lunes, 1 de enero de 2024

La adoración del demonio según el Tribunal Inquisitorial de Cartagena de Indias, 1610-1655

La adoración del demonio según el Tribunal Inquisitorial de Cartagena de Indias, 1610-1655
Pablo L. Crespo Vargas

Simposio: Inquisición, hechicería e idolatría 

II Congreso Internacional de lo Mágico Religioso en los Andes:
Muerte, hechicería y evangelización, siglos XVI-XVIII
Universidad Nacional Federico Villarreal, Lima, Perú
8 de noviembre de 2019

Entrada al Palacio de la Inquisición en Cartagena de Indias
Foto de Bernard Gagnon, licencia de uso CC4.0
En Wikimedia Commons

Introducción

Según los estudios de Gustav Henningsen y Jaime Contreras (1986), la corte del Santo Oficio en Cartagena de Indias presentó una de las peculiaridades de mayor interés para el estudio de la demonología, la hechicería y la brujería, ya que este tribunal inquisitorial fue el que, de manera porcentual, demostró la mayor actividad de casos relacionados con estas conductas. El estudio estadístico trabajado por estos dos investigadores se basó en la revisión cuantitativa de los autos de fe del periodo de 1540 a 1700. En el caso de Cartagena de Indias, cuyo tribunal inició labores en 1610, se identificaron 264 casos relacionados a las creencias supersticiosas, que representan el 37.8% del total de procesados identificados, que fue de 699. A Cartagena de Indias le siguen los tribunales de Cerdeña (21.3%) y Canarias (15.0%). En el caso del Tribunal de Lima, este presentó un 10.1% de los casos. En número de causas, Cartagena de Indias fue el cuarto tribunal, luego de Sicilia (456), Valencia (337) y Zaragoza (327). El Tribunal de Lima procesó 119 individuos.

En nuestro trabajo vamos a presentar un análisis de las causas relacionadas a las presuntas adoraciones al demonio, por lo cual ampliamos el estudio de Henningsen y se incluyen otros causales que no necesariamente son sobre superstición, pero que presentan alguna relación con la creencia sobre el demonio. En total hemos identificado 180 procesos de fe donde se establece que hubo algún tipo de adoración o contacto con el diablo. El periodo de nuestro estudio fue de 1610 a 1655. La documentación primaria utilizada procede del Archivo Histórico Nacional de Madrid, Sección de la Inquisición, Libros 1008 a 1011 (correspondencia), 1020 a 1021 (relaciones de causas de fe) y el Legajo 1620 (causas de fe).

Metodológicamente hablando, hemos analizado la narrativa presentada en los autos de fe y utilizamos métodos cuantitativos que nos ayuden a establecer perfiles demográficos de la población. Ambas herramientas son base del análisis presentado, el cual nos lleva a explicar el fenómeno del demonismo en el Caribe hispano.

I
El demonismo y la demonología como fenómenos históricos han sido relegados a los estudios de la brujería; no obstante, podrían tener su propio sitial dentro de la investigación de las mentalidades, ya que ambas pueden ser estudiadas como expresiones que dirigen al ser humano a presentar actitudes y conductas palpables desde un punto de vista histórico. El demonismo lo podemos definir como una serie de creencias que se han desarrollado sobre la figura del demonio y otros seres maléficos. Su estudio se debe enmarcar en el contexto de ideas desarrolladas dentro de un mismo componente social (Oldridge, 2012, pp. 20-21; Russell, 1987, p. 21). Esto se debe a que la diversidad de los grupos y épocas estudiados no necesariamente facilitan la formación de una idea generalizada sobre qué es el demonio.

El demonismo no puede ser visto únicamente como un mito o como un cuento, producto de una población ignorante e imaginativa, tampoco como un instrumento de control social creado en la élite, ya que, como nos dice Robert Muchembled (2004, p. 10), la inexistencia del demonio no es causa para pensar que no es una figura histórica. Por otra parte, María Tausier y James S. Amelang (2004, pp. 15-31) nos indican que, si se toman como ciertas las declaraciones, muchas de ellas legales, de cientos de personas que alegan haber visto al demonio, se tendría que aceptar su existencia. Ahora bien, para un gran sector de la población occidental, donde predomina el cristianismo, el demonio es una figura real; no así dentro de otras creencias. Si observamos desde afuera la figura mitificada del demonio y utilizamos las características definidas por Mircea Eliade (1991, p. 13) podemos apreciar que el demonio es visto como un ser sobrenatural, ya que posee poderes que una persona común y corriente no tiene; a la vez que es considerado un ente de la cotidianidad religiosa, al igual que santos y patriarcas, pero con la diferencia de que sus poderes contienen rasgos maléficos.

De aquí pasamos a la concepción dualista cristiana para justificar la existencia del demonio. Para ello, estaremos utilizando dos teóricos. El primero es Julio Caro Baroja (1961) con su idea de “la concepción primaria del mundo”, la cual explica como el ser humano visualiza su cosmovisión utilizando el medio ambiente como ejemplo. Para este investigador son cuatro los factores esenciales: el cielo y la tierra (padre y madre), por un lado; el sol y la luna (luz y oscuridad), por el otro. En cada uno de ellos se pueden observar los elementos de dualidad. El segundo teórico es Bartolomé Escandell Bonet (1984) con el “paradigma mágico-religioso”, donde la esencia está en la lucha de dos fuerzas ocultas que son el bien y el mal.

Desde un punto de vista histórico-antropológico, toda religión ha desarrollado elementos mágicos como parte de sus dogmas. Cuando una religión o creencia en particular se oficializa como instrumento de control social de un grupo poblacional se promueve un cambio de visión donde los elementos mágicos son integrados como componentes de fe que son considerados reales. Cualquier visión contraria a la fe será visto como superstición o como una oposición al dogma, este último conocido como herejía.  

En el caso del Caribe hispano, las creencias sobre el demonismo se formaron dentro de un ambiente de diversidad y variaciones religiosas, proyectados por tres principales componentes: el cristianismo castellano y el animismo indígena y africano, estos dos últimos fragmentados en creencias regionales que no necesariamente eran iguales. Dado a que el cristianismo era la religión oficial, toda creencia, para subsistir, debía adaptarse al catolicismo. Por lo tanto, los diversos grupos, tanto locales como los provenientes de África, buscaron como integrar su cosmovisión dentro del cristianismo, creando una serie de particularidades regionales que van a definir su desarrollo y que caracteriza la zona caribeña.

La creencia al demonio provenía del ámbito religiosos castellano, ya que dentro de los grupos dominados (indígenas y africanos) no existía una personificación del mal con las características europeas. La visión religiosa amerindia y africana se enmarcaba en creencias animistas, donde existían una gran variedad de divinidades y donde los entes sobrenaturales tenían características humanas. En el proceso de evangelización, los misioneros cristianos promovieron la demonización de las creencias no cristianas. Esto estableció los parámetros para el desarrollo del sincretismo caribeño, el cual es uno que se presenta con una variedad inmensa de creencias: vudú, santería, palo, abakuá, entre otras.

