lunes, 29 de marzo de 2021

Don Ricardo Alegría desde la web

Don Ricardo Alegría desde la web

Pablo L. Crespo Vargas

Durante el 2021, aunque iniciado el 14 de abril de 2020, se está celebrando la Jornada Centenaria del Dr. Ricardo E. Alegría Gallardo. Para ello se organizó un Comité compuesto de una diversidad de personalidades afines al desarrollo cultural y a la preservación del acervo puertorriqueño. Dentro de los mecanismos creados por este Comité se encuentra la página web https://www.centenarioricardoalegria.com/ o página del Centenario de Ricardo Alegría.


La información que se halla en ella es de interés valioso y dirigido a conservar el pensamiento y las aportaciones de don Ricardo Alegría al desarrollo y preservación de los estudios históricos y culturales en Puerto Rico. Independientemente de nuestra impresión sobre la gesta del don Ricardo, su figura fue una emblemática e histórica.

Desde la portada de la página web se puede acceder a varias entradas que presentan la biografía, el legado, la bibliografía y hasta entrevistas que se le realizaron o que van dirigidas a presentar su figura. La biografía está dividida en subtemas y termina con el listado de honores y reconocimientos. 

Hay una sección de enlaces que conectan al cibernauta con otros recursos de gran importancia. Uno de ellos, desde la ventana de la introducción, es un vídeo titulado “Si me da el tiempo…”, un documental producido por la Corporación de Puerto Rico para la Difusión Pública.

Otra sección que llama mucho el interés del público es la galería. Esta fue dividida en dos apartados: la memoria familiar y la memoria cultural, cada una con fotos muy llamativas. Aquí resaltan desde fotos de excavaciones arqueológicas hasta recortes de periódicos.

Otro apartado que no se debe obviar es el calendario de actividades, el cual se actualiza constantemente y presenta una serie de eventos que estarán ocurriendo este mes de abril de 2021, que es cuando se cumple el primer centenario de don Ricardo. A esto se debe añadir que, desde la Biblioteca Nacional de Puerto Rico en Puerta de Tierra, San Juan, el 14 de abril comienza la primera de cuatro exposiciones virtuales que buscan presentar diversos aspectos de la vida de quien fue el primer director ejecutivo y creador del Instituto de Cultura Puertorriqueña.  

Nota editorial: Una versión de este artículo fue publicada en El Post Antillano el 20 de marzo de 2021.

viernes, 5 de marzo de 2021

Un apunte sobre la llegada del Tribunal de la Inquisición al Caribe

Un apunte sobre la llegada del Tribunal de la Inquisición al Caribe
Pablo L. Crespo Vargas

La llegada de la Inquisición española al Caribe, en su segunda fase, puede explicarse en diversidad de razones. No obstante, algunas de ellas están relacionadas con ciertos protagonistas. En el caso aquí reseñado, el obispo de Puerto Rico a principios del siglo 17 redactó una solicitud dirigida al rey donde explicaba la necesidad, según sus puntos, de instalar el Santo Oficio en la zona.

El 26 de noviembre de 1606, el obispo de Puerto Rico, fray Martín Vázquez de Arce, escribió una epístola a la corona suplicando la intervención de la monarquía para el establecimiento de un tribunal de la inquisición en el Caribe. En ese momento, los tribunales de México y Lima llevaban sobre 35 años de establecidos y aunque el obispado de San Juan pertenecía a la jurisdicción de México, la realidad era que las distancias impedían que el Santo Oficio funcionara tal como estaba estipulado.

El obispo Vázquez de Arce solicitó el establecimiento de un nuevo tribunal en Santo Domingo. De esto no concretarse se pedía que se le permitiera realizar juicios y promover la fe cristiana como inquisidor episcopal o diocesano. Curiosamente, buscaba ser inquisidor como su antecesor el obispo Nicolás de Ramos, quien tuvo la funesta idea de quemar brujas en nuestra Isla, cuando la propia institución inquisitorial castellana ya estaba reacia a estos fines. A esto, debemos añadir que no se ha encontrado documento donde el obispo Ramos haya solicitado esta facultad. Claro, su carta a la corona indicaba lo contrario.

Regresando al obispo Vázquez, la situación que llevó la redacción de su solicitud fue la entrada de un libro prohibido, posiblemente calvinista o luterano, que argumentaba en contra de la iglesia católica. Aunque no se menciona el título del libro, fray Martín Vázquez indicaba que este hablaba de manera escandalosa en contra de la fe católica y de sus ministros. El libro fue encontrado por el vicario de la Isla de Margarita en el bohío de un español. El individuo fue llevado a justicia y luego de ser interrogado bajo tormento (tortura) admitió que había hallado el libro, guardándolo en su hogar, pero que él no sabía leer ni escribir, por lo cual no entendía nada de lo expuesto en él. Dado a esto fue absuelto del delito.

Por la reacción que redactó el obispo, el libro presentaba un contenido bastante fuerte; veamos:

“Cuando llegó este maldito libro y falso a mis manos y pasé los ojos por algunos de sus capítulos, prometo a Vuestra Alteza que me dio un susto tan extraordinario que me quedó el corazón temblando y palpitando por gran espacio en medio del pecho, con un grave dolor y sentimiento en él, considerando el atrevimiento de esta gente perdida y desalmada: ya que possuerunt in coelum os suum, lancé luego este libro de mi como si lanzara un áspide o víbora ponzoñosa (sic)”.

El obispo Vázquez también explicó que la zona caribeña estaba siendo visitada por muchos falsos creyentes procedentes de países enemigos de España, tales como Francia, Inglaterra y los Países Bajos. Otra preocupación eran los portugueses de origen hebreo que se instalaban en las ciudades costeras para ejercer oficios de comerciantes.

Contrario a otras áreas, el obispo Vázquez no tenía ninguna preocupación sobre la existencia de brujas y hechiceras; sino que su mayor inquietud era la gran cantidad de europeos no católicos que se aproximaban a los territorios insulares y de Tierra Firme (tanto las islas de Barlovento como el territorio de Tierra Firme pertenecía al obispado de Puerto Rico).

Para más detalles véase la transcripción de la “Carta del obispo de Puerto Rico en la que se refiere como se introducían por allí libros herejes, y en solicitud de que se provea a ello remedio”, del 26 de noviembre de 1606, en José Toribio Medina, Historia del Tribunal del Santo Oficio, Santiago de Chile: Imprenta Elzeviriana, 1899.

Nota editorial: Artículo publicado originalmente en El Post Antillano el 13 de junio de 2020.

 

jueves, 18 de febrero de 2021

Apuntes sobre la historia e importancia forestal en Puerto Rico

Apuntes sobre la historia e importancia forestal en Puerto Rico
Pablo L. Crespo Vargas

Nota del autor: Este artículo surge del análisis que el profesor Jorge Nieves Rivera presentó en el Coloqueo ICP del 9 de abril de 2020, titulado “Toco madera: Auge y decadencia de la industria forestal en Puerto Rico” y que puede ser visto en el canal de Youtube del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Los temas ambientales son estudiados y desarrollados en las últimas décadas producto del maltrato que el ser humano inflige a su medio ambiente mediante el uso excesivo de recursos, la contaminación, la destrucción sistemática de flora y fauna, entre otros. En la actualidad, un sinnúmero de especies se encuentra en peligro o amenazadas de desaparecer de la Tierra por nuestras acciones irresponsables. Puerto Rico no queda exenta de esta situación. Lamentablemente nuestro ecosistema ha sido severamente afectado. En la conferencia que presentó Jorge Nieves Rivera se discute uno de estos aspectos: lo bosques y su utilización como recurso natural.

