miércoles, 13 de marzo de 2019

Reseña a La revolución puertorriqueña de 1868


Moscoso, Francisco. La revolución puertorriqueña de 1868: el Grito de Lares. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2003.
Por Félix M. Cruz Jusino

El historiador Francisco Moscoso en su libro La Revolución Puertorriqueña de 1868: El Grito de Lares (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2003) trasciende los paradigmas tradicionales que durante 150 años nos han presentado un cuadro desolador y derrotista sobre la principal gesta libertaria del Puerto Rico decimonónico. Evalúa 100 títulos de la historiografía sobre el tema, donde se busca rescatar para la memoria nacional una gesta con características épicas que acentúa el sentido identitario. Los libros examinados no solo comprenden los de temas especializados, sino que incluyen los textos de historia general. Esta evaluación profusa le concede a su publicación un panorama exhaustivo que le permite identificar las verdaderas causas que llevaron a la revolución de 1868 y las consecuencias del hecho en la sociedad puertorriqueña.[1]

Entre la documentación investigada y analizada destacan fuentes primarias en el Archivo General de Puerto Rico y en el National Archives de Washington D.C. y fuentes secundarias como los libros de historia sobre el tema, biografías y memorias.[2] Cuando se escribió el cuaderno, Moscoso puntea que solo se habían publicado “dos libros ampliamente documentados sobre el tema”: José Pérez Moris, Historia de la Insurrección de Lares (1872) y el de Olga Jiménez de Wagenheim, El grito de Lares: Sus hombres y sus causas (1985). El miembro de la Academia de la Historia subraya por su trascendencia historiográfica los trabajos de Germán Delgado Pasapera (Puerto Rico: Sus luchas emancipadoras, 1984) y el de Lidio Cruz Monclova (Historia de Puerto Rico, Siglo XIX, Tomo I, 1958).[3]

Contrario a otros historiadores, Moscoso destaca la formación del concepto nacionalidad puertorriqueña como fundamento esencial para la consecución de los hechos de 1868. Enfatiza las repercusiones históricas del evento heroico, no la derrota de la revolución. Sostiene que el Grito de Lares hizo temblar al poder colonial español a pesar de sus esfuerzos para disimularlo.[4] El historiador inicia sus planteamientos a través de un viaje historiográfico sobre la evolución del concepto identidad puertorriqueña. Esboza su teoría desde el punto de vista de que el sentimiento identitario no es una característica innata, sino la expresión de una conciencia histórica y de identidad como nación.[5]

Destaca el historiador que en Puerto Rico el sentido identitario o la formación de la nacionalidad se manifiesta desde el siglo XVIII con la movilización de miles de tropas para rebatir la invasión inglesa o en las primeras jornadas libertadoras de 1809 a 1812. Moscoso afirma que la gesta de Lares no es una revuelta de hacendados con problemas económicos, sino el grito de una nación con identidad propia cuyos luchadores por la libertad procuraban dotar a la nación puertorriqueña, configurada desde tiempo atrás, con su estado independiente al igual que concluyeron los forjadores de la independencia de todos los países.[6]

El trabajo está dividido en catorce tópicos y una conclusión. Hace un recorrido por los aspectos más importantes de la historia del país para probar su tesis identitaria y el desarrollo del concepto de nación entre los puertorriqueños (capítulos 2 al 5). Evalúa los años anteriores al Grito (capítulo 6) y los sucesos políticos de mayor envergadura (capítulos 7 y 8) que llevaron a su realización. Moscoso detalla el proceso organizativo del Grito (capítulo 9), las asociaciones políticas secretas que orquestaron la acción revolucionaria y su lideresa (capítulo 10) y los hechos que llevaron a precipitar el evento armado (capítulo 11). Moscoso describe vívidamente la actividad militar, la toma de Lares y la Batalla del Pepino (capítulos 12 y 13). El autor analiza las razones para la derrota y evalúa cuidadosamente los interrogatorios realizados por las autoridades coloniales españolas, planteando que el temor al castigo obligó a muchos a ocultar su participación en el evento (capítulo 14). Destaca lo importante que han sido la lucha obrera[7], la cultura y la literatura[8] en la formación de la conciencia nacional. Explora también las críticas y la rebeldía oculta detrás del trabajo de los literatos del siglo XIX.

El historiador mayagüezano escribe con palabras llanas, define tópicos que puedan ser confusos y no hace uso de notas al calce que pudieran distraer la atención del lector del trabajo expuesto. Reconoce la aportación de otros historiadores y expone planteamientos contradictorios con gran respeto hacia sus predecesores. Desde la cita introductoria en el reverso de la portada del cuaderno, tomada del Informe al Poder Ejecutivo del 4 de julio de 1869 del general José Laureano Sanz, hasta la última cuartilla, Moscoso esboza sus ideales independentistas y reafirma la capacidad de Puerto Rico de proclamarse como una nación libre y soberana.[9]

El cuaderno es importante para la historiografía puertorriqueña por su evaluación de las investigaciones anteriores y la exposición de la manipulación continua de la información histórica por el oficialismo en beneficio de las metrópolis, primero española y luego estadounidense. Revoca con pruebas la categorización como extranjeros que hicieron José Pérez Moris, Lydio Cruz Monclova y Olga Jiménez de los líderes principales del Grito: Manuel Rojas y Matías Brugman.[10] Descuella la relación existente entre ambos líderes con el país: Rojas era hijo del puertorriqueño José María Rojas, quien lucho junto a Simón Bolívar, y Brugman, hijo de un curazaleño nacido en el Nuevo Orleans francés con fuertes vínculos con Puerto Rico.[11]

El profesor universitario no solo nos presenta el desarrollo identitario y cultural del país, también nos proyecta la situación económica y política de la colonia desde sus principios hasta el Grito de Lares en 1868. Haciendo uso de información detallada y tablas, el historiador permite al lector evaluar por sí mismo la realidad de Puerto Rico. El historiador constantemente está comparando su data con las de anteriores. Liberado del concepto de que la revolución fue una de hacendados, Moscoso enriquece su trabajo con tablas de datos que enfatizan la diversidad racial de la Isla y la pluralidad socioeconómica y racial de los participantes del Grito.[12]

La justicia socioeconómica y política son dos temas que el historiador pondera en su trabajo investigativo. Resume las expectativas para la formación de una mejor sociedad que tuvieron los comisionados liberales en la tabla de la página 36. La tabla constata las soluciones a las problemáticas que enfrentaba la colonia desde el punto de vista de los colonos progresistas del siglo decimonónico.