Dentro del mundo cristiano, de manera general, los adoradores del demonio eran considerados brujos o brujas. La brujería era practicada en grupo y de manera rural. Para el estado español, los seguidores del demonio eran un grupo antisocial que realizaba prácticas contrarias a los dogmas establecidos. Algunas de estas prácticas eran el uso de la necromancia, la profanación de símbolos cristianos, los sacrificios humanos, las orgías, el canibalismo y la realización de maleficios. La hechicería también era relacionada a la adoración demoniaca, aunque en menor grado, dado a que la hechicera no necesariamente tenía pacto explícito con el demonio. La hechicería tenía unas características que la diferenciaban de la brujería, por lo cual sus acciones eran consideradas de menos gravedad. La hechicería era practicada, de forma general, de manera individual, en ambientes urbanos y se caracterizaba por utilizar su magia para tres servicios requeridos por la población: resolver los males de amor, encontrar las cosas o personas perdidas y para beneficio en los juegos de azar.

En Europa, la brujería y la hechicería fue perseguida y reprendida con gran fuerza; al punto que se estima que se ejecutaron a una 50,000 a 60,000 personas entre 1450 a 1750 (Levack, 1986; Lisón Tolosana, 1992; Behringer, 2008; Henningsen, 2010). En el mundo castellano se presentó una visión dual sobre este aspecto. Por un lado, las cortes seculares tendían a perseguir a la brujería y a la hechicería con el mismo vigor que en el resto de Europa. Por el otro lado, la Inquisición española como institución religiosa, pero al servicio de la monarquía, visualizaba estas prácticas como meras supersticiones que, mientras no representaran un peligro para el estado, no implicaban riesgos mayores. La cifra mayor de ejecuciones realizada por la Inquisición española en casos de supersticiones la presenta Pilar Huertas (2004) con 35 individuos. Este número representa un 10% del total de ejecuciones que se dieron por la misma causa en España y que según Henningsen (s.f.) rondaba las 300.

En el caso de Cartagena de Indias ninguno de los procesados por creencias supersticiosas fue enviado a la hoguera, aunque hubo dos acusadas que en sus causas se recomendaba que fueran entregadas al brazo secular para su ejecución. Ellas fueron Paula de Eguiluz (Legajo 1620) y Elena de Viloria (Libro 1020), ambas durante el periodo de 1633-1635. Eguiluz era una mulata nacida en Santo Domingo y procesada en tres ocasiones (1624 por hechicería, 1634 por brujería y 1635 por conspiración). A Eguiluz se le conoce por ser una famosa hechicera que era consultada hasta por el propio obispo de Cartagena de Indias y otras celebridades del gobierno colonial. Elena de Viloria era una partera negra, nacida en Nueva Granada y considerada capitana de brujas, que llevaba sobre 37 años participando en los aquelarres de su secta. Ambas representaban para los inquisidores mayores amenazas, por lo cual fueron sentenciadas a la hoguera. No obstante, toda pena de muerte debía ser consultada con el Tribunal Supremo Inquisitorial o la Suprema, quienes certificaban la misma. En ambos casos, la Suprema consideró que la hoguera era un castigo muy severo para personas que no representaban una amenaza al estado.

Debemos indicar que según los estudios dirigidos por Anna Splendiani (1997), Cartagena de Indias pudo haber sido uno de los tribunales inquisitoriales más renuentes a enviar a ejecución a sus reos ya que solo se conocen cinco casos sentenciados a la hoguera de un total de 850 procesos.

II
En el Tribunal de Cartagena de Indias, entre el periodo de 1610 a 1659, pudimos constatar al menos 180 procesos que de algún modo u otro mencionan al demonio o hacen alguna referencia a él. En esos 180 casos se procesaron a 167 individuos, 9 de ellos fueron juzgados en dos ocasiones y 2 vieron sentencia en tres distintos periodos. La edad de los procesados iba de 10 a 85 años. La edad promedio, de manera general, fue de 40.0 años. En los casos de hechicería fue de 40.9 años y en la de brujería de 38.5 años (dato que difieren de las características presentadas en Europa, donde la bruja es, usualmente, una mujer de edad avanzada). El año con mayor número de causas fue 1633 con 33 casos presentados. Del total de causas, 116 (64.4%) fueron a mujeres y 64 (35.6%) a hombres.

Los delitos imputados en las causas se dividen en hechicería con 86 individuos (30 hombres, 56 mujeres), brujería con 59 procesos (6 hombres, 53 mujeres), proposiciones heréticas con 8 varones, reniego a Dios con 8 individuos (4 hombres y 4 mujeres), blasfemia con 7 varones, judaizantes con 2 casos (1 hombre y 1 mujer), desacato y creencias protestantes con 2 varones cada uno, conspiración con 2 féminas y otros cuatro delitos con 1 varón cada uno: irrespeto, solicitación, título falso y criminal.

La composición racial de los procesados fue de 58 negros (16 hombres, 42 mujeres), 55 blancos (34 hombres, 21 mujeres), 44 mulatos (7 hombres, 37 mujeres), 8 mestizos (4, hombres, 4 mujeres), 2 zambos (ambas mujeres) y 14 personas sin identificar (3 hombres y 10 mujeres). Si examinamos los casos de hechicería y brujería, por su mayor relación a la demonología, podemos palpar las diferencias entre ambas conductas. Por el lado de la hechicería, el componente racial dominante fue el blanco con 33 acusados, le sigue el mulato con 25 individuos, el negro con 14 personas, el mestizo con 1 reo y sin identificar 13 individuos. En el caso de la brujería, predomina la raza negra con 35 individuos, le siguen los mulatos con 18 personas, mestizos con 4 reos, zambo y blanco, cada uno, con 1 individuo.

III
El Caribe, desde el mismo momento que inició la conquista y colonización, pasó por un proceso de evangelización que fue forzoso e ineficiente. El interés primario era la obtención de riquezas y no la salvación de las almas de los indios o de los africanos. A esto se le suma que la sociedad que se formó en el Caribe era una creyente en las supersticiones, donde se promovía, por medios alternos, el afecto religioso que la iglesia no proveía. Es por ello, que el oficio de hechicera y curandero prosperó de manera rápida. Los centros urbanos estaban llenos de ellos. Ciudades como Cartagena de Indias y La Habana eran lugares de mucho movimiento comercial y propensos al desarrollo de una economía basada en las prácticas mágicas. Eran muchos los que querían conocer su suerte de antemano, encontrar personas que por los vaivenes de la vida desaparecían y nunca faltaban los que procuraban remedios para el mal de amores.

