jueves, 15 de agosto de 2024

Las rebeliones de esclavizados en Puerto Rico: Inventario de Moscoso

Las rebeliones de esclavizados en Puerto Rico: Inventario de Moscoso

Pablo L. Crespo Vargas

En marzo se conmemora la abolición de la esclavitud en Puerto Rico, la cual fue otorgada el 22 de este mes en 1873 en las Cortes españolas. Contrario al mito que se trató de imponer de que los esclavizados en Puerto Rico fueron personas dóciles y que el trato que se les dio fue benigno (como si la esclavitud en sí no fuera una crueldad), existe evidencia documental de las vejaciones que esta población tuvo que sufrir. También existe evidencia sobre los intentos de rebelión, los alzamientos, los escapes al monte, el cimarronaje y una gran cantidad de enfrentamientos entre los amos y sus esclavizados.

Teniendo presente que toda esta información está dispersa, el historiador Francisco Moscoso publicó a finales del 2023 una obra titulada Inventario comentado de resistencia de los esclavos y de la lucha abolicionista en Puerto Rico, siglos 16 al 19. En la misma, se exponen diversos hitos históricos donde se documentan las acciones de los esclavizados por obtener su libertad. Los capítulos están divididos por siglos y la presentación del libro está a cargo de la historiadora Lizette Cabrera.

La obra desmitifica la idea de la docilidad y sumisión de los esclavizados en nuestra Isla y demuestra que, tan temprano como 1514, el gobierno colonial tenía que afrontar rebeliones y alzamientos. En total, el autor presenta unas 137 instancias o acontecimientos donde se demuestra el grito de libertad que los esclavizados realizaban a favor de ellos. El libro también contiene ilustraciones que demuestran diversos aspectos de la historia de esta situación. En fin, es una lectura altamente recomendada.

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Nota editorial: Este artículo fue publicado originalmente en El Post Antillano el 9 de marzo de 2024.  

jueves, 1 de agosto de 2024

Asalto al poder en los Estados Unidos: trayectoria histórica

Asalto al poder en los Estados Unidos: trayectoria histórica

Pablo L. Crespo Vargas

El asalto al Capitolio federal estadounidense el 6 de enero de 2021 puede ser visto como un intento de golpe de estado o insurrección realizado por un grupo de individuos y organizaciones que consideraban que el presidente Donald Trump debía quedarse en el poder. Las teorías de cómo se realizaron los eventos de ese día son varias. Existen los que consideran que llamar insurrección a lo que pasó es una exageración. Para estas personas, lo que hubo fue una manifestación pacífica con ciertos desaciertos gracias al mal manejo realizado por los efectivos de seguridad del Capitolio. A su vez, otros justifican mencionando, y aun creyendo, que las elecciones le fueron robadas a Trump.

Independientemente su creencia sobre lo que ocurrió el 6 de enero de 2021 en Washington D.C., no se puede negar que fue un acontecimiento donde se utilizó la violencia para lograr los objetivos que deseaba cada bando. Esto contracta con el mito de que la gobernanza estadounidense se rige por un orden establecido basado en leyes que son justas e imparciales, que imposibilitan actos de violencia dentro de sus instituciones. Claro, el golpe de estado no se completó, tampoco el presidente Trump pudo mantener su posición como primer mandatario de la República de los Estados Unidos. 

Ahora bien, ¿tenemos evidencia de otros atentados o intentos de desestabilización política dentro de los Estados Unidos en su historia? o ¿estos acontecimientos solo ocurren en los llamados países del tercer mundo? La realidad es que al hacer una búsqueda dentro de la historia estadounidense podemos encontrar una serie de revueltas o intentonas de golpes de estado y remoción de gobiernos por uso de la fuerza en esferas federales, estatales y municipales. Pasaremos a nombrar algunos de ellos, y quizás, más adelante los reseñemos con mayor profundidad.