Moscoso nos lleva en un recorrido panorámico sucinto a través de la historia nacional para catapultarnos en el momento histórico de la revolución de 1868. No deja detalle fuera que sea preponderante para internalizar el sentido identitario puertorriqueño y sus ansias por autogobernarse. No queda duda alguna de que la hipótesis de Moscoso establece que la revolución armada de Lares fue una decisión para terminar con el colonialismo[13] imperialista similar a la acaecida en otros estados, que impotentes ante la negativa de sus metrópolis de ofrecer libertades se ven obligados a recurrir a las armas.[14] Moscoso sustenta su hipótesis aludiendo a las causas económicas, políticas y sociales que otros investigadores han planteado como causales de la revolución, las analiza para concluir que indudablemente, tienen su peso (unos más, otros menos) y pueden ser razón suficiente para mover a unos a actuar concretamente. Pero no a toda una sociedad.[15]

De acuerdo a Moscoso, las causales esbozadas por otros investigadores son: el endeudamiento con prestamistas y comerciantes españoles; los agobiantes impuestos municipales, estatales, eclesiásticos y comerciales; los jornales bajos y los comestibles caros; los altos costos de transportación; la concentración de la tierra cultivada en productos comerciales (azúcar, café, tabaco) a despecho de los frutos menores y las consecuentes desnutriciones y hambrunas padecidas por la mayoría del pueblo; las hipotecas, embargos y ruinas de muchos terratenientes y pulperos, los sentimientos nacionalistas innatos, la exclusión de los puertorriqueños de puestos de gobierno en gastos militares…[16]

Moscoso insiste en que no se deben confundir móviles o detonadores inmediatos con las contradicciones estructurales de las relaciones económicas sociales, políticas e ideológicas que subyacen y rigen el conjunto de los problemas expuestos.[17] Para el historiador estas razones son calificadas como simplistas.[18] Proyectando en el tiempo el momento del Grito con el de su investigación, Moscoso estable una símil moderna aludiendo que si las razones del Grito fueran económicas, el pueblo de hoy tendría sobradas razones para un levantamiento.[19] Moscoso concluye que la situación económica de Puerto Rico era parte de un problema mayor, que sin la voluntad de acción de la gente no hubiesen llevado a la revuelta armada. [20]

El reconocido investigador histórico sobre temas del siglo XVI fustiga con mucho profesionalismo las posturas de sus colegas que han menoscabado la gesta heroica del Grito al calificarlo como una acción de desesperados e impaciente.[21] Moscoso puntualiza que son aseveraciones y deducciones como esa las esgrimidas por las metrópolis para criminalizar y proyectar al independentismo como aberración.[22] Los historiadores del siglo XX se hicieron cómplices de la postura postulada por los trabajos por encargo del oficialismo que esperaba el momento idóneo en España para implementar reformas y mantener la unión permanente.[23] En 1867, recalca el historiador, el Dr. Ramón Emeterio Betances y José Julián Acosta no debatían sobre la puertorriqueñidad, sino sobre la futilidad y limitaciones de la vía reformista para atender plenamente la liberación puertorriqueña.[24] Es por esta razón que el autor enfatiza la diversidad representativa del pueblo puertorriqueño que integró el movimiento armado de Lares. Moscoso condena de forma solapada a los que han querido encajonar la revolución de 1868 como un movimiento de hacendados endeudados. Para Moscoso, Puerto Rico era ya en 1868 una nación con caracteres y costumbres forjadas a lo largo de tres siglos, con sus proyectos y clamores de cambio y desarrollo en todos los niveles desde el siglo 18.[25]

Moscoso rechaza el personalismo del que han querido acusar a los gestores del Grito, el Dr. Ramón Emeterio Betances y el licenciado Segundo Ruiz Belvis. Con pruebas fehacientes Moscoso afirma que las intenciones de ambos líderes al organizar el Grito no eran antagónicas ni personales, sino que su rol fue el de ofrecer liderato y dar ejemplo para la obtención de la liberación de la Patria de la opresión y privación de las libertades de todos los puertorriqueños.[26]

El historiador hace un llamado a una reevaluación de la historia. Indica que no es posible continuar repitiendo predicas oficialistas basadas en interpretación subjetivas amañadas para mantener vigente el colonialismo. El Grito de Lares es un evento que marcó la historia nacional y reafirmó la puertorriqueñidad, es por lo tanto imperante conocer los antecedentes del origen y surgimiento histórico de la nacionalidad puertorriqueña: en la historia está el ser, en toda su complejidad.[27]

El trabajo historiográfico de Moscoso trasciende el propósito de investigar el Grito de Lares para constituirse en un análisis sobre la conformación de la nacionalidad y los intentos del oficialismo por suprimir la verdad histórica de la Patria. El cuaderno es un reto al oficialismo, a sus historiadores y su sistema educativo que preserva inexactitudes para no ofender al imperio de turno. El mensaje de Moscoso es claro, Puerto Rico no es un país dependiente, dócil y humillado. Boriquén es un grito libertario enjaulado por intereses políticos y económicos determinados por una plutocracia. Puerto Rico es una nación heroica, resistente y orgullosa de sus gestas y sus grandes hombres y mujeres. La verdadera historia del país está siendo reescrita por puertorriqueños, libres de ataduras oficialistas.

La revolución puertorriqueña de 1868: el Grito de Lares fortalece el sentido identitario y asienta la pertenencia a la Patria. El Archipiélago Borincano y los puertorriqueños se recrecen ante los ojos del lector. Moscoso rescata a los héroes de la gesta del Grito de Lares para constituir la gran epopeya de la nación puertorriqueña.


[1] Francisco Moscoso, La revolución puertorriqueña de 1868: el Grito de Lares (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2003), 8.
[2] Ibíd., 76-78.
[3] Ibíd., 8, 73.
[4] Ibíd., 70.
[5] Ibíd., 8.
[6] Ibíd., 6.
[7] Ibíd., 29.
[8] Ibíd., 30-31.
[9] Ibíd., 75.
[10] Ibíd., 73.
[11] Ibíd., 73.
[12] Ibíd., 33, 34, 69, 70.
[13] Ibíd., 5.
[14] Ibíd., 5.
[15] Ibíd., 6.
[16] Ibíd.
[17] Ibíd.
[18] Ibíd.
[19] Ibíd.
[20] Ibíd.
[21] Ibíd.
[22] Ibíd., 7.
[23] Ibíd.
[24] Ibíd.
[25] Ibíd.
[26] Ibíd., 8.
[27] Ibíd.

viernes, 1 de marzo de 2019

La especialidad de la casa (introducción al libro A la mesa del tirano)


LA ESPECIALIDAD DE LA CASA
Milagros Santiago Hernández

La literatura se alimenta de la experiencia del mundo.
Antonio Muñoz Molina

Para adquirir en amazon
El cuchillo se desliza grácilmente sobre la carne tierna a media cocción al compás del suave balanceo pélvico del chef más “trendy” de Instagram.  El recién estrenado tirano, a su vez, fuma con fruición y exhibe, sobrepuesta sobre su vientre, una camiseta con la imagen del excéntrico cocinero realizando su icónico acto de prestidigitación de sal. En el ínterin, al otro lado del mundo, continúa el éxodo de miles de personas para quienes comer es asunto de supervivencia y no un espectáculo mediático.

Esta escena, absurda por demás, forma parte de nuestra reciente realidad latinoamericana. Los personajes en cuestión son el cocinero turco Nusret Gökçe, mejor conocido en las redes sociales como Salt Bae, rey de la carne, y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Mientras tanto, los ciudadanos venezolanos, echando mano al humor acerbo, denominan al hambre que los acucia «la dieta de Maduro».

Dicotomías sociopolíticas como esta, independientemente de quién las haya cocinado, han dado paso a la novela de la dictadura, género que ocupa un lugar importante dentro del canon literario de Hispanoamérica. En esta, se hace una reinterpretación y reconstrucción, tanto de la figura del tirano —de cuya enigmática personalidad se han nutrido las letras hispanoamericanas desde mediados del siglo XIX— como de las luchas de poder dentro y fuera de los sistemas políticos totalitarios. Para tales efectos, se sirve de las referencias gastronómicas, no solo como mero recurso descriptivo o antropológico, sino como metáfora, alegoría y metonimia del autoritarismo.

En las novelas de la dictadura que son el objeto principal de este estudio La carne de René (1952) de Virgilio Piñera; Yo el Supremo (1974) de Augusto Roa Bastos, y El otoño del patriarca (1975) de Gabriel García Márquez, las referencias a la gastronomía son considerables. Estas constituyen, su gran mayoría, metáforas de la prepotencia política, aparte de jugar un papel fundamental en la construcción y deconstrucción, no solo del poder dictatorial, sino del texto en sí.