Por lo examinado en los casos, se puede encontrar que muchas hechiceras se cuidaban de no aparentar pacto con el demonio, ya que esta condición era un agravante que era usado en su contra. De hecho, se ven casos como el de Jusefa Ruiz (Libro 1020) que en 1620 es acusada por brujería, pero que, durante el proceso, la causal fue disminuida a un delito de hechicería. En este caso en específico, a la acusada se le atribuía el desenterrar niños muertos para ser entregados al demonio, vuelos nocturnos y el poder de transformarse en un ratón. Muchas acusadas indicaban que fueron engañadas por el demonio y que estaban arrepentidas, esto era suficiente para que el tribunal pasara penas de poca severidad con ellas. De hecho, el fin de la inquisición era que los acusados se arrepintiesen; y más, cuando sus delitos no representaban una amenaza en contra del estado.  

Aunque dentro de la hechicería, el culto al demonio es mucho más reducido, podemos encontrar manifestaciones de este. Demonios como el diablo Cojuelo eran invocados frecuentemente. En España, el diablo Cojuelo era una versión satirizada del demonio, un ser que podía ser engañado, manipulado por los hombres (Delpech, 2004). En la tradición caribeña, el diablo Cojuelo era visto de manera distinta, un ser que traía sabiduría y que ayudaba a los practicantes de la magia. No obstante, se seguía la tradicional forma de llamar al principal de los demonios como Lucifer o Satanás, aunque en algunos casos solo se habla del demonio o del diablo como si su nombre no pudiera ser nombrado.

Veamos otros ejemplos de la demonología en los casos de hechicería. Mateo Arará (Libro 1021) en 1652, un esclavo negro, que hacía el oficio de curandero, utilizaba con mucha frecuencia el nombre del demonio en sus rezos. Otro curandero y chamán africano, Francisco Mandingo (Libro 1021), aunque, en 1640, indicó que sus poderes medicinales provenían de Dios, los inquisidores establecieron que él había sido engañado por el demonio. A esto añadimos los casos donde los inquisidores acusan a personas de tener criaturas que son consideradas como engendros del diablo. Uno de ellos fue el de María Crespa (Libro 1020), procesada en 1635, por tener comunicación con un demonio africano, por realizar vuelos nocturnos y por hablar con un moscón de dimensiones no usuales que dejaba sucia su casa todas las noches. Otro caso fue el de la criolla Juana Sandoval (Libro 1021), quien fue procesada en 1633 y tenía de mascota a una cucaracha gigantesca. En otros casos, como el del castellano Miguel Fernández (Libro 1020), se acusó en 1610 de invocar a los demonios para poder realizar daño a otras personas. Según los testigos, cuando Fernández invocó a los demonios un pájaro de gran tamaño se le posó al lado.

IV
En el caribe hispano del siglo XVII se pueden identificar una serie de sectas de adoradores del demonio, cada una con una peculiaridad única, producto de las características regionales que influyeron dentro de cada grupo y a la que se adaptaban los supuestos adoradores del demonio.

En el 1614, la Inquisición apresó a un mestizo, llamado Luis Andrea (Libro 1020), quien tenía una secta de adoración demoniaca en un pueblo de indios llamado Granada. Los inquisidores no arrestaron a ningún nativo. La razón era que estos no podían ser juzgados por la institución, para ello estaban los corregidores. Sin embargo, el culto de Luis de Andrea resultó ser toda una falsa, donde los indios fueron engañados y manipulados por este chamán, que respondía a un grupo de peninsulares que se hacían pasar por demonios para recibir tributos de adoración en cada solsticio. Entre las ofrendas que daban los indios se encontraban joyas y hojas de tabaco. Lo curiosos en este caso fue que ningún europeo fue procesado. El demonio principal de esta adoración era llamado Buciriaco, nombre que posiblemente tiene un origen indígena. Sin embargo, cuando es descrito en las actas se presenta como un ser que cabarga, lleva lanza y tiene botas. Algunos testigos, escucharon a Luis Andrea llamarle licenciado.

En Cuba, en 1622, se da otra secta, cuyo líder era un señor blanco mayor (Libro 1020), que se vestía con jubón, medias y zapatos. Este individuo, que es descrito por la mulata esclava Luisa Sánchez, bailaba en una tarima que era movida en un carruaje por un grupo de esclavos negros y que era seguida por una procesión de 12 mujeres. De la misma forma que pasó en otras ocasiones, el líder blanco no fue juzgado. Al igual que en Cuba, en Cartagena de Indias (Libro 1020) algunos adoradores de Lucifer desarrollaron un culto muy parecido al que se daba en Europa, quizás porque su demonio era un europeo que aprovechaba la falta de una educación religiosa oficial efectiva. En este caso, el supuesto Lucifer consumía en sus banquetes carne de carnero, gallina o pato, que era acompañado con pan de castilla. Sus seguidores consumían carne humana. 

Sobre la antropofagia o el canibalismo debemos indicar que también se presentan casos de sectas en La Habana, Pácora (Panamá) y en Zaragoza (Nueva Granada). En el caso de La Habana, en 1628, se acusó a Antón Carabalí (Libro 1020), que junto a un demonio llamado Pablillo (un ser cuya parte superior era humana, la inferior era felino), asesinó a ciento dos personas, todas para ser llevadas a la junta para su consumo. En la secta de Pácora se trabaja, entre varios casos, el de la negra liberta Isabel Hernández (Libro 1020), quien en su primer encargo llevó un cuerpo de una niña, por lo cual fue amonestada ya que su líder hacía hincapié en la necesidad de que los cuerpos a consumirse fueran de adultos, ya que así se garantizaba una mayor cantidad de carne para el festín. Luego de esto, Isabel Hernández confesó haber llevado 15 cuerpos de adultos. Varios testigos la vieron volar hacia sus víctimas, las cuales usualmente eran atacadas mientras dormían. El caso de Isabel Hernández fue realizado el mismo año que el de Antón Carabalí.

En el 1620, una secta fue descubierta en las minas de oro y plata de Zaragoza (Libro 1020). En ella se realizaban juntas nocturnas que iniciaban el viernes y culminaban el martes. La ceremonia comenzaba besando en la mano y en el trasero al demonio. Continuaba con un banquete, se bailaba y se embriagaban hasta media noche, algunos se transformaban en diversos animales y la celebración culminaba con una orgía. También salían a volar, en grupos de veinte, por los campos en búsqueda de niños y jóvenes que eran asesinados, destruían sembradíos y causaban todo tipo de daños. Los procesos iniciaron con cinco individuos, aunque se estimaba que la secta estaba formada por sobre ciento cincuenta personas. El problema para las autoridades era que en la zona había sobre dos mil esclavos que podían unirse a este grupo. Luego de consultada la situación con las autoridades en Madrid, se decidió que los inquisidores debían, utilizando las autoridades seculares y eclesiásticas, desarrollar un proceso de cristianización dentro de la población esclava sin que esto afectara la producción minera. Cuatro de los procesados fueron reconciliados, el quinto recibió una sentencia suspendida porque pasó el tormento y no se siguió con el proceso (Libro 1009). Tal como ya hemos mencionado, el interés de los europeos era obtener la mayor cantidad de riquezas sin importar el costo; por ello, los consejeros de la Corona preferían atender la situación por medio de la evangelización sin que esto afectara la producción minera de la zona. En otras palabras, la producción minera era de mayor importancia que el peligro que representaba el culto demoniaco en la zona. Este caso presenta otro elemento que se ha visto en los estudios históricos sobre brujería en algunos lugares de Europa, la supuesta existencia de seguidores de la brujería blanca, los cuales se enfrentaban en contra de los adoradores del demonio y que mantenían un culto agrario ancestral (Ginzburg, 1992).