Cronológicamente hablando, una de las supuestas primeras conspiraciones para tomar el gobierno fue la que se dio en Newburgh (New York) entre oficiales del Ejército Continental —fuerza armada de las colonias británicas en Norteamérica en su guerra de independencia— en marzo de 1783, dado a la falta de paga a los militares. Sobre este evento hay un debate histórico en cuanto a cuáles fueron las expectativas y si en realidad hubo una intención más allá de la protesta. No se puede negar el desencanto que muchos militares tuvieron por el hecho de que el Congreso no desembolsó el dinero a tiempo para saldar su deuda y la importancia de la intervención de George Washington, general en jefe de las fuerzas, para evitar una rebelión. Años luego, entre agosto del 1786 a febrero de 1787 se da la Rebelión de Shays, nuevamente, el detonante fueron los problemas económicos y sociales que se estaban dando en la recién formada nación. En el siglo XX, específicamente entre 1933 a 1934, y surgido de la testificación realizada por el general Smedley Butler (de la Infantería de Marina) se conoció de una supuesta conspiración entre dueños de grandes empresas para derrocar al presidente Franklin D. Roosevelt e instalar un gobierno fascista en los Estados Unidos.

Imagen de insurgentes escapando de tropas federales en Springfield (1787) de C. Kendrick, publicada en Edward Sylvester, The People’s History of the World, v. vi. (imagen de dominio público).

En las esferas estatales también ocurrieron levantamientos y enfrentamientos que en términos de pérdidas humanas y económicas fueron mayores que las mencionadas en los párrafos anteriores. En Rhode Island, entre 1841 a 1842, Thomas Wilson Dorr, no solamente trató de tomar el gobierno, sino que creó un sistema de gobernanza paralelo que tuvo que ser enfrentado por el gobierno estatal, sin la ayuda del gobierno federal. Entre abril y mayo de 1874, en Arkansas, se dio una guerra civil entre el gobernador republicano (Elisha Baxter) y un pretendiente a la gobernación del mismo partido (Joseph Brooks). Las intenciones de este segundo fueron frustradas, aunque la cantidad de víctimas mortales sobrepasó las 200 personas. Ese mismo año, en septiembre, un grupo de supremacistas blancos conocidos como la Liga Blanca tomó la ciudad de New Orleans (Luisiana), por lo cual tropas del gobierno federal tuvieron que intervenir y recapturar la ciudad. En 1931, nuevamente en Luisiana hubo una disputa por la gobernación que terminó con la movilización de la Guardia Nacional del estado. Tan reciente como el 2020, un grupo de extrema derecha, conocido como The Wolverine Watchmen, planificó el secuestro de la gobernadora, Gretchen Whitmer, y el derrocamiento del gobierno estatal de Michigan; sin embargo, la conspiración fue descubierta por el Negociado Federal de Investigaciones (FBI en sus siglas en inglés).

A los actos ya comentados, debemos incluir los intentos de derrocamiento que se produjeron en gobiernos municipales. Entre 1886 a 1887, dos facciones del Partido Demócrata lucharon por el control del gobierno del condado de Fort Bend, en Texas. En 1898, la ciudad de Wilmington en Carolina del Norte fue escenario de una lucha de poder entre supremacistas blancos y una coalición de negros y blancos que se llamó Partido Fusionista. En ambos ejemplos, las facciones supremacistas, que no gobernaban, terminaron derrocando a los gobiernos integracionistas, sin que el estado o el gobierno federal interviniese. Al igual que los ejemplos ya presentados hay otros que podremos discutir luego.

Nota editorial: La primera versión de este artículo fue publicada en El Post Antillano el 13 de enero de 2024.

lunes, 22 de julio de 2024

Introducción a La Isla de la Mona en la conquista española de Puerto Rico, 1494-1523

 Introducción a La Isla de la Mona en la conquista española de
Puerto Rico, 1494-1523

Francisco Moscoso

La Isla de la Mona está situada entre Puerto Rico y la República Dominicana, en el Pasaje de la Mona. Es una isla pequeña de 21 millas cuadradas (55 km²) que forma parte del archipiélago puertorriqueño. Antes de la conquista española era la sede de uno de los cacicazgos de Boriquén, nombre taíno de Puerto Rico.

En su magnífica obra Arqueología de la Isla de la Mona (2003), el arqueólogo Ovidio Dávila brinda un recorrido preliminar por diversas crónicas y documentos oficiales del siglo 16, por ejemplo, con observaciones que hicieron de la isla fray Bartolomé de las Casas y el conquistador Gonzalo Fernández de Oviedo. Asimismo, hace un recuento de los diversos proyectos de excavaciones arqueológicas, desde la primera exploración llevada a cabo por el médico y arqueólogo aficionado Jorge L. Montalvo Guenard, en 1933, hasta las suyas en las décadas de 1980 y 1990.