La creación de los personajes, a su vez, está cimentada básicamente en el uso de referentes gastronómicos. De esta forma, lo que comen o dejan de comer, el modo y la frecuencia con que se ingieren los alimentos, los cambios en los hábitos alimentarios y de sobremesa, así como la imposición de dichas prácticas de unos sobre otros, determinan muchas veces la evolución de los actantes y los giros de la trama. Estos aspectos, además, son fundamentales en la construcción del discurso político, aparte de estar vinculados a la violencia y a la trascendentalidad mítica del dictador. En resumen, la presencia del recurso gastronómico es un aspecto que no debe pasar inadvertido a la hora de analizar el alcance del tema de la dictadura en la literatura hispanoamericana.

En La carne de René, por ejemplo, la mención del tema gastronómico a nivel ensayístico es abundante. Sin embargo, su vinculación con la opresión política no es tan evidente. En la mayoría de los casos, el estudio de la cuestión contempla asuntos como el homoerotismo, el asedio del cuerpo, el masoquismo, la abyección, la carnavalización y la novela de aprendizaje, a pesar de que dichos aspectos están enclavados dentro de una dictadura subliminal y omnipresente. Por tanto, en el siguiente análisis, estos y otros ángulos son escudriñados como una alegorización o enmascaramiento de la dictadura mediante el uso de la metáfora gastronómica.

Roa Bastos, por su parte, presenta toda una deconstrucción del poder dictatorial y de las instituciones que lo representan mediante la elaboración de un texto que se devora a sí mismo. Recurre, además, a un sinnúmero de metáforas gastronómicas para plantear la magnitud del poder omnímodo del dictador, especialmente desde el aspecto mitológico. A pesar de ello, el examen del poder de la dictadura en Yo el Supremo se basa mayormente en el ciclo del héroe, la intertextualidad, el palimpsesto y el análisis del discurso desde la escritura y la oralidad, haciendo énfasis, principalmente, en los aspectos lingüísticos y la deconstrucción del mismo. De igual manera, abundan estudios acerca de la temporalidad, la veracidad y la (de)construcción de la historia oficial.

La mayoría de los trabajos consultados, a su vez, abordan los aspectos retóricos vinculados al poder desde el análisis neurolingüístico. Por consiguiente, intento demostrar que la historicidad, el poder de las instituciones del estado, las relaciones políticas, la caracterización de los personajes, y hasta el mismo proceso escritural, están representados en términos gastronómicos.

En El otoño del patriarca, por ejemplo, se han trabajado ampliamente los aspectos lingüísticos, narratológicos y temáticos, privando en estos acercamientos los asuntos de índole patriarcal, mitológica, histórica, carnavalesca, temporal, religiosa, sexual, escritural y discursiva. También son comunes los análisis cuyos enfoques se centran en el manejo de lo grotesco, la construcción y la decadencia del poder. El propósito de esta investigación, no obstante, es analizar, desde una perspectiva gastrocrítica [1], dichas oscilaciones dictatoriales.

El primer capítulo, «Dictaduras en su tinta», sirve de plato de entrada para explorar la presencia y consistencia del tema gastronómico como metáfora y alegoría del poder en varias novelas hispanoamericanas de la dictadura. El mismo abarca, a modo de muestrario, un periodo que comprende desde la publicación de «El matadero» (1871) de Esteban Echeverría hasta La nada cotidiana (1995) de Zoé Valdés.

«Ingredientes para cocinar una dictadura», por su parte, trata la construcción y deconstrucción de las instituciones de poder  en las tres obras medulares de este trabajo. Se analizan, primordialmente, el papel de la milicia y la iglesia, dos componentes básicos de la receta de la autoridad política, la causa revolucionaria, el sistema panóptico como método represivo, las relaciones internacionales y, como es natural, la figura del dictador como representante del poder organizado.

El capítulo tercero, «Gastronomía y patriarcado», analiza el tema de la mitología y los símbolos religiosos que se presentan en las alusiones gastronómicas de los tres textos estudiados. Además, expone el modelo de la estancia como alegoría del sistema dictatorial en El otoño del patriarca, así como el uso de la metáfora gastronómica para plantear el esquema del poder eclesiástico y su desacralización.

El cuarto capítulo, «Con la sartén por el mango», corresponde a la utilización del elemento culinario como arma por parte de las mujeres del patriarca para transformar la personalidad del tirano y su estilo de gobierno. De igual modo, se exponen los relevos de poder entre estas y el dictador, así como el proceso de construcción del personaje patriarcal a partir de sus hábitos alimentarios y escatológicos, ambos vinculados a su sexualidad.

Por último, el capítulo «Banquete carroñero» aborda los asuntos de la escatología, antropofagia y autofagia, no solo como manifestación de la atrocidad, decadencia y degradación del poder dictatorial, sino también como mecanismo cíclico y regenerador de las dictaduras y de la consolidación mítica del dictador.

¡Pasemos a manteles!



[1] En su libro Devorando a lo cubano-una aproximación gastrocrítica a textos relacionados con el siglo XIX y el Período Especial (2012), la Dra. Rita de Maeseneer explica que la palabra gastrocrítica fue acuñada por el estudioso de literatura francesa Ronald Tobin en 1990 y se refiere a los distintos significados que tienen en una obra literaria las referencias del comer y del beber. A principio del texto, Maeseneer hace una síntesis abarcadora en la que ofrece una cronología del término desde su etimología hasta los distintos estudios realizados sobre el particular (Maeseneer 17-27).

lunes, 11 de febrero de 2019

Prólogo a Villalba: Historia social y económica en tiempos de crisis, 1930-1940


Prólogo a Villalba: Historia social y económica en tiempos de crisis, 1930-1940 de Francisco A. Pérez Vargas
Pablo L. Crespo Vargas

Para ordenar por amazon
En los últimos años hemos visto un aumento en el interés por investigaciones relacionada a la historia de los municipios de nuestra Isla (Puerto Rico). El mismo se enmarca, mayormente, en la llamada microhistoria y es reflejo de un resurgir de inquietudes e intereses que llevan a los historiadores e investigadores de los temas locales a describir y analizar la historia de lugares que dentro de la visión nacional podrían pasar desapercibidos o vistos como fuentes de estudio que no necesariamente levanten curiosidad al público general.

Muy alejado de este parecer, la mayoría de las personas buscan conocer su pasado, y no solamente el relacionado con su destino nacional, sino que es de interés aprender y comprender las historias locales tanto en los aspectos sociales como económicos y su interacción con la situación política de cada momento. Así mismo se estudian las historias familiares, de los barrios, sectores, la genealogía, entre otros.

La historia tiene muchos fines, uno de ellos es entender nuestro paso como pueblo y la microhistoria nos lleva a visualizar la cotidianidad del pasado y nos ayuda a analizar nuestro recorrer desde una posición mucho más cercana a lo que somos.

Villalba: Historia social y económica en tiempos de crisis, 1930-1940 del doctor Francisco A. Pérez Vargas, nos presenta la cotidianidad vivida en el Municipio de Villalba durante la década de 1930. La obra, que es una versión editada de su disertación en el Centro de Estudios de Puerto Rico y el Caribe, está dividida en tres apartados principales, que discutiremos más adelante, y subdivididas en diversos temas que van dirigidos a proyectar una visión clara de cómo los villalbeños vivieron esta época. Como complemento muy bien trabajado, el autor nos da la oportunidad de conocer, estadísticamente hablando, la situación social y económica del municipio por medio de 63 tablas, de las cuales 32 están integradas al texto y 31 son parte de los apéndices.