V
Algunos de los procesados describieron de alguna forma su encuentro con el demonio. El mulato Diego López (Libro 1020), en 1634, cirujano de profesión, afirmó que al visitar por primera vez una junta de adoradores del demonio lo llevaron ante “un trono negro muy suntuoso y en él, Lucifer, muy feo y abominable”. El esclavo angoleño, Sebastián Botafongo (Libro 1020), acusado en 1635, describe al demonio en figura de cabro gigante y que estaba rodeado de otros demonios en forma de “soldados de hábitos largos”. La negra Potenciada de Abreu (Libro 1020), también de 1635, indica que se postró frente al diablo y que este tenía la cara cubierta de harina. La criolla Ana Rodríguez de Villena (Libro 1021), en 1641, vio al demonio en forma de pájaro gigante, en otras ocasiones se le presentaba como un hombre. La negra Bárbara Gómez (Libro 1020), acusada en 1633, vio al demonio transformarse de hombre a macho cabrío. Otra negra, Leonor Zape (Libro 1020), en 1622, afirmó haber visto al demonio volar junto a un grupo de 20 seguidores llevando langostas con la intención de que estas devoraran los cultivos. Leonor confesó haber asesinado a cinco personas como parte de sus rituales en la secta.

Como si esto fuera poco, el diablo le otorgaba a cada seguidor un demonio para que este le acompañara tal como hemos visto. Algunos de los nombres de estos demonios, no mencionados con anterioridad, eran Caifás, Diego Folupo, Chochuelo, Volador, Nassao, Buenosdías, Quita, Tongo, Cerbatán, Venacá, Gallo, Ñaga, Cañado, Isaleco, Zambapalo, Tumaque, Yerbabuena, Solimán, Tararira, Escudero, Mahoma y Barrabás. Algunos de estos nombres fueron atribuidos según las características que presentaban estos seres. Otros provienen de personajes que, dentro de la mentalidad de la época, eran considerados perseguidores del cristianismo.

VI
La creencia que se tenía sobre el demonio en el Caribe hispano durante el periodo estudiado nos demuestra una visión moldeada según las características del demonismo en Europa que, a su vez, tiene matices regionales y sincretizados desde las creencias originarias en los distintos grupos afectados. En los grupos marginados, la adoración al demonio fue vista como una forma de resistencia hacia el grupo dominante. El demonio era enemigo de la cristiandad, del poder eclesiásticos y de las autoridades civiles. Para la mayoría de los cristianos, el diablo era la representación contraria a todo el orden establecido, un ser malvado que debía ser rechazado. Para el marginado, representaba la rebelión, el deseo de combatir los abusos y de tener la oportunidad de derrotar al opresor.  

A todo esto, el demonismo, al menos para la inquisición, no era una conducta tratada como una amenaza mayor; es por ello, que las condenas establecidas no pasaban de los destierros, los azotes en la plaza pública, las reclusiones en los hospitales públicos para que atendieran a los enfermos y en los monasterios para que fueran catequizados.

Entendemos que los juicios a Paula de Eguiluz y a Elena de Viloria, ambas condenadas a muerte entre 1633 a 1635, fortalecieron la actitud ya desarrollada por la Suprema de ver el demonismo como una creencia supersticiosa y sin sentido, la cual no representaba una amenaza al poder estatal. Actitud que ya había comenzado a aflorar desde los juicios de brujas en Zugarramurdi (País Vasco) entre 1609 y 1614, donde el inquisidor Alonso de Salazar Frías demostró que la caza de brujas era producto de una histeria colectiva imaginaria, fuera de toda razón lógica (Henningsen, 1983).

En los procesos en Cartagena de Indias podemos notar claramente el prejuicio y el racismo en contra de los grupos marginados, específicamente la población negra, los cuales eran mayoritariamente procesados por brujería. También se ve la ineficiencia de la inquisición de poder procesar a una gran cantidad de estafadores que se hacían pasar por demonios o seres sobrenaturales para poder recibir tributo de indios o africanos. Por último, debemos notar que la hechicería, la curandería, la partería, entre otras actividades relacionadas con lo que podemos llamar las artes mágicas fue vista como una forma de vida desarrollada en un ambiente donde no existía un esfuerzo real del estado o la iglesia por mitigar las necesidades o curiosidades religiosas de la población.

 

Bibliografía

Archivo Histórico Nacional, Sección de la Inquisición, Tribunal de Cartagena de Indias

     Libro 1008: Libro primero de cartas, 1610-1618

     Libro 1009: Libro segundo de cartas, 1619-1624

     Libro 1010: Libro tercero de cartas, 1625-1630

     Libro 1011: Libro cuarto de cartas, 1631-1638

     Libro 1020: Libro primero de relaciones de causas de fe, 1614-1637

     Libro 1021: Libro segundo de relaciones de causas de fe, 1638-1655

     Legajo 1620, expedientes 1 y 10

Fuentes impresas

Behringer, W. (2008). Witches and Witch-Hunts: A Global History. Cambridge: Polity Press.

Caro Baroja, J. (1961). Las brujas y su mundo. Madrid: Alianza.

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Delpech, F. (2004). En torno al diablo Cojuelo: Demografía y folklore. En Tausier, M. y Amelang, J. El diablo en la Edad Moderna (pp. 99-131). Madrid: Marcial Pons Historia.

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miércoles, 27 de diciembre de 2023

Introducción a Resilencia: camino hacia el éxito (1ra parte)

Introducción a Resiliencia: camino hacia el éxito (1ra parte)
Por Migdalia Núñez Quiles
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Fullan (2021) indica que “las personas se vuelven buenas en la vida cuando se sienten seguras, valoradas y tienen un sentido de propósito y significado. Es necesario participar en actividades significativas que contribuyan al bienestar de los demás. Ante la adversidad, ser capaz de navegar hacia los recursos que se necesitan para salir de la situación, lo que se conoce como resiliencia, es un componente esencial. Para llegar allí es necesario identificar valores, metas y necesidades, así como fortalezas personales”.