Después del establecimiento de la Villa de la Isabela, al norte de La Española, en el segundo viaje de Cristóbal Colón, en 1494, él llevó a cabo una exploración por otros puntos del mar Caribe. En la biografía de su padre, Hernando Colón relató la llegada a la isla que identificaron con su nombre indígena: “el 24 de septiembre, navegaron hasta la parte más oriental de La Española, y de allí pasaron a una isleta que está entre La Española y San Juan, llamada por los indios Amona”.[1]

Acerca de ese episodio, en su Historia de las Indias fray Bartolomé de las Casas, ofreció la descripción de la isla que sigue: “Será de hasta seis leguas en circuito; es toda peñas, y en las peñas tiene unos hoyos con tierra bermeja, y en estos hoyos se hacen las raíces de yuca y ajes, de que se hace el pan caçabi, tan gruesas, que cuan grande y capaz es el hoyo, tan grande es el aje o la yuca, por manera que, partido por medio, acaece ser la mitad o poco más, carga de un indio”.[2] A esos hoyos los indios llamaban jagüeyes. En la Mona también se cultivaba el maíz con éxito y otros productos agrícolas. Asimismo, allí se propagaron las plantas de algodón, lo que dio base a una productiva artesanía textil, confeccionando hamacas para descansar o dormir.

Coincido con el arqueólogo Dávila en que Amona puede haber sido el nombre de un cacique ancestral. Pues es sabido que los nombres de algunos jefes se asociaban a territorios cacicales, por ejemplo: Humacao, Orocobiz y Guayama.

Precedido por un viaje de reconocimiento dos años antes, al iniciar la conquista de la Isla de San Juan (Puerto Rico) en 1508, el capitán al mando Juan Ponce de León hizo una escala en la Isla de la Mona. Concertó un acuerdo con el cacique local de abastecimiento de comida nativa, especialmente de pan casabe.

Como ha señalado Dávila, corroborando su contexto histórico cacical en la Isla de la Mona, en las excavaciones arqueológicas se han recuperado piezas de cerámica del estilo llamado Chicoide; originario del yacimiento de Boca Chica, al sur de la República Dominicana. Precisamente, es el estilo correlacionado con la etapa cacical taína. Como expresión cultural y política, en Mona también hay evidencia del batey, o plaza ceremonial, por ejemplo, en la Bajura de los Cerezos.[3] En documentos de 1517 a 1519 se registraron entre 140 a 170 indígenas, incluyendo “muchachos” (adolescentes), niños y niñas.

En este ensayo vamos a abundar más acerca de la función de apoyo material que desempeñó la Isla de la Mona para los conquistadores españoles.



[1] Hernando Colón, Vida del Almirante Don Cristóbal Colón (1947: 177-178).

[2] Fray Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias, Volumen I (1965: 396).

[3] Para estos y otros muchos datos, referimos la obra de Ovidio Dávila Dávila, Arqueología de la Isla de la Mona (2003).

jueves, 18 de julio de 2024

Los templarios, el invento de Baphomet y el rapto de la iglesia por Felipe IV

Los templarios, el invento de Baphomet y el rapto de la iglesia por Felipe IV

Pablo L. Crespo Vargas

Jerusalén, como ciudad sagrada de cristianos, musulmanes y judíos, es un centro de disputas históricas que repercuten en otras áreas. Una de estas situaciones se comienza a dar en el 1099 de nuestra era. En ese año la ciudad de Jerusalén cae en manos cristianas como parte de la Primera Cruzada. La ciudad pasa a ser el centro de un reino, que en ese momento era gobernado por los francos. Las disputas con los dominios musulmanes del periodo fueron constantes, pero eso no impidió que la ciudad fuera un gran centro de peregrinación. Ante las amenazas que tenían los creyentes cristianos, un grupo de caballeros franceses se organizan en el 1119 y comienzan a proteger las caravanas de peregrinos que se movía hacia la ciudad. El grupo es reconocido por el Reino de Jerusalén y las distintas instituciones eclesiásticas de la ciudad.  Diez años después, la Iglesia católica reconoce de manera oficial a los templarios.