El primer apartado de la obra es un trasfondo histórico de Villalba. En él, se hace una síntesis de la historia del municipio y se analiza la situación de la infraestructura, la economía y la sociedad de Villalba hasta 1935. El segundo apartado nos presenta el panorama social y económico ya en ese mismo año. En el último apartado se detalla la reacción de los villalbeños a los efectos de la Gran Depresión, que incluye cambios en la economía local, entre ellos los inicios del proceso de industrialización y la utilización de los recursos y programas disponibles, desarrollados por el gobierno, para el mejoramiento de la economía.

Algunos de los aspectos que el autor enfatiza y que consideramos de gran importancia son el desarrollo de la educación en la zona y el papel que tuvo la mujer en el proceso económico de Villalba.

Sobre la educación nos parece sumamente interesante analizar cómo un grupo de ciudadanos se opuso, en enero de 1930, al uso de partidas presupuestarias destinadas a las escuelas y hasta solicitaron el cierre de algunas ya que las consideraban innecesarias y un gasto excesivo que no contribuía nada al mejoramiento de la economía. Contrario a estas aseveraciones, los maestros justificaron y relacionaron los gastos educativos con el desarrollo económico tan necesario en ese momento. En todo caso, la visión de estos ciudadanos no era parte de la estrategia desarrollada por el gobierno para poder estabilizar la economía local.

En cuanto al rol de la mujer, el doctor Pérez Vargas no pierde tiempo al señalar las diversas aportaciones que estas realizaron y de nombrar a las que de una manera u otra terminaron llevando las riendas de sus hogares, fincas o negocios como parte de ese proceso necesario para poder levantar la economía de Villalba. La mujer, aunque marginada, siempre estuvo presente y su desempeño en una gran diversidad de tareas, empleos y actividades fue de vital importancia, aspecto que nuestro autor no deja pasar. Un punto que nos lleva a reflexionar sobre el texto son las comparativas que se presentan sobre la desigualdad de género, especialmente en el trabajo. Por ejemplo, mientras que a un hombre en la industria del tabaco se le pagaba $1.40 por semana, a una mujer, en su misma tarea, recibía $0.97, esto creando una diferencia de 30.7%. Peor aún, si el trabajo eran labores de oficina, el sueldo semanal de un hombre era de $20.04 mientras que una mujer solo recibía $12.79 para una diferencia de 36.2%.

En definitiva, debemos indicar que esta obra debe servir de ejemplo para que otros estudiosos de la historia vean que los aspectos regionales (y en este caso municipales) son base fundamental de la evolución de un pueblo. No hay hechos ni hazañas que deban quedarse al olvido porque cada una de ellas es muestra de nuestro caminar. Recomendamos que se continúen las investigaciones de esta índole y que se siga promocionando el estudio de nuestra historia para fomentar ciudadanos orgullosos de sus orígenes y dispuestos a forjar un mejor futuro.

viernes, 1 de febrero de 2019

Reseña a Josep Fontana Lázaro: ¿Qué historia enseñar?


Reseña a Josep Fontana Lázaro, “¿Qué historia enseñar?”, en “La enseñanza de la historia en España hoy”, Clío y Asociados, no. 7 (2003): 15-26.
Félix M. Cruz Jusino

Portada del libro Lófici d'historiador
“¿Qué historia enseñar?”, es un ensayo publicado por el historiador Josep Fontana Lázaro en la Revista Clío y Asociados como parte de una edición dedicada a la enseñanza contemporánea en España (Núm. 7, 2003). Los planteamientos esbozados por Fontana Lázaro en el ensayo serían luego integrados en el libro El siglo de la revolución: una historia del mundo desde 1914 (Editorial Crítica, 2017). Fontana Lázaro revolucionó la visión tradicional sobre qué se investiga, cómo se escribe y cómo se enseña la historia. El historiador redefinió el concepto historia para proponer para el siglo XXI una materia capaz de integrar y armonizar todas las voces de la sociedad. Expuso que la historia no debe ser desmembrada en especialidades, sino constituida como un todo donde cada área de estudio sea parte de un relato central. La funcionalidad de la historia debe ser crear conciencia crítica del pasado para comprender mejor la actualidad. En términos educativos, el objetivo fundamental de la historia es contribuir con elementos que consientan la comprensión de los mecanismos sociales que engendran desigualdad y pobreza, estimular la denuncia de los prejuicios que descalabran las comunidades y potenciar el enfrentamiento con aquellos que colaboran con la destrucción de la humanidad. Es una historia sin modelos acabados, ni libros de textos. Es una historia basada en la diversidad, basada en los testimonios de vida, no en teorías.

El ensayo analiza la evolución de la metodología histórica durante el siglo XX. Exterioriza que la historia económica y social fracasó debido a que sus metodologías fueron convertidas en un “recetario mecánico” basado en teorías memorizadas que terminaron explicando el pasado sin necesidad de investigar en los archivos. El desencanto con la historia económica y social vino acompañado con el rechazo a la política, sumiendo a la humanidad en la desconfianza. Los historiadores dejaron de preocuparse por los grandes problemas de la sociedad, se retiraron del compromiso cívico para enclaustrarse en la academia y escribir solo para sus pares.

La desilusión con la metodología antigua abrió paso a la formación de nuevas escuelas, que, desde el punto de vista de Fontana, no pasan de ser sectas que intentan devolverle la seguridad y la certeza a la historia. Estas nuevas escuelas se enfocan en lo concreto y ponen su atención mayoritariamente en los aspectos culturales. Entre estas escuelas, señala entre otras, el estudio de las mentalidades, la microhistoria, el posmodernismo y el poscolonialismo. El historiador no menosprecia las escuelas porque tienen parte de la verdad, pero ninguna es en su totalidad suficiente sino integra la experiencia laboral, la subsistencia y la vida en general.
Plantea Fontana que es la naturaleza del problema de estudio lo que debe determinar la metodología a utilizarse para investigarlo. Es el problema el que dicta el método, no lo contrario. La adopción de una escuela y de su metodología puede redundar en ópticas sectoriales que ofrecen una visión incompleta de la realidad. El fin del trabajo investigativo debe ser una aportación al mejoramiento del ciudadano común.

Todo ser humanos debe conocer su historia para construir su sentido identitario, pero como los historiadores les han fallado, han sido instruidos por políticos y gente de los medios de comunicación. La manipulación de la historia por el poder ha sido el responsable de genocidios y guerras durante el siglo XX. El historiador debe romper con la historia lineal y estadista para integrar la visión de los otros miembros de la sociedad, hombres y mujeres comunes alejados del poder. No es una historia desde los de abajo, sino una que integre a todos. El historiador debe rescatar la memoria colectiva para que pueda enseñar a pensar, a dudar, a cuestionar. Los historiadores tienen el deber moral de encontrar las razones para los fracasos del siglo XX para evitar que se remeden en el futuro.