A través de cada capítulo el lector tendrá la oportunidad de pasar por las etapas del modelo de resiliencia diseñado, con miras a desarrollar unos procesos que sirvan como modelos claves de resiliencia, a otros—principalmente a los maestros, al personal escolar y a las familias de nuestros estudiantes— para que juntos logren alcanzar el éxito. Levantarse de procesos adversos no va a ser igual para todos, pero la meta es que todos puedan estar en el camino no importa el tiempo que pueda tomar. Lo más importante es que comiencen a caminar y juntos alcancen el éxito anhelado.

Me gusta la historia de Sean Rausch, un corredor que vio caer al suelo a su compañero de campo traviesa, llamado Blake Lewis y, en vez de seguir su carrera, se acercó a ayudarlo, lo levantó y lo cargó hasta la meta. Rausch sabía que iba a ser descalificado por tener contacto con otro corredor; sin embargo, sacrificó la carrera para ayudar a otro compañero que se había lesionado. Ayudar a otros a desarrollar sus propios procesos resilientes es precisamente a lo que todos deben aspirar: ayudar en el camino, levantarlos para que juntos alcancen la meta.

En Puerto Rico, después del huracán María, se puso de moda la frase “Puerto Rico se levanta”. Esta frase trabajó en las mentes, de todos los puertorriqueños, ayudando a regresar al camino de la recuperación después de un proceso que tuvo gran impacto en la vida de la población Además de ayudar a desarrollar procesos resilientes, logró que se ayudaran unos a otros a levantarse. Al final de este libro, me gustaría compartir con ustedes una canción que escribí junto a mi hijo, Edgar René, durante este tiempo, y que sigue el lema: nos vamos a levantar.

Goldstein (2013), al citar a Rutter (1987), indica que los estudios de resiliencia se reservaron para poblaciones de alto riesgo, con un enfoque particular en aquellos jóvenes que demostraron resiliencia o la capacidad de superar los desafíos emocionales, de desarrollo, económicos y ambientales que enfrentaron mientras crecían. Los estudios de resiliencia en este tiempo deben estar enfocados en todas las poblaciones alrededor del mundo por el impacto de la crisis del COVID-19.

Goldstein (2013) expresa que ¨el estudio de la resiliencia ha avanzado en cuatro grandes oleadas de investigación¨. En este libro destacamos los conceptos y hallazgos que han resultado de estas oleadas hasta la fecha, ya que han dado forma a un marco emergente de resiliencia para la investigación y la práctica. La primera ola de trabajo arrojó buenas descripciones de los fenómenos de resiliencia, junto con conceptos y metodologías básicas, y estuvo centrada en el individuo. La segunda ola produjo una contabilidad más dinámica de la resiliencia —adoptando un enfoque de sistemas de desarrollo para la teoría y la investigación sobre la adaptación positiva en el contexto de la adversidad o la crisis— y se centró en las transacciones entre individuos y los muchos sistemas en los que están integrados sus desarrollos. La tercera ola se centró en crear resiliencia mediante la intervención dirigida a cambiar las vías de desarrollo. La cuarta ola, ahora en ascenso, se enfoca en comprender e integrar la resiliencia por medio de múltiples niveles de análisis, con una atención creciente a los procesos epigenéticos y neurobiológicos, el desarrollo del cerebro y las formas en que los sistemas interactúan para dar forma al desarrollo.

El tema de resiliencia tiene su mayor auge en las últimas décadas del siglo XX y principios del siglo XXI por el desarrollo tecnológico y los cambios sociales generados en la familia y sociedad de este siglo. Esto implica que los niños y jóvenes no son inmunes a los cambios, las situaciones adversas y la presión en nuestro entorno actual, acelerado y lleno de estrés. Por tal razón necesitan ser educados en contextos resilientes, que les permitan seguir adelante y levantarse de momentos de crisis y adversidades. Martínez & Benítez (2020) presentan que la escuela debería educar a la generación Alpha como personas GRC o generativas, resilientes y compasivas. Esto implica desarrollar nuevas mentalidades en estas nuevas generaciones. Grané & Forés (2020) en Martínez y Benites (2020) exponen que ¨las personas resilientes son las verdaderas artistas de la vida porque contemplan su propio proyecto vital desde la generación de posibilidades más allá de la tragedia que les ha golpeado¨.

Es importante poder establecer modelos que sirvan para su aplicación efectiva y que sean útiles en todo contexto a fin de lograr niños y jóvenes resilientes. Goldstein (2013) establece que la creencia es que todo niño capaz de desarrollar una mentalidad resiliente será capaz de lidiar de manera más efectiva con el estrés y la presión para hacer frente a los desafíos cotidianos; para recuperarse de las decepciones, la adversidad y el trauma; para desarrollar metas claras y realistas; para resolver problemas; para relacionarse cómodamente con los demás; y para tratarse a sí mismo y a los demás con respeto.

Cowen (1991), citado por Goldstein (2013), sugirió que un enfoque integral para la promoción del bienestar incluía cuatro conceptos básicos: competencia, resiliencia, modificación del sistema social y empoderamiento. Enfatizó sobre la importancia de la resiliencia dentro del concepto más amplio de bienestar. Para él, un marco de bienestar supone el desarrollo de sistemas ambientales personales saludables que conducen a la promoción del bienestar positivo y la reducción de la disfunción. Un marco de bienestar enfatiza la interacción del niño en el entorno familiar y académico, con adultos fuera del hogar y con sus compañeros. Claramente, sugiere una interacción persona-ambiente, que en última instancia predice la fuerza y el poder de la resiliencia de un individuo frente a la adversidad.

Considerando la importancia de la resiliencia para el desarrollo y bienestar de nuestros estudiantes y para resurgir con éxito después de las adversidades, presentamos nuestro trabajo, Resiliencia: camino hacia el éxito. En el mismo estaremos compartiendo temas de gran interés y utilidad para todos a fin de lograr desarrollar procesos resilientes en nuestros niños y jóvenes y a la vez impactar a las familias y comunidades. Todos necesitamos desarrollar factores resilientes para levantarnos y seguir adelante.

Nota editorial: Fin de la primera parte. 

jueves, 21 de diciembre de 2023

Fragmento apéndice Inventario resistencia

Fragmento del apéndice del libro Inventario comentado de resistencia de los esclavos y de la lucha abolicionista en Puerto Rico, siglos 16 al 19 de Francisco Moscoso

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En la obra pionera sobre el tema, Esclavos prófugos y cimarrones. Puerto Rico, 1770-1870, publicada en 1984, el historiador Benjamín Nistal Moret (1944-1993) brinda una joya de investigación, meticulosamente documentada con fuentes del Archivo General de Puerto Rico (AGPR) y, a su vez, elaborando un análisis profundo sobre este tema. Estudió sobre 700 casos cubriendo el periodo indicado. Nistal Moret señaló el incremento del tráfico de esclavos bozales, importados directamente de algún país de África occidental al sur del gran desierto del Sahara, que divide el norte del medio y sur del continente, habitado por gentes predominantemente de piel negra. Ello coincidió, especialmente en las décadas de 1820 a 1850 con el crecimiento de la economía de la agricultura comercial del azúcar, café y tabaco. Los esclavos bozales se conjugaron con los esclavizados criollos, como venía sucediendo desde el siglo 16.