El nombre oficial de la organización fue la Orden de los Pobres Compañeros de Cristo del Templo de Salomón, mejor conocida como la Orden del Templo. Los templarios jugaron un papel protagónico defendiendo a los cristianos durante el periodo de las cruzadas, a la vez que se organizaron de manera efectiva y con una visión de autosustentabilidad que los llevó a desarrollar una empresa que hoy día podríamos llamar multinacional. Los templarios llegaron a tener aproximadamente quince mil miembros (solo un 10% eran caballeros), mil propiedades, entre fortificaciones y edificios administrativos, y desarrollaron un sistema de financiamiento que funcionaba a través de las fronteras políticas del mundo cristiano.

Al momento de la caída de los reinos y territorios cristianos en Tierra Santa, con la captura de la isla de Arwad y el puerto de Tartús (ambos en la costa de Siria) por los musulmanes, en 1302, la Orden del Templo ya estaba consolidada como una de las organizaciones con mayor solvencia económica en la cristiandad. Esto, específicamente, trajo conflicto con la corona francesa, dirigida en ese momento por Felipe IV. Dentro de las pretensiones de este monarca estaba el consolidar su poder y para ello necesitaba recursos financieros, que los templarios, entre otros grupos de poder, podían prestarle. Para lograr sus objetivos, Felipe IV, desde su ascensión al trono, hostigó y oprimió a los nobles exigiéndoles impuestos en moneda; persiguió y confiscó las propiedades y riquezas de lombardos (1296) y judíos (1302-1306); realizó alianzas que le convinieron económicamente; se impuso sobre la Iglesia; y solicitó préstamos a los templarios.

Sorpresivamente, el viernes, 13 de octubre de 1307, Felipe IV y todo el poder político francés, incluyendo la inquisición —que respondía al rey y no al papa—, ejecutó una orden dada y planificada un mes antes, donde se apresaron a los caballeros templarios en el reino de Francia. Se les acusaba de herejía, sacrilegios, sodomía y adoración de ídolos, entre otras causas. Clemente V, promovido a papa por el rey francés en 1305, apoyó las pretensiones de Felipe IV y suprimió de manera universal la Orden del Templo. El litigio en contra de los caballeros templarios se dio entre 1307 y 1314 con el resultado de unos 60 llevados a la hoguera, otros 36 murieron mientras eran torturados y una cantidad no precisada pereció mientras estuvieron en prisión.

Quema de templarios en Francia
Imagen de autor anónimo, año: 1384

Dentro de las acusaciones recibidas por los templarios se incluyó la adoración de un ser demoniaco llamado Baphomet, del cual no se había tenido noticias claras hasta ese momento. De hecho, en las confesiones solo se refieren a él, de manera directa, en una ocasión; y de manera indirecta o referencial en varias. Tampoco se encontró evidencia física de algún ídolo que se asociara con esta figura. A todo esto, las confesiones sacadas a los templarios franceses, bajo tortura, no concuerdan con las de templarios de otros lugares, donde las autoridades de manera general negaban las acusaciones de herejía hacia el grupo.

Como si esto fuera poco, el término Baphomet se populariza en el siglo XIX, cuando los templarios, al igual que el ocultismo, se convirtieron en temas de moda. Estudiosos de la etimología han presentado varias explicaciones sobre el origen del término, entre ellas: 1) que es una derivación del nombre Mahoma o de mahometano; 2) que proviene de la frase griega Baphé-méteous, que quiere decir bautismo de sabiduría; 3) que fue una deidad en la ciudad de Bafo, Chipre, donde se tiene certeza de la adoración de la diosa Astarté en tiempos cananeos (fenicios).

En conclusión, el fin de los templarios estuvo relacionado con la ambición de Felipe IV de acaparar todo el poder político y financiero con la idea de consolidar un poder absoluto en Francia. Las políticas de Felipe IV, no solamente llevaron a la conclusión de la Orden del Templo, sino que llevaron a que la Iglesia católica respondiera a los intereses de la corona francesa, al punto de eliminar papas y sustituirlos por otros para que se favoreciera unos intereses específicos. Sobre el Baphomet, su invención en este proceso fue parte de la estrategia de demonizar, para ganar favor público y desprestigiar a una institución que financieramente estaba por encima de las arcas de la Corona. Los templarios fueron erradicados en 1314, pero ese mismo año Felipe IV murió. Francia continuó dividida y no fue hasta un siglo después, que una figura, tan mística como los templarios, apareció para empujar una verdadera consolidación del poder monárquico en Francia: Juana de Arco, pero esa historia es para otro día.