Leer a Fontana Lázaro es fascinante. Las palabras, las imágenes y los conceptos fluyen rítmicamente facilitando la comprensión del lector. El estilo de redacción de Fontana es sencillo, rotundo y hermoso. Fontana, poseedor de un vocabulario eminente, escribe para todos. Demuestra pleno conocimiento del tema y hace uso de citas de otros historiadores para validar sus planteamientos. Utiliza el materialismo histórico como metodología principal para su trabajo, pero insiste en que el historiador debe utilizar tantos métodos como el problema lo amerite.[1]

Fontana Lázaro (1931-2018), quién nació, vivió y murió en Barcelona, está considerado como uno de los principales renovadores de la historiografía española en el siglo XX. Lázaro fue discípulo de Jaume Vicens Vives, Ferrán Soldevila y Pierre Vilar, a los que acredita como forjadores de su pensamiento filosófico. Estudió filosofía y letras en la Universidad de Barcelona. Obtuvo su licenciatura (Bachillerato) en 1956 y su grado doctoral en 1970. El historiador se especializó en el siglo decimonónico español. Desde muy joven se proclamó marxista.

Fontana Lázaro investigó exhaustivamente las tendencias económicas y la contemporaneidad de la Europa veinteava desde su perspectiva marxista y su oposición a la dictadura franquista. Transformó los paradigmas historiográficos establecidos por sus predecesores y estableció una historiografía explicativa sobre los orígenes y senderos que condujeron a Europa hacia las complejidades socioeconómicas de la actualidad.

“¿Qué historia enseñar?”, debes ser lectura obligatoria para todos, pero especialmente para los historiadores y los maestros de estudios sociales e historia. Es tiempo de sacudir la zona de confort en que muchos historiadores e historiógrafos se han refugiado para no llevar a cabo su trabajo. En eso comparto la visión de Fontana Lázaro, los historiadores nos hemos enajenado de la realidad social para enclaustrarnos en la academia. Nos valemos de la metodología como excusa para no hacer trabajos investigativos. Ejemplo de lo último fue el caso del huracán María. Escuché a un reconocido historiador decir que no se podía historiar el paso del huracán porque carecía de metodología. ¿Cómo no se va a historiar un evento que impactó y transformó la vida del país?

Por otro lado, he escuchado a historiadores negarse a investigar el siglo XX porque es demasiado reciente y se pueden herir susceptibilidades. ¿No es acaso la tarea del historiador investigar para desenmarañar la verdad detrás de los hechos? ¿Desde cuándo el historiador debe preocuparse por las emociones?

Los historiadores tienen un deber social que cumplir, construir la memoria, fomentar el sentido identitario individual y colectivo, y enseñar a pensar para dudar, cuestionar, investigar y descubrir. Fontana Lázaro estaba claro al retar al historiador a volver a la base. Heródoto, padre de la historia, investigó para crear una memoria no solo para los griegos, sino para toda la civilización occidental. Le hemos fallado. Es hora de rescatar la función del historiador, investigar los temas que le preocupan a los ciudadanos, fomentar el pensamiento crítico y construir una historia holística e integrada.



[1] Fontana Lázaro, Josep, “¿Qué historia enseñar?”, en “La enseñanza de la historia en España hoy”, Clío y Asociados, no. 7 (2003), 16.

martes, 22 de enero de 2019

Los trece libros más solicitados de Akelarre en el 2018

Los trece libros más solicitados de Akelarre en el 2018 y algo más
Editorial Akelarre / Akelarre Historia y Ficción

Las trece obras más solicitadas:

1. Historia de los ciclones y huracanes tropicales en Puerto Rico de Luis Caldera Ortiz (2017)- Ensayo histórico, 194 págs. con ilustraciones, mapas y tablas.

2. Alcanza el amor pleno: intimidad, pasión y compromiso de Noel Colón González (2018)- Antología de cuentos, poesía y pensamientos, 156 págs. con ilustraciones.

3. El Tallit escondido: la presencia sefardita en Puerto Rico de Ana Alicea Rivera (2017)- Ensayo histórico sobre judíos en la Isla, 186 págs. con ilustracciones.

4. La sangre de las serranías de Heriberto Velázquez Figueroa (2017)- Novela épica del periodo de la conquista, 236 págs.

5. Transmoralidad: la ética de nuestros días de Nancy Rosado Camacho (2017)- Ensayo sobre ética y moralidad, 208 págs. con diagramas e ilustraciones.

6. Las negociaciones del arte de curar: los orígenes de la regulación de las prácticas sanitarias en Puerto Rico (1816-1846) de César Augusto Salcedo Chirinos (2016)- Ensayo sobre la historia de la medicina en la Isla, 244 págs.

7. La mujer dominicana en Puerto-Rico: su integración al campo profesional (1961-1975) de Santa A. Pérez Nivar (2017)- Ensayo histórico, 160 págs. con ilustracciones. 

8. Historia de los terremotos en Puerto Rico de Luis Caldera Ortiz (2016)- Ensayo histórico, 132 págs. con ilustraciones.

9. Rafael Martínez Nadal: el nacionalismo de un estadista de Melvin Rosario Crespo (2017)- Ensayo histórico, biográfico, 216 págs.

10. Crisis en Puerto Rico durante la gobernación del mariscal Toribio Montes: un reflejo de la política española entre el periodo de los siglos XVIII y XIX de Mildred Cardona Rivera (2017)- Ensayo histórico, 250 págs. con ilustraciones y un mapa con los municipios en 1807.

11. La Inquisición española y las supersticiones en el Caribe hispano, 1610-1632 de Pablo L. Crespo Vargas (2018)- Ensayo histórico, 232 págs. con ilustraciones.

12. Voces libertarias: los orígenes del anarquismo en Puerto Rico de Jorell A. Meléndez Badillo (2015)- Ensayo histórico, 220 págs.

13. Sacralidad, ideología y estética de Reynaldo Padilla Teruel (2017)- Ensayo que analiza el film "Santero", que fue producido por la DIVEDCO, 132 págs. con ilustraciones.


Otras publicaciones del 2018 que recomendamos: 

1. Inquisición e imaginario, vol 1, inquisición, antijudaísmo, demonología y misoginia de Pablo L. Crespo Vargas, Albeyra L. Rodríguez Pérez y Joan M. Ferrer Rodríguez (dic. 2018)- Cinco ensayos historiográficos sobre los temas, 183 págs. con ilustraciones.

2. Discurso nacional del clero durante la revolución colombiana, 1810-1825 de Brenda Lee Cintrón Torres (dic. 2018)- Ensayo histórico, 231 págs. con ilustraciones.

3. La novela de Vibia P de Milagros Alameda-Irizarry (jun 2018)- Cuentos, 144 págs. con ilustraciones.

4.  Perspectivas Quisqueyanas: crónicas de un viaje educativo-cultural a la República Dominicana de Félix M. Cruz Jusino (marzo 2018)- Ensayos y crónica, 134 págs.

5. Mario F. Pagán Irizarry: la lucha por lograr la modernización de la educación en Lajas, 1954-1966 de Félix M. Cruz Jusino (marzo 2018)- Ensayo histórico y biográfico, 138 págs. con ilustraciones.




miércoles, 9 de enero de 2019

Ebenecer López Ruyol: Integrando el obrerismo y la lucha contra el racismo para forjar la reafirmación de la identidad afropuertorriqueña


Ebenecer López Ruyol: Integrando el obrerismo y la lucha contra el racismo para forjar la reafirmación de la identidad afropuertorriqueña
Félix M. Cruz Jusino

Para adquirir por amazon
Introducción
Ebenecer López Ruyol es uno de los pocos historiadores que entrelaza la historiografía del movimiento obrero con la lucha por la equidad racial, el sentido identitario y el fortalecimiento de la identidad afropuertorriqueña. Además, identifica las raíces afronegristas de la cultura nacional como vía para reintegrar a Puerto Rico en el contexto regional caribeño, nexo que fue cercenado por los Estados Unidos en el siglo XX.[1]

La historiografía de López Ruyol no es muy conocida. Esto se debe principalmente a que la figura del historiador está más asociada a las luchas obreras y a la defensa de la igualdad racial. Empero, el momento histórico por el cuál atraviesa el país, marcado por el rechazo al sindicalismo y por políticas federales que incrementan el discrimen racial, hacen necesario evaluar sus trabajos y rescatar sus contribuciones en las áreas laborales y de los derechos civiles.