Bosque Modelo de Puerto Rico, DRNPR
Página web del Departamento de Recursos Naturales de Puerto Rico

Contrario a la idea generalizada y producto de una mente colonizada y dirigida a minimizar nuestro potencial, nos han hecho creer que Puerto Rico no tiene recursos para subsistir, idea errónea que puede ser debatida con una gran cantidad de datos y con el establecimiento y desarrollo de políticas de sustentabilidad que minimicen el daño que le hacemos al medio ambiente y que nos permita, a la vez, la creación de un sistema económico dirigido a proveer condiciones óptimas de convivencia.

En el caso de nuestros bosques, esto son ejemplo vivo de que poseemos un valioso recurso que al cuidarse adecuadamente nos puede traer beneficios a corto y largo plazo. Sin embargo, el tener una mentalidad consumista es contraproducente a este fin.

Entre los datos que el profesor Nieves trae está que la industria forestal en Puerto Rico se ha afectado por la mal y excesiva utilización de los recursos del bosque puertorriqueño. En cierto momento, durante el reinado de Alfonso XII, las zonas forestales estaban en una situación precaria que llevó a las autoridades españolas a tomar medidas que previnieran una total desforestación de la Isla. En 1876 se designaron 12,000 acres en la zona del Yunque como boques protegidos por la corona. En la década de 1930 se estimaba el área forestal de Puerto Rico en un 20%. Esta cantidad, con los movimientos demográficos, se fue reduciendo y ya en 1932 se comienza a trabajar en un plan para reforestación. No obstante, en la década de 1940, la crisis energética provocada por la Segunda Guerra Mundial llevó a la producción desmedida de carbón vegetal (en el año fiscal de 1945-46 se produjeron 8.5 millones de sacos), lo que provocó que las tierras dedicada a bosques se redujeran a un 6%.

El cambio de los patrones energético modificó esta situación y en 1985 se estimaba que los terrenos dedicados a bosques representaban el 35% de las tierras del país. Lamentablemente, una dejadez en las políticas de protección y mitigación de los recursos forestales provocó que en la actualidad estas zonas representen solo el 30% de nuestro suelo.

Ahora bien, ¿por qué son importantes nuestros bosques? Las razones son múltiples. Primeramente, estos ayudan a conservar el suelo de las cuencas hidrográficas, lo que provoca que la sedimentación se reduzca. Segundo, son áreas donde habita una biodiversidad importante en el equilibrio de la flora y fauna de nuestro país. Tercero, mediante la creación de un plan de desarrollo sustentable, podrían servir para promover una industria maderera que supla un porciento de la demanda de madera de la Isla. Cuarto, son área de recreación y lugares donde se podría desarrollar el turismo sustentable. Quinto, son laboratorio natural para estudios científicos. Por último, son una fuente de oxígeno apreciable y necesaria.

Algunas referencias en línea:

González, Grizelle. “El servicio forestal en Puerto Rico”, Revista Ambiental Corriente Verde, vol. 8, núm. 1, abril 2017, pp. 12-14 en https://data.fs.usda.gov/research/pubs/iitf/mg_iitf_2017_Gonzalez001.pdf

“La importancia de los bosques en Puerto Rico”, USDA, en https://www.nrcs.usda.gov/wps/portal/nrcs/detail/pr/plantsanimals/?cid=nrcs141p2_037292

“Los bosques de Puerto Rico”, Departamento de Recuro Naturales y Ambientales de Puerto Rico, s.f., en http://academic.uprm.edu/gonzalezc/HTMLobj-182/bosquesdepuertorico.pdf

“Los bosques de Puerto Rico”, Hojas de nuestro ambiente, Departamento de Recuro Naturales y Ambientales de Puerto Rico, noviembre 2006, en http://drna.pr.gov/historico/biblioteca/publicaciones/hojas-de-nuestro-ambiente/10-Los%20bosques.pdf

Masso Deyá, Arturo. “Agua, racionamiento y economía forestal”, La Perla del Sur, 27 de mayo 2015 en Casa Pueblo, http://casapueblo.org/index.php/documentos/agua-racionamiento-y-economia-forestal/

Nieves Rivera, Jorge. “El manejo forestal en la historia de Puerto Rico”, El Nuevo Día, 8 de agosto de 2018, en https://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/elmanejoforestalenlahistoriadepuertorico-columna-2440120/

____. “Toco madera: Auge y decadencia de la industria forestal en Puerto Rico (1940-1970)”, Coloqueo ICP, Núm. 7, 9 de abril de 2020, en https://www.youtube.com/watch?v=IIAgfNJSDkM&t=1s

Wadsworth, Frank H. “Los bosques y el uso de madera en Puerto Rico”, Instituto Internacional de Dasonomía Tropical, Departamento de Agricultura de lo Estados Unidos, s.f., en http://www.edicionesdigitales.info/biblioteca/Wadsworth2012.pdf

 

miércoles, 3 de febrero de 2021

Reseña sobre Rupturas con el poder: los partidos municipales de Yauco, 1906-1914

Reseña sobre Rupturas con el poder: los partidos municipales de Yauco, 1906-1914

Por Pablo L. Crespo Vargas

Ponencia de presentación del libro de José Luis Colón González, Rupturas con el poder: Los partidos municipales en Yauco, 1906-1914, realizada en el Recinto de San Germán de la Universidad Interamericana el miércoles 16 de noviembre de 2016. Publicado en El Post Antillano el 19 de noviembre de 2016.

Hoy nos encontramos ante una obra muy peculiar. Una obra que analiza un tema muy parecido a lo vivido en este último año eleccionario (se refiere al 2016- nota editorial) con el surgimiento de movimientos que se distancian de lo que tradicionalmente es nuestra política bipartidista. Sin embargo, este libro no es un tratado historiográfico que pretenda explicar el fenómeno desde una perspectiva macro existencial; sino todo lo contrario, nos lleva a examinar el caso particular de una comunidad en un tiempo específico: Yauco de 1906 a 1914, a la vez que da el trasfondo necesario para poder entender lo que allí ocurrió, desarrollando lo que en el campo histórico llamamos una microhistoria.

En una entrevista realizada a Giovanni Levi, pionero de este campo, en la revista española Salud mental y cultura, encontrada en los archivos de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, este indica que la microhistoria es “un procedimiento que se caracteriza por modificar la escala de observación (…) actúa a través de un hecho, de un acontecimiento, de un documento o una pintura, como se tratara de la visión con un microscopio (…) no es la exaltación de lo individual sino la recuperación de la complejidad”. Complejidad que autores contemporáneos, no necesariamente historiadores, como Francis Fukuyama, tratan de minimizar con su idea del fin de la historia y el surgimiento de un pensamiento postmodernista que tiene seguidores dentro de muchas ramas, incluyendo a los historiadores. En nuestro caso y distanciándonos de lo que dice Fukuyama, pero utilizando elementos postmodernos, José Luis Colón González, nos evidencia en su obra un modelo ecléctico donde se palpa el estudio de una diversidad de corrientes que van dirigidas a satisfacer la curiosidad académica que pudiera levantar acontecimientos tan poco comunes como los sucedidos en Yauco durante el periodo ya indicado. El autor, de manera efectiva, complementa su estudio desarrollando elementos de la historia política, la regional, la municipal, el imaginario sociocultural, la genealogía y la prosopografía. De cada una hablaremos más adelante.