Nota editorial: Artículo publicado originalmente en El Post Antillano, 13 de julio de 2024. https://elpostantillano.net/index.php?option=com_content&view=article&id=35097:los-templarios-el-invento-de-barphomet-y-el-rapto-de-iglesia-por-felipe-iv&catid=310:historia&Itemid=1020

miércoles, 3 de julio de 2024

Civil War: ¿premonición en una sociedad en crisis?

Civil War: ¿premonición en una sociedad en crisis?

Pablo L. Crespo Vargas

El pasado 20 de abril de 2024, Daniel Nina reseñó la más reciente película del director inglés Alex Garland, Civil War. En su escrito, Nina nos indica que parte de su curiosidad era ver cómo “Hollywood (…) se plantea la guerra civil [estadounidense] como una opción de futuro”. De hecho, esa misma curiosidad debieron tener muchos de los que fueron a verla, ya que estamos acostumbrados a que “Hollywood” nos presente su imagen sobre las guerras en otros lugares, sean estos Afganistán, el Medio Oriente, África, Latinoamérica y hasta en el espacio sideral, pero en muy limitadas ocasiones ocurre dentro de las fronteras del propio país, haciendo la salvedad de la gran cantidad de películas producidas sobre la Guerra de Secesión y su variedad de temáticas. Otra excepción a esta visión son las películas de escenarios hipotéticos donde los Estados Unidos es invadida o atacada: Red Dawn (1984, 2012) e Invasion USA (1985). No obstante, estos son de los pocos ejemplos donde una potencia enemiga es colocada realizando una incursión en contra del territorio imperial. Son más las producciones que tipifican al invasor como extraterrestre: The Day the Earth Stood Still (1951), Independence Day (1996), War of the World (2005), Battle: Los Angeles (2011) y Battleship (2012), aunque su número sigue siendo reducido es más fácil imaginarse ese escenario que el propio de una guerra civil en momentos actuales. Existen algunas series que también se van por esta línea como V (1983 y 2009) y Jericho (2006-2008), la primera de tema extraterrestre y la segunda presenta un conflicto interno luego de una guerra mundial nuclear. En literatura es otro cantar, pero no es el tema que analizamos ahora. A continuación, presento mis impresiones sobre Civil War basado en lo que está ocurriendo en el Imperio actualmente y cómo el director jugó con ello para ponernos a reflexionar. Se advierte de que se estén revelando partes de la película.

Cartel de estreno de la película Civil War
Derechos de la imagen pertenecen a 24A Film
Uso de la imagen bajo el contexto de los comentarios críticos sobre la obra

Primeramente, Civil War es un filme con temática que nos lleva a reflexionar sobre las atrocidades y sufrimientos de la guerra. Se ven fosas comunes, bombardeo de civiles, ejecuciones, fusilamientos, desplazados, campamentos de refugiados y hasta organizaciones no gubernamentales dando alivio a la población civil. Muchas de las escenas parecen que ya se han visto, pero en otros escenarios geográfico y reales. A esto, el director evita que el espectador se posicione con alguno de los bandos. La crueldad y el sufrimiento, en los conflictos reales, se dan con facilidad en todos los grupos y Garland está consciente de ello. Hablando sobre bandos, Civil War nos presenta que la Nación estadounidense está dividida en, al menos, cuatro entidades: los estados leales a Washington DC, las Fuerzas Occidentales (California y Texas), la Alianza de Florida (estados del sureste de la zona continental) y el Nuevo Ejército del Pueblo (estados del noroeste y centro con inclinación aparentemente maoísta). Para muchos fue sorprendente y hasta contradictorio el unir a California y Texas que, aunque son los estados con mayor poder económico —cada uno podría ser un país soberano sin ningún problema—, sus posturas actuales tienden a ser un tanto diferentes. En California dominan los demócratas y, para muchos, movimientos de izquierda; mientras que en Texas el sistema es administrado por republicanos y conservadores. En todo caso, se demuestra la intención del director de no polarizar su película en la lucha política actual estadounidense y por eso prefiere esa unión, que hoy parece imposible.

