipan las posibles consecuencias negativas de lo que hacen, lo que obra en perjuicio de ellos y los demás. En Puerto Rico, un estudio realizado por la Universidad de Puerto Rico en 2016 y solicitado por ASSMSCA reveló que de 165,497 personas afectadas con problemas de salud mental entre las edades de 18 a 64 años:

     1. El 7.3% padece de una condición mental seria.
     2. El 18.7% vive con alguna condición siquiátrica.
     3. El 23% combina alguna condición mental con abuso de drogas y/o alcohol.
     4. Las condiciones más comunes son desórdenes de ansiedad (ansiedad general, pánico, fobia social, agorafobia=fobia a los espacios abiertos) que afectan al 12.5%, y desórdenes de ánimo que afectan al 10%.
     5. El 36.1% con serios problemas mentales no reciben tratamiento. Véase “Grave cuadro de salud mental en Puerto Rico”, El Nuevo Día (16 enero 2017).

Una enfermedad mental seria se define como un desorden de conducta, emocional, o mental, de suficiente duración y que resulta en un impedimento sustancial que interfiere con, o limita, el funcionamiento y las relaciones de una persona en su familia, trabajo, comunidad. Sobre este particular véase a APA (2013), DSM-5-Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders.

Ante ese cuadro, con el objetivo de superarnos, aminorar o sobrellevar de forma apropiada las situaciones que nos crean confusión y/o nos conducen a tener desórdenes de salud mental que nos afectan, y afectan los entornos donde nos desempeñamos, diseñamos los Talleres de Clarificación de Conciencia, mediante los cuales esperamos concientizar a los participantes sobre: la confusión de conciencia; los mitos o creencias dañinas; el machismo; la paternidad inadecuada; el maltrato de menores; la violencia doméstica; las consecuencias adversas del divorcio o separación de los padres; la alienación parental; la drogadicción; el efecto del alcohol y las drogas en el cerebro; la marginación de las personas sin hogar; el maltrato a los ancianos.

Ante todas esas situaciones, presentamos alternativas para superarnos y seguir adelante, como la custodia compartida de los menores cuando sus padres se separan o divorcian; Los Pasos en el Camino, una guía de enfoque sicosocial cristiano; la relevancia de la sabiduría; los atributos adecuados de conciencia que deben poseer ambos padres; el amor condicional y el amor incondicional; la alienación parental; las siete dimensiones de la persona -de enfoque holístico-; y varias reflexiones. De esa manera propulsamos concientizar a los menores, los padres y diversos grupos, influyendo positivamente en su funcionamiento sicosocial.

Con humildad sostenemos que las alternativas-herramientas presentadas son una manera efectiva de combatir la cultura machista que nos denigra como pueblo, clarificar la conciencia, estar conscientes de las posibles consecuencias de nuestros actos y adquirir conocimientos que nos dirijan a modificar positivamente nuestra conducta y a potenciar nuestras habilidades para superarnos.

Nota editorial: Jaime Medina es el autor del libro Clarificación de conciencia: Talleres holísticos. El escrito aquí presentado es el capítulo introductorio del mismo.