La portada de la obra nos presenta una foto de 1906 donde se pueden observar varios vecinos compartiendo en la calle Betances, al oeste de la Plaza Washington durante las elecciones de ese año. Al fondo de la misma se puede observar una de las comunidades más emblemáticas de Yauco, El Cerro. El contracte entre la foto y las tonalidades de crema nos llevan al recuerdo, a la añoranza de otros tiempos. También en ellos podemos sentir relajamiento, calma, esparcimiento, y nos prepara para la marejada de situaciones y conflictos que veremos en el libro y que ya son adelantados con el título de la obra: Rupturas con el poder. El subtítulo, Los partidos municipales en Yauco, 1906-1914 nos adentra a la esencia del libro: la historia política de un periodo de la historia del Pueblo del Café. Más adelante veremos qué tan significativo es este periodo.

El prólogo de la obra fue escrito por Rafael L. Cabrera Collazo, quien fue el director de disertación de lo que hoy disfrutamos como libro. Como buen historiador presenta un análisis dirigido a utilizar la obra como punto de partida para continuar investigaciones referentes a la fundación y el desarrollo de otros partidos políticos municipales. José Luis Colón González inició en Yauco este reto, pero la lista sigue con Gurabo, Río Grande, Utuado, Ponce, Orocovis, Corozal, Arecibo, entre otros. Para los curiosos a este tema los refiero al apéndice localizado en las páginas 245 a la 247, donde el autor nos presenta una relación de movimientos políticos municipales.

Continuando con la presentación de Cabrera Collazo, este establece una analogía entre el escrito de Colón González y el de Gene Brucker, Renancimiento en Florencia, ya que en ambas obras se demuestra cómo el poder oligárquico se las arregló para mantener y mejorar los aspectos de la infraestructura que tan necesario era para el desarrollo de toda la comunidad, así como para mantener a la élite gobernante en su sitial preferencial. Cabrera Collazo, también apoya el esfuerzo del estudio de la microhistoria al indicar que esta humaniza el campo, de lo cual estoy 100% de acuerdo. Este argumento es importante ya que este tipo de estudios nos lleva a conocer lo particular, lo cotidiano, los detalles que se pierden en la macrohistoria y que son vistos de manera generalizada. Los microcosmos llaman la atención al público, primordialmente porque el individuo se identifica con ellos y le despierta la curiosidad de conocer qué y cómo pasó.

Ya adentrándonos a la obra como tal y acordándonos de las categorías historiográficas que había mencionado iniciamos nuestro análisis con la historia política, ya que es el tema esencial. El autor en la introducción analiza el desarrollo político en Puerto Rico desde el decreto dirigido a la realización de reformas en las colonias antillanas presentado en 1865, el cual demostró un rayo de esperanza dentro de los círculos liberales puertorriqueños para que se le otorgase libertades que rompieran con las leyes especiales, establecidas desde 1837, las cuales instituían que los ciudadanos antillanos no eran iguales a los peninsulares. El trasfondo político que el autor presenta va dirigido a entender la mentalidad que se fue desarrollando luego de 1898. Para estos efectos el primer capítulo es fundamental. En él se describe el sistema de partidos y los movimientos municipales estableciendo un patrón enmarcado en los conflictos políticos de la época: las diferencias entre liberales y conservadores y las desarrolladas entre liberales separatistas, asimilistas y autonomistas. A esto hay que añadir la ruptura que se dio entre autonomistas, creándose los bandos de Luis Muñoz Rivera y José Celso Barbosa, los cuales fueron la base para los partidos políticos luego de la Guerra Hispanoamericana. En este primer capítulo también se presentan ejemplos de otras formaciones o movimientos políticos que se dieron en pueblos diversos, y como ya se ha dicho, pudieran ser temas para futuras investigaciones.

En cuanto a la historia sociocultural de Yauco, esta es trabajada desde el segundo capítulo. Allí podemos ver la importancia del municipio ya que en 1899 era el sexto en población luego de San Juan, Ponce, Mayagüez, Arecibo y Aguadilla (p. 103). El autor nos explica cómo los procesos de inmigración en el siglo XIX fueron moldeando las características necesarias para el desarrollo agrícola de la zona (pp. 74-78). Tan temprano como 1802 comenzaron a llegar las primeras olas de inmigrantes que se asentarían en la región. Muchos de ellos con oficios y conocimientos técnicos que ayudaron al desarrollo económico de Yauco. El café se convirtió en el principal producto agrícola, aunque también se dedicaron tierras al cultivo de caña de azúcar, tabaco, granos, frutos menores y a la ganadería (véase tabla 2, p. 84).

Otro aspecto que nos llama la atención es cómo las condiciones sociales y económicas fueron provocando un aumento en el ideal liberal de los yaucanos. Lo cual incitó una serie de acciones revolucionarias que indujeron a una diversidad de situaciones, entre ellas la violencia en las elecciones de diputado de 1884 (que es narrado en las páginas 87-88), el efecto de la represión política que tuvo su mayor ímpetu en 1887 y el intento de rebelión que es conocido en nuestra historiografía como “la intentona de Yauco” ocurrido en 1896 y con una segunda tentativa en 1897 (pp.90-97).

En cuanto a la historia regional y municipal, aplicando algunas de los puntos ya señalados, vemos como Yauco a finales del siglo XIX y de cara al siglo XX se consolida como bastión del republicanismo; primeramente, bajo el Partido Autonomista Histórico Puro u Ortodoxo y luego bajo su sucesor el Partido Republicano Puertorriqueño.

El imaginario sociocultural, la genealogía y la prosopografía son aspectos que se entrelazan en diversidad de ocasiones. En el caso de la prosopografía, esta puede ser definida de manera sencilla como la descripción de un personaje; aunque en el caso de su uso de manera historiográfica y con el excelente ejemplo de esta obra, esa visión se amplía para poder establecer las características que se desarrollaron en la clase gobernante yaucana de la época y cómo estas afectaron el desarrollo del municipio. El autor dedica tiempo y espacio, a presentar a cada uno de los alcaldes yaucanos (p.105 ss.): Francisco Mejías, nombrado por las fuerzas estadounidenses en 1898; Atilio Gaztambide, quien había sido elegido anteriormente; Manuel Pasarell Rius (interinato 1899), Francisco Negroni Lucca (interinato 1900), Francisco Pieraldi (1900-1902), Tomás Olivari Santoni (1902-1904), Antonio Mattei Lluveras (1904-1906), Juan Roig Fabre (1906-1910) y Francisco Catalá Rodríguez, quien gobernó desde 1911 a 1914. Para los estudiosos de la genealogía, los trasfondos familiares de cada uno de estos personajes son de vital importancia. Y si esa particularidad fuera poca, el autor nos presenta tres cuadros genealógicos en las páginas 248 a 250.