El propio ritmo de la película busca evitar el que los espectadores desarrollen lapsos de empatía o apatía con los protagonistas, quienes no son el centro del filme. De hecho, los personajes, según muchos críticos, no están desarrollados, pero nuevamente, el director lo hace adrede. Se debe resaltar que la cinta tiene un tono de película de carretera, ya que inicia en New York City y termina en Washington DC, viendo en el trayecto una diversidad de situaciones que nos ponen a pensar reflexivamente.

El propio inicio, el bombardeo a civiles, situación que vemos en la actualidad que ocurre en Medio Oriente y en Europa Oriental, ya nos presenta la tonalidad de lo que veremos más adelante. Iniciado el viaje, el grupo llega a una estación de gas, allí nos enteramos de lo que pasa con la economía de un país en guerra: su moneda cae al punto que un emparedado cuesta $300. Los protagonistas, conociendo esto de primera mano, pagan con moneda canadiense. De allí se pasa a presentar el oficio de corresponsal de guerra en el momento que milicianos antigubernamentales recapturan una edificación controlada por las fuerzas de Washington DC. La siguiente escena presenta a un grupo de francotiradores enfrentándose a otro. Nunca se sabe de qué bando son, cada grupo asume que el otro lo quiere aniquilar y su enfrentamiento pasa de ser de uno ideológico a uno por la sobrevivencia. Posiblemente, esto es lo que viven la gran mayoría de militares que han tenido que participar de combate: matas o mueres, si no cumples con el primero, terminas en el segundo. Claro, esto dicta mucho de discurso propagandista de morir por mi nación, patria, dios o ideología, el cual es muy trillado, irreal y que solo cabe en la mente de fanáticos. También existe el discurso que se presenta con la obstinación del que se cree superior y confía en que el otro morirá por lo que quiera y que él está facultado a hacer cumplir ese deseo.

Regresando a Civil War, pasamos a una de las escenas de mayor tensión, la cual es interpretada por Jesse Plemons —actual esposo de Kirsten Dunst (la periodista veterana y posible principal actriz de la película)—. Plemons hace el papel de un miliciano ultraderechista, que discrimina por el origen de sus cautivos para decidir quién muere o no. Entre la tensión, la rapidez de la escena y la manera de cómo se llega a ella, el espectador termina sintiendo una muestra muy realista de los horrores de la guerra. Termina la película en el asalto a la capital, escenas que los amantes de las películas de guerra esperaron desde el principio del filme. Estas escenas podrían parecer heroicas, pero, nuevamente, demuestran lo destructivo que es la guerra con la caída de vidas humanas, que en ese escenario no tienen valor, y de monumentos, que posiblemente sean más sufridos que las pérdidas humanas.

No puedo dejar de mencionar que el sonido de los disparos, el ruido de las máquinas de guerra y las interpretaciones musicales combinando situaciones tétricas con melodías que no compaginan con ellas son parte de los recursos que utiliza Garland para traernos a consciencia que al final la guerra es destrucción, sufrimiento y muerte; que las ansias de poder, el egoísmo y el fanatismo nos llevan a ellas; que unas situaciones arrastran a otras; y que cuando no se tiene otra opción —aunque dicen que siempre las hay—, la muerte termina glorificándose, aunque la realidad es que ya muerto no importa. Reflexionemos.

Versión original de este artículo fue publicado en El Post Antillano el 8 de mayo de 2024. 

sábado, 22 de junio de 2024

La equidad tiene esencia de mujer

La equidad tiene esencia de mujer

José E. Muratti Toro

La hegemonía, más que masculina, chovinista del ala ultraconservadora del Tribunal Supremo de los EEUU, se ha comenzado a resquebrajar.  El originalismo, esa perspectiva que arguye que la Constitución solo se puede interpretar desde los significados explícitos e implícitos del momento histórico en que se concibieron y redactaron, se ha convertido en una ideología que adjudica legitimidad y legalidad a sus decisiones en base a la intención original de los fundadores al redactar los artículos y enmiendas.