Antes del 1840 se dieron diversos eventos de intentos de fugas colectivas, incluso con intenciones de abandonar la isla por mar hacia la isla vecina de Santo Domingo, tenida por los esclavizados como horizonte de libertad.

Nistal Moret propuso que hubo dos formas de cimarronaje, la colectiva o de grupos y la limitada, es decir, de casos individuales y objetivos menores (como procurar descanso, visitar amistades, buscar comida, y luego volver a las propiedades). Se puso en evidencia, además, que muchos prófugos fueron ocultados y protegidos por habitantes libres en solidaridad espontánea contra la explotación esclavista.

Contrario a la propaganda oficial de adjudicar la abolición principal o exclusivamente a los abolicionistas entre las propias clases propietarias y profesionales, y la legislación promovida en el congreso y ante el gobierno de España, sin quitarle sus méritos, Nistal Moret subrayó la lucha cotidiana de los propios esclavizados por su libertad. En este caso mediante el cimarronaje como una de las formas de resistencia constante y que erosionaron la esclavitud desde abajo y desde adentro del propio sistema socioeconómico.

Hay documentos que brindan datos extraordinarios sobre algunos esclavos y esclavas, como los siguientes. En 1831, el negro Andrés Melitón se escapó de la cárcel de Cangrejos y del cepo donde lo tenían inmovilizado, rompiendo el candado, “por donde se fugó a pesar de no tener más que una pierna”.  El negro bozal cimarrón Santiago Rosado vivió escondido “en el tronco de un árbol de úcar que tenía una gran cavidad tan proporcionada para su ocultación”, cerca del barrio del Zarzal, antes de ser capturado en Luquillo.

Por otra parte, en 1822, el negro Rovesino oriundo de la isla de Santo Domingo y de unos 40 años, se fugó de la hacienda de don José Martínez, en Guaynabo; hablaba español, francés, danés e inglés. La criolla negra Juliana, de Martinica, hablaba español, inglés, “y el lenguaje nativo francés”.

En 1825, un negro bozal (no hablaba español) atrapado en Quebrada Arenas, fue puesto en la cárcel de Guaynabo, en solicitud de su dueño. Se estimó su edad como de 24 años, y tenía un adorno corporal descrito así: “con una marca figurando una palma desde el ombligo hasta el cuello, a los lados sobre el pecho tres rayas pequeñas, que guardan simetría, en las megillas unas rayas largas, y sobre las sienes tres más pequeñas…y en el entresijo y frente otras tres…”. El pintor Jaime Romano hizo un dibujo imaginario de este y otros casos, para el libro de Nistal Moret.

El caso del negro cimarrón Jacinto dramatiza como hubo esclavizados que lucharon con uña y dientes por su libertad. Se defendió con una lanza contra una patrulla de soldados que lo atraparon “en los montes del Peñon”. Luego de ser preso en la cárcel de Ponce, resistió hasta dentro de la celda. El alcaide de la cárcel informó que “el negro se resistía contra toda persona que quería reducirlo a que se entregase, y que con una lanza que tenía consigo como que escalaba las paredes del calabozo tal vez para safar algún balaustre de las ventanas, pues que a todos los que acercaban por allí les arrojaba pedazos de ladrillo y mezcla que arrancaba”. Jacinto fue muerto en traslado de la cárcel de Ponce a Juana Díaz.

miércoles, 8 de noviembre de 2023

De Biblioteca General a Biblioteca Nacional: resaltando el acervo literario nacional puertorriqueño

De Biblioteca General a Biblioteca Nacional:
resaltando el acervo literario nacional puertorriqueño
Pablo L. Crespo Vargas

El pasado 17 de agosto de 2023, la Biblioteca Nacional de Puerto Rico celebró 20 años desde que se aprobó la Ley Núm. 188 del 2003, la cual transformaba a nuestra Biblioteca General en Biblioteca Nacional. La Biblioteca General de Puerto Rico había sido establecida con la Ley Núm. 44 del 6 de junio de 1967. Esta legislación original, como muchos otras de su tiempo, fue promovida por el Dr. Ricardo Alegría. En ella se adscribió la Biblioteca General al Instituto de Cultura Puertorriqueña, quien ya tenía bajo su resguardo una colección bibliográfica en una de sus localidades.

Archivo General y Biblioteca Nacional de Puerto Rico
Imagen obtenida en el Archivo Digital Virtual del ICP

El presupuesto inicial fue de $200,000, que eran utilizados para gastos operacionales y adquisición de libros. En 1967, su primera localización fue en el antiguo Convento de los Dominicos. La Biblioteca General se mantuvo allí mientras se restauraba el edificio que hasta finales de la década del 1950 ocupó la Destilería Bacardí. Este edificio, ubicado en la actual Avenida Constitución #500 (Puerta de Tierra, San Juan) tiene su propia historia. Su construcción comenzó en 1877 con la visión de crear un hospital civil. Al siguiente año, la idea de construir un hospital cambió a cárcel y a escuela de artes y oficios. No obstante, la primera opción fue la que prevaleció. En 1887 terminan las obras de construcción y al siguiente año se trasladan los primeros presos.

No es hasta luego de la ocupación estadounidense de la Isla, al finalizar la Guerra Hispanoamericana, que se considera el traslado de los presos a otra instalación mucho más adecuada para ello. El edificio queda en desuso por unos años hasta que en 1905 la adquiere la Porto Rican-American Tobacco & Company que convirtió las facilidades en una fábrica de cigarros. Con el pasar del tiempo, la fábrica también cerró hasta que en el periodo de 1936 a 1939 la Destilería Bacardí realizó los trámites correspondientes para adquirir y establecer sus operaciones allí. Casi veinte años después, en 1958, la destilería decide, por comodidad de espacio ante un crecimiento en el mercado exterior de su producto, mudarse a Cataño.

Esto movió a don Ricardo Alegría, director del Instituto de Cultura Puertorriqueña a adquirir las facilidades. Luego de adquiridas comenzó el proceso de restauración del edificio y en 1973 se trasladan el Archivo y la Biblioteca General de Puerto Rico a sus instalaciones.

Ya entrado el siglo XXI, la Biblioteca General comienza un proceso autoevolutivo, gestado por sus directivos, dirigido a dar el paso a convertirse en una Biblioteca Nacional con el carácter que esto implica. Es por ello, que su misión muy claramente establece que busca: “adquirir, preservar, asegurar, y difundir la bibliografía puertorriqueña escrita y publicada en el país o en el extranjero, por autores puertorriqueños o foráneos y sobre temas puertorriqueños”.