El capítulo III es dedicado a Juan Roig Fabre y cómo las diferencias entre él y Antonio Mattei Lluveras provocaron el surgimiento del Partido Republicano Puro de Yauco. Como oportunidad de posteriores estudios, y mencionado en el libro, está la formación de ramificaciones de este partido en otros municipios tales como Mayagüez, San Germán y Lajas. Curiosamente, la insignia utilizada por los disidentes yaucanos fue una palma.  Como resultado de la creación de esta organización los partidarios de la Unión de Puerto Rico en Yauco aceptaron aliarse a los republicanos puros presentando candidaturas comunes al puesto de alcalde y concejales. El resultado, como indica el autor: “Era la primera vez en la historia política del País que la unidad de propósitos y fuerzas locales vencían la maquinaria de los partidos principales” (p. 141).

La incumbencia de Roig Fabre fue una escalpada desde el principio (p. 142 ss.). Entre las denuncias que se hicieron de él estaba el haber despedido empleados “de correcto proceder” y sin justificación alguna, nombrado personas de dudosa reputación, incluyendo un asesino, y de poco conocimiento en las taras asignadas. Desvió fondos y como si todo esto fuera poco, lo que para los historiadores es un crimen, ordenó la destrucción parcial del Archivo Municipal. Las denuncias llevaron al Juez Municipal a encarcelar al alcalde y al secretario del ayuntamiento, aunque luego salen fiados. En una acción lamentable, el 21 de marzo de 1908 el gobernador falla a favor del alcalde.

Por otro lado, se indica que Roig Febres fue muy activo en desarrollar la infraestructura municipal con proyectos de diferente índole, siendo el acueducto el de mayor envergadura (véase anejo en páginas 253-266). Debo indicar que este proyecto no se culminó bajo su mandato. Entre otros proyectos qué si fueron completados podemos mencionar la Escuela Yauco, la primera planta eléctrica, la construcción de un nuevo cementerio en Guánica y la de un puente sobre el Río Loco.

Regresando al plano político, Roig Fabre reingresó a las filas del Partido Republicano y comenzó a proyectarse a una posible reelección, aunque se seguían realizando señalamientos que perjudicaban la misma; entre ellos el atender caminos vecinales en época de elecciones que durante el cuatrienio fueron olvidados. Esto y otras situaciones que veremos adelante motivaron la creación de otro grupo disidente: el que llegaría a llamarse el Partido Yaucano y que se establecería de manera pública el 15 de septiembre de 1910.

El cuarto capítulo presenta a Francisco Catalá Rodríguez y su obtención del poder municipal durante el periodo de 1910 a 1914. Se debe indicar que su esposa, Rita María Mattei Emmanuelli era hija de Antonio Mattei Lluveras, quien fue alcalde de 1904 a 1906. Catalá Rodríguez había sido parte de las administraciones republicanas desde 1901, cuando obtiene la subasta para la extracción de la basura del Municipio. En 1902 es elegido a un puesto consejal y desde esa posición fue un fiscalizador de los excesos que se cometían en el ayuntamiento. Desde 1907 es un crítico de las prácticas de gobernanza establecidas por Roig Fabre, tales como el despido injustificado y los nombramientos sin la aprobación del consejo. Durante la convención republicana yaucana esperaba poder ocupar la candidatura a alcalde; el intento fue uno fallido lo que lo llevó a pactar con los unionistas la formación de una colectividad política que al fin solo respondiera a intereses locales. Dentro del proceso se da la renuncia de los candidatos unionistas el 1º de octubre de 1910. La campaña política fue una intensa y de ataques constantes entre las partes. Ya el 6 de noviembre de 1910 se realizaron las elecciones, en las cuales el Partido Yaucano obtuvo una victoria por 206 votos (que equivale a un 3.42% de ventaja).

Una de sus primeras gestiones fue el conseguir un préstamo de $30,000 para el mantenimiento y arreglo de caminos vecinales. Luego se trató de gestionar uno de $70,000, el cual su proceso no fue completado. En cambio, se consiguió aprobar uno de $90,000 que se dividieron en $70,000 para proveer al municipio con un sistema de abastecimiento de agua, $10,000 para otro en Guánica y $10,000 para construir una carretera entre Guánica y Yauco.

Sobre el caso de Guánica, este debe ser analizado en un apartado distinto (véase pp. 194-200). Tiene la peculiaridad de que al finalizar este periodo se separó de Yauco y se constituyó en un municipio independiente. Las causas, aunque no son el tema primordial de la obra, se entrelazan con el inicio de las operaciones de la central azucarera establecida allí. El impulso que esta dio al ideal secesionista fue combatido por los dos principales actores del libro: Roig Fabre y Catalá Rodríguez. Ninguno pudo evitar el desenlace que ya todos conocemos. En los apéndices se encuentra el acta de segregación para beneficio de los interesados.  

Regresando con Catalá Rodríguez, este no estuvo ajeno a señalamientos por prácticas contrarias al buen gobernar. Una de ellas, el utilizar a sus hermanos en puestos de confianza, lo que hoy llamaríamos nepotismo. A esto hay que añadir que, en las investigaciones sobre la malversación de ingresos de Roig Fabre, sale su nombre ya que en aquella época ejerció como contador municipal. Se puede apreciar que en cierta medida Catalá Rodríguez, como dirían en el barrio, “probó de su propia medicina”.

En el 1912 se desarrolló lo que el autor señala como “un tercer intento” de creación de un partido, el mismo sería conocido como Fraternidad Republicana (pp. 201-206). Los comicios de ese año eran para elegir los escaños legislativos insulares, y a nivel de municipio, los puestos de jueces, alguaciles y secretarios de corte de justicia. En este caso, la Fraternidad buscaba llenar las vacantes municipales. Contrario a lo que había pasado anteriormente, este nuevo partido solo obtuvo 67 votos.

Las elecciones de 1914 marcaron el fin del Partido Yaucano, ya que los unionistas no consideraron establecer nuevamente una alianza con Catalá Rodríguez, por lo cual este no compareció a las urnas. La evaluación del autor a esta administración se resume en la siguiente cita: “Sin lugar a dudas, la obra y gestión públicas desarrolladas durante la administración de Francisco Catalá y el Partido Yaucano (1911-1914) constituyen un modelo práctico y exitoso de una nueva forma de gobernar la empresa municipal de esa época” (p. 209).

En la conclusión, José Luis Colón González, indica un dato que considero curioso y que es ejemplo de cómo se distorsiona nuestra democracia actual. El autor menciona la facultad dentro de la Ley Electoral de Puerto Rico que prohíbe las alianzas políticas como las que se dieron en Yauco a principios del siglo XX. Este dato me pone a indagar si esta disposición no violenta el derecho de libre asociación que tenemos los puertorriqueños en nuestro sistema de gobierno. Traigo el punto no para buscar una respuesta inmediata sino para que reflexionemos sobre el mismo.