Tribunal Supremo de los Estados Unidos
Imagen de Joe Ravi, licencia CC-BY-SA 3.0
El mejor ejemplo es el derecho a poseer y portar armas, contenido en el segundo artículo de la Constitución. En aquel momento histórico, las Trece Colonias, administradas hasta ese momento por la Corona británica, que era un ente represivo contra la ciudadanía y defendía toda ley, sin importar su legitimidad, mediante la fuerza militar. Al redactar su constitución, los fundadores concedieron la posesión y portación de armas como un derecho ciudadano para protegerse de un potencial estado represivo, fuese por la restitución del poder imperial o por un poder estatal que adoptase sus prácticas. Los trece estados, retendrían el derecho a protegerse por las armas de un gobierno dictatorial.

Simultáneamente, los colonos seguían apropiándose las tierras de las primeras naciones indígenas, las cuales defendían su derecho a estas también por las armas. Los colonos invasores requerían las armas para "protegerse" de los indios "hostiles".

Ese es el contexto histórico. Hoy día, los ciudadanos no necesitan organizarse en milicias armadas para protegerse de un gobierno imperial y represivo, sobre todo porque se ufana de tener la democracia con el más poderoso ejército del planeta.

Sin embargo, la manufactura y venta de armas de fuego se ha convertido en un negocio multibillonario que aporta tanto a los políticos electos, que éstos no osan aprobar leyes que restrinjan la venta de armas, incluso en el contexto de las múltiples masacres ocurridas en las pasadas décadas.

El ala ultraconservadora masculina del Supremo no quiere coartar el derecho a portar armas de personas que han sido calificadas como pacientes mentales o autores de violencia doméstica. El argumento es que, en sus orígenes, el derecho a portar armas no gozaba de esas restricciones. Claro, tampoco había ametralladoras o rifles automáticos, una amplia población diagnosticada como pacientes mentales, ni ocurrían masacres contra civiles inocentes y niños.

Es evidente que el ala masculina del Supremo se identifica con los políticos ultraconservadores que deben gran parte de sus fondos de campañas eleccionarias a los fabricantes de armas y a un sector de electores que no tolerarían que se coartase su derecho a poseer e incluso portar sus armas.

Coney Barrett, como mujer, reconoce el peligro que representa para las mujeres que hombres convictos por violencia doméstica retengan su derecho a poseer armas. Este despertar a la inclinación del ala masculina del Supremo a fallar a favor de los sectores más conservadores independientemente de los méritos de los casos ante ellos ha colocado a la juez católica, nombrada por Trump, del lado de las tres juezas liberales nombradas por Obama y Biden, al menos en algunos de estos asuntos, pues votó para revocar Roe vs Wade.

La polarización social que se experimenta sobre todo en Occidente no solo enfrenta conservadores contra liberales. También cada vez más enfrenta hombres contra mujeres. Ya hay estadísticas que revelan que los jóvenes varones se identifican más con los conservadores y las jóvenes con los liberales.

La lucha de los hombres por retener los privilegios de su hegemonía histórica en el terreno legal, político y económico no sólo agudiza la violencia de género, sino que alinea a los hombres con posiciones y organizaciones ultraconservadoras cuyas agendas, sobre todo económicas, militan en contra de los hombres asalariados que tanto las defienden.

¿Representa Coney Barrett un sesgo, una leve inclinación hacia el centro dentro del Supremo? ¿Podrá una sola mujer conservadora mantener a raya a los jueces a todas luces atrincherados en la derecha? ¿Podrá Roberts, como juez presidente, atajar a los varones ultraconservadores y alinearse en algunos asuntos pendientes ante el Tribunal con las mujeres liberales? ¿Estará la sociedad estadounidense abocada a una polarización ideológica complementada por una polarización por género? ¿Podrá el frágil ego masculino lograr consensos con el cada vez más robusto ego femenino? ¿Preferirá el ego masculino hundir el barco a compartir el poder con su contraparte femenina?

Las posturas, aunque aún tímidas y pequeñas, de Coney Barrett provocan un aliento a la esperanza de que la equidad, en todos los contextos, prevalezca por sobre los múltiples privilegios que tienden a acumularse en exclusividad entre los protagonistas masculinos, caucásicos y acaudalados.