Cabe destacar que las luchas obreras, las aportaciones de los afrodescendientes al obrerismo, el discrimen y la búsqueda de la igualdad racial y la microhistoria de los afroboricuas son temas poco abordados por la historiografía puertorriqueña. La mayoría de los tratados sobre estas temáticas han sido producidos por líderes obreros y sociólogos. Sin embargo, según nos adentramos en el siglo XXI se hace prioritario investigar, evaluar y analizar estos tópicos debido a la importancia trascendental que han tenido en la formación de la sociedad puertorriqueña en el siglo pasado.

La definición de la sociedad actual está marcada por un resurgimiento de la búsqueda identitaria en las raíces afrocaribeñas y el rechazo a los movimientos obreros. Las escuelas de bomba proliferan en los municipios, los ritmos de reguetón que se fundamentan en la sensualidad de los bailes negros, la representación de la negritud en las artes, la interpretación de lo negro como antítesis de la represión imperialista, el resurgimiento de modas asociadas a la negritud, el renacer de las luchas antidiscriminatorias y la inserción de Puerto Rico dentro de la historia y la cultura caribeña son algunos de los elementos que indican la importancia de la negritud para las generaciones actuales. Los últimos dos años también hemos visto el desgaste del sindicalismo que es atacado aún por los propios asalariados que se han beneficiado de las luchas obreras. El pueblo le ha dado la espalda a las uniones, criminalizando a sus líderes y culpándolos de los males socioeconómicos y políticos. Para entender el presente es imperativo evaluar los procesos históricos que nos han llevado a esta coyuntura histórica.

Los historiadores tradicionales han enajenado estos temas concentrándose en otros, no menos importantes, pero cuya relevancia en el proceso actual no son significativos. El presente se gesta en el pasado y la historia es su interpretación. Los movimientos obreros y raciales nos definieron y marcaron en el siglo pasado, pero su asociación con la izquierda y el materialismo histórico los han convertido en temas escabrosos que muchos evitan investigar. Cuando hacemos un análisis de la historiografía de los temas nos encontramos que son líderes obreros como César Andreu Iglesias y más tarde, investigadores como, Gervasio L. García, Ángel G. Quintero Rivera, Igualdad Iglesias Pagán, Juan Rivera Rivera, Juan Ángel Silén los que trabajaron la formación y desarrollo del obrerismo en el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Sociólogos y juristas como Isabelo Zenón Cruz, Marcos Rivera Ortiz, Mayra Vázquez Muñoz, Idsa Alegría Ortega y Luis M. Díaz Soler investigaron y escribieron sobre la temática racial.

El rescate de la microhistoria de los afroboricuas es un asunto que no se aborda profundamente hasta los congresos coordinados por el Concilio Puertorriqueño Contra el Racismo celebrados durante las últimas dos décadas del siglo pasado y las primeras dos décadas de la presente centuria. El tema laboral, aún está en vías de ser interpretado, así como el papel que han tenido los afrodescendientes en el sindicalismo.

Ebenecer López Ruyol, jurista, trabajador social e historiador, es una excepción a la norma establecida por el gremio de los historiadores que ven la historia contemporánea como conflictiva y evitan adentrarse en temas que consideran escabroso. El siglo XXI constituye un cambio en paradigmas trazados en el siglo pasado. La crisis identitaria, ético-moral, gubernamental y fiscal que atraviesa la sociedad no puede pasar desapercibido. Es en la evaluación histórica de los hechos donde encontramos respuestas y la motivación para lograr rescatar la Patria para los puertorriqueños. El trabajo de López Ruyol se plantea como una nueva visión de la historiografía puertorriqueña que trasciende el archivo y la catedra para integrarse a las comunidades en un dialogo abierto que permite analizar los procesos históricos para replantearse el presente y forjar una sociedad integrada y holística donde el bienestar de todos sea la meta.[2]

Biografía sucinta de Ebenecer López Ruyol
Ebenecer López Ruyol nació en Naguabo en 1945. La familia López Ruyol emigró al área metropolitana cuando Ebenecer contaba con dos años y se establecieron en la Barriada Las Monjas en Hato Rey. Inteligente y perspicaz, sus padres lo estimularon a estudiar. Cursó su educación en el sistema público. Obtuvo su diploma de cuarto año en 1964 cuando se graduó de la escuela superior Ramon Vilá Mayo en Río Piedras. Ese mismo año ingresó al Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR) graduándose en 1968 con una licenciatura en Ciencias Sociales con una concentración en Ciencias Políticas e Historia. Obtuvo una maestría en Trabajo Social en la misma institución en 1970.

Entre los años 1980 y 1983 estudió cursos libres sobre sindicalismo con el Congreso para la Unidad Sindical de los Trabajadores de América Latina en Chile, el Centro de Estudios Laborales George Meany, hoy Colegio Nacional Laboral en Springfield, Maryland y en la Escuela para los Trabajadores en Wisconsin. En 1981 ingresó a la escuela nocturna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Puerto Rico obteniendo su grado en derecho en 1985. Desde 1986 es abogado laboral y notario público.

En los 48 años que han transcurrido desde su graduación como Trabajador Social, López Ruyol trabajó como profesor en el Instituto de Relaciones Laborales Ernesto Ramos Antonini en el Recinto de Río Piedras en la Universidad de Puerto Rico, el Sistema Universitario Ana G. Méndez, el Recinto Metropolitano de la Universidad de Puerto Rico y la Escuela de Trabajo Social Beatriz Lasalle de la UPR. Además, desde que pasó la reválida de derecho en 1986 ha mantenido su práctica privada como abogado.

Desde sus años como estudiante, el abogado y profesor universitario, ha sido un defensor incansable de los derechos civiles y laborales. Este compromiso con la equidad y la justicia social lo llevó a ocupar diferentes posiciones en el sindicalismo puertorriqueño y a fundar el Concilio Puertorriqueño contra el Racismo en 1980. El abogado e historiador ha incursionado también en la política en los pueblos de Loíza y Carolina.

López Ruyol ha concentrado sus investigaciones en las áreas donde se ha desempeñado laboralmente. Los temas de sus investigaciones giran en torno al sindicalismo obrero, el discrimen racial, la reivindicación de los afrodescendientes en el contexto de la puertorriqueñidad, los peloteros afropuertorriqueños, la Orden de los Odfelos y las figuras cimeras de Arturo Alfonso Schomburg y Ernesto Ramos Antonini.

Las publicaciones de López Ruyol se pueden categorizar entre las que disertan sobre el sindicalismo como El ABC del movimiento obrero y “Ernesto Ramos Antonini y el origen del desarrollo e impacto de la Confederación General de Trabajadores en el Puerto Rico del 1940” y las que tocan el tema racial y la microhistoria negra, entre ellas El racismo nuestro de cada día, “Breve historia del Concilio Puertorriqueño contra el Racismo” y “En las huellas de Arturo Alfonso Schomburg: Revalorizando la imagen que la esclavitud destrozo”. El abogado, educador e historiador ha escrito profusamente sobre los temas que le apasionan, pero también ha formado parte activa del desarrollo histórico del obrerismo, las luchas raciales y la historia de la nación puertorriqueña por los últimos 40 años.