En otros aspectos de la obra que debemos mencionar está el que la misma tiene 24 páginas de bibliografía, varios apéndices, algunos de ellos ya mencionados y que en total suman casi 100 páginas y un índice onomástico de 27 páginas. Es publicado por la Editorial Universidad Interamericana de Puerto Rico y el auspicio de la Academia Puertorriqueña de la Historia. En definitiva, una obra que todo amante de la historia debe tener.

domingo, 10 de enero de 2021

Sobre Bolívar Ochart y el Partido Socialista Puertorriqueño a principios del siglo XX

Sobre Bolívar Ochart y el Partido Socialista Puertorriqueño a principios del siglo XX
Pablo L. Crespo Vargas

El pasado 2 de abril de 2020, el Dr. Jorell Meléndez Badillo, historiador y autor del libro Voces libertarias: Los orígenes del anarquismo en Puerto Rico, presentó en el proyecto Coloqueo del Instituto de Cultura Puertorriqueña, la conferencia “Un partido de exconvictos: Bolívar Ochart, lógicas carcelarias y el Partido Socialista en Puerto Rico a comienzos del siglo XIX”. En la conferencia se trajo de manera central la figura del activista socialista Bolívar Ochart, sus luchas obreras y políticas, los vaivenes del Partido Socialista desde su creación hasta la década de los 30 y se analizaron las lógicas y pensamientos políticos desarrollados en una época, que al igual que hoy, criminaliza a la oposición.

Ahora bien, ¿Quién fue Bolívar Ochart?

Bolívar Ochart nació en Cidra en 1889. Desde muy joven realizó el oficio de tabaquero. No tuvo una educación formal, aunque los proyectos pedagógicos desarrollados en las fábricas de tabaco para alivianar la monotonía del trabajo ayudaron en su formación y promovieron el interés de Bolívar a ser autodidacta. En estos centros de trabajo se contaba con individuos que realizaban lecturas, al menos, dos veces al día, desarrollando una clase obrera educada y preparada para combatir los abusos del sistema. De hecho, Ochart llegó a fungir como lector.

El joven se integró al Partido Unión y fue parte de una facción de trabajadores que se desligó cuando vieron que los intereses de ese partido marchaban contrarios a los de los obreros. En 1915, se fundó el Partido Socialista y Bolívar Ochart fue parte de él. Su militancia lo llevó a asumir posiciones de liderato y de enfrentamiento en contra de las autoridades. Muy parecido a lo que ocurre en nuestros tiempos, el poder político de la colonia criminaliza a los líderes obreros y a cualquiera que represente una amenaza en contra de sus intereses.

Bolívar Ochart terminó preso y en su encierro escribe una corta obra titulada Mis dos años en prisión. En ella se presenta un análisis que el Dr. Meléndez Badillo describe como etnográfico, autobiográfico y enfocado en los estudios legales. Se describen las condiciones carcelarias y cómo estas son contrarias a la rehabilitación del reo. La cárcel fue presentada como un lugar abominable, donde ronda la muerte, con espacios de poca salubridad y mínima oportunidad de que el prisionero pueda mejorar sus actitudes y condiciones de vida.

Desde la cárcel, Ochart trató de conseguir un puesto legislativo, el cual no logró. No obstante, en 1928 es electo alcalde del Municipio de Fajardo y en 1932 obtiene una plaza de senador representando al distrito de Humacao, la cual ocupa hasta 1944. Muere en 1960.

Otro de los aspectos que el Dr. Meléndez Badillo trae a discusión son las contradicciones políticas y sociales en las que incurre el Partido Socialista en la década de los 30, cuando dejan a un lado el objetivo de defender a los trabajadores y comienzan una serie de uniones y alianzas con sectores burgueses. La figura de Santiago Iglesias Pantín también es mencionada y se recalca que, aunque gran parte del liderato socialista, en ese tiempo, fue anexionista, no se pueden dejar a un lado a los sectores que eran contrarios a este parecer.

La conferencia nos demuestra que aún falta mucho por estudiar y analizar sobre las inquietudes políticas de esta época, especialmente sobre el Partido Socialista, dejando a un lado la figura de Santiago Iglesias Pantín y dando paso a otros componentes que hoy, difícilmente se conocen. El Dr. Meléndez Badillo ha adelantado algo con ella y hace un llamado para que continúen las investigaciones de este periodo.

La conferencia del Dr. Jorell Meléndez Badillo, como la de los demás Coloqueos, puede ser vista en el canal de Youtube del Instituto de Cultura Puertorriqueña.    

Ilustración de Puerto Rico en la Enciclopedia Británica (1998)

Nota editorial: La versión original de este artículo fue publicada en El Post Antillano el  11 de abril de 2020.

sábado, 2 de enero de 2021

Coloqueos de enero a marzo 2021

 Coloqueos de enero a marzo 2021

Enlaces para vídeos en youtube / programa de difusión cultural Coloqueo ICP. Los episodios en vivo se transmiten a través del FB Live del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Marque para ver los Coloqueos 1-36 y Coloqueos 37-85

Segunda temporada, parte 2: 26 episodios

Coloqueo #111: Historia de San Germán, Siglo XVI: la historia ausente que tenía que ser contada con Carlos Rivera Vélez (martes, 30 de marzo). https://youtu.be/E8v7FOnBzQU

Coloqueo #110: Violencia nuestra de cada día. Antología: Voces en contra de la violencia de género con Ricardo Rodríguez Santos, Mayra R. Encarnación, Cora Arce, entre otros (jueves, 25 de marzo). https://youtu.be/CCIAE2bMbEc

Coloqueo #109: La visión y misión evangelizadora del obispo Alonso Manso con Juan Alberto Delgado Negrón (martes, 23 de marzo). Vídeo

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Actualizado: 11 de abril de 2023

domingo, 27 de diciembre de 2020

Algunos apuntes sobre la historiografía diplomática de los Estados Unidos

Algunos apuntes sobre la historiografía diplomática de los Estados Unidos
Pablo L. Crespo Vargas

La posición de los Estados Unidos como potencia mundial en el siglo XX, desde un punto de vista académico, promovió el estudio de las relaciones internacionales de este país y provocó el surgimiento de una historia diplomática que buscaba explicar las causas y el rumbo de las políticas establecida desde Washington. Al igual que en otras áreas del estudio histórico, en la historia de las relaciones internacionales se han desarrollado distintas vertientes que presentan explicaciones y análisis divergentes.

Dentro de la historia diplomática o de las relaciones internacionales podemos ver diversos rumbos según la perspectiva estudiada. Las primeras dos escuelas surgidas fueron las que presentaron una configuración nacionalista y progresista del asunto. Ambos acercamientos surgen luego de la Primera Guerra Mundial y la entrada formal de los Estados Unidos dentro del círculo de las potencias mundiales. En la década de 1950 surge un tercer grupo de analistas que promovieron el estudio estratégico o realista (política realista o realpolitik) dentro de la historia diplomática. En la década del 1960 la escuela revisionista presentó un nuevo enfoque que en gran medida contrastó con los realistas. La quinta visión historiográfica es conocida como la del post-revisionismo, la cual combina elementos revisionistas con realistas para presentar un nuevo enfoque. La última tendencia desarrollada fue la que presentó un acercamiento cultural para poder explicar causas y efectos de la política exterior estadounidense. Veamos cada una de ellas.