De la esperanza vive el cautivo y los marginados de la tierra.

viernes, 7 de junio de 2024

A 80 años del último pagaré de la esperanza

A 80 años del último pagaré de la esperanza

José E. Muratti-Toro, Ph.D.

Un 6 de junio de 1944, los EEUU junto a Gran Bretaña invadieron Francia mientras Rusia invadía a Alemania para detener a Hitler. Stalin llegó primero a Berlín, pero los EEUU y GB se adjudicaron la victoria. Ochenta años más tarde, Putin intenta replicar a Hitler quien intentó replicar a Napoleón y así se repite la historia.

Curiosamente, aunque la guerra siempre es un negocio, es la combinación de narcisismo, nacionalismo aspirante a imperialismo y testosterona la que termina provocando las guerras en las que mueren los carecen de recursos y padrinos que los bauticen. Terminan muriendo para impulsar o detener los sueños de los narcisistas embriagados con el temor que infunden en los débiles de espíritu, los que aspiran a parte del botín y los que tienen la mala fortuna de encontrarse en la ruta hacia la gloria imaginada.

El resto de nosotros, miramos desde las gradas y confiamos en que el Universo, el Dios de Spinoza, nos libre de la contienda, aunque suframos los efectos secundarios de la catástrofe provocada para satisfacer los sueños de, usualmente, por no decir siempre, UN hombre, tan enamorado de la grandeza que supone vencerá su irrelevancia, sin importar a cuántos tanto o más valiosos y pertinentes que él, arrasa de camino a su inevitable derrota.

Los seres humanos no podemos evitar varios hechos. Creamos dioses a nuestra imagen y semejanza para, inicialmente, intentar entender lo que desconocemos, y posteriormente para justificar la imposición de unos sobre los demás. Invariablemente formamos sociedades en las cuales le concedemos el poder de gobernar a quienes se imponen por la fuerza y a quienes más posesiones acumulan. Si logran que el guerrero se enriquezca, "mejor". Si no, quienes más tienen se asegurarán de que les represente y defienda quien más poder y fuerza bruta acumule.

Con el tiempo, los inevitables abusos y desmanes resultan en rebeliones que arrebatan el poder a quienes lo ejercen, aunque rara vez a quienes les compran. Eventualmente, las aguas regresan a su nivel y quienes tienen con qué comprar los botes, los remos y los brazos que los impulsen, regresan a la superficie, como el aceite y la espuma. Y, mientras más prosperen los unos, más querrán lo que tienen sus vecinos, cercanos y lejanos, y se replica el ciclo de prosperidad, ambición, usurpación, rebelión y derrota.

La invasión de Normandía hace 80 años marcó el final de las aspiraciones de grandeza alemana y japonesa que sustituyeron las italianas, que sustituyeron las francesas, inglesas, españolas y rusas, que sustituyeron las otomanas y las árabes y las hunas y las mongoles, y así sucesivamente. Putin es tan resultado de esa hambre expansionista como lo fue Hitler, Mussolini, y como lo es, de alguna manera Trump.

La riqueza, sí, la riqueza siempre ha sido el móvil más primario, más elemental, más primitivo. Pero la grandeza de un Genghis Kahn, de un Masa Musa, de un Tokugawa, de un Julio César, de un Alejandro El Grande, de un George VI, de un Iván el Terrible, los tres mencionados del siglo XX y, los dos del presente, es, a fin de cuentas un frenesía de testosterona y terror.

Esto también pasará. Si al fin y al cabo Putin decide no inmolar a Europa en desquite por su inevitable derrota, y Xi decide que no vale la pena sacrificar el sueño global de la China por la pequeña Taiwán, sobreviviremos este asomo al precipicio de una III Guerra Mundial que, si recurre al arsenal nuclear, dejará muy pocos lugares exentos de la muerte súbita o la muerte a cuanta gotas, como solo el uranio y el plutonio pueden hacerlo.

Solo podemos estar atentos a lo que revelan las señales de humo que provocan los misiles y los drones, para prepararnos para las eventualidades que prometen esos desenlaces. No vendrá ninguna criatura divina o alienígena a rescatarnos. Tendremos que salvar de nosotros mismos lo que sobreviva la hecatombe.

La ciudad de Caen en ruinas
10 de julio de 1944
Imagen de dominio público