Actualmente, la Biblioteca Nacional tiene, según la página web del Instituto de Cultura Puertorriqueña, sobre 70,000 títulos y “cuenta con una Sala de Referencia y Estudio, una Sala de Literatura Infantil, la Sala Eugenio María de Hostos, un espacio para exhibiciones y un área de computadoras para acceso público. Entre las colecciones encontramos: Colección de Referencia, Colección Puertorriqueña, Colección General (temas extranjeros), Colección de Revistas y Periódicos, Colección de Libros Raros y Libros Raros de Puerto Rico y la Colección Juvenil. Además, la biblioteca mantiene varias colecciones especializadas: Colección Antiguo Casino, Colección Samuel R. Quiñones, Colección Van Deusen, Colección Filipo de Hostos, la Colección Dra. Concha Meléndez y la Colección Eugenio María de Hostos”.

La Biblioteca Nacional de Puerto Rico es un recurso de vital importancia para preservar nuestro acervo bibliográfico nacional que, a su vez, es un reflejo de nuestra cultural e idiosincrasia como país caribeño, cuya población se esparce más allá de sus fronteras geográficas. Es nuestro deber conservarlo y apoyarlo.   

Referencias:

“Archivo General de Puerto Rico y Biblioteca Nacional de Puerto Rico”. Puerta de Tierra – San Juan, consultado el 2 de octubre de 2023. http://www.puertadetierra.info/edificios/archivo/archivo.htm

Biblioteca Nacional de Puerto Rico. Instituto de Cultura Puertorriqueña. https://www.icp.pr.gov/bnpr/

Grupo Editorial EPRL. “Archivo General y Biblioteca Nacional de Puerto Rico”, revisión de Lizette Cabrera Salcedo. EnciclopediaPR, 8 de septiembre de 2014. https://enciclopediapr.org/content/archivo-general-biblioteca-nacional-puerto-rico/

Isabel, Rosana. “La Ley de la Biblioteca Nacional de Puerto Rico”. Puerto Rico Necesita Bibliotecas, 30 de julio de 2018. https://prprobiblioteca.org/2018/07/30/la-ley-de-la-biblioteca-nacional-de-puerto-rico/

Ley de la Biblioteca Nacional de Puerto Rico, Ley núm. 188 de 17 de agosto de 2003,18 L.P.R.A. sec. 1204b. https://www.lexjuris.com/lexlex/leyes2003/lexl2003188.htm

“Lo encontré en la Biblioteca Nacional de Puerto Rico”, Opúsculo de la Biblioteca Nacional de Puerto Rico. https://www.icp.pr.gov/wp-content/uploads/2020/06/brochure_bnpr_08-1.pdf

Matos Viera, María y Laurie Ann Ortiz Rivera. “La Biblioteca Nacional de Puerto Rico”. Acceso: Revista Puertorriqueña de Bibliotecología y Documentación, núm. 6, 2004, pp. 101-107. https://www.redalyc.org/pdf/256/25600608.pdf

Muñoz Solá, Haidée. Biblioteca Nacional de Puerto Rico. Boletín de la ANABAD, tomo 42, núm 3-4, pp. 403-419. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/224188.pdf

Nota editorial: Este artículo fue originalmente publicado en El Adoquín Times, el 12 de octubre de 2023. https://eladoquintimes.com/2023/10/12/de-biblioteca-general-a-biblioteca-nacional-resaltando-el-acervo-literario-nacional-puertorriqueno/?fbclid=IwAR1F0jIJ0vaSzMirvh6yfviJPsmjU0VIUvaSRB87Vd9Ux6PthJIxKToL8cM

sábado, 4 de noviembre de 2023

Anastasia

Anastasia
(cuento)
Charline P. Crespo Tomei

Mi Anastasia… tú no sabes todo lo que daría por oír tu voz, tus suspiros, sentir la palpitación de tu corazón y los besos de tu aliento rozar por mi cuello.  Solo con tenerte a mi lado, lo daría todo.  Es imposible olvidar esa línea, la cual tornabas en una simple curva para alegrar mis oscureceres.  Nunca podré olvidar esa primera noche, cuando entrabas en las tinieblas de los pasillos del calabozo, y conociendo que tu destino sería fatal, radiabas sin necesidad de una lámpara.  No te importaba tu final, cada paso lo dabas con dignidad, restaurando tu respeto con cualquiera que se encontrara en este maldito lugar.

Foto tomada en Freiburg (Alemania) por Charline P. Crespo Tomei

Esos ojos, ¡Oh, Dios! Color mar al sol del día.  Un mar que he de querer apreciar por tanto tiempo, tú, mi vida, me lo has regalado con aquellos preciados ojos.  Y esa voz tan dulce, nunca te hubiera negado nada.  Ordenaras lo que quisieras y caía ante ti cumpliendo tus anhelos.  En tan poco tiempo, te convertiste en un sueño para mí. 

Necesito volver a encontrarte… o al menos, volver a verte.  Si solo pudieras ayudarme una vez más, volver a llenar los espacios que existen entre mis dedos.  Romper las barreras de mi corazón y volver a llenarlo de luz. Si tan solo… pudiera verte. Acariciar tus cabellos, arrullar tu rostro, sentir esos labios cerezas… Me perdería en tu mirada para siempre y toda una vida no bastaría para demostrarte este ardiente amor que siento por ti… pero… pero… si tan solo…

Esta noche se destruye mi corazón en mil pedazos.  Cada pedazo con tu recuerdo… con tu memoria.  Arde de dolor, agonía, pensamientos, lamentos, todo lo más oscuro y profundo que jamás podrás imaginar.  Se me rompe el alma pensar que no podré decirte que eres lo que siempre soñé en la vida, mi amor inefable.

Aquí me hallo entre las sombras, pensando en lo que nunca fue y jamás será.  Tan poco tiempo junto a ti, sin embargo, un año lo transformaste en una eternidad.  ¿Qué será de ti mi amor? ¿Habrás escapado de aquellos guardias o… habrás muerto como las paredes han murmurado por meses? ¡No! Es inaceptable creer que ya no estés en nuestro mundo.  ¿Qué la vida sería sin ti? Nada.  Eres extraordinaria, fuerte, con un poder intachable y una voz firme con la cual tus palabras podrían cambiar el mundo.  Tus pasos siempre han sido de grandeza, ¡No puedes estar muerta!

Las cadenas acompañan en una canción al inmenso eco.  Tristes melodías junto a un terrible desenlace.  Sinfonías perdidas en el baile.  Y nubes grises cargadas en mis ojos, deciden ser libres al fin.  Los relámpagos y truenos de mi alma se detuvieron hace meses, sin embargo, todavía llueve en este pobre corazón.  Se podría caer el cielo hoy y no me importaría, lo he perdido todo… la he perdido a ella.