Perspectiva Nacionalista

En la introducción del libro Explaining the History of American Foreign Relations de Michael Hogan y Thomas G. Patterson (eds.) se describe el punto de vista nacionalista de historiadores como Samuel Flagg Bemis y Dexter Perking, quienes tienden a destacar la continuidad de la diplomacia estadounidense, el crecimiento del poder y la creación de un mercado de tradición diplomática enmarcados en la Doctrina Monroe. Su foco principal es la relación entre estados desde un punto de vista europeo. Uno de los aspectos positivos de esta corriente fue la promoción de investigaciones utilizando archivos extranjeros.[1]

En el caso de Samuel Flagg Bemis, analicemos uno de sus artículos: “American Foreign Policy and the Blessings of Liberty”. Si nos fijamos en la segunda parte del título se ve reflejado un sentimiento de apoyo a las causas estadounidenses en el extranjero. En el escrito se refleja la importancia que el autor da a los valores de libertad individual desarrollados en los Estados Unidos y cómo estos ayudaron a que esta nación llegara a convertirse en una potencia mundial. También añade y enfatiza en la importancia histórica de la población anglosajona como creadores de la vida política estadounidense desde el desarrollo de la Carta de Derechos de 1688 en Inglaterra.[2] 

Para Bemis, la expansión de Estados Unidos se da gracias al impulso nacionalista. La primera parte de este proceso ocurrió dentro de la zona continental y representó un periodo de aislamiento que autores como Walter LaFeber han negado.[3] El segundo periodo de expansión descrito por Bemis ocurrió en la arena internacional y comenzó durante la década de 1890. Bemis establece que el surgimiento de otras potencias imperiales como Alemania y Japón llevó a los Estados Unidos a expandirse hacia áreas extra oceánicas.[4]

De manera general, la corriente historiográfica nacionalista utiliza los sentimientos ideológicos y la presentación de balances de poder, con sus respectivas implicaciones políticas, como base teórica para explicar la historia internacional estadounidense.[5] Al igual que la escuela nacionalista, la corriente realista utiliza estos mecanismos como argumentos explicativos en el estudio de la historia diplomática de los Estados Unidos.[6]

Los aspectos económicos que los revisionistas traen a la discusión no son vistos como factores dominantes en el desarrollo de la hegemonía de los Estados Unidos. Cuando Bemis habla de la guerra de submarinos alemana, el bloqueo a Inglaterra, la neutralidad estadounidense y la eventual entrada de Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial su único comentario sobre los factores económicos es que estos se combinaron con causas de tipo psicológicas y políticas para provocar que el gobierno en Washington entrara a la guerra a favor de Inglaterra.

Entre las limitaciones que podemos encontrar en la escuela nacionalista está la falta de un reconocimiento a las aportaciones de grupos minoritarios en el desarrollo diplomático estadounidense. Un ejemplo podría ser el caso de la población amerindia norteamericana, la cual es olvidada completamente por Bemis al este indicar que la expansión continental se dio a través de un espacio vacío que debía ser civilizado.[7]

Perspectiva Progresista

Un ejemplo de la perspectiva progresista es la obra de Charles A. & Mary R. Beard, America in Midpassage, publicada en 1939.[8] Entre las características principales de esta obra está el que se presentan cambios y conflictos en vez de establecer continuidades y consensos en el desarrollo de la política internacional estadounidense. Los progresistas estudian y visualizan los conflictos internos para analizar su efecto en el desarrollo de la política exterior. Este tipo de conflicto puede ser político, económico y hasta regionalista. A todo esto, su enfoque en las relaciones entre estados es mínimo, a la vez que tienen poca inclinación a la investigación de archivos.[9]

Los progresistas pueden ser vistos como la primera base del desarrollo de los revisionistas. La característica de mayor peso para esta premisa es el valor dado a los asuntos económicos dentro del desarrollo de la política exterior estadounidense.

Perspectiva Realista

En la década de 1950 y con el desarrollo de la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas surge la escuela realista. Al igual que la perspectiva nacionalista, los realistas estaban enfocados principalmente en el estado, la política internacional promovida por la élite gubernamental y el uso del poder para lograr los objetivos nacionales. Para Walter LaFeber, el punto de vista realista busca remodelar la opinión estadounidense sobre su desarrollo como país ante el mundo mediante la revisión de la opinión existente sobre el pasado.[10]

Los aspectos importantes de los argumentos realistas se basan en entender los poderes políticos y militares que han movido las relaciones internacionales de los Estados Unidos, dejando en un segundo plano los factores internos. Uno de sus mayores exponentes fue George F. Kennan, quien más que historiador fue un analista de la política estadounidense referente a la Unión Soviética y diplomático en el departamento de estado siendo embajador en la Unión Soviética y Yugoslavia.[11] Gran parte de los que desarrollaron la perspectiva realista no eran historiadores, sino que guardaban cierta relación con el sistema gubernamental a cargo del desarrollo de la política exterior estadounidense.[12]

Kennan buscaba en la historia diplomática de la primera mitad del siglo XX una explicación para la situación mundial que afrontaba Estados Unidos durante la Guerra Fría. Desde su punto de vista, la seguridad de los Estados Unidos en la esfera internacional se encontraba en declive desde aquella época.[13] Primeramente, se presenta el desinterés del presidente Woodrow Wilson en parcializarse con alguno de los beligerantes del conflicto y desarrollar una política de neutralidad con unas implicaciones que presentaban la posibilidad de terminar en guerra contra cualquiera de los bandos.[14] Sin embargo, la política estadounidense se movió eventualmente hacia el lado británico dado a las implicaciones para los Estados Unidos de una derrota de Inglaterra en el conflicto.[15]

La creación de posibles escenarios es otro de los elementos que establecen los realistas. ¿Qué hubiera pasado si Alemania derrotaba a Inglaterra? ¿Cómo se afectaría las áreas de influencias estadounidenses? Estas y otras preguntas preocupan a los historiadores realistas y eran utilizadas por la maquinaria gubernamental y la élite a cargo de la política exterior para preparar posibles escenarios. La contestación a estas preguntas se producía y promovía el uso de estrategias hipotéticas que ayudaban a establecer políticas a largo plazo.

Las limitaciones que presenta la escuela realista pueden ser variadas. Por un lado, se perciben las relaciones internacionales como parte de un juego de ajedrez donde cada bando mueve sus piezas y las acomoda en la posición que representa el mayor grado de beneficio. En todo caso, los realistas ven la historia diplomática como una lucha de poder político a nivel mundial. Por otro lado, las causas económicas son relegadas a un segundo plano. Sin embargo, podríamos presentar una serie de interrogantes relacionadas a los aspectos económicos. Por ejemplo: ¿Qué efectos financieros tendría un triunfo alemán? ¿La posición de Inglaterra como potencia naval sería ocupada por los alemanes? ¿Cómo esto afectaría los círculos de influencia estadounidenses en el extranjero? Otra de las limitaciones de la escuela realista es el aspecto cultural visto por otros estudiosos. Al presentarse únicamente el punto de vista y los movimientos de la élite gobernante, los realistas olvidan completamente aspectos culturales que afectaron el desarrollo diplomático estadounidenses, tanto en sus implicaciones internas como externas.