El estilo y la metodología historiográfica de López Ruyol
López Ruyol expone sus planteamientos con claridad. Inserta las citas en el texto y abunda en recursos bibliográficos. Utiliza fuentes primarias, secundarias y terciarias, pero hace énfasis en las secundarias pues muchos de las fuentes primarias en los temas asociados al obrerismo y al discrimen racial no han sido conservados. El vocabulario es culto, porque rechaza el supuesto aparente de que el trabajador es ignorante y torpe en la lectura.[3] Los trabajos del historiador tienen como meta infundir orgullo por el legado histórico a la vez que infunde inspiración en las luchas del presente y sembrar esperanza para el cercano futuro, que aunque incierto, está a nuestro alcance moldear.[4]

El historiador combina la narración de eventos corroborables y documentados con el análisis social de los problemas del momento. Hace relevantes las coyunturas que sirven de eje a cada “hecho trascendental”. Propone que lo expuesto es la historia de la experiencia humana, más allá del procerato. Explica la manifestación histórica y lo que representa esa manifestación en la infinita sucesión de eventos evidentes entrelazados con los no evidentes. López Ruyol cultiva lo que llama ciencia histórico-social, heredera tanto de la historia social como de la sociología de la historia. Este planteamiento asegura el historiador es una manifestación de la historia de inspiración por causa y compromisos ético-morales.[5]

Los temas que aborda López Ruyol están asociados al materialismo histórico.[6] El materialismo histórico constituye la base teórica y metodológica de la sociología y demás ciencias sociales. El filósofo Karl Marx formuló su pensamiento sobre el proceso histórico-natural del desarrollo de la sociedad, destacando la esfera económica de las diversas esferas de la vida social, y de todas las relaciones sociales, las relaciones de producción, como principales y determinantes entre las demás relaciones. Este principio descansa en el planteamiento de que toda sociedad humana se desarrollará acorde a la obtención de los medios de vida.

Los temas principales discutidos por López Ruyol, la lucha obrera, el discrimen racial y la reivindicación de los afrodescendientes, son conexos con la teoría de las clases, la descripción de las relaciones entre las mismas y la evolución de la clase obrera durante la era del capitalismo hasta llegar a la globalización, los trabajadores intelectuales y el resurgimiento de la lucha de clases en el siglo XXI.[7]

Sin embargo, López Ruyol se define a sí mismo como ecléctico y seguidor de la escuela de los anales.[8] El eclecticismo es percibido como la búsqueda permanente para unir ideas, formas, figuras de diferentes tipos para ser transformado en algo nuevo y único. Por lo tanto, es común hablar de eclecticismo como un estilo artístico en el que no hay una sola mirada, limitada simplemente a lo que el autor contribuye, pero hay una unión de muchos elementos, a veces disimiles entre sí que generan algún tipo de emoción o conmoción en el espectador y que deslumbran para transformarse en algo tan especial y único.[9]

Todos los trabajos del autor tocan de una forma u otra el tema del discrimen racial y el obrerismo. En El ABC del movimiento obrero analiza las condiciones opresivas y paupérrimas de los esclavos, pero le suma a estas la experiencia de los jornaleros. El sistema de la libreta de jornaleros era para todos los fines otra forma de esclavitud, afirma el historiador.[10] Enfatiza la importancia del Grito de Lares como movimiento nacional que buscaba la igualdad de todos los puertorriqueños, terminando tanto con el yugo legal de la esclavitud como el de la libreta.[11] La temática es analizada desde el punto de vista político en su ensayo “Ernesto Ramos Antonini y el origen, desarrollo e impacto de la Confederación General de Trabajadores en el Puerto Rico de 1940” donde describe la opresión de los obreros y las manipulaciones del gobierno del Partido Popular Democrático para destruir la Confederación General de Trabajadores (CGT) y alzarse como bastión del obrerismo y la igualdad racial en el país.[12] El discrimen racial y su relación con la opresión laboral está delineada en el libro El racismo nuestro de cada día donde el autor analiza le evolución de la esclavitud negra y sus implicaciones en el contexto histórico nacional.[13] El tópico es también tema de su ponencia “El precio de la libertad ó ¿El Movimiento Obrero en la encrucijada?”. En la conferencia López Ruyol hace un desglose de la evolución histórico-legal del obrerismo, la formación de los sindicatos y el derecho a huelga.[14] Pero, es en el ensayo “Breve Historia del Concilio Puertorriqueño contra el Racismo” donde integra la reivindicación racial como uno de los pilares de la lucha obrera puertorriqueña, destaca las estrategias implementadas para lograr los cometidos de la institución y destaca el papel importante que juega la educación en la erradicación de la disparidad socioeconómica.[15]

La temática en los trabajos de López Ruyol tiene su origen en sus 40 años como adiestrador y educador laboral y sus 30 años como líder sindical. El historiador destaca que su vida ha sido una sin claudicar al coqueteo de los grandes intereses económicos.[16] El investigador entiende que su legado lo constituye haberles mostrado a muchos jóvenes interesados en las relaciones obrero patronal que la grandeza no está en la riqueza, sino en la amistad desinteresada, la solidaridad con los muchos necesitados y en el cumplimiento de los dictados de la conciencia.[17]

La lucha por la reivindicación racial y la afirmación identitaria afroboricua es resultado de experiencias personales que tuvo desde muy temprano en su vida con las barreras racistas. Reconoce la aportación en su formación personal y profesional de educadores a los que categoriza como maestros de vida, entre ellos destaca a Eduardo Seda Bonilla e Isabelo Zenón Cruz que le impulsaron a reconocer el racismo y combatirlo como plaga contra la raza humana.[18]

Atesta el jurista e historiador que la concienciación le impartió fortaleza que compartió con otros en proyectos que probaron ser necesarios, como el Concilio Puertorriqueño Contra el Racismo, el documental sobre la vida de Alfonso Arturo Schomburg, los programas radiales “En blanco y negro”, el periódico en “Negro y en Blanco”, los foros en las escuelas públicas y privadas; los foros en las universidades, y otros proyectos afines.[19]

La Nueva Historia
López Ruyol se inserta dentro del movimiento historiográfico de la Nueva Historia que surge a principios de la década de los 1970. Desde su perspectiva la nueva escuela historiográfica impulsó la formación y redefinición de nuevos historiadores, o personas que reinterpretan para hacer visibles elementos no visibles, por intención o por omisión. Destaca como un logro del movimiento la explicación analítica que este hace del devenir social con relación a un eje temático específico sin ánimo de revisar para construir una nueva historia oficial.[20]

Trabajo más significativo
El racismo nuestro de cada día es el trabajo que López Ruyol cataloga como el más significativo. El libro es una obra breve, dividida en capítulos cortos, intensos y coloquiales. El libro es una investigación histórico-social sobre el origen del racismo que pretende potenciar el desarrollo de aquellas personas en pos de definir su ser cultural y afirmar su identidad.[21]

Empero, es El ABC del movimiento obrero la publicación que describe como su trabajo más querido. En esta obra López Ruyol plasma el fruto de sus vivencias, aciertos, desaciertos, junto al aprendizaje logrado sobre la juridicidad del laborismo que le es pertinente. El autor visitó archivos, leyó libros y condujo entrevistas que le permitieron interpretar el obrerismo más allá del sindicalismo. Estableció una relación íntima entre la concienciación del obrerismo con la lucha por la justicia social y la erradicación del discrimen racial. Profundizó en figuras cimeras del movimiento obrero que han sido postergadas por la historiografía oficial como lo son Ernesto Ramos Antonini, Francisco Colón Gordiani y Ramón Barreto Pérez.[22]

Conclusión
La historiografía de Ebenecer López Ruyol recoge temas que han sido subestimados por el oficialismo histórico que se ha concentrado en temas asociados al gobierno, la economía nacional y la historia de la capital. Los trabajos de López Ruyol emplean la historia como instrumento de reafirmación identitaria y para fortalecer la autoestima de los marginados por prejuicios socioeconómicos. El historiador fomenta la importancia del movimiento obrero, la lucha por los derechos civiles y la erradicación de los prejuicios raciales como elementos necesarios para la aglutinación de las comunidades puertorriqueñas para constituir una sociedad más igualitaria.

El siglo XXI exige una revisión de estos temas para clarificar el derrotero que nos han llevado a la presente coyuntura histórica representada por la quiebra gubernamental y el incremento de los males sociales, especialmente una creciente ola delictiva y la corrupción gubernamental. La sociedad puertorriqueña está sumamente dividida por acondicionamientos socioeconómicos fomentados por el neoliberalismo. Estas políticas han generado un desprecio hacia los sindicatos obreros y avivado el discrimen racial que estuvo controlado por políticas federales que fueron incapaces de subsanar la problemática. Empero esto ocurre, en las comunidades marginadas existe un resurgimiento de la negritud como símbolo identitario de la puertorriqueñidad y elemento conector con la cultura regional afrocaribeña. Como todo movimiento que surge en el pueblo, lentamente ha ido ascendiendo hasta impactar las clases más afluentes y educadas.

Los temas investigados por López Ruyol están hoy más vigentes que en la segunda mitad del siglo pasado debido a las situaciones sociopolítico-económicas por las que atraviesa Puerto Rico en su relación con la metrópoli. El análisis histórico de estas temáticas empoderará a la nación puertorriqueña para desarrollar e implementar medidas que fomenten la reevaluación del país en medio del divisionismo que nos asfixia. No podemos permitir que la manipulación de los grandes intereses económicos destruya los frentes que tradicionalmente han defendido los intereses del pueblo redundando en beneficios de todos.

Por otra parte, López Ruyol representa el resurgimiento de una generación de investigadores históricos que al igual que los historiadores decimonónicos y de principios del siglo XX son participantes activos de la historia.

La revisión de los trabajos de López Ruyol, así como sus aportaciones al sindicalismo, a la lucha contra el racismo y la afirmación de la afropuertorriqueñidad están en concordancia con el momento crucial por el cual atraviesa la sociedad puertorriqueña. Los historiadores tenemos la responsabilidad de rescatar la microhistoria nacional para forjar una visión objetiva y pertinente que permita la interpretación de los procesos que nos han traído hasta este momento. El siglo XXI exige historiadores de pueblo, que como behiques rescaten el legado de los grandes puertorriqueños que han forjado la conciencia nacional como antítesis al menosprecio constante que enfrenta la sociedad en general a través de la manipulación de la información, un sistema educativo mancillado por la política de turno y el oficialismo histórico gubernamental que niega la grandiosidad epopéyica del pueblo puertorriqueño.

Ebenecer López Ruyol, abogado, historiador, sindicalista, líder comunitario, político, gestor cultural es un buen ejemplo para emular de lo que debe ser el puertorriqueño del siglo presente, si queremos sobrevivir como un pueblo entre las naciones de la Tierra.

Bibliografía
Fuentes Primarias
Archivo del Concilio Puertorriqueño contra el Racismo. Documentos personales de Ebenecer López Ruyol (ELR).

Entrevista a Ebenecer López Ruyol. 26 de agosto de 2018.

Fuentes Secundarias
López Ruyol Ebenecer: El ABC del movimiento obrero. Carolina: Instituto Técnico Sindical Inc., 2002, 80.

____: “El precio de la libertad ó ¿El Movimiento Obrero en la encrucijada? (ponencia para CAPR, 17 de marzo 2011).

____: El racismo nuestro de cada día. Puerto Rico: Editorial ITS Inc., 2005, 185-126.

____: “Ernesto Ramos Antonini y el origen, desarrollo e impacto de la confederación General de Trabajadores en el Puerto Rico de 1940” en Ernesto Ramos Antonini: creador de patria y de conciencia social compilado por José Luis Colón González como editor y Néstor Duprey Salgado como editor asociado. San Juan: Editorial Universidad Interamericana, 2016.

Direcciones electrónicas
Eclecticismo. Conceptodefinición, de. Última Actualización el 28 de diciembre de 2017 Consultado el 20 de septiembre de 2018.

Lacalle, José Daniel. “Materialista histórico y teoría crítica: Marxismo, Estado y clases sociales”. Crónica Popular. Última modificación 14 marzo, 2016. Consultado el 20 de septiembre de 2018.

“Materialismo histórico o interpretación materialista de la historia”. Diccionario de la Filosofía. Última modificación 1984. Consultado el 20 de septiembre de 2018.
http://www.filosofia.org/enc/ros/mat09.htm http://www.filosofia.org/urss/ddf1984.



[1] Archivo Concilio Puertorriqueño Contra el Racismo, Documentos Personales de Ebenecer López Ruyol (ELR).
[2] Ebenecer López Ruyol, El ABC del movimiento obrero (Carolina: Instituto Técnico Sindical Inc., 2002), xi-xvi.
[3] Ibíd., xiii.
[4] Ibíd., xii.
[5] Entrevista a Ebenecer López Ruyol, 26 de agosto de 2018.
[6] “Materialismo histórico o interpretación materialista de la historia”, Diccionario de la Filosofía. Última Modificación 1984. Consultado el 20 de septiembre de 2018.
http://www.filosofia.org/enc/ros/mat09.htm http://www.filosofia.org/urss/ddf1984.
[7] José Daniel Lacalle, “Materialista histórico y teoría crítica: Marxismo, Estado y clases sociales”, Crónica Popular. Última modificación 14 marzo, 2016. Consultado el 20 de septiembre de 2018.
[8] Entrevista a Ebenecer López Ruyol, 26 de agosto de 2018.
[9] Eclecticismo. Conceptodefinición. https://conceptodefinicion.de/eclecticismo/Definición de Eclecticismo. Última Actualización el 28 de diciembre de 2017. Consultado el 20 de septiembre de 2018.
[10] Ebenecer López Ruyol, El ABC…, 80.
[11] Ibíd., 81.
[12] Ebenecer López Ruyol, “Ernesto Ramos Antonini y el origen, desarrollo e impacto de la Confederación General de Trabajadores en el Puerto Rico de 1940” en Ernesto Ramos Antonini: creador de patria y de conciencia social compilado por José Luis Colón González como editor y Néstor Duprey Salgado como editor asociado (San Juan, Editorial Universidad Interamericana, 2016).
[13] Ebenecer López Ruyol, El racismo nuestro de cada día (Puerto Rico: Editorial ITS Inc., 2005), 185-126.
[14] Ebenecer López Ruyol, “El precio de la libertad ó ¿El Movimiento Obrero en la encrucijada? (ponencia para CAPR, 17 de marzo 2011).
[15] Archivo del Concilio Puertorriqueño contra el Racismo. Documentos personales de ELR.
[16] Entrevista a Ebenecer López Ruyol, 26 de agosto de 2018.
[17] Ibíd.
[18] Ibíd.
[19] Ibíd.
[20] Ibíd.
[21] Ibíd.
[22] Ibíd.