Me encuentro en el centro de los ojos del mundo.  El verdugo enlaza mi cuello y toma dirección hacia la palanca del cadalso.  Como siempre, inicia el sonido del tambor y un soldado comienza a inaugurar mi sentencia de muerte.  Mientras reclama mis razones para morir, yo estoy aquí de pie pensando en ti, mi vida.  Una ola inmensa de multitud admirará mi muerte.  No me arrepiento de haberte ayudado a escapar del calabozo, no me arrepiento de que el destino te haya puesto en mi camino, y no me arrepiento, y nunca me arrepentiré de haberte elegido mi compañera de vida.  Si he de morir hoy, será con dignidad.  Porque esto fue por tu libertad mi…

¡Anastasia! ¿Cómo es posible que te encuentre entre esa ola inmensa de multitud? ¡Me verás morir! No mi amor… No llores más por favor… No conviertas esos ojos color mar en un cielo gris.  Sé libre, vete de aquí… Si tan solo pudiera gritar todo esto… Así no te castigarías a ti misma por mi desvanecimiento de esta vida.  No es tu culpa…Nunca lo fue.  Esa sonrisa... ¡Oh mi vida! Gracias por regalarme una última sonrisa, ahora sé que esta muerte no será en vano.

Te amo, Anas… ta… cia…

lunes, 16 de octubre de 2023

Presentación de Inventario comentado de resistencia de los esclavos

Presentación de Inventario comentado de resistencia de los esclavos y de la lucha abolicionista en Puerto Rico, siglos 16 al 19
Lizette Cabrera Salcedo

En el contexto de la conmemoración del 150 aniversario de la abolición oficial de la esclavitud en Puerto Rico, y con el propósito de contribuir al desarrollo de más investigaciones sobre resistencia de la población africana esclavizada y su descendencia, presentamos este Inventario comentado.

Se consigue en Amazon o en Librería Laberinto, Viejo San Juan

A la luz de la consulta de diversas fuentes primarias y secundarias cubriendo los siglos 16 al 21, a continuación, se citan expresiones de insatisfacción, rebelión o formas de resistencia por parte de los hombres y mujeres esclavizados; y reacciones de las autoridades gubernamentales a favor del mantenimiento del régimen de trabajo esclavista. Como parte de ese proceso igualmente se incluyen apuntes sobre la búsqueda de emancipación y eliminación de la esclavitud, desde los pactos para combatir la trata negrera, por ejemplo el acuerdo entre España e Inglaterra (1817, para hacer vigente la prohibición del comercio a partir del 1820), hasta las legislaciones individuales en la política colonial para eliminar la práctica de esclavitud propiamente.[1] Hay que recordar que aunque se pactara para eliminar el comercio legal de esclavizados, por mucho tiempo se mantuvo el trabajo esclavizado apoyado por el comercio ilegal o contrabando de estas personas.

Desde la antigüedad una de las manifestaciones de la esclavización de humanos contra humanos, fue el resultado de la captura de prisioneros en conflictos bélicos. Muchos prisioneros se convirtieron en esclavos de la tribu victoriosa. Durante la época del imperio romano (27 a.C.- 476) por ejemplo, esclavizados (hombres y mujeres) de diversas etnias, formaron parte importante de la fuerza trabajadora.

De los siglos 15 hasta el 19 la captura de negros africanos para esclavizarlos dio base al sistema de producción esclavista que marcó la era de los descubrimientos de nuevos territorios ante los ojos atónitos de Europa.

Dos de los mitos más formulados por la ideología del reformismo colonial han sido, (1) que en Puerto Rico ha habido una “democracia socio-racial” y que el esclavismo más brutal se dio en otras colonias caribeñas (francesas e inglesas); y (2) que los esclavizados en Puerto Rico, supuestamente por ser mejor tratados adoptaron una conducta pasiva y dócil y la rebelión se dio en pocos casos y como incidentes aislados. Ambos enunciados están presentes, por ejemplo, en la obra de Luis M. Díaz Soler, Historia de la esclavitud negra en Puerto Rico. Se publicó en 1953, al tiempo que el Partido Popular Democrático (PPD) y su líder máximo político Luis Muñoz Marín inauguraban el Estado Libre Asociado en la reconceptualización de la relación colonial de Puerto Rico subordinado a Estados Unidos. Parte de la ideología de ese proceso fue la proyección de la “gran familia puertorriqueña”, como una entidad unida ajena a la conflictividad y la desigualdad. En las páginas siguientes, cada detalle histórico evidenciado rebate estos y otros mitos respecto a la esclavitud y el racismo en Puerto Rico.

La abolición formal de la esclavitud en Puerto Rico se efectuó el 22 de marzo de 1873. Pero el racismo se ha perpetuado en relaciones de desigualdad y discrimen por el color de la piel. La educación y lucha contra el racismo continúa. Estamos unidos y unidas en la afirmación de la afro-dignidad puertorriqueña. Deseamos que estos apuntes contribuyan a la concienciación y educación sobre el esclavismo en Puerto Rico, y a fomentar nuevas investigaciones y reflexiones más profundas sobre el pasado y presente de esta realidad social.



[1] El 25 de marzo de 1807 el parlamento del Reino Unido firmó "Un Acta para la Abolición del Comercio de Esclavos”. Con ese documento en mano, impulsó la eliminación de ese comercio firmando acuerdos con varias naciones. Con España acordaron la eliminación del comercio a partir del 1820. 

lunes, 25 de septiembre de 2023

Mujer puertorriqueña

MUJER PUERTORRIQUEÑA
Mildred Cardona Rivera

Mujer Boricua


Todas aquí vivimos,
y no hay una igual.
En esta isla de 100 x 35,
de bellezas sin igual.

Mujer de costa dorada,
color a arena y sal,
a brisa marina fresca
cuando mece el palmar.

Mujer de costa caribeña,
sabor a dulce melao,
de sabrosos y sensuales contoneos
que dejas a los hombres tumbaos.

Eres huracán de sensaciones
que arrasa por doquier,
pasiones y emociones
por tu cuerpo han de recorrer.

Hueles a dulce caña,
donde el viento mueve guajanas.
La zafra anuncia la extracción del azúcar
de tus dulces entrañas.

Mujer de campo y montaña,
belleza, dulzura y candor,
pureza que a nadie extraña
acompañada de alegría y esplendor.

Hueles a hierba mojada,
a rocío recién caído,
a frescor en la alborada
y a café recién molido.

Danza, bomba y plena
se notan en tu andar,
sin dejar el areyto
de tu ascendencia sin igual.

Cabellos de pura caoba,
caderas de Cordillera Central,
piernas de tentación que arroban
y boca de perdición virginal.

En tu pecho de suaves marullos,
se es fácil descansar,
y en tu mirada se pierde en la mía
cuando de tus labios sale un ave maría.

Haces de tu vida una misión,
de tus hijos una institución,
de tus convicciones una religión
y de los hombres una inspiración.

¡Eres canto borincano,
hermosa mujer puertorriqueña,
orgullo y jibarita de pura cepa
orgullo de esta tierra!