Perspectiva Revisionista

Para Walter LaFeber, el revisionismo surge cuando los historiadores relacionan políticas internas y las proyectan como explicación a la diplomacia estadounidense.[16] La característica de mayor peso en el revisionismo es el uso de los factores económicos para la explicación de la política exterior estadounidense. Para ejemplo de esta situación se presenta otra de las obras de Wartel LaFeber, The New Empire: An Interpretation of American Expansion, 1860-1898. En este estudio, el autor nos explica que el impulso económico interno que los Estados Unidos vivió, debido al desarrollo agrícola e industrial, creó un exceso de producción que necesitaba de mercados externos para su distribución. Los inversionistas estadounidenses apoyados por el gobierno comenzaron un periodo de expansión que motivo la creación de una política expansionista hacia las regiones de Latinoamérica y el Pacífico.

Otro revisionista, William Appleman Williams, aparte de presentar factores económicos nos va describiendo otras situaciones de carácter interno que afectaron el desarrollo de la política exterior estadounidense.[17] Las tres características generales que guían la política exterior estadounidense según este pensamiento son: 1) el impulso humanitario de ayudar a otros pueblos; 2) el principio de autodeterminación que tienen los pueblos para establecer sus metas y objetivos; 3) la creencia de que otros pueblos tienen que seguir los métodos de desarrollo estadounidenses para poder obtener sus objetivos.[18]

Prestando atención al tercer punto podremos ver una de las limitaciones universales en los estudiosos de la historia diplomática: el aspecto cultural. La insistencia de querer que se copie el estilo de vida estadounidense en otras sociedades no siempre resulta. En la obra de Williams se presenta el ejemplo de Cuba, aunque se pueden añadir otros ejemplos como son Guatemala e Irán. En todos estos casos, el desconocimiento de los pormenores culturales y sociales de la comunidad autónoma intervenida ayudaron a provocar la perdida de la influencia estadounidenses. El aspecto trágico que Williams presenta puede ser visto en las derrotas que Estados Unidos tuvo en el marco diplomático internacional al utilizar una política que en algunos aspectos se contradecía y que provocó malestar en las regiones afectadas.

Perspectiva Post-revisionista

El post-revisionismo surgen de la necesidad de ampliar el análisis revisionista al grado de sobreponer aspectos del realismo. Hogan & Patterson nos explican que los post-revisionistas ven el estado y a las élites como actores principales en la toma de decisiones en los aspectos geopolíticos y en el equilibrio de poderes.[19]

En el caso de LaFeber, estos elementos pueden ser apreciados. Sin embargo, su desarrollo está controlado por los intereses económicos de los inversionistas estadounidenses. En “The Strategic Formulation”, LaFeber nos describe el desarrollo de una política exterior que se basa en pretensiones geopolíticas. Allí se presenta la formación de una armada con suficiente poder para defender los intereses estadounidenses en el extranjero, a la vez, que pueda poner en práctica la Doctrina de Monroe.[20]

En la obra de Williams las diferencias entre el post-revisionismo y el revisionismo son más tenues. Un ejemplo del aspecto geopolítico puede ser el argumento presentado sobre el apoyo de los Estados Unidos a Francia en el conflicto colonial de Indochina, el cual se daba para asegurar la alianza europea en contra de la Unión Soviética.[21]

Bruce Cummings, un post-revisionista, nos presenta en su obra una de las características de este grupo de estudiosos al decir que los aspectos geoestratégicos e ideológicos refuerzan el interés económico de los Estados Unidos.[22] En otras palabras, los post-revisionistas pretenden ampliar el marco de referencia revisionista describiendo una política exterior estadounidense con una serie de factores ya vistos tanto en la escuela realista como la revisionista.

Los post-revisionistas repiten la falta de presentación de factores culturales que vayan a la par con los económicos y de poder geopolítico. Sin embargo, otro post-revisionista, John Lewis Gaddis, analiza la obra de Emily Rosenberg –presentada más adelante- y menciona que parte de las innovaciones de esta autora es la exposición de los aspectos culturales dentro de una gama de causas múltiples que provocaron la expansión estadounidense.[23] Aunque exhibe críticas a la misma, no podemos dejar de ver que los post-revisionistas tienden a, por lo menos, discutir la diversidad de causas y factores para explicar la política exterior estadounidense.

Perspectiva Cultural

La perspectiva cultural es la última de las variantes del estudio diplomático que aquí analizaremos. En sí, la visión cultural es de carácter innovador. Aparentemente no es un punto de vista muy aceptado por otros estudiosos del tema. Por ejemplo, Walter LaFeber en Liberty and Power: U.S. Diplomatic History, 1750-1945 no la menciona entre las interpretaciones de la disciplina –debemos dejar claro que sólo se refiere al revisionismo y al realismo. En Hogan & Patterson solo se menciona que los historiadores diplomáticos contemporáneos han dado una mayor atención a puntos como el corporalismo, la cultura, el género y otros puntos relacionados a la historia social.[24]

Emily Rosenberg, una de las mejores exponentes de esta vertiente, nos presenta una visión de expansionismo cultural iniciada en los Estados Unidos. Rosenberg menciona que el sueño americano (American Dream) está basado en el desarrollo de alta tecnología y el consumo en masa. Estas dos características están acompañadas de un tipo de pensamiento que ella llama la ideología del desarrollo (o desarrollismo) liberal y que se enmarca en cinco características principales: 1) la creencia de que otras naciones deben copiar la experiencia de desarrollo estadounidense; 2) fe en la libre empresa privada; 3) apoyo al libre comercio e inversión; 4) promover el libre flujo de información y de la cultura; y 5) que la actividad gubernamental debe ir dirigida a proteger a la empresa privada y estimular y regular la participación estadounidense en el intercambio económico y cultural internacional.[25]

Rosenberg establece que uno de los puntos de la expansión estadounidense era la creación de mercados económicos e intelectuales que promovieran la democracia, la sabiduría y la integración social que existía en los Estados Unidos.[26] En otras palabras, la política exterior se dirigía a promover el estilo de vida estadounidense en otras regiones; para así poder adquirir ciertas ventajas económicas, intelectuales y políticas. La expansión cultural dentro de la política exterior es vista en el marco de la creación del Comité de Información Pública, agencia creada para desarrollar propaganda a favor de los Estados Unidos.

La expansión cultura de los Estados Unidos que presenta Rosenberg tiene altos matices económicos, por lo cual podemos relacionarla con las propuestas revisionistas. Claro está, el enfoque tiende a ser distinto, pero aún quedaría por responder preguntas cómo: ¿Qué tanto beneficiaba a los inversionistas estadounidenses la promoción de su estilo de vida en el extranjero? Gilbert Joseph, otro historiador diplomático con enfoque cultural nos contesta que la imposición del estilo de vida estadounidense se convirtió en el instrumento para promover la exportación de los productos e industrias culturales que se identificaban con los Estados Unidos: las bebidas carbonatadas, el entretenimiento en masa, los centros comerciales, entre otros.[27]

Otro de los exponentes de este enfoque es Amy Kaplan, quien cuestiona la falta de un acercamiento cultural en la historia diplomática.[28] Para Kaplan el desarrollo de la historia social y todas sus ramificaciones pueden ser utilizadas para presentar nuevos enfoques que describan el imperialismo estadounidense. El análisis de obras literarias o filmes son parte de sus recursos para la identificación de la visión paradigmática de la sociedad. A todo esto, reconoce la pluralidad de la sociedad estadounidense y está claro que cada sector podría tener una visión particular según las circunstancias vividas en su integración dentro de los Estados Unidos como sociedad multiétnica.

