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martes, 4 de agosto de 2026

Juan Garrido: Un africano en la conquista de las Antillas (1502-1521)

Juan Garrido: Un africano en la conquista de las Antillas (1502-1521)

Pablo L. Crespo Vargas

Libro en Internet Archive
Introducción

El primer africano del que se tiene evidencia documental en llegar a la isla de San Juan Bautista, hoy Puerto Rico, fue Juan Garrido. Contrario a la creencia generalizada de que todos los africanos llegaban en condición de esclavos, Garrido fue un hombre libre que, como muchos otros conquistadores, buscaba aventuras y la posibilidad de alcanzar riqueza y gloria. Su participación en los proyectos de exploración, conquista y colonización lo llevó a visitar no solo la isla de San Juan Bautista, sino también La Española, las Antillas Menores, Cuba, Florida y la Nueva España.

En este ensayo analizaremos las hazañas y aventuras de Juan Garrido en el ámbito antillano, durante el periodo comprendido entre 1502 y 1521. Nos limitamos a estos años porque constituyen la etapa menos conocida de su trayectoria, y el examen de las fuentes resulta fundamental para obtener una visión más clara de los acontecimientos que vivió. A partir de 1521, Garrido se establece en la Nueva España, donde participa en el proceso de conquista de la región. Este periodo está mucho mejor documentado y sus acciones, entre ellas haber sido el primer colonizador en sembrar trigo, evidencian su capacidad para enfrentar la incertidumbre y los prejuicios de la sociedad hacia la población africana.

Negros en la conquista

Juan Garrido no fue el único conquistador africano del que se tiene noticia, aunque posiblemente sí el primero. Otros africanos que participaron en la conquista de las nuevas tierras fueron Sebastián Toral, Pedro Fulupo, Juan Bardales, Antonio Pérez y Juan Valiente, entre otros. Asimismo, hubo hombres negros o mulatos nacidos en la península ibérica que también formaron parte de este proceso: Juan Portugués —sobre cuyo lugar de nacimiento existe la duda, entre África y territorio europeo—, Juan García, Miguel Ruiz y Juan Beltrán, entre otros. Un ejemplo de mulata lo fue Beatriz de Palacios, quien participó en la conquista de México junto a su esposo Pedro de Escobar.

En cuanto a las menciones de exploradores o sirvientes negros que llegaron antes que Juan Garrido, cabe señalar a Alonso Prieto, quien aparentemente formó parte del primer viaje de Cristóbal Colón en 1492. También se argumenta que, en el cuarto viaje de Colón, en 1502, este llevó consigo a un sirviente negro llamado Diego. Ese mismo año, Nicolás de Ovando arribó a las Indias y trajo consigo un grupo de personas negras, tanto libres como esclavizadas, para ser empleadas en el proceso de colonización. Es probable que en este contexto Juan Garrido haya llegado al Nuevo Mundo.

La entrada de africanos a la península Ibérica

La posición geográfica de la península ibérica, que marca frontera con el norte de África, es posiblemente la explicación más concisa para entender la interacción entre ambas zonas. No ha de extrañar que el movimiento poblacional de un lado hacia el otro haya sido un asunto milenario. De hecho, estudios del genoma realizados por un equipo de científicos, dirigidos por Gloria González Fortes, establecen evidencia genética de migraciones tan antiguas como hace cuatro mil años.

Acercándonos más al periodo de inicio de la conquista y colonización del Nuevo Mundo, los movimientos expansionistas de Portugal hacia África sirvieron de base para la entrada a los reinos ibéricos de población negra de la zona del África occidental. A esto, no debemos olvidar que el comercio de esclavos de los países árabes y musulmanes del norte de África mantuvo un flujo de esclavizados negros hacia las costas mediterráneas europeas.

Una inmensa mayoría de estos inmigrantes africanos fueron personas esclavizadas; sin embargo, hubo individuos que, por su condición social o por particulares diversas, lograron entrar como personas libres. Algunos exploradores portugueses, como Diego Cam (Diogo Cão) y Alonso Doveiro, en sus viajes, procuraron traer representantes, artesanos o sirvientes libres que llegaron y se establecieron en Lisboa. A este grupo hay que sumar los esclavizados que lograron obtener su libertad y se integraron a la sociedad.

En el caso de la ciudad y puerto de Sevilla, este proceso se ha documentado. En una investigación de Alfonso Franco Silva se detalla que entre 1470 y 1525, unos 1153 esclavizados se liberaron, números que reflejan entre una tercera y una cuarta parte de esta población. No todos eran negros africanos, pero sí era el grupo más numeroso entre los liberados.

Para historiadores como David Sánchez Sánchez, Juan Garrido cae dentro del estereotipo de la persona que fue cautiva y esclavizada; y que, en el proceso, antes de llegar a Sevilla, le fue concedida la libertad. Se argumenta que su amo, de apellido Garrido, le hubiera otorgado su libertad luego de fallecer, esto como gratitud a sus servicios. Esto pudo haber estado estipulado en el testamento. A esto se suma la alegación del cronista Francisco López de Gomarra, que hace referencia a Juan Garrido como «un negro de Cortés»; y luego de narrar su hazaña de cosechar trigo en Nueva España, cierra indicando que «A un negro y esclavo se debe tanto bien». Esta percepción de López de Gomarra pudo estar enmarcada en prejuicios que ya desde esa época se estaban desarrollando sobre la población negra, la cual se veía como inferior a los europeos.

Por otro lado, algunos historiadores fundamentan sus argumentos en una de las probanzas del propio Juan Garrido, reproducida por el historiador Francisco A. Icaza, en la cual el personaje afirma que «de su voluntad, se vino a tornar cristiano en Lisboa». De ser así, Garrido pudo haber sido uno de aquellos representantes o enviados de sus reinos, cuyo propósito era conocer la sociedad de los exploradores recién llegados a sus tierras. No obstante, también cabe la posibilidad de que ocultara un pasado como esclavo. En cualquier caso, su declaración, por más tergiversada que pudiera estar, constituye la evidencia histórica con la que contamos.

Primeros pasos de Juan Garrido

Se desconocen tanto el lugar de procedencia como el año de nacimiento de Juan Garrido. Sin embargo, algunos historiadores, tras analizar las fuentes disponibles, sostienen que nació hacia 1480 en algún territorio de la zona occidental de África, posiblemente en la región histórica de Guinea, en las costas del Golfo de Guinea. La biografía oficial publicada por el National Park Service, agencia del gobierno estadounidense encargada de los parques y monumentos, señala en cambio que su nacimiento ocurrió en 1487. En definitiva, no es posible establecer con certeza una fecha específica, pues no existe evidencia concluyente al respecto.

La región de Guinea, desde 1469, era una zona donde los portugueses mantenían el control comercial sobre ella. Castilla, en 1478 y como parte de la Guerra de Sucesión en su reino, trató de arrebatar este dominio al enviar una flota, pero fracasó. Con el establecimiento del fuerte San Jorge de la Mina (actual ciudad de Elmina, Ghana), el control de la región se consolidó en manos portuguesas. Todo comercio o movimiento de individuos de la región a Europa tenía que pasar por las manos portuguesas. Juan Garrido, siendo esclavo o persona libre, tuvo que haber viajado desde este puerto hasta Lisboa. Establecido en Portugal, tuvo que haber conocido la noticia del éxito del primer viaje colombino, lo cual lo motivó a moverse a Sevilla, donde, según él, estuvo unos siete años antes de embarcarse hasta el Nuevo Mundo.

El primer destino de Juan Garrido fue La Española. Se presume que llegó en la expedición de Nicolás de Ovando en 1502, en la cual se embarcaron varios mulatos y negros, algunos de origen africano y otros nacidos en la península ibérica. Durante un periodo cercano a cinco años en Santo Domingo, y siguiendo la interpretación de Ricardo Alegría sobre una de las probanzas, se establece que Garrido participó de alguna manera en los procesos de pacificación de la isla. Dichos procesos incluían las incursiones realizadas en las islas habitadas por los caribes, cuyo objetivo principal era la captura de indígenas destinados a la esclavitud.

Su llegada a San Juan Bautista y la Florida

En 1508, Juan Garrido se incorporó a la expedición de Juan Ponce de León hacia la isla de Boriquén (San Juan Bautista, hoy Puerto Rico). Allí formó parte del grupo de cincuenta conquistadores que se enlistaron en la empresa dirigida por Ponce de León. Para algunos historiadores, este momento marca el inicio de un supuesto vínculo entre Garrido y Ponce de León, relación que los llevaría a participar en diversas empresas colonizadoras que veremos más adelante. La primera de ellas fue la exploración y el establecimiento de la colonia en la isla de San Juan Bautista, lo que incluyó el enfrentamiento armado de 1511 y las posibles escaramuzas ocurridas en los años posteriores contra los indígenas que resistieron la dominación castellana.

No obstante, cabe señalar que los cronistas de la época no registraron acciones específicas de Juan Garrido; por supuesto, tampoco puede asumirse que las de todos los participantes hayan quedado documentadas. Aun así, resulta significativo que el nombre de Garrido no figure en los listados de conquistadores que obtenían botín en las incursiones contra los indígenas considerados en rebeldía.

Juan Garrido afirma haber participado en el viaje de exploración de Juan Ponce de León a la isla de Bimini, que culminó con el descubrimiento de la península de Florida, considerada entonces por los exploradores como una nueva isla. Esta expedición tuvo lugar en 1513 y contó con tres naves: dos partieron del puerto de Yuma, en La Española, y la tercera desde el puerto de San Germán (posiblemente, la actual costa de Aguada o de Añasco). De las dos primeras se conserva el listado de la tripulación; sin embargo, el de la nave que zarpó de San Germán aún no ha sido hallado. Dado que Garrido no figura entre los pasajeros de las primeras dos embarcaciones, se entiende que viajó en el navío San Cristóbal. Esta nave recibió la encomienda de continuar la exploración después de que Ponce de León decidiera suspenderla debido a la hostilidad de los indígenas nativos. Como consecuencia, la San Cristóbal regresó cuatro meses después de la llegada de Ponce de León a la isla de San Juan Bautista. Conviene destacar que, en su probanza, Garrido declara haber participado en el descubrimiento de Florida; no obstante, los testimonios disponibles certifican su presencia en la segunda expedición de 1521. Esto, a su vez, contradice la posibilidad de que hubiera tomado parte en la expedición inicial de Hernán Cortés a las tierras mexicanas.

Mientras se desarrollaba el primer viaje a la Florida, las hostilidades en la isla de San Juan Bautista continuaban debido a la alianza entre los indígenas antillanos: los habitantes de Boriquén y los caribes de las Antillas Menores. Esta situación motivó la planificación de una armada contra dichas Antillas, teniendo como objetivos principales las islas de Guadalupe y Dominica. La expedición se llevó a cabo en 1514. Sin embargo, no zarpó desde San Juan Bautista, sino que la flota llegó directamente desde Castilla bajo el mando de Juan Ponce de León. Tras un primer ataque, las fuerzas castellanas sufrieron una derrota y se replegaron hacia San Juan Bautista, antes de intentar un segundo asalto. No está del todo claro si este segundo intento llegó a realizarse; lo que sí se sabe es que en 1515 se organizó otra expedición, en la cual Ponce de León no participó, pero se presume que Juan Garrido sí formó parte de ella.

Posterior a la campaña naval contra los caribes, se tiene evidencia de la presencia de Juan Garrido en San Juan Bautista durante los años 1515 y 1519, según los informes sobre la recolección y fundición de oro. Considerar estas fechas resulta de suma importancia, pues aún resta abordar sus supuestas experiencias en Cuba y el proceso mediante el cual llegó a Nueva España.

Cuba, segundo viaje a Florida y su paso a Nueva España

La conquista y colonización de la isla de Cuba comenzó en 1510, aunque algunos historiadores señalan que no fue hasta 1511 cuando la expedición de Diego Velázquez partió de La Española hacia territorio cubano. Cabe destacar que sobre estos primeros años existe escasa documentación que permita esclarecer el desarrollo de la campaña, siendo la relación escrita por el propio Velázquez en 1514 la principal fuente disponible.

La pacificación de Cuba se llevó a cabo de manera simultánea con la de Puerto Rico. Este hecho plantea un problema frente a las declaraciones de Juan Garrido y de algunos testigos en su probanza, quienes afirman que él participó junto a Velázquez en dicho proceso. De ser ciertas estas afirmaciones, Garrido habría tenido que iniciar la colonización de Puerto Rico, regresar a La Española, viajar con Velázquez a Cuba y, en medio de la campaña, retornar a San Juan Bautista para atender la rebelión de 1511.

En caso de que no hubiera participado en la represión contra los indígenas borinqueños en 1511, sí estuvo presente, según su propia declaración, en el viaje de Ponce de León a la Florida en 1513. Al analizar las condiciones de vida durante el proceso de conquista, la movilidad que aparenta tener Garrido en sus testimonios resulta excepcional, pues lo habitual era que la presencia de un conquistador se requiriese de manera constante en el lugar donde se encontraba.

No cabe duda de que Juan Garrido estuvo en Cuba antes de partir hacia México; sin embargo, el análisis de sus declaraciones sugiere que su supuesto viaje con Hernán Cortés a Cuba no ocurrió en el momento en que este zarpó en febrero de 1519 hacia México e inició el proceso de conquista, el cual culminó con la toma de Tenochtitlán en agosto de 1521.

En contraste con estas fechas, el segundo viaje de Ponce de León a Florida tuvo lugar en febrero de 1521. En esta ocasión, Ponce de León dispuso de dos navíos y se estima que lo acompañaron alrededor de 200 hombres. No se cuenta con información detallada sobre la preparación de la expedición, pero, como en otros casos, la organización debió requerir un tiempo considerable, incluyendo el reclutamiento de personal y la preparación de las embarcaciones.

Una vez iniciado el viaje y tras arribar a las costas de Florida, Ponce de León comenzó la exploración del litoral. En una escaramuza con los indígenas resultó herido y decidió trasladarse a La Habana para recibir atención. Su llegada a Cuba se produjo en abril y allí falleció a comienzos de julio.

Respecto a la participación de Juan Garrido en esta expedición, uno de los testigos, Alonso Martín de Jerez, aseguró que Garrido tomó parte en el viaje, al igual que él. Este testigo también pasó de La Habana a Nueva España y se unió a las huestes de Cortés que marchaban hacia Tenochtitlán. Conviene señalar que parte de las propiedades de Ponce de León, necesarias en Nueva España, fueron embarcadas y trasladadas a territorio mexicano. Asimismo, algunos de los hombres se incorporaron a las fuerzas de Hernán Cortés, entre ellos Juan Garrido.

Comentarios finales

La información sobre Juan Garrido en el proceso de conquista y colonización de las Antillas se limita a unas pocas fuentes primarias. La principal de ellas es su probanza de méritos y servicios, redactada en 1538 con el propósito de obtener una pensión o recompensa por los servicios prestados a la Corona. Otra documentación relevante corresponde a los registros de la fundición de oro en San Juan de Puerto Rico, que permiten ubicar a Garrido en la isla entre 1515 y 1519.

En 1515 se consigna que Garrido era negro, sin ofrecer mayores detalles. En las fundiciones realizadas entre el 21 de julio y el 28 de agosto de 1516, del 21 de abril al 19 de mayo de 1518 y del 9 de marzo al 10 de junio de 1519, tanto en Caparra como en San Germán, se certifica su presencia. Este último periodo contrasta con la fecha de inicio del viaje de conquista de Hernán Cortés.

Existen otras menciones que podrían vincularse con Juan Garrido, aunque de manera circunstancial. No debe olvidarse que el periodo estudiado carece de una documentación sistemática y precisa, lo que genera lagunas históricas que posiblemente nunca puedan ser llenadas.

Se reconoce que Juan Garrido fue uno de los primeros negros libres en participar en el proceso de conquista y colonización del Nuevo Mundo, hecho que resulta excepcional en sí mismo. Su trayectoria se asemeja a la de otros aventureros que se forjaron en las Antillas antes de enfrentarse a los poderosos imperios continentales; en su caso, el de los mexicas.

En cuanto a su papel en la conquista y colonización de la Nueva España, este está mejor documentado y resulta más claro. Entre sus principales logros en territorio continental destaca la introducción del cultivo de trigo, aunque no fue el único. Además de su participación en diversas expediciones, Garrido comisionó la construcción de la ermita de San Hipólito en la Ciudad de México, destinada a honrar a los caídos durante el sitio de Tenochtitlán.

Referencias:

Primarias

«Probanza de Juan Garrido, negro, 1538». Archivo General de Indias, Sevilla, Audiencia de México, Leg. 204.

«Documentos sobre fundición de oro en San Juan de Puerto Rico». Archivo General de Indias, Sevilla, Sección Patronato, Leg. 198, Ramos 9-16.

Bibliográficas

Alegría, Ricardo. Juan Garrido, el conquistador negro en las Antillas, Florida, México y California. San Juan: Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, 1990. https://archive.org/details/juan-garrido-by-ricardo-alegria-1990-san-juan-puerto-rico/mode/2up

Franco Silva, Alfonso, «Los negros libertos en las sociedades andaluzas entre los siglos XV al XVI», en Los marginados en el mundo medieval y moderno, coord. María Desamparados Martínez San Pedro, Almería, 5 a 7 de noviembre de 1998, Almería, Instituto de Estudios Almerienses, 2000, pp. 51-64.

González Fortes, Gloria et al. «A western route of prehistoric human migration from Africa into the Iberian Peninsula». Proceedings Royal Society B, vol. 286, issue 1895, 30 january 2019, 10 p. https://doi.org/10.1098/rspb.2018.2288

Icaza, Francisco A. de. Conquistadores y pobladores de Nueva España: Diccionario autobiográfico sacado de los textos originales. Madrid: Imprenta El Adelantado de Segovia, 1923. https://archive.org/details/conquistadoresyp00icaz/mode/2up

Restall, Matthew, «Black Conquistadors: Armed Africans in Early Spanish America», The Americas, 57.2, Oct. 2000, (The African Experience in Early Spanish America), pp. 171-205.

Sánchez Sánchez, David. «Juan Garrido, el negro conquistador: nuevos datos sobre su identidad». Hipogrifo. Revista de literatura y cultura del Siglo de Oro, vol. 8, núm. 1, 2020: pp. 263-279. https://www.redalyc.org/journal/5175/517563676018/html/

Sued Badillo, Jalil & Ángel López Cantos. Puerto Rico Negro. San Juan: Editorial Cultural, 2007.

Internet:

Imaginando La Florida:

https://www.accioncultural.es/virtuales/florida/exploracion/juan_garrido.html

National Park Service: https://www.nps.gov/people/juargarrido.htm

miércoles, 29 de julio de 2026

Tres miradas a la historia de las parteras: Reseña

Tres miradas a la historia de las parteras: Reseña

Teresita Soto Falto

La reciente noticia de una mala práctica médica a una mujer embarazada que parió a su hijo mediante una cesárea viene muy bien a cuento para comentar la publicación, de febrero de este año 2026, del libro: Tres miradas a la historia de las parteras.

Tres historiadores reconocidos se han reunido para ampliar la breve bibliografía que se puede consultar sobre este tema.  Pablo Crespo Vargas nos da la primera mirada. Estudia el tema desde el punto de vista histórico, presentándonos casos específicos de la persecución que la Inquisición libró contra las parteras en Cartagena de Indias, a quienes asociaba con la práctica de la magia, los sortilegios y con tener pactos con el diablo. El estudio, titulado “Parterías, magia e intervención inquisitorial en Cartagena de Indias”, detalla los casos de mujeres que en el siglo XVII fueron encausadas, procesadas, azotadas, encarceladas, exhibidas como brujas cargando al cuello un distintivo o llevando sobre la cabeza un cono largo (coroza) con la insignia de hechicera. Existía la creencia entre los inquisidores «de que las parteras eran agentes del demonio y que entre sus funciones estaba la de proveer recién nacidos para rituales».

La segunda mirada es la de César Augusto Salcedo Chirinos: “Habilitando comadronas: las dificultades para profesionalizar el cuidado del parto en Puerto Rico, 1839-1900”. El tema que vertebra el libro va ampliándose y ahora encontramos los esfuerzos que fue haciendo la colonia española para regularizar la práctica obstétrica para las mujeres de la amplia zona rural del país. La profesionalización de las parteras comienza a darse a partir de 1893 con la creación de una Cátedra de Parteras. El esfuerzo fue muy grande, porque aquellas mujeres eran casi todas, por no decir todas, analfabetas, y no había instituciones sanitarias para atender parturientas. «Después de la invasión estadounidense de 1898, las comadronas que habían sido habilitadas en la época española fueron reconocidas por las nuevas autoridades coloniales». Los progresos en la profesionalización de estas mujeres se fueron dando poco a poco, en la medida en que los países – de América y de Europa - comenzaron a abrirse a la modernidad. Los servicios de las comadronas puertorriqueñas se extendieron hasta mediados del siglo XX, cuando pasaron a ofrecerse en los hospitales por médicos licenciados.

La tercera mirada es la de Félix M. Cruz Jusino, quien nos da el testimonio que el autor recogió de labios de los descendientes de la partera María Matea Acosta y Ortiz, que ejercía su oficio respaldado por todas las certificaciones que otorgaba el Estado. Esta señora era un ángel para las mujeres embarazadas. Tan pronto sabía que estaban en estado, les enviaba gallinas y leche para que se fortalecieran y les enseñaba las reglas básicas de higiene para protegerlas a ellas y a sus criaturas. Aun siendo tan conocida y querida en Lajas y San Germán, donde trajo decenas de niños al mundo, no faltó quien pensara que era también hechicera, porque de su sembradío de hierbas medicinales preparaba tés (guarapos) para sus clientas. La imagen humilde de María Matea, acompañada por sus nietos, se inmortaliza en la portada del libro.

Las tres miradas de los distinguidos historiadores que publica Editorial Aquelarre es como una bocanada de aire fresco para los lectores que nos enfocamos preferentemente en la literatura de creación. Tenemos en las manos un libro breve, con tres estudios académicos, que, aun siéndolos, se comunican con el lector con un lenguaje claro y sencillo. Es un libro que hace una excelente aportación al estudio de un tema sobre unas mujeres que muchos ya han olvidado porque han nacido entre las manos de un médico en la sala de partos de un hospital.  

viernes, 20 de marzo de 2026

Introducción a «Tres miradas a la historia de las parteras»

Introducción a «Tres miradas a la historia de las parteras»

Pablo L. Crespo Vargas

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«Tres miradas a la historia de las parteras» es un trabajo colaborativo de un grupo de historiadores caribeños que, desde distintas visiones, periodos y áreas de estudio, documentan la evolución del oficio de la partería. El proyecto es auspiciado por Casa Paoli del Centro de Investigaciones Folklóricas de Puerto Rico, Inc., como parte de la conmemoración del cincuentenario de su fundación, y por la Editorial Akelarre.

A través de estos tres ensayos, los autores exploran cómo esta labor pasó de ser un saber sagrado y comunitario para convertirse en objeto de persecución, para luego finalmente enfrentar un proceso de medicalización y profesionalización bajo el control del Estado.

El primer ensayo, «Parteras, magia e intervención inquisitorial en Cartagena de Indias», comienza con un panorama general de la historia de la partería, desde sus orígenes con el surgimiento del ser humano hasta llegar a la Inquisición española, específicamente su tribunal en Cartagena de Indias. Su autor, Pablo L. Crespo Vargas, quien estudia temas del imaginario mágicoreligioso, analiza de manera general cómo las parteras pasaron de ejercer un oficio común a ser vistas como mujeres malévolas. El ensayo culmina con la presentación de cuatro casos relacionados con prácticas mágicas, cuyas acusadas eran parteras.

El segundo ensayo, «Habilitando comadronas: las dificultades para profesionalizar el cuidado del parto en Puerto Rico, 18391900», de César Augusto Salcedo Chirinos, ofrece un análisis de la partería en Puerto Rico ya entrado el siglo XIX. Para este periodo había comenzado la etapa de medicalización y profesionalización de los cuerpos sanitarios del país. Ante los adelantos tecnológicos y médicos de la época, las parteras tuvieron que atemperarse a estos cambios mediante la instrucción científica en obstetricia y la limitación de sus funciones exclusivamente a los partos naturales. El ensayo destaca la creación de la Cátedra de Parteras en 1893 y el proceso de habilitación para la obtención de licencias. Concluye con el cambio de soberanía de 1898, cuando Puerto Rico pasa de España a los Estados Unidos y se crean las plazas de parteras municipales para atender a mujeres pobres, integrando así el oficio al sistema de salud pública.

El libro cierra con la historia de vida de María Matea Acosta y Ortiz (activa entre finales del siglo XIX y mediados del XX), quien representa un puente entre la tradición familiar y la regulación oficial. En este ensayo, titulado «Comadronas, comunidad y salud rural en Puerto Rico: la historia de María Matea Acosta y Ortiz», Félix M. Cruz Jusino muestra cómo la protagonista aprendió el oficio de su madre y su abuela, para luego educarse formalmente y obtener la certificación necesaria que le permitió ejercer como comadrona en las zonas rurales de San Germán y Lajas. Su práctica se caracterizó por una combinación de rigor técnico y sabiduría comunitaria.

miércoles, 9 de julio de 2025

Formas de sociedad en la historia

Formas de sociedad en la historia

Francisco Moscoso

(Fragmento del libro Indios y negros en la conquista española de Puerto Rico, siglo XVI: libres y esclavos, Lajas: Editorial Akelarre, 2025, pp. 7-13)

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En la historia originaria y remota, en todas partes, la sociedad humana estuvo constituida en comunidades familiares, y más adelante, en agrupaciones de clanes y conglomerados de tribus. Las relaciones sociales se fundamentaban en los lazos de familia (relaciones de parentesco), la división del trabajo se repartía en general con arreglo a factores de edad y género (lo que podían hacer los ancianos, adultos y niños), la producción y distribución económica era comunal, no había estratificación social y las decisiones se tomaban en base a una democracia igualitaria comunitaria. Así se ha teorizado y documentado en obras clásicas como Ancient Society, publicada en 1877, del etnólogo (estudioso de pueblos y etnias) norteamericano Lewis Henry Morgan; igualmente se ha comprobado en diversas investigaciones de campo por la antropología científica y universitaria desde el siglo XIX en adelante.

En una etapa avanzada de la sociedad tribal se generó el excedente de producción. En otras palabras, especialmente mediante la agricultura y el desarrollo de técnicas de cultivo e irrigación, complementado por un nivel tecnológico neolítico que proporcionó una ferretería de instrumentos de piedra pulida, la sociedad tuvo la capacidad de crear abastecimientos regulares y reservas de sustento alimenticio variado que superaron las limitaciones del quehacer cotidiano de trabajo para la sobrevivencia estricta.

Las nuevas circunstancias de la historia fueron analizadas con profundidad por el arqueólogo V. Gordon Childe. En su libro Qué sucedió en la historia, Childe lo conceptualizó con atino como la Revolución Neolítica. Por entonces comenzaron las construcciones de chozas y asentamientos en aldeas, con jurisdicciones territoriales aledañas consideradas vitales para la tribu. Ese terreno de desarrollo mayor de las fuerzas productivas hizo posible que unos segmentos de la sociedad se separaran de las faenas de la producción directa que antes compartían en conjunto. Surgieron los guerreros defensores y se destacaron algunos por sus destrezas y valentía. Otros se distinguieron como conocedores de las propiedades de las plantas medicinales y alucinógenas e intérpretes de los espíritus de la naturaleza. Y algunos linajes eran relacionados (realmente o transmitido por leyenda cultural) con la antigüedad de donde derivaban su identidad étnica. Las distinciones de prestigios fueron la antesala histórica de las diferenciaciones sociales privilegiadas.

En aquellos contextos históricos la gente tenía concepciones primitivas y mágico-religiosas de la vida y la naturaleza. Entonces el conocimiento científico era muy escaso y atribuían a los elementos de la naturaleza y a algunos individuos poderes misteriosos. Esas fueron las semillas del surgimiento histórico de la estratificación social y de la jefatura.

Con los cacicazgos se produjo la transición de la sociedad tribal-comunal a la sociedad de clases sociales y estado incipientes. Desde las civilizaciones posteriores en adelante la historia registra una sucesión de diferentes sociedades de clases y estados consolidados. En términos generales, las sociedades han pertenecido a los contextos del tributarismo, esclavismo, feudalismo, capitalismo, socialismo y/o comunismo. Así mismo se han dado muchos casos de sociedades mixtas, con combinaciones de las formas anteriores. Sobre las definiciones y caracterizaciones de cada una de estas formas hay una historiografía abundante, con interpretaciones diversas y debates.

Ese es el esquema general de formas de sociedad que se han sucedido en la historia desde el pasado remoto hasta nuestros días. En términos de desarrollo de fuerzas y capacidades productivas pueden considerarse etapas (con fases particulares) de sociedad en la historia. A esa sucesión general podemos asociar un claro desarrollo tecnológico y científico progresivo. Ello se demuestra desde los inicios de la sociedad humana equipada con instrumentos rústicos de piedra y madera hasta la revolución electrónica y cibernética del tiempo en que escribimos; proceso de incesantes cambios e innovaciones. Pero no se puede decir lo mismo en cuanto al contenido social de las sociedades que, por ser constituidas en divisiones de clases lo que han legado son diferentes formas de explotación del trabajo y opresiones de todo tipo. Ciertamente, es una gran paradoja y frustración terrible en el andar de la historia.

Se observa, a su vez, que la historia es un proceso de movimientos y desarrollos multilineales de las sociedades. No todos los pueblos han pasado por el esquema general de etapas. Todo depende de los ritmos y condiciones dispares de desenvolvimiento en cada lugar, por un lado. Y a las circunstancias en que unos pueblos, con niveles de vida y contextos históricos distintos han entrado en contacto o en procesos de conquista o subordinación unos respecto a otros.

Al considerar lo sucedido con indios y negros en la conquista española en el siglo XVI, tengamos presente dos escenarios compuestos de contextualización concreta: (1) el trasfondo de las sociedades de África de donde provenían los “negros”, el de las sociedades de América indígena, y el de las sociedades de Europa, y España y Portugal, más en particular, por ser las dos potencias conquistadoras iniciales; y (2) la caracterización del entrecruzamiento de estas sociedades de contextos bien diferentes en el proceso de conquista y colonización que se desplego desde 1492 y a lo largo del siglo XVI.

domingo, 6 de julio de 2025

Comentarios a Haití: un pueblo atrapado por el hombre

Comentarios a Haití: un pueblo atrapado por el hombre

Pablo L. Crespo Vargas

Haití: un pueblo atrapado por el hombre es la más reciente obra del historiador Miguel Ángel Virella Espinosa. Esta está compuesta por cuatro ensayos que recorren diversos aspectos de la historia del pueblo haitiano desde su formación dentro del sistema esclavista internacional, anterior a la Revolución Haitiana, hasta las repercusiones raciales que tiene que vivir esta población, aún hoy en el siglo XXI, y que fueron presentadas en el análisis que el profesor Virella realiza sobre la llamada Masacre de Perejil. El doctor Virella busca concientizar sobre los estereotipos y la concepción racista y de discriminación que se tiene sobre los haitianos, especialmente cuando estas vienen de otros caribeños.

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El libro tiene un prólogo escrito por el Dr. Rafael Batista Cruz y un epílogo escrito por este servidor. El prólogo presenta la obra y resume cada uno de los capítulos preparando la curiosidad del lector para lo que se avecina. El epílogo es un ensayo sobre una de las figuras mencionadas en el texto, pero que fue desconocida por muchos fuera de Haití, me refiero a Joseph-Anténor Firmin. Firmin fue un haitiano pluridisciplinario y humanista, que se educó leyendo los clásicos de la literatura universal, a la vez que se instruía con publicaciones científicas del momento; enseñó latín, griego y francés; fue periodista, economista y político. Además, y más importante, cuando la comunidad científica de la segunda mitad del siglo XIX favorecía y creía en las teorías de superioridad racial que dieron paso al racismo moderno, fue una de las pocas personas que argumentó en contra de ello. Como humanista y escritor que era, Firmin presentó ante la Sociedad Antropológica de París una obra titulada Sobre la igualdad de las razas humanas, ensayo de sobre 660 páginas donde evidenciaba de manera histórica que la raza negra no era inferior a la blanca, presentando sus avances y cómo las poblaciones negras a través del planeta se habían desarrollado ante las imposiciones de otros grupos poblacionales. Como era de esperarse, en una sociedad que ya había adoptado el racismo como verdad científica, su obra, aunque no pudo ser refutada, fue escondida. No es hasta el siglo XX que es encontrada y hoy promovida.

Regresando a los ensayos del doctor Virella, estos presentan diversos temas tales como el racismo, el sincretismo religioso, las luchas abolicionistas, los conflictos políticos, tanto locales como internacionales, y el intervencionismo imperialista en el Caribe, entre otros. El primer ensayo analiza la Revolución Haitiana desde sus raíces con el sistema esclavista y las luchas de poderes entre grupos poblacionales. El segundo ensayo trabaja el intervencionismo extranjero en Haití, recalcando el caso de Mole Saint Nicolas, enclave geográficamente estratégico para el establecimiento de una base naval. Fueron varias las naciones que se interesaron por este puerto, pero el que más presión realizó fue el gobierno estadounidense, aunque no lograron adquirirlo. Interesante entender las movidas que se dieron, la reacción del gobierno haitiano, con algunas personalidades dispuestas a entregar su tierra y otros defendiendo la soberanía del país —algo que vemos muy seguido en el Puerto Rico actual. El tercer ensayo continúa presentando los intereses del expansionismo militar de los Estados Unidos, quienes ocupan Haití en 1914 y llevan a que esta invasión provoque ciertas movidas que repercutieron tanto fuera como dentro del país. El último ensayo, el autor nos lleva a la Masacre de Perejil en 1937 y nos sumerge a las dinámicas fronterizas entre dominicanos y haitianos y los efectos para ambos pueblos.

En fin, Virella Espinosa quiere que analicemos sin prejuicios la historia haitiana para poder entender la esencia caribeña que hay en ella y, aunque nos guste o no, representa parte de nuestras vivencias como pueblo.

Miguel Ángel Virella Espinosa es un estudioso de la Cultura Negra y sus aportaciones al Mundo Moderno. En la actualidad se desempeña como profesor de Historia de Puerto Rico en la Universidad Interamericana, Recinto de Bayamón. Su formación académica se da en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, la Universidad de Nueva York y la Universidad Interamericana de Puerto Rico. De esta última obtuvo el grado de Doctor en Filosofía con especialidad en Historia de América. Al momento, está trabajando en el análisis del quehacer cultural de Arturo A. Schomburg para una futura publicación.

La versión original de este artículo fue publicado por El Post Antillano el 3 de agosto de 2024.

jueves, 3 de julio de 2025

La isla de la Mona en el proceso de conquista

La isla de la Mona en el proceso de conquista

Pablo L. Crespo Vargas

En abril de 2024, el Dr. Francisco Moscoso publicó el libro La Isla de la Mona en la conquista española de Puerto Rico. Esta obra se suma a una serie de publicaciones de este autor sobre el tema de la conquista y colonización en Puerto Rico. También, complementa la obra del Dr. Ovidio Dávila, Arqueología de la Isla de Mona de 2003; y los trabajos que se han publicado en revistas profesionales sobre el tema, como por ejemplo el ensayo de Walter A. Cardona Bonet, “Los Caciques de la Mona”, Hereditas, Revista de Genealogía Puertorriqueña, Vol. 21, Número 2, 2020, pp. 10-26.

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La Isla de la Mona en la conquista española de Puerto Rico es el producto de una investigación de fuente primaria que incluyen manuscritos del Archivo General de Indias en Sevilla; crónicas del periodo de la conquista redactados por Bartolomé de las Casas, Hernando Colón y Gonzalo Fernández de Oviedo; y las transcripciones de la Hacienda Real en Puerto Rico realizadas por Aurelio Tanodi y revisadas por el personal del Centro de Investigaciones Históricas. A estos recursos se le añade una bibliografía que ayuda a contextualizar y entender el proceso histórico. 

Sobre el contenido, Moscoso nos dirige por el recorrido histórico de esta isla durante el primer cuarto del siglo XVI. En ese tiempo, la Mona representó un puente geográfico entre La Española y San Juan Bautista (eventualmente reconocido como Puerto Rico). Para el autor, su objetivo es presentar la “función de apoyo material que desempeñó la Isla de la Mona para los conquistadores españoles” [p. 4]. Al comenzar la conquista, la isla —y su cacicazgo— fue otorgado en encomienda a Bartolomé Colón de 1511 a 1514. No obstante, en 1515, pasó a manos de la Corona, convirtiéndose en una Hacienda Real. Dentro de lo que esto representó, la población indígena no podía ser removida y debían quedarse como jornaleros de las labores que allí se dieran: “Así pues, el pequeño cacicazgo de la Isla de la Mona se transformó en Real Hacienda al servicio y negocio del gobierno colonial: estación de abastecimiento del básico pan casabe” [p. 20]. Pero, el casabe no sería el único producto que sería exportado, dado a que se elaborarían hamacas. Sobre estas y su importancia comercial en el proceso de conquista y colonización se destacan varias páginas [27-31]. Otros temas tratados son la cotidianidad que se vivía en la Mona, posibles proyectos que tenían los colonizadores y hasta se da una explicación de cómo se compensaba o pagaba a los indígenas. En este último caso debemos indicar que la indemnización se hacía a partir de suministrarles piezas de vestir —una muestra clara del choque cultural y la poca empatía hacia la población local—.

El autor también presenta a los protagonistas de esta historia, tanto indígenas como colonizadores. Muchos de ellos nombrados en los documentos de la Real Hacienda y que Moscoso nos presenta en tablas o narraciones. Demos dos ejemplos; primero, el cuadro 3, donde se describe narrativamente una pequeña aldea de, al menos, ocho bohíos, con los nombres de sus principales: un cacique o líder llamado Camillas, un capitán o nitaíno llamado Andrés Carahaguan y hasta un naboria de nombre Pedro Hayoroa, entre otros; y cada uno de ellos a cargo de un bohío [p. 45-46]. Segundo, en el cuadro 4, Moscoso nos nombra 128 indígenas con su pago por las tareas realizadas: el que más, el cacique, recibe hasta un jubón de damasco como parte de varias piezas; y los que menos, naborías comunes, una camisa [pp. 48-54].

La Isla de la Mona en la conquista española de Puerto Rico nos presenta parte de nuestra historia, una de la que poco se habla, pero que está allí. La Mona, como punto central entre dos Antillas, que por siglos han estado hermandadas, y que hoy, con esta narración nos hace ver las dificultades de la vida que pasaron los aborígenes de esta zona.

Por último, y como dato técnico, el ensayo está dividido en 15 apartados temáticos, unas 90 páginas, con 19 imágenes y varias tablas con información referente. La versión comercial es en carpeta blanda, mientras que existe una edición especial en carpeta dura, la cual se puede conseguir en línea.

La versión original de este artículo fue publicada el 6 de julio de 2024 en El Post Antillano

domingo, 25 de mayo de 2025

Ponce de León: intento de colonización de la Florida

Ponce de León: intento de colonización de la Florida

Pablo L. Crespo Vargas

El primer europeo en pisar de manera oficial, luego de comenzado la llamada empresa colombina en 1492, territorio continental del actual Estados Unidos, fue Juan Ponce de León, quien salió de las costas de San Germán, en Puerto Rico, un 13 de marzo de 1513, en busca, según la leyenda, de una fuente de la juventud. Ponce de León llegó a la península de la Florida en 1513. Aunque el mito nos habla de la fuente de la juventud, la realidad es que Ponce de León, en 1512, recibió una cédula real para ir a explorar y colonizar las islas de Bimini (actual zona occidental de Bahamas). Recordemos, que al igual que los demás conquistadores del momento, Ponce de León tenía el mandato de seguir explorando y colonizando nuevas tierras. Esta cédula nos demuestra la confianza que la Corona tuvo en la figura de Ponce de León, ya que anterior a ser considerado, Bartolomé Colón había solicitado esta empresa. Las diferencias de la familia Colón con Fernando de Aragón y la postura de Ponce de León a favor del monarca, dieron a este último una ventaja.


Antes de continuar, se debe señalar que, según Garcilaso de la Vega, un esclavista, cazador de nativos, Diego de Miruelo, por accidente había llegado a la península de la Florida, aproximadamente entre 1510 a 1511, mientras se encontraba en una de sus correrías por las Bahamas. Esto reforzó la idea de emprender una expedición a la zona.

Regresando a la expedición de Ponce de León, esta consistió en tres embarcaciones y unos 65 hombres (algunas fuentes hablan de 200). El 2 de abril de 1513 avistan las costas continentales atlánticas y al día siguiente desembarca en un lugar que desconocemos, pero que algunos localizan al norte del actual Daytona Beach. Los exploradores continuaron su exploración hacia el sur de la península y luego bordearon parte de la costa occidental, ya en el actual Golfo de México. Ponce de León regresa a Puerto Rico y decide ir a Castilla para asegurar sus derechos sobre las nuevas tierras. 

En el ir y venir de los acontecimientos, no es hasta el 1521 que Ponce de León tiene la oportunidad de zarpar nuevamente hacia la Florida. Se debe mencionar que, en el tiempo transcurrido entre el primer viaje y el segundo, la península de Florida fue visitada por cazadores de nativos con el motivo de esclavizarlos, dado a la necesidad de mano de obra para el funcionamiento del sistema económico colonial y a la justificación de que el nativo salvaje era caníbal.

Este segundo viaje fue todo un desastre para el conquistador de Boriquén. Ponce de León zarpa el 20 de febrero de 1521 con dos embarcaciones y unos 200 acompañantes. Tan pronto llegan a la Florida comienzan el proceso de establecer un asentamiento, pero los nativos, cansados de las continuas correrías de los cazadores castellanos, la embisten contra el nuevo grupo de invasores. En uno de los enfrentamientos, Ponce de León es herido con una flecha. Dentro del mito se habla de que esta estaba envenenada como si una flecha regular no pudiera ser la causa de una infección que lleve a la muerte al herido, tal como pasó con el primer gobernador de San Juan Bautista (hoy Puerto Rico). Los conquistadores tuvieron que regresar a Cuba y en julio del mismo año Ponce de León muere.

Imagen: Grabado de 1885 representando la llegada de Juan Ponce de León a la Florida en Hezekiah Butterworth, Poems for Christmas, Easter, and New Year’s, Boston: Estes and Lauriat, 1885.

Referencias:

Burset Flores, Luis. La vida en Puerto Rico en el siglo XVI. Santo Domingo, 2020.

Fuson, Robert H. Juan Ponce de Leon and the Spanish Discovery of Puerto Rico and Florida. Blacksburg: McDonald and Woodward, 2000.

Herrera, Antonio de. Descripción de las Indias Occidentales. Madrid: Oficina Real de Nicolás Rodríguez Franco, 1730.

Tió, Aurelio. Nuevas fuentes para la historia de Puerto Rico. San Germán: Universidad Interamericana, 1961.

Tuner, Samuel. “Juan Ponce de Leon and the Discovery of Florida Reconsidered”, Florida Historical Quartely, vol. 92, n. 1, art. 3.

Artículo publicado originalmente en El Post Antillano, 10 de febrero de 2024.

jueves, 6 de febrero de 2025

Robiou Lamarche y su Diccionario taíno

Robiou Lamarche y su Diccionario taíno

Pablo L. Crespo Vargas

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El lunes, 22 de abril de 2024, tuve la oportunidad de presentar de manera virtual en el programa Coloqueo del Instituto de Cultura Puertorriqueña la nueva obra del Dr. Sebastián Robiou Lamarche, Diccionario taíno, documentado y comentado: palabras indígenas de las Antillas Mayores, su significado e interpretación a través de la historia (San Juan: Editorial Punto y Coma, 2024). Esta obra voluminosa, cuyas dimensiones son 6x9 pulgadas, cuenta con 559 páginas y presenta sobre 500 términos o vocablos indígenas que fueron recopilados de crónicas del periodo de conquista y colonización, al igual que utiliza fuentes de diversa índole como mencionaremos en breve.

Entre las obras de mayor antigüedad que se utilizan están la de Ramón Pané, Relación de las antigüedades de los indios, versión crítica de José Juan Arrom; el Diario de Cristóbal Colón; Vocábula bárbara y Décadas de Pedro Martín de Anglería; y las fuentes de cronistas como Bartolomé de las Casas y Gonzalo Fernández de Oviedo, entre otros. A estos escritos, Robiou Lamarche añade las que considera obras medulares para el estudio de la lengua indígena antillana: The American Nations (1836) de Constantine Samuel Rafinesque; Relation des Choses de Yucatán de Diego de Landa (1864) de Charles Etienne Brasseur de Bourbourg; Cuba primitiva: origen, lenguas, tradiciones e historia de los indios de las Antillas Mayores y las Lucayas (1883) de Antonio Bachiller y Morales; Prehistoria de Puerto Rico (1907) de Cayetano Coll y Toste; Diccionario de voces indígenas de Puerto Rico (2da ed., 1977) de Luis Hernández Aquino; y los dos tomos de Indigenismos (1977) Emilio Tejera Bonetti.

En la obra, Robiou Lamarche analiza cada una de las palabras presentadas y contextualiza su significado según las fuentes consultadas. Diccionario taíno es el producto de años de estudio e interpretación de la cultura indígena antillana. El propio autor nos dice: “Con el Diccionario (…) culminamos el proceso iniciado hace años de elaborar una recopilación del imaginario del indígena (…) imaginario que podemos llamar cosmovisión, al integrar el mundo de lo material con lo ideal por medio del pensamiento mítico, el cual explica y establece el origen de todo lo existente”.

Otras obras de Sebastián Robiou Lamarche son Mitología y religión de los taínos; Taínos y Caribes: las culturas aborígenes antillanas; Glosario de los Caribes; Caribes: creencias y rituales; Piratas y corsarios en Puerto Rico y el Caribe; La ciudad-cosmo; De aquí y de allá: antología de escritos en el tiempo y el espacio; e Historia del imaginario del indio caribe de las Antillas Menores.

Nota publicada originalmente en El Post Antillano el 27 de abril de 2024.

lunes, 27 de enero de 2025

Introducción a Hechicería y brujería en el Caribe hispano, siglo XVII

Introducción a Hechicería y brujería en el Caribe hispano, siglo XVII

Pablo L. Crespo Vargas

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Hechicería y brujería en el Caribe hispano es el segundo volumen de la serie Inquisición e imaginario. En esta entrega, al igual que la anterior, se presenta una antología de ensayos, cuyos temas giran alrededor de los procesos inquisitoriales en el Caribe hispano y los imaginarios que desde allí se puedan explorar y analizar. A diferencia del primer volumen, los artículos presentados en este son todos de mi autoría.

Los veintiún ensayos se dividen en tres secciones, según la procedencia originaria de los artículos: 1) Colaboraciones y ensayos en medios académicos, 2) Ponencias en congresos, seminarios y actividades diversas, 3) Artículos en periódicos y fuentes cibernéticas. A estos tres apartados se añade una bibliografía mínima y una sección de anejos. Pasemos a presentar cada una de estas partes.

En la sección de colaboraciones y ensayos en medios académicos el primer escrito fue el publicado en el primer volumen de la obra auspiciada por el Programa Graduado de Historia de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto Metropolitano, Puerto Rico y el Caribe, volumen 1, momentos históricos. Este libro es también una antología de ensayos, en este caso, de egresados doctorales de dicha universidad y fue gestada por el Dr. José Carlos Arroyo Muñoz, profesor de esta institución, quien convocó a los graduados a presentar ensayos sobre diversos aspectos de la historia de Puerto Rico y el Caribe, exhibiendo una muestra ecléctica de la historiografía producida por exalumnos de la Universidad Interamericana de Puerto Rico. La ordenación de los ensayos en esa colección siguió un patrón cronológico, por lo cual el ensayo “El pensamiento mágico-religioso en el Caribe hispano como muestra de la diversidad étnica de la zona entre 1600 y 1659” tuvo la oportunidad de abrir la antología, al igual que ocurre con este volumen.

El segundo ensayo es dedicado a “Ana de Mena: Una bruja caribeña en el siglo XVII” y fue publicado originalmente en la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña en 2020. Este escrito presenta un análisis del proceso de la única puertorriqueña, según nuestro conocimiento, juzgada por el Santo Oficio por la práctica de las artes mágicas en el Caribe.

El tercer ensayo, “Inquisición y artes mágicas en Santo domingo: 1620-1657” fue publicado por la revista de la Academia Dominicana de la Historia, Clío, en 2023, y fue producto de mi participación en el congreso realizado por esta institución en 2017. El trabajo presenta diez casos inquisitoriales identificados como procedentes de La Española durante la primera mitad del siglo XVII.

Esta sección es completada con un artículo que EnciclopediaPR, de Humanidades Puerto Rico, publicó sobre “La llegada del Santo Oficio a Puerto Rico” en 2024. Allí se describe cómo fue el proceso del establecimiento de lo que podríamos llamar el primer intento de traer la Inquisición a América.

La segunda sección está compuesta por artículos basados en ponencias presentadas en congresos, seminarios u otras actividades. El primero de los ensayos fue dictado durante la defensa de mi tesis doctoral en 2014 y fue titulado “El demonismo en el Caribe hispano durante la primera mitad del siglo XVII: Estudio realizado sobre el imaginario plasmado en la documentación inquisitorial”.

El segundo ensayo, “Hechizos y conjuros: Una demostración en contra de la misoginia caribeña del siglo XVII” fue parte del IV Coloquio de Historia de la Mujer, 4 de marzo de 2015. Continúa con el artículo “Mujeres de la élite social cartaginense del siglo XVII y el uso de la magia como expresión de rebeldía”, que fue sometido y enviado al V Coloquio de Historia de la Mujer, 16 de marzo de 2016. Se debe indicar que por razones laborales tuve que cancelar mi presentación, aunque el ensayo fue enviado e incluido en las actas de la actividad. El cuarto artículo, “La adoración del demonio según el Tribunal Inquisitorial de Cartagena de Indias, 1610-1655” fue producto de mi ponencia en el II Congreso Internacional de lo Mágico Religioso en los Andes, el 9 de noviembre de 2019.

La tercera sección presenta artículos realizados para una audiencia mucho más general. Estos escritos fueron publicados en periódicos, revistas cibernéticas y hasta un prólogo se encuentra allí. En este apartado destacan nueve artículos publicados en El Post Antillano: “Isabel Noble: Una hechicera portuguesa en el Caribe” (23 de agosto de 2014); “Demonios y brujas en el Caribe del siglo XVII” (1 de octubre de 2016); “Reflexión sobre los 500 años de la Inquisición en América” (18 de abril de 2020); “Un apunte sobre la llegada del Tribunal de la Inquisición al Caribe” (13 de junio de 2020); “Misoginia: Una breve explicación” (5 de septiembre de 2020), “El Manual de los Inquisidores de Nicolau Eymerich” (11 de mayo de 2024); Ana de Mena: Mulata puertorriqueña procesada por la Inquisición (18 de mayo de 2024); “Los templarios, el invento de Baphomet y el rapto de la iglesia por Felipe IV” (13 de julio de 2024); y “Caza de brujas” (27 de julio de 2024). El Post Antillano es un diario cibernético que se publica desde Santurce y donde tengo la oportunidad de colaborar en las secciones de historia, cultura, crítica literaria y más allá del Caribe (asuntos internacionales).

De los restantes cuatro artículos, dos fueron publicado desde Venezuela por la Revista Fuego Cotidiano, quien solicitó una edición del escrito sobre “Antón Carabalí y Pablillo: Un asesino en serie y su diablillo” y pidió un artículo inédito sobre algún caso relacionado con este país. El artículo sobre Antón fue previamente publicado en El Post Antillano y, al momento de la solicitud, tenía una versión en mi página blog, Akelarre: Historia y ficción. El artículo inédito fue titulado “Bárbola de Albornoz: mulata de Barquisimeto, acusada por brujería”. La Revista Fuego Cotidiano es una publicación que trabaja temas culturales e históricos de Venezuela y el Caribe. Su difusión es tanto local como en Internet. Entre sus proyectos están las publicaciones periódicas temáticas, de las cuales participo. Esta revista es publicada en el Municipio Ortiz, del Estado Guárico en Venezuela.

El tercer artículo fue el prólogo del libro de Juan Alberto Delgado Negrón, La visión y misión evangelizadora del obispo Alonso Manso en las Américas (2020), que originalmente no tenía un título, y que luego, para su publicación en El Post Antillano fue nombrado “Alonso Manso, ¿un obispo renacentista?”. En este escrito se presenta una reflexión sobre el primer inquisidor en América y primer obispo de Puerto Rico.

El último artículo de esta sección es “Perspectiva de la bruja en el imaginario tradicional puertorriqueño”, una de las entradas más vistas en Akelarre: Historia y ficción. Este ensayo también sufrió un proceso de evolución, ya que más que presentar datos es una reflexión sobre aspectos antropológicos del uso de las artes mágicas en nuestra sociedad y anterior a su última versión fue publicado en Ahora Newspaper y El Post Antillano.

Luego de los veintiún ensayos se presenta una bibliografía mínima de las fuentes consultadas para los escritos aquí presentes. En total, son sobre cien referencias. El siguiente apartado son los anejos que están divididos en tres subsecciones. La primera presenta un índice de las imágenes que se encuentran en la obra. La segunda muestra una bibliografía y relación de presentaciones y escritos sobre los temas de esta antología realizados por el autor. Se finaliza con la reseña biográfica del autor.

Las imágenes dentro de la obra son de dominio público y todas fueron obtenidas de Wikimedia Commons. Cada una de ellas tiene su descripción y procedencia. Al igual, cada ensayo tiene su ficha de procedencia. El lector notará que el método técnico de redacción, aunque predomina el uso del manual de escritura académica Turabian, no es uniforme. Esto se debe a que cada uno de los artículos fue publicado en medios donde se promueven diversos estilos de escritura. En el caso de los artículos de revistas o periódicos cibernéticos, estos tienden a ser presentados sin notas al calce, ya que facilita la labor del editor en cada uno de estos medios, aunque en el proceso de edición final de este volumen se añadieron algunas notas para facilitar al lector una contextualización adecuada.

Por último, Hechicería y brujería en el Caribe hispano busca aportar al estudio y análisis histórico en los temas de las artes mágicas y los imaginarios como fenómenos en nuestro desarrollo como sociedad caribeña. Para ello, la documentación inquisitorial es de gran valor, ya que presenta un caudal de información que puede ser utilizada desde múltiples disciplinas y que demuestran la complejidad del ser humano, en especial de uno tan heterogéneo como el que evolucionó en el Caribe.

Enlace para bajar el libro en pdf

domingo, 22 de diciembre de 2024

El Ritmo Mozambique de Pello el Afrokán

El Ritmo Mozambique de Pello el Afrokán

Por Pellito el Afrokán (Omar Merencio Izquierdo)

El Mozambique es un ritmo que se creó y salió a la luz pública en 1962. Creado por el maestro Pedro Izquierdo Padrón (Pello el Afrokán), quien se dio a la tarea de establecer un género musical bailable con influencias de la rumba, la conga, el iyesa y de ciertas sonoridades afrocubanas, rindiéndole un tributo a todos sus ancestros africanos.

Pello el Afrokán (imagen obtenida en Discogs.com)

Pello el Afrokán creó un ritmo musical y su baile, dándolo a conocer en un momento donde en Cuba, y en el mundo, estaba la influencia y la moda musical del estilo Rock and Roll, donde grandes artistas de la época como los Beatles, Elvis Presley y The Rolling Stones, entre otros, brillaban, siendo su momento más popular.

Pello dio a conocer su Ritmo Mozambique y en poco tiempo hizo vibrar la escena musical al punto de convertirse en el artista cubano del momento. A su vez, puso de moda su ritmo y su baile; y logró mezclar sociedades, razas y distinciones a través de su música con una presencia potencial de la percusión cubana dentro de un formato de agrupación.

El Mozambique logró presentarse en grandes escenarios del mundo: 1965, en el Teatro Olympia de París, Francia; 1979, en el Teatro Carnegie Hall de la Ciudad de Nueva York; 1983, en el Hotel Chinzanso de Tokio. En Japón también se presentó en ciudades como Nagoya, Yokohama, Osaka, Kioto y Sendai, entre otras urbes niponas. Otros lugares donde se presentó fueron la Sala New Morning de París; en festivales y conciertos en Suecia, Islas Canarias, Madrid, Barcelona, Alicante, Zaragoza, Pamplona, Valencia, Roma, Milano, Florencia, Berlín, Múnich, Frankfurt, Dinamarca, Bélgica, Países Bajos, Polonia, en Rusia (antigua URSS), México, Colombia, Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador, Panamá y Canadá, entre muchos otros lugares.

El Ritmo Mozambique transcendió, tuvo una repercusión musical, cultural y un alcance tan grande que llegó a los Estados Unidos, a la ciudad de Nueva York en los años 60's, donde grandes artistas como Eddie Palmieri, Charlie Palmieri, Richie Ray, Bobby Cruz, Héctor Lavoe, Willy Colon y La Típica 73, entre otros hicieron varias versiones del Mozambique. Estas fueron grabadas en LP o discos de acetatos, en Puerto Rico artistas como Roberto Roena y su Apollo Sound, el Gran Combo de Puerto Rico, Bobby Valentín y su Orquesta, entre tantos grandes, también grabaron Mozambique, y el multi-premiado guitarrista Carlos Santana grabó uno de los temas más populares de Pello el Afrokán: “María Caracoles”, incluido en el álbum Festival, de 1976. También, AfroCuban All Stars y el Buena Vista Social Club en la voz del gran Ibrahim Ferrer grabaron el tema: Maria Caracoles.

Es muy grande e intensa la historia del Ritmo Mozambique porque al ponerse de moda las agrupaciones cubanas de la época, y las más recientes, tuvieron que incluir en su repertorio el Mozambique. Entre el listado de agrupaciones que incluyeron este ritmo están Roberto Faz y su Conjunto, la Orquesta Aragón, Rosita Fornes, Los Modernistas, la Orquesta Sensación con Abelardo Barroso, el Conjunto Rumbavana, La Charanga Habanera, Grupo Monte y Espuma.

En 1998, Pellito asumió la tarea de reorganizar y continuar la orquesta de su abuelo, Pello el Afrokán, manteniendo el legado musical del ritmo mozambique, pero con nuevos sonidos y aportes a este género musical que ha llegado a tantos rincones del mundo.

Pellito el Afrokán, a lo largo de sus 30 años de carrera musical, profesionalmente hablando, ha llevado su legado de Mozambique por países de Europa, Centroamérica, Asia y Estados Unidos, presentándose en reconocidos escenarios, ofreciendo talleres generales sobre música, de percusión y danza cubana, así como conferencias para dar continuidad y concienciar a las nuevas generaciones sobre el Ritmo Mozambique a través de anécdotas, historias, imágenes, videos y un trabajo muy profesional para todo su público y seguidores.

Para vídeos sobre el ritmo Mozambique véase el canal de Pellito el Afrokán en la siguiente dirección:  https://www.youtube.com/@omarmerenciopellitoelafrok2807

domingo, 29 de septiembre de 2024

Ana de Mena: mulata puertorriqueña procesada por la inquisición

Ana de Mena: mulata puertorriqueña procesada por la inquisición

Pablo L. Crespo Vargas

Cerca del año 1608, en la Isla de San Juan Bautista, hoy día Puerto Rico, nació una mulata, a la que conocimos con el nombre de Ana de Mena. Esta joven, por lo vaivenes de la vida colonial caribeña, termina en La Habana, Cuba, uno de los principales puertos antillanos bajo dominio español y codiciado por las potencias europeas. Ana de Mena desde muy joven se dedicó a la práctica de las artes mágicas. La Habana era uno de los centros urbano donde las artes mágicas representaban un oficio para muchas mujeres y algunos hombres. La ciudad estaba llena de adivinadores, hechiceras, lectores de mano, curanderas y parteras, entre otros practicantes asociados con los ritos mágicos, que aprovechaban a la población flotante que llegaba al puerto continuamente. Para muchos creyentes cristianos estas artes eran demoniacas, aunque esto no impedía que las consumieran, que pagaran por sus servicios y hasta que confiaran en el juicio de estos supuestos marginados.

Ana de Mena convocando a las lunas
Imagen creada utilizando Deepdreamgenerator

En el caso de Ana de Mena, testigos hablaban de su dominio y conocimiento en la elaboración de pócimas, cantos mágicos y oraciones divinas, entre otras reverencias. Para muchos, incluyendo a los inquisidores, Ana era considerada maestra de hechiceras. Según los inquisidores, y según redactado en las relaciones de fe (actas): “parecía saber cuántas supersticiones y sortilegios la malicia humana había inventado”.

El primer juicio de Ana de Mena culminó el 25 de junio de 1628, en Cartagena de Indias, sede de la Inquisición en el Caribe. En ese momento su edad era de 20 años. La joven fue procesada luego que dieciséis individuos testificaran en contra de ella. Los argumentos acusatorios se referían a que Ana realizaba ritos mágicos dirigidos al bienquerer, la búsqueda de secretos y del conocimiento futuro. Como parte de estos ritos, también realizó suertes y conjuros. A parte de que tenía un amplio conocimiento sobre las yerbas y su uso. Al final, Ana aceptó sus pecados y fue abjurada levemente, dado a que estaba, para efectos de la Inquisición, arrepentida.

Ana de Mena se queda en Cartagena de Indias, cumple sus penas y termina regresando a hacer lo que más le daba bienestar económico a ella: el uso de la magia, ya que los clientes nunca faltan. Nuevamente es acusada y llevada a la Inquisición. Por lo general, una reincidencia en el Tribunal del Santo Oficio era suficiente para enviar a la procesada a la hoguera. Ana tuvo mejor suerte que eso.  En todo caso, este segundo juicio terminó el 26 de marzo de 1633. Para esta ocasión bastaron tres testigos para iniciar el proceso. Nuevamente es acusada de practicar las artes mágicas, pero en esta ocasión se le agrava por una supuesta adoración demoníaca, lo cual lleva a que se le considere una bruja. Uno de los demonios invocados por ella fue el famosísimo Diablo Cojuelo. Ana, nuevamente, acepta sus culpas. Claro, al ser reincidente termina con una abjuración vehemente, lo cual era considerado de mayor gravedad que el anterior. Como ya mencioné, Ana no termina en la hoguera, pero es desterrada y recibe doscientos azotes. Luego de esto, desconocemos de su destino.

Para conocer con más detalles el caso de Ana de Mena los invitamos a leer el artículo: "Ana de Mena: una bruja caribeña en el siglo XVII", Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, 3ª serie, núm. 14, diciembre 2020, pp. 8-17, el cual se encuentra de manera íntegra en la página / blog del autor, Akelarre: historia y ficción, publicado en el 14 de octubre de 2021, en este Enlace al blog para bajar pdf. También el libro La Inquisición española y las supersticiones en el Caribe hispano, disponible en pdf (gratuito) o en carpeta blanda como dura (para las tres opciones verifique el siguiente Enlace a la sección de acceso libre.

Nota: La versión original de este artículo fue publicado en El Post Antillano el 18 de mayo de 2024.

martes, 26 de marzo de 2024

Anténor Firmin: un intelectual rescatado del olvido

Anténor Firmin: un intelectual rescatado del olvido
Por Pablo L. Crespo Vargas

En 1885, Joseph-Anténor Firmin, miembro de la delegación diplomática de Haití en París, publicó una obra titulada De l'Égalité des Races Humaines (Sobre la igualdad de las razas humanas). La obra fue una reacción a las ideas y teorías racistas que estaban dominando el ambiente antropológico y científico de la época y que establecían la superioridad de la raza aria sobre la raza negra y las demás existentes según se tenían establecidas. El planteamiento de Anténor Firmin era uno contrario a esta idea. Para Firmin ninguna raza estaba por encima de otra. Cada una de ellas estaba dotada de cualidades y defectos, pero no existían factores que determinaran el fracaso o el dominio de unas sobre otras. Su teoría, muy controversial en ese momento, fue dejada a un lado por los estudiosos de la época, aunque Firmin la podía sustentar con datos empíricos e históricos. Su obra quedó invisibilizada y no fue hasta casi 100 años luego que vino a resurgir y ser expuesta al mundo entero.

Anténor Firmin / Imagen en dominio público

Firmin nació el 18 de octubre de 1850 en Cabo Haitiano, una ciudad y puerto en la costa atlántica de Haití. Su educación formal la realizó en su país natal. Allí tuvo la oportunidad de tener una educación de altura que incluyó la lectura de los clásicos, así como acceso a la literatura científica contemporánea. Su desempeño en las letras lo llevaron a ejercer de maestro a los 17 años, aunque continuó estudios en contabilidad y leyes. Laboró como empleado de la Aduana y en la empresa privada. Su capacidad humanística lo llevó a enseñar griego, latín y francés. En Cabo Haitiano, dado a su interés en la política y como miembro del Partido Liberal, fundó el periódico Le Messager du Nord. En 1879, Firmin aspiró a una posición en el parlamento nacional, pero no es elegido. En cambio, fue seleccionado para representar a Haití en la celebración del centenario de Simón Bolívar en 1883. Al año siguiente (1884) llegó a Francia como diplomático y es invitado a pertenecer a la Sociedad Antropológica de París.

En la Sociedad Antropológica de París, Firmin vivió de cerca el racismo que predomina en la comunidad científica y antropológica. De hecho, las actas de la Sociedad Antropológica evidencian que en solo dos ocasiones tuvo la oportunidad de exponer argumentos en contra del racismo. No obstante, utilizó las letras para expresar sus ideas y de allí surge una voluminosa obra que es titulada De l'Égalité des Races Humaines (De la igualdad de las Razas Humanas). En ella se establece que las razas humanas están en igualdad de condiciones y que es un mito la existencia de superioridad de alguna sobre las otras. La obra contenía sobre 660 páginas y presenta de manera empírica y con información histórica los argumentos de Firmin. De l'Égalité des Races Humaines fue recibido por la Sociedad Antropológica, aunque nunca hubo una reacción sobre ella. Firmin continuó participando en las reuniones de la Sociedad y realizando sus labores diplomáticas hasta que en el 1888 regresó a Haití.

En los siguientes años, Firmin ocupó varias posiciones en el gobierno de Haití, entre 1889 a 1891 fue ministro de agricultura y de relaciones exteriores. El papel que desempeño en el sonado caso de Môle Saint Nicolas (1891) y su defensa a la soberanía haitiana sobre los intereses estadounidense son bien reconocidos en su país. Entre 1896 a 1897, nuevamente, ocupó el puesto de ministro de relaciones exteriores, finanzas y comercio.

Es importante reconocer que Firmin era partidario a la confederación antillana. También fue uno de los propulsores del Primer Congreso Panafricano celebrado en Londres del 23 al 25 de julio de 1900.

En 1902 intentó obtener el puesto de presidente de Haití, pero no lo logra. De allí sale exiliado hacia San Tomás (Islas Vírgenes), donde muere en 1911.

La figura de Anténor Firmin es reconocida en Haití, sin embargo, algunos de sus escritos quedaron en el olvido. En el caso de la obra De l'Égalité des Races Humaines esta quedó básicamente engavetada y fueron pocas las copias que se preservaron. Carolyn Fluehr Lobban nos indica que, en 1988, mientras daba una clase sobre raza y racismo en Rhode Island College un estudiante haitiano, Jacques Raphael Georges, le preguntó si conocía la figura de Anténor Firmin. Su contestación fue en negativa, pero le llamó la atención la información recibida por el estudiante. Años luego, en 1994, Fluehr Lobban conoció a Asselin Charles, un académico haitiano que, aunque conocía a Firmin, no había visto el libro en referencia.

Con la curiosidad académica que pudiera caracterizarlos, ambos se dispusieron a tratar de encontrar una copia de la obra. Charles fue el afortunado, dado a que encontró un ejemplar en los archivos del Instituto Smithsonian. La magnitud de la obra llevó a que ambos académicos se aliaran y le hicieran conocer al mundo angloparlante las ideas avanzadas y revolucionarias de Firmin. Contrario a lo que Charles y Fluehr Lobban pensaban, la obra había sido publicada en Haití en 1968 por la editorial Panorama y en 1985 salió otra edición con Fardin, aunque ambas en francés.

Al fin, Asselin Charles realizó la traducción al inglés y Carolyn Fluehr Lobban escribió la introducción y los comentarios. La universidad de Illinois la publicó en 2002. A partir de esa fecha, la figura de Firmin alrededor del planeta se comenzó a conocer, al igual que sus obras. Son varios los estudiosos que han trabajado la figura de este personaje. En los Estados Unidos, la comunidad afrodescendiente lo ha estado colocando entre los promotores iniciales de la lucha por la igualdad.

Otros de los escritos de Firmin que ya han sido traducidos al inglés son The Africans of Haiti (2015) y Bookman and the 1791 Slave Revolt in Haiti (2015). Otras obras de este autor son:  Haïti et la France (1891), Une Défense (1892), Diplomate et Diplomatie (1898), M. Roosevelt, Président des Etats-Unis et la République d'Haïti (1905) y Lettres de Saint-Thomas (1910).

Referencias: 

Crespo Vargas, Pablo L. “La conceptualización del término raza: del Corbacho a Ebenecer López Ruyol”, prólogo a Ebenecer López Ruyol, Un embeleco llamado raza, Lajas: Centro de Estudios e Investigaciones del Suroeste de Puerto Rico, 2023, pp. 5-12.

Drouin-Hans, Anne-Marie. “Hierarchy of Races, Hierarchy in Gender: Anténor Firmin and Clémence Royer”. Ludus Vitalis, México: Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano, vol. XIII, n. 23, 2005, pp. 163-180.

Fluehr Lobban, Carolyn. A 19th Century Haitian Pioneering Anthropologist: An Intellectual Biography of Anténor Firmin”. Bérose - Encyclopédie internationale des histoires de l'anthropologie, Paris, 2018. Consultado el 20 de diciembre de 2023. https://www.berose.fr/?A-19th-Century-Haitian-Pioneering-Anthropologist-An-Intellectual-Biography-of&lang=fr 

_____. “Antenor Firmin predicted America’s first Black president in 1885”. University of Illinois Press Blog, January 23, 2013. Consultado el 22 de diciembre de 2023. https://www.press.uillinois.edu/wordpress/antenor-firmin-19th-century-haitian-author-of-the-equality-of-the-human-races-predicted-america%e2%80%99s-first-black-president-in-1885-by-carolyn-fluehr-lobban/ 

_____. “Firmin, Anténor”. Encyclopedia of Race and Racism. New York: MacMillan Reference, 2008, pp. 476-478. 

_____. “Anténor Firmin and Haiti’s contribution to anthropology”. Gradhiva: Revue d’anthropologie et d’histoire des arts. Paris: Musée Du Quai Branly Jacques Chirac, n. 1, 2005, pp. 95-108. Consultado el 21 de diciembre de 2023. https://journals.openedition.org/gradhiva/302 

Thomas, Margaret. “This day in Linguistics History: Anténor Firmin (1850-1911)”. Linguistic Society of America. Washington D.C., 18 de octubre de 2020. Consultado el 21 de diciembre de 2023. https://www.linguisticsociety.org/content/day-linguistics-history-ant%C3%A9nor-firmin-1850%E2%80%931911 

“Who was Anténor Firmin?” Página Web de la Embajada de la República de Haití en Washington D.C. Consultado el 22 de diciembre de 2023. https://www.haiti.org/antenor-firmin-2/ 

 Nota: El artículo sirve de epílogo al libro de Miguel A. Virella Espinoza, Haití: un pueblo atrapado por el hombre (Lajas: Centro de Estudios e Investigaciones del Suroeste de Puerto Rico, 2024), pp. 105-109; allí podrá encontrar las referencias. 

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