Conclusión

Según lo presentado, existe diversidad en el estudio de la historia diplomática estadounidense. Los distintos historiadores presentan puntos de vista divergentes que se relacionan con el enfoque que cada perspectiva procura: los nacionalistas enfatizan en la grandeza del estado; los progresistas ven puntos internos que promueven una política exterior; los revisionistas crean un marco alrededor de la expansión económica iniciada en el desarrollo industrial; los realistas ven la lucha y el balance de poderes en la esfera internacional; los post-revisionistas tienden a implicar puntos realistas y revisionistas para un análisis de mayor complejidad; y los historiadores con enfoque cultural presentan argumentos donde se enfatizan las virtudes del estilo de vida americano para la creación de una propaganda que no solo motiva la expansión estadounidense, sino que convence a otras sociedades a acercarse más, lo cual traería implicaciones en ambos lados.

Entre los problemas, según el punto de vista de consenso y síntesis, que confronta la historia diplomática es el gradual impulso de la fragmentación en la disciplina, especialmente, luego del surgimiento de las propuestas culturales. La historia diplomática había sido una de las disciplinas más conservadoras, sin embargo, el desarrollo del acercamiento cultural abre paso a la presentación de un mayor número de interpretaciones según las circunstancias y las vivencias de los grupos afectados. Ya no se puede pretender que las relaciones internacionales son asunto exclusivo de una élite mayoritariamente anglosajona, sino que afectan a otros grupos que en principio no eran incluidos dentro de las propuestas.

El nacimiento de la historia social y todas sus ramificaciones crearon dentro del conservadurismo académico un caos que ha sido resistido, especialmente en la historia diplomática. Según Stephen Pelz, la separación surgida entre la nueva izquierda y los demás grupos de características más ortodoxas ayudó a decaer la disciplina en las últimas décadas. Se propone una taxonomía generalizada que incluya aspectos de los diversos grupos implicados. Su fin es fortalecer la disciplina y ponerla en su antiguo sitial.[29]

Otro de los problemas que se presentan en el desarrollo de una historia diplomática es la falta de investigación desde el punto de vista extranjero. En la mayoría de los casos, la historia diplomática estadounidense es presentada utilizando fuentes exclusivamente internas que sólo visualizan la perspectiva de los sectores implicados en los Estados Unidos.

Aunque el desarrollo de la política exterior estadounidense presenta una diversidad de causas se tiende a ver que todas tienen una relación con los factores económicos que presentan los revisionistas en primera instancia. La búsqueda de mercados internacionales para la promoción de los productos estadounidenses y para la adquisición de materia prima debió tener un gran impacto en el desarrollo de una política de expansión. Las luchas de poder en la arena internacional también se acomodaban a las inquietudes económicas de los países involucrados. En el caso de los Estados Unidos, el juego estratégico geopolítico busca mantener al país en la hegemonía política y económica del mundo. Las propuestas culturales tienden a presentar la promoción del American way of life como base a este expansionismo; sin dejar a un lado los motivos de la élite para desarrollar ciertos tipos de política. Todas estas perspectivas historiográficas tienden a presentar en algún momento las causas económicas, por lo tanto, estas pueden ser vistas como las de mayor peso en el desarrollo de la política exterior. Claro está, no son advertidas con la misma fuerza y cada vertiente le da un peso distinto.

En conclusión, el desarrollo de la historia diplomática de los Estados Unidos no es el producto de una única y exclusiva causa, sino, es la combinación de factores que son estudiados por investigadores que presentan inquietudes particulares que serán plasmadas en sus trabajos. Aunque me inclino hacia las causas económicas como base primordial al desarrollo de la política exterior no puedo olvidar que los factores culturales, geopolíticos, ideológicos y regionales deben ser atendidos de igual manera para la presentación de un análisis de mayor precisión que detalle una serie de explicaciones lógicas y razonables; y que no pequen de falta de precisión.



[1] Michael J. Hogan & Thomas G. Patterson (eds.), Explaining the History of American Foreign Relations, New York, Cambridge University Press, 1991, p. 1.

[2] Samuel Flagg Bemis, “American Foreign Policy and the Blessing of Liberty”, American Historical Review, 67, 1962, p. 292.

[3] Walter LaFeber, The New Empire: An Interpretation of American Expansion 1868-1898, Ithaca, Cornell University Press, 1967, pp. 1-2.

[4] Bemis, “American Foreign Policy…”, p. 297.

[5] Ibid., p. 298.

[6] Debo mencionar que la obra realista, escrita por George Kennan, que se discutirá más adelante, fue escrita con anterioridad al artículo de Bemis. Aunque esta no es citada por Bemis no tenemos la certeza de que Kennan no haya influenciado en los escritos de Bemis.

[7] Bemis, “American Foreign Policy…”, p. 295.

[8] Charles A. & Mary R. Beard, American in Midpassage, New York, MacMillan, 1939.

[9] Hogan & Patterson, Explaining…, pp. 1-2.

[10] Walter LaFeber, “Liberty and Power: U.S. Diplomatic History, 1750-1945” en Eric Foner (ed.), The New American History, Philadelphia, Temple University Press, 1997, p. 377.

[11] George Kennan, American Diplomacy 1900-1950, Chicago, Chicago University Press, 1953, Foreword & Chapter 6.

[12] Ibid., p. v.

[13] Ibid., p. vii.

[14] Ibid., p. 64.

[15] Ibid., pp. 64-65.

[16] LaFeber, “Liberty and Power…”, p. 376.

[17] William Appleman Williams, The Tragedy of American Diplomacy, Cleveland, World Publication, 1959, Introducción y capítulo 2.

[18] Ibid., p. 13.

[19] Hogan & Patterson, Explaining…, p. 5.

[20] LaFeber, The New Empire…, pp. 102-149.

[21] Williams, The Tragedy…, p. 8.

[22] Bruce Cumings, Revising Postrevisionism or the Poverty of Theory in Diplomatic History, Diplomatic History, 17, 1993, p. 564.

[23] John Lewis Gaddis, “New Conceptual Approaches to the Study of American Foreign Relations: Interdisciplinary Perspective”, Diplomatic History, 14, 1990, pp. 410-411.

[24] Hogan & Patterson, Explaining…, p. 7.

[25] Emily Rosenberg, Spreading the American Dream, New York, Hill & Wang1983, p. 7.

[26] Ibid., p. 12.

[27] Gilbert Joseph, “Close Encounters: Toward a New Cultural History of U.S.-Latin American Relations” en Gilbert Joseph et al. (eds.), Close Encounters of Empire: Writing the Cultural History of U.S.-Latin American Relations, Durham, Duke University Press, 1998, p. 13.

[28] Amy Kaplan, “Left alone with America: The absence of Empire in the Study of American Culture” en Amy Kaplan & Donald E. Pease (eds.), Cultures of United States Imperialism, Durham, Duke University Press, 1993.

[29] Stephen E. Pelz, “A taxonomy for American Diplomatic History”, Journal of Interdisciplinary History, 19